Disclaimers: Ni Code Lyoko ni Avatar me pertenecen, si el primero me perteneciera Ulrich se iría con Odd, uso los personajes de uno y el mundo del otro para mi fic, que es por diversión.

La Leyenda de Ulrich

Libro 1: Aire

Capítulo 1: Un Nuevo Avatar

Nación del Fuego, 16 años después…

En una hermosa mansión en la Nación del Fuego, un joven maestro fuego entrenaba junto a su maestro particular. El joven tenía piel bronceada, brillosa y cubierta de perlas de sudor, pelo castaño, algo revuleto por el entrenamiento, con un mechon tapándole uno de sus ojos ámbar, y un cuerpo bien formado, teniendo incluso abdominales marcados; vestía un par de pantalones deportivos de color café que le llegaban a las rodillas y un pendiente de oro en la oreja derecha, iba descamisado y descalzo. El joven era Ulrich Stern, ese día él cumpliría 16 años.

Ulrich ese día se esforzaba más que nunca a su entrenamiento de fuego control: lanzaba rápidos disparos de fuego contra su maestro, quien rápidamente lograba desviarlos antes de lanzarle los propios al joven, quien apenas logró pararlos antes de lanzarle una patada de fuego, que empujo al mayor quien apenas logró recuperarse antes de dibujar un arco con la pierna, lo que creó una onda de fuego que Ulrich tuvo que esquivar. Finalmente, al notar una raíz gruesa y salida de un árbol detrás de su maestro, el joven vio una oportunidad para ganar: empezó a lanzar continuas bolas de fuego, que si bien su maestro lograba detener lo hacian retroceder, hasta que el hombre tropezó con la rama que Ulrich había visto, perdiendo el equilibrio y siendo derribado por la patada de fuego que Ulrich le propinó para terminar la pelea. Tras su caída, el hombre empezó a reír, antes de levantarse y hacer una reverencia al joven, quien la respondió respetuosamente.

-Buen combate, Ulrich, estoy orgulloso de ti-dijo el hombre, sacudiéndose el polvo de su ropa.

-Gracias, Maestro Finn, la verdad es que yo creía que usted me tenía contra las cuerdas-dijo el castaño algo apenado.

-Tonterías, te he entrenado desde que tenías 10 años, y en ese tiempo has demostrado un gran avance, mirate ahora, tan sólo 6 años de entrenamiento y ya eres todo un maestro del fuego control-dijo el hombre, acercandose a Ulrich y tomandolo de los hombros con emoción.

El menor sonrió orgulloso ante las palabras del mayor, aunque si el mismo lo meditaba su maestro tenía razón: a los dos años de empezar su entrenamiento de fuego control había dominado basicamente todas las tecnicas, a los 12 había creado su primer relámpago, y a los 14 aprendió también a desviarlos. El maestro Finn tenía razón, aún ni cumplía los 18 años y Ulrich ya se podía considerar un maestro de fuego control.

-Bien, creo que lo mejor será cortar el entrenamiento por hoy, es tu cumpleaños y no creo que tengas pensado pasarlo entrenando-dijo el mayor con una sonrisa de medio lado.

Ulrich, siguiendo el consejo de su maestro, realizó una leve reverencia hacia el mayor, antes de retirarse al interior de la casa, dirigirse a su habitación, darse una rápida ducha y ponerse un atuendo más callejero: camisa roja a botones abierta, jeans negros, con un cinturon con hebilla en forma de lengua de fuego puesta de lado, tenis rojos con negro, muñequera de cuero con pinchos en la muñeca derecha, y un collar en forma de símbolo de fuego control (N/a: o sea básicamente su atuendo callejero en Llamado de la Jungla, aunque con algunos cambios ;)).

Una vez arreglado, bajo hasta la planta baja, donde una de las sirvientas le esperaba y le recibio con una leve reverencia.

-¿Saldrá, joven amo?-preguntó la mujer.

-Si, dile a mi padre que volveré a tiempo para la fiesta-le dijo el menor, antes de dirigirse al patio trasero.

Ya en el patio, se dirigio a un enorme granero, y al abrir las puertas encontró, echado sobre un monton de paja, se encontraba un rino komodo, que si bien no llevaba una coraza en la frente, si tenía riendas y silla de montar. Ulrich se acercó y acarició la cabeza del animal, quien se dejó consentir por su dueño. Era Feuer, el rino komodo de Ulrich, el cual lo había tenido basicamente desde que Feuer había salido del cascaron. (N/a: se prononcua foyer, y a que no adivinan qué significa en alemán).

-Hola, Feuer-dijo Ulrich, acariciando la cabeza de su mascota-vamos a salir a dar un paseo, ¿te parece?-le aviso, antes de subirse a la silla de montar que llevaba Feuer, quien al sentir el peso de su dueño se puso de pie y se puso a caminar.

Salieron de la mansión y entraron a la calle, donde si bien se apreciaban varios satomóbiles, que ya hoy en día eran el transporte habitual, aún así se apreciaban a varias personas viajando en caballo avestruces y rino komodos, ya que, al ser un pueblo con progreso medio, aún había personas que preferían la tranquilidad de montar un animal. Agitando un poco las riendas, animando a Feuer a caminar más rápido, Ulrich dirigió su camino hacia el parque.

Su camino no obstante fue cortado por un satomóbil deportivo último modelo color rojo con detalles negros. Del interior del satomóbil salió un chico que lucía un poco mayor que Ulrich, de piel pálida, cabello negro azulado y ojos ámbar. Vestía un camisa roja, con los puños abiertos, jeans negros y botas de trabajo cafés, ademas de un candado a modo de colgante y unas arracadas en la oreja izquierda.

Era William Dunbar, hijo de un noble menor de la Nación del Fuego, y rival de Ulrich desde que habían empezado cada uno su respectivo entrenamiento como maestro fuego. William era portentoso y presumido, llegando a afirmar que ya podía crear fuego azul, aunque Ulrich sabía que eso era mentira. William, al ver a Ulrich montado en Feuer, sonrió con altanería.

-Hola, Ulrich, ¿aún montado en ese animal? ¿qué no sabes que eso es de hace dos siglos?-preguntó con altanería. Ulrich le regresó la sonrisa de prepotencia.

-Siempre he preferido lo tradicional,-le regresó el castaño, acariciando la cabeza de Feuer-además, tener a Feuer da muchos menos gastos que cambiar de satomóbil cada año, como tu padre seguro notaría si viera lo que gasta el mío en mantenerlo-agregó con burla, lo que hizo que el mayor frunciera el ceño molesto.

-Como sea, no tengo tiempo para perderlo contigo, tengo un par de chicas que esperan-dijo el chico con altanería, mientras se subía en su satomóbil.

-¿Qué, otro par de ingenuas que se tragaron el cuento de que haces fuego azul? Quisiera ser mosca araña en la pared cuando vean que les mentiste-dijo el castaño con burla, sintiéndose victorioso al ver que el mayor en respuesta sólo soltó un resoplido de fuego ante el golpe a su ego, antes de cerrar la puerta del conductor de un portazo y conducir a toda velocidad.

Ya con su rival vencido, aunque no fuera en un combate Agni Kai, Ulrich ondeó las riendas de Feuer y siguió su camino. Aunque la verdad era que el comentario de Ulrich sobre los gastos de cada padre hacia su hijo era cierto, uno pensaría que a estas alturas el padre de William ya estaría harto que su hijo cambiase de satomóbil apenas salía el modelo del siguiente año, mientras que el que ya tenía, que encima el Dunbar menor costeaba una fortuna, del dinero de su padre claro, en mantener en perfecto estado, lo hacía vender por casi nada, dinero que para colmo del padre el chico se gastaba en fiestas.

Finalmente, tras 20 minutos en el lomo de Feuer, Ulrich llegó a su objetivo: el parque del pueblo. Dirigió a Feuer hacia su parte favorita del parque, bajo un rosal cerezo(1), y ahí, deteniendo al rino komodo con un suave tirón de riendas, se bajó y se recostó a la sombra del árbol, seguido de Feuer quien se echó al lado de su dueño.

Ese era el tipo de días que disfrutaba Ulrich, pues le hacía sentir que no había ninguna clase de preocupación, y, en su rara vez explorado lado espiritual, le hacía sentir que Agni y Amaterasu, los Espíritus del Fuego y el Sol(2), hacían ese tipo de días sólo para él.

Levantando la vista perezosamente, vio a un par de chicas que lo veían cuchiqueaban divertidas mientras lo miraban de reojo, ambas ligeramente sonrojadas. Ulrich sólo sonrió satisfecho: a los 14 años se dio cuenta de que era bisexual, es decir que gustaba de chicos y chicas, y la verdad era que tenía gran éxito con ambos sexos. Decidiendo no darles importancia a las chicas y usando sus brazos como almohada, se recostó y decidió entregarse al sueño…

Se encontraba en lo que parecía un páramo desolado, y una extensa niebla cubría todo. A lo lejos se podía apreciar una montaña, y algunos árboles muertos. Ulrich se dio cuenta de que estaba solo, ni siquiera veía a Feuer por ningún lado.

-¿Hola?-llamó, pero nadie respondió a su llamado-¡HOLA! ¡¿Hay alguien aquí?!-preguntó el castaño, empezando a preocuparse.

-Hola-oyó que dijo una voz, y al voltearse se encontró con una mujer de cabello rosa y ojos verde claro, vestida con los colores típicos del Reino Tierra, quien le sonreía con dulzura.

-¿Quién es usted? ¿dónde estoy?-preguntó Ulrich desafiante.

-Me llamo Anthea, y estás a salvo-fue la respuesta de la mujer.

-Escuche, señora, a mi se me entrenó para ser paciente, pero esa paciencia esta a punto de acabarseme-intentó amenazar Ulrich, intentando crear una bola de fuego en su mano para acentuar la amenaza, pero para su sorpresa nada sucedió. Intentó abrir y cerrar la mano una y otra vez, intentando encender una llama, pero nada sucedía.

-No estamos en el plano físico, Ulrich, tus poderes no funcionan aquí-explicó la mujer algo divertida, antes de cambiar a un semblante triste-Ulrich, debo advertirte, estas en un grave peligro-agregó, tomando por sorpresa a Ulrich.

-¿De qué habla? ¿peligro de qué?-preguntó Ulrich preocupado.

-Hay alguien que te busca, que desea hacerte daño por lo que eres, por lo que estás destinado a ser-explicó la mujer.

-¿De qué habla? ¿Cómo que por lo que soy? ¿Es alguien que odia a los maestros? Creí que ese asunto se había terminado hacía años-empezó a decir Ulrich confundido. La mujer, Anthea, lo miró con la misma sonrisa melancólica, antes de negar suavemente con la cabeza.

-No es un anti-control, como tu supones personas así dejaron de existir hacia años con la caída de los Igualitarios, la persona de la que hablo es alguien peligroso, pues lo que busca tu lo tienes, y ella estará dispuesta a todo con tal de tenerlo-explicó Anthea.

-¿Pero de qué habla? ¿qué tengo yo?-preguntó Ulrich, empezando a desesperarse.

-Lo sabrás en breve, y cuando llegue el momento estarás listo, tal como estuvieron todos los que te precedieron-dijo Anthea en tono misterioso, mientras sus ojos empezaban a brillar con una luz blanca, mientras a sus espaldas, como materializandose de la nada, empezaron a surgir varias personas más: una mujer de la Tribu Agua, con ropas que parecían de inicios del siglo pasado, un Nómada Aire, que si bien llevaba la cabeza afeitada lucía una barba castaña, que vestía la ropa tradicional, aunque parecía más anticuada, un anciano de cabello largo y barba blancos, que por su ropa evidentemente era de la Nación del Fuego, aunque esta parecía antigua, una mujer altísima, una giganta, vestida con la ropa tradicional de las Guerreras Kyoshi, un hombre vestido con ropa de la Tribu Agua, pero al parecer parecían de hacia cientos de años, una mujer Nómada Aire, vestida con ropas mucho más antiguas que el otro Nómada Aire, y a partir de ahí las figuras que fueron apareciendo apenas eran reconocibles, pero Ulrich sabía por instinto que eran hombres y mujeres, todos de cada una de las Cuatro Naciones Antiguas, y todos con algo en común, que todos les brillaban los ojos, en el caso de los Nómadas Aire también los tatuajes en sus cabezas y manos, con una intensa luz blanca…

Ulrich se despertó bañado en sudor y respiración agitada. Mirando su muñeca izquierda consultó su reloj: faltaba hora y media para que empezara la fiesta que sus padres habían organizado por su cumpleaños.

Era el mismo sueño que llevaba teniendo desde hacía dos meses, sólo que ahora lo recordaba con mayor vividez que nunca. Al principio se despertaba sin recordar su sueño, básicamente creía que se despertaba sin razón, pero a medida que pasaban las semanas esta se iba grabando más y más en su memoria, hasta llegar a esto, que recordaba su conversación con la mujer, y haber visto a todos las demás personas en ese páramo desierto. La mujer, Anthea, le despertaba un esbozo de recuerdo, pero no podía identificarla bien.

Decidiendo no darle vueltas al asunto, despertó a Feuer con una caricia, lo montó y regresó a su casa, aunque como esta vez decidió ir más lento, cuando llegó ya faltaba menos de una hora. Lo bueno era que aparentemente sus padres aún no habían llegado, lo que le daba tiempo a Ulrich para alistarse. Dejó a Feuer en su establo, fue corriendo a su cuarto, se bañó y se vistió con una camisa roja, solo que esta vez se la cerró completamente, jeans negros y zapatos negros.

Una vez listo, bajó a la planta inferior, sus padres ya estaban recibiendo a algunos de los invitados. Dado que Walter Stern era ya un prominente abogado, al grado de que de hecho varios nobles de la Nación del Fuego, e incluso de algunas de las otras naciones, figuraban entre su clientela, era de esperarse que muchas personas importantes se presentaran en el cumpleaños 16 de su único hijo. Sólo había una desventaja a eso, y la vio cuando vio a William entrar a su casa, vestido con una camiseta sin mangas roja, una camisa de manga corta negra, jeans negros y botas de suela gruesa negras, acompañado de sus padres, quienes saludaron efusivamente a los padres de Ulrich, ambas parejas de adultos luciendo sus mejores galas, en las cuales destacaban el negro y el rojo, sobretodo en los hombres.

-¿Qué haces tú aquí?-preguntó Ulrich molesto, una vez que el otro chico se separara de los mayores.

-Tu padre nos invitó ya que mi padre es un cliente importante-explicó el mayor con altanería-pero miralo del lado positivo, al menos tu fiesta ahora será interesante-agregó con sorna, antes de dirigirse donde sus padres.

Ulrich, poco dispuesto a dejar que William arruinara su fiesta, simplemente se dirigió donde los suyos propios, donde su madre lo recibió con un abrazo, mientras su padre le ponía una mano en el hombro.

-Feliz cumpleaños, cariño-dijo Úrsula con amor, apretando suavemente a su hijo.

-Felicidades, Ulrich, hoy oficialmente eres un hombre-dijo su padre con orgullo en la voz.

-Vaya, papá, por tu tono de voz hasta creería que esta noche anunciaras que vas a comprometerme con una chica-dijo el chico queriendo sonar cómico. Su padre sonrió de medio lado.

-Bueno, tal vez hoy recibas un gran anuncio-dio su padre con misterio, antes de abrazar a su esposa por la cintura e irse a atender a los invitados mayores- y sobre el compromiso, ¿quién sabe, hijo? tal vez decidí comprometerte con un chico-dijo burlón, sacandole risas a su hijo (N/a: si ya se, para mi tambn fue extraño escribir esta parte).

Una vez habiendo hablado con sus padres, Ulrich se dirigió a donde estaban sus amigos y se dedicó a disfrutar la fiesta. Tomó algunas de las bebidas que el barman servía (todas libres de jugo de cactus por orden de su padre), bailo con varias chicas y un par de chicos, aunque claro tuvo que contenerse al ver a William tratando de arruinar su fiesta con sus altanerías y mentiras, sólo hastiando a los demás invitados. La verdad era que William, si bien tenía algunos amigos y atraía a varias chicas, no era muy popular entre el circulo de amigos de Ulrich, pues a muchos les parecía que al peliazul sólo le gustaba echar en cara a la gente que por su padre el pertenecía a la nobleza.

No obstante, se hizo evidente que la fiesta terminó cuando, de sorpresa, llegaron varios hombres vestidos con túnicas y tocados todos mesclando distintos tonos de rojo. Eran los Sabios del Fuego, las autoridades religiosas de la Nación del Fuego. El señor Stern se les acercó, haciendo una respetuosa reverencia.

-Me honra tener a los Sabios del Fuego en mi humilda hogar-dijo con respeto.

-Es un gusto, Walter Stern, pero me temo que no es una visita social-explicó el Sabio Mayor, quien dirigía al grupo. Interesado, Andrew Dunbar, el padre de William, se les acercó.

-¿Pasó algo? ¿Le sucedió algo a mi primo?-preguntó el hombre, aunque tanto Ulrich como su padre adivinaron que era puro interés. Todos en el pueblo sabían que si algo le pasaba al Señor del Fuego, Andrew Dunbar sería más cerca de ocupar el trono, más que nada porque William se la pasaba presumiéndoselo a todos.

-No, Andrew, no hemos venido por eso, sino porque es momento de revelar la identidad del próximo Avatar-explicó el anciano, sorprendiendo a todos, y más cuando, tras pasar de largo a los dos hombres, se pusieron frente a Ulrich-nos ponemos a tu servicio, Avatar Ulrich-anunció con ceremonia, antes de que él y el resto de los sabios se postraran ante Ulrich.

Todos, aún sorprendidos, pero sabiendo que debían mostrarse respetuosos, empezaron uno a uno a postrarse frente a Ulrich, incluso William, aunque para él representó un trago amargo tener que postrarse ante su rival.

Todavía sorprendido, Ulrich miró a sus padres, quienes simplemente sonrieron con orgullo antes de imitar el ejemplo de los invitados y postrarse ante su hijo. Ulrich aún no lo sabía, pero ese sería el inicio de su viaje…

Continuara…

1: no tengo ni la más remota idea si en el mundo de Avatar existen los rosales cerezo, pero como hemos notado que hasta las plantas son hibridos, pues ya que, por cierto los rosales cerezo son arboles de flores rosa rojizo que son parecidas a las flores de cerezo, pero los tallos tienen espinas como las rosas.

2: A mi se me ocurrieron estos dos espíritus, Agni, el Espíritu del Fuego, y Amaterasu, el Espíritu dragón del Sol, quien (según yo) fue el dragón específico de quien los maestros fuego aprendieron a controlar el fuego.

Otro capítulo para este gran fanfic, ojala les guste y dejen centenar de reviews.

Sei-LaRouss: me alegro que te gustara, aquí tienes la continuación que querías.

CamiDash: ojala el primer cap sea de tu agrado

Dragon Oscuro: el motivo por el que ya sabes quien usa máscara, es porque ella desea mantener su identidad en el anonimato de momento.

Esteban Phantomhive: aquí tienes lo que sigue ojala sea de tu gusto

Morcergo: aquí tienes la continuación

juanantoniotarot: aquí tienes la continuación, y dejame decirte que espero que tu continues el tuyo

AelitaEternen: si también me causo pena tener que matar a Anthea, pero asi es el Ciclo del Avatar, y aunque no lo creas su muerte sera clave en un punto.

Ouran-Lyoko-Girl: me alegra que t haya gustado mi fic, aquí tienes la continuación asi que te salvaste :p

NinaYuriko: me siento halagado que digas esas cosas de mi, y sobre tus adivinanzas, bueno acertaste en dos pero no te dire con quienes, espero te guste este capitulo