Buenas noches
—Te quiero.
Siempre susurraba eso cuando nos íbamos a la cama a dormir.
—Cállate y déjame en paz, joder... —susurraba yo de mala gana, con las mejillas y orejas quemándome por el sonrojo.
Nuestras pieles desnudas se deslizaban bajo las sábanas y podía escuchar el suave sonido de su cuerpo acercándose al mío, dejando caer su brazo sobre mí, pegando su siempre cálido cuerpo al mío. Sentía su respiración hacerme cosquillas en el cuello mientras depositaba pequeños y suaves besos en él y me estremecía por el cosquilleo y... el placer.
Yo continuaba de mal humor, deseando darme la vuelta para decirle que me dejara tranquilo, que dejara de ser tan pegajoso. Pero ya lo hice una vez... y aquella noche no pude dormir del frío que tuve y de lo solo que me sentía.
Sólo cuando sentía su respiración suavizarse y su cuerpo totalmente relajado susurraba quedamente, volviendo a quemar mi rostro...
—Ti amo... idiota...
FIN
