Capítulo 2: Nos deslizamos por el borde, juntos, sosteniéndonos fuertemente, en la nada.
Estaba sentada en el balcón panorámico. Los cojines de los muebles de hierro forjado eran cómodos. La vista de la Cordillera era increíble. El sol era cálido. Tenía una tostada en la mano y estaba a punto de darle un mordisco cuando me detuve, torcí el cuello para mirar por encima de mi hombro.
Edward se dirigía hacia mí, en pantalones de pijama con cordón gris oscuro, su largo – más o menos desordenado- y sexy cabello de dormir, el pecho, con su atractiva variedad de vello oscuro al descubierto, y con los ojos en mí,
Sentí mis labios curvarse.
Oye, susurré.
Él no respondió.
Se acercó a mí, su mano recogiendo mi cabello suelto y luego girándolo alrededor de su brazo, tiró mi cabeza hacia atrás. No era suave, era duro, un indicio de dolor clavándose a través de mi cuero cabelludo y el placer disparándose directo entre mis piernas. Demasiado. Sentí mis labios separarse mientras observaba su rostro increíblemente apuesto que venía hacia mí.
Cerré los ojos lentamente y esperé con impaciencia que sus labios alcanzaran los míos.
Abrí mis ojos y estaba en el salón de la señora Herndon. Segundo grado. Estaba sentada en mi escritorio, pero era una adulta por lo que apenas entraba en él. Se oyó un golpe en la puerta, todos los ojos de los niños fueron a ella y sentí mi corazón comprimirse y mi estómago caer.
Recordaba esto. Nunca lo olvidare. Nunca.
La Sra. Herndon se levantó de su escritorio en la parte delantera del salón y se dirigió a la puerta.
¡No vaya allí! ¡No abra la puerta! Gritaba mi mente. Pero aún así me sentéen ese escritorio que era demasiado pequeño para mí y solo observé, sin poder moverme, sin poder hacer nada, sentada allí, impotente, a punto de ser lanzada a la deriva, perdida de tal manera que se sentía que iba a durar por siempre.
Desapareció tras la puerta y me quedé con los ojos pegados a ella, esperando…esperando…
Ella se giró y su mirada se centro justo en mí. Recordaba eso también. Nunca lo olvidaría. Nunca.
Su cara era gentil y amable, tierna, cercana, dolorida.
¡No! ¡No! ¡No! ¡No!
Entonces él caminó a través de la habitación. Edward. Sus ojos en mí también, su rostro blanco, sin dejar a la vista ningún sentimiento. Pero el alivio me inundó.
Esto no fue lo que ocurrió. Esto era diferente. Mejor. Allá afuera en el mundo, un niño no tienen control de lo que pasa, por eso todo fue arrancado de mí, pero yo lo tenía. Yo lo tenía.
Edward estaba allí. Alto, musculoso, fuerte, peligroso. Podía apoyarme en él. Estaría allí para mí.
Y lo estaba. Sin vacilar, se acercó a mi escritorio, se inclinó y tomó mi mano. Sus dedos cerrándose cálidos y firmes alrededor de los míos, me apartó del escritorio.
Correcto. Bueno. Esto era bueno. Yo podía enfrentar esto. Podía enfrentar el dolor. La pérdida. Podía enfrentar esto con Edward a mi lado.
Mis dedos se cerraron más profundamente en los suyos y su mano me dio un apretón mientras atravesábamos el salón, los ojos de todos mis compañeros estaban en mí, la cabeza de la señora Herndon se inclinó ligeramente hacia un lado, con los ojos brillantes por las lágrimas.
Pasamos junto a ella y le susurré a la señora Herndon: Tengo a Edward. Todo va a estar bien.
Su cabeza se sacudió un poco, su rostro se volvió confuso y sus ojos se movieron hacia Edward.
Me condujo a través de la puerta llevándome hacia el insoportable dolor.
Insoportable dolor que esta vez sabía que Edward aliviaría.
Salimos por la puerta de mi salón de clases de segundo grado, Edward se había ido y yo fui arrastrada por una inundación de agua fluyendo por el corredor. Traté de encontrar el pomo de la puerta, cualquier cosa para agarrarme, pero me estaba moviendo sin control hacia la pared del fondo del pasillo. Entonces, el agua y yo rompimos el muro, los ladrillos explotaron y de repente estaba en un profundo y ancho río. La naturaleza me rodeaba. Flotaba en la superficie del río, sin fuerza. Enormes rocas se levantaron del agua y se colocaron en mi camino, pero la corriente me arrastró a un lado antes de que pudiera chocar contra una y romperme en pedazos.
Luché, moví mis brazos, mis piernas, tratando de dirigirme a la orilla, pero nada de lo que hice cambió la dirección en la que la inundación me llevaba.
Miré a la orilla y vi a Rosalie corriendo por ella, con la boca abierta, los ojos aterrados, gritando pero ningún sonido salía. Tropezó y cayó sobre sus manos y rodillas, y desapareció.
Luego estuvo Jessica, corriendo como Rosalie, los ojos en mí, el miedo grabado en su rostro. Pero de pronto Jacob estaba allí. Ella se detuvo, lo miró, sonrió y se arrojó en sus brazos. Su cabeza inclinada, las manos fueron a su cabello y comenzaron a besarse.
Sabía que haría eso.
Luego, extrañamente, ya que no lo había visto en años, estaba mi novio de la secundaria, Mike. Corría a lo largo de la orilla también, sus brazos moviéndose en un movimiento de natación, gritando instrucciones, lo sabía, a pesar de que no salió ningún sonido. Hice lo que me dijo, pero nada sirvió, seguí girando y deslizándome violentamente con la corriente.
¡Isabella! Gritó con voz torturada y luego se encontró con un árbol y desapareció.
Y luego estaba mi tía. Ella no se movió. Solo se quedó en la orilla, con los brazos cruzados sobre el pecho, la boca sonriendo.
La perdí de vista y seguí moviéndome, luchando, exhausta, asustada.
No, no. El miedo latía en mí mientras veía que más adelante el río caía hacia la nada.
Y allí estaba yo, sola, perdida en una corriente con la que no podía luchar, de cabeza a toda velocidad hacía la nada.
Entonces lo sentí y mi cabeza se sacudió a la orilla.
Edward.
Él no estaba corriendo a lo largo de la orilla. Sin dudarlo, se lanzó dentro del río, su largo cuerpo cortando el aire y luego zambulléndose a través del agua, con sus poderosos brazos trayéndolos directamente hacía mí.
Gracias a dios, Edward.
Gracias a dios, yo no iba a enfrentar nada sola.
Tendría a Edward.
Llegó hasta mí, envolviendo sus brazos alrededor de mí, una mano deslizándose por mi cuello, en mi cabello mojado, ahuecando la parte de atrás de mi cabeza. Mis piernas lucharon a través del agua para envolverse alrededor de sus caderas mientras nuestros cuerpos se reunían, con los brazos apretados envueltos alrededor de él, me aferré con fuerza.
Estás aquí susurré.
Él no respondió. Solo sostuvo mi mirada y me apretó.
Y nos deslizamos por el borde, juntos, sosteniéndonos fuertemente, en la nada.
Mis ojos parpadearon abiertos mientras mi cuerpo se sacudía, seguía en la caída libre de mi sueño.
Estaba respirando un poco pesadamente, tratando de sacudirme el sueño de encima.
He soñado mucho. Inició en el segundo grado. Yo los recordaba cuando me despertaba. Ellos eran claros, vívidos y poderosos. No sucedía cada noche, pero sucedía con frecuencia. A veces eran buenos. A veces eran horribles.
Tranquilicé mi respiración y aleje mi sueño.
Luego me levanté en un codo, utilizando la otra mano para retirar mi cabello de la cara y mirando a la ventana con mis vaporosas, bonitas – pero baratas – cortinas sobre las persianas venecianas, ligeramente maltratadas que venían con el apartamento. Sentí bajo mis pues las ásperas y desgastadas sábanas baratas que había tenido por demasiado tiempo, pero lo sabía, después de haber comprado mi nuevo teléfono móvil, las nuevas y bonitas sábanas estaban en mi lista.
Y traté de no pensar en el hecho de que todavía podía sentir los brazos de Edward apretados a mí alrededor.
Capítulo corto que nos relata un sueño de la protagonista, pero que tiene fundamental importancia para entender la relación de Isabella y Edward en capítulos más adelante. Espero que la historia les este gustando, trataré de actualizar dentro de la semana, ya que el próximo capítulo es muchooooo más largo que este. Abrazos!. Nikki
