Cap. 1: Regreso al Kadic.

Arrondissement de Kadic-Roissy, París, Francia.

Recinto de la Academia Kadic, septiembre de 2005, al dia siguiente.

Ajenos a lo que sucedía en Rusia, en Francia los alumnos de la Academia Kadic se disponían a regresar a las clases tras unas divertidas vacaciones de verano. Los alumnos atravesaban la verja de hierro que los separaba de la calle, atentamente vigilados por Jim Morales, el orondo profesor de gimnasia. Como siempre, iba vestido con el chándal rojo, del que decían que no se lo quitaba ni para dormir.

—Hola de nuevo, Camilla.—iba saludando a los alumnos.—¿Qué tal el verano? Espero veros en mis clases de nuevo. Buenos días, Matthias... Otro año mas con vosotros, ¡si señor!—

En esto, frunció el ceño al distinguir a un grupo de alumnos que se acercaban por la calle...

El que iba en cabeza se distinguía por un tupé rubio con forma de llama, y hablaba alegremente con otro chico delgado, de pelo castaño y aspecto fuerte. Junto a ellos iba una chica asiática, completamente vestida de negro y un poco más alta que sus amigos. Los tres llevaban maletas con su equipaje y parecían contentos.

—...y entonces fue ella y le dijo "Te cantan los pies, Odd".—explicaba el del pelo castaño a la chica, que se echó a reír.

—No tiene ninguna gracia.—se quejó el del tupé.—Tío, se supone que los amigos no se ríen de las desgracias de sus colegas...—

Tuvieron que callarse porque Jim les salió pesadamente al encuentro, cortándoles el paso.

—Vaya, vaya, vaya...—comentó con sarcasmo.—Precisamente los que esperaba... Odd Dellarovia, Ulrich Stern y Yumi Ishiyama.—Se cruzó de brazos.—Parece que vamos a seguir juntos otro año, así que cuidadito conmigo.—

—Hola, Jim.—saludó Odd alegremente.—¿Qué tal el verano? ¿Fuiste a Hollywood?—

El profesor frunció el ceño. Había pasado el verano cuidando de la academia, por lo que no había podido irse a ninguna parte. Odd lo sabía perfectamente, por supuesto.

—Muy gracioso, Dellarovia. Pero no te creas que vas a librarte fácilmente de mi.—Jim acercó la cara hasta dejarla a un centímetro de la de Odd.—Andate con ojo, porque este año voy a estar pegado a ti como... ehhh... como un chicle a una zapatilla. ¿Entendido?—

Los dos se miraron largo tiempo, hasta que...

—Hasta luego, Jim.—zanjó Ulrich el problema llevándose a Odd a rastras.

—¡Necesitas un guionista, Jim!—se despidió este.

Los tres se fueron de allí prácticamente corriendo. Jim se los quedó mirando, antes de enfocar su atención al siguiente grupo de alumnos que se disponían a entrar...

Cuando llegaron junto a la maquina de refrescos, consideraron que ya habían dado esquinazo a Jim, de modo que se pararon a descansar mientras esperaban a que empezaran las clases.

—No entiendo por que me tiene tanta manía.—comentó Odd a sus amigos.

Yumi y Ulrich se miraron entre si, incredulos.

—Bueno... El año pasado te escapaste de sus castigos, le negaste que Kiwi fuera tuyo, pintaste un graffiti burlándote de el, trataste de chantajearle, le diste la comida del perro diciéndole que era paté...—empezó a enumerar Ulrich.

—Revelaste al mundo que el era "Paco, el Rey de la Disco"...—continuó Yumi.

Odd alzó las manos con gesto de rendición.

—Vale, vale, lo capto. Jim tiene motivos de sobra para odiarme.—admitió, antes de alegar.—¡Pero si no se acuerda ni de la mitad de todas esas cosas!—

—Esa no es la cuestión.—opinó Yumi muy seria.

—Por cierto, ¿Dónde está Aelita?—

—De vacaciones con Jeremie.—

Jeremie Belpois y Aelita Schaeffer eran los otros dos miembros del grupo. Los cinco formaban una pandilla heterogenea que compartía un increíble secreto: durante el año pasado, habían luchado para salvar al mundo del mal.

Había sido Jeremie quien había iniciado todo el asunto. Por pura casualidad, había encontrado un superordenador en la fábrica abandonada que había no muy lejos de allí, y no se le había ocurrido nada mejor que encenderlo.

El superordenador resultó ser la pieza clave de un antiguo proyecto militar de la Guerra Fría, pero lo que realmente les causó problemas fue lo que había en su interior: una poderosa IA dotada de conciencia llamada XANA, amo y señor de un mundo virtual llamado Lyoko.

XANA demostró pronto sus intenciones enfocando todos sus esfuerzos en exterminar a Jeremie. Mas tarde, a medida que se iban uniendo los demás miembros del grupo, los incluyó en su lista de "personas a exterminar". Para ello, activaba "torres" en Lyoko, las cuales le servían a modo de "puentes" para interactuar en el mundo real desde el mundo virtual. De este modo, se enfocaba en lanzar ataques para exterminar al grupo.

Sin embargo, había una forma de detener a XANA. Pues en Lyoko existía otra inteligencia: una entidad llamada Aelita, entre cuyas habilidades estaba la de desactivar las torres de XANA, parando sus ataques.

El problema era que, para defender las torres, XANA creaba monstruos cuya misión era eliminar a Aelita. De modo que Ulrich, Odd y Yumi tenían la tarea de viajar a Lyoko y proteger a Aelita de los ataques.

Durante todo aquel año, Jeremie había liderado a sus amigos en una batalla por la Red para detener los cada vez más ingeniosos ataques de XANA, y al propio XANA. La IA empleaba muchos recursos, ya fueran satélites laser, trenes desbocados, explosiones nucleares o piratear aviones de caza, pero por suerte la Vuelta al Pasado permitía borrar los efectos mas visibles de los ataques.

Finalmente, tras una serie de batallas, Jeremie logró desarrollar un virus multiple para destruir a XANA, no sin antes traer a Aelita del mundo virtual al real. Hecho esto, apagaron definitivamente el ordenador.

Sin embargo, aun persistía una anomalía relativa a Lyoko. Esa anomalía era Aelita.

Hija del creador del superordenador, Franz Hopper, había perdido a su padre y, por lo que sabían, no le quedaba familia en el mundo. Para justificar su repentina presencia en el Kadic, Jeremie le había creado una identidad falsa como "Aelita Stones, prima de Odd". Los tramites de inscripción de Aelita los llevó el por teléfono, haciendose pasar por su padre con un sintetizador de voz; lo cierto es que ni siquiera el se explicaba como era posible que un truco tan barato hubiera tenido éxito.

Pese a todo, el problema seguía ahí; el padre de Aelita había muerto. En cuanto a su madre, era un misterio total.

Todos sabían perfectamente por que Jeremie se había tomado tantas molestias.

—Está obsesionado por ella.—afirmó Ulrich.

—Se preocupa. Y es normal.—señaló Yumi.—Está sola en el mundo.—

—Que nosotros sepamos.—recordó Odd.

Aquella afirmación fue acogida con escepticismo.

—Vamos a ver... Que nosotros sepamos, es hija única. No tiene tios, ni primos, ni abuelos. Su padre ha muerto en el mar digital, su madre posiblemente también...—fue enumerando Yumi.—En cualquier caso, suponiendo que siga viva, no tenemos ni la mas minima idea de por donde empezar a buscarla...—

—Vale, vale. Lo he cogido.—se rindió Odd ante aquella parrafada.—Pero no creo que debas decirle eso. Recuerda, en todo el mundo solo nos tiene a nosotros.—

—¡Pero si fuiste tu quien le soltó eso!—le recordaron sus amigos.

—A todo esto, ¿Dónde está William?—cambió Odd astutamente de tema. Aquella era una de las pocas meteduras de pata de las que se arrepentía.

—Ni idea.—

William Dunbar ocupaba el tercer lugar en la lista de "dolores de cabeza" del grupo, solo por detrás de XANA (Primer puesto) y Sissi (segundo), y seguido por Jim (4º puesto). El compañero de clase de Yumi y exmiembro del grupo había sido poseido por XANA en su primera misión en Lyoko, obligandoles a luchar contra el durante meses. Finalmente, habían logrado vencer a XANA y liberar a William, pero no conseguían acostumbrarse a volver a tratar con el.

El propio William tampoco ayudó mucho; nada mas acabar el curso, se había largado con sus padres a Alemania, sin decirles una palabra. Sin embargo, sabían que volvería a clase en el Kadic.

—Espero que haya mejorado su carácter.—comentó Ulrich.

Sonó la campana que llamaba a clase y echaron todos a correr.

Ninguno se dio cuenta de que, desde detrás de la caseta, dos chiquillas armadas con una camara de video y una grabadora habían prestado atención sin perderse ni un solo detalle de la conversación.

—¿Tu has entendido algo?—preguntó Tamiya Diop.

—Si.—asintió Milly Solovieff asintiendo con la cabeza.—¡Que tenemos un notición!—

—Pues vamos a trabajar en ello.—

Las dos se alejaron rapidamente hacia la clase, discutiendo lo que podían hacer para investigar.