Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, los utilizo simplemente con fin de entretenimiento y sin ánimo de lucro.

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Danno´s Happy Christmas

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Capítulo 2

Steve intentó mantener a Danny totalmente ocupado. O más bien había usurpado todo su tiempo libre con la excusa de los preparativos de la casa y Danny se dejaba arrastrar tras él a todas partes sin apenas quejas al respecto. Steve no paraba de dedicarle pequeñas miradas preocupadas, un Danny callado y resignado era lo último que Steve quería ver. De siempre eso había encendido miles de luces rojas en su cerebro que anunciaban peligro. Así que comenzó con la primera parte de su plan: "Un Danno callado no era un Danno feliz".

Al principio Danny paseaba reacio a todo, si fuera por él este año no habría: ni árbol, ni luces, ni comida, ni siquiera regalos…

Pero Steve estaba tan poco dado a estas cosas que tuvo que intervenir en todo, porque claro, ese árbol que quería comprar Steve no podía llamarse árbol. Era una vergüenza para todo el reino vegetal, apenas se podía considerar una rama raquítica, y quedaría ridículo en el salón de Steve. Y mientras despotricaba sobre ello y elegía el mejor árbol del local, si observó la pequeña sonrisa que amenazaba con cruzar la cara de su amigo, no dijo nada.

Horas más tarde casi puso el grito en el cielo cuando descubrió que el hombre ni siquiera tenía adornos adecuados para el árbol. Así que determinó tajantemente que él y Grace llevarían los de su casa, mientras ignoraba los ojos de cachorro que puso Steve al descubrir que viejas carcasas de granadas que guardaba en el garaje no eran lo más adecuado. Steve estaba loco, pensaba Danny, muy loco si pensaba que él permitiría a su pequeña estar cerca de semejante abominación. Y aquello fue suficiente mecha para tener conversación para todo el día. Steve intentaba mantener cara de consternación pero le fue muy complicado al ver los primeros indicios de una sonrisa en su compañero mientras planeaba a qué hora recogerían a Grace al día siguiente.

Al día siguiente, Danny escuchaba desde la cocina como Steve y Grace reían en el salón mientras colocaban los adornos en el ahora magnífico árbol y por un momento suspiró con una pequeña sonrisa en los labios. Aquellas risas se sentían bien, demasiado bien.

Tan solo faltaban un par de días para Navidad y algo pesado en su corazón le hacía retroceder y no poder compartir con ellos esos momentos y al mismo tiempo anhelaba compartirlos.

Huyendo de sus sentimientos se había refugiado en la cocina para preparar una masa de pizza para la cena, pensando en que estuviera donde estuviera debían cenar. Y definitivamente decidió que no iba a involucrarse en nada más que tenga que ver con la Navidad, pero entre ingrediente e ingrediente, sus manos traidoras habían terminado preparado una fuente de masa para galletas. Desde cuando la cocina de Steve tenía todos los ingredientes para las galletas navideñas de su mamá, era un misterio que no quería descubrir, al menos no hoy. Y menos tras la enorme sonrisa y la mirada ilusionada que le había dado su pequeña cuando acudió al olor y descubrió el plato con la primera hornada de las exquisitas galletas Williams: unas con forma de estrellas… y no tras levantar la mirada a Steve y descubrir allí alojada una expresión muy pareja a la de su niña.

No. Él no diría nada de nada.

Horas más tarde, cuando introducía la pizza en el horno, solo salsa y queso por supuesto, se asustó al escuchar a Grace comenzar a emitir lo que parecían gruñidos de foca hembra intercalados por bufidos que le recordaban a su nombre, ¿se estaba riendo o moría agonizante? Asomó el rostro desde la puerta de la cocina y descubrió a su amigo en medio del salón cubierto de arriba abajo por luces de navidad, cual regalo brillante y poniendo su mejor cara de inocente. Y no pudo evitar unirse a su hija en los berridos, mientras las luces no paraban de parpadear y le gritaba: ¡Saca esas bombillas de tu boca pedazo animal! O algo que se parecía a eso pues su voz se ahogaba entre risas y Steve los miraba como si verlos reír fuera lo más precioso del mundo, aunque Danny se lo perdió tras las traicioneras lágrimas de felicidad que habían secuestrado su mirada.

Sin duda un Danno sin palabras, ahogado por las risas, es algo que debía de ver más a menudo. Todos los días sería perfecto para él.

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Ya solo quedaba un día, y no podían retrasar aquello más. Pero en cuanto sus pies entraron en los grandes almacenes Danny se sintió abrumado. Steve se adelantó un par de pasos antes de darse la vuelta para ver qué había detenido a su amigo. Y observó impotente el momento exacto en que la sangre abandonaba su rostro palideciéndolo alarmantemente y como parecía anclado al suelo.

Un sudor frío lo recorrió y miró alarmado a Steve. Tenía que salir de allí ahora.

Steve no necesitó palabras, simplemente lo tomó de la cintura volteándolo hacia la salida y lo obligó a caminar junto a él. Su mano nunca abandonó su posición en su cadera, dando un abrazo protector. Ni siquiera consideró retirarla una vez fuera, ya con el aire golpeando su rostro, con Danny intentando controlar su respiración y algo de color en su rostro.

Aquello no era por la Navidad. No eran los arreglos, ni los regalos, ni la comida… el ajetreo de gente y las risas y las caras de felicidad no causaban aquello. Danny estaba al límite de muchas cosas, y su claustrofobia solo se vio acentuada por la barahúnda de gente.

— Nunca me había pasado en un centro comercial — Danny jadeaba entrecortadamente — ¿Ridículo verdad?

Steve negó con la cabeza y lo abrazó fuertemente.

— No tenemos por qué entrar, ¿sabes? — le susurró tiernamente— Puedo volver más tarde y comprar los patines para Grace. O podemos pedirle a Kono que lo haga, ella estará encantada si se lo decimos…

— ¡Shhh! — Steve sintió como Danny se aferraba a él con más fuerza, pero ya con la respiración más controlada, y casi de forma inaudible añadió— También quería conseguir algo para ti.

Steve se quedó parado, él no necesitaba regalos, él solo necesitaba ver a Danny bien y entrar ahí ahora mismo quedaba definitivamente fuera de toda discusión. Aunque no podía decirle que el único regalo que quería para Navidad era su sonrisa, eso era cursi, ridículo y estaba completamente fuera de lugar… aunque cualquiera que los viera abrazados allí, entendería que se dijeran uno al otro todo tipo de cosas cursis y ridículas.

— Siempre puedes hacerme algo casero. Los mejores regalos a veces no son los que cuestan más dinero Danno— comenzó mientras los conducía hacia el Camaro.

— O podría regalarte un nuevo chaleco táctico — eso arrancó una risa profunda en Steve — uno que incluya casco o algo para esa cabezota tuya.

Y bien, Danno haciendo chistes hasta en los momentos más vulnerables, al menos era un buen Danno.

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Así fue como sobrevivió hasta la víspera de Navidad.

Cuando Danny llegó a casa de Steve preparado para perderse en los preparativos de la cena, se quedó embelesado mirando cómo el hogar de su amigo había cambiado. Preguntándose cuanto tiempo haría de la última vez que aquella casa lució así por navidad y si todo eso era solo por él, ¿qué significado tenía?

Tenían un precioso árbol de Navidad, que se sentía tan suyo con sus adornos.

Tenían luces tanto en la casa, como en la terraza, Grace se había asegurado de ello.

Galletas navideñas hechas finalmente por los tres.

Poche de huevo y dulces por todas partes.

Incluso había descubierto que Steve había conseguido esos dulces de almendra, típicos de su ciudad. Su madre debía estar tras eso sin ninguna duda y el pensamiento lo hizo suspirar.

Quedó perdido en pensamientos de su hogar y su infancia por un momento, aun cuando escuchó la puerta de la terraza y notó la mirada sobre él, le costó aterrizar en el ahora pero finalmente se volteó.

—Ey, Danno —algo en la postura de Steve alertó a Danny, lo conocía demasiado bien para saber cuándo escondía algo. — Has llegado pronto.

Danny le dio una mirada sospechosa y Steve sonrió tímidamente y se rascó tras el cuello, estaba nervioso.

— ¿Qué demonios está pasando Steve?

Steve se acercó a él y le dio la mejor de sus sonrisas antes de posar ambas manos sobre sus hombros.

— Es una sorpresa. Prométeme que no saldrás de la cocina hasta que llegue Grace.

— ¿Ahora estoy castigado en la cocina?

— Vamos, no te preocupes no estarás solo. Te lo dije. Yo cocinaré contigo.

— Eso, Steven, es realmente preocupante, muy preocupante en realidad.

Steve lo hizo girar sobre sus pies, y ambos entraron en la cocina, mientras Danny argumentaba sobre recetas secretas y valores familiares, y sobre como tendría que cerrar los ojos más de una vez o tendría que matarlo… Y al parecer dijera lo que dijera Danny, Steve no podía dejar de sonreír y Danny no podía dejar de mirarlo. Así que decidió no hacer preguntas, él estaría bien con lo que fuera que Steve estaba tramando, porque confiaba en él con su vida.

En algún momento de la tarde, la cocina explotó. Bueno, no exactamente explotó pero eso parecía cuando empezó a llegar la gente y ellos andaban llenos de comida por todas partes. Danny se afanaba por ultimar el asado del horno, con la salsa especial de la abuela, mientras Steve intentaba lavar todo lo que habían utilizado.

— ¡Puaj! Estáis asquerosos chicos— la inocencia de Kono en su máximo esplendor — Deberían ir a tomar una ducha. Ambos. Juntos si es necesario, pero rápido. Grace está a punto de llegar.

— ¡Mierda!— exclamaron ambos hombres a la vez fijando su vista en el reloj de pared. — ¡Joder! — volvieron a exclamar a la vez. Lo que se ganó una mirada inquisitiva de Kono, seguida de una risita que ya nada tenía que ver con la inocencia.

— ¿En ese caso juntos?

— ¿Qué? ¡No! — ambos de nuevo, pero esta vez con gestos parejos con sus manos sobre las caderas y miradas extrañadas, como si lo que dijera Kono fuera la cosa más estúpida que habían oído hoy. Pero Kono no podía dejar de reír ante la visión de sus queridos amigos, cubiertos de comida, con lindos delantales y ese ligero sonrojo en sus caras. Pronto ambos abandonaron la cocina, para ir a ducharse o cambiarse o donde que fuera, pero lejos de Kono.

La conversación no siguió hasta el final de las escalera, estaban demasiado preocupados por lo tarde que se había hecho e incómodos por las insinuaciones. Aun así, Steve fue un buen anfitrión y preguntó a Danny si quería usar el baño primero:

— ¡Sí, gracias! — Danny ya entraba por la puerta del baño cuando Steve lo escuchó refunfuñar de forma a penas oíblemente — Obvio si lo hiciéramos a la vez, de ninguna manera terminaríamos a tiempo…

Steve quedó perplejo por un momento, acaso: ¿Danny estaba insinuando lo que él pensaba? Su cuerpo obviamente decidió que sí, y por un momento agradeció ir segundo en la ducha, la cual ahora tendría que ser más fría de lo esperado.