Corrí por los pasillos luchando, peleando. Todo era caos, llamas, estruendos. Al principio sentí la emoción y la energía de la adrenalina recorriendo mis venas, me sentí lleno de fuerza, de valentía, de inmortalidad.

Me uní a Dean, a Neville y a Ernie y dimos una fenomenal lucha. Yo estaba eufórico, al fin podría jugar al héroe. Lo único que me preocupaba era que te había perdido el rastro y pedía a Merlín que estuvieras protegida. Pero pronto toda mi fantasía de epopeya terminó.

Te vi pelear junto a un grupo hasta ser vencidos por los enemigos y salir disparada por los pasillos en ruinas. Detrás de ti… el lobo.

El miedo fue subiendo por mi columna hasta erizarme el cabello. Me alejé de mis compañeros y fui subiendo las escaleras arrastrado por la desesperación. Te vi correr envuelta en lágrimas, ceniza y polvo, con los cabellos flotando entre las chispas de las luces venenosas. Traté de alcanzarte he infructuosamente le lance cuando hechizo pude a ese animal pero siempre aparecía un muro, un enemigo o el temblor de mi mano me traicionaba. Ya cerca de ti y de él diste un giro hacia un atajo y me vi cercado por las arañas. Estas me dieron férrea pelea y con gran esfuerzo logré al fin esquivarlas. Volé por el atajo y vi a ese monstruo regocijarse persiguiéndote, mi corazón se desbocó y corrí con más ímpetu con el alma en vilo.

-¡Lavender!1 ¡Lavender!- Grité sin ya poder contener mi miedo, mi angustia, mi amor callado hacia una chica que amaba a otro.

Ya quedaba poco para alcanzarte y defenderte de ese engendro cuando de la nada aparecieron otros desgraciados. Los mortífagos me atacaban y yo rugía de odio y locura… ellos demoraban mi rescate.

La rabia y la impotencia me dominaban por completo. Lance hechizos, tiré escombros, Derribé una pared sobre ellos, pero nos me dejaban llegar hasta ti.

-¡RON! ¡RON!- Escuché tu voz por sobre el bullicio, pero no tenía tiempo de sentir dolor por ello. Tenía que escapar de mis enemigos para salvarte.

Y tu varita cayó y yo me congelé de miedo, entonces uno de mis contrincantes me lanzó contra un muro y el terrible dolor me torturaba la cabeza. Mi adversario sin demora me apuntó con su varita y un Avada Kedabra se dirigió a mi pecho. Pero una mano amiga me agarró por un pie. Dean, mi querido amigo Dean acababa de salvarme la vida.

-¡Expelliarmus!- Gritó mi amigo y mi casi asesino voló lejos, muy lejos.

-¡Dean… Lavender!- Fue lo único que pude decir. Mi amigo me levantó de un viaje u ambos corrimos hacia ti enloquecidos.

Saltamos, trepamos, vadeamos pero estabas tan lejos.

-¡Lavender! ¡Lavender!- Grité una vez más.

La bestia te seguía y tú, presa del terror y sin más fuerzas gateabas temblando sin parar.

-¡RON! ¡RON!- Te volví a escuchar. Y lo maldije por no estar contigo, lo maldije por rechazar tu amor. Un amor que yo habría recibido con ansias.

Entonces lo peor que jamás quise ver y vivir sucedió. La bestia ponía sus sucias garras en ti.

-¡NO! ¡Lavender! ¡Lavender!-El ahogo del llanto invadió mi garganta mientras seguía corriendo sin parar. Pero nuevamente el mal se interpuso entre tú y yo.

-¡Déjame infeliz!- la grite al nuevo enemigo- ¡necesito llegar hasta ella!- Y lo lancé lejos con la ayuda de una bombarda.

-¡Corre Seamus!…¡Yo te cubro!- Dijo mi amigo.

Subí los escalones desesperado, subí con el terror en la sangre y lo que vi me desgarró el alma. La bestia te devoraba el cuello. Maldije, grité, corrí enloquecido. Quería matarlo, destrozarlo. Quería ahorcarlo por mancillar al tan bello.

Pero Hermione llegó a ti antes que yo y también horrorizada por el dantesco escenario lanzó al engendró por los aires. Lo vi caer en medio del fuego, lo oí gritar su agonía, pero no me importaba lo único que quería era estar a tu lado.

Llegué hasta ti pero ya era demasiado tarde. Tus ojos miraban a la nada, mas creí ver una mueca parecida a una sonrisa en tus labios y comprendí que tu última mirada había sido para él. Él, quien nunca respondió tu llamado de auxilio.

Me maldije por no haberte tenido conmigo desde el comienzo, me maldije por no haber podido protegerte. Me maldije por no poder conquistar a tiempo tu corazón.

Acaricié tu rostro con dulzura y cerré tus ojos para que al fin descansaras. Luego te cargué en mis brazos y junto a Dean te dejamos en lugar seguro. Te di un beso en la frente y tomando mi varita salí furibundo al campo de batalla.

Peleamos toda la noche. Vi a los dementores acosar a Harry a Hermione y a él y por lo menos esta vez sí llegué a tiempo para ayudar. Después me olvidé de mi mismo y me entregué a cada ataque, a cada golpe, a cada hechizo.

La mañana llegó y con ella Harry terminó al fin con el infierno. Lo vi triunfar sobre ese maldito cuyo vasallo había destrozado mi vida. Todos gritaban, reían, lloraban de emoción. Dean sonreía con lágrimas en los ojos y ese, aquel al que amaste tanto, se sumergía en los brazos de la que si amaba.

Yo solo los miraba a todos. A los que saltaban, a los que lloraban, a los que reían. Yo no expresaba nada, no podía. Me alejé hasta un borde del puente destruido y me senté con las piernas colgando mirando todo el caos que ésta condenada guerra había causado. El aire aún apestaba a ceniza y polvo.

Unos pasos se acercaron, pero yo no me volví a mirar al recién llegado. Conocía ese rítmico caminar ya que lo había escuchado casi toda mi vida. Dean se sentó a mi lado pero nada dijo y por largos minutos nos quedamos convertidos en estatuas guardianes. De pronto Dean apoyó su mano en mi hombro y al sentirla el nudo que tenía en la garganta escapó a mi boca y el llanto me derribó a los brazos de mi amigo de toda la vida.

La mañana era hermosa, tibia, brillante. La habrías visto. Todo hubiera sido tan distinto si solo hubieras estado conmigo.