Disclaimer: Esta historia contiene eventos insólitos y personajes originales. La presencia de dichos eventos y personajes es totalmente intensional.

Gracias a todos por leer y espero les siga gustando. Gracias por los revs.

Capítulo 2: Celos

Ingresaron al salón de Transformaciones un grupo de seis ravenclaws. Tomaron posiciones en los mismos puestos que lo hicieron durante los últimos seis años en la escuela, viendo los espacios vacíos al otro lado del salón. Hoy eran dobles con Blyngorclaff y los inteligentes águilas eran los primeros afortunados en compartir una de sus clases con ellos. Pero al ingresar a la sala no eran más que ellos los presentes.

McGonnagal entró al salón con un claro rictus de molestia, ante lo cual los muchachos se limitaron a mantener silencio y bajar su vista a los libros como si lo tuvieran ante ellos no lo hubiesen leído la noche anterior. La profesora revisó la lista de los presentes sin poder entender la presencia de tan pocos alumnos, es más faltaba una casa completa en el salón.

-¡Boot, Terry! –llamó la profesora.

-Presente… -alzó la voz el prefecto de Ravenclaw.

-¡Brocklehurst, Mandy!

-Presente…

-Carter, Lisa Marie

La puerta del salón se abrió de par en par para dejar entrar a una muchacha delgada de cabellos rubios que llegaban hasta sus caderas, bamboleándose con el caminar cadencioso de la chica mientras sus pasos la dirigían junto al resto de los chicos. Llevaba un bolso al hombro con motivos de Hello Kitty, era de color violeta. Su uniforme se apegaba delicadamente al cuerpo de la muchacha dejando mostrar su atractivo físico. Finalmente la chica se sentó al otro lado del salón, dejó su bolso en el suelo y acomodó su cabello con elegancia. Sus ojos grises con motitas verdes y destellos dorados se fijaron en la profesora que parecía estática ante semejante despliegue de… ¿slow motion?

-Presente –su voz era brillante, pero no estridente, era cálida y aterciopelada.

McGonnagal frunció el ceño y volvió a la lista.

-Corner, Michael –continuó.

Pero Michael no contestaba, parecía prendado de la etérea figura de la recién llegada blyngorclaff. Y como él, todos los chicos de Ravenclaw parecían absorbidos en la muchacha.

-Corner –insistió la profesora.

Mandy golpeó a Michael en las costillas y el chico pegó un respingo. Miró al frente y vio el rictus aterrorizante de McGonnagal.

-Presente… -murmuró bajito y volviéndose completamente rojo.

La profesora tiqueó el nombre del muchacho.

-Gersenov, Benjamin Kevin Bryan

Un silencio invadió la sala cuando los pasos desde el pasillo se volvieron más cercanos. Unas pisadas fuertes y seguras. Un joven alto y de tez blanca ingresó en el salón, sus hombros eran anchos, su figura delgada, pero de musculatura desarrollada. Su cabello negro azulado corto y peinado con gel hacía un bonito contraste con su piel pálida. Sus ojos de un azul brillante recorrieron el lugar con un aire a desconfianza. Captó las fijas miradas femeninas, y hasta los chicos parecían admirados por su estampa.

McGonnagal carraspeó.

-Presente –contestó el muchacho con voz ronca y masculina.

-Goldstein, Anthony.

-Presente… -respondió el chico mirando con algo de miedo al recién llegado, su tamaño lo minimizaba.

-Hinoi, Akane Juno –siguió pasando lista.

Un plop se escuchó en la sala y una chica de rasgos orientales apareció sentada en el sitio tras Gersenov chupando una paleta de dulce. Su cabello era negro y liso, llegaba hasta poco más arriba de la cintura y estaba atado en una cinta rosa. Llevaba también anillos y pulseras de plástico rosa, también aretes grandes y del mismo material rosa. Parecía indiferente a lo que sucedía en la clase y apenas miró a la profesora y murmuró un seco "hi".

McGonnagal la miró fijamente, pero la chica ya había encontrado la goma de mascar al interior de la paletita y estaba feliz masticándola con desparpajo. Incluso hizo un par de globos que explotaron sonoros en el silencio que invadía la sala.

-Hernández, Caterina Romina Samanta…

Unos pasos acelerados se atropellaron antes de llegar al umbral, una chica de estatura media y menuda figura se apresuraba por cerrar la puerta. Posteriormente soltó una risita chillona que retumbó por todos lados como un cantar de pajarillos. Corrió a su puesto, junto a la muchacha rubia, y se rió tontamente.

-Hernández, Caterina Romina Samanta.

-Presente –dijo alzando la mano y haciendo señas.

Sus ojos color violeta con motitas doradas recorrieron el lugar acompañados del batear de sus pestañas enrimeladas. Meneó la cabeza risueña y moviendo su corto y rizado cabello adornado por miles de trabas de colores chillones. Se cruzó de piernas dejando ver sus piernas, lo que fue agradecido en silencio por los muchachos de Ravenclaw, eran las mejores pantorrillas que hubieran visto en su vida.

La puerta volvió a abrirse bruscamente, un chico alto y pálido, de cabellos albinos y ojos grises ingresaba en la sala. Su paso arrogante dejó a los ravenclaws sin aliento y a las chicas atontadas en su figura. De figura atlética, alto, con un trasero de lujo que se apretaba contra sus pantalones pareciendo que se rajarían en cualquier momento.

-Maldefou, Jean Pierre –McGonnagal intuía ya que era absurdo seguir pasando lista, mejor los llamaba a todos juntos para ahorrar tiempo.

-¿Qué crees tú? –espetó el joven alzando una ceja al tiempo que se sentaba en su lugar junto a Gersenov.

La profesora frunció el ceño.

-En esta escuela decimos "presente", señor Maldefou.

Los muchachos de Ravenclaw rieron por lo bajo, atentos a las reacciones de Jean Pierre Maldefou, notando una mirada de furia dirigida a la profesora. McGonnagal volvió a bajar la vista a su lista. Al fin un nombre conocido.

-Patil, Padma.

-Presente –se apresuró la morena alzando su mano.

Otra vez al slow motion, el siguiente nombre correspondía a otra joven de la casa de Blyngorclaw. Era la prefecta, Erywen Kate Morgana Robinson, quien ahora ingresaba por la puerta ante la llamada de la profesora. Tomó asiento junto a los muchachos y acomodó su cabello en una larga trenza.

Lisa Turpin no acababa de decir presente, posteriormente a la llegada de Erywen para cuando unos pasos ingresaron a la sala y la profesora realmente esperaba que fueran los últimos. Era un muchacho mulato altísimo, mucho más fornido que los otro dos, de cabello oscuro y profundos ojos negros. Su perfil era perfecto y su frente aún más. Poseía unos carnosos labios que invitaban a besarlos sin pudor.

Su nombre: Young, Julius Moses.


Terry Boot ponía atención a sus apuntes al tiempo que la profesora McGonnagal demostraba un nuevo hechizo, transmutar una cápsula de vidrio en un material traspasable. Interesante, podría aplicarlo a un nuevo proyecto que tenía en mente. Pero, aun cuando se encontraba demasiado extasiado en los alcances que sus suposiciones podrían tener, más lo extasiaba mirar de tanto en tanto a la mesa de Blyngorclaff.

Una de las muchachas llamó especialmente su atención, tanto que para cuando el término de la clase llegó, buscó una inteligente excusa para acercarse a ella. La rubia guardaba sus libros en su bolso, dándole la espalda. Terry acortó la distancia entre ambos quedando justo tras ella, extendió una de sus manos para tocarla en el hombro, justo donde sus dedos podrían tener una chance de enredarse en sus dorados cabellos.

Al sentir la sutil presión en su espalda la muchacha se volteó posando sus ojos verdes en el rostro del prefecto de Ravenclaw. Sintió que aquella mirada era insostenible, algo en ella lo volvía completamente débil, tonto e inseguro. Bajó la vista al suelo y su mano se deslizó lentamente recorriendo el camino de regreso a su costado.

-Terry Boot ¿no? –preguntó la chica mirando fijamente al muchacho, conociendo el efecto que sus miradas tenían en el sexo opuesto.

Terry se animó a alzar la mirada y pudo verla nuevamente a los ojos.

-El mismo –dijo extendiendo su mano a modo de saludo, la cual fue estrechada por la grácil mano alba de la rubia. –Tengo una proposición para ti, Lisa.

-Adoro las proposiciones –le dijo en tono sugerente mientras soltaba la mano del ravenclaw –Veamos que tienes para mí, Terry Boot.

El nombrarlo parecía un divertido juego para la blyngorclaff, pero para el prefecto el escucharlo brotar de sus labios como un burbujeo de sonidos lograba que su cuerpo se volviera un atado de emociones jamás antes sentidas, desconocidas e intimidantes por su potencia. Ella sonrió al verlo sonrojar.

-Verás… -comenzó el chico sin percibir el calor que de sus mejillas vascularizadas comenzaba a brotar invadiendo de un color rojo toda su piel. –No sólo soy el prefecto de Ravenclaw has de saber, también soy el presidente del club de transformaciones. –ella asintió en silencio, disfrutando del nerviosismo de Terry. –Sólo me preguntaba si te gustaría…

-Me encantaría –dijo interrumpiendo el nervioso discurso del ravenclaw. -¿Cuándo y dónde?

-Ahora, en la biblioteca. –miró su reloj –En realidad dentro de diez minutos.

-¿Qué tal si nos vamos juntos? –propuso la muchacha con una adorable sonrisa que pareció doblarle las rodillas al chico, quien por un instante creyó que caería directamente a los pies de la rubia.

Desde la puerta, Mandy Brocklehurst observaba la escena con vergüenza ajena y un toque extraño de celos. No podía creer que Terry, su compañero, ese chico a quien ella tanto admiraba, con quien tanto le costó llegar a tener confianza, con quien a pesar de los años no cruzaba más allá que cuatro palabras. A quien recientemente podría llamar cercano, ese Terry, estaba ahora convertido en un cachorro adorable y enrojecido frente a esa muchacha.

Sería una batalla, y sabía dónde recurrir para triunfar. Se quedó quieta para verlos pasar, tuvo que soportar un hombro que la pasó a llevar, el mismo hombro donde antes Terry había posado su mano, por donde la miraba con desprecio aquello ojos verdes de extraño brillo plata.

-¿Compañera tuya? –preguntó Lisa volviendo su vista al frente luego de pasar a Mandy.

-¿Quién? –balbuceó Terry distraído.

-La rubia que estaba detenida en la puerta…

-Mandy Brocklehurst, es de mi casa y año. Simpática, también es prefecta. A pesar de eso no la conozco mucho, es algo tímida.

-No está bien no saber nada de la vida de alguien con quien compartes tan importantes momentos –suspiró Lisa con cierta mala intención que Terry no alcanzó a notar. –La gente debe tenerse total confianza, las relaciones deben ser transparentes para evitar malos entendidos.

Terry la miró intrigado. Quiso intervenir, pero se imaginaba que ella tendría mucho más que decir que él. La dejó continuar, asintiendo en completo silencio… Esperaba que continuara, quería saber todo de ella, todo.

-Es interesante estar en un colegio diferente al mío –comentó al aire observando todo en su camino hacia la biblioteca –Todo acá es tan… antiguo, tan lleno de historia. En Australia es todo tan diferente, todo huele a modernidad, a muggles, es divertido. Pero a veces quisieras estar introducido en un ambiente más propio, sentirte diferente.

-Cuéntame, Lisa… Quiero saber de ti –dijo en un arranque de valentía, quizás de su espíritu de conocimiento y curiosidad innata.

Ella suspiró mirando al techo cubierto de dibujos de aquel pasillo.

-Soy hija única de un matrimonio por acuerdo –comenzó limitándose a observarlo por el rabillo del ojo –Nunca me sentí demasiado deseada como hija… Mi padre nos abandonó cuando yo tenía tres años… y siempre he sentido que fue mi culpa.

Terry sintió una profunda pena por la chica y colocó su mano en el hombro de la chica a modo de apoyo, ella se recargó en su cuerpo al tiempo que sus pasos se coordinaban y les permitían caminar juntos sin problemas.

-Mi madre se volvió muy inestable desde entonces, demasiado quizás –siguió la chica aferrándose al cuerpo del ravenclaw, como si ello le diera seguridad de continuar la historia de su vida. –Ha intentado quitarse la vida varias veces, la última vez fue días antes de ser trasladada a Hogwarts… Me confesó algo terrible, la poseyó el miedo y la angustia. No lo resistió más… -miró al chico con lágrimas en los ojos –Merlín la tenga en su gloria.

-Lo siento mucho…

-Cuando ella supo que viviría en Hogwarts… Temió seriamente por mi vida, por lo que ocultó siempre de mí… Yo… No puedo ir al Club –se apartó bruscamente de Terry –Debo irme…

Terry intentó detenerla, pero ella grácil como una gacela se arrancó de su lado y emprendió una elegante carrera a través del pasillo, perdiéndose tras una esquina.

Lisa corría a toda velocidad cuando chocó violentamente como una chica de melena azabache. La muchacha la cogió por los hombros obligándola a detener su errática carrera.

-Casi le confieso todo… -dijo la chica con el rostro bañado en lágrimas –Casi digo la verdad, estuve a un paso, a un paso de arruinarlo todo… No puedo, no puedo seguir, Erywen… Llévame a casa, te lo ruego –se aferró a la túnica de la prefecta –No quiero seguir acá, no tengo la fuerza.

Una violenta cachetada se estrelló en el rostro albo de la rubia, la chica contuvo las lágrimas y ocultó un grito de dolor en una mueca en sus labios. Miró a los ojos de la morena quien la miraba con frialdad.

-Cállate, tonta –espetó con firmeza -¿A quién casi le dijiste todo?

-A Terry Boot…

-Nunca, nunca vuelvas a abrir tu enorme boca de esa forma¿entiendes? –Lisa bajó la vista y Erywen la zamarreó con violencia -¿Entiendes? Nadie puede enterarse que eres la hija perdida de Sirius Black, nadie.

Lisa asintió limpiándose el rostro de las lágrimas.

-En Inglaterra él nunca dijo de su compromiso con tu madre, nunca se dijo nada, así que guarda silencio para la próxima vez. Entiende que la relación de tus padres fue un error y que la que la pagó peor fue tu madre. Para todos tu no existe como hija de Black y así será siempre.

Tras la muralla Mandy Brocklehurst se tapaba la boca casi sin poder respirar. Esto era demasiado para quedarse callada, pero ella no era una cotilla… Pero tenía quien podría seguirla en esta investigación y quien la ayudaría por encontrarle sentido a todo esto. Dejando a las blyngorclaff a solas, retrocedió en silencio y caminó aceleradamente hacia Gryffindor.

-¿Contraseña?

-Necesito hablar con Lavender Brown…