Capitulo 2

Se hacia tarde en la aldea de Konoha y por todos lados las personas se encontraban caminando de un lado a otro. Los niños jugaban, los jóvenes vagaban y el resto de los aldeanos decoraban. Para ellos los siguientes días serian de gran valor. El festival del fuego se celebraría nuevamente en las calles y para los aldeanos, esto significaba una cosa: ¡FIESTA!

El festival del fuego. Siete días de pura diversión; de trabajo en los mercados; de bailes con mascaras; de relajación para los ancianos e incluso de romance entre los jóvenes y adultos y de otras actividades mas.

Era tedioso tener que armarlo todos con varios días de anticipación; era molesto tener que limpiarlo todo después de que hubiera concluido. Pero los aldeanos lo hacían con gusto por que sabían que había valido la pena.

Para Hinata, estos días serian como los demás. Se encontraba recargada en el alfeizar de su ventana, observándolo todo. Para ella, los placeres tales como los festivales le eran prohibido, y no solo a ella, toda la familia Hyuga (siendo una de las familias más poderosas del país del fuego).

Al creerse superiores a los demás, tenían la creencia de que, si se llegaban a mezclar con los aldeanos, la vulgaridad y la enfermedad los invadirían, inclusive al menor contacto con alguien de fuera de la villa se le consideraba un acto de traición hacia el clan y este era penado con brutalidad.

Hinata continuo observando, al ser ella parte de la rama principal de la familia, su mansión se encontraba postrada en el centro de toda la villa, en lo alto de una pequeña loma. Desde donde se encontraba, era capaz de observar los limites de la villa, e incluso mas allá. Sus ojos, blancos como las perlas eran capaces de mostrarle a las personas que se encontraban más allá de los muros, e incluso a sus decoraciones. Deseaba poder estar allá.

La puerta de su habitación se abrió. Una chica de cabello largo y rosado apareció: Sakura. Tal vez la única persona a quien pudiera llamar amiga y que se encontrara fuera del clan.

La había conocido años atrás, durante una fiesta formal a la que habían asistido varios de los funcionarios de gobierno más poderosos de todo el país del fuego, e incluso del país del viento y del rayo. Aun podía recordarla con su cabello largo y aquel vestido rosado con encaje a cerezos que poseía, ropa despectiva que solo el influyente clan Haruno poseía. Se hicieron amigas, las mejores desde ese día.

De ojos verdes esmeralda, esbelta y algo proporcionada; con un elegante vestido un poco escotado y un bordado de cerezos.

-Hola Sakura.

-Hola amiga, ¿Estas lista?- le pregunto la chica con la emoción brillándole en el rostro.

-¿Para que?

-Pues para el festival del fuego, al fin me dieron permiso de salir sin la escolta.

-¿En serio? Pero… ¿Cómo?

-Cosa sencilla, simplemente le dije a papa que ya tenia edad suficiente para salir a la ciudad sin una escolta y mama me dio la razón- dijo sonriéndole juguetonamente.

-wow… eh espera, creo que pasare esta vez- respondió Hinata bajando la mirada.

-¿De nuevo? ¿Por que? Vamos Hinata vendrán Ino y las demás, seria una buena oportunidad para que te pesques a un hombre.

-¿Pescar? ¿Cómo a los peces?

-Y que no lo son, vamos.

-Eh… no lo se, no creo que me dejen Sakura.

-¿Y si pidiera permiso por ti? Mama me ayudaría- Hinata la observo temerosa, sabia lo que le estaba proponiendo –Vamos ¿A que le temes?

Si tan solo supieras pobre Sakura, aunque de buen corazón, ignorante de lo que sucedía dentro de la villa Hyuga. En realidad todo el país del fuego desconocía las prácticas del clan Hyuga.

-Por favor Sakura, no insistas, no puedo ir.

-Aw, vamos- protesto ella – ¿Que tienes que perder?- le cuestiono.

Mucho –Nada- respondió Hinata –Pero simplemente no quiero ir- desvió la mirada y se centro en sus pensamientos como lo hacia por habito.

-Ven un momento.

Sakura la tomo de la mano, alejándola de de la vista de la villa, alejándola de sus pensamientos y la llevo hasta el gran espejo postrado en uno de los rincones: un espejo triple.

De inmediato, un trió de Sakuras y Hinatas las observaban: a Hinata sobretodo. Con el cabello largo hasta la cintura y de color negro azulado. Un cuerpo de tentación que atraería a varios, si no es que a muchos hombres; como alguna vez le dijera sakura.

-Mírate- le decía ella tocándole el pecho. Hinata y soltó un ruidito y Sakura sonrió –Eres una belleza y estas desperdiciándote dentro de estos muros, ¿Esperando que? ¿Qué te casen? Por favor Hinata, o acaso esperas que llegue tu caballero de dorada armadura a que te salve.

Eso no estaría mal

-Pero tiene que ser así- alego Hinata.

-Quizás, pero al menos deberías salir a divertirte, no se, a presumir este cuerpo- y le apretó la piel bajo sus manos, lo que ella daría por tener un cuerpo así.

-No lo se Sakura- se soltó de su amarre y se sentó en la cama -No lo creo posible.

-Ah por favor Hinata, no te quedaras toda la vida en este lugar- la convencería, de alguna forma lo haría.

-Por favor no, no creo que mi padre lo apruebe.

Sakura sonrió. Lo conseguí. La estaba convenciendo ahora lo que seguía. Camino hasta ella y se acerco a su oído.

-Pero, ¿Y si?...

A Hinata la idea le aterro. Observo aterrada a Sakura sin creer que a ella se le pudiera ocurrir que podría pedirle a su padre tal cosa Aunque… La idea le cruzo por la mente.

Hinata se levanto, dominada por el pánico. Camino en círculos regañándose a si misma.

-No puedo- se decía.

¿Por qué no?

-Padre lo prohíbe, el clan lo prohíbe.

No tienes por que hacerles caso siempre, es tu vida no la de ellos.

-Pero…

Quien sabe cuando tendrás otra oportunidad.

Hinata se llevo un dedo a la boca, otro viejo hábito en cuanto se ponía nerviosa. Sakura sonrió para si, sabia que había ganado en esa pelea de voluntades. Camino hasta ella y la abrazo, en parte para darle fuerzas, parte para ocultar la sonrisa de satisfacción que se le dibujaba. Ahora si se divertiría pensó Sakura.

Para el fin de semana, Hinata ya se encontraba en la habitación de Sakura, emocionada y aterrada, era su primera excursión fuera de la villa desde mucho tiempo, una emoción totalmente nueva le recorrió la espalda. Tenia miedo, si, pero este desaparecía en segundos ante la presencia de su amiga, ante la seguridad de la casa Haruno.

Recorrió la lujosa habitación y su mente la llevo al permiso concedido días atrás. Hinata y Sakura, acompañadas por Shina, madre de Sakura. Se encontraban frente a los padres de Hinata. Hiashi Hyuga, un hombre con un carácter tan fuerte como su mirada y Hikari Hyuga, tal vez la única persona que no solo pondría a ralla al hombre sino también al consejo de ancianos que regia al clan. Sin duda, convencerlos seria una dura tarea.

Shina había pasado un tiempo con la familia, conocía a Hikari y poco de las practicas Hyuga.

El tiempo paso y Shira siguió hablando con los Hyuga, los convencería de que dejaran a Hinata ir a la casa Haruno para convivir con su hija. Y al final, accedieron con la condición de que Hinata no abandonara la casa y que la única razón era que era Shira quien le pedía el permiso. Así sabría con quienes se reunía.

El pensamiento se desvaneció de la mente de Hinata, eso ya no importaba mas pues el fin de semana había empezado, y en dos días mas comenzaría el festival del fuego en la aldea, y aunque la idea aun le aterraba, asistiría acompañada de Sakura y las demás. Podría arrepentirse, pero no lo haría, no ahora. Por un momento seria feliz.

Eso espero.

SOLO unos días habían transcurrido desde que Hinata saliera a casa de los Haruno y para Hiashi solo esa un día mas de labor, en realidad no le importaba lo que pasara con ella o si rompiera algunas reglas, lo que importaba era lo que vendría después.

Un hombre apareció en la habitación, vistiendo el atuendo de un empresario, túnica formal y una postura correcta. El hombre ideal ante los ojos de muchas mujeres.

-¿La dejo ir?- quiso saber.

-Tranquilízate muchacho, se fue a quedar a casa de los Haruno.

-¿Los Haruno? Esa escoria.

-Acaso tengo que repetirte las cosas

-Y si se va

-No lo hará, lo más que puede hacer esa mocosa será reunirse con esa basura que se hace llamar aldea. Sera castigada por supuesto, pero de eso ya se hablara después, además, creí que seria bueno darle un poco de libertad- sintió sobre el la mirada de aquel sujeto –Descuida, Mi hija será tu esposa para el final del festival, el futuro del clan depende su matrimonio.

Relajo el seño Al menos eso estaba claro pensó. Tal y como el clan lo regia sus mujeres eran dadas a matrimonio sin cuestionar. Y para antes de que el festival concluyera estaría casado con la hija de uno de los hombres más poderosos del país del fuego. Sin duda una buena elección para sus propios planes.