Dejo los lineamientos de siempre.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
"Pensamientos".
Advertencias:
OC.
Género: Romance | Drama.
Clasificación: T | M.
Disclaimer: el juego y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
Re-editado.
Si hay algún comentario o disconformidad, ya saben, pueden dejarla ahí abajo en la cajita de comentarios. Recuerden siempre dirigirse a los escritores con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Los comentarios son siempre bien recibidos, y les estoy enteramente agradecida por tomar unos minutos de su tiempo para leer mis historias y de paso, comentarlas. Mil gracias. Es en parte por ustedes que yo sigo al pie del cañón, además de ser uno de mis pasatiempos favoritos.
Capítulo 2.
«Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada».
Anónimo.
— En realidad no creo que necesite mi ayuda — dijo.
Con gran esfuerzo dio media vuelta y se retiró. Los tacones repiqueteaban en sus oídos mientras se escabullía por el salón, caminaba con cuidado para no tener otro resbalón. Las baldosas pulidas eran peligrosas. No olvidaba que llevaba tacones tan altos, demasiado para su gusto. Sin embargo, a pesar de tomar tantas precauciones terminó patinando. Formaba parte de su maldición eso de hacer el ridículo en lugares públicos. Se preparó para la inminente caída golpeó contra un muro mullido y musculoso, vestido con un traje de sastre costoso.
— ¿Saori?
¡Oh, carajo!
— Saori eres tú.
De inmediato reconoció aquella voz áspera con acento tranquilo, la indiferencia no formaba parte de él como de su hermano menor. Levantó la cabeza y lo miró. Ojos oscuros la contemplaban con curiosidad y una pizca de cariño. Una sonrisa esquinada estiró los labios de él y ella se ruborizó.
— Itachi — pronunció, él ensanchó su sonrisa complacido de que lo recordara.
¿Cómo no hacerlo?
Seguía teniendo casi misma apariencia, con esa madurez que solo la edad y la experiencia te dan. Tan atractivo como en sus años de escuela, tal vez más.
— Me alegra que todavía me recuerdes.
Saori sonrió, nerviosa, ¿la situación podía ser más cliché? No, claro que no.
Recordó con tristeza la razón por la que nunca se dio una oportunidad con él, porque estaba enamorada de otro hombre. Un hombre que no solo la rechazó, si no que le demostró de la manera más cruel lo dañino que puede ser el amor no correspondido. Eso de «un clavo saca a otro clavo» no tenía validez para ella. Aunque a veces se arrepentía de no haberse arriesgado, tal vez su vida no sería la misma. Itachi era un buen hombre, inteligente, centrado y atento. Heredero de un imperio, con gran aprecio por su familia. Su respeto y su devoción por ellos era simplemente admirable, considerando su estatus social y su educación estricta.
Saori sabía que no era justo utilizar a una persona para sacarse a otra. No estaba bien, no era bueno. Sin embargo, le gustaba mucho jugar con la idea de haber tenido una relación con Itachi y hasta donde hubiera llegado de haberlo permitido. Engañarse con una vida ajena a la que vivía era como el sueño húmedo del que te despiertan a mitad de la noche y que ya no puedes continuar. Superar su desastrosa adolescencia todavía le pasaba cuentas. Además, obviaba el pequeño altercado que hubo entre hermanos por tener el mismo interés amoroso (ella). Fueron malos tiempos, demasiados sarcasmos y una que otra pelea verbal por obtener su atención. Saori no comprendía como es que Sasuke e Itachi se fijaron en ella, pero le estresaba pensar que fue la responsable de su alejamiento. No es como que su relación hubiera sido estrecha, pero después de todo ese lío, su distanciamiento fue más notorio. El resentimiento de Sasuke continuaba a pesar de que pasó hace mucho, mucho tiempo.
— ¿Te encuentras bien?
Saori pestañeó y asintió brevemente para aliviar la preocupación de Itachi. Se sintió un poco incómoda. La ganas de largarse de ahí se renovaron, Sakura e Ino no tenían idea de lo terrible que era estar en un lugar donde no terminas de encajar. Ellas estaban acostumbradas a ser el centro de atención cada vez que entraban a cualquier sitio. A Saori le gustaba mucho pasar desapercibida. Para ella esa fiesta era un círculo infernal.
— S-Saori-san — escuchó una suave voz femenina, oírla en medio de la música y el parloteo fue una odisea. Giró a su izquierda y se encontró con Hinata —. N-Necesito de tu ayuda.
Un ligero rubor marcaba las mejillas de la prima de Neji. Saori casi soltó un suspiro lleno de alivio, miró a Itachi y esbozó una pequeña sonrisa.
— Si me disculpas, debo ayudarla — dijo —. Cosas de chicas — susurró.
— Claro, adelante.
Itachi aflojó su agarre y la soltó, con un poco de resistencia. Saori intentó ignorar la culpabilidad que le invadía cada vez que lo veía. Tomó la mano de Hinata y la condujo por el salón hasta que estuvieron bastante lejos, todo lo que podía considerando el espacio. Se ocultaron tras unas columnas de mármol. Finalmente pudo exhalar con tranquilidad.
— Gracias, Hinata.
Saori le regaló una deslumbrante sonrisa que la hizo enrojecer.
— N-No hay porque.
Saori recostó la cabeza en la helada columna de piedra, cerró los ojos unos segundos y respiró lentamente. Relajarse en ese ambiente no era lo más indicado, pero debía hacerlo si no quería colapsar.
Resultaba irónico su ataque de nervios. Lidiaba con emergencias y pacientes que generaban más estrés que una reunión de ex alumnos de la secundaria. ¿Había hecho algo mal en su otra vida? Porque parecía que todos se habían puesto de acuerdo para hacerla sentir incómoda y fuera de lugar esa noche. Empezando porque no quería asistir. Su humor empeoraba a medida que avanzaba la velada.
— ¿Estás bien?
"Oh, joder…"
— Estoy bien, Kakashi-sensei — respondió vagamente.
— ¿Segura?
No, no lo estaba. Intuía que Kakashi tampoco le creía, debía notársele en la cara y en la desgana de mirarlo. Saori se concentraba en respirar, necesitaba unos minutos para volver a su sitio y no sentir como si el techo colapsara o el piso se hundiera bajo de sus pies.
— De acuerdo, ¿qué te parece si regresamos con los demás? — cuestionó él.
Las yemas de los dedos le rozaron el brazo y abrió los ojos, sorprendida del ardor en su piel ante algo tan insignificante.
Le miró un instante y asintió, Kakashi la encaminó de nuevo colocando una mano en la parte baja de su espalda. De reojo, Saori apreció la elegancia y la fuerza con la que se movía. Siempre tuvo un cuerpo definido, pero con los años adquirió madurez y firmeza.
El ardor se expandió a través de su piel como fuego en hojarasca, tomó una de las copas de vino que le ofreció uno de los meseros. Dio un largo trago. Estaba acostumbrada a beber licor, solo que no con el estómago vacío. La vitalidad propia del licor se extendió por su sistema y pronto se sintió ligera, menos cohibida, no lo suficientemente perdida para hacer un show; pero sí para no sentirse fastidiada. Bueno, tal vez sí para cometer una estupidez.
— Kakashi-sensei.
Él se detuvo y la miró con atención.
— Dime.
Hubo un minuto largo de silencio, ¿era buena idea lo qué estaba pensando?
— ¿Su oferta sigue en pie? Me encantaría ayudarle, si todavía lo necesita — se encogió de hombros.
Saori no entendía muy bien lo que estaba haciendo, se sonrojó ante la sonrisa galante que él perfiló. Su enorme mano cogió la de ella y la condujo hacia la salida. Se separó unos cuantos minutos para pedir los abrigos mientras ella miraba alrededor en busca de Sakura. Interiormente se preguntó si no malinterpretaba las palabras de Kakashi. No, no podía equivocarse ¿o sí?
Entre pensamiento y pensamiento encontró la rubia cabellera de Ino dando giro tras giro, Sakura le seguía entre carcajadas. Neji y Shikamaru se divertían observando el improvisado baile de esas dos. Saori no pudo evitar sonreír, la música se prestaba para inventar pasos de baile y divertirse.
Me voy, no tengo nada más que hacer aquí.
Disfruten la noche.
Escribió en un mensaje de texto, presionó Send y lo envío. Esperaba que las chicas no se molestaran por abandonar la fiesta tan pronto.
— Saori.
Kakashi la esperaba con los abrigos colgando del brazo, le sonrió fugazmente y permitió que tuviera la amabilidad de colocárselo. Luego rodeó su cintura con un brazo y la guió hasta su auto. Un Mercedes del año estacionado frente al local.
Sin prisa Kakashi abrió la puerta del copiloto. Su caballerosidad la sorprendía un poco, no recordaba que en la escuela tuviera ese tipo de atenciones con nadie. Con ninguna mujer para ser más específica. Dejó que sus dedos se cernieran sobre su bolso mientras Kakashi rodeaba el auto. El motor ronroneó suavemente y ella se recostó sobre el asiento. De reojo lo veía conducir, admirada por la seguridad con la que manejaba el potente auto. Tomaba el volante ligeramente, con el brazo estirado de un modo que realzaba los músculos cincelados. Kakashi era un hombre sensual, poderosamente atractivo con un sex-appeal innato.
Saori apartó la mirada, acalorada por el rumbo que llevaban sus pensamientos. Por la ventana pasaba negocio tras negocio, edificio tras edificio. La velocidad a la que conducía no excedía el límite establecido y aun así Saori creyó que estaba tratando de demorar lo menos posible en llegar a su destino.
El recorrido demoró veinticinco minutos. Admiró la altura del edificio espejado, demasiado glamour. Se cuestionó como un hombre con el sueldo de un maestro podía permitirse esos lujos. Luego recordó que era soltero, que posiblemente tenía una buena cuenta bancaria y que por eso vivía en una de las partes más exclusivas de la ciudad. Kakashi le ofreció la mano para ayudarla a salir del auto y encaminarla hacia el edificio.
Kakashi saludó al guardia con familiaridad, ella sonrió un poco tímida al notar el interés del uniformado. Desvió la mirada, la mano de Kakashi envolvió la suya y le dio un ligero apretón, reconfortándola. Se sentía más insegura a cada paso, pero en el momento que entró en el ascensor supo que no había vuelta atrás. Observó su reflejo en las paredes espejadas de la caja metálica, sus mejillas se sonrosaron al contemplar los profundos ojos de Kakashi mirándola fijamente.
¿Qué hacía? ¿Era buena idea?
El pico de valentía impulsado por el alcohol desapareció de su sistema tan pronto como se dio cuenta que eso era un error. La palma que envolvía su mano le transmitía buenas vibraciones, impidiéndole dar la vuelta y correr hacia el ascensor.
— ¿Qué te parece?
Saori miró en derredor. La decoración del departamento era impecable y sobria, pocas cosas, las necesarias para un soltero. Abrió la boca para hacer un comentario, pero consideró prudente mejor no decir nada acerca de sus hábitos excesivos de aseo.
Ladeó su cabeza y observó un ventanal muy grande, enorme, con vista panorámica a la ciudad. Una estampa demasiado hermosa para ser ignorada. Luces bañaban las casas de cada habitante como un arbolito de navidad. Saori se acercó al vidrio templado y admiró el espectáculo. Pocas veces tenía el tiempo para cosas tan triviales como esa.
— ¿Te gusta?
— Es hermoso — murmuró ella.
— Dame tu abrigo, lo guardaré.
Saori le miró de reojo, las manos de Kakashi se posaron sobre sus hombros y deslizaron la tela. Las yemas de los dedos acariciaban su piel adrede. Trató de ignorar el escalofrío que recorrió su cuerpo sin mucho éxito. Volvió a mirar por la ventana, no quería que sus nervios la traicionaran. Estar a solas con Kakashi no era algo que le sucediera todos los días.
— ¿Estás nerviosa? — musitó él ofreciéndole una copa con un líquido marrón, por el aroma supo que era whisky.
Saori quiso contestarle que sí, que estaba nerviosa, pero no se atrevía porque se vería muy niña. Tarde se dio cuenta que eso de los borradores solo era una charada para llevarla a su departamento. No comprendía sus motivaciones, solo le siguió el juego.
"Si sigues así nunca dejarás de ser virgen".
Las palabras de Ino golpearon dentro de su cabeza. Sacarlas le había costado dos libros de medicina interna y uno de anatomía. Le gustaba creer que la única razón por la que todavía conservaba su virginidad era por su falta de interés en el sexo y su apretada agenda llena de emergencias. Nada tenía que ver el enamoramiento que tuvo en la secundaria.
"Hay oportunidades que valen oro".
¿Debía aprovecharse de la situación? ¿En realidad se estaba aprovechando?
Carraspeó.
— Un poco — murmuró.
Kakashi sonrió, pero no era una sonrisa cualquiera, no. Sino ese tipo de sonrisa arrebatadora que te promete el paraíso. En sus ojos había una especie de calidez que la tranquilizó.
— No tienes nada porque estar nerviosa.
Le quitó la copa de las manos y la dejó en la mesita cerca del sofá. Atrapándola por la cintura con una mano, arrastró la otra hasta su mejilla y deslizó la yema del pulgar sobre sus labios. Saori suspiró y él sonrió satisfecho.
— Si lo piensas demasiado te ahogarás — susurró él —. Solo déjate llevar.
Era justo lo que hacía, por primera vez. Saori asintió, Kakashi se inclinó y la besó, un beso suave, dulce y lento. Ella lo correspondió con timidez y ansiedad. Hacía tanto que no besaba a nadie…
Él la acercó más apretando la mano en la cintura y con la otra la sujetó por la nuca, pegándola por completo a su cuerpo. El beso era fuerte, casi violento. Saori se estremeció por la pasión de Kakashi. Tendría que haberse asustado, él parecía a punto de perder el control y pasaba de la ternura al deseo a cada instante.
— No aquí — dijo él.
Respiraba con dificultad. A ella le ardía la sangre, un fuego se prendió cuando la tocó por primera vez en la entrada del salón. Kakashi la estrechó fuertemente antes llevarla por un oscuro pasillo hasta la habitación principal y cerró la puerta con un puntapié. El ritmo al que le subía y bajaba su caja torácica se alteró, al tenerla tan apretada entre sus brazos fue capaz de sentir la abultada e impresionante prueba de su deseo.
El aire estaba cargado de una lujuria tan ardiente que Saori sintió que se quemaba.
Kakashi la apegó a su torso. Ella le rodeó el cuello y apretó sus pechos contra él y los labios sobre su cuello. Olía a cuero, menta y pergamino. Esa fragancia calmó su nerviosismo.
"Te necesito", quiso decir Saori, pero se le cerró la garganta impidiéndole hablar.
Kakashi lo sabía, su rostro lo decía, sus ojos brillaban agitados a la luz mortecina de las lámparas de noche. Depositó a Saori sobre la cama, deslizó el cierre de su vestido y se lo sacó por encima de su cabeza. Ella se deshizo de su saco, camisa y corbata. Dibujó con sus dedos la fina línea de vello que recorría los abdominales de él hasta perderse en la pretina de su pantalón. Kakashi soltó un suspiro entrecortado, le acarició los pechos y tomó sus labios con avidez. Su sexo se humedeció y un gemido se apagó contra la boca de él.
Kakashi la acariciaba con suavidad, con paciencia, como si supiera su pequeño secreto y se tomara el tiempo para que lo disfrutara. La piel quemaba, el ansia por ser poseída tomó un auge peligroso en su cabeza y luchó por no rendirse ante él tan fácilmente. Terminó cediendo a la lengua que le daba pequeñas arremetidas a sus pezones, a las manos que esculcaban en la base de su sexo con una experiencia alucinante.
— Kakashi — suspiró Saori.
Él la miró entre divertido y resuelto.
— Todavía no.
Su lengua áspera le recorrió los senos hasta atrapar uno de sus rosados botones con los dientes, Saori se arqueaba hacia arriba y gemía.
Kakashi le acarició los pechos con una mano mientras le deslizaba la otra por un costado para sujetarla por la cintura y evitar que se moviera.
— Quédate quieta — masculló, levantando la cabeza para mirarla.
Saori enrojeció al ver los ojos brillantes de él. Había una clara advertencia ahí, pero le resultaba difícil mantenerse inmóvil.
— L-Lo siento.
Kakashi esbozó una lenta sonrisa provocando que se le hiciera un nudo en el estómago.
Los dedos de él acariciaron su entrepierna robándole el aliento. La yema se deslizó entre sus pliegues y le tocó hasta causarle agonía de tanto placer. Saori perdió la vergüenza y separó las piernas desesperada. Kakashi se humedeció los labios, Saori gimió sin dejar de mover la cabeza de lado a lado. Mientras él exploraba la entrada de su sexo, ella temblaba, se tensaba y no paraba de gimotear.
La punta del dedo recorrió la abertura, hizo círculos antes de introducirse un poco en su interior. La torturó moviendo la extremidad en círculos y luego con unas embestidas cortas, con el pulgar acariciaba el tierno botón lleno de nervios justo encima de la entrada de su sexo. El placer se propagó por Saori como fuego en una hoguera, arqueó su espalda y gimió contra la boca de Kakashi.
Su sexo se apretó alrededor del dedo de éste como un guante, se humedeció y facilitó los movimientos de él, que la penetró más y más con el dedo.
El cuerpo de Saori cayó pesado y lánguido.
— Tengo que moverte un poco hacia arriba.
Retiró el dedo de su interior y le ayudó a moverse un poco más arriba, hasta que su cabeza quedó en medio de las almohadas. Escuchó el rasgar de la cremallera, la tela resbalando por su piel hasta caer al suelo, los zapatos golpear contra las esquinas de la cama. Saori luchó por mantener los ojos abiertos para no perderse la gloriosa imagen desnuda de Kakashi.
Se sintió ligeramente nerviosa ante la impresionante erección. A Saori se le secó la boca y tuvo una pequeña punzada de temor, apenas aplacado por aquellos ojos resplandecientes de ternura. Le separó las piernas con las rodillas, apoyó un brazo sobre el colchón, justo al lado del hombro de Saori. Sus bíceps temblaron por el esfuerzo para no dejar caer su peso sobre el cuerpo de ella. Deslizó el otro brazo entre los dos y cogió su erección para llevar la tensa punta hasta la entrada de su cuerpo.
El calor que desprendía el miembro de Kakashi la hizo gemir, a pesar de su miedo. Él se apoyó entonces con las dos manos en el colchón, permitiendo que la única parte que tocara el cuerpo de ella fuera la punta de su miembro. Saori echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, clavándole las uñas en los antebrazos cuando él movió las caderas y empujó hacia adelante. Se le aceleró la respiración, lo arañó y supo que lo que sus amigas y su prima le habían contado acerca de la primera vez no estaba ni remotamente cerca a lo que sentía.
Saori gimió, pero no de placer sino de dolor, la golpeó como ráfaga cuando Kakashi desgarró su virginidad. Un dolor punzante y profundo, como si quisieran arrancarle algo dentro, y no se iba, aun cuando él estaba inmóvil, suspendido sobre ella.
— Lo lamento — le murmuró al oído, ella asintió, incapaz de emitir palabra sin que su voz se quebrara.
Jamás imaginó que el sexo fuera tan doloroso.
Kakashi le susurró que pronto pasaría. La compensó con un beso dulce y profundo que le arrancó un suspiro. Su suavidad envolvía su miembro como un guante de seda hecho a medida. La dureza de él palpitaba en su interior, lo sentía en todos sus músculos, en su piel, en todo su cuerpo con cada respiro. Kakashi avanzaba y retrocedía muy despacio, dándole a Saori el tiempo necesario para adaptarse a sentir un hombre en su interior por primera vez. Ella se lo agradecía enormemente.
— Cariño — le dijo con voz ronca, al notar como se apretaba a su alrededor.
Movió las caderas con pericia y empujó su miembro erecto hasta el corazón del sexo de ella. Le sujetó el rostro con ambas manos.
— Mírame.
Saori luchó por mantener los párpados abiertos, le pesaban por el deseo. Los ojos oscuros tenían una mirada tan intensa, tan devastadora que casi le dejó sin aliento. El dolor y la incomodidad se apaciguaban gracias al movimiento cadencioso y erótico de sus caderas. Saori podía sentir los latidos del corazón de Kakashi, cada palpitación que recorría las venas de su miembro, cada centímetro de su piel. Era el acto de dominación más primitivo. Estaba llena de él, tan llena que no podía moverse.
— Eso es, mírame.
Después de todo ceder a las oportunidades no era tan malo.
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Saori despertó cerca de las tres de la mañana. Un pinchón molestó su entrepierna e hizo una mueca, se removió desnuda entre las sábanas. La noche había sido más que movida. No solo se lo recordaba su entrepierna, sino también cada articulación de su cuerpo. El siguiente día por la mañana dolería al sentarse…
Pestañeó varias veces para despejarse del sueño. La habitación estaba oscura y silenciosa, ladeó la cabeza, a su lado, Kakashi descansaba boca abajo tenía la mano metida bajo la almohada haciendo un soporte extra. Sus hebras plateadas se desparramaban por toda la almohada y unas cuantas le tapaban la cara. Él dormía profundamente mientras que ella a duras penas concilió un par de horas. No era nuevo, estaba acostumbrada a dormir poco. En esta ocasión la despertó ese ardor. Desde luego no se quejaba, jamás se le pasó por la cabeza que el sexo podía ser tan bueno. Lo hicieron una sola vez, pero Kakashi se encargó de alargar el momento hasta que ella pudiera alcanzar el orgasmo.
Saori recorrió el cuerpo masculino con ternura y ardor fijándose en su ancha espalda. La línea que marcaba la columna vertebral se le hizo enteramente atractiva. Sonrió y las manos le picaron por tocarlo, por deslizar sus dedos por la deliciosa y caliente piel. Estiró el brazo con ganas de hacer realidad su deseo.
"Te rechazó, ¿acaso ya se te olvidó".
La voz le golpeó como un enorme cartelón diciéndole «estúpida».
"Lo lamento, Saori… Yo no siento lo mismo que tú sientes por mí. Eres una niña, empiezas a vivir y apenas sabes lo que es el amor. Son palabras demasiado grandes para ti".
Todo regresó a su mente como marqueta de hielo. Ahora que su mente estaba desprovista de alcohol y hormonas se daba cuenta que había cometido un tremendo error.
Tenía dieciséis años, era una adolescente y él su maestro de Literatura. Sabía que estaba mal, que era incorrecto, pero no podía evitar sentirse atraída por él. No, era más que atracción, eso lo sabía. Sus palabras no habían sido excesivamente crueles, lo que hizo después sí que lo fue… Saori concluyó que de haber sido una chica hermosa como Ino o esbelta como Sakura, quizá habría tenido alguna posibilidad. Desde luego su sobrepeso, el acné y su falta de interés en los cosméticos pasaban factura. Comprendió que el mundo se regía por la apariencia.
Sintió un aguijonazo en el pecho y retiró la mano como si le quemara. El dolor la inundó de nuevo, esta vez nada tenía que ver con el físico que la había despertado. No, este era más intenso, más profundo y agónico que haber perdido su virginidad. Tarde se dio cuenta que el sexo casual no era lo suyo, no quería un rollo de una sola noche. No, ella quería más. Kakashi no le daría eso, estaba totalmente segura.
Saori se sintió estúpida. Cedió ante la oportunidad de estar con su profesor de la secundaria, el hombre del que estuvo enamorada, no, corrección; el hombre del que todavía seguía enamorada. Creyó que podría manejarlo, pero no, no podía.
¡Dios, ¿en qué estaba pensando?!
Descubrió que las tontas ilusiones no la abandonaron nunca, que dentro seguía esa adolescente patética enamorada de su profesor de Literatura. ¡Qué estúpida! Luchó contra el grito que quería abandonar su garganta, contras las lágrimas que le quemaban los ojos y contra su propia vergüenza por ceder tan fácilmente a sus fantasías. Respiró hondo, no iba a darse el lujo de tener un ataque de nervios. Cuando estuvo lo suficientemente calmada se levantó de la cama con cuidado, no quería que Kakashi se despertara y tuviera que darle explicaciones. Sobre todo porque no tenía intención de dárselas. Demoró demasiado en darse cuenta que las palabras y acciones del pasado todavía afectaban su presente. Durante todos esos años intentó vanamente convencerse de lo contrario.
Kakashi quería sexo y ella se lo había dado sin pensarlo, la idea de que algo más surgiría después de ese encuentro se le antojó ridícula. Él no era un hombre de relaciones estables, solo de romances pasajeros, de sexo en los armarios del conserje. Ese pensamiento le hizo estremecerse.
¡Tenía treinta y ocho años y seguía soltero! ¡Eso debió ser un aviso, carajo!
Los compromisos no iban con él.
Se vistió lo más rápido que pudo, estaba acostumbrada a salir de su casa con cualquier cosa y un pan metido en la boca cada vez que recibía un llamado del hospital. No tardó más que quince minutos, le vio moverse un par de veces y rezó interiormente para que no se despertara. Luego salió de ahí sin mirar atrás. Esperaba no volver a verlo.
Más adelante aprendería que había cosas que uno no podía sacarse por mucho que las quisiera.
