Agradezco profundamente a la que supongo sera mi unica lectora XD, Kat jaja... por leer el fic, vamos por la segunda ronda, te parece?


2

-¿Cómo pueden ser tan ineficientes?- se quejó el pelirrojo, palmeando con una mano en el mostrador- ¿Primero se puso evasivo y ahora me dice que no tiene traductores?

-Usted pidió un intérprete, no un traductor.

-Bueno…y ¿tiene uno de esos?

-No- el hombre sonrió amable, Yuriy sintió claramente como una vena en su frente se llenaba de sangre y punzaba- señor Ivanov, acabo de explicarle que hay una convención de empresarios mundial, todos los traductores, intérpretes o como desee llamarles están ocupados…si me disculpa acaba de llegar otro cliente.

Yuriy resopló cuando se encontró solo, haciendo que los mechones pelirrojos revolotearan en su frente. Como si su rostro hubiera sido impulsado por una fuerza magnética, lo giró a la derecha, encontrándose con los brillantes ojos de irises rojo intenso, un muchacho joven le miraba con curiosidad.

-Mocoso idiota, seguramente ni me entiendes- siguió hablando en ruso, como con el hombre- nunca has visto un extranjero de seguro, deja de mirarme.

-No pude evitar oír lo que hablaba con el dependiente- le respondió en ruso.

-No me molestes mosco, vete a revolotear a otra parte- esta vez fue ingles

-Lamento si lo hago, no es mi intención- contestó en el mismo idioma. Yuriy se sobresaltó ligeramente.

Una chica distrajo al muchacho pasándole un papel, hablaron en japonés, fue tan fluida la breve conversación, que supo gracias a eso la nacionalidad del joven. Asintió con la cabeza, al adivinar sus pensamientos.

-Soy japonés de nacimiento, y hablo otros idiomas aunque con acento, no puedo evitarlo-sonrió encantadoramente, Yuriy no correspondió- quizás pueda serle útil.

-Hablo ingles y ruso-espetó innecesariamente Yuriy, no supo exactamente porqué pero sus defensas naturales se activaron, algo le decía que ese muchachito era carismático y…peligroso, quizás por esa razón, el don del carisma es siempre engañoso, jamás se sabe que se esconde tras una sonrisa agradable.

-Desde luego… y tiene un pulcro acento Londinense y Moscovita respectivamente, si me permite decirlo, ojala pudiera hablarlo tan natural, pero como verá, arrastro algunas palabras…sin embargo, parece que usted no habla japonés, y yo si.

Había podido llegar al hotel por algunos contactos de su amigo Kai, el hotel era de la familia Hiwatari, sin embargo, Yuriy se negó rotundamente a que Kai pagara un solo centavo de su estancia en Japón, que lo presentara como su conocido o le recomendara con sus trabajadores. Tampoco era que Kai lo hubiera ofrecido, sabía que sería rechazado, ambos eran demasiado orgullosos. Yuriy levantó la barbilla desdeñoso, mirando de arriba abajo al muchacho, giro el cuerpo completo para caminar, le habían avisado que era peligroso contratar intérpretes o guías que no fueran de agencia, los falsos podrían estafarlo, o hacer algo peor, la mafia estaba a la orden del día en los rostros menos pensados.

-Usted no se fía de mi, es muy inteligente- escuchó, se sobresaltó al notar que el muchacho caminaba a su lado- Solitario, en una ciudad extranjera, extraña, cuyo idioma no habla. Es natural que sospeche de otro Hombre-remarcó el muchacho la palabra- que se acerque a otro tan guapo como usted…

Yuriy torció ligeramente la boca en una sonrisa ante la ironía del chico, lo miró con el rabillo del ojo.

-¿Y qué tal si soy homosexual y te violo?-espetó Yuriy con voz neutra.

-Es que yo no vine a criticar sus preferencias sexuales- respondió el muchacho- a mi me gustan las niñas, y ya ve, de todas formas estoy viendo para que le soy útil en donde usted quiera

Yuriy paró en seco, parpadeando varias veces, notando la clara connotación en doble sentido de las frases, pero el muchacho de enormes ojos, que por sus rasgos jamás se podría saber que es japonés, hasta que hablaba su idioma natal, le miraba de forma tan inocente, que el pelirrojo se regañó por saberse mal pensado, pero no por eso confió.

-Momento… ¿eres sano ´¿De agencia o algo así?

El joven se quitó la gorra, alborotando un poco su cabello azulado en confusión

-Usted me insulta si piensa que vine a ofrecer servicios sexuales. Ya le dije que puedo ser un excelente traductor. El director del hotel podría responder por mí.

Yuriy entrecerró los ojos, de todas formas aunque fuera con el Director, quizás tampoco le entendería porque no hablaba japonés, y Kai no se pondría a hablar de banalidades con el Director. De todas formas no llamaría a Inglaterra para pedirle a Kai ayuda con el director o el muchacho insistente.

-¿Y porqué ibas a ofrecerme ayuda?

-Quizás porque no me quedan muchas opciones más-respondió enigmáticamente el chico, encogiéndose de hombros. Yuriy intento comprender que era porque le hacía falta el dinero. Mientras debatía en qué hacer, una mujer de avanzada madura, vestida de forma elegante, se acercó al muchacho.

-Takao…estas aquí- la dama hablaba inglés- si estás listo el coche esta afuera, querido.

-Por supuesto- dejó apoyada una mano en la cadera, ladeándola ligeramente de forma varonil, en un gesto demasiado sensual para alguien de su edad, y evidentemente ni siquiera era ensayado.

Yuriy se incomodó por su sencillo atuendo, ante la vista de la mujer tan elegante, y debía aceptarlo, el muchacho, una vez sin la gorra, lucía su uniforme escolar de forma impecable.

-No se decida ahora mismo- le extendió Takao una tarjeta- es mi nombre y número de móvil, regresare en un par de horas y me dice que ha decidido- para colmo, a pesar de que ciertamente arrastraba su lengua algunas palabras, cada que estaba por equivocarse en la pronunciación de la palabra, el chico remojaba sus labios, finalizando con una agradable sonrisa las oraciones largas.

Después de todo, tal vez el muchacho si se dedicaba a ello, había escuchado que a veces en algunas ciudades, los estudiantes se hacían de algún dinero adicional ayudando a los extranjeros como intérpretes, cobraban más barato, y eran puntuales para no perder el empleo, tal vez convenía. Después de todo tenía que ahorrar lo más posible.

Lo que le inquietaba es que un golpe de su corazón dio en su pecho cuando lo vio, como alarma de peligro, igual que cuando estaba a punto de ser atropellado, tocado, o algo que pudiese hacerle mal, se le presentó de verlo desenvolverse. Le había caído mal, pero había algo que no comprendía, que le asustaba. En otras circunstancias aunque el muchacho trabajara en una agencia de renombre, no lo hubiera aceptado de todas formas

Pasó horas intentando pensar qué hacer, normalmente por el día se dedicaba a las ventas de antigüedades, cristalería, cerámica, metales labrados y porcelana. Su pequeña tienda en Victoria Street de Londres comenzaba a tener renombre, su esfuerzo se había gradualmente recompensado, después de todo, se encargaba de ofrecer a clientes exclusivos lo que deseaba, esta vez había juntado el suficiente capital para comprar por fin cristal y porcelana japonesa auténtica, que había prometido a algunos clientes desde hacía tiempo.

Pero sin un intérprete sería imposible. Por más empresarios que fueran no todos los japoneses hablaban inglés. Pensó en darse por vencido y convertir el viaje de negocios en uno turístico, pero eso significaría fracasar…otra vez. El trabajo de bailarín era el más odiado, pero se dedicaba a él cuatro noches por semana, y le dejaba más paga que su pequeño local.

Si esta inversión era la correcta, totalmente arriesgada porque todo su capital estaba ahí, por fin se liberaría de bailar en lo que consideraba un pútrido burdel, su tienda se haría de mejores clientes, y podría comenzar a importar en grande. Si fracasaba tendría que cerrar su tienda. Él era quien iba a ofrecer, si no tenía intérprete personal podría cualquier fabricante usar al suyo, pero seguramente saldría perdiendo. ¿Estaría bien derrotarse otra vez?

Kai con su forma confiada y profesional, jamás lo habría hecho, por algo su fortuna se había triplicado después de que heredó. Boris, su pareja, con su personalidad fuerte y posesiva, era la mano derecha del subjefe de seguridad en el lugar donde él era un simple bailarín, y Brooklyn con su serena amabilidad, era un soñador que vivía una vida sencilla, y a pesar de que se había titulado para ser administrador, decidió que eso era para darle gusto a sus padres y lo que a él le gustaba era bailar, renunciando a la supuesta vida que cualquiera podría llamar exitosa solo por seguir lo que deseaba.

Se sentó en la mesa más alejada del vestíbulo del hotel. El fracaso no era una opción, aunque tuviera que contratar a un tipo como Takao….-"¿como se apellidaba?"-pensó elevando la ceja, metiendo la mano en el bolsillo interno de la chaqueta americana que traía puesta para sacar la tarjeta.

-Vaya…no me imaginaba que usted fuera hombre de café negro-Yuriy elevó al instante la cabeza, al escuchar la voz tan irritantemente segura de sí misma.

-Me gusta- se limitó a contestar el pelirrojo, observando la taza que traía entre las manos, miró de soslayo que Takao traía dos tazas de café capuchino, uno frío que evidentemente era suyo, el caliente lo dejó al lado de las manos de Yuriy, que al instante por lo mandón de la orden muda, se molestó.

-Es que juraría que usted es hombre de capuchino-hizo una larga pausa observando el rostro de Yuriy mientras se sentaba a su lado- ¿Sabe? Me lo imagino con un bigote negro.

-Como es obvio- indicó fríamente- al ser casi lampiño carezco de bello facial…en todo caso no tendría algo tan desagradable como un bigote negro- dijo en tono ególatra, a la vez que pasaba los dedos por su cabello rojizo.

No supo porque sintió que cierta parte de su egocentrismo calló al suelo al escuchar que por primera vez se reían de él, en vez de continuar con el auto halago que comenzó.

-¿De qué te ríes niño?

-Es que no es del tipo de bigote al que me refería- bebió un trago del café, creándose él mismo un bigote de espuma, mirándole con sonrisa pícara, estando sentado a su lado, no le costó trabajo acercarse. Yuriy estaba volteado hacia él, pero no se movió solo por demostrar que ningún muchacho lo ponía nervioso

- Me refería a los que se quitan a lamidas- continuó susurrando cerca de su rostro, a la vez que pasaba la lengua por su propio labio para quitarse el bigote de espuma y chocolate, la cercanía hizo que su lengua rozara ligeramente el labio inferior de Yuriy- estos no se afeitan- sonrió de forma inocente, alejando su silla de la del pelirrojo, Yuriy frunció el entrecejo, realmente confundido.

Estaba por pegarle un puñetazo, cuando detrás de Takao vio que una trabajadora del hotel guardaba en un estante un exquisito jarrón de porcelana, su garganta exclamó un ligero gemido de satisfacción, el joven de cabellos azulados siguió con la mirada, era obvio que la muchacha no producía la reacción.

-Es muy bello…y me temo que también muy caro- frunció Takao la nariz al decirlo, volviendo su atención al café- ¿Iba a comprarlo para usted, o para un regalo?

-Mi tienda-dijo distraído, observando aún la forma en como se deslizaba suavemente la luz por la superficie del jarrón- Vendo porcelana, cristalería, metales, entre otras cosas, tanto antigüedades como novedades exquisitas.

Takao sonrió, notando el intenso brillo en los ojos azul claro, que apenas minutos atrás estaban fríos.

-Estoy seguro que hallara buena calidad, usted tiene unos ojos increíbles-

Yuriy le miró atentamente esta vez¿estaba coqueteándole o diciéndole que tenía buen gusto? Ese era otro peligro del muchacho, la forma ambigua con la que hablaba

- No me he presentado como es debido-Yuriy estiró la mano, Takao no la tomó, inclinó la cabeza sonriendo ligeramente, en tono bajo, como disculpa de no tomarle la mano

- Soy Takao Kinomiya…usted es Yuriy Ivanov¿verdad? El dependiente me lo informó.

Yuriy tenía también desconfianza porque por lo regular la mayor parte de la gente se moría por tocarlo de alguna manera, se sabía un hombre demasiado guapo y sexy, pero este niño no solo a veces era reacio a tocarlo en ocasiones, sino en otras, por la forma en como lo veía tenía la sensación de que en cualquier momento se le arrojaría encima para violentarle, no sabía que pensar. Y es que el muchacho quizás no era tan atractivo como él, pero tenía cierta sensualidad natural que combinada con la inocencia aparente en el rostro debía ser irresistible para la gente de su edad. Pero Yuriy se aseguró ya no era ningún adolescente.

-Mis padres también vendían antigüedades, mi padre viaja, es arqueólogo, de ahí que sé idiomas. Mamá tenía una tienda aquí en Tokio, era de las más famosas, supongo que si se queda más de esta semana, escuchara de ella.

-Me gustaría visitarla- dijo Yuriy, aunque pensó seriamente en decirle que no le interesaban los pormenores de su vida, sin embargo Takao siguió.

-Lo siento, pero no podrá ser, la cerraron cuando yo tenía cuatro años, mi madre la atendía y murió en ese entonces-Yuriy soltó una ligera exclamación de desazón involuntaria con la garganta

- Si… lamentable, ya sabes, me perdí de la amorosa presencia ´ de mi madre y esas cosas – ironizó el muchacho- no hay de qué lamentarse ella fue la que murió, mi vida sigue.

La afirmación había sido demasiado dura, Yuriy no supo que decir, Takao parecía ser demasiado natural, demasiado despreocupado, pero a la vez muy fuerte.

-Mi padre me llevaba al principio, pero al grado en que crecí me fui convirtiendo en carga para su trabajo, las mujeres y los viajes que eran por puro placer, y mi hermano estaba muy ocupado también, así que me quede con mi abuelo paterno, tenemos un Dojo de artes marciales, donde lo principal que se estudia es Kendo, te llevare a que lo veas.

Sonrió de medio lado, Yuriy giró la vista hacia su café para quitarse la desagradable sensación de que un muchacho tan joven le pareciera seductor. Iba a hablar cuando los jarrones nuevamente llamaron su atención, Takao tenía razón, era verdad que en un hotel como ese, le costarían a precios exorbitantes, pero debía haber una fábrica donde las hubieran hecho, tendrían que ser ahí más baratos, forzosamente necesitaba al traductor por más que desconfiara de Takao.

-Sé cuanto cobran de tarifa por día, me quedaré un mes, para alcanzar a llegar a mi otro trabajo.

-Oh…tiene dos- Un destello brilló en los irises rojizos de Takao, Yuriy no supo porque habló de su otro trabajo, pero el interés era notorio, se animó a hablar.

-Si… tomé de ese mis días de vacaciones, así esa noche regresaré para dormir en la mañana y a la noche siguiente bailar

-Vaya…ahora comprendo, usted baila, es un hombre muy versátil, son cosas totalmente distintas pero igual de interesantes… es arte al fin y al cabo.

Yuriy asintió con la cabeza, la verdad es que nunca le había pasado por la mente que fuera algo artístico, quizás el muchacho se imaginaba que bailaba en algún centro cultural y no uno nocturno.

-Empezaremos desde hoy y… que hac…

No pudo seguir, el joven, aunque sin lastimarlo, para evitar que se alejara le había tomado un puñado de cabello por la nuca, acercándolo, cuando Yuriy abrió la boca para reclamar, Takao había metido la lengua, Yuriy le tomó los hombros para alejarlo, pero sorprendentemente el muchacho era simplemente fuerte, y más asombro se llevó cuando se dio cuenta que su lengua estaba respondiendo, Takao tenía la lengua fría y sabía a crema batida, le causaba una agradable impresión por el contraste de la suya caliente por el café negro.

Si…en verdad le estaba gustando. -"un momento…este idiota me besó sin permiso"- pensó Yuriy enfurecido, Takao se alejó al levantarse, haciéndose dos pasos atrás, lo suficiente para esquivar el puñetazo.

-Calma, calma…solo estoy sellando el trato.

-¿Y así cierran los tratos los bastardos japoneses?-ironizó irritado. Yuriy se sentó soportando el enfado cuando notó que guardias de seguridad del hotel se acercaban.

-Solo la familia Kinomiya- bromeó guiñándole el ojo

-Pero… me has besado- casi gritó indignado, Takao ya no le hacía caso, explicaba a los guardias en japonés, que había sucedido un malentendido y Yuriy había comprendido mal una palabra al ser extranjero. Los guardias se retiraron.

-Tendremos que rentar un auto-dijo Takao con naturalidad- yo me encargo, perdóneme, es que tenía ganas de hacerlo desde que lo vi-se refirió al beso- y no se preocupe, ya tuve en ese aspecto lo que quería, su físico perdió interés para mi, sigo prefiriendo a las chicas.

Yuriy apretó los puños para no írsele encima a golpes, en toda su vida, nadie había despreciado su belleza física de forma tan petulante. Para cuando Takao regresó, Yuriy estaba preparado para protegerse de la sensualidad que le entregaba la juventud al muchacho, y la petulancia, seguridad, arrogancia y demás artilugios que poseía el de grandes ojos rojizos.

Él sería, como siempre, el que seducía. Ningún niño le iba a ganar la partida.

Apenas salió del hotel, estando lejos del pelirrojo, marco en su celular el número que sabía de memoria.

-¿Hola?... hasta que me contestas… Si, puse mi cara de niño bueno para convencer al dependiente de que no le diera traductor…si, utilice esa misma historia, el estudiante que necesita dinero, además ya había venido aquí a trabajar, no te hagas el tonto… claro que no inmiscuí tu nombre, sería estúpido… ¡Tú lo serás!... si… él me acepto ya. Haré lo que pides, y yo me divertiré un rato… si… te recuerdo de mi dinero, adiós.


Continúa...