Día 2: Adicción / sentimientos
Sueños rotos
Todo el mundo lo decía, Ray a pesar de ser un genio terminaría podrido. Incluso su madre, le miraba con desprecio al no cumplir sus expectativas.
¿Y quién puede cumplirlas?
Todos amaban, idolatraban a Norman Ratri. El chico perfecto. El genio número uno del país. Chico que nació en cuna de oro perteneciente a una familia influyente de Japón. Todo lo hacía perfecto, nunca erraba.
Para Ray era frustrante.
Ya que él nació en una subdivisión del clan, al ser hijo de Leslie Ratri.
Las comparaciones no se hacían esperar.
Ahora entendía a su tío Peter que vivía bajo la sombra de James Ratri, el padre de Norman.
Norman tenía todo y Ray… nada.
O eso creía hasta que vio la primera sonrisa tan radiante como el sol. Unos cabellos anaranjados como el atardecer meciéndose con la brisa. Emma con sus grandes ojos esmeraldas lo miraba con admiración, asombrada ante cada acción que realizaba. La dueña de esos ojos era su amiga de la infancia, Emma Goldenberg. Hija de unos empresarios, vecinos de los Ratri.
–Eres muy habilidoso -ella comentó cuando lo encontró cocinando-. Pensé que los Ratri no movían los dedos personalmente.
–No soy un Ratri -respondió tranquilo sin verle-.
–¿Eh? -Ladeo su cabeza- ¿Eres adoptado?
–No, solo es una expresión ya que no soy como ellos en actitud -respondió.
Ella sonrió para luego acercarse a él con la boca abierta y los ojos cerrados. Ray rodó los ojos fastidiado. Tomó el cucharon de sopa con verduras para servirle directo. Ella sonrió al sentir el sabor dulce de la comida.
–Serías un excelente cheff -le aliento mientras hacía manos con los puños que agitaba frente a sus pechos como sí tuvieras maracas imaginarías.
Ray arqueo la ceja cruzándose de brazos. Hace tiempo que abandonó ese sueño.
–También un gran fotógrafo, he visto tus exposiciones -nuevamente tocando la línea sensible de los sueños frustrados.- ¿Te dedicarás a ellos?
–Solo es un pasa tiempo -respondió terminando el almuerzo recordando las palabras de su abuela y su madre cuando quiso dedicarse de lleno a ello. - No se vive de eso… -tenía que conformarse con una exposición que la familia haría cada determinado tiempo.
Él no lo sabía pero en medio de los ojos verdes que tanto amaba se formaba una arruga de preocupación. Los labios que le gustaría probar apretándose al no saber cómo continuar.
–Supe que te escribiste a medicina -se rasgó la mejilla derecha-. Pero bueno, tu memoria es excelente… -hizo una leve pausa- Aunque realmente esperaba que seas un historiador, escritor o bibliotecario…
Ray se estaba hartando de que ella siguiera hablando de sus sueños de la niñez… de esos trabajos que nunca lograría. Su corazón se apretaba ante ello. El cucharon cayó al piso debido a que su mano fue llevada a su frente a tapar la otra mitad de su cara que no estaba cubierta por su mano.
–Tienes mucho talento desperdiciado -aquellas palabras lo congelaron abriendo sus ojos de la paralización-
–¡De qué sirve esos tontos sueños sí no puedo tener ingresos! -gritó- Debería enfocarme más en mi futuro como Norman… hacerle honor a mi apellido.
Se dejó caer de rodillas.
Emma corrió a rodearlo con sus brazos.
–Ray, tranquilo -lo consolaba- tú no eres como tu familia, muchas veces lo dices. Eso es lo que más me gusta de ti. No buscas ser como ellos –sonrió para él- a pesar de seguirles el paso.
El moreno la miro confundido.
–Me refiero a qué… -arrugó el entrecejo- aunque te prohibieron seguir tus sueños nunca los dejaste a un lado. Mira -se levantó colocándose en medio de la cocina- donde estás, recuerda donde están los hermosos momentos que captaste y…
Sonrió divertida metiendo su mano debajo de su blusa sacando una pequeña libreta.
–Estoy aquí porque me encontré este cuaderno quemado en la basura. Ya sabes que la hurgo para reciclaje -Ella regreso para arrodillarse ante él que seguía en el suelo- Adentro tiene una hermosa historia, llena de pasión y sentimientos sobre un chico que nadie quiere porque es adoptado hasta que una chica lo conoce, le enseña el mundo pero… -se muerde los labios- lo demás esta arrancado.
Emma le mostró lo que sobrevivió de la pasta marcas de hojas arrancadas.
–No sé cómo termina -tomó las manos de Ray- ¿cómo termina? ¡Sé que lo escribiste, reconocería tu letra! -se veía alterada de la nada.
–Ellos se iban a conocer el mundo, a disfrutar su amor en libertad -se sobó su hombro apartando sus manos de Emma momentos antes- era una especie de boda.
–¿Por qué no lo terminaste? -la pelirroja tomó su mejilla con suavidad.
–¡Porque te volvieron la prometida de mi primo! -Gritó con todas sus fuerzas para luego sonreír aunque sus ojos se veían tristes.- ¡Todo lo que me propongo termina en sueños rotos!
Emma estaba sorprendida ante la confesión.
–Quería darte el libro para tu cumpleaños a manera de confesión… -liberó un largo suspiró mirando a la olla que estaba rebosando, misma que apagó.- esto se quemó… -no hablaba de la comida- Quería proponerte andar conmigo… -se gira a verla caminando nuevamente frente a ella. Tomando su mano derecha- pero una semana antes de tu cumpleaños… -beso el anillo de compromiso-.
Guardo silencio un momento. Pegó su frente a la de Emma, quién seguía muda. Algo imposible para ella, pero realmente se obligaba a hacerlo. No siempre tenía a Ray confesando lo que pensaba y sentía en el momento.
Ella cerró los ojos al sentir la mano áspera de Ray sobre su mejilla.
–Al día siguiente me resigné a que no lograría nada de lo que me propongo -respiro sobre ella absorbiendo su aroma a jazmín- tomé el libro, lo destruí y lo quemé… no pensé que sobreviviera –acercó sus labios a los de ella- lo siento.
Ella iba a decirle que no tenía que disculparse por confesarse pero realmente solo lo hizo por el beso que le robo. No fue un simple roce, no fue apasionado para morderse entre ellos, ni para dejar hileras de saliva. Solo era un beso simple, que transmitía el aliento de un corazón a otro.
Emma abrió los ojos cuando sintió que él se apartaba.
–Te amo -Ray dijo con una gran sonrisa- por fin hice algo que me propuse.
Se oía orgulloso aunque el sonrojo le hacía creer que estaba avergonzado.
–¡Te amo! -Ella regreso- ¡No quiero casarme con Norman! -Ahora ella confesaba con su mano en su pecho- solo acepté el compromiso porque fue un cierre de negocios…
Emma agacho la mirada.
–Entonces no podemos estar juntos… -Ray se apartó quitándose el mantel que usaba para cocinar-. Llamaré a un sirviente para que me ayude a servir la comida, en diez minutos podrás comer con tu prometido.
–¡Te equivocas! -Le sostiene del brazo- ya que te confesaste, tengo que hacer lo mismo.
El almuerzo estaba servido. La mesa rectangular cubierta con un mantel blanco con bajilla de plata rodeado de los Ratri junto con los Goldenberg celebrando la boda de Norman con Emma que se haría en los próximos días.
Norman miraba por todos lados buscando a su prometida ya que no se hallaba en el asiento vació a su lado. No se preguntaban por Ray, ya que desde la mañana estaba renuente a asistir a la comida.
Pronto los sirvientes llegaban uno a uno con bandejas que cubrían los platillos. Norman recibió el suyo, mismo que fue destapado por Vicent. Debajo de la tapa no había ningún platillo solo un par de hojas escritas a mano.
Mismas que tomó sin comprender. Leyó cada página, las cuales hablaban de una pareja que huyó de mochileros para realizar sus sueños.
