¡Muchas gracias por sus reviews y favoritos! Solo quería aclarar: es un fanfiction, por lo que no esperen que la personalidad de Bella sea la misma que en Twilight. La he cambiado ligeramente para que se adapte a la historia.

Espero que les guste.

El punto de vista es de Isabella y Damon.


Chapter 2.


Luego de prometerle a Elena de que me iba a encontrar con ella y los demás en Mystic Grill me dispuse a limpiar la casa.

Habían pasado dos años desde la última vez que había pisado el lugar. Todo estaba lleno de telarañas y polvo, y el olor mohoso que caracterizaba a las casas deshabitada se sentía por todo el lugar.

Pase mis dedos por la mesa del comedor ensuciándome los dedos de la mugre acumulada con los años y dejando un camino delgado de limpieza en la mesa.

Cuando los conocí, a ellos, el primer pensamiento que pasó por mi cabeza al imaginarme su casa fue un lugar como este. Oscuro, sucio y abandonado. Este era un lugar perfecto para albergar vampiros, no una lujosa casa de tres pisos.

Todo estaba en su sitio, en realidad todo estaba intacto. No había ni si quiera un mueble diferente en el lugar. Todo era justo como lo recordaba.

Sacudí la cabeza, los recuerdos se arremolinaban en mi cabeza sin orden, mareándome.

"Concéntrate Bella," musité para mí. En este momento debía adoptar el mejor papel de Cenicienta y comenzar a organizar. Aunque más que organizar, limpiar.

Era tarde. Estaba cansada de un vuelo de horas pero la simple idea de dejar la limpieza de la casa para el día de mañana me horrorizaba. No tanto por el hecho de dormir entre años de polvo, sino porque quería levantarme mañana y sentir que estaba en casa y nunca me había ido.

No fue fácil. La casa de los Swan era grande, quizá el cuádruple que la que Charlie había conseguido en Forks. Además de que estaba, no lujosamente decorada pero si modestamente. Años, muchísimos años de historia familiar albergaban estas paredes.

Recordé mi infancia en esta casa. Cuando René tenía que correr por todas partes buscándome luego de que había cometido alguna locura y no quería que Charlie me encontrara primero. Recordé a mi padre leyendo el periódico frente a la chimenea todas las mañanas antes de salir a trabajar. La imagen de René vigilándonos desde el porche, a Elena y a mí para que no nos lastimáramos cuando estábamos más pequeñas.

Todo, pasó por mi cabeza. Todo, incluso el inicio de las discusiones entre René y Charlie, así como el divorcio y mí mudada de Mystic Falls.

Cuando terminé de limpiar la planta baja -porque del segundo piso se estaba encargando y Charlie y había escuchado como terminó hacía ya un momento- subí a mi habitación.

Mis maletas, gracias nuevamente a Charlie, estaban en el piso al lado de mi cama. Mi habitación gracias a todo lo bueno de este mundo, no estaba tan sucio, por lo que una sacudida por aquí y un trapo húmedo por allá y estaba listo.

Las fotos en el espejo llamaron mi atención. Éramos todo mi grupo de amigos. En diferentes poses en diferentes momentos de nuestras vidas. Hubo una foto que resaltó más que todas y era una que Elena me había tomado el día en que René se fue de la casa, antes de yo, irme también con ella.

Ese día temprano René me había dicho que no importaba que sucediera, ella me amaba y Charlie también. Me hizo prometerle que escogiera bien el hombre con el que iba a pasar el resto de mi vida y además, me hizo jurarle que recordara siempre que si iba a sufrir por amor al menos que fuese un amor con el que hubiese tenido una magnifica historia aunque no un final feliz.

El hombre de mi vid. Solté un suspiro y entré en el baño.

Yo había pensado que había encontrado al hombre de mi vida. Que las palabras de René nunca iban a suceder, de que no iba a sufrir por amor pero claramente estaba equivocada.

Mis ojos comenzaron a picar y un nudo se formó en mi garganta. Edward y yo no habíamos tenido exactamente una historia de amor magnifica pero había sido buena para mí, demasiado buena.

Dejé el agua correr por mi cuerpo y relajar mis tensos músculos. Pensándolo bien la relación entre Edward y yo estaba basada en muchas cosas: respeto, lealtad, cariño hasta quizá amor. No sabía si algo de lo que él había sentido por mi había sido real pero por mi parte la relación estaba basada en un profundo amor. Sin embargo existían muchas cosas que él no sabía de mi vida, muchísimas cosas. Así como yo no sabía cosas de la suya y de su familia. Guardábamos una buena cantidad de secretos y una relación si honestidad y confianza no era precisamente un relación que fuese a acabar bien. Eso me estaba claro ahora.

Pensar en él dolía. Lo amaba, sí, aun lo amaba tanto que dolía. Pero simplemente habían dos caminos después de su partida, tirarme a llorar como una magdalena y quejarme que la vida era injusta, bajar mi autoestima y sentir que no merecía estar con él y que con justa razón me dejó. O vivir mi vida al máximo, volver a ser yo disfrutando cada detalle, y por supuesto como buena ex imaginarme desmembrándolo poco a poco.

Ya había pasado por la primera parte, me había humillado lo suficiente y no lo volvería hacer jamás. Por lo que la segunda opción se veía bastante atractiva para mí en estos momentos.

En Forks y Phoenix mi personalidad y actitud cambió. Pasar por tantos cambios dejó asquerosamente vulnerable y fue justo en ese momento de debilidad en mi vida que entraron los Cullen. Habían restaurado la parte de mí que se había perdido desde Mystic para luego volverla a derrumbar con su partida.

Salí del baño y me envolví en una toalla. Unos toques suaves en la puerta desviaron mis pensamientos.

"¿Bella?" Charlie asomó la cabeza por la puerta. Me sonrojé. Era mi padre, no me importaba mucho que me viera en toalla pero aun así era una situación un tanto incómoda.

"Saldré a casa de Liz, uhm, si necesitas algo sabes dónde encontrarme," asentí. Charlie se veía diferente. Como si diez años se hubieran quitado de encima de su cuerpo.

"Seguro, yo saldré con Elena a Mystic Grill, no tienes por qué preocuparte."

"Está bien, solo no llegues muy tarde y no dudes en llamarme si sucede algo," asentí.

"Vete tranquilo," pude ver duda en sus ojos pero simplemente murmuró una despedida y salió. Escuché el portazo de la puerta principal y el viejo auto de Charlie arrancar.

Me dispuse a cambiarme. Rebusque entre mi maleta y mi armario. Aún no había sacado todas las cosas. Me fui por un blusón blanco y un short rojo, combinando mi atuendo con zapatillas rojas. Hice un intento de maquillaje y fracasé miserablemente, por lo que lavé mi rostro y me solté el cabello. No es como si fuera a salir a un lugar distinto. Era el Mystic Grill, con Elena, nada del otro mundo.

Dudé entre tapar la marca de medialuna de mi muñeca pero finalmente me decidí por cambiar mi blusón por una camisa manga larga negra.

Bajé las escaleras y abrí la puerta. No me había percatado de un pequeño asunto. Mi monovolumen se había quedado en Forks, por lo tanto no tenía un auto para llegar al Grill. Y caminar no era definitivamente una opción. Esto no era Forks, era muchísimo más grande y definitivamente mucho más divertido. Así como más peligroso.

Busque mi teléfono y marque rápidamente a Elena.

"Hey B, ¿ya estás aquí?"

"Uhm, no en realidad, tengo una pequeñísima situación," dije cerrando la puerta.

"No está en las opciones echarse para atrás," casi amenazó. El murmullo de mucha gente hablando se escuchaba de fondo.

"No me estoy echando para atrás," repliqué, "el problema es que no tengo como ir, el único auto es el de Charlie y el salió," le explique.

"Oh, en ese caso yo paso por ti, déjame y busco mis cosas y…"

"No Elena, ya estás allá, no te haré venir, mejor llamo a Charlie…"

"Espera Bella… ¿quién? Caroline no irá por ella" sentenció, "Stefan ¿puedes? no Bonnie, espérate, ¿qué?" me costaba mucho trabajo seguirle el hilo de la conversación, "no, eso es un no," hubo un segundo de silencio y soltó un suspiro, "está bien, ve."

"¿E? ¿Estás ahí?" pregunté.

"Si Bells, escucha, irá por ti el hermano mayor de Stefan, Damon, él acaba de salir estará allá en diez minutos," había algo de duda en su voz e inseguridad.

"Está bien, estaré aquí esperando."

"Bien, solo… no le prestes atención, es un imbécil," reí.

"Seguro."

Colgué y volví el celular a mi bolsillo trasero. Comencé a golpetear la mesa mientras esperaba al dichoso Damon. No pasó mucho cuando escuché un carro llegar. Me miré por última vez en el espejo de la sala y salí. Cuadré mis hombros y me paré derecha.

Afuera un convertible negro me esperaba y por un segundo me sentí como una chica Bond. Camine hasta donde estaba parqueado. Mi mente quedo en blanco.

El conductor, el dichoso Damon Salvatore era… bastante atractivo. Más que atractivo, era la clase de hombre con el que toda mujer suela. No podía apartar mis ojos de él. Su rostro tenía las facciones de un hombre. Pómulos altos y mandíbula cuadrada. Su cabello negro, liso y desordenado, parecía líquido casi líquido.

Pero más que cualquier otra característica, no podía apartar mis ojos de sus orbes azules. Eran los ojos más brillantes, vivos y absolutamente hermosos que jamás había visto. Estaban llenos de malicia y picardía.

Vestía todo negro, acompañando su vestimenta con una chaqueta de cuero. Me hizo recordar a ellos, tal como lo hizo Stefan cuando lo vi.

"Sé que soy irresistible, pero si me sigues mirando de ese modo pueda que no responda por mis actos," su voz era profunda, sexy y juguetona. Una sonrisa torcida acompañaba sus palabras. Hasta que me percaté de lo que dijo.

-…-

Sus orbes marrones me inspeccionaban de arriba abajo. Y se sentía demasiado bien. No era estúpido, sabía el efecto que causaba en las mujeres.

Isabella Swan tenía un cierto parecido a Anabel, no mucho pero suficiente. Isabella, a mi parecer era mucho más hermosa. Por un momento me perdí en sus largas piernas que parecían no tener fin. Recorrí con mi mirada su cuerpo, lucía simplemente deliciosa, en todos los sentidos. Aún me miraba fijamente, ladeo su cabeza un poco y nuestras miradas se cruzaron, sonreí.

Hice un comentario causando que me mirara por un momento más. Para luego entornar los ojos y subir al auto en silencio. Fijó sus ojos al frente.

"Que no se te suba el ego, miraba si podías hacerle competencia a tu hermano, él es sexy," sonrió ladinamente, se abrocho el cinturón y se acomodó en el asiento.

Olía delicioso, independientemente de su sangre, el olor a fresas que desprendía de su cuerpo era irresistible. Sonreí ante lo que había dicho, chica con pantalones.

"No hay nivel de competencia," respondí arrancando el auto, "soy lo mejor que tus ojos han visto y verán, créeme," escuché su carcajada.

"Oh no lo sé, he visto cosas mejores," dijo con seguridad, aceleré.

"Ni en tu mejor sueño," respondí.

Giró para mirarme y en ese momento la corriente de aire cambió y un aroma familiar y un poco desagradable golpeo mi nariz. No sabía cómo no lo había sentido antes. Apestaba a fríos. Hice una mueca de desagrado más por lo violento como llego el olor a que lo fastidioso que era. Desaceleré.

"¿Sucede algo?" preguntó. La miré detenidamente, su corazón latía, en definitiva no era un frío. La chica era pálida, sí, pero no tenía las características de uno de ellos. ¿Habría estado en contacto con alguno? Menuda chica imbécil como lo hubiese estado. Olfateé el aire disimuladamente. Tampoco olí ninguno cerca, definitivamente era ella.

"Nada," mentí.El camino desde ahí estuvo silencioso. Isabella se sumergió en sus pensamientos, de vez en cuando fruncía el ceño y me miraba por el rabillo del ojo.

Llegamos al Grill y parqueé el auto, me baje y más atrás lo hizo ella.

"Así que eres hermano de Stefan," dijo mientras caminábamos. Asentí, "no se parecen."

"Lo sé, soy mucho mejor," bufó.

"¿Siempre eres tan seguro de ti mismo?" me encogí de hombros, "soy Bella," se presentó.

"Creí que era Isabella."

"Me dicen Bella," abrió la puerta del Grill. Las luces estaban apagadas y pude ver su ceño fruncirse. Las luces se encendieron de repente y un 'sorpresa' se escuchó. Elena corrió a abrazarla

"¿Sorprendida?" preguntó Elena.

"Bastante," le sonrió brillantemente, "no te hubieras molestado, E," dijo sin apartar sus brazos de Elena. Por un momento la sonrisa de Isabella me hizo recordar una parte de mi época humana.

.

"Señor Salvatore, ¿no le parece que es de mala educación espiar a una señorita?" miré a Anabel. Estaba poniéndose nuevamente su vestido. Me acerqué hacia ella y la senté delicadamente pero de golpe en la cama.

"¿Espiar, yo? Pero si ya he visto todo eso y más," dije besándole el hombro y su cuello. La sentí estremecer.

"Déjame ir Salvatore, si mi papá descubre que no estoy en la casa me matará," dijo con una sonrisa.

"No te estoy reteniendo," reímos. Se cambió completamente.

"Nos vemos en la tarde Damon, no te olvides que debes de estar en ese baile," me recordó tomando sus guantes.

"Lo sé, no será lo mismo si tu mejor amigo no aparece a salvarte de tu desgracia," rodó los ojos y desapareció de mi habitación cerrando la puerta de golpe.

.

Me dirigí al bar y me senté. Pedí un whisky y escaneé mí alrededor. Humanos hormonales por todos lados. Olor a comida y tragos. Mis ojos viajaron al grupo de jóvenes saludando a Isabella quien pasaba de brazos en brazos. Sonriendo y tratando de prestarle atención a todos.

Elena estaba pegada a ella, Bonnie abrazó a Bella y se separó bruscamente. El pequeño gesto llamó mi atención. La bruja sacudió su cabeza y le sonrió volviendo a abrazarla. Todos los humanos lucían felices, fiesta, bebida, baile y la llegada de Isabella, todo se combinaba y hacían que el lugar estuviera más bulloso de lo normal.

"Te cambiaron por una humana Stefan, ¿qué se siente hermano?" pregunté divertido mientras sentía a mi hermano tomar asiento a mi lado y pedir un trago.

"No has tenido sexo en tres días Damon, ¿qué se siente?" preguntó de vuelta. Me miró enarcando una ceja.

"Touché," respondí levantando mi trago y tomando un sorbo.

"Hay algo en Bella que simplemente no encaja," comentó. Asentí.

"Huele a fríos."

"Esperaba no ser el único en notarlo," Stefan centró sus ojos en Isabella. Tomó otro sorbo de su bebida y miró en dirección de Elena quien le aventó un beso. Stefan le guiño el ojo. Sentí una punzada en el corazón pero hice mi mejor esfuerzo en rodar los ojos, "diabetes, ¿recuerdas?"

Stefan se levantó y fue hasta donde estaba Elena. Busque con mi mirada a Isabella, estaba jugando a los dardos con Tyler y Matt. Agudice mi oído.

"Así que pequeña Bella, ¿algún novio en Forks o Phoenix?" preguntó Matt mientras lanzaba un dardo.

"Esa información es clasificada," respondió encogiéndose de hombros. Y tomando un dardo en sus manos, "y no soy pequeña."

"Sí que lo eres," refutó Tyler, "adelante, muéstranos que sigues siendo torpe con los dados," Isabella golpeó a Tyler en el hombro y se preparó para lanzarlo. El dardo cayó justo en el centro. Matt y Tyler se miraron incrédulos.

"¡Ha!" dijo sin poder creérselo tampoco, "creo que alguien me debe diez dólares."

"Debes pagarle, hermano," le recordó Matt a Tyler, riendo. Isabella tomó el dinero y se encamino hasta donde estaba Elena quien la llamaba.

Ambas se quedaron hablando por un rato con el resto que estaba en la mesa.

"¿Quieres algo de tomar?" preguntó Elena.

"Sí pero yo iré por mi bebida," se levantó de la mesa y comenzó a caminar hacia mí. Se sentó donde Stefan había estado minutos antes.

"Bourbon," pidió. El bartender la miró y asintió.

"Linda y con buen gusto, me agradas," me miró fijamente. En definitiva tenía un problema con las mujeres de ojos y cabello café.

"Que triste no tener con quien compartir una copa," apuntó.

"¿Estar rodeado de gente que no soporto? Gracias, creo que paso," me defendí tomando de mi bebida nuevamente.

"Bastante antisocial, ¿eh? Por eso tu hermano te va llevando la ventaja."

"¿Estás llevando puntuación?" se encogió de hombros, "bueno te aseguro de que hay algo que mi hermano no puede hacer que yo sí," dejé el vaso en la barra y la miré directo a los ojos.

"Ilumíname, por favor," el bartender llegó con su bebida pero ella no se molestó en mirarla. Nuestros ojos estaban fijos en el otro.

"Beso mejor que él," rio, "bésame," le ordené. Fue más un impulso del momento, que otra cosa. Sus labios gruesos y carnosos se veían como una clara invitación. Usualmente no usaba la compulsión para ganar besos, esos podía arreglármelos por mi solo.

"No sé con qué clase de mujeres acostumbras a andar pero yo no acostumbro a repartir besos," fruncí el ceño, ella no estaba reaccionando como se suponía, "si quieres uno, gánatelo," finalizó.

Tomó su bebida consigo y se levantó. Parpadeé varias veces, ¿qué demonios había pasado?


Σοφία.