II. La última actuación

Eran las seis de la mañana, y la habitación se llenaba del horrible sonido de la alarma del despertador. Una mano salió de entre las sábanas, presionando el botón del maldito despertador. Nico Robin se levantó de la cama. Llevaba un camisón de color violeta, su cara era la de todas las mañanas, con sueño, ojeras de dormir poco… Y con el pelo todo revuelto en la cara.

Con sigilo se dirigió al baño, no quería despertar a su hermano. Cerró la puerta cautelosamente, y se miró al espejo:

-¿Quién me mandaría a mí dejarme el pelo largo? –dijo en un susurro.

Se peino ese pelo encrespado, pasándose la plancha para dejárselo bien liso, se lavó la cara, se pinto los ojos y los labios, y se dio un toque de maquillaje… Siempre era la misma rutina. Cuando salió del baño su hermano le estaba esperando.

-Vaya… Si que te has despertado pronto. No es muy normal en ti –dijo encendiendo un cigarrillo.

-Vaya… Y tú te acabas de encender otro cigarrillo. Que raro –contestó la morena sarcásticamente.

En un movimiento rápido de manos le quitó el cigarro de la boca, y ella misma le dio una calada, dejando a Sanji boquiabierto.

-¿Des de cuándo…?

-Des de que me siento agobiada y no puedo conmigo misma –dijo bajando la mirada.

Robin se fue alejando, dejando un pequeño hilo de humo que desprendía su cigarro, y de vez en cuando, una bocanada de humo que salía de su boca. Su hermano la observaba, con tristeza en sus ojos. Lo había intentado todo, pero era imposible, la prensa siempre estaba en la puerta de su casa, a la espera de que alguno de ellos saliese.

Los dos hermanos se vistieron, Sanji con su habitual traje oscuro de corbata; Robin, con un elegante vestido de color rojo. Era bastante bonito. Como casi siempre era de escote de palabra de honor, ceñido en la cintura y un poco más bombeado en las caderas. Le llegaba hasta los pies. Se puso unos zapatos de punta rojos, con bastante tacón. Llevaba el colgante que le regaló su madre, era de perlas negras, grandes y muy brillantes, a conjunto con sus pendientes. Se recogió el pelo con un medio moño no muy alto, dejando un par de mechones más cortos sueltos, y llevando su flequillo perfectamente planchado.

Tenían una comida de "estrellas", y como siempre estaban invitados. En parte le apetecía ir, ya que le habían pedido que cantase alguna de sus canciones para finalizar la fiesta.

Los dos hermanos salieron de la casa, por raro que pareciese no tenían ningún cámara revoloteando por los alrededores de la casa. Se metieron en el coche, dirección a la famosa comida. Por el camino empezó a llover, el día se puso gris, y las nubes lo cubrían todo, era realmente tétrico.

Mientras Sanji conducía, nunca hubiese pensado que se le pasaba por la cabeza en esos momentos a su hermana, ni siquiera se lo podía imaginar.

"Esta es la última comida, la última visita de reporteros, el último concierto…" se decía la chica entre pensamientos.

-Ya hemos llegado, parece que me tienen por más importante que un manager… A mi también me han invitado –dijo apagando un cigarrillo casi consumido.

-Hombre, cuenta que eres mi amor secreto… ¿Eso de casarse con familiares no tenía un nombre? –dijo sonriendo.

Salieron del coche, y Sanji ofreció su brazo a la morena, para que pudiese salir, y así entraron en aquel restaurante, intentando evitar las constantes preguntas de los reporteros.

Era un hotel realmente hermoso. La entrada estaba decorada con temas antiguos, los cuadros y las multitudes de estatuas sobrecargaban de mala manera aquel hall tan bonito. Justo delante de la puerta giratoria, en la cual se encontraban los dos hermanos cogidos del brazo, había una gran escalera, forrada con una moqueta color rojo, mucho más vistoso que el vestido de la morena.

Un amable camarero les guió hasta el comedor, donde se aposentaron en unas sillas acolchadas, de color rojo, como todo lo que había en aquel lugar. Todo el mundo miraba a la pareja, para más tarde cuchichear con el compañero que tenían a derecha e izquierda.

En ese mismo instante, un poco más lejos, y bajo la misma lluvia…

-Buff… Llevo casi un cuarto de hora esperando a que pase algún taxi –un chico moreno conversaba con el taxista que le acogía en su coche.

-No se queje –contestó él- mire, ahora está empezando a llover de verdad…

La comida sucedió sin problema ninguno, y el momento de Robin llegó. Con gran disimulo, ella misma y su atento manager se apartaron de la comida, y se dirigieron justo detrás del escenario.

-¡Venga! Ya verás como te sale genial –le animó su hermano.

Pero la morena no respondió, se giró hacia él, y le abrazó. El rubio se sorprendió, ella nunca le había mostrado señales de afecto ninguno en la calle, ni un solo beso en la mejilla, y ahora, le estaba abrazando.

-Robin… -susurró Sanji- ¿Qué te pa…?

-Lo siento…

Dicho esto, Robin se dirigió al escenario, dejando a su hermano con la palabra en la boca, pero con una duda que le corroía por dentro. La morena colocó su micrófono a la altura adecuada, se aclaró la garganta, y se dispuso a entonar su última canción.

"Cantaban los pájaros su despedida,
Otoño había llegado y con él
la melancolía del Verano."

Todo el mundo escuchaba con atención, deleitándose con la dulce y melodiosa voz de aquella cantante. Ella, por su parte, disfrutó todo lo que pudo, recordando viejos momentos, de ella y su hermano, de su madre, de su infancia… De su primer concierto.

"Recuerdo, andaba tras Pasado y Presente,
su hermana Melancolía caminaba, dulce y amarga".

El tiempo pasaba poco a poco, la cantante podía ver la mirada de los espectadores, sus sonrisas, sus caras de nostalgia...

"Pasado tras Presente eternamente y Futuro al frente,
misterioso y enigmático, siempre con permiso de Tiempo,
sinónimo de cambios y soplaban vientos"

Finalmente la canción acabó, Robin dio las gracias, saludó, y se bajó del escenario, ante la atenta mirada de su hermano. La morena bajó por el lado opuesto por el que estaba él, este se sorprendió, pero lo considero algo normal; necesitará algo de tranquilidad pensó él.

La morena salió a la calle, sin mirar atrás. Escuchaba las preguntas de los reporteros; escuchaba las gotas de agua cayendo por su escote; escuchaba como todos los clips que llevaba en el pelo se desprendían de este, para caer en el suelo, mojado por la lluvia.

La morena seguía su camino, cruzando la calle, perseguida por los reporteros, que la miraban extrañados, pero eso a ella le daba igual. Sus zapatos se desprendieron de sus pies, y por primera vez, notó el helor del suelo. Allí estaba.

Su destino se encontraba cerca, el taxi estaba parado delante de un semáforo. Sabía que si no mostraba mucho su rostro el taxista no la reconocería, y por fin se podría apartar de todo aquello.

-Chico, ¿está seguro que quiere ir por aquí? –Preguntó el taxista extrañado- ¡Con un poco de surte veremos a algún famosillo!

-Jajaja, ¿pero que dice? –rió el muchacho.

De golpe, la puerta del taxi se abrió.

Corrió, ahora de verdad. Agarró la maneta de la puerta con su mano izquierda, mientras con la otra se sujetaba el bajo del vestido. Abrió la puerta de un tirón, y sin mirar, se sentó. La morena se secó el rimel que se había corrido a causa de la lluvia, y consiguió mirar a su derecha. ¿Qué…?

Un chico estaba a su lado, moreno, con los ojos oscuros y una pequeña cicatriz debajo de su ojo. Llevaba unos pantalones pirata por la rodilla, de color negro, y una camiseta de color rojo, que le quedaba bastante floja. Entre las manos sujetaba un gracioso sombrero de paja.

-Señora, lamento comentarle que este taxi está ocupado, tendrá que bajarse… -le comunicó el taxista, sin reconocer a aquella mujer.

Ella miró al chico, con súplica, sin usar palabras, quería decirle que le ayudara. Después de tantos años, ella, la famosa Nico Robin, necesitaba la ayuda de aquel muchacho que estaba sentado a su vera.

-Eeeh… No, no. –Titubeó el chico.- Es amiga mía, llévenos a casa ande, ya le he dicho mi dirección antes.

La muchacha sonrió, para después dirigir su mirada azul hacía la ventana, viendo como unos desconcertados periodistas la buscaban entre la lluvia…


Antes de nada, perdón por tardar TANTO. Pero no sé, no me acabó de gustar el resultado, y como tampoco tenía mucha demanda, decidí guardarme para mí esta historia. Pero bueno, visto que hay gente que quiere la continuaciñon, aquí la teneis!

Muchas gracias; y dejarme vuestra opinión.