Gracias por los reviews y favoritos. Perdonen que tardara tanto, estaba en parciales y me cargaron de tarea en la facultad. Tengo planeados 9 capítulos, así que será más largo de lo que esperaba, sólo les pido paciencia para que publique, que la uni me consume.

Disclaimer: Bleach no es mío.

Conversación


–Los resultados de sus exámenes se publicarán en el pasillo central, así como los primeros lugares semestrales de la facultad –mucho parloteo inútil, me siento cansado y con unas enormes ganas de levantarme de mi asiento y marcharme del lugar–. Sin más, les deseo un feliz fin de semestre.

El Doctor: Yamamoto Genryuusai se inclinó y bajó elegantemente de la tarima al terminar su discurso; un hombre tan brillante como él, investigador de tipo tres; no me sorprende que parlotee tanto. Trato de mantenerme sereno cuando se acerca a mí, me mira fijamente y asiente antes de seguir su camino… como si necesitara su aprobación.

Suspiro.

La corbata color verde me aprieta y este traje negro es incómodo, odio los zapatos formales y necesitar vestirme así para esta clase de eventos. Doy vuelta sobre mis talones y camino lentamente hacia el tablón de anuncios en el pasillo central, donde he visto mis notas durante –contando éste día- dos años. Me limito a observar a distancia el montón de alumnos que se acerca a observar cómo les fue, entreteniéndome al ver muecas de sorpresa, horror e incluso autosuficiencia… no sé por qué cosas tan triviales como una calificación de dos o tres dígitos puede desencadenar un sinfín de emociones tan diversas. Observo a mi alrededor, el edificio de color rojo algo viejo me hace sentir tranquilo, señal de que el estudiar Física no fue uno de los tantos errores cometidos durante mi insignificante existencia. Los árboles aunque escasos, dan frescura al lugar; los murales de las teorías de Newton, Einstein y uno que otro pintado con las ideas extrañas de algún catedrático de la facultad.

–¡Hey, Yammy! –escucho a lo lejos gritar a Aaroniero, uno de mis compañeros de clase–, quedaste décimo de nuevo, incluso Zommari volvió a superarte.

Una risa rasposa seguida de un golpe y un "Tú también quedaste por debajo de él".

Me acerco lentamente, con más ganas de irme que de revisar las calificaciones. Mi único propósito era confirmar que aprobé todo para poder tener un Agosto tranquilo y olvidarme de estas cosas por un par de meses. Escaneo la pizarra: Primer lugar, con un noventa y ocho con setenta y cuatro décimas; muy bien, aún conservo la beca que me ha otorgado el Sereitei —una asociación de investigadores muy prestigiosa—, sólo faltan tres años más: me graduaré de esta facultad, iré a Alemania a hacer la maestría y por fin conoceré ese país, estudiaré si tengo las notas necesarias en una de sus universidades más prestigiosas, la de Heidelberg y me marcharé de este sitio tan vano.

—Señor Cifer —escucho a mis espaldas. Me giro lentamente para cruzar mi mirada con un par de fríos ojos color aguamarina, los de La doctora Halibel; ella me mira con un poco de interés, casi inteligible aún bajo esa máscara de indiferencia que he aprendido a leer con el paso del tiempo —¿cómo no hacerlo si yo la llevo todo el tiempo en mi rostro?—. Inclina la cabeza levemente y yo la imito, no por respeto ni por cortesía, sino porque es lo que se espera que una persona normal haga en estos casos: la típica respuesta humana a un saludo es el reflejo del mismo, aun si no sientes lo más mínimo al hacerlo.

—¿Sí, doctora? —contesté secamente. Mi voz profunda y grave, como un autómata —Grimmjow siempre me recriminó mi actitud argumentando que hablaba como una máquina—, ella movió la cabeza, en un claro gesto para que la siguiera.

No dije nada, pues no era necesario; sólo me limité a seguirla por los pasillos angostos del Campus hasta su oficina en el tercer piso del segundo edificio. Abrió la puerta suavemente, evitando cualquier corriente de aire que afectara las pruebas que llevaba a cabo en un lugar de trabajo —más que su oficina, era su laboratorio— y con un leve movimiento de su mano, me ofreció tomar asiento en una de las sillas de madera frente a su escritorio.

El sitio estaba acomodado, unos cuantos aparatos de medición, uno que otro voltímetro, radiómetro e incluso un termociclador; cada uno etiquetado, incluso con notas que indicaban un "prohibido abrir" o el símbolo de biohazard… No pude evitar maravillarme ante todo eso. El cuidado de los instrumentos y las pruebas que se encontraban en proceso no dejaban dudar de la dedicación que la doctora le profesaba a su trabajo, tal vez por ello la admiraba: hacía lo que debía hacer, sin dejarse distraer por vínculos innecesarios; aislándose de todo si era necesario.

—Cifer, el Sereitei te tiene una propuesta —dijo, sin ir directo al punto que me concernía. Sus dedos se ciñeron en la agarradera de su taza de café… extraño, no noté cuándo fue por ella y mucho menos el momento en el cual un recipiente igual, pero con té verde, apareció frente a mí; tal vez fue cuando me encontraba analizando su blanca oficina —color que personalmente disfrutaba más que el carmín con el cual estaban pintadas las paredes de la institución—, perdido en mis propias cavilaciones.

—Sólo dígame lo que quieren, no es necesario tratar de suavizar lo que sea que quiera decir.

Sonríe. Lo supuse, esperaba una respuesta parecida de mi parte; puede que no me guste apresurarme, pero me refiero simplemente a acciones que son vitales, no a cosas que desperdician mi tiempo y pueden ser evitadas.

Muevo suavemente mis dedos por la taza antes de tomarla entre mis manos y darle un sorbo… está caliente; lucho contra el impulso de sacar la lengua para aminorar el escozor que me produce, mas no puedo evitar el morder levemente mi labio inferior para disimularlo un poco. Dejo la bebida en su lugar y entrelazo mis dedos, más que nada para evitar el impulso de darle otro sorbo y quedar en vergüenza.

—Quieren que realices un curso de verano en la facultad de biología —bebió un poco de su café y me miró expectante. Así que era eso, abrí la boca para declinar la oferta, tenía suficiente con el favor que le estaba haciendo a Grimmjow y para colmo ahora también estaba atrapado leyéndole a una mujer extraña. Rayos… sabía que esa mujer me traería problemas, tan sólo la vi anoche y aquí estoy pensando en ella, dejando que perturbe el perfecto orden en el que están mis pensamientos y vaciando mi caja de antiácidos por comer lo que…—. ¡Cifer!

Abrí los ojos de golpe —sin saber el momento exacto en el cuál los había cerrado—, había bajado la guardia y actuado sin meditar bien mis movimientos… ¿cuánto más se alterará mi existencia?

—Menos mal que cerraste la boca. Al principio pensé que dirías algo; pero no dijiste nada —a pesar de que su sonrisa se esfumó, había un brillo de diversión visible en su mirada. Entendí que le entretuvo bastante verme expuesto y distraído—, te decía: El Sereitei quiere ofrecerte un curso gratis de Biofísica, sé que te negarás; por ello han agregado algo más…

—La escucho.

—Cuando el curso termine y dependiendo de tu desempeño, existe la posibilidad de que te envíen de intercambio a Alemania.

Alemania.

La sorpresa se mostró en mis facciones, cosa que provocó que la pequeña sonrisa de la doctora regresara. Si cree que ganó, se confía demasiado. Cerré los ojos, y respondí, suave pero firme a la vez:

—Lamentablemente creo que declinaré su oferta…

—Y si te digo que es la Universidad de Heidelberg —me cortó. Alzó la ceja ante mi mirada de shock; demonios, Genryuusai sabía perfectamente cómo manejarme, algunas veces me recordaba a Aizen: Manipulador, pero certero —aunque menos hipócrita y astuto. Puede que sepa manejar a la gente; pero está muy lejos de controlar sus propias emociones—. Suspiré, me había vencido; aunque no sé por qué esperaba ganarle, ella era inteligente y tuvo un par de años para analizarme a detalle durante sus clases… si hay una característica de un científico que admire, es que sus ojos son unos observadores estupendos, casi nada pasa desapercibido.

—Está bien.

Asintió mientras abría un cajón de su escritorio, sacó un folder color rojo —qué novedad, estoy comenzando a odiar cada vez más ese color— y lo abrió frente a mí. Escaneé las hojas rápidamente: Un horario, una carta de presentación, el nombre de varios catedráticos y tres temarios.

—Sólo tendrás tres materias: Bioquímica, Biología Celular y Biofísica, ésta última al final. Se han tomado en cuenta los conocimientos que tienes hasta el momento y sólo reforzarán las áreas de interés para que la materia sea más digerible —cerró el folder y lo tomé para guardarlo—. El curso durará hasta diciembre, pero en caso de no aplicar para ir a Alemania, podrás cursar quinto semestre y serás considerado alumno regular; así que tu Kardex quedará limpio y con unos cuantos créditos extra.

Asiento. Por lo menos si las cosas no salen como lo esperado sólo perderé tiempo.

—Los cursos inician la próxima semana, revisa muy bien los horarios de clases y laboratorio; todo el material se te proporcionará sin costo alguno, sólo llena el formato que viene al final y déjalo en mi oficina —se levantó de su asiento y la imité—. Eso es todo, Cifer. No dejes que se desperdicie la confianza que el Doctor Yamamoto ha puesto en ti.

Vuelvo a asentir. Mucho parloteo, parece como si lo hubiera escrito y memorizado por órdenes… la doctora no desperdicia tantas palabras. Me despido de ella con una reverencia antes de colgar mi mochila en el hombro y salir de la facultad.

Reviso mi reloj: Las cuatro y media… aun hay tiempo para entrenar con Urahara e ir a la biblioteca. Camino a paso lento hacia mi moto, me pongo el caso para tirar del nudo de mi corbata, liberando la presión que ésta ejercía en mi cuello antes de subirme y arrancar.

Primero iría a mi departamento por ropa cómoda y mi uniforme de esgrima; este tonto traje había colmado mi paciencia… malditas reglas de etiqueta.

I

Mi respiración era elaborada mientras desviaba el florete de Urahara, tratando de evitar que me desestabilizara y encontrara algún hueco en mi defensa. Éste se limitó a sonreír, a sabiendas que Kurosaki había puesto más pelea que otros días, agotando mi energía; eso, junto con el hecho que estudiaría un semestre en otra facultad fueron suficientes para dificultar mi razonamiento y estrategia.

El florete pasó por debajo de mi nariz, sorprendiéndome. ¿Cuándo había atacado?, ¿cuándo se movió?... me perdí demasiado en mis pensamientos que bajé la guardia. La punta de su arma golpeó suavemente mi esternón, casi como si Urahara se mofara silenciosamente —cosa que dejé de dudar por la forma en la que cantó su siguiente frase:

¡Touché, Ulqui! —gruñí, claramente molesto. Odiaba perder, era inaceptable ser derrotado por basura inútil. Su sonrisa se desvaneció, dando paso a una mueca sombría, la que siempre ponía antes de reprenderme por mis errores o cuando presionaba demasiado fuerte la punta de mi florete en el cuello de Kurosaki—. Tus reflejos han mejorado; pero necesitas trabajar en tu tiempo de reacción si quieres ganar las nacionales o te destruirán en las primeras rondas.

Tocó mi nariz con la punta de su arma y moví mi brazo libre para quitarla de mi rostro mientras que con el otro apretaba fuertemente la empuñadura.

—¡Halte, Ul-Ul! —me dijo, antes de ponerse a reír—. Recuerda que no puedes bloquear con esa mano.

Lo miré fijamente, como si deseara destrozarlo con mi mirada y él la ignoró, para ir a ver a la basura de pelo naranja, quien charlaba animadamente con Rukia Kuchiki, hermana de un miembro honorario del Sereitei —me parece que es hermana de un neurobiólogo, pero no le he prestado la suficiente atención—. Ante algo que el inútil dijo se echó a reír, patético.

—¡Ulquiorra, mejor vete! —gritó a lo lejos ese rubio tonto que se hacía llamar mi entrenador—, recuerda que tienes trabajo a las seis y sólo tienes cinco minutos para marcharte.

¿Sólo cinco minutos? Rayos, me tardé demasiado en el entrenamiento… un momento, ¿cómo sabe que tengo que trabajar?

Como leyendo mi mente, añadió:

—Conozco a Yoruichi, de hecho, salgo con ella… así que le conté de ti y ayer por la noche me comentó que un chico con tu mismo nombre entró a trabajar con ella —ah, eso explicaba todo.

Me levanté rápidamente, quitándome el traje y ganándome unos cuantos reclamos de la basura de Kurosaki sobre la vergüenza mientras éste le tapaba los ojos a una colorada Kuchiki. Nunca entenderé por qué reaccionan así, tengo ropa debajo del traje… ropa empapada en sudor y con un hedor insoportable; no podré bañarme si quiero llegar a tiempo.

Apresuré el paso para llegar a las regaderas y por lo menos ponerme ropa seca. Cambié mi vestimenta por una camiseta blanca y pantalones deportivos color negro. Guardé mi florete y my protección en mi locker dentro del gimnasio, para después colgarme mi mochila de deportes y salir del lugar.

Casi saltando por la prisa, subí a mi moto, colocándome el casco con la mano izquierda y encendiendo el motor con la derecha. Presioné el acelerador y dejé que la fuerza del viento secara mi cabello; si tenía suerte ningún oficial de policía me multaría por exceso de velocidad, no me accidentaría y llegaría a tiempo.

Observé el edificio acercarse cada vez más mientras me metía por las calles, esquivaba personas y finalmente, me estacionaba frente a ese sitio. Bajé, apresurado; Yoruichi me saludó con un: "Llegas cinco minutos tarde", pero la ignoré para ponerme el chaleco de trabajo y mi gafette.

Suspiré cuando abrí las puertas de la biblioteca y caminé lentamente a mi puesto. Si hay algo que me molestaba era llegar tarde a mis obligaciones —y a pesar de ser un favor para el tonto de mi compañero de habitación, ahora era mi obligación—. Me senté y esperé.

Veinte minutos después, las puerta se abrieron y el sonido de un golpeteo metálico, seguido de suaves pasos inundó el sitio. Su vibrante cabello anaranjado resaltaba en las paredes marmoteadas y su sonrisa no disminuía; caminaba segura, casi como si supiera el camino de memoria, sin necesidad de guiarse por nada más. Dio unos pasos más y se detuvo frente a mi lugar.

Frunció el seño y la imité… ¿a qué se debía ese cambio tan brusco de actitud?

—¿A qué huele? —inquirió con su voz suave e infantil. Me sentí avergonzado y maldije el que Urahara no me dijera que nos detuviéramos antes, tal vez así mínimo hubiera alcanzado a ducharme y llegar sin olor a sudor.

—Mujer, no exageres las cosas… —musité, reprendiéndome mentalmente por decirlo tan bajo; ella podría identificarlo como un reproche o peor, como si dudara de mis palabras.

Abrió desmesuradamente sus ojos color café, mientras mordía sus labios y se sonrojaba.

—¡Lo siento mucho, no fue mi intención! —y realizó un pronunciada reverencia. Mujer tonta.

Suspiré, relajándome; de cualquier forma, no me había importado casi desvestirme frente a Kuchiki, no debería inquietarme que la mujer pensara que mi olor era todo menos satisfactorio.

—Repetiré lo que dije antes, no exageres las cosas —le dije, más firme que la primera vez y observándola. Sí, ella podría se ciega; pero era muy probable que sintiera el peso de mi mirada sobre su persona.

Se sonrojó aun más.

—Bu-buenas tardes, Ulquiorra —saludó, todavía nerviosa por lo sucedido minutos antes—, ¿listo para seguir con el libro?

Hablaba como si hubiéramos leído mucho, mas no habíamos pasado del tercer capítulo. Sobé mis sienes, tratando de relajarme.

—¿Acaso tengo opción? —traté de sonar lo más aburrido posible—, te he dicho antes que no es mi deber entretenerte, pero al parecer te ha importado muy poco.

Rió suavemente y asintió, como si fuera lo más normal del mundo charlar con un desconocido que había sido todo, menos educado.

—No, no la tienes y sí: No me importa —golpeando con su bastón, se acercó a la silla que se encontraba a un lado mío y tomó asiento.

Me quedé callado y ella me golpeó delicadamente el pie con ese tubo de metal que la ayudaba como guía. Solté un quejido y ella volvió a reírse, completamente ajena al dolor provocado por sus acciones. Qué mujer más desesperante.

—¿Qué esperas?, ¡lee, lee, lee! —dijo, casi cantando las últimas palabras. Gruñí exasperado mientras buscaba el libro sobre el escritorio, para abrirlo donde se encontraba el separador:

No ocurría nada interesante, los personajes estaban en una fiesta llena de frivolidad, presumiendo a sus hijas como si fueran diamantes que se ofrecieran al mejor postor. Memoricé las palabras que seguían, para recitárselas a la joven a mi lado. Desvié la vista, prestándole atención a cada una de sus expresiones… era realmente entretenido cómo pasaba de una mueca de disgusto, a una de alegría.

Repentinamente, su ceño se frunció cuando pronunció el diálogo de ese personaje llamado Darcy. Era extraño; antes la mujer había expresado su deseo por saber más de él y ahora se mostraba molesta. La ignoré y seguí leyendo… podía identificarme ampliamente con este hombre:

—No está mal, aunque no es lo bastante guapa como para tentarme; y no estoy de humor para hacer caso a las jóvenes que han dado de lado otros. Es mejor que vuelvas con tu pareja y disfrutes de sus sonrisas porque estás malgastando el tiempo conmigo —sabias palabras, aunque demasiado educadas; probablemente dada la época y la situación social en la que se encontraba. Claramente Darcy tenía una imagen que mantener; pero no era lo suficiente importante como para que se dejara llevar por tales trivialidades y niñerías.

Escuché que la mujer hacía un ruidito de disgusto.

—¿A qué se debe ese sonido? —inquirí, arqueando una ceja. Ella gruñó, molesta, antes de contestar:

—Ese Darcy es desesperante. Es un grosero desconsiderado.

Negué levemente. Se notaba que la mujer no trataba de entenderlo; tal vez si lo intentaba más, podría descifrar la incomodidad por la que pasaba ese personaje: Un sitio extraño, lleno de personas tontas e interesadas: ¿a quién le gustaría seguir ahí e interactuar con semejante basura?

—¿Desconsiderado?, en lo personal lo considero demasiado educado; no debería gastar su energía en tratar bien a esa gente que está claramente interesada en su dinero, no lo valen: son basura.

Vuelvo a escuchar un resoplido y la observo inflar sus mejillas en un puchero. Suprimo el deseo de reírme de lo tonta que es su expresión.

—Aun así, pareciera que no le importan los sentimientos de los demás… como si no tuviera corazón.

¿Corazón? Qué tontería. Podría refutar ese hecho implicando la existencia de su corazón físico, mas sé que ella se refiere al metafísico, esa cosa intangible y por lo tanto inexistente.

—Mujer, responde una pregunta —le ordeno, a sabiendas que no tengo el derecho de exigirle nada; pero me escudo en el hecho de que ella me ha exigido cosas a mí—: ¿qué es el corazón?

Sus ojos se abren al mismo tiempo que sus labios se despegan; pareciera como si le preguntara algo tan evidente como las tablas de multiplicar.

—¿Qué es el corazón? —su voz sonaba suave, como si procesara lo que acababa de abandonar mis labios—, ¿cómo no puedes saber qué es?

—Sé que un corazón es un órgano que bombea sangre para oxigenar el cuerpo y mantener todas sus funciones; pero si vamos por importancia, el cerebro es más vital —ella levanta una de sus pequeñas manos, haciendo un ademán para que me detenga. La ignoro—; pero no soy tan tonto como para pensar que te refieres a ese tipo de corazón… repetiré mi pregunta: ¿qué es el corazón?

Baja la mirada, como si meditara mi pregunta, analizando bien cómo contestar.

Paso mis pálidas manos por mis cabellos color azabache, analizando cada una de sus expresiones a fondo con mis ojos verdes.

—Déjame replantear mi pregunta: ¿Qué te hace decir que tal cosa, como el corazón o, puedes llamarlo "alma", existe?

Levanta la vista, clavando sus ojos que miran sin ver en los míos.

—Sólo sé que existe.

—¿Y en qué te fundamentas?, ¿a caso alguien ya lo ha visto? —inquiero, tratando de romper sus defensas y probar mi punto.

Sonríe levemente, mientras coloca sus manos a la altura de su pecho. Niega con vehemencia, haciendo que sus cabellos se enmarañen un poco y que mis manos sientan un ligero hormigueo por las ansias de acomodarlo.

—Lo sé, porque yo tengo corazón… yo siento y sé que tú también sientes, por lo tanto también tienes corazón.

Niego suavemente y suspiro en frustración. Mujer ilusa.

—Te lo he dicho antes: yo no siento, por lo tanto tu argumento es inválido. Si tú implicas que las emociones humanas son debidas a la existencia del corazón, entonces alguien como yo, que no las posee, no tiene uno —la monotonía en mi voz la hace temblar un poco y bajar la vista. Está triste, lo sé; esa es la misma mirada que me dirigió Grimmjow cuando se enteró que Nelliel tenía cáncer.

—Sí tienes corazón. También te he dicho que el que no quieras aceptar tus emociones no significa que no las tengas —la voluntad que parecía haber vuelto a su voz, como si su fuego se avivara cada vez más.

—Hablas del corazón como si lo tuvieras en la palma de tu mano, pero mis ojos lo ven todo, nada se les escapa. Si no lo veo, no existe —moví lentamente mi mano, chocando las puntas de mis dedos en su esternón—. Dime, mujer: ¿si te abro el pecho, lo podré ver?

La escuché inhalar fuertemente, sorprendida por lo crueles que eran mis palabras; mi pecho dolió, pero lo ignoré. Moví nuevamente mi mano, colocándola ahora en su frente.

—¿Si te rompo el cráneo, lo podré ver?

Vuelve a bajar la mirada, temblando. Lo sabía, ahora me tiene miedo.

—No, nunca lo podrás ver si sigues buscando en el sitio equivocado… el corazón no se ve, se siente —replica suavemente, colocando su cálida mano sobre la que aun permanecía en su cabeza, provocando que retirara la mía ante la sensación de que algo me quemaba.

—Tonta mujer, tu propia ingenuidad será tu perdición.

—Lo mismo digo de tu incredulidad.

Y ella sólo me sonrió.

Negué lentamente, para mirar poco después a mi reloj… ya era hora de irme.

—Ya es tarde, debes regresar a casa —le indico y ella asiente para ponerse de pie nuevamente. Hace una reverencia y después de pronunciar un "hasta mañana", se marcha lentamente, golpeando su bastón contra el piso.

Suspiro… ya he perdido la cuenta de cuántas veces he hecho eso este día; pero al parecer no me ha importado. Guardo mis cosas, coloco el separador en el libro y lo cierro; a este paso no lo terminaremos de leer nunca, vamos muy lento.

Niego nuevamente, esa chica es muy extraña e ingenua; su idealismo está destinado a enfrentarse contra mi nihilismo, y sé perfectamente quién de los dos saldrá lastimado.

Repentinamente, recuerdo el miedo en sus ojos cuando la amenacé con romperle el cráneo y abrirle el pecho. Sí, lo mejor es que me tema; de cualquier forma la única que puede perder algo es ella… aunque eso no explica por qué mi pecho duele al recordar sus ojos, como si me quemaran por dentro; tal vez algo me hizo daño.

Me levanto lentamente y comienzo a cerrar el sitio. Necesito descansar, mañana me espera un largo día de entrenamiento con Urahara: es fin de semana, más de seis horas con ese inútil:

Genial.


Puede que Urahara se vea un poco OoC, pero recuerden que es su entrenador y no hubo guerra entre ellos, así que un pupilo más :)

Contestación a reviews anónimos:

orihime cham: ¡Gracias por el comentario! Me agrada que pienses eso de mi narración y espero que no te aburras mucho en este capítulo… la historia es un poco lenta.

Adrenaline: Gracias por comentar :) espero te guste este capítulo. Considero que Ulqui al ser humano, puede bajar la guardia y dejar al descubierto expresiones con más facilidad que como Hollow: sí tiene corazón, pero no lo acepta. Espero te guste el capítulo.

Los demás los contestaré por mensaje privado. Cualquier cosa no duden en preguntar.