Capítulo 1:

Aquel intento de rebeldía no fue frenado ni a golpe de látigo, y cuando todavía no le habían cicatrizado las marcas, ya había llevado otra buena dosis de latigazos.

Pero aquellas no habían sido las peores consecuencias.

Sus padres habían hablado con Dumbledore, el director de Hogwarts, y tras hacerle un examen la adelantaron al curso de su hermana Narcisa; y al de Sirius. Pero por desgracia, aquel año, sus materias no habían coincidido.

Dos años después de aquel verano fatídico, en el que su vida se había convertido en una cárcel y sus hermanas sus carceleras, ella ya no sabía que hacer para acabar con su vida.

Ya no sentía los golpes del látigo. Su piel no se curaba como antes… pero de momento se curaba.

En ocasiones rogaba a los cielos que se le infectasen las heridas para escapar de aquella casa.

Pero había optado por reprimir su rebeldía, y aceptar la realidad.

Llegaría el momento… en el que sería libre.

Con sólo dieciséis años, cursaba séptimo año en Hogwarts; y el día antes de irse al colegio se había pasado por el dormitorio de su tío Alphard.

-Nathaly, mi niña… si ves a Sirius… mi renegado, dale esto-dijo pasándole una bolsa de oro.

-Tío… no lo he visto en dos años…

-Sé que eres una chica lista-dijo su tío.

Ella sonrió, y le dio un beso en la calva al hombre.

-Lucha… no dejes que su látigo encierre la fuerza de tus ideales.

La chica salió de la habitación y bajó al vestíbulo; guardándose el dinero en un bolsillo interior de su chaqueta.

-Vamos, hermanita… se nos hace tarde-dijo Narcisa con voz cantarina.

-Si, pequeña, date prisa-dijo Bellatrix con aires maternales.

Nathaly sonrió tratando de contener un bufido.

Sus hermanas eran… tremendamente… estúpidas; pero no las culpaba; pues ella actuaba como ellas.

Durante las vacaciones se trataban como hermanas del alma, actuaban como niñas dulces, cariñosas; pero en el colegio… Bellatrix era una borde, la reina de su pandilla; una busca bullas y una autentica maestra de tortura. Y Narcisa, se ocupaba de conseguir lo que su hermana quería, usando sus atributos y su fría inteligencia.

Y Nathaly; por qué no, se volvía una rebelde sin causa, dulce y cariñosa; y al mismo tiempo una gata fiera. Durante aquellos dos años, había forjado un carácter muy fuerte; que nadie doblegaba; ni siquiera el látigo de su padre.

Y no sólo su carácter había cambiado, en aquellos dos años; si no que también su cuerpo; pues de ser una niña flacucha y prácticamente plana; había pasado a ser la mejor formada de las tres.

Bellatrix, con su cabello negro y rizado, era hermosa; con los ojos negros y fríos; y un cuerpo escultural; tenía un pequeño defecto. Era demasiado ancha de caderas.

Narcisa era rubia, y tenía el cabello liso, por la cintura; y unos ojos azules muy claros, que adornaban su rostro angelical.

Tenía una constitución frágil que le hacía parecer indefensa; lo que le venía a pelo para sus propósitos.

Nathaly; con el cabello ondulado, que había sacado de Andrómeda (de lo que estaba muy orgullosa) y sus ojos verdes azulados, las dejaba muy atrás; pues tenía aspecto de súper modelo, lo que provocaba que su primo Regulus perdiese la concentración cuando la veía.

Piernas esculturales, caderas contorneadas, cintura estrecha y pecho generoso, hacían que medio Slytherin babease por ella.

Y ser de buena familia hacía el resto. A pesar de vestirse como una bazofia para que los chicos no se fijasen en ella.

Desde que la habían adelantado de curso, sus hermanas no se despegaban de ella ni para ir al baño; y aquella costumbre, muy molesta, por cierto, le entorpecería la tarea que le había encomendado su tío Alphard.

Ya habían llegado a la estación; y ella miró en todas direcciones, en busca de su primo Sirius, para darle la bolsa de oro y verlo. Sólo verlo y que le sonriese bastaría para hacer que el martirio de su vida se hiciese más llevadero. Su fuente de inspiración…

Pero sus hermanas, cuando la vieron mirar en todas direcciones, la agarraron cada una por un brazo y la metieron en el compartimiento de Slytherin.

-Por favor… mira que sois idiotas-dijo ella soltándose.-¿Qué pensáis¿Qué me voy a escapar?

-No… pero tenemos órdenes de cuidar de ti… y eso haremos-le espetó Bellatrix.

-Hermanita-dijo con retintín-Sé cuidarme sola.

-Tu espalda no dice lo mismo cuando papá te cose a latigazos.-le dijo Narcisa burlona.

-Cissy, cierra el pico si no quieres probar un puñetazo Black.

-Joder, enana, cállate-le espetó Bellatrix sentándose al lado de su novio, Rodolphus.

-No me quiero callar-dijo ella abrochándose un botón más de la chaqueta negra y enormemente ancha que llevaba; pues Anthony Dolohov estaba mirando a un lugar que no debía.

-Aquí se hace lo que manda tu hermana-le dijo Walden McNair.

-Vosotros, pandilla de perros rastreros, hacéis lo que manda Bella; pero yo… hago lo que quiero-le espetó.

Todos sonrieron condescendientes, como si creyesen que al ser más pequeña tenía derecho a despotricar.

-Te he dicho que te calles-le gruñó Bellatrix con ojos peligrosos.

-¿Y si no me callo¿Qué me harás¿Pegarme?-preguntó Nathaly con una sonrisa burlona.

Bellatrix se puso de pie y sacó la varita.

-Haré que te calles a maldiciones-dijo.

-Está bien… quieres que te haga quedar mal…-dijo Nathaly levantándose, con una sonrisa condescendiente.

-Oppugno-gritó la morena, haciendo que el baúl de Walden volase hacia Nathaly.

La rubia se echo a reír.

-Repulso-murmuró apuntando al baúl, que fue de rebote hacia Bellatrix.

Su hermana la miró con rabia; pero ella no se hizo esperar.

-Relaskio-dijo, y Bellatrix fue empujada hacia atrás por una corriente de aire.

Arrogantemente, se cruzo de piernas.

-Serpensort

-Palalingua-dijo Nathaly con una sonrisa.

La lengua de Bellatrix se pegó a su paladar y no pudo terminar de decir el hechizo.

Nathaly la miró burlona.

-Impedimenta-dijo luego, haciendo que su hermana se quedase inmóvil en su asiento.

La rubia esbozó una sonrisa.

-¿Alguien más quiere?-preguntó con una ceja alzada mirando en torno.

El resto del viaje transcurrió, más o menos tranquilo; sin incidentes.

Nathaly no podía evitar que la chaqueta se pegase a su cuerpo; revelando sus formas; y haciendo que Regulus la mirase boquiabierto.

-Por favor, Regulus, cierra la boca… o te entrarán moscas…

Bellatrix la miró furiosa.

-¿Por qué tienes que molestar a Reg?

Nathaly puso los ojos en blanco.

-¿Por qué coño me tiene que mirar las tetas?

-Por qué las tienes-dijo Walden mirando hacia ellas.

-Pero eso no os da derecho a mirarla como si fuese un pedazo de carne-dijo de pronto Severus Snape.

-Gracias, Severus.

El chico inclinó la cabeza.

-Más vale que os cambiéis… estamos llegando al castillo.

En la mesa de Slytherin, Nathaly trataba de ver a su primo en la de Gryffindor, entre las cabezas de los alumnos de Hufflepuf y Ravenclaw.

No lo distinguía… pero debía encontrarlo… darle el recado de parte de su tío.

Al acabar el banquete de bienvenida, el grupito de Bella salió del gran comedor; y Nathaly, obligada, fue con ellos.

Bellatrix caminaba del brazo de su novio, Narcisa de la mano de Lucius Malfoy, y Nathaly, rodeada de los amigos de su hermana.

Regulus, Anthony, Rabastan, el hermano de Rodolphus, Walden, Barty Crouch y Severus Snape.

Barty y Severus eran los únicos que no la trataban como a un cacho de carne; y eran… dentro de la indiferencia, sus mejores amigos.

De pronto Bellatrix se detuvo, al cruzarse con una pelirroja de Gryffindor.

-Eh, Evans… no te escaquees, sangre sucia.-le dijo sacando la varita; se volvió a los demás.-Vamos a divertirnos un rato con ella, chicos.

La chica pelirroja sacó su varita, al igual que todos los demás.

Nathaly vio en ella el valor de Gryffindor que había tenido Sirius… el que ella había aprendido a tener.

Sacó su varita y se plantó delante de su hermana, entre ella y la chica Gryffindor, ganándose una mirada sorprendida de parte de la pelirroja.

-Bella… estaos quietos-avisó.

-Nathaly… de verdad que eres ilusa… sois dos contra once… ¿crees que tienes posibilidades?

-Yo siempre tengo posibilidades.

-¿Vas a luchar al lado de una Sangre Sucia?-preguntó Narcisa con asco.

-Voy a ser fiel a mis principios-dijo-Y si tengo que partiros los dientes… lo haré-gruñó.

-No te pelees con ellos-le dijo la pelirroja con suavidad.-No merece la pena.

-Si que merece la pena… no son superiores a ti…

-Si lo somos, Nathy, no mientas-dijo su primo Regulus acercándose a ella.

-Ni un paso más, Regulus-advirtió la chica.

El moreno no le hizo caso.

Le pasó un brazo por los hombros.

-Preciosa… tranquila… sólo nos divertiremos un rato con ella-dijo con suavidad-y luego tú y yo…-le tocó un pecho con suavidad.

Aquella fue la gota que colmó el vaso.

Olvidándose de la varita, le incrustó el puño izquierdo a Regulus en la nariz.

Su primo la miró con desprecio.

-Serás jodida… maldita zorra… me hiciste daño…

-No es problema mío-le espetó con fiereza.

-Ya basta de juegos-dijo Bellatrix autoritaria-Nathaly, apártate.

-No quiero.

Su hermana alzó la varita; pero una voz le hizo detenerse.

-¿Alzas la varita contra tu propia hermana? Bella-dijo una voz suave, grave y sensual.

Aquella voz… hacia dos años que no la oía.

Nathaly se giró en seco, y vio a Sirius Black, su primo, caminar hacia ellos, con una chica de pelo castaño y ojos azules asida de la cintura; acompañado de un muchacho de pelo negro muy revuelto y un chico de andares desgarbados, rubio oscuro. Con ellos venía un chico regordete de andares inseguros.

-Sirius-dijo Bella con frialdad.

Nathaly sintió una punzada de celos de la chica que iba con Sirius.

Era guapa, para qué negarlo; y tenía buen cuerpo; y al parecer no se preocupaba por pillar un constipado; porque tapaba lo indispensable.

Pero de quien no pudo apartar los ojos fue de Sirius.

Sus ojos eran más azules que en sus recuerdos, su cabello negro más largo, lacio, y su cuerpo… su cuerpo… era el de un bateador de Quidditch.

Reprimió un suspiro y esbozó una sonrisa.

-Nathaly… hace siglos que no te veía.

-Exactamente dos años y tres semanas-dijo ella con una sonrisa.

De pronto, Bella la agarró de un hombro y se puso delante de ella, como queriendo protegerla de Sirius.

-Deja a Nathaly en paz… ya has sido mala influencia para ella durante mucho tiempo-le espetó.

-Pero al parecer vuestra "buena para nada" influencia no ha hecho efecto… de hecho estaba defendiendo a Evans…

-Le llenaste la cabeza de pájaros-acusó Narcisa poniéndose a la par de su hermana.

Nathaly, harta de aquello, empujó a sus hermanas, y pasando por entre ellas se colocó de espaldas a Sirius, encarándolas.

-A ver si entendéis que yo no actúo por lo que Sirius hizo… actúo por lo que yo creo… y a ver si entendéis de una vez que ella-señaló a la pelirroja-no es inferior por ser hija de muggles.

-¡Estás loca!-le espetó Bellatrix.

-Joder, Bella, vete a la mierda-le dijo Nathaly saliendo con paso rápido hacia su sala común.

Caminaba furiosa… muy furiosa.

Furiosa con la humanidad por no otorgarle la magia a todo el mundo.

Furiosa con su familia, con sus estúpidas creencias.

Furiosa con la chica que acompañaba a Sirius.

Furiosa con Sirius por tener semejante cuerpo.

Y sobre todo, furiosa consigo misma; por vestirse como se vestía… ella tenía mejor cuerpo que aquella chica…

Cuando llegó a su dormitorio se paró.

No… no… aquello no…

No podía estarle pasando aquello…

No podía desear ser un cacho de carne para que Sirius, su primo Sirius se fijase en ella… no podía… eran primos…

"Pero para ti es más que un primo"dijo la molesta voz de su conciencia.

Y lo era… desde pequeña, siempre había buscado excusas para estar cerca de él. Porque… con su sonrisa y su rebeldía, su valor, sus ideales… había logrado convencerla de que era posible cambiar las cosas… de que si uno cree lo suficiente en algo… puede ocurrir.

Y ella había creído que podría ser algún día para él, algo más que su prima pequeña.

Él le había enseñado a luchar por sus sueños; y ella siempre obedecía a su maestro.

-¿Evans?

-¿Qué Potter?

-¿Te hicieron algo?-preguntó preocupado.

-No… es que esa chica… venía con ellos; pero se puso a defenderme… como si se le fuese la vida en ello…

-¿La conoces, Sirius?-preguntó James a su amigo.

-Es mi prima pequeña-murmuró.

Su prima pequeña.

No podía creer cuanto había cambiado la pequeña Nathaly en aquellos dos años que no se habían visto.

Pero aunque siguiese siendo plana y delgaducha, el la adoraría igual.

Jamás había visto a nadie con tanta mala leche como ella; al gritarles a sus hermanas.

Bueno, en realidad si, porque Lily Evans les gritaba lo suyo a él y a James… pero su prima tenía fuerza… carácter… era una Black.

Una Black que estaba buenísima…

Sacudió la cabeza tratando de alejar aquellos pensamientos de él… de convencerse de que era sólo su prima… pero aquellos ojos enfadados, aquellos pechos que parecían querer escaparse del uniforme; aquellas piernas torneadas… aunque sólo se le viesen hasta la rodilla.

Se metió en la cama…

No podía dejar de pensar en su prima… era superior a sus fuerzas…

Cerró los ojos, y vio los suyos… empañados en lágrimas… aquella tarde, dos años atrás… cuando la había abandonado…

La había dejado en aquella casa… a su suerte…

Se había sentido miserable, todas las noches desde entonces… y había pensado en ella… en sus ojos llenos de lágrimas… tratando de olvidarlos… de olvidarla.