A algunas personas les costaba levantarse y remoloneaban en la cama.

Algunas personas despertaban de mal humor y enfurruñadas.

Y luego estaba Gellert Grindelwald, cuyos planes de genocidio más macabros se le habían ocurrido sin siquiera haber salido de la cama.

—Gellert, cariño, llevas más de dos horas durmiendo —anunció la anciana dulcemente, golpeando la puerta del cuarto del muchacho rubio. Él entreabrió los ojos y luego volvió a clavar la cara en el cojín esperando que ella entendiera que si no obtenía respuesta era para que se largara.

—Sé que el viaje ha sido cansado y la tía no te despertaría pero es que si no esta noche no dormirás —insistió la mujer. No hubo reacción por parte del chico.

—¿Por qué no te vistes y sales a jugar un rato a la calle hasta que anochezca? —le propuso ella, luego esperó unos instantes—. ¿Gellert?

Él frunció el ceño aún sin abrir los ojos. ¿Qué saliera a jugar le había dicho? ¿qué se creía qué tenía? ¿cinco años?

—Estoy despierto —dejó claro a regañadientes mientras cambiaba de postura en la cama.

—De acuerdo, la tía no te molesta más. Pero vístete y sal a jugar, anda, cariño —insistió ella—. Además, en unos minutos estará aquí Miss Prewett, una amiga de la tía y no querrás que te encuentre en pijama. ¿O sí?

Gellert levantó las cejas, eso lo explicaba todo.

Veinte minutos más tarde bajó al salón de casa de su tía.

—Créeme, Bathilda —expuso una voz chillona de mujer anciana. Gellert la podía oír desde las escaleras, supuso que sería Miss Prewett—. Kendra podía ser una persona excelente y haber criado a sus hijos para que se convirtieran en hombrecitos pero aún son unas criaturas. ¿Qué edad tienen? El mayor debe tener la edad de tu sobrino.

—Sí, ya lo sé. Creo que en realidad es un año mayor que Gellert —respondió Bathilda Bagshot—. Se me parte el corazón, esa pobre chiquilla, Ariana…

—Y el mediano siempre ha sido un crío problemático—reiteró la voz de la otra señora—. Lo que yo te diga, lo mejor que podría pasarles es que el mayor consiguiera una buena moza para que se hiciera cargo de todo, los hombres nunca serán capaces de llevar una casa como es debido.

—Ah, querido ¿ya te has levantado? —preguntó Bathilda a su sobrino cuando entró por la puerta. Él se esforzó para contener la sarcástica subida de cejas que evidenciaba lo obvio de la pregunta.

Las dos ancianas estaban merendando frente a la chimenea apagada y llena de fotos, se sentaban en sendas butacas floreadas.

—¡Pero cuanto has crecido! —exclamó la otra anciana mirándolo.

Dejó la tacita de té que sujetaba en las manos sobre el platito, al lado del de las galletas y se volvió a su amiga.

—Y qué guapo. Es todo un caballerete, Bathilda —regresó a la vista a él—. Seguro que debes traer de cabeza a todas las muchachas —añadió mientras Gellert hacia como que sonreía a la vez que se alegraba de estar lo bastante lejos para que sus mejillas permanecieran intactas.

—Tía, voy a salir un rato a dar una vuelta hasta la hora de la cena —anunció el muchacho en un tono ligeramente más inflexible de lo que cabía esperar.

—Oh, espera un momento por favor —pidió su tía levantándose para irse a la cocina y dejándolo solo con la otra mujer.

Debía tener unos cincuenta años, era mayor que Bathilda, tenía el pelo de un perfecto color rojo que Gellert dudaba mucho que fuera natural y usaba un sombrero demasiado recargado para ser cómodo.

—¿Sabes? La última vez que te vi todavía te escondías tras las faldas de tu madre mirándome con esos enormes ojos oscuros... No puedes hacerte una idea de lo que costó convencerte de que me dieras un beso —recordó la mujer riendo alegremente y mirando al chico—. Y ahora viajando solo... ¿Qué edad tienes ya?

—Dieciséis, señora —respondió él escuetamente.

—Dieciséis —repitió ella—. La más pequeña de mis hijas, Bridgett, tiene solo dos años menos que tu. Muriel uno más que tu y Charlie cinco más. Que mayores os hacéis y nos hacéis a los demás.

—¿Podrías, querido, llevar esto a los vecinos? —preguntó Bathilda Bagshot entrando de nuevo con un plato tapado con un trapo de cocina.

Gellert interpretó su sinfonía "poder podría, igual que podría meterme una piña por el culo" en ceja levantada, cosa que Bathilda ignoró.

—Es la casa blanca de aquí al lado —indicó ella—. Es que he hecho un poco de pudding de riñones y ellos… bueno, pregúntales si lo quieren.

—Quizás se lleven bien, los chicos necesitan a otros muchachos de su edad… —comentó Bathilda Bagshot a su amiga cuando su sobrino ya había cerrado la puerta.

—Una buena moza, lo que yo te diga. Quizás podríamos organizar una merienda —respondió Miss Prewett levantando una ceja y tomando un sorbo de su tacita de té.


Miss Prewett es uno de esos personajes feos que me gustan, es familia de Molly Weasley, (su abuela. Su hijo, Charlie sería su padre y Muriel, sería la tia abuela desagradable).

Gellert simplemente es Gellert.

¿Alguien no está de acuerdo?