II. Despertando en el pasado

La cabeza le daba vueltas, su cuerpo estaba entumecido del dolor, sintió un paño frío en la frente y su cabeza empezó a estabilizarse. Escuchó un sonido suave, que poco a poco reconocía como una canción de cuna. Una que le cantaba de niña, su madre.

– ¿Mamá? –preguntó, con un hilo de voz– ¿mamá, eres tú?

– ¡Ginny! ¡Hija, al fin despertaste! –exclamó, mientras la abrazaba–. Nos tenías tan preocupados por ti, ¿estás bien? ¿No te duele algo?

– Mamá me haces daño– se quejó la pelirroja, mientras abría los ojos y lo que vió la dejó petrificada.

Su madre que era una mujer de unos 55 años en su tiempo con unas canas en el cabello y había envejecido por la tristeza de perder a sus seres queridos, ahora era una mujer madura y fuerte como ella la recordará, e incluso más alegre.

–Mamá, ¡estás tan joven! –se sorprendió – ¿Cómo puede ser esto? – pensó, tomándose la cabeza–. Tal vez aún estoy aturdida–. Miró a su alrededor, estaba en una fría y oscura habitación, que sólo estaba iluminada por una pequeña lámpara de noche.

–Niña, ¿qué dices? –le dijo con las mejillas coloradas –. No estoy tan joven como tú– se levantó y se dirigió hacia la puerta –. Voy avisarles a los demás que haz despertado, han estado muy preocupados por ti.

La señora Weasley se fue, dejando a Ginny sola y aturdida. Cerró los ojos y se frotó las sienes. La cabeza aún le dolía y la luz que brilla le dañaba los ojos.

– Todo es tan extraño; – pensó– un segundo estaba frente a ese extraño espejo y un segundo después aparezco en esa habitación encontrándome con mi madre mucho más joven, es tan extraño, tan…

Se sentó de golpe. Ahora lo recordaba; el espejo, la luz brillante que la envolvía, la voz del espejo diciendo que le cumpliría el deseo de su corazón. Pero aquello era totalmente imposible, ¿o no? Sé racional, Ginny, un espejo por muy mágico que sea, no cumple deseos; pero, ¿y lo de su madre? No, era obvio que con tan poca luz ella había creído ver a su madre más joven, era error común, un error que le pasa a cualquiera podría pasarle. Porque era total y completamente imposible que…

– ¡Ginny!– gritó una voz de chica y antes que pudiera reaccionar, estaba siendo abrazada- ¡Ginny, qué alegría que despertaste!, ¿cómo estás?, ¿tienes hambre? , ¿Te sientes bien? – la bombardeó con preguntas, mientras le revisaba el cuerpo, buscándole alguna herida.

– ¡Hermione! – Reprochó un joven pelirrojo que no era otro que Ron– no marees a mi hermana con tus bobas preguntas.

– No son bobas, Ronald–le contradijo irritada–. Además, yo si me preocupó por Ginny.

– ¿Acaso crees que yo no?

– Pues no lo parece

– ¿Qué dijiste?

– ¡Basta! –Terció una tercera voz en el umbral– ¡Estoy cansado de sus peleas!

Ginny alzó la mirada y sintió que su corazón se detenía por un segundo. Allí parado en el umbral de la puerta, estaba Harry Potter de 15 años, con el cabello negro desordenado, sus lentes redondos y con expresión exasperada.

– No se dan cuenta que Ginny acaba de despertar– cruzó la habitación, ante la atenta mirada de Ginny, se sentó en la cama de Hermione– ¿te encuentras mejor? –le preguntó con gesto preocupado.

Ginny no sabía que decir. Allí sentado a sólo unos escasos centímetros de ella, después de no verlo en 7 años, estaba Harry, su mente estaba en blanco y sentía que las manos le sudaban. Ella simplemente no podía dejar de mirarlo. Su primer impulso hubiera sido caérsele a besos, pero ella no podía hacer eso, porque después de todo ellos ahora eran simplemente amigos. –Reacciona– se dijo a sí misma – no te quedes mirándolo como idiota ¡Reacciona, Ginny!

– Yo… –pero las palabras no le salían, por la atenta mirada de Harry–…yo–intentó una segunda vez pero esta vez fue interrumpida por fuerte "plop" y antes que pudiera darse cuenta estaba siendo abrazada por los gemelos.

– ¡Ginny! –Exclamaron los gemelos al unísono y la abrazaron aún con más fuerza, –perdónanos, fue sin malicia, perdónanos.

–Chicos, por favor – jadeó sin aliento – no puedo respirar.

– ¡Ah! Lo Sentimos –dijo Fred y la soltaron avergonzados y se sentaron en su cama.

Entonces, Ginny reparó en Fred y se abrazó a su cuello – ¡Fred! –exclamó con voz amortiguada por la ropa del chico y unas lágrimas empezaron a salir. – Fred no sabes cuánto te extrañe con tus bromas y tus chistes tontos.

–Ginny, ¿qué te pasa? –preguntó Fred con temor

–Tal vez sean los medicamentos–opinó George, preocupado también.

Todos se le quedaron mirando con sorpresa, Ginny, recordó que ahora, ella tenía 14 años y se suponía que no podía abalanzarse sobre Fred, así como así.

–Je, je–rió Ginny con nerviosismo, mientras se pasaba las manos por el cabello– creo que fue por la emoción.

Pero, antes que alguien pudiera replicar, la puerta se abrió y por ella entró el señor Weasley ansiosamente y detrás de él, la señora Weasley. Apenas la vió corrió a abrazarla.

– ¡Papá!–exclamó con una sonrisa y sintió su hombro húmedo, se separaron y la pelirroja notó un rastro de lágrimas en el rostro de su padre. Pero, ¿qué? ¿Por qué todos me abrazan y se alegran de que este bien?

–Hija, acaso ¿no recuerdas que te hicieron este par de irresponsables? –preguntó el señor Weasley, señalando a los gemelos, que bajaron la mirada avergonzados

–Bueno, no preguntaría si supiera la respuesta, ¿verdad?

– ¡Ginny! No respondas así a tu padre

Ginny resopló.

–Lo siento, papá pero no puedo entender porque dan tantas vueltas y no me explican lo que sucedió.

– ¡Fred! ¡George! Porque no le explican a su hermana

Todos voltearon a ver a los gemelos, la culpabilidad y la vergüenza era palpable en el ambiente.

– Bueno, verás…–comenzó Fred– nosotros en verdad… –siguió George.

La señora Weasley les lanzó una fría mirada y Fred, tomó aire y empezó a contar lo sucedido:

-flashback -

Fred y George estaban sentados en un rincón de su habitación con unos doxys en las manos.

– Hermano, son muchos, ¿qué hacemos con ellos?–preguntó George, examinando un doxy negro y muy grande, – ¿no crees que mamá podría darse cuenta?

– Lo dudo, hermano, ella está muy ocupada por la Orden y que Harry no escuché nada y dame ese–dijo quitándole el doxy, –este podemos vendérselo a Mundungus

– ¿Tú crees? a mí me parece peligroso

–Bueno, mientras más peligroso mejor, ¿crees que nos diez sickles por él?

– ¿Y qué es eso eh? – pregunta una voz, los gemelos alzan la mirada y se encuentran con Ginny que había entrado sigilosamente a su habitación.

–Nada, que te importe, enana–dijo George escondiendo los doxys en una caja

– A mí me parece que sí– replicó ella, cogiendo la caja de un extremo

– Y a mí que no–le siguió George, jalando la caja de su extremo

– Pues, sí

– Pues, no –le siguió Fred, jalando junto con George

– Sí

– No– dijeron al unísono, pero jalaron tan fuerte la caja que está se elevó en el aire y todos los doxys cayeron al suelo, excepto uno.

– ¡Ay! –se quejó Ginny, y un doxy grande y negro cayó de su mano y se escondió en un rincón–. Ese doxy me mordió.

.

-fin del flashback-

– Y entonces te desmayaste, mamá te roció el spray, pero aún así no despertaste, hasta ahora–finalizó Fred el relato.

Todos se quedaron en silencio, Ginny se quedó mirando el dorso de su mano entre el pulgar izquierdo y el índice donde se notaba una pequeña cicatriz que le había dejado la mordida del doxy.

Las cosas empezaban a cambiar, incluso desde el inicio.

Notas del autor:

1. Bueno, aquí estoy con el segundo cap., sólo quería darles las gracias por los rewiev dejados que me motivan a escribir.

2. Sólo quería aclarar porque Ginny estaba así como así y porque todos estaban preocupados por ella.

3. Es el inicio del camino de Ginny, las cosas serán muy parecidas pero distintas entre sí.