PROYECTO VERSALLES
Capítulo 2
La cabeza le pesaba y a través de sus párpados la luz la cegó. Abrió un ojo intentando recordar dónde estaba. ¿Dónde estaba? La habitación tenía una decoración moderna: paredes blancas, un aparador de aluminio, estilo minimalista y en colores negro y naranja flúor, las aberturas grandes con cortinas casi trasparentes… y corría un aire delicioso.
¿Dónde estaba?
Giró la cabeza en la mullida superficie y se encontró de lleno con un par de labios a milímetros de los de ella.
Pertenecían al tranquilo rostro de Ariel acunado por el sueño.
Dio un respingo y se sentó de un salto.
Había estado durmiendo en un sillón. De hecho toda la banda estaba durmiendo en… ¿la sala de estar?
Fabrizio dormía despatarrado con el torso sin camisa en el frío suelo y las piernas sobre la mesa ratona. En un sillón simple, roncaba Axel, sentado con la cabeza hacia atrás. Y en el sillón largo, como si hubiese caído desmayado en él, boca arriba, yacía Christian.
¿Y que hacía ella ahí?
Se miró la ropa. Llevaba una musculosa negra gastada y unos joggins anchos y negros viejos. Eso no era lo que Lucke le había obligado a usar la noche anterior ¿Por qué estaba vestida así? Y lo más importante ¿quién la había cambiado?
¡¿Y por qué no recordaba nada?! Estaba empezando a hiperventilar…
¡Genial! ¡Pasaba un día con una banda y ya había participado de una orgía! ¡NO! ¡no no no no no no no no no no! ¡Tenía que haber otra explicación!
Quiso salir de ese círculo de chicos por arriba del sillón, tropezó con el respaldo y cayó como un costal de papas. Espió por arriba del respaldo que ninguno se hubiera despertado por el golpe.
Lo más sigilosamente que pudo, salió gateando del salón y no se detuvo hasta llegar al jardín.
Tenía que ser un sueño… ¡Sí! ¡Seguro que era eso! Se había vuelto a tropezar con la alfombra persa del recibidor en casa de su madre, había caído y había perdido el conocimiento…
Comenzó a sonreír con los ojos cerrados, aliviada: seguro que en unos momentos su Ángel de la guarda Miguel entraría en su cuarto para despertarla e invitarla a desayunar…
—…¡Café con leche y medialunas rellenas de dulce de leche! —¡Ya estaba salivando con solo imaginarlo!
—Creo que podíamos comprar de esas. Entonces ¿ya has tenido la oportunidad de probar el dulce de leche?
Marie Ann se sobresaltó cuando esa voz disipó lo que no era más que una fantasía para evadir la realidad: No estaba en casa, ni se había accidentado; desgraciadamente había sido engañada por Julia y ahora se veía obligada a convivir ¡con una banda de rock!
—Veo que ya te levantaste —continuó Axel con su acostumbrada sonrisa. Mientras hablaba le ponía la cadena a su perro Bonito—, a pesar del estado en que te encontrabas anoche.
—Eh… sí… ¿Anoche? —preguntó temerosa.
—¿De verdad no recuerdas…?
Y con un flash segmentos de lo que había ocurrido retornaron a trompicones a su cabeza: Cayó del balcón… y alguien sujetaba fuertemente su tobillo bajo el agua.
—¡Me caí a la pileta!
—¿Caíste? ¡Creí que estabas imitando a Pocahontas al tirarse de la cascada! —él se rió— El tul de tu vestido se atascó en la rejilla y tuve que soltarte.
—¡Oh, my…! ¡¿Casi me ahogo?! —chilló alarmada haciendo que Bonito se pusiera a ladrar, tirando de Axel hasta ponerlo de pie.
—¡Eh, tranquilos! —miró a Marie Ann— no tienes de qué preocuparte. Estabas nerviosa, bebiste…
—¡Yo no…!
—…Estábamos allí para ayudarte…
"Estábamos allí para ayudarte… ayudarte… ayudarte…" ¿Por qué eso le sonaba taaaaaaaan mal?
De un salto ella se apartó cruzando los brazos frente a su pecho.
—¿Quién… quién me cambió la ropa? —preguntó mirándolo fijamente.
La sonrisa de Axel se congeló y en lo que tardaba en responder, Marie Ann se sentía desfallecer. Todo parecía haberse paralizado. El silencio era absoluto y en vez de ser roto por el cri-cri de un grillo, se oía el cantar de las cigarras.
—¡JAJAJAJAJAJAJA! —estalló él en carcajadas, tan fuerte que Ainara dio un respingo— ¡Qué mal pensada eres, Marie Ann! Fue Julia, por supuesto. Aunque no pudo sacarte el maquillaje ¿Qué usas? ¿Convertidor de óxido negro? ¡Ay, Dios! Si que eres más divertida que Tonia ¡JAJAJAJA!
Marie Ann fue bajando los brazos…
—Entonces… ¿por qué estábamos todos en la sala?
—¡Oh! Los técnicos debieron tocar algo en la instalación eléctrica del aire acondicionado y el de la planta alta ha dejado de funcionar… la sala era el lugar más fresco…
Ella suspiró aliviada mientras se llevaba una mano al corazón intentando calmarse. ¡Claro! ¡Por supuesto que había una explicación lógica para eso!
—¡Qué tonta! Jajajaja —se rieron juntos— ¡Discúlpame! Yo pensé…
—…Sí…
—…¡Ya ves! la ropa….
—¡Jajaja!…
—…y ustedes estaban allí… ¡qué tonta!
—…¡JAJAJA!
—¡JAJAJA!
Axel suspiró mientras se secaba las lágrimas de los ojos:
—Pero deberías disculparte con él por lo "otro" —dijo repentinamente serio mientras abría la reja de la calle— No quisiera estar aquí cuando despierte ¡Vamos, Bonito!
—Wait! What?! ¡¿Qué, qué?! ¡Axel!
Pero el chico ya se había ido.
Marie Ann volvió a angustiarse ¿Qué había hecho para molestar… a quién?
Volvió con pesar hacia la casa y al tener la cabeza en la luna se chocó contra algo… o alguien que no llevaba camisa…
—Buongiorno, principessa! —la sonrisa de Fabrizio no era nada tranquilizadora. Julia le había dicho literalmente que por naturaleza él estaba detrás de todas las mujeres y cualquier otra cosa del género femenino. Marie Ann esperaba que hubiera exagerado porque los chicos así la ponían muy nerviosa.
—Bue… buenos días, Fabrizio.
—¿Has dormido bien? —él avanzó un paso y ella retrocedió.
—Ah… yeah… —retrocedió, él avanzó con lento paso de un gato a punto de saltar sobre un ratón.
—¿No me darás los buenos días? —su sonrisa se ensanchó.
—Creo… creo que ya te los di.
—¡En mi país nos saludamos así! —y acortó las distancias en un santiamén abrazándola contra su pecho desnudo. Ella se quedó petrificada, los brazos estáticos a los lados y los ojos muy abiertos por la sorpresa.
Al cabo de unos segundos la soltó. Marie Ann parpadeó perpleja porque no estaba acostumbrada a esas demostraciones de afecto.
—Ah… —suspiró él. Parecía decepcionado, pero su sonrisa no se desvanecía— No se sintió como suponía. Ayer estabas muy animada, amore mio.
—W…what do you mean?
Él le pasó el pulgar bajo el costado izquierdo del labio inferior. Marie Ann se alejó: por lo repentino del movimiento y porque al tocarla le dolió. Se había lastimado.
—¡Ayer estabas tan apasionada!
Tuvo otro flash revelador: la estaban ayudando a salir de la pileta. Debía estar muy pesada con todo el agua que había absorbido el vestido (sí, claro…) porque estaban colaborando al menos dos personas con sus brazos desde la orilla y otras dos desde el agua tomándola de la cintura (y de la cola, aunque le avergonzara reconocerlo). Cuando estuvo afuera resbaló, empujó y cayó sobre uno de los que sostenían sus bazos…
Luego recordaba una suave textura bajo sus labios y un cálido aliento contra su mejilla…
—¿No estarás diciendo que yo…? ¿Qué yo…? —se tapó la cara con ambas manos— ¿te he besado? —dijo en un medio murmullo medio llanto.
Él se puso serio y la miró extrañado.
—¡Marie Ann! ¡Por supuesto que no! ¿En qué estás pensando?...
Ella soltó un resoplido de alivio mientras volvía a reírse como estúpida ¿es que querían matarla de un infarto? ¡Estaba mezclando su imaginación con lo de la noche pasada!
—…Si me hubieras besado a mí lo recordarías… en cambio el otro debe estar muy enfadado ahora que lo pienso. Deberías disculparte. ¡Suerte con eso! Voy al baño ¿desayunamos juntos?
Y se fue sin más dejándola al borde de la histeria.
¡Oh, no! ¡Oh, nononononononononononononono! ¡NOOOOOOOOOOO!
¡¡HE BESADO A ARIEL!!
¡Oh, por Dios! ¡¿Por qué Dios no se apiadó de ella y dejó que se ahogara?!
Al final, queriendo ayudar a Ariel se había metido en más líos de lo que se pudiera imaginar. Había besado al mejor amigo de su hermano ¡Qué vergüenza! Se le subían los colores de sólo imaginarlo. De repente sentía mucho calor.
Suspiró resignada. Era momento de enfrentar lo inevitable…
Entró a la casa y anduvo un rato. De afuera, la casa no parecía ser muy grande, pero por dentro con tantos desniveles, escaleras y corredores, parecía un enorme laberinto.
Al fin dio con la cocina y halló a Ariel dándole la espalda. Lo observó mientras este terminaba de calentar una jarrita.
—No te quedes ahí. Tal vez tengas hambre —Marie Ann dio un respingo al oírlo hablar ¿le hablaba a ella? — Te he visto por el reflejo del acero —le sonrió mientras se daba la vuelta y se aproximaba al desayunador— No sé que es lo que acostumbras a tomar por las mañanas. Pero ¿podrás tomar algo?
¿Bromeaba? Si no estuviera preocupada por las consecuencias de ese maldito beso accidental ya estaría hurgando en la cocina para comer algo ¡Lo que fuera!
—Mmmm… Yeah, but…
—¿Café con leche estará bien?
Ella sonrió, pero por dentro estaba angustiada por la vergüenza que le iba a dar para pedirle perdón por lo de la noche pasada.
—It's Ok —se sentó—. Ariel, I…
—Como recibimiento creo que te gustará comer facturas. ¿Has probado las facturas de aquí? No digo que sean mejores que las de otros países, si no que son diferentes. Acá tienen dulce de leche.
¡Dios, Ariel! ¡¿Por qué se lo ponía tan difícil?!
—Creo que prrrrobaré una… pero antes tengo que hablarrr contigo.
Mientras hablaba él sirvió en cada taza el líquido caliente y le acercó un plato con los dulces prometidos.
Él bebió de su taza.
—I… Lo que ocurrió ayer… yo, no soy así en absoluto… no acostumbro a hacer esas cosas…
Él dejó de beber y se pasó la punta de la lengua levemente por los labios. Marie Ann sentía cómo se sonrojaba y se moría por dentro de la pena.
—Bueno, no sé por qué te estás disculpando. Es cierto que corriste peligro y fue algo raro de ver, pero estabas nerviosa y bebiste…
—Yo no…
—Y lo demás pues… ocurrió.
—Pero no me gustaría que pensaras… sólo tropecé y accidentalmente caí y de verdad no fue mi intención…
—Lo sé, esas cosas suceden. —le sonrió mientras untaba una tostada con dulce— Anda, come tranquila.
Marie Ann apartó la vista avergonzada porque se había hecho mucho lío por nada. Seguro que él estaba acostumbrado a esas cosas y otras mucho más escandalosas, y ella iba y se disculpaba por una tontería.
Al menos las cosas habían quedado claras entre ellos. ¡Ariel era genial! Una se sentía tranquila y cómoda en su compañía…
Y encima, como si le hubiera leído el pensamiento ¡Le preparó el desayuno de sus sueños!
"¡Te lo devolveré con intereses, Ariel!" le prometió en sus pensamientos.
Iba a darle el primer mordisco a su medialuna con dulce de leche cuando entró Fabrizio.
—¡Eh! No me esperaron… —intentó sonar decepcionado pero lo delataba su buen humor. Abrió la heladera y sacó una jarra de jugo— ¿Y? ¿Ya te disculpaste con Christian?
Marie Ann se detuvo a un milímetro de que su lengua tocara el azúcar impalpable de la factura. La pregunta iba dirigida a ella.
—¿Eh? —la felicidad se le esfumó de los dedos… o era la medialuna que se le había caído de la mano— ¿Por qué… de qué… por qué debería disculparme con él?
—Por lo que pasó anoche, cara mía.
Miró a Ariel.
—¿Quiere decir… que no fue a ti a quién besé? —lo último lo dijo muy bajito.
Él rió. Nunca hubiera llamado a eso "beso".
—No, no fue a mí. Caíste sobre Christian y él fue el que se desmayó.
—¿Se desmayó? —preguntó asombrada— Pero ¿qué comí para que se desmayara?
—¿Comer tú, preguntas? —se rió Fabrizio— Querrás decir: "¿Qué comió el perro?"
—¿El perro?
Y mientras Ariel le contaba lo sucedido, Marie Ann comenzaba a recordar:
—Sólo para aclararnos, te contamos: te caíste a la pileta y saltamos para sacarte, pero el vestido se atoró en la rejilla del fondo. Axel se dio cuanta y lo desató. Christian tiró de ti y salí para ayudarlo a subirte, pero el vestido se había vuelto pesado (además que eras incapaz de ayudar y habías adquirido el peso del plomo) y él también subió para que tiráramos juntos, mientras Fab y Axel empujaban.
"Cuando finalmente te sacamos y creímos que ibas a lograr mantenerte en pie, tropezaste y caíste sobre Christian que intentó atajarte. Y bueno… eventualmente él cayó sobre caca de perro.
—Christian es muy obsesivo con la limpieza —continuó Fabrizio aguantándose la risa— Así que imaginarás el shock que ha sufrido al sentir esa… pastosidad bajo su hombro y cabeza. Para ponerle la frutilla a la torta, te diré que el perro estaba descompuesto.
Y se rió abiertamente.
Ariel negó con la cabeza por lo insensible que estaba siendo su compañero.
—Si quieres disculparte mejor esperes a que se le pasé…
—…uno o dos… años estaría bien… —completó Fabrizio divertido— y aún así no te perdonará ¡JAJAJAJA!
Marie Ann se cubrió el rostro con las manos llenas de azúcar ¡Dios! ¡Que la tierra la tragase!
.
***
Romina era muy madrugadora cuando se trataba de estar al tanto de lo último de lo último de la banda de rock La Rosa de Versalles… y eso era todos los días. No era capaz de despertarse temprano para repasar antes de un examen, pero si le preguntabas con quién se había relacionado a Axel o a dónde había viajado Ariel, te lo podría decir hasta en rimas.
Si una verdadera fanática quería ser la primera en saberlo todo (o una de las primeras) ya no podía recurrir a las webs de los diarios. Ahora lo in era Facebook donde los propios famosos te ponían al corriente de lo que ocurría en su mundo. De hecho los mismos diarios conseguían las primicias de estas redes sociales.
Estaba haciendo su investigación matinal cuando se topó con un video con el título: "Marie Ann, la nueva integrante de LRDV, "se da" la bienvenida"
Curiosa (por no decir recontra-ultra-archi-histérica-entusiasmada como toda buena fan) se puso a verlo.
El video era de una calidad muy baja (seguramente grabado con un celular) en un lugar oscuro. Había un acercamiento a lo que parecía un jardín. Chris y Ariel estaban ayudando a sacar a una mujer de la pileta, mientras Fabrizio y Axel empujaban.
Una vez que estuvo afuera, la chica se arrojó sedienta de más sobre Christian.
"¡Ey, ey! ¿qué estás haciendo? ¡No puedes grabar aquí!" gritaba una mujer mientras cerraba las cortinas del salón.
La imagen se movió un poco y el video terminó.
Romina se quedó por unos segundos con la expresión vacía que tendría una persona a la que unos extraterrestres le hubieran lavado el cerebro.
Sólo por unos segundos…
—¡B R U J A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A!
Y con ese grito el ala destinada a albergar los dormitorios de los cursos de cuarto, quinto y sexto año de la escuela Santa Mónica, fue invitado a conocer el nuevo día.
.
***
—Esto… no pudo haberme pasado a mí.
Christian estaba empezando a hiperventilar. ¡Por culpa de esa mocosa había caído sobre caca de perro!
Cuando después del horroroso episodio, luego de perder el conocimiento, lo habían metido bajo la ducha con ropa y todo, para sacarle la porquería del pelo, y había recuperado la conciencia; y aún así seguía sin poder quitarse la sensación, la textura y el olor de encima.
Y había vuelto a desmayarse.
Así lo había encontrado el día y a pesar de que ya llevaba cinco duchas no podía sacarse esa sensación de los sentidos.
¡Esa mocosa problemática! ¡Sabía que había sido un error desde el principio!
De sólo recordar lo que había pasado le entraban escalofríos y se le estremecía todo el cuerpo.
¡Era momento de tomar otra ducha y vaciarse la tercera botella de alcohol en la cabeza!
Alguien golpeó la puerta.
—¿Sí? —sonaba oscuro y monótono.
El objeto de todos sus males se asomó tímidamente por el pequeño hueco que dejó al abrir la puerta.
—¿Qué estás haciendo aquí? —siseó amenazador— ¡Sal!
Marie Ann tragó saliva. Él tenía un aspecto desastroso: los ojos irritados, la quijada rígida y el pelo todo enmarañado. Su mirada asustaba tanto que evitó hacer contacto visual.
—Vine a disculparrme porr lo ocurrrrrrido ayerr, sir.
—Ahora mismo no puedo verte… tengo que bañarme primero —se volvió hacia el cuarto de baño…
—Entonces, please, acepte esto hasta que pueda perdonarme, sir. —Marie Ann le mostró la bandeja con el café con leche y las tres medialunas que cedió para calmar los ánimos de Christian— ¡Estoy segura de que un buen desayuno lo pondrá de buen humor!
Christian se volvió amenazador.
—¿Crees que puedes comprar el perdón de alguien así como así? —ella negaba nerviosamente, encogiéndose. Él no gritaba pero su voz se oía como cuando viene una tormenta a lo lejos— ¡Encima con lo que has hecho! Desde que te vi sabía que ibas a ser causa de desastres. Y yo nunca me equivoco, la primera impresión es lo que cuenta: ¡Cuando alguien me cae mal, me caerá mal siempre!
—But…
—¡Sal de mi cuarto ahora mismo! —ahora sí había gritado. Marie Ann se encogió con los ojos cerrados y dio un respingo cuando escuchó el estrépito de la puerta del baño al cerrarse.
Bueno, lo mejor era cerrar los ojos y salir de allí antes de que algo la obligara a quedarse y causar otro accidente. Muchos no la comprendían, pero así funcionaba: en realidad no era culpa de ella, sino de una fuerza invisible, silenciosa e inexplicable que la empujaba a crear desastres.
Sí, cómo no…
Se dio la vuelta y estrelló la bandeja y todo su contenido contra alguien que llegaba en el preciso momento en que ella salía.
—Oh, my! I'm so sorry! I'm so stupid! —exclamó angustiada mientras intentaba limpiarle la blusa a la desconocida.
—¡Está bien! ¡Déjalo! —exclamó en un murmullo— ¿Quién eres?
—Soy Marie Ann…
—¡Ah! Así que eres tú… —la inspeccionó de arriba a bajo y Marie Ann se cohibió un poco porque la muchacha era muy hermosa.
Era alta, de piernas esbeltas, delgada y con una hermosa vestimenta (que ahora estaba sucia ¡tonta!), accesorios a juego y un pelo rubio tan desordenado que sólo a una modelo le hubiera quedado bien.
Evidentemente esa chica lo era.
—Soy Yvonne, encantada —sonrió.
—Discúlpame, soy muy torpe —recogió las cosas del suelo y las puso nuevamente en la bandeja.
—No te preocupes, venía distraída. Estaba buscando… el baño.
—¡Oh! Estoy segura de que hay uno por aquí… Creo que sir me lo dijo ayer en la noche… pero no recuerdo.
—¿Christian está en la casa? Hace mucho que no lo veo…
—¡Oh, sí! —apuntó con la cabeza a la habitación por la que había salido— Está en su cuarto ahora mismo… pero está de mal humor; he hecho que se enfadara…
—¡Marie Ann! —gritó Julia de algún lugar de la casa— ¡¿Dónde estás?! ¡Tenemos que alistarnos para irnos!
—Me están buscando ¿quieres que le pregunte dónde queda el baño?
—¡No te preocupes! Ya me has ayudado bastante. —le regaló una resplandeciente sonrisa— Vete tranquila.
Marie Ann le devolvió la sonrisa y fue en busca de la dueña de la voz.
—¿Ya comiste?
—No, aún no… —Julia le sacó la bandeja de las manos y la dejó en una mesa ratona.
La sala estaba llena de gente que pululaba de un lado a otro instalando luces, colocando micrófonos y preparando cámaras.
—Ven, vas a desayunar mientras Lucke te prepara. Tenemos que ir a la discográfica a hacer unos reportajes.
Antes de que pudiera decir nada, Marie Ann fue arrastrada a su cuarto para que el estilista la alistara.
Mientras Marie Ann comía sus preciadas medialunas con dulce de leche, Lucke se movía de acá para allá arreglando prácticamente nada porque no ponía ganas en el trabajo. Suspiraba, criticaba y de vez en cuando se escuchaba el pzz-pzz que hacía del fijador de cabello.
—Realmente, Marie Ann, no sé que hacer contigo… ¿cómo se te ocurrió emborracharte? Te dije que esa droga te iba a relajar… Unos sujetos estaban grabando tu escena en la pileta…
—¡¿Qué?! —se atragantó, tosió y la nariz le quedó blanca por el azúcar impalpable.
—¡Tranquila! Les he quitado sus celulares.
—¡Qué bueno! Si padre se entera de lo que ha ocurrido ayer ¡Me mata!
Lucke prestó atención realmente interesado y las observó a ambas a través del espejo.
—No lo descubrirá… recuerda que eres Marie Ann ahora. Ella es la que se emborrachó ayer en la noche.
—¿Cuántas veces tengo que explicar que no me emborraché?
—¿No? —inquirió Julia divertida.
—¡No! Sólo seguí tus instrucciones: tomé dos comprimidos. Es obvio que era demasiado fuerte para mí…
—Espera, espera, espera ¿dos? ¡Te dije que tomaras uno!
—No, no, no, me dijiste dos ¡Estoy segura! Eran dos de diez miligramos.
—¡No, tonta! Era uno de veinte miligramos ¡Ah! ¡Eres increíble! ¡¿Cómo te has podido confundir en algo así?! Mira si te intoxicabas, Ainara.
El reflejó de culpabilidad de Lucke que Julia vio en el espejo lo delató por completo.
—¡Tú! ¡Lucke, no puedo creerlo! ¡Qué infantil eres!
—Yo no he hecho nada… —se excusó el mientras se apartaba con el spray en alto— ¡Aléjate o disparo!
—Julia, por favor, no vayas a…
—¿Tienes idea del problema en que te meterías si algo le ocurre a esta chica? —avanzó Julia, amenazante.
—¡Por favor! ¡Esta tonta sin sentido de la moda, no vale nada! —presionó el pulverizador del spray y saltó una llovizna de agradable perfume, pero Julia lo apartó con una revista.
—¡¿Nada?! ¡Ya quisieras!
—¡Julia! —Marie Ann habló entre dientes en voz baja. Se interpuso entre los dos— ¡No grites!
—¡Sí, nada! ¡No vale más que mi Tonia!
—¡Tonia, Tonia! Estoy harta de oír ese nombre ¡Idiota! ¡Casi matas a la hija del Presidente!
Silencio. Los tres se quedaron petrificados. Sin querer, Lucke volvió a presionar el pulverizador del fijador de cabello y Marie Ann los aspiró de lleno. Comenzó a toser inconteniblemente.
—¡¡¡¿¿QUÉ??!!! —exclamó él.
—Cof, cof ¡me ahogo!
—¡Como has oído!
—Cof, por favor, alguien…
—¿Quieres decir que es la hija de Silvia Dubois? —se llevó ambas manos al pecho— ¡Oh, esa mujer es mi inspiración! Cuando Miguel Ferrer asumió como presidente ¡Ella se puso un vestido exquisito! Lucía radiante…
—Cof, cof, Julia, ¡Agua!
—¡Oh, por Dios! ¡Casi mato a la hija de Silvia Dubois!
—¡Dah! ¡Eso es lo que intentaba decirte, idiota!
—Ok, creo… cof… que voy a… cof… morir ahora.
Julia y Lucke se miraron y luego a la chica. Finalmente al caer en cuenta de lo que estaba ocurriendo, la ayudaron a acostarse en la cama y la abanicaron con una revista.
—¿Estás mejor?
—Creo que sí… la última medialuna que comí creo que me cayó mal.
—Te comiste ocho…
—¿Ah, sí? No las había contado.
Julia la ayudó a ponerse de pie y le acomodó un poco el desastre que era su pelo. Miró a Lucke.
—Ahora que lo sabes, es también tu responsabilidad. Sé que no es Tonia, Lucke, pero ella va a salvar a la banda y la necesitamos. Nadie debe saber que ella es Ainara Ferrer Dubois. ¿Entendido?
Lucke la miraba por todos lados, girando alrededor de la muchacha sin prestarle la menor atención al discurso.
—Es… bonita… como la madre —Marie Ann miró a Julia buscando una explicación por el repentino cambio de opinión que tenía de ella, pero ésta sólo hizo rodar los ojos. Lucke le tiró el flequillo hacia atrás— Es una pena que no lo supiera antes y te haya transformado en esto.
"Lástima que la van a reconocer…
—¿Qué…? ¿De qué estás hablando? Nadie la ha reconocido hasta ahora…
—Hasta ahora. Cuando la empiecen a buscar… saltará al instante. —le tiró la cabeza levemente hacia atrás— La mirada la delata completamente: son los ojos del padre, color miel. —luego le sonrió a Julia de tal manera que Marie Ann se asustó—. Voy a ponerle lentes de contacto… algo que contraste con el pelo… mmmm celestes, casi blancos.
—¡Oye! ¿No es tarde para eso?
—Los artistas son así, cambian continuamente. Además tienen pocas fotos de ella, casi ninguna de primer plano de su rostro. —le acomodó el flequillo y tomó un peine— Si quieres conservar a tu Marie Ann, tendrás que confiar en mi a partir de ahora. —la obligó a sentarse— Hay que cambiar gestos y expresiones faciales.
—Se oye difícil…
—…pero no imposible.
De afuera provino el ruido de pasos rápidos sobre el parqué y unas puertas que se abrían y cerraban con firmeza.
—Ha ocurrido algo —dijo Julia cuando todo quedó en silencio—. Vamos.
Los tres salieron del cuarto y sólo encontraron al personal del reality trabajando en la sala. Pero por la expresión de risa que vio en la cara de Fabrizio y la de preocupación de Ariel, hasta un tonto se habría dado cuenta de que algo le había sucedido a Christian.
—¡Amorcito, por favor! No es para tanto… —llegó una dulce voz desde el jardín.
—¡Oh, oh, oh! —Julia se detuvo frente a la puerta de salida— ¿Por qué nadie me dijo que Yvonne Acosta estaba acá? —susurró histérica. Marie Ann dio un respingo al oír el nombre— ¡Christian no la aguanta!
—¿Cuántas veces tengo que decirlo? —siseó la voz de él— ¡Deja de seguirme!
—Pero, amorcito, hace tanto que no nos vemos ¿No es una suerte que me dieran el trabajo de presentadora de tu show? —inquirió soñadora— No te puedes enojar por algo así. Ahora voy a estar continuamente hurgando entre tus cosas personales ¡Anda, no seas tímido!
Lo último que oyeron fue pasos rápidos sobre la graba y el ruido de una puerta corrediza al cerrarse.
—Creo que mejor nos vamos —Julia se volvió hacia los chicos—. En cuanto regrese Axel asegúrese de que haga algo con ese perro o estoy segura de que Christian lo castrará —advirtió seria, pero Fabrizio se carcajeó inconteniblemente— Vamos, Marie Ann.
—¡Suerte, Marie Ann! —le deseó Ariel.
Ella sintió que se le revolvía el estómago, pero no estaba segura de que fuera de los nervios.
Al salir vieron a Yvonne que golpeaba la puerta de la van en la que se había subido Christian para llamar su atención.
—Vamos, Chris. No seas malo. Te devolveré la camisa luego ¿sí? —decía.
Julia notó con horror que la chica llevaba puesta una de sus camisas de seda.
—Hay que reconocer que no le queda nada mal, ¿eh? —aventuró Lucke— tal vez con un cinturón ancho y unos….
—¡Lucke, concéntrate por favor! —pidió Julia— Yvi, no creo que la Christian quiera la camisa de regreso —repuso perdiendo la paciencia— ¿Nos dejas pasar?
La modelo se volteó con una mueca de fastidio en su rostro pero sonrió de repente.
—¡Oh, Marie Ann! ¡Gracias por enseñarme el cuarto de Chris! Me hubiera tomado horas encontrarlo.
Christian abrió violentamente la puerta de la van y ambos, él y Julia, miraron a Marie Ann con tanta significancia que la chica deseó hundir la cabeza en la tierra.
—Súbanse de una vez —siseó él.
.
.
Tenía que relajarse… ¡Tenía que relajarse!
Si evitaba mirarla era como si ella no existiera. Así que cerró los ojos, se puso los auriculares y fingió dormir.
Claro que no pudo hacerlo porque Julia, al instante de ponerse en marcha, empezó a hablar por teléfono vaya uno a saber con quién (extranjero seguramente, porque estaba hablando en inglés), mientras que Lucke le platicaba a Marie Ann… que extrañamente estaba muy callada… raro.
—Christian… —Lucke habló en un susurro. Christian sintió como una mano agitaba el aire frente a su rostro, seguramente comprobando si se había dormido— se ha enojado por lo de Yvonne porque hace unos años se rumoreó que él salio con ella. A ella le sirvió de trampolín para lanzarse a la fama, pero a él no le ha gustado nada que se supiera lo suyo.
"¿Qué se supiera qué? ¡Si no ha habido nada!" apretó la quijada pero sin delatarse. Ya se había cansado de explicar aquello.
—La chica es linda, pero un poco pesada —continuó Lucke meneando la cabeza— y quizás también un poco estúpida si no se ha dado por vencida después de tantos años que van en que él la rechaza.
—Yo no la conocía. No sabía que ella no podía entrar allí —hizo una pausa y habló en un murmullo, por lo que a Christian le costó escuchar (Que conste que no quería escuchar, ¿eh?)— Please, Lucke, don't leave me alone with him…
¡¿Qué?! ¡Ahora era el malo de la película! ¡Ese desastre andante ya iba a ver…!
—Lucke, you have some water?
—Déjame ver… al parecer no tenemos. —Christian sintió como Lucke se movía en el vehiculo y a los pocos segundos éste se detuvo— Julia, se nos acabó el agua. Voy a comprar —se oyó como se abría y cerraba la puerta corrediza.
—¡Bien! As I was telling… Rick? Rick? ¡Argh! ¡Me he quedado sin señal! —se quejó Julia. Christian volvió a sentir la puerta y después, silencio.
Oyó un golpecito en un cristal y cómo alguien se revolvía en su sitio, inquieto. Un bufido desesperado.
—¡Argh! ¡No puedo aguantarlo más!
Uno, dos pasos, la puerta se abrió y cerró nuevamente.
Christian abrió un ojo. ¿A dónde iría esa mocosa problemática?
¡No importaba! ¡No era asunto suyo!
Volvió a cerrar los ojos…
¡Pero! Si se metía en problemas sí sería asunto suyo y de la banda, y eso era algo que no podía pasar. Después de la partida de Tonia y los recursos tan banales que estaban usando para tener publicidad no podía permitirse otro escándalo más.
Como decían: "Si quieres que algo esté bien hecho hazlo tú mismo". Tendría que encargarse de la mocosa.
Con fastidio se bajó de la van y miró a ambos lados con disimulo. Al parecer con un par de anteojos negros nadie lo reconocía ¡Menos mal! Porque con el calor que hacía no estaba de humor para encima tener que estar cubriéndose con más ropa.
¿A dónde se habría metido? Justo frente a sus ojos se erguía un centro comercial ¡Lo que le faltaba! Tener que meterse en un hormiguero de personas… por lo menos ella no sería difícil de encontrar ¡con lo raro que vestía!
Se adentró en el lugar con la cabeza gacha, mirando disimuladamente a lo ancho de todo el recinto, buscando a una chica bajita, desarreglada y vestida para un funeral con ropas del siglo pasado.
"Si yo fuera un desastre andante ¿adónde iría?" pensó.
Pasó la vista con lentitud pero sin detenerse en su caminar. Si se detenía la gente podía reparar en él. De los altos techos ya colgaban las decoraciones de Navidad y todavía no había empezado diciembre.
Percibió una mancha negra que se movía en una de las plantas superiores y cuando miró la vio a ella que parecía desesperada buscando algo. ¿Qué habría hecho esta vez?
Se apresuró en subir por las escaleras mecánicas subiendo los escalones de dos en dos. Al llegar a la sima se llevó tropezó con una muchacha. Su pareja se molestó pero cambió sorprendentemente de actitud cuando reparó en él.
—¡Es Christian Newman!
—¡¿Qué?! ¡¿Dónde?!
—¡¿Qué hace aquí?!
—¡Quiero su autógrafo!
—Préstame tu celular…
—¡Rápido! ¡Sácale una foto!
"Demonios...."
Comenzó a caminar apresurado, esquivando gente, desembarazándose de manos que intentaban detenerlo, buscando y buscando ¿Pero dónde diablos se había metido?
Vio como ella lo miró por un segundo pero luego se escabulló al girar en una esquina y perderse rápidamente tras un pasillo ¿Qué estaba haciendo? ¿Lo estaba evitando? ¡Ya iba a ver!
Prácticamente corrió, frenó, giró, dio trompicones contra las paredes del estrecho pasillo y...
… acabó jadeante en un baño.
Había un grupo de mujeres mayores que dieron un respingo del susto. Una chilló. ¡Al fin alguien que no lo reconocía!
Caminó lentamente mirando los zapatos que se veían bajo la separación que quedaba entre el piso y la puerta del baño.
Al fin dio con una par de brillantes botas negras acordonadas.
Golpeó a la puerta. Al no oír respuesta lo hizo con más insistencia.
—¿Marie Ann?
—S… sir?
Él jadeó intentando recuperar el aire.
—¿No te parece un poco infantil huir de mi presencia sólo porque te grité esta mañana? ¡Te lo merecías!
Una de las señoras bufó indignada y se retiró con el resto de las mujeres del cuartito. Estaban a solas con el silencio interrumpido por el correr de alguno de los inodoros.
—¿Marie Ann?
—Please, sir, leave me alone —dijo en un murmullo lastimero.
Él se alejó unos pasos, queriendo pulverizar la puerta con la mirada.
—¡Bien! ¡Quédate ahí si quieres! Nunca he llegado tarde a ningún lado ni lo haré ahora por tu culpa.
Silencio.
Miró hacia ambos lados y al ver la cabina desocupada junto a la de ella, se metió y se subió al inodoro para verla por encima de la pared que los separaba.
Lo que vio en ese momento… no debió haberlo visto jamás.
Si en ese momento le hubieran propuesto comprarle los ojos, él se los hubiera dado gratis: Marie Ann devolvió todo el desayuno de ese día y, por el aspecto que tenía ese chiquero, el de toda la semana.
—¡Ahí está oficial! ¡Ese joven está acosando a la señorita de ahí dentro!
La señora lo señalaba con el dedo, el oficial se quedaba sorprendido evidentemente al reconocerlo y la gente empezaba a inundar el baño con exclamaciones de asombro y con los flashes incorporados de sus teléfonos.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —una chica chillona y mandona se abrió paso entre la multitud— ¡Christian! ¿Qué estás haciendo ahí arriba? ¿En dónde está Marie Ann?
La puertita desvencijada se abrió y Marie Ann salió repuesta limpiándose la comisura de la boca con el puño del vestido.
La expresión de alivio se le esfumó del rostro en cuanto se vio rodeada por la multitud. Julia parecía querer matarla.
—¡Ooooh! —exclamó horrorizada una mujer, apuntándola a la cara— ¡Encima la ha golpeado!
Marie Ann vio su reflejo en el espejo de los lavabos. La herida del labio se le había abierto.
—…Puedo explicarlo…
.
***
—¡¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!!! ¡ESA BRUJA DESGRACIADA! ¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ HACIENDO?
—Señorita Paez, ¿por qué interrumpe la clase de esa manera? —la monja se aproximó a su pupitre y le sacó el celular— Le confiscaré esto y ¡Demás está decir que queda usted castigada!
—¿Castigada? ¡¿Castigada?! ¡ESA BRUJA DEBERÍA ARDER EN EL INFIERNO!
—¡Señorita Paez! —exclamó horrorizada la monja, persignándose.
—¡Marie Ann Parlow será la perdición de La Rosa de Versalles! ¿Es que no ha leído? —le sacó el celular de las manos a la monja y lo alzó hacia todo el curso que la miraban como si hubiera perdido la cordura— "Christian Newman acosa a Marie Ann, la nueva integrante de LRDV" ¿Acosarla? ¿Acosarla? ¡Ella es una trepadora provocadora y sin escrúpulos! ¿Quién acosa a quién? ¡Es una mosquita muerta!
Otras compañeras, fieles seguidoras de la banda, se pusieron de pie y aplaudieron y corearon sus palabras.
—Hermana —tomó las manos de la monja, conteniéndose con la respiración agitada—, ahora veo con claridad la misión que Dios me ha encomendado.
—¿S… sí? ¿Cuál? —inquirió con temor.
—¡Deshacerme de esa bruja!
—¿Cómo pudo pasar esto? —preguntaba Julia una y otra vez, caminado de aquí para allá.
Estaban en la azotea del edificio, escondiéndose de Christian, que rondaba por todos lados exigiendo ver al presidente de la discográfica. Según Julia en esos momentos lo mejor era no prestarle atención.
—Lo siento —se disculpó Marie Ann—. No quería vomitar en frente de sir. Sé que le da mucho asco.
—No me refiero a eso. Si por mí fuera podrías vomitar frente a él todo lo que quisieras. —suspiró— La grabación de la piscina se ha colado en Internet.
—Pero dijiste…
—Creí que me había deshecho de eso. —inspiró— Encima ahora tienen la grabación del suceso del baño. —revisó su celular— En varios foros las fans ya se están autoconvocando para venir a lincharte… —meneó la cabeza al leer lo siguiente— los fans en cambio quieren que se suban más videos como los de la piscina y… ¡han escrito cada cosa! ¡Los hombres son unos cerdos! —sonrió— ¡Bueno! ¡Al menos ya eres muy popular! ¡Estás a la cabeza en los principales motores de búsqueda de la red!
—¡Julia! Si papá llega a leer algo de eso…
—Ya te lo he dije hasta el cansancio: No es a Ainara Ferrer a quién buscan; es a Marie Ann Parlow.
—Perdón… a veces es difícil recordarlo.
—Ve a casa, Marie Ann. Ya veremos cómo soluciono esto. El presidente de la discográfica ha convocado a una reunión de emergencia.
Con un suspiro de resignación, Marie Ann bajó los escalones apesadumbrada. Aunque declaró que Christian no la había golpeado, las fans estaban indignadísimas porque los medios seguían alentando los rumores totalmente infundados.
¿Qué podía hacer?
Una musiquita molesta la despertó de sus pensamientos ¿de dónde venía? ¡Ah! Era su celular. Lo había olvidado.
—¿Hola? —preguntó desganada.
—¡Ainara! ¡Tienes que venir a ayudarme! —le respondió desesperada una voz.
—¿Romina? ¿Qué sucede? ¿Estás bien?
—¿Bien? ¡Estaré bien cuando esa bruja se pudra en el infierno!
Ainara tragó saliva. Ya veía por dónde venía el asunto…
—¿Q…quién? —preguntó con temor.
—¡Tenías razón! ¡Esa chica será la perdición de la banda! ¡¿Cómo he podido fracasar así?! ¡Debí tomarme la misión con más seriedad! —gimió angustiada.
—Ya, ya… —intentó consolarla.
—Pero no te preocupes —su tono era firme— Me encargaré de ella ahora mismo. El club de fans se reunirá frente a la discográfica para exigir que se deshagan de ella. Debes venir para ayudarme…
—La verdad… es que ahora no puedo…
—Si no vienes, iré a buscarte…
—¿En dónde decías que nos juntábamos?
Luego de escuchar como Romina descargaba su bronca contra Marie Ann con un vocabulario irreproducible, finalmente Ainara cortó y corrió escaleras abajo buscando ayuda.
Tenía que salir en tan sólo unos minutos de la discográfica sin que nadie la viera, y mezclarse entre los integrantes de los clubes de fans de "La Rosa de Versalles" que se aglomerarían frente a las puertas del edificio para linchar a la nueva integrante…
…Se sentía como un doble espía en una guerra, trabajando para dos bandos…
"Deja de fantasear" se dijo.
—¡Lucke, al fin te encuentro!
—¡¿Qué?! ¡¿Qué?! —Del susto, el estilista dejó caer una bandeja de sombras, que se rompieron en mil pedazos. Estaba a punto de soltar una retahíla de insultos pero se contuvo al ver quien lo había provocado.
—Sorry…
Él inhaló profundo y contó hasta diez: —Está bien…
—Te ayudaré a recogerlo —se tiró al piso para juntar los pedacitos de pintura—; te compraré una nueva. Pero ¡tienes que ayudarme!
—¿Y ahora que sucedió?
—Tengo que volver a ser… —bajó la voz— Ainara.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Es algo difícil de explicar, pero si una persona no ve a Ainara en la próxima media hora, esto se irá al traste.
—¿Quién te crees que eres? ¿Hanna Montana?
—¿Ah? ¿Qué es eso?
—Olvídalo… —se puso de pie y revisó en un armario— Aquí tienes una peluca, zapatillas de tu talle, ropa sin estilo como la que acostumbras a vestir que te hará pasar totalmente inadvertida, un sombrero horrible que repele la atención de gente con buen gusto, y un par de anteojos ¡listo!… —lo puso en un bolso—. Toma —le cedió el bolso pero en el momento en que ella lo iba a tomar, le advirtió—, pero que no te vea Christian o sabrás en lo que te has metido ¿entendido?
—¡Entendido, Hada Madrina! —se llevó la mano a la frente e hizo un saludo militar.
—¿Y todavía haces bromas? No hagas que me arrepienta ¿eh? —le abrió la puerta del cuartito y miró hacia todos lados— En la planta baja, gira hacia las escaleras y continúa por el pasillo. Ahí está la entrada para los técnicos y un baño. Cámbiate allí y sal por esa puerta, te llevará al estacionamiento. Yo le diré a Julia que te has ido a casa. En dos horas te paso a buscar con la van por el estacionamiento ¿ok?
Marie Ann memorizó todo y luego de darle repetidas veces las gracias, salió de cuartito pegándose a la pared del pasillo para pasar inadvertida. ¿Debía tomar el ascensor o las escaleras?
Antes de que se decidiera, las puertas del elevador se abrieron y Axel apareció ante ella.
"¡Demonios!"
—¡Marie Ann! He leído lo que han escrito de ti ¡Ya eres famosa!
—Eh… yeah…
—¿A dónde ibas?
—I was going to jump off the roof —lo dijo tan rápido que él la miró sin comprender. Suspiró—: Iba a esconderme de sir —le contestó.
—Sí, es mejor que no nos encuentre por ahora.
—¡Cierto! ¿Qué has hecho con Bonito?
—¡Oh! Él está bien, así que no te preocupes: lo he escondido en un lugar que Christian rara vez visita.
—¡Que bueno! —miró la hora en su móvil— Oye, tengo que irme… te recomiendo que no vayas por allí. Él está buscando al presidente —Le advirtió mientras se alejaba por el corredor dejándolo solo.
Marie Ann bajó como una bala por las escaleras y cuando estaba llegando a la planta baja en el último descanso casi atropella a alguien que subía.
—Marie Ann
—¡Oh, Ariel! Lo lamento…
—¿Necesitas ayuda con eso? —intentó tomar el bolso.
—¡NO! —exclamó alejándolo de él. Estaba siendo taaan sutil que debería darse patadas por ello— I mean…
Él suspiró.
—Si reaccionas así se van a dar cuenta…
—¡¿QUÉ, CÓMO, QUIÉN, DE QUÉ?!
Él sonrió.
—De que estás nerviosa. No debes demostrarlo o lo usarán en tu contra.
—Ah…
—¿De qué creías que estaba hablando?
—Eeeeh… mmm… ¿Del escondite de Bonito? yes! That! —su celular comenzó a sonar— I must go now. See you later!
¡Bien! ¡Al fin había llegado a la planta baja! ¡En sólo unos segundos estaría fuera! Y lo mejor: ¡el hall de la entrada estaba desierto!
No había dado tres pasos cuando un revuelo en las puertas giratorias de la entrada llamó su atención. Quienes entraban eran Yvonne, con dos camarógrafos a sus espaldas y delante, hablando entusiasmado a las cámaras, Fabrizio:
—…y bueno… cuando ingresé en la banda lo cierto es que Christian y Ariel se vieron un poco resentidos porque les quité algo de terreno… A las mujeres les parece sexy que hable el italiano y que por mis venas corra la sangre apasionada y caliente del mediterráneo…
Yvonne sonreía al oír sus palabras, pero parecía distraída, buscando algo…
—¡Chris!
Marie Ann miró hacia la misma dirección que Yvonne. Christian que había visto a la modelo comenzó a caminar furioso hacia los elevadores.
—¡Espera, Chris! —gritó Yvonne apretando el paso con los camarógrafos siguiéndola— Estamos grabando para el reality. Por favor, cuéntanos lo que en verdad sucedió esta mañana en el centro comercial.
—No quiero hacer declaraciones.
—¡Pero al menos defiéndete! Los fanáticos merecen saber la verdad
Bueno… esto tenía que acabarse.
Marie Ann se alejó de su escondite y se interpuso en el camino de la modelo.
—No pasó nada en el centro comercial —repitió cansinamente.
—Marie Ann… —comenzó Fabrizio.
—Lo que sucede es que tengo caninos muy largos ¿ven? —y las cámaras tuvieron el primer plano de su boca abierta y sus dientes— ¡Son muy puntiagudos y me lastimo todo el tiempo! ¡Miren, miren!
Fabrizio se rió y Christian tensó la mandíbula.
—Marie Ann, no creo que a la gente le interese ver eso —dijo Fabrizio.
—¡Estoy diciendo la verdad! Sólo me caí y me lastimé.
Yvonne hizo una mueca de desprecio.
—¿Ah, sí? Entonces estás confirmando que te caíste ¿Y sobre qué? Si se puede saber…
El valor de Marie Ann se fue al traste. Dijese lo que dijese la gente lo relacionaría con el video de la piscina. Como decían: "No aclares que oscurece".
"¡Rápido! ¡Dí algo inteligente!"
—¿Eh?
Christian largó una larga bocanada de aire mientras miraba al techo pidiendo paciencia y la tomó por el brazo y comenzó a arrastrarla por el largo vestíbulo, como si se tratara de un perrito que se hubiera portado mal.
—¡Eh! ¡No! ¿Qué haces? ¡Eh! —vio aparecer a Ariel y Axel por el hueco de la escalera— ¡Chiiiicos, por favor! ¡Ayudaaaaa!
—Chris, por favor… —pidió Fabrizio que los seguía.
Christian se detuvo abruptamente y Marie Ann se quedó muy quietecita con la cabeza gacha.
—Hernán, he soportado grabar estúpidos videos, ridículos comerciales e incluso he comido y bebido cosas que pudieron haberme matado. Pero esto ¡Esto! —la sacudió por el brazo— ¡No puedo soportarlo!
—Chris —recién ahí, al escuchar otra voz, Marie Ann tuvo el valor para levantar la cabeza. Frente a ella estaba el presidente de la discográfica, Hernán Regier— escucha…
—¡Sácala de mi casa!
—¿Te olvidas del trato? —y señaló a Yvonne y a las cámaras que los filmaban.
—¡Bien! ¡Entonces me voy yo!
Y caminó hacia los elevadores.
—Christian, sólo alimentarás el escándalo.
—Hernán —Ariel lo interrumpió—, déjalo, ya se le va a pasar…
Pero si se iba ¿eso significaba que no iba a haber un nuevo disco? ¿Qué finalmente se iba a disolver La Rosa de Versalles?
—Espere, sir.
Marie Ann apuró el paso para alcanzarlo en la puerta de los elevadores, y sintió cómo los camarógrafos la seguían muy de cerca. Christian se giró tan abruptamente que la hizo retroceder.
—¿No deberías saber cuándo detenerte?
—But…
—Si fueras un chico… de verdad me gustaría golpearte.
Con un "ding" las puertas se abrieron y Christian dio un paso atrás para entrar en el elevador. Su mirada era tan severa que evitó que Yvonne lo siguiera.
Marie Ann se volteó y vio como el vestíbulo comenzaba a desalojarse. Yvonne fue tras los chicos sin prestarle la menor atención a ella.
Su teléfono volvió a sonar ¡Cierto! ¡Su cita con Romina!
.
***
Christian caminó por el estacionamiento entre la hilera de autos estacionados buscando el suyo. Sólo se oía el repiquetear de sus pasos en el pavimento y el eco que producían. ¡Al fin un poco de tranquilidad!
Desactivó la alarma del Audi R8 Quattro color Burdeos y cuando estaba a punto de subirse, reparó en la mortecina lucecita de un cigarrillo encendido brillando en la oscuridad.
Se oyó un silbido de admiración.
—Ya intuía a quién podía pertenecerle un semejante auto.
Ante aquella voz, Christian soltó la puerta y se apoyó en el capó. Cuando algo debe ir mal, saldrá peor.
—No tenía idea de que había vuelto al país, señor. De hecho, hacía años que no oía de usted. Como había perdido popularidad incluso entre la gente de la tercera edad tenía la esperanza de no saber de usted en mucho tiempo.
Se oyó una risa queda y la lucecita comenzó a acercarse hasta que la persona quedó completamente a la vista: Era un hombre de unos cincuenta años; su cabello ya estaba blanco en las sienes y tenía arrugas alrededor de los ojos. Con su porte podría haber pasado por un caballero inglés.
—¡Vamos! Pensé que tendría una bienvenida más cálida, hijo.
—Espero que le alcance con el calor de este día. No sabía que ahora acostumbraba a acechar personas en la oscuridad.
—¡Ah! Ahora que eres una "estrella internacional" me tuteas…
—Ahora que su nombre no aparece en la sección espectáculos vuelve a buscarme. —rebatió a su vez.
El hombre hizo una mueca.
—A tu madre no le hubiera gustado que me recibieras de esa manera.
—No lo sabremos ya que está…
—Cállate. —lo cortó— No seas impertinente.
—Entonces no me dirija la palabra: mucha gente se ha quejado cuando la he ignorado en público.
Christian dio por terminada la pequeña conversación, se subió al auto y salió del estacionamiento a toda velocidad.
.
.
—Jamás imaginé que podía acabar de esta manera —masculló Ainara para sí.
—¡ECHEN A ESA BRUJA!
—¡NO LA QUEREMOS!
—¡QUE VUELVA LA REINA TONIA!
—¡FUERA MARIE ANN!
—¡ROSA DE VERSALLES! ¡ROSA DE VERSALLES! ¡ROSA DE VERSALLES!
—¡CABALLEROS! ¡NOSOTRAS LOS DEFENDEREMOS!
—¡FUERA MARIE ANN! ¡FUERA MARIE ANN!
La multitud gritaba otras cosas que hacían que a Ainara le ardieran las orejas y le entraran ganas de que la tierra se abriera y la tragara.
—Me alegra que estés aquí, Ainara —Romina intentaba hacerse escuchar sobre los gritos de las personas—. Realmente es muy importante para mí que ayudes a nuestra causa. Además es una oportunidad para que descanses de estar al cuidado de tu madre…
"No se me hubiera ocurrido hacer esto para "relajarme"" pensó ella.
—¿Pero que te pasó? ¿Te has cambiado en un cuarto a oscuras?
Ainara se alejó un mechón de la peluca que se le había escapado de la ridícula gorra con visera de color naranja flúor con el logo bordado en negro de una ballena y el eslogan "Las mejores colas están en Puerto Madryn". Llevaba puestas unas zapatillas planas sin cordones, unos pescadores lilas anchos, una remera sin mangas cuadrille con volados amarillos en la cintura. En el cuello, en caso de tener que taparse la cara, llevaba una toalla blanca con franjas rojas. Por supuesto, no le podían faltar los anteojos negros con forma de bicicleta.
—Eh… cuando me llamaste estaba ayudando en el jardín y no me ha dado tiempo de cambiarme.
Romina la miró esperando que fuera una broma pero la negativa no llegó.
—¿Qué? ¡Me dijiste que era urgente!
—Bueno… lo importante es que estés aquí.
—¡QUEREMOS VER A MARIE ANN PARLOW! —la voz amplificada de un chico sonó a centímetros de distancia de Ainara, haciendo que saltara en su sitio cubriéndose lo oídos.
—¡SÍ, QUE SALGA! —se unió Romina hablando por el megáfono al otro lado de Ainara, haciendo que volviera a saltar.
Así que eso era lo que llamaban "sonido estéreo"… ¡Era molesto!
—¡NOSOTROS, —continuó Romina— LOS MIEMBROS DEL CLUB DE FANS " LOS CABALLEROS DE LA ROSA" TE LO EXIGIMOS!
—DURANTE LA CARRERA DE "LA ROSA DE VERSALLES" NUNCA SE HABÍA DADO ALGO COMO ESTO —continuó exaltado el chico.
—¡BRUJA! ¡TREPADORA! ¡PUT…
—¡Eh! —Ainara se colgó del brazo de Romina interrumpiéndola. Iba a reclamarle por lo que estuvo a punto de gritar pero recordó que en ese momento no era Marie Ann.
—¡TONIA NUNCA HABIA PARTICIPADO EN ESCÁNDALOS DE ESTE TIPO! —dijo el chico.
—¡Y ENCIMA HA PERJUDICADO LA IMAGEN DE CHRISTIAN! —añadió furiosa Romina.
—¡SU COMPORTAMIENTO CON LA BANDA Y LOS FANS NO PUEDE QUEDAR ASÍ!
—¡CABALLEROS!... QUEREMOS DECIRLES QUE NO LOS APOYAMOS… Y SOBRE TODO A TI, CHRISTIAN, QUEREMOS DECIRTE…
El chico se interpuso entre Ainara y Romina y la valla que los contenía y gritó: —¡TE ENVIDIAMOS GENIO!
Hubo un breve silencio generalizado entre los espectadores.
—¡¡¡¿¿¿QUEEEEEEEEÉ???!!!
—¡Christian Newman! —agregó el chico sin dejarse amedrentar por las amenazadoras fans que comenzaban a rodearlo y a empujar— ¡Te apoyamos! ¡Marie Ann es fantástica! ¡Marie Ann! ¡Compraría tu tanga autografiada si la subastaras en Ebay!
Ainara no sabía si reírse u horrorizarse. Estaba perpleja.
—¡Traidor! ¡Traidor a la banda!
—¡Marie Ann! —gritó alguien más— ¡Toma mi teléfono! —Y Ainara vio como desde otro sitio un chico arrojaba algo envuelto en una toalla por arriba del muro— ¡Te llamaré esta noche!
—¡Traidores! ¡Chicas, encárguense de ellos!
Y la horda de fanáticas los ahogó entre empujones y codazos.
—¡No creas que esto se queda así, Marie Ann! —continuó gritando por el megáfono Romina— ¡La guerra apenas comienza! ¡Nosotras no descansaremos hasta verte fuera!
—Eh… Romina… —comenzó tímidamente Ainara al ver que su amiga hiperventilaba— ¿no crees que estás exagerando?
—¡EXAGERANDO! —gritó aún con el megáfono— Lo siento —lo apagó mientras los demás seguidores entonaban cánticos linchando a Marie Ann.
—Sí, bueno… no es como sí Marie Ann hubiera tenido sexo en un lugar público, o hubiera golpeado a un empleado, o hubiera conducido alcoholizada provocando un accidente —enumeró intentando recordar escándalos de los famosos.
—¡Tienes razón!.... ¡Lo que hizo es mucho peor! ¡Se atrevió a poner sus manos sobre Chris!
—¡Vamos, quizás fue un accidente! No serías capaz de decir esas cosas de mí si yo fuera…
—Si tú fueras ella —la cortó— te arrastraría calle abajo con un auto, te arrancaría el cuero cabelludo como los indios precolombinos y las uñas una por una y por si fuera poco ¡te obligaría a terminar tus días oyendo a la hermana Roberta impartiendo clases de historia!
…Quizás era mejor no insistir demasiado…
—¡Que bueno que no soy ella! ¿no? —inquirió Ainara entre dientes forzando una sonrisa.
Hubo un griterío de chicas excitadas y Romina perdió toda la atención en Ainara. Las rejas de la discográfica se abrían y unos guardias se paraban junto a las vallas custodiando la salida de tres de los integrantes de la banda.
¡Vaya! Esas chicas sufrían de trastorno bipolar ¿cómo en un segundo estaban furiosísimas y al otro gritaban histéricas de la alegría?
De repente los vio: Ariel, Axel y Fabrizio salían del edificio y las fans se estiraban através de las vallas para tocarlos o alcanzarle todo tipo de artículos para que los autografiaran.
¡Oh, oh! ¡Se estaban acercando hasta su lugar!
Ainara intentó huir hacia atrás escondiéndose en la multitud, pero todos empujaban hacia delante; así le arrebató una pancarta a una chica y empezó a moverse al son de las demás mientras se cubría el rostro con ella.
—¡Oh! ¡Pero miren a quién tenemos aquí! ¡Presidenta! —exclamó Fabrizio.
—¡Chicos! —exclamó Romina— ¡Una foto! ¡por favor por favor por favor por favor por favor!
—¿Quién es tu amiga? —preguntó interesado Axel ¡Y cómo no! Debía ser la única fan que se cubría el rostro, encima estando en primera fila. Ainara inclinó un poco el rostro.
—¿Ah? —Romina estaba distraída tratando de posar con Fabrizio y Axel y al mismo tiempo sacarse la foto— ¡Oh, sólo una amiga! Está acompañándome… es tímida…
—¡Mira, Ariel! ¿Por qué no me dijiste que estabas casado? ¡Ja, Ja! —exclamó Fabrizio apuntando al cartel.
Ainara dio rápidamente vuelta el cartel, cubriéndose aún el rostro pero a una distancia de veinte centímetros para leer lo que decía: "Ariel es propiedad de la Sra. De Fernández. No tocar!" y tenía una flecha que apuntaba indicando quién era la señora de Fernández.
¡Por qué le pasaban esas cosas a ella! Gimió lastimeramente acercando el cartel a su rostro para mantenerlo cubierto.
Por su parte Ariel firmaba autógrafos a las chicas de alrededor y sonreía de vez en cuando perdido en sus pensamientos. Estos no estaban muy lejos, estaban todos centrados en la chica que se cubría con un cartón ¿Podría ser que…? ¡Sí! Era algo difícil de reconocer, pero estaba seguro de que era ella.
La noche anterior, cuando los chicos ayudaban a meter a un Christian inconciente a la casa, él se había encargado de sostener a Marie Ann para entrarla. La tenía en pie con el brazo de ella alrededor de su cuello y el de él alrededor de su cintura, e iba a cargarla cuando…
—…Ariel… —murmuró Marie Ann en sueños. Su cabeza cayó hacia atrás y sonrió…
Esa sonrisa… era familiar…
Ariel la movió de tal forma que quedaran enfrentados. Ahora, los brazos de ella cayeron a ambos lados y estaba tan erguida como lo podía estar una muñeca de trapo. Su rostro lucía sereno.
Tomó su pequeña mano.
¡No podía ser! ¡Seguro que estaba alucinando!
La mano de él subió y se posó en su mejilla y acercó más su rostro para inspeccionar cada rincón del suyo. Adivinaba algunos rasgos, pero otros habían cambiado mucho. ¿Sería…?
Apartó el flequillo negro de su frente con tanta delicadeza que pudo haber sido una caricia y ante sus ojos descubrió el rostro de la jovencita que había visto por última vez hacía muchísimo tiempo. Ahora el maquillaje negro no servía de nada. Casi lo había engañado: Era Ainara.
—¡Ariel! ¡Vuelve a Argentina, por favor! —exclamó Fabrizio para traerlo de vuelta a la realidad— ¿Qué pasa?
Ariel lo miró y se lo pensó por un momento pero finalmente habló: —Me preguntaba dónde estaría Marie Ann.
Al decir aquello la chica que se encontraba oculta detrás del rectángulo de cartón dio un respingo. Ariel sonrió. Apenas la había visto pero estaba seguro de que era ella otra vez… ¡Pobre! ¡Lo que debía estar pasando!
—¿Marie Ann? —repitió Axel ajeno a sus pensamientos y haciendo que Romina frunciera el seño ante la mención de ese nombre— Julia dijo que se fue a casa… ¿Ariel? ¿Por qué sonríes?
Ariel se encogió de hombros y se volvió a mirar a sus compañeros.
—Por nada —se alejó hacia la van, mientras ellos lo seguían con el griterío de la chicas zumbándole en los oídos— Estaba pensando que será divertido —dijo para sí.
.
***
—¡Aaaah! —Ainara despertó agitada en su cama.
—¿Qué sucede, Ainara? ¿qué? —inquirió Romina a su lado.
—¡Fue una pesadilla! Soñé que accidentalmente caía sobre Christian Newman y querías matarme…
—¿Lo hiciste?
El tono profundo de voz hizo que Ainara se volviera hacia su amiga en la oscuridad del cuarto que compartían y sólo pudo distinguir los ojos inyectados en sangre de Romina y su mano blanca empuñando una cuchilla de carnicería de brillante acero.
—¡A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A A H!
—¡Marie Ann! ¿Estás bien? ¡Despierta!
—¡No! ¡No! ¡Prometo no volver a caer jamás sobre ningún otro caballero! ¡Lo juro! ¡Pero no me mates!
—¡Marie Ann! —Julia le golpeó la cabeza con una revista.
—¡Auch! —se llevó la mano a la cabeza— ¡Eh! ¡Eso dolió!
—Tuviste una pesadilla —le dijo Lucke.
—¡Ja! ¿En serio? —repuso con tono angustiado. No quería burlarse de él, en realidad le hubiera gustado no tenerla— No puedo… ¡No puedo con esto!
El vehículo se detuvo y Julia obligó a Marie Ann a bajar de la van…
—Vamos a hablar ¡Ahora!
.
Christian revisó que no le hiciera falta nada de lo que necesitaría durante su estancia en el hotel. Ya tenía la ropa, el cepillo de dientes, inyección de decadrón (uno nunca sabe), y, en caso de que se aburriera, su Ipod…
¿En dónde estaba su Ipod?
¡Axel…! ¡Ese chico!
Salió de la habitación con su bolso al hombro y se dirigió a la habitación de su compañero, abrió la puerta y… fue como entrar a la dimensión desconocida ¿Cómo podía ser una cosa así? ¡Si sólo había estado en la casa un día! Christian estaba seguro de que en Buenos Aires… no, se quedaba corto: que en el Mundo no existía alguien más desordenado que Axel.
Empezó a revolver ayudándose con un lápiz que encontró por ahí. Se fijó en la mesa de luz y por último fue al escritorio donde se encontraba abierta la computadora portátil.
Lo encontró bajo unos papeles y al tomarlo, movió el mouse haciendo que se encendiera el monitor. ¿Para qué dejaría encendida la computadora?
Iba a apagarla cuando notó que había un programa abierto minimizado en la barra de tareas. Lo activó para cerrarlo y lo que encontró fue un video de un sitio que le resultaba familiar…
—¡Eh! Ese es mi depósito… ¿por qué tendría una cámara en mi depósito?
Algo se movió en la imagen: Bonito se paró mirando ansiosamente hacia la puerta.
—¡Idiota! ¿Creíste que nunca lo encontraría? ¡Ya verás cuando…
La puerta en la imagen se abrió, alguien encendió la luz del cuartito y Bonito comenzó a ladrar de contento. Julia entró empujando a Marie Ann. Detrás venía Lucke.
—¡Ah! ¿Así que aquí estaba esta bestia?
—¡Bonito! —Marie Ann le acarició la cabeza— Julia ¿qué hacemos aquí? —Christian notó que su entonación era diferente.
—Este es probablemente el único lugar de la casa donde no hay micrófonos… —se plantó frente a la chica— Escúchame bien, porque ya me cansé de repetirlo, Ainara —en el cuarto de Axel, Christian se incorporó atento al oír el nuevo nombre— ¡Ni se te ocurra abandonar ahora! Si lo haces todo se irá al garete ¿Quieres que Lucke y yo quedemos en la calle? —la manager empezó a andar como león enjaulado por el pequeño cuartito.
—¡No! Pero… ¡Yo no pretendía que se dieran estas circunstancias! Es muy difícil ser otra persona…
Christian pensó que para hablar mal el español, de repente había adquirido una pronunciación muy natural…
—¡Entonces vive como esa otra persona! —Julia inspiró y de repente pareció recordar algo— ¡Y no puedes desaparecer como hoy! ¡Decirme que te vienes a la casa cuando no es así!
—Es que surgió algo… —se excusó torpemente.
Julia dejó de caminar y la miró fijamente.
—Mira: ¡Cuando estás con nosotros, con la banda, en cada segundo del día, eres Marie Ann Parlow! —Julia se aproximó a ella y la tomó por los hombros. Le habló lenta y claramente— ¡Olvídate de tu familia, de tu padre...! ¡Así que olvídate de ella! ¡Olvídate de que eres la hija del Presidente! ¡Desde que entraste a ese casting has dejado de ser Ainara Ferrer Dubois!
Christian contuvo la respiración y todos sus músculos se tensaron: —¡¿Qué diablos está pasando?!
—Desde ahora, Marie Ann, tienes una nueva vida. En la reunión que tuve hoy van a usar toda la publicidad que te has ganado (no me mires así ¡Te la has ganado!) y vamos a continuar con el trabajo. Desmentir todo lo que se ha dicho es un gasto de energía.
"Mañana debes despertar temprano. Lucke vendrá a arreglarte y haremos una sesión de fotos y algunas entrevistas. Y no puedes salirte de tu papel por nada del mundo ¿me oíste?
—¿Ha pasado algo?
Julia suspiró.
—Yvonne va a seguirte a todos lados y se pegará a ti como si fuera una garrapata. Se lo han ordenado. Quieren tener más escenas de ti y de cómo es tu proceso de adaptación a la banda ¡Así que no puedes fallar!
—Julia, estás exagerando —intervino Lucke—, Si los chicos no se han dado cuenta, mucho menos la descerebrada de Yvonne. —se dirigió a la puerta— Y ahora ¿podemos irnos? Tengo que preparar una mascarilla de pepino.
—¿Para Marie Ann?
—Eh… sí, claro… —y salió del cuartito.
—Nos vemos mañana, Marie Ann —Julia iba a seguir al estilista pero se detuvo— ¡Ey! ¡Arriba ese ánimo! Hasta ahora lo has hecho muy bien —sonrió.
Marie Ann le devolvió la sonrisa: —Te acompaño.
—Sí —Julia carraspeó y murmuró poniéndose seria—, será mejor que me vaya porque me estoy ablandando…
Marie Ann se rió. Los acompañó hasta la entrada trasera de la casa y desde ahí observó cómo cruzaban la reja de calle. Se subieron a la van y perdió el vehículo de vista al doblar este una esquina.
Estaba sola y casi a oscuras y ahora todo era tranquilo. Ser una doble espía era realmente agotador…
Suspiró.
No debía ser egoísta. Había muchas personas que tenían su trabajo en juego por su causa. Debía dar lo mejor de sí.
—No puedo dejar que me descubran… —se repitió en un susurro para sí.
—Yo ya te descubrí.
Marie Ann dio un respingo. Por un momento pensó que esa voz era producto de su conciencia perseguida y culpable, pero el ruido de unos pasos en la grava y la imponente figura de Christian situándose bajo la luz de la entrada le hicieron darse cuenta de que lo que había oído era real.
El rostro de él no demostraba expresión alguna… y eso daba más miedo que verlo enojado.
Él elevó un brazo y le enseñó su celular mientras accionaba un botón. En el aparato distinguió a las personas que hacía tan sólo unos segundos estaban en el cuartito depósito.
"…olvídate de ella! ¡Olvídate de que eres la hija del Presidente! ¡Desde que entraste a ese casting has dejado de ser Ainara Ferrer Dubois!"
La respiración de Marie Ann se detuvo. Tragó saliva muy lentamente sin poder apartar la mirada de Christian.
—Ya te descubrí —repitió él en un tono que parecía de ultratumba— ¿Qué vas a hacer ahora, Marie Ann? O debería decir: Ainara Ferrer.
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Hola!
Si es que hay algún interesado que pase por estos lares, me disculpo por no publicar más seguido. No tengo excusa… va! Si la tengo… me enganché viendo Boys Before Flowers (Coreana) y cuando me sentaba a la compu a escribir no podía evitar abrir el Explorer para seguir viéndola.
Pretendo escribir más seguido ya que no son demasiados capítulos (tengo planeados 16 como en la serie, pero habrá que ver si no me quedo corta y tengo que poner uno más). Si tardo es porque las escenas que surgen completamente de mi cabecita quiero que estén perfectas y a veces la musa se me va en los momentos más decisivos.
No sabía cómo hacer para disfrazar a Ainara de ella misma, así que empecé a buscar fotos en Google de las peores combinaciones de moda que podía hacer. Finalmente terminé haciendo un boceto para darme una idea.
Si esta historia la leyera más gente (no me quejo! Estoy contenta con las personas que al menos sé que pasaron a ver de qué se trataba), tal vez me sentaría a dibujar. Tengo varias ideas en la cabeza de los personajes, de algunas escenas para sus sesiones de fotos (busqué trajes, peinados, etc)… pero estoy divagando, porque antes que nada me tengo que sentar a escribir las canciones.
Agradezco a Dios que exista Google! Con él he buscado desde el auto perfecto para Christian (Un Audi R8 4.2 FSI Quattro color Burdeos), hasta las traducciones para lo que Marie Ann debe decir en inglés (es que no confío en el mío)
Espero que este capítulo sea de su agrado (me pareció menos denso que el primero y más entretenido)
Por favor comenten… bueno, en realidad lo que espero es una crítica porque realmente quiero escribir y me sería de mucha ayuda para crecer.
Muchas gracias por leer!
Saludos!
Aniram
