Silent Hill: Room 302 A Brand New Fear Is Coming.

Chapter II – Who is he?


La semana siguiente pasó con toda tranquilidad, aun con el denso aire que ni las ventanas abiertas, ni el aromatizador floral habían logrado quitar. Aparte de ese ligero detalle, todo iba a pedir de boca. Esta mañana me había levantado con un ánimo particularmente optimista. Tenía planeado llevar los papeles restantes que la universidad había solicitado. Quizás luego iría de compras, necesitaba un nuevo televisor, ya que el que dejó el antiguo inquilino estaba descompuesto, el técnico en electricidad que lo revisó hizo un gesto raro, se rascó el lado izquierdo de la cabeza, se quitó el sudor y me miró con una mueca graciosa, para luego decirme que no sabía qué diablos sucedía con el aparato, que mejor comprara otro.

¡Ah, pero la radio sí funcionaba! Así que la encendí y acomodé el dial en una estación popular de la zona. Estaban pasando una melodía enlentecida, caminé hacia la cocina cogiendo el cuchillo para cortar las orillas de mi emparedado.

El año dos mil nos dejó buenas canciones, espero que Roger haya disfrutado de su pedido musical, eso fue Thin Air de Pearl Jam —La voz del locutor, Mr. Italian-Sauce, sonó suave, pero divertida, como era su costumbre—. Lindo día en Ashfield, esta mañana un idiota pasó sobre una poza de agua y me bañó entero, gracias, gracias de verdad, capté la indirecta ¿Vamos con otra canción?

No se escuchó nada, pero era obvio que hablaba con el DJ del otro lado de la cabina.

¿No? No, chicos, es hora de las noticias —Mr. Italian-Sauce carraspeó y se puso serio—. ¿Recuerdan el caso Sullivan? Bueno, hoy se cumple un nuevo aniversario de aquellas trágicas muertes, voy a recordarles que aún no se encuentran a los responsables de los últimos homicidios, la policía debería ponerse a trabajar en serio, chicos ¿Otro año más? Parece que alguien no está haciendo bien su trabajo.

Él soltó una risita.

En otros temas, el presidente de Silent Hill Smile Support Society, el señor Tobias Ware, inauguró hoy el reconstruido orfelinato 'Wish House', como recordarán el orfanato fue destruido en un terrible incendio hace ocho meses, las causas siguen sin estar del todo claras, pero expertos en las conspiraciones afirman que la única víctima del incendio fue una víctima más de los imitadores de Sullivan ¡Joder, podemos dejar de hablar de este tipo! Bien, bien, el reporte del clima entonces ¡Lluvias! ¡Lluvias, toda la semana! Señora, señor, es hora de quitarle el polvo a ese viejo abrigo, compre un nuevo paraguas, porque según los meteorólogos se vienen tormentas de proporciones bíblicas —El locutor se volvió a reír—. Pero ya sabemos lo exagerados que son estos tipos. Las autoridades han recomendado tener precaución si va a salir de viaje, no conduzca a alta velocidad, no sea estúpido. Vale, vale esto es Phil Collins con I don't care any-

«I don't care anymore». Pensé con una sonrisa, apagando el aparato y dando un largo suspiro. Crucé los brazos sobre mi pecho y miré por la ventana, apoyé mi frente contra el cristal, mi respiración empañó el vidrio. La calle estaba atestada de vehículos y personas con paraguas. La lluvia caía uniformemente, no había parado desde la noche anterior. Mismos ojos vagaron por la avenida hasta el ala contraria del edificio. Algo captó mi atención, un hombre con un abrigo azul que se paseaba en el apartamento doscientos siete. Como un animal enjaulado.

—Creí que estaba vacío —Musité, tal vez era el fantasma del que todos hablaban, la simple idea me hizo reír. Estreché la mirada, enfocándome en el intruso. Algo inusual estaba pasando, parecía una pequeña conmoción, había otra persona con él. Vi la silueta de un hombre de unos cuarenta años moviéndose con rapidez. Cuando el hombre del abrigo empujó al otro sacándolo de mi rango de vista supe que era más que una pequeña discusión. El hombre del abrigo se llevó la mano a la cabeza y con la otra buscó algo en su bolsillo. Sólo noté el metal y su forma característica—. ¡Maldición, tiene un arma!

Un hombre iba a asesinar a otro y yo no podía hacer nada al respecto. Mis manos se movieron hacia mis bolsillos en busca del teléfono móvil. No estaba allí, estaba sobre la mesa de centro «¿Qué debo hacer?». El hombre del abrigo azul puso el dedo en el gatillo. Coloqué mis dedos en el marco de la ventana y tiré de ella para abrirla, me agaché y saqué la cabeza por la ventana, «¿Qué debo gritar?». Mis uñas se enterraron en la pintura del marco, cuando alguien tocó a la puerta demasiado rápido y fuerte, asustándome, di un salto que me llevó a darme un golpe en el borde de la ventana.

—Mierda… —Cerré los ojos para aguantar el dolor, mi mano tocó la zona afectaba. Otro ruido provino desde la puerta. La realidad me azotó fuerte, volví los ojos sobre la ventana del doscientos siete. Estaba vacío. Vacío, maldición. Y afuera el visitante que no dejaba de llamar a la puerta—. ¿Lo imaginé?

Sacudí mi cabeza para alejar mi aturdimiento. Cerré la ventana lentamente mientras ordenaba los sucesos, si aquello había sido real, al menos el tipo estaba vivo. De una cosa estaba segura, nada se escuchó como un disparo.

—Un momento —Dije en voz alta, los toques en la puerta cesaron. Caminé un par de pasos hasta la puerta, comodidad de un apartamento pequeño es que no debes desplazarte grandes distancias para llegar de un lado a otro. Miré a través de la mirilla encontrándome con Josh, actual vecino. Abrí la puerta con algo de reticencia.

—Hola —Saludó efusivamente con una sonrisa—. Pasaba por aquí y quise preguntar si necesitabas algo.

— ¿Pasabas por aquí? Considerando que esto es casi el final del pasillo ¿Hacia dónde o de dónde venías? —Pregunté en tono de burla, obviamente no pasaba por aquí.

—Me has pillado —Confesó «Por supuesto que sí». Sonreí con desgana, bajando la vista—. ¿Te encuentras bien? Estás pálida.

—Estoy bien, no es nada —Respondí rápidamente acomodando mi cabello detrás de la oreja—. Es sólo que estoy imaginando cosas, nada inusual.

Reí fuerte para apartar ese incómodo comentario.

—Lo siento ¿Quieres pasar?

—Está helando aquí —Tomé eso como un sí, al menos él había pasado por alto mi indiscreción. Abrí más la puerta y Josh entró, le hice un par de señas para que se sentará—. Lindo, tu decorador te timó.

—Timó al dueño anterior, todo esto es de él —Aclaré—. ¿Quieres algo? ¿Un té? ¿Café?

—No, gracias, estoy bien así —Suspiró mientras deslizaba una mano sobre la pared, chequeando que estuviese seca—. Perdona, costumbres. Mi abuelo dijo que ya que venía hasta aquí me asegurara que no hubiese filtraciones.

—No hay problema, yo no he tenido tiempo para pensar en filtraciones —Josh asintió en silencio—. ¿Puedo preguntarte algo?

—Adelante.

— ¿Hay alguien viviendo en el doscientos siete? «Dime que no, maldición». Josh frunció el ceño.

—No —Respondió con seguridad, no supe si sentir alivio o aterrarme el doble—. Y si mi abuelo sigue diciendo que hay un fantasma rondando ese apartamento, no lo venderá nunca ¿Puedo saber por qué me lo preguntas?

—Nada en particular —Él me miró, incrédulo. Atrapada, sabía que mentía—. No es nada, en serio, es sólo que creí ver a alguien en el apartamento, fue como hace cinco minutos.

—Lo dudo —Josh se acercó a la ventana y miró a través de ella—. Seguro lo imaginaste o pudo ser mi abuelo, puede que haya estado revisando, tú sabes, filtraciones.

—Filtraciones —Repetí como un susurro suave. No había nadie revisando filtraciones «Déjalo ya, Haley». Me quedé meditando la situación por un minuto antes de llenar mi cabeza de cosas reales—. Disculpa, no quiero sonar grosera, pero debo salir a hacer unos trámites.

— ¿Salir? ¿Con ese aguacero de allá afuera? —Se dio la vuelta, esta vez mirándome directamente, sin alejarse de la ventana—. ¿Dónde es el incendio?

Bromeó, uno podía adaptarse a sus bromas tontas.

—La universidad no espera a nadie —Contesté con el mismo tono de burla—. Tu abuelo dijo que asistiríamos a la misma.

— ¿La vieja y degenerada universidad de South Ashfield? —Josh alzó una ceja y luego se metió las manos en los bolsillos—. Si deseas te puedo acompañar, así te enseño la universidad.

—Vale, vale —Levanté las manos con resignación, no era tan terrible—. Déjame ir por mis cosas.

Josh asintió en silencio, caminé hacia el cuarto, la última puerta del pasillo oscuro. Esa estúpida ampolleta, debía comprar otra y cambiarla. Agarré un pequeño bolso que estaba descansando en el colgador. Tomé la vieja chaqueta de cuero del armario y volví al salón. El muchacho de ojos verdes me observó con una sonrisa mientras yo cogía el teléfono móvil de la mesa de noche.

— ¿Lista? —Él preguntó a lo que afirmé con la cabeza—. Entonces vamos, antes de que la tormenta se ponga peor.

Sunderland nieto abrió hasta atrás. Agarré el paraguas que estaba en la entrada mientras me cruzaba el bolso por sobre el pecho. Puse la llave en la cerradura y me disponía a cerrar cuando algo fuera de lo normal ocurrió.

Este es Mr. Italian-Sauce con noticias de último minuto, al parecer a ocurrido un accidente automovilístico a las afueras de Silent Hill, según reportes, el incidente ha provocado un grave problema vial que aún intentan solucionar.

— ¿Qué mierda? —La radio, la condenada radio se había encendido sola. Solté la puerta y miré a Josh quien estaba perplejo, podía leer su mirada como un libro abierto—. No hice nada, jamás pasó algo como esto antes.

—Es un aparato muy viejo —Josh sonrió nervioso—. Admito que es tenebroso, pero no es raro.

Entrecerré los ojos, dando un bufido. Troté hasta el aparato que seguía funcionando, dándole un golpe suave en la estructura metálica.

No se reportaron víctimas, ni heridos en el lugar, teorías apuntan a que el automóvil con matricula de California perdió el control, estrellándose contra la valla de contención. Seguiremos ampliando la información a medida que las autori- nos den un repo- de la situaci-

La señal se llenó de interferencia, la voz de Mr. Italian-Sauce se escuchaba lejana, mezclada con voces raras, como rezos y pedidos de auxilio. Apreté el botón de apagado, pero nada sucedió.

—Está vuelta loca —Dije, sacudiendo la cabeza, dando otro golpe en la superficie metálica. Volví a presionar el botón de apagado, entonces provino un chillido agudo, poderoso, incluso creí que los vidrios reventarían. Llevé mis manos a mis oídos con tal de opacarlo. No funcionó.

— ¡Apágala! —Grité, de cierta forma el ruido me estaba aturdiendo, como a los animales del bosque.

— ¡Eso intento! —Josh se movió, vi su sombra pasar por el rabillo de mi ojo izquierdo—. ¡Qué demonios!

Volví mis ojos sobre él, su cara había palidecido, mis ojos vagaron por su figura hasta su mano. Josh sostenía el cable de la maldita radio «¿Qué?». Estaba desconectada ¡Desconectada y seguía funcionando! ¿Cómo era eso posible?

—Bromeas —No era una pegunta, moví mi mano contra su cuerpo, enredando el cable en mi mano, tirando de él con violencia. El aparato se deslizó por la superficie de madera del estante y golpeó el suelo lo suficientemente fuerte como para romperse.

Al menos el ruido infernal había cesado al fin. Miré a Josh, él me devolvió la misma mirada estupefacta que no había abandonado su rostro en los últimos ¿Qué? ¿Cuatro minutos de locura?

—Debes comprar otra radio —Dijo cuando encontró el valor para ordenar sus ideas—. ¿Qué diablos fue eso?

—No tengo ni la más mínima idea —Afirmé recogiendo algunos trozos de metal del suelo, sacudiendo la mano para alejar el humo que había desprendido la destrozada radio. Acto seguido Josh me extendió su mano, pero no la acepté, sólo coloqué los trozos sobre su palma.

—No más Mr. Italian-Sauce para ti —Josh bufó. Le dediqué una mirada en blanco—. Era broma.

Sonreí, entonces volvió a suceder, la sombra espectral del hombre del abrigo azul acarició el cristal de la ventana del doscientos siete. No podía ver sus ojos, pero sabía que estaba observándonos. Pareció susurrar algo antes de sacar el arma y apuntarnos, no, apuntarme con ella.

— ¡Cuidado! —Grité, mis manos tomaron a Josh por la chamarra atrayéndolo junto conmigo al piso.

— ¡Hey, hey! ¡Qué mierda sucede contigo!

— ¡Es un hombre, en el doscientos siete tiene un arma, nos estaba apuntando! —Exclamé al momento en que me puse de pie y corrí hasta a la puerta.

— ¡Espera! —Lo escuché gritar. Luego un portazo y el sonido de sus zapatos detrás de mí—. ¡Detente!

El rostro del hombre del abrigo apuntándonos comenzó a tatuarse en mi cabeza, acallando las demandas de Josh. Mis pies corrieron escaleras abajo hasta el segundo piso, empujé la puerta doble de madera del ala derecha. Sentí la resbaladiza superficie de cerámica y pude haber caído, no me hubiese detenido tampoco. Atravesé el pasillo solitario y me agolpé contra la puerta del doscientos siete.

— ¡Abre la puerta! ¡Quien quiera que seas! ¡Sal, maldito! —Aporreé la madera vieja y degastada hasta que la palma de mi mano ardió.

—Maldición, Haley —Llamó Josh poniendo una mano en mi boca para callarme—. Escucha, si hay alguien con un arma allí adentro ¿Qué harás? ¿Aporrearlo como a la puerta?

— ¿Qué está pasando aquí? —La voz de la mujer llenó todo el pasillo. Era la mujer del doscientos seis, había dos niños con ella, escondiéndose detrás de sus piernas—. ¿Qué es todo este alboroto?

—Señora… —Quité la mano del nieto del señor Sunderland y avancé hasta ella—. Había dos hombres aquí esta mañana, estaban discutiendo, uno de ellos le disparó, él mismo que intentó matarnos, tiene un abrigo azul, su cabello está desaliñado y-

— ¿Disparo? ¿De qué estás hablando niña? —Interrumpió la mujer—. No sé si sabes, pero el apartamento está vacío des-

— ¡Ocho meses! —Completé su frase—. Lo sé, pero hoy dos hombres estaban allí, lo juró, uno de ellos le disparó al otro.

—Josh ¿Qué está ocurriendo? —Genial, el superintendente Sunderland había escuchado también todo ese jaleo, mejor si estaba él aquí—. Sus gritos se escucharon hasta la avenida Ashfield ¿Alguien me puede explicar qué ocurre?

—Yo te lo explico abuelo —Alzó la palabra su nieto, mientras yo sólo podía recargarme sobre una pared para poder ordenar los sucesos, repasando uno por uno—. Mira, lo que sucede es que… al parecer un tipo… eh… bueno creímos ver a un hombre en el apartamento doscientos siete, al parecer tenía un arma.

— ¿Un arma? —Repitió Frank con incredulidad—. Debe ser una locura, acabo de revisar el apartamento, no hay nadie allí dentro.

—Yo lo vi —Susurré apenas, respirando agitadamente.

—Bien, todos vamos a calmarnos, Tina —Frank se dirigió a la mujer—. Yo me encargo de todo, no te preocupes.

La mujer asintió en silencio dándome una mirada de hielo eterno que me atravesó de hito en hito.

—No salgas —Susurró mientras su rostro se perdía detrás de la puerta «¿De dónde? El mundo se volvió loco de pronto». Quise golpear la puerta de la mujer y preguntarle cuando Frank habló nuevamente.

—Voy a abrir para demostrarles que no hay nadie —Sacó unas llaves de su bolsillo y abrió la puerta. Fue como la primera vez que Frank abrió el trescientos dos, el aire encajonado salió como una ráfaga densa e irrespirable. Ambos hombres permanecieron indemnes, no lo habían sentido—. Vacío.

¡Y estaba vacío! Para mi sorpresa, aunque para Josh y Frank fue algo muy obvio.

El mayor de los Sunderland me observó, parecía burlarse, aunque a esas alturas todo parecía burlarse de mí.

—Sé lo que vi —Afirmé con seguridad—. Yo sé lo que vi.

Y me alejé, aferrando la correa del bolso que estaba cruzado sobre mi pecho. Era imposible «Sé lo que vi, maldita sea, yo lo vi». Repetí mentalmente mientras bajaba las escaleras hasta el primer piso. Cerré mis ojos sintiendo un gran mareo y un vacío en el estómago «¿Pero qué es lo que vi?».

Llegué al hall central, parecía más sucio y viejo que los días anteriores, la puerta principal estaba abierta, sólo la empujé más. La lluvia caía con furia esta vez, sentí las gotas golpeando mi cabeza desnuda, la escuché chocando contra la chaqueta de cuero.

«Joder con todo eso». Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, mi cabello castaño oscuro caía como pesadas cuerdas despeinadas sobre mis hombros, entonces la lluvia se detuvo. Levanté los ojos para encontrar un paraguas rojo cubriéndome de la lluvia, el dueño era Josh.

—Admito que lo de la radio fue un tanto… perturbador —Dijo firmemente tomándome del brazo.

— ¿Y qué? ¿El hombre del abrigo fue mentira? —Me di la vuelta para encararlo; Josh sostuvo su paraguas en la mano izquierda, firme sobre nuestras cabezas.

—Muy Tarantino —Y por primera vez eso no se escuchó como una broma, incluso cuando lo era—. Mira, yo te creo… es sólo que…

Se detuvo y me observó seriamente.

—El cuarto estaba vacío, nada ¿Entiendes? Ni rastros de pelea, ni sangre.

Guardé silencio, aunque por dentro me moría por gritarle su estupidez, supuse que mi rostro lo decía todo. Alcé los ojos, mirando por la orilla del paraguas directamente hacia el doscientos siete. Frank estaba allí, observándonos, tal y como el hombre del abrigo.

—Lo imaginé —Ratifiqué, como si pudiese borrar todos los sucesos dementes que habían ocurrido. Josh abrió la boca para replicar, pero no le di tiempo—. Será mejor que no sigamos con el tema.

—Bien —Él sonó como si de verdad nada hubiese pasado—. Usemos el subterráneo, llegaremos más rápido, con la lluvia el tráfico se pone lento.

—Como tú digas —Josh soltó mi brazo y señaló el camino.

Lynch Street es la estación que está en frente del edificio, es tan vieja como la misma ciudad y huele a neumáticos quemados. El techo tiene goteras y el suelo siempre tiene envolturas de chocolates y vasos de café.

Introduje las fichas en el torniquete, girando los pilares de hierro, después de ellos había más escaleras. Silencio, aun cuando a lo lejos se escuchaba los miles de murmullos de otras personas que esperaban el metro. Los rieles vibraron, emitiendo un ruido como de electricidad, las luces del primer vagón se asomaron desde el túnel deteniéndose lentamente a lo largo del andén, las puertas se abrieron y Josh indicó un par de asientos vacíos junto a la ventana.

—No salgas —Murmuré, recordando los labios carnosos de la mujer del doscientos seis

— ¿Qué? —Josh levantó una ceja.

—Es lo que me ha dicho la mujer del doscientos seis —Lo encaré, necesitaba ver su reacción.

— ¿Te lo dijo? —Allí estaba esa mueca incrédula nuevamente—. Tal vez se lo dijo a Conrad, su hijo, uno de sus ocho hijos, quiero decir, no sé cómo no se ha vuelto loca.

—Me lo dijo a mí, antes de cerrar la puerta, me miró y me lo dijo —Aclaré, Josh posó su mano sobre la mía, apretándola ligeramente—. ¿Crees que estoy loca?

No respondió.

—Necesito dormir —Declaré—. Una buena siesta.

—De cierto modo, te creo —Josh confesó—. Quiero decir, no es que crea que un sicópata quiso matarnos, pero muchos dicen que hay un fantasma en el doscientos siete.

—Sí, el fantasma, por supuesto.

Reí, era una risa cansada y cínica, ácida en todos los sentidos, rogué porque Josh no lo notara, de cierta forma él tampoco tenía la culpa, él sólo estaba allí, como el hombre del abrigo.

Un sonido apagado provino desde el bolsillo de Josh, era su teléfono móvil, él se retorció en su búsqueda y contestó la llamada.

—Hey Jim, qué onda —Jim probablemente contestó y dijo algo parecido a una mala noticia, lo sabía por el semblante del menor de los Sunderland—. ¿Ahora? Vale, veré qué puedo hacer, pero no te aseguro nada.

Jim agregó algo más.

—Sí, te llamo cuando haya llegado, no, no estoy en mi apartamento —Josh suspiró—. Bien, nos vemos al rato.

Josh colgó el teléfono y lo regresó a su bolsillo, dando un suspiro fastidiado.

— ¿Algún problema? —Pregunté.

—Es el bar, me temo que vas a tener que disculparme, pero tengo que atender esto urgentemente —Dijo con preocupación.

—No hay problema —Aparté mi mano de la suya—. La visita guiada queda para otro día.

—Seguro, me bajaré aquí —El tren se detuvo en una de las estaciones de la línea y el conductor dijo el nombre de la estación que simplemente resbaló de mi cabeza—. Nos vemos luego. Y… cuídate.

Asentí con la cabeza y lo vi bajar, perdiéndose entre las personas que descendían del vagón. Miré a través de la ventana, levanté mi dedo índice y tallé letras en el vidrio. Las puertas del tren se cerraron de golpe, entonces dejé que mi respiración empañara el cristal, revelando las letras.

NO SALGAS.

«¡Déjalo ya!». Deslicé la mano furiosamente sobre el mensaje, enfoqué mis ojos en las personas del andén contrario. Cuando el tren se puso en movimiento sólo divisé la demacrada figura del hombre del abrigo en medio del mar de personas.

—Los monstruos son reales y los fantasmas también, viven dentro de nosotros y a veces, ellos ganan —Alguien dijo, una mujer.

—Stephen King lo dijo —Musité observando a la mujer de cabello corto sobre los hombros, su cara pecosa y ojos tan verdes como los míos.

— ¿Puedo sentarme? —Preguntó y el vagón estaba casi vacío, así que la pregunta estaba demás—. Ashfield es un fantasma para mí ¿Y para ti?

—Una linda ciudad —Respondí con desgana—. Algo extraña, curiosa, pero hermosa.

Ella no dijo nada al respecto, cruzó una pierna sobre la otra y abrió un libro de texto, se acomodó unas gafas de lectura sobre el puente de la nariz y luego sonrió.

Me dio la impresión de que iba a agregar algo cuando el tren dio una sacudida violenta y las luces parpadearon, se sintió un sonido de rieles y se accionaron los frenos de emergencia.

—Allá vamos —La mujer negó con la cabeza—. Debe ser la tercera vez que sucede en la semana.

Señores pasajeros, por problemas técnicos culpa de la lluvia, el tren no avanzará a la siguiente estación. Se ruega a los usuarios que abandonen los vagones. Se le hará entrega de su dinero a la salida. Por su comprensión, muchas gracias —La voz del chofer se escuchó en todos los vagones por los altavoces.

Las puertas se abrieron inmediatamente, afirmé la correa de mi bolso y salí por la puerta más cercana del vagón seguida por aquella mujer. Una vez que puse un pie afuera las puertas se cerraron con su silbido típico y el tren partió lentamente, perdiéndose en el túnel siguiente.

—Cuánto silencio —Observé a mis alrededores, no había ni un alma, sólo la mujer y yo—. ¿Ahora qué?

—Puedes esperar a que reparen el desperfecto, tardaran como veinte minutos —Respondió secamente para comenzar a caminar hasta las bancas de la estación.

—Tengo prisa —Informé, siguiéndola con la mirada—. Soy prácticamente nueva en esta ciudad y necesito llegar a la universidad lo más rápido posible ¿Me podrías decir cómo llego?

—Lo mejor que puedes hacer es salir de la estación y tomar el autobús o en su defecto un taxi que te lleve —Respondió sentándose en la banca de la plataforma—. Para salir de la estación debes subir por aquella escalera y luego seguir los carteles, no es tan difícil.

—Gracias —Ella sonrió—. ¿Piensas quedarte aquí?

—Yo no tengo tanta prisa —Contestó simplemente, sonriéndome—. Como tú. Que te vaya bien.

—Gracias —Reiteré suavemente.

Rodé los ojos hacia la escalera. Aferré la cuerda del bolso a mi cuerpo y comencé a subir.

Continuará.


N/A: Nada, yo y mis nombres raros, como Italian-Sauce, en mi mente era Ezio siendo locutor de una radio XD. Cosas que pasan cuando juegas muchos videojuegos, donde los locutores tienen nombres raros como Big D y cosas así. No tengo mucho que decir, pero espero que les haya gustado este segundo capítulo.

¡Gracias por leer y/o comentar!

En el capítulo siguiente: Subway

En el cual Haley se ve obligada a caminar sola a través de una estación aparentemente abandonada, entremedio de lo que parece una broma pesada y una pesadilla, viéndose forzada a escudriñar el pasado y los misterios de la estación Lynch Street.