- ¡Joder! -no para de gritar Roan.
Saben que los han perdido, que es de día y es imposible que les sigan.
- Mierda, mierda, mierda, ¡MIERDA! -repite Octavia, agarrándose la cabeza con las manos.
El camión derrapa al coger una curva, casi saliéndose de la carretera y embistiendo una antigua tintorería. Y a nadie le importa, demasiado centrados en lo que acaban de vivir.
Octavia había ido a avisar a Clarke y a John de que Antonella y Roan habían encontrado dos sacos más de cemento bajo unos palés, cuando oyó los gritos. No estaba ni a tres pasos de la entrada al edificio de oficinas cuando empezó a correr, sacando su arma y dispuesta a ayudar en fuese lo que fuese que provocara esos gritos. Fue entonces cuando lo vio, sobre John, atacando sin piedad su cuello hasta que los gritos de su compañero cesaron.
Seco, el ser había dejado el cuerpo seco. Y cuando la morena apuntó a la cabeza del ser, dispuesta a meterle una maldita bala en la cabeza, vio movimiento más allá del vampiro y el ahora cadáver. Más, muchos más, saliendo de un jodido agujero en el suelo.
Y se puso a correr, lo mas rápido que pudo, gritando para alertar a sus compañeros, dando gracias a todo al sentir la luz del sol una vez fuera. Aún más los chillidos de dolor de los seres que la perseguían.
Apenas un minuto después, todos estaban en el camión, en una carrera contra el tiempo por llegar a la base y pedir refuerzos. Necesitaban averiguar qué era ese agujero, confirmar si había un nido ahí abajo y encontrar a Clarke.
Gustus empieza a tocar la bocina, llamando la atención de los guardas que ya empiezan a abrir las puertas reforzadas del antiguo hospital. Octavia no espera, sabiéndose la más rápida, salta del camión aún en marcha y empieza a correr, ignorando las miradas, buscando a:
- ¡Bellamy! -grita, al verle entrar en una de las salas de Defensa, a la cual le sigue
- ¿Octavia? -pregunta este, dejando los papeles que tiene en las manos- ¿Qué haces aquí? ¿Y tu grupo?
- John ha muerto -explica la morena-, y Clarke... no... no sabemos si sigue con vida.
- ¿Qué? Octavia, qué ha pasado.
- John y Clarke se alejaron del grupo en la fábrica de azulejos, fueron a la sede de oficinas, Gustus les vio. Me lo dijo, y fui a avisarles de que habíamos encontrado material cuando...
Se tapa la boca, intentando parar unas náuseas que la embargan al recordar los gritos.
- Hey- susurra Bellamy, ayudándola a sentarse en el suelo, masajeando su espalda-, tranquila. Respira y dime que pasó después.
Inspira, expira, vuelve a inspirar.
- John estaba en el suelo -sigue-, un chupóptero se alimentaba de él y, tras él, había un agujero que juro no estaba ahí hace un par de semanas y un grupo salía de...
- Espera, ¿un agujero? ¿Un grupo? No, no hay nidos en esa zona. Y no excavan, sabemos que no excavan.
- ¡PUES HABÍA UN JODIDO AGUJERO! ¡JODER! -grita la joven.
Su hermano la observa, pálido.
Deben ir a la fábrica, deben averiguar qué está pasando.
Mira a su alrededor, y da gracias por ver que nadie se asoma a la puerta, llamado por los gritos.
- ¿Y Clarke? -pregunta Bellamy.
Ve como su hermana niega con la cabeza.
- No estaba allí -susurra.
Eso es bueno, puede significar que sigue con vida. Los vampiros no se llevan a sus presas, se alimentan en el sitio.
Suspira, centrándose, haciendo una lista de lo que debe hacer con toda esa información.
- Vale, quédate aquí -le dice a Octavia, besando su frente como tantas veces hizo de niños-, yo me encargo.
Le pone su chaqueta por encima, antes de levantarse y salir de la sala, cuya puerta cierra.
En el pasillo, mira a su alrededor, y suspira al ver a un par de personas que le pueden ser de ayuda.
- ¡Murphy, Ontari! -llama- Que uno de los dos se quede a cargo de mi hermana. No debe salir de esta sala. El otro, que vaya a buscar a varios más y retenga al grupo 6 de Patrullas. Que no hablen con nadie.
Se aleja de ellos una vez los ve asentir, caminando de forma rápida pero ininterrumpida. Sube los escalones del edificio de dos en dos, encaminando sus pasos a donde sabe están los consejeros ahora mismo. Debe informarles, debe avisarles de lo ocurrido lo antes posible.
Por eso, apenas se toma un respiro al abrir la puerta e interrumpir la sesión del consejo, formado por representantes de las áreas importantes de la base.
Los seis consejeros se giran hacia él cuando entra. Abby, Indra, Nya, Titus, Marcus y Thelonius le observan, cada uno en su sitio, alrededor de la mesa.
- Bellamy, estamos en mitad de una reu... -empieza Titus.
- El grupo 6 de Patrullas ha encontrado un posible nido -interrumpe Bellamy, captando su atención.
- ¿Dónde? -pregunta Marcus, acercándose al mapa de la ciudad que llena una de las paredes de la sala.
- Bajo la fábrica de azulejos -responde el chico-. Dicen que salieron de un agujero en el suelo, uno que no estaba ahí hace semanas.
Los ve intercambiar miradas, pero no ve sorpresa en sus caras.
- Hay un muerto, un ex soldado, John. Y Clarke -la mirada de Abby se clava en él-, Clarke ha desaparecido.
- Conocía a John -comenta Nya-, su prometida está en Cocinas. Siento tu perdida, Abby.
Esta no responde, tan sólo observa el mapa de lejos. Y Bellamy abre la boca, para recordar que los chupópteros siempre dejan los cuerpos detrás, pero Marcus le interrumpe.
- Hay que mandar a un pequeño grupo para confirmar la historia. Bellamy, reúne a aquellos en quienes confíes más y ve para ver si es cierto lo del agujero y el nido. Y llevaos explosivos para sepultarlo si es cierto. ¿Sabes donde está el grupo 6?
- Octavia está... en la sala de archivos de Defensa. Avisé a un par de mis hombres para que retuvieran al resto, para controlar la historia.
Varios de los consejeros asienten.
- Perfecto. Bellamy, puedes retirarte -indica Nya, señalando la puerta con un movimiento de la mano.
El joven observa a Abby, esperando algún tipo de orden para con Clarke.
Un "búscala", un "confirma si está bien o si la han cogido". Pero no, nada.
Por lo que asiente y sale de la sala.
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Le duele todo.
Se queja al mover el brazo derecho para poder frotarse los ojos.
¿Qué...?
Recuerda... recuerda la fábrica de azulejos, seguir a John y... la caída en el agujero.
Se incorpora, buscando a tientas su arma, deteniéndose de repente. En parte, por las náuseas que la invaden por el movimiento repentino, acompañando esa punzada de dolor extremo en la parte de atrás del cráneo; en parte, porque no está en ningún agujero.
Está en un... ¿piso? Pequeño, de esos en que cocina, salón y dormitorio comparten espacio. Y puede jurar que detrás de una de esas puertas da a un pequeño baño.
- ¿Cómo?
Está sobre un colchón, en el suelo, cubierta por una sábana con pequeños mapaches dibujados. A su lado, una pequeña torre de libros sirve de mesita de noche para un pequeño reloj despertador, con el cristal roto.
No son los únicos libros, la mayor parte del espacio está abarrotado de tomos apilados, con objetos de todo tipo sobre ellos.
Se mueve, intentando saber si tiene algo roto. ¿Veredicto? Un esguince en la mano izquierda, una contusión en el cráneo y las costillas del lado izquierdo le duelen, pero no parecen estar rotas. Por ello, se incorpora como puede y se acerca a la única ventana del pequeño apartamento.
No puede ser.
Está en el lado oeste de la ciudad, en la parte alta de un edificio de apartamentos. Es más, está cerca de su antiguo campus, bastante lejos de su cuadrante, de la fábrica.
- ¿Cómo demonios...?
Un ruido tras ella la obliga a girarse, volviendo a buscar su arma de forma inconsciente. Pero no está.
Y no la necesita.
En la puerta del apartamento, ahora abierta, no hay uno de los seres que tanto teme, no.
No necesita su arma porque, desde la puerta, una chica la observa. Y tiene los ojos más verdes que jamás ha visto.
