Bueno, gracias a todas las personitas dulces que me leen. Me alegra saber que les gustó mi historia. Aquí sin más, les dejo el segundo capítulo, ya al final desahogo todo lo que tengo que escribir.
Capítulo 2
'Cada día esconde una
revelación o un nuevo
descubrimiento que puedo
obtener'-Bruce Lee.
"No sé en qué momento de mi vida, decidí ayudarla pero lo que sí sé, es que, justo en estos instantes me encuentro perdida y confundida ante sentimientos que nunca en mi vida había sentido.
Y a pesar de que estoy en estos momentos, escapando con la vida de alguien a quien no quería ayudar, no puedo evitar trasladarme en el pasado y pensar sobre mis acciones pasadas…
Siempre creí que la vida era un juego, lleno de placeres y miedos.
Me hundí en peligros por este último, quise alcanzar y proteger a mis seres más queridos. Pero tenía que volver a la realidad, a darme cuenta de lo que realmente yo era. Y me escapé cuando mi padre decidió ponerme a raya. No quería la carga que él me había encomendado, era abrumadora y difícil.
Entonces cuando me fugué, caí en cuenta de que afuera, en los alrededores, no era más que una mocosa malcriada.
Luché y lloré amargamente cuando me encontré sola. Y justo después, cuando quise aferrarme de nuevo a la vida, me encontré matando a un ser humano.
No puedo describir los sentimientos que me embargaron en aquella situación, fue algo extraño. Recuerdo vivazmente la sangre recorriendo mis dedos aniñados, y la satisfacción.
Decidí en esos momentos en que convertirme. En simplemente una asesina.
Aquel sentimiento expectante y la adrenalina no son cosas fáciles de olvidar. Eso siempre lo tengo en mente y me impulsa a seguir adelante.
Pero me descubrieron, descubrieron que había asesinado a un clérigo. Y bueno, tuve que huir nuevamente con números en la cabeza. ¡Ja! Si supieran realmente por que no dudé en matarlo, se hubiesen echado para atrás al saber qué clase de infeliz tenían mi antiguo hogar.
Vagueé sin sentido, robando y matando, hasta que ellos me encontraron.
Me tendieron su brazo con tranquilidad y me otorgaron un nombre y también una familia.
Ellos fueron gentiles y me dieron una oportunidad al notar mis habilidades. Me enseñaron que era la ´magia' y me presentaron a mi bestia guardián.
A una edad temprana me convertí en mercenaria y en una 'Kuga'.
Ahora en aquellos tiempos tenía nuevamente a una familia que me amaban y que me aceptaban tal cual como era. Viajábamos y trabajamos para gente 'buena' y 'mala' pero eso era lo menos relevante. Hasta que, en uno de nuestros trabajos, nos encomendaron asesinar a un duque que descansaba en el reino de Artois. Era demasiado fácil y sencillo. O eso creímos.
Pero ahí, la pesadilla se desató.
Habíamos estado hospedados en una posada, Saeko me había regañado por tratar de adelantarme y querer despacharme a la víctima y Yamada sólo se reía a carcajadas al ver mis pucheros. Pensé que mientras más rápido nos desasiéremos de nuestra víctima, pronto podríamos irnos de aquel reino, que por alguna extraña razón, me causaba escalofríos.
¡Qué tonta fui! ¡Jamás volveríamos juntos! No como una familia.
Lo recuerdo muy bien, demasiado claro y abrumador.
Un ser despiadado y feroz -que nunca antes había visto en mi vida- destrozaba en segundos la posada en donde descansábamos, destrozando todo lo que había a su alrededor; la parte del tejado cayó sobre nosotros, mis padres estaban ilesos pero yo me había roto una pierna, pronto después, la fulgurante llama quemó todo a su alrededor, Yamada, aquel señor que llame alguna vez padre, dio su vida protegiéndonos a Saeko y a mí del potente ácido de la llamarada, usando toda su magia y energía, muriendo al instante.
La sangre, las llamas, la sonrisa altanera de Yamada y el último abrazo de Saeko siguen vivos en mi memoria. Esa mujer -quien pronto descubrí que se trataba de mi verdadera madre- también murió, una viga le perforó el abdomen… ella con cariño y gentileza me abrazó diciendo que me amaba y al final también se fue.
Otra vez estaba sola y herida.
El ser mitológico, desapareció. La lluvia azotó furiosa, ayudando a disminuir el fuego y los destrozos pero yo me encontraba nuevamente rota. Miré el cielo preguntando un porqué y lo que vi me marcó. Ahí estaba, en los cielos, flotando, una joven castaña se reía altaneramente de lo que el escenario le presentaba. Ella sintiendo mí mirada fija, no dudó en devolvérmela y de nuevo me heló la sangre. Sus ojos eran de unos azules hielos, una bata de dormir era lo único que portaba y raras marcas -que eran iguales a la de la bestia- se encontraban en sus brazos y rostro pero lo más inquietante era su sonrisa, sonreía de una manera macabra y sus ojizarcos ojos estaban sin vida; segundos después de mirarme y sonreírme, desapareció sin dejar rastro…
Tiempo después de aquel suceso, alguien me salvó y a cambio le estoy cumpliendo este favor… el de salvar y proteger a la joven que tengo en mis brazos.
Y quien iba decir, que al mirarla y comprender su soledad durante mucho tiempo, realmente nace en mí, el deseo de protegerla.
Sólo espero en estos momentos poder ayudarla…"
Los lloriqueos y jadeos de Shizuru eran el único sonido que a Natsuki le provocaba un malestar, algo dolía en ella cada vez que la joven en sus brazos parecía ida y jadeaba con sopor; la joven guerrera podía entender el porqué del sufrimiento de su reina, ya que, en los tiempos en donde andaba por el pueblo, Natsuki había observado con interés las interacciones que tenía Shizuru con los pueblerinos.
Shizuru amaba ese reino.
Y ahora la joven reina observaba como sus esfuerzos de parar una masacre inminente parecían en irse vano.
A Natsuki se le apretujaba el corazón al recordar las promesas que la reina le había hecho a su gente. Shizuru estaba realmente emocionada por liberarlos.
'¿Cómo era posible que pasara esto?' Una pregunta que iba rondando en su mente desde que vio al primer pueblerino matar a un guardia sin dudar. Todo parecía extraño y no tenía nada de sentido. Se suponía que Maxiam era el portavoz y que ningún humano tocaría el castillo sin las órdenes de Shizuru.
'¿Qué estaba pasando?' Más y más preguntas parecían arremolinar en la mente de Natsuki. Pero ninguna parecía responderse.
Sólo le quedaba un plan y ya lo estaba poniendo en marcha. Sin más, éste se trataba de llevar a la castaña a la torre y resguardarla ahí, mientras que, ella volvía a la habitación de la joven reina para buscar el tesoro que Mai le había pedido proteger y traer sano y a salvo.
Natsuki se alegraba de haber despejado el camino y haberlo hechizado antes de haber venido por la reina, así ya no podría matar a más personas por más que le gustase hacerlo.
Por su parte, Shizuru estaba devastada, no cabía en su mente la idea de que las personas estuviesen derramando sangre sin parar, se le erizaba la piel al recordar la sangre y en estos momentos, no quería ni mirar los pisos y las paredes. Se aferraba más y más al peto plateado de su protectora y jadeaba de dolor al imaginar cómo la gente se mataba los uno a los otros sin piedad. El dolor físico que su cuerpo presentaba, le era el menos relevante y sólo pensaba en el pueblo que no había podido ayudar.
Ella era demasiado humanitaria, su gente había sido la razón por la cual no había optado por envenenarse y abandonarlos de una vez. La castaña había tenido la esperanza de ser tan buena gobernante como alguna vez lo fue su amado padre pero ahora, todo estaba destruido.
De un momento a otro, con el sonido incesante de las pisadas de la pelinegra y el ajetreo que hacía la armadura de ésta… se volvió a dormir. Acto que a la joven guerrera le pareció un poco tierno y a la vez le hizo suspirar de alivio.
Shizuru ya no podría derrumbarse más y más en su presencia.
No faltaba mucho para llegar a la torre y Natsuki sabia eso. Sabía que, cuando dejase a Shizuru a la deriva, ella ya no podría cuidarla y protegerla. Así que, le dejaba toda la confianza de proteger a su reina, al escudo que ella misma había hechizado años anteriores en la torre. Se alegró de no encontrarse con algún ciudadano en la travesía, eso significaba que su magia aún seguía potente en ella.
Sólo fueron cuestiones de minutos para que ella diese la vuelta en un pasillo y ella viese la puerta de la torre; su cuerpo se tensó cuando abrió la puerta pero inmediatamente se relajó un poco cuando no observó otra cosa más interesante que la larga escalera en forma de serpiente, empezó a subir con rapidez para que todo fuese lo más rápido posible y no despertase a la reina de su agotador sueño.
Nada pareció importunarle mientras llegó a la puerta final de esta misma, demasiada tranquilidad inquietante había en aquella lúgubre torre pero sabía que aquello era prácticamente lo normal. En su interior, algo le decía que el camino de vuelta no iba a ser el mismo. Abrió la puerta de aquella habitación con la mano derecha, sin mover lo más que pudo a la castaña y sonrió de alegría cuando la encontró vacía y con el sello de su hechizo.
Su plan estaba siendo un éxito. O al menos eso creía. Nada más faltaba ir por el maldito libro y volver en una pieza para llevarse a Shizuru de aquel reino.
Con la delicadeza del pétalo de una sensible flor, la joven pelinegra dejó a la castaña en la cama que estaba en un rincón de la habitación. Después de acostarla no pudo evitar quedarse mirándola fijamente, la faz de paz de Shizuru le pareció calmar sus imprudentes deseos de llevársela de una vez. Recordó los pies heridos de su joven reina y prosiguió a curarlos con la magia que sus padres le habían enseñado cuando era niña.
—Bueno, con esto ya no podré sentirme más culpable… Shizuru— Dijo la chica, sonrió para sí misma y con la mano derecha enguantada, separó los mechones rebeldes que caían sobre el rostro de la castaña.
Antes de salir, Natsuki procuró de ver si estaba todo en orden –tanto como su hechizo, como la habitación lo estuviesen- y se despidió de la reina con un asentimiento de cabeza.
Ya no había marcha atrás… El tiempo había empezado a mover las manecillas del reloj y la joven de ojos verdes procuraría de no tardar demasiado, aún si eso significaba destazar cabezas sin piedad para volver a estar con su reina.
Shizuru se sentía realmente bien, no había preocupaciones, no había miedo, no había nada… Sólo era ella y su amada soledad.
Abrió los ojos y se encontró sentada en un campo de flores, ella estaba recargada en un tronco –o eso le parecía sentir- miró a su alrededor tratando de buscar alguna vida o algo que tuviese lógica, pues ella recordaba estar en el castillo en medio de un caos y no encontró nada más que flores. Su cuerpo parecía entumecido y cansado… pero eso no le impedía movilidad. La fresca brisa golpeaba su rostro con suavidad, algo que le provocaba más pereza y cansancio.
— ¿Natsuki? —Preguntó confundida, tratando de buscarla a su alrededor pero nuevamente no había nada.
Con la fuerza de voluntad que tenía –y con ayuda de sus manos-, se paró lentamente de su cómodo lugar, sintiendo –además de las flores y el pasto- el hormigueo de sus agotados pies. Curiosa, se dio la vuelta para mirar que había detrás de ella y su vista se inquietó con el escenario tétrico que se presentaba.
En ese lado del tronco de aquel imponente árbol de cerezo, las flores estaban escasas y las lápidas se encontraban en filas, casi igual como en un cementerio, o más bien, lo era. Shizuru trató de mantener la calma pero una figura conocida le llamó la atención, en el fondo de aquellas lápidas, un joven parecía estar sentado en una de las tumbas; la joven castaña no dudó en correr para ver de quien se trataba con más claridad, sin importarle que tan lúgubre estuviese el lugar.
Con sus pies descalzos y con el corazón tambaleante, logró estar un poco más cerca de aquella figura y lo que vio le impactó.
— ¿Reito?— Se acercó más al joven, estando frente a la figura, él muchacho –quien mantenía los ojos cerrados- los abrió, mostrando las gemas azules que tenía por ojos.
Una sonrisa sincera se le fue obsequiada, la rabia y el odio que había en su interior a punto de explotar, pareció desaparecer. ¿Ese chico que estaba ahí era su tirano y cruel esposo? No lo podía creer, era demasiado irreal verlo sonreír de esa manera, normalmente el temple duro y frío era siempre la faz de su rostro. Así que la joven sólo se quedó inmóvil, tratando de asimilar el hecho de ver a su esposo de aquella manera. Hasta que el joven lacónico en frente de ella, decidió por fin hablar…
— ¿Qué haces aquí? Shizuru, este no es tú lugar—El pelinegro se levantó del lugar en donde estaba sentado y con la mirada buscó peligro por los alrededores del cementerio, él estaba confundido, ningún humano podía estar en aquel limbo y si la mujer que una vez amó estaba ahí, significaba que aquel demonio de ojos azules había escapado de la prisión que él había construido.
—Quien debería preguntar eso soy yo, Reito, ¿Tú eres Reito? Se suponía que estabas en el castillo, es imposible que estés aquí… además ¿qué es este lugar? Y ¿Por qué estoy aquí? Nada de esto tiene sentido—La chica se mostraba más confundida y la desesperación le carcomió las entrañas.
— ¿Eres tú en verdad Shizuru?
— ¿Quién más si no yo? No has respondido mis preguntas—La reina lo miró seriamente y cruzó los brazos tratando de buscar paciencia, no dudaría en saltar hacia él para devolverle el daño que una vez le hizo. Pero nuevamente, algo en ella le decía confiar.
El joven rey se acercó a la castaña lentamente, asegurándose de las acciones de Shizuru; ésta presa del miedo no pudo evitar retroceder algunos pasos, recordando sin querer al cruel esposo que una vez fue Reito, y con la mirada fiera se detuvo, ya no podía dejarse intimidar y eso lo iba a demostrar. Reito imaginándose las acciones de su esposa paró y suspiró con cansancio, era hora de liberar un poco la verdad, así que, prosiguió su camino hacía el enorme árbol de cerezo.
Shizuru extrañada, no dudó en seguirle, si algo había aprendido con los años de ser reina era tener paciencia y saber esperar.
—Este lugar suele ser tan inestable, no querrás verlo por mucho tiempo, es mejor si nos sentamos bajo el árbol sagrado de cerezo, nos protegerá ante las banshees.
Shizuru sólo asintió con la cabeza y le siguió. Ninguno habló hasta que llegaron al lugar y la joven de ojos zarcos ya tenía una bomba de preguntas que hacer.
El rey sólo le hizo un ademan a Shizuru para que se sentara. Las preguntas, o en su mayoría las iba a responder… Y la castaña no tardó en sentarse.
Sólo fueron cuestión de segundos en los que se sentaron y mágicamente el panorama cambió de paisaje a un lúgubre y neblino bosque, asustando un poco a la reina pero ella con elegancia, logró serenarse.
—Empezaré a responder tus preguntas.
Shizuru sólo le miró curiosa y precavida, ignorando los extraños lamentos que se oían a lo lejos del bosque.
—Pero antes, sólo quiero que me mires a mí, sólo a mí o si no, no podré salvarte de las banshees.
— ¿Por qué quieres que haga eso Reito? No eres una figura a la cual quiera observar por mucho tiempo—Con palabras venenosas, la joven soltó.
El rey, cansado, suspiró e ignoró su sarcástico comentario. No quedaba mucho tiempo y tenía que ser lo más breve posible.
—Porque si miras a los alrededores cuando veas algún ser querido o conocido, justo en el momento en el que escuches un grito, jamás podrás volver a venir, es un reto que te ponen los espíritus de esta dimensión, así que, por favor, sólo mírame.
La chica sólo asintió mientras los gritos se empezaban a escuchar, no eran tan fuertes pero si los suficientemente aterradores. Ignorar que era los que lo provocaba, iba a ser una tarea difícil y más si él causante de algunas de sus pesadillas parecía ser otro que no conocía.
—Respondiendo a tu primera pregunta, este lugar es la prisión a la que se me fue confinada, así que aquí es el lugar en donde pertenezco. Sólo eso es.
—Bueno, por lo menos respondiste teóricamente mi pregunta, la que sigue.
Reito cerró los ojos y después los abrió, estos cambiaron de color y se tornaron de un tono ámbar, un suceso demasiado extraño para Shizuru, ella solía recordar que su esposo siempre tuvo los ojos azules, entonces ¿qué era este cambio?
—Respondiendo a tu siguiente pregunta, soy el verdadero Reito, no el Reito que tú conoces y que ahora mora en el castillo haciéndote la vida lo más infeliz posible, sino el Reito que alguna vez fue tu amigo de la infancia—El chico sonrió tristemente y un mirar igual se le presentó en su calmado rostro.
La reina no pudo evitar confundirse más…
— ¿A qué te refieres?—Shizuru preguntó extrañada y una sensación rara se le apoderó en el estómago.
—Sería una historia muy larga que contar, temo que no nos quede tiempo y aún tengo que responder tus preguntas, cuando vuelvas, quizás te cuente… Pero créeme, yo soy el amigo que una vez tuviste. El Reito que está afuera, no es el Reito que una vez te amó, sé que es confuso pero después te ayudaré a quitarte esta confusión. Lo siento tanto, lamento el daño que te he hecho Shizuru.
La castaña solo se quedó en silencio, asimilando las palabras que aquel Reito le decía, no comprendía nada y los sentimientos en su interior estaban revueltos… ¿Debería creerle al joven que estaba frente de ella? No sabía responder aquella pregunta pero si quería irse de aquel lugar y volver con Natsuki para escapar, entonces tenía que cederle un poco de su confianza. Por un instante pareció ver la sombra de su antes mencionada y casi pierde la vista en donde la tenía pero sabiendo muy bien que era una banshee, ni loca caería en la trampa de esas bestias espirituales por más tentadora que fuese la trampa. Internamente agradeció a su nana el haberla asustado de niña con historias de los forajidos espirituales.
Se perdió en unos segundos en su mente… pero la voz de Reito le hizo reaccionar.
—Bien, respondiendo a tu tercera pregunta, esta es mí prisión personal, yo la creé y así mantengo encerrado un oscuro y extraño ser. No diré de que se trata y el por qué lo encerré, aún es muy pronto para que lo sepas—El joven se serenó y con sus ojos devueltos a la normalidad, negó suavemente con la cabeza.
—Entiendo—Respondió Shizuru y un inevitable suspiro salió de sus labios, esto estaba siendo más agotador de lo que ella podía creer.
—Proseguiré con la última pregunta y siendo la más importante, necesito de toda tú atención, ¿de acuerdo?—Reito sonrió y una expresión de paz se le formó en su rostro –aunque internamente no lo estaba-.
Shizuru, volviendo a creer en las palabras de aquel hombre, no pudo evitar asentir con impaciencia, al fin lograría saber el motivo por el cual estaba ahí.
—Quiero pensar que estás aquí para acabar con la maldición y la leyenda que una vez existió… Ningún ser humano es capaz de realizar un viaje astral sin haber meditado por lo menos 10 años con la magia y aparentemente tú lo has logrado con tan solo dormirte cuando tu vida estaba en peligro.
— ¿A qué te refieres Reito? —La joven le miró confundida y el paisaje volvió a cambiar, aparentemente ahora estaban en el castillo y Shizuru observó su cuerpo dormido en la cama de la torre, justo en dónde Natsuki la pudo haber dejado. Flaqueando por la extrañeza, se paró de donde se encontraba sentada y la figura de Reito pareció deformarse un poco.
—Me refiero a que… ahora no eres una humana normal, haz logrado despertar un 80% y el demonio que destruyó el hogar de donde perteneces ha logrado escapar de su prisión. Shizuru, tienes que evitar que el ojo de Gorgona despierte, no sab-
La castaña empezó a verlo más borroso y con mucho trabajo podía escuchar su voz, todo se empezaba a tornar más oscuro y ciertamente el pánico se estaba arremolinando en su interior…
Y ella sólo pudo escuchar una frase antes de caer dormida…
'Evita que los castillos estén en el aire'
Al final, Shizuru despertó exaltada y con claro sudor en su cuerpo.
Con confusión miró a su alrededor pero todo estaba tan normal como ella recordaba en las veces que había estado en aquel lugar y nada le pareció extraño.
De pronto una duda le vino…
¿Todo aquello fue un sueño?
Tratándole de buscar una repuesta a su pregunta, la castaña optó por decirse a sí misma un sí.
Estando renovada y con más preguntas se dispuso a salir del lugar pero recordó que Natsuki no estaba ahí. ¿A dónde se había ido su guerrera? Con el ceño fruncido se levantó de la posición recostada e instintivamente miró sus pies al no sentir dolor.
Su caballero le había curado sus pies y la reina se sentía sumamente alegre al notar que tanto le preocupaba a su joven guerrera.
Con fuerzas y con ánimos repuestos volvió a acostarse para esperar a la joven. Imaginando que no tardaría demasiado.
Tomando así una acción equivocada.
Sin que no le diese tiempo de reaccionar y de protegerse todo lo que le fuese posible.
La torre explotó.
Todo le pareció tan rápido y un pedazo de cristal del espejo que había en aquella habitación le perforó el lado derecho de su abdomen.
Las piedras que lograron impactar en su cuerpo, no le ayudaban demasiado a concentrarse, pues el dolor de los impactos era tan equivalente como ser aplastado por escombros.
Se vio a sí misma con la vista borrosa, cayendo en las llanuras que estaban afuera de su torre… Y sintió nuevamente la sangre y el dolor en su cuerpo.
Sus oídos aun escuchaban el sonido incesante de un 'pip' y se encontraba desorientada.
Iba a morir. Y nadie podía evitarlo esta vez.
La desesperación inundó su mente en segundos y con las pocas fuerzas que le quedaban, invocó a una bestia.
Salvándose así de una muerte segura.
Un enorme oso -de exótica belleza- fue quien logró capturar su mallugado cuerpo y este desapareció justo en el momento en el que ella fue depositada en el suelo.
No tardó en encorvarse para tratar de huir nuevamente, aún sintiendo de manera desgarradora el dolor palpitante de la carne expuesta.
Tenía que huir.
Debía volver con Natsuki.
Se encontró así misma arrastrándose lo más rápido que podía…
Ella, con el corazón bombeante a una velocidad increíble y con el cuerpo más tenso que un tronco, escuchó unas palabras que le helaron la sangre.
— ¡Encontramos a la reina!
Y todo el esfuerzo pareció irse en vano…
N/A: ¿Qué les pareció? Extraño y loco ¿no? Ahora con este nuevo capítulo nuevos sucesos han sido descubiertos. Y aún faltan más por descubrir, esto es apenas la punta del iceberg. ¿Qué le deparará a nuestra amada Shizuru? Espero leer algunas teorías XD
Deseo no haber decepcionado a alguno de los que me leen y de manera estoica les agradezco nuevamente los dulces comentarios y el apoyo que me han ofrecido, no saben lo feliz que me han hecho el leerlos.
Nos leemos hasta la próxima y no duden en señalarme cualquier error que yo tenga, aquí estoy para quitarles las dudas. Por favor, señálenme cualquier error, deseo mejorar.
Y me disculpo por la tardanza, puedo jurarles en nombre de mí gato que ya lo tenía listo el 2 de noviembre pero se me había olvidado que había puente y no iba ir a la escuela para poder actualizar.
Gracias.
.
