Primera semana.
Esa mañana sólo habría podido ser más prometedora, para Mittens y Bolt, si además de comenzar soleada hubiera aparecido un gran arco iris.
Ellos se levantaron muy temprano pero tranquilos y contentos; despertaron por turno a sus cinco hijos, los acicalaron un poco y diez minutos después todos bajaron a desayunar.
Al momento de despedirse…
"Como saben, niños -se dirigió Bolt especialmente a los dos menores aunque hablaba a los cinco-, mamá y yo volveremos a pasar unos días en el Templo. Gino, Snowy… Cuiden a sus dos nuevos hermanitos mientras nosotros no estamos. -Abrazó a los pequeñines. -No dejen de hacerle caso a Snowy y a Gino, hijitos. Jueguen todo lo que quieran y cuando menos lo esperen ya estaremos de nuevo todos juntos…"
"Hasta pronto, mami y papi… -Los saludaron los tres mayores. -…Practiquen mucho".
Y Mittens salió del "Loto Amarillo" junto a su esposo, en medio de un coro de frases (algunas en Chino) como despedida.
Diez minutos después, a la entrada del Templo los recibieron Shang-Po, Shu y Li-Kuei.
Intercambiaron con ellos los saludos correspondientes y, en el Salón de la Puerta, la Gata y el Perro se dedicaron por unos segundos la última mirada que se darían el uno al otro hasta su reencuentro.
"Hasta pronto, Bolty…"
"Nos veremos, princesita. Te amo". -Estas dos palabras las dijo en silencio, sólo moviendo los labios.
"Venga por aquí, Señorita Mittens…" -Ninguno en el Templo olvidaba el trato que acostumbraban para con ella.
"Ven al patio, Bolt". -Indicó el Maestro de Hú Quan.
En el patio había dos adoquines como cajas de zapatos y de piedra, atados fuertemente a otras tantas cadenas.
"Bolt, tu siguiente ejercicio, sujetando con cada mano un extremo libre de esas cadena, será lanzar golpes en línea recta y tan rápido como puedas. Con esto tendrás cinco sesiones por día, hoy y mañana, de quince minutos cada una. Cuando quieras, puedes empezar".
Parecía algo demasiado difícil, después de pasar casi seis meses sin hacer otra cosa que permanecer con los suyos en "El Loto Amarillo", pero comenzó el nuevo ejercicio mientras Shu lo observaba.
"Vas bien, sólo intenta un poco más rápido".
…Y aunque ya empezaban a dolerle los brazos, sabía que debía seguir; también, el motivo por el cual no le convenía dejar pasar tantos meses sin ejercitarse.
Segunda sesión…, Tercera…
En la cuarta de ese día le dolía desde el hombro hasta la punta de los dedos en cada brazo ("Una más… Sólo una más, por mi amada Mittens…"). Pero después de la quinta tuvo un tratamiento inesperado y reparador con una Birmana casi tan experta en Reiki como el Gran Dragón.
"Qué alivio, por fin…" -Pensó una o dos veces poco antes de dormir. Si todo iba a ser igual al día siguiente, también iba a marchar como sobre ruedas.
Lo que Bolt esperaba de la segunda serie de sesiones, en realidad fue bastante mejor. Ya fuera porque sus bíceps se habían fortalecido o por la sanación del Reiki de la noche anterior, ni siquiera en la cuarta sesión le dolían tanto los brazos mientras tiraba de las cadenas dando golpes al aire.
"Muy bien, Bolt… Vas muy bien, para lo que viene mañana".
"¿Y qué debo hacer, mañana?"
"Ah, paciencia… Perdón, parece que me adelanté un poco respecto de las etapas de tu entrenamiento, pero pronto lo sabrás, de todos modos. Ahora continúa, que sólo te faltan nueve minutos en esta sesión".
Al terminar las dos últimas, el Perro se desperezó, pero sólo para aflojar un poco la musculatura braquial. Veinte minutos después llegó el necesario tratamiento, y -ahora al final de éste- la esperada cena en el comedor del Templo.
Allí les contó sobre Mittens a algunos Birmanos estudiantes de Hú Quan, como él, pero recién llegados.
"…Y la amo, en realidad, más que a todo lo que hay en la Tierra; quizás también lo del cielo". -Aseguró frente al escaso aunque atento público antes de retirarse a su cuarto.
"Otro buen día en el Templo…" -Se dijo en un bostezo, y comenzó a dormir.
La mañana siguiente llegó bastante fría, sin embargo Shu estaba esperándolo en el patio.
"Es la temperatura adecuada para el próximo ejercicio". -Dijo apenas vio salir al Perro blanco. Y él tuvo que creerle a su Maestro, pues además de golpear al aire tirando de las cadenas y los adoquines…
"Como te habrás dado cuenta, Bolt, ahora tus golpes deben llegar con fuerza suficiente para romper esas tablas. Pero gracias a los ejercicios que hiciste, no deberías tener mayores problemas".
"Hum… En este momento estoy deseando exactamente lo mismo, Maestro Shu".
"No te preocupes, yo confío en que podrás… Tú sólo haz otro tanto".
Afortunadamente, sus manos seguían tan fuertes como al final de las primeras cinco semanas pasadas en el Templo. De modo que durante la sesión inicial consiguió romper una tabla con un solo golpe.
En la segunda y la tercera no pudo, pero sí en las dos últimas.
"De este ejercicio habrá tres series por día, Bolt. Por supuesto, otra vez lo hiciste bastante bien. Lo único que puedo decirte, para las siguientes, es: intenta aplicar la concentración de fuerza mientras golpeas. Bueno, ahora aprovecha las tres horas de descanso hasta la próxima sesión".
"Lo veo más tarde, Maestro Shu".
…Y Bolt la aplicó. Acordándose de aquél golpe que le había dado a Kenzaburo debajo del ojo, el Perro logró romper en total doce tablas, dejando sólo cuatro enteras.
El tercer día estableció un nuevo récord para sí mismo, con quince tablas rotas y una entera.
"Oh, qué mala suerte con esa, Bolt. También podrías haberla dejado en dos mitades. Pero ahora déjala así, que ya está esperándote nuestra Birmana Reikista".
Mientras ella hacía su trabajo, el Birmano le decía algunas cosas al Perro relacionadas con las recientes prácticas, pero Bolt sólo prestaba la mínima atención necesaria y cortés… Su mente estaba con Mittens, preguntándose qué habría aprendido ella; esperando encontrar de nuevo las esmeraldas vivas de sus ojos mientras iba hacia su amada para abrazarla otra vez.
"Muy bien, entonces, la lección del día ahora sí terminó. Puedes ir a cenar y seguir pensando en tu esposa".
"Pensar en… Gulp. Perdón, pero ¿Cómo sabía…?"
"Es fácil de imaginar, Bolt…"
"Cierto, disculpe de todos modos. Lo veo mañana en el patio, ¿no?"
El Gato asintió.
Durante el cuarto día, hubo un repaso de todos los movimientos (los doce) y ataques con Manrikigusari y Nunchakus; cada sesión en este caso duró tres horas exactas.
Bolt había olvidado algunos movimientos básicos (no tardó en volver a aprenderlos) y tenía ciertas dificultades con la Cadena Manriki, pero descubrió, con el Birmano, que el Nunchaku parecía hecho para él.
"Excelente… La próxima semana, o la siguiente, habrá por lo menos un día dedicado sólo a esta arma".
Y el Perro aceptó; de todas las que había visto, el Nunchaku también era su favorita.
Luego, mientras cenaba, volvió a llenar la mente y el corazón con una única imagen, en la cual Mittens y él dormían muy juntitos otra vez en "El Loto Amarillo", con sus cinco hijos acurrucados contra ellos.
El quinto día, el Perro tuvo que demostrar su resistencia… En este caso, dejando que lo golpearan otros estudiantes en su espalda, los costados y la cabeza con Nunchakus. A causa de eso, durante un rato se preguntó si terminaría eligiendo otra arma como su favorita.
En cuanto a la Gata, el primer día de su nuevo entrenamiento…
"Muy bien, Señorita Mittens, estamos a punto de empezar. Pero antes… ¿Se acuerda de haber oído que con sus habilidades y su equilibrio podía al menos igualar a los Perros Ninjas?"
"Sí; fue esa ocasión en que mi Bolty salía para enfrentar al Zorrito y a mí me dieron una armadura como protección extra".
"Exactamente -sonrió el Birmano. -Y ahora deberá empezar a aplicar otra habilidad especial, aunque es una de las más difíciles de lograr (salieron al patio). -Está lleno de estudiantes en grupos, ¿verdad?, oyendo a sus Maestros o practicando igual que tu esposo…"
"¿Mi Bolt por aquí cerca?" -La Gata no pudo contener el impulso de buscarlo con la mirada y verlo aunque fuera desde lejos.
"Sí, Señorita Mittens, pero preste atención a esto únicamente: de los Ninjas, entre otras cosas, se dice que pueden aparecer, inmovilizar de un golpe y desaparecer tan rápido como vinieron; que son capaces de caminar sin ser vistos y hasta ver en la oscuridad a sus víctimas. Usted practicará sólo lo segundo que mencioné".
"¿Aquí mismo, en el patio?"
"Así es. Intente atravesarlo en la dirección que prefiera, pero sin ser vista; especialmente porque, como ya pudo saberlo, su esposo está ejercitándose en cierto lugar del patio, tirando de piedras atadas a cadenas".
La Gata observó a los distintos grupos que practicaban Shé Quan o Hú Quan; todos miraban a sus respectivos Maestros o luchaban entre sí de a dos para mejorar su técnica. Mittens sin embargo tenía que caminar casi junto a todos ellos (¡Y a Bolt!) sin que advirtieran su presencia (¡En pleno día!).
Li-Kuei siguió tratando de ayudarla y allanarle el camino.
"En realidad, lo que debe hacer en este nuevo ejercicio es algo que cualquier Gato sabe hacer muy bien; sólo que logrando caminar así usted lo llevaría a la máxima expresión… Al máximo nivel, en cuanto a moverse como si estuviera acechando. Ahora tiene una idea más clara de lo que dije, ¿Verdad, Señorita Mittens?"
"Sí, Maestro Li-Kuei, aunque todavía lo veo difícil… Pero enseguida empiezo" -Se apresuró a decir.
"Bueno, iré a esperarla en aquél rincón del patio".
Ella miró a ambos lados; los grupos de estudiantes seguían ocupados con sus entrenamientos, pero ¿Qué les impediría seguirla con la mirada apenas terminara de pasar junto a ellos?
Pensó unos instantes en lo que le había dicho el Birmano y enseguida algo la hizo sentirse muy avergonzada de sí misma.
Tenía que acecharlos, observarlos agazapada, actuar como si fuera a cazarlos… ¿Que Bolt no sabía nada del mundo real cuando se conocieron? …Pues bien, ella -en sus largos meses de vivir en las calles- nunca había al menos perseguido a una posible presa; acostumbrada desde los primeros días a conseguir su comida por intermedio de los tres Palomos.
Eso era todo… Tenía ganas de atravesar despreocupada el patio sólo para confesarle a Li-Kuei que no sabía cómo debía hacer ese ejercicio, pero no podía aceptar semejante fracaso.
Volvió a mirar al grupo de Gatos, que practicaba Hú Quan; la diferencia entre ser o no vista equivalía apenas a unos segundos, o pura suerte. ¿Cómo lo lograría? …No tenía forma de esconderse al pasar detrás de ellos. ¿Li-Kuei no se habría olvidado de explicarle algo?
En el primer intento apeló a una cosa que sí conocía; la costumbre de acercarse sigilosamente desde atrás, para asustar a los desprevenidos.
Pero a pesar de haberlo hecho en numerosas ocasiones con los tres Palomos allá en Nueva York, varios Birmanos la vieron las tres primeras veces que cruzó el patio para reunirse con su Maestro.
"Lo siento, no sé si voy a poder hacer esto, Maestro Li-Kuei…"
"Pues yo creo que sí podrá, Señorita Mittens. ¿Y sabe de quién sería el fracaso, si usted no lo lograra? …Mío, por haber fallado en enseñarle. Ahora sólo preste atención. Un Perro Ninja, en medio de un bosque, no tendría ninguna dificultad en mimetizarse con el entorno. ¿Y cómo haría en una ciudad? ...Pues caminaría naturalmente hasta llegar a su víctima y encontrar el momento apropiado. En este caso, por último -señaló a los grupos de estudiantes-, tratará de disimular su presencia actuando como ellos… Y con eso, los demás dirán después que es invisible, pues nunca habrán visto al Ninja hasta que él haya decidido dar el golpe mortal. Por supuesto, se acuerda de cuando ese Inu los dejó sin el plano del Barrio Chino, ¿no? …Pues algo así debe hacer en este ejercicio, Señorita Mittens. Así que, la espero del otro lado".
La Gata meditó unos momentos mirando hacia el suelo, sobre lo que había oído. Al levantar la vista, tuvo la increíble sensación de que veía todo de una forma distinta; que ella percibía con sus ojos cuanto la rodeaba mucho más nítidamente, y… Los demás no advertían su presencia.
"Entonces… -pensó. -…Esta es la clave de la ilusión, si para otros soy invisible".
O sea que en realidad podía ser perfectamente visible todo el tiempo, pero hacer todo de modo tal que otros no se preguntaran "¿Y quién será esta? ¿Qué está haciendo aquí?"
Esa tenía que ser toda la clave del asunto. Pero aún así, si ella quería hacerlo bien…
"Bueno, ahora sólo necesito una buena idea" -pensó Mittens, empezando a caminar hacia donde los Birmanos jóvenes practicaban Hú Quan.
Llegó a cinco metros de ellos (todos seguían dedicados a lo suyo) y se quedó unos segundos detrás del grupo hasta que por fin supo qué preguntar.
"Este es el Estilo del Tigre, ¿no?"
"Sí" -Le respondió el Gato más cercano a ella, sin voltear a verla. En realidad, sólo el Maestro de los Birmanos la miró un momento, para luego seguir observando a sus estudiantes. ¿Lo habría logrado? …Ahora necesitaba la opinión de Li-Kuei.
Y todavía le faltaba pasar junto a los de su propio estilo. Pero apenas si necesitó unos instantes para encontrar el mejor método, según lo que le había dicho su Maestro: mimetizarse era siempre la respuesta, con el ambiente o con formas de actuar.
Se situó a espaldas de un Birmano estudiante, medio metro más atrás y donde el otro Maestro no llegara a verla; al menos por uno o dos minutos.
"Estudiantes, de pie, para los movimientos básicos tercero y cuarto…"
Todos se pararon y ella los imitó. Ahora sólo era cuestión de acordarse de cómo eran esos movimientos.
"Primero los de este lado…" -Señaló con la mano a los que estaban a su izquierda; Mittens estaba con los del lado contrario. ¿La habría visto, el Maestro de Shé Quan? …La Gata siguió allí, tan inmóvil como pudo.
"Bien, ahora ustedes…" -Le ordenó a la otra mitad de sus estudiantes. Dos minutos después…
"Un momento ahora, y presten atención -pidió, para que todos permanecieran mirando hacia delante. -Algunos no lo hicieron del todo bien. Obsérvenme y repitan luego el ejercicio. Miren todos hacia aquí que enseguida empiezo. Los que ya lo aprendieron, pueden ir a hablar con el Maestro Li-Kuei"
Ninguno de ellos lo había estudiado lo suficiente, al parecer, pero ella entendió el mensaje: él la había visto de algún modo y ahora la ayudaba, haciendo que pudiera alejarse sin ser notada por los Gatos estudiantes de Shé Quan.
"¿Cómo estuve, entonces, en el ejercicio?"
"Mucho mejor, Señorita Mittens. Veo que encontró la clave… La idea de que pasar junto a alguien sin ser visto no significa ser literalmente invisible. Y ahora puede ir a meditar si quiere sobre esto a su habitación, pues mañana deberá hacer lo mismo en otro ámbito".
La Gata entonces se despidió de su Maestro; estaba contenta.
Mientras cenaba, dedicó un tiempo a reflexionar sobre su nuevo aprendizaje, pero ya en su cuarto, todos los pensamientos fueron para el Perro a quien tanto amaba.
En su segundo día de entrenamiento, encontró a Li-Kuei esperándola en el patio.
"Bueno, Señorita Mittens… Hoy el ejercicio no será en el patio, sino dentro del Templo. Usted debe atravesar salas y corredores entre el comedor y el Salón de la Puerta, usando todos sus sentidos para evitar que la vean. Como puede imaginar, es otra habilidad de los Inus Ninjas… Yo me quedaré afuera diez minutos mientras usted llega al punto de partida y luego la esperaré en la entrada. Así que, nos vemos, Señorita Mittens. Aplique lo aprendido ayer, y… Buena suerte".
El Templo, ahora… Corredores cruzados todo el día por Birmanos yendo y viniendo; solos o en grupos. ¿Cómo se las arreglaría?
"Me parece… -pensó junto a la puerta del comedor. -…Que en esta situación también debo moverme con naturalidad. Y si algo sale mal, por lo menos no me verán actuando de una forma rara. Bueno, allá voy…"
En mitad del pasillo que llevaba al comedor, rogó que nadie hubiera terminado su desayuno para salir en ese preciso momento. En caso de emergencia había algunos muebles con esculturas y libros para ocultarse, pero…
"Espero no tener que… ¡Alguien sale del comedor!"
Y corrió detrás del mueble más cercano, rogando esta vez "Ojalá no haya visto cómo venía hasta aquí".
Cuando pudo tranquilizarse y estar segura de que no vendría nadie, abandonó su momentáneo escondite.
Es oportuno y conveniente decir ahora que el Templo ocupaba 1.638 m2 incluyendo el patio y el Jardín Secreto.
El Salón de la Puerta, centrado en la pared del frente, medía 30 m2; una puerta lateral llevaba al comedor (tenía éste 24 metros de largo por 6 de ancho), cuya salida daba a un pasillo con forma de "C" trazada con tres líneas rectas y un poco más larga en un extremo. En éste, una pequeña puerta llevaba a las habitaciones de Tsé-Kiang. Y estos cuatro lugares mencionados rodeaban las habitaciones (60 m2) usadas por los Maestros y los estudiantes.
Junto a los aposentos del Birmano Tsé-Kiang, vivían los Siete Guerreros (su área, 24 m2). La superficie restante quedaba para el patio y el Jardín Secreto (15 de largo por 9 de ancho).
La puerta escondida de ese jardín estaba en el ángulo que formaba su pared de 9 metros con la que había al fondo de ese patio. La de los tres niveles inferiores donde habitaban la Serpiente Suprema, el Tigre Supremo y el Gran Dragón, a 12 metros de la pared del frente, en un lugar poco transitado del patio y junto a la pared externa del comedor.
Mittens estaba ahora en el corredor que había entre el patio y las habitaciones; en éste, sólo tenía una biblioteca si necesitaba esconderse. Claro que era muy alta, por lo cual, si podía trepar rápidamente sin duda no la verían.
La puerta que llevaba a las habitaciones -al final del mencionado corredor y a la izquierda- estaba casi frente a la del patio… La Gata sólo podía aguzar el oído y esperar que nadie saliera o entrara por ninguna de ellas.
Se ubicó junto a la parte de la biblioteca más cercana al comedor; aunque también podían venir de ese lado, el problema mayor estaba en el otro extremo.
Al ver desde allí que precisamente salían dos estudiantes de las habitaciones trepó tan rápido y en silencio como pudo al último estante, a escasos veinte centímetros del techo.
Los dos Birmanos siguieron su camino hacia el patio. Mittens prestó atención, no le llegaron ruidos ni voces de Gatos acercándose y saltó al suelo. Pocos segundos después, sin embargo…
"…Viendo a Bolt, que según el Maestro Shu hizo todo muy bien". -Ella se quedó completamente inmóvil: una voz muy conocida venía desde el patio.
"Yo ya estoy segura, gordito de peluche… Tanto como me imagino que lo estará su esposa. Bolt dentro de unos meses será un rival casi invencible, para cualquier Kitsune".
Apenas supo que quienes hablaban eran Nancy y Rhino, ella corrió desesperadamente para esconderse otra vez detrás de la biblioteca y volver a subir. Sólo que ellos ya habían entrado.
"Mittens, ¿Estás ahí?"
El Hamster aparentemente no la había visto, pero ella seguiría allí arriba, recuperando la calma hasta que ellos se hubieran ido.
"Estuve escondiéndome de los Birmanos… ¿Cómo no conté con la posibilidad de tropezarme con Nancy y Rhino? ¿O con Bolt? …Amado Bolt, tu esposa estuvo a punto de fallar, y además preferiría fracasar en este ejercicio encontrándote a cada paso. Claro que… Li-Kuei está esperándome a la vuelta de este corredor". -Suspiró largamente mientras pensaba todo esto y miró hacia abajo.
"Debe haber ido a comer algo, Palomita mía. Vamos a ver también si todavía están allí nuestros hijitos".
Y afortunadamente siguieron su camino; nunca podrían imaginar que la Gata estaba justo encima de ellos.
En cuanto los vio desaparecer a la vuelta del corredor, se apresuró a bajar. Ahora intentaría adelantarse a cualquier imprevisto.
Caminó rápidamente, dejó atrás las dos puertas que había visto (habitaciones y patio) …Y fue por fin hacia la izquierda donde la esperaba, de espaldas a la pared transversal, el Birmano Li-Kuei.
"Bueno, Señorita Mittens… -la miró por unos momentos mientras ella esperaba su opinión. -Creo que lo hizo bien. Sólo tuvo ese pequeño inconveniente al oír entrar a Rhino con su esposa, ¿no?"
"Sí, pero subí enseguida a la biblioteca… Conseguí que no me vieran. Fueron a buscarme al comedor".
"Tuvo un muy buen inicio, entonces. Ahora bien, por la tarde quizás repitamos el ejercicio. Quiero que piense entretanto en algo relacionado con Bolt, el Hamster, Nancy, los hijos de ellos, los Siete Guerreros, etc., y los demás estudiantes. Me gustaría darle yo mismo la respuesta, Señorita Mittens, pero es mejor para usted encontrarla; en especial para lo que deberá hacer mañana. Una de las claves que puedo darle, es: ¿Qué pasaría por su mente si el ejercicio saliera mal y se encontrara de golpe con su esposo? ¿Y qué pensaría si viera venir a uno de nuestros estudiantes? Sabiendo de antemano la respuesta apropiada en cada caso, estará lista para el próximo ejercicio".
Si bien tenía casi todo el resto del día, para hallar la clave misteriosa, empezó a parecerle que venía algo realmente difícil.
"Algo relacionado con mi amado Bolt, con Nancy y el Hamster, pero también con los Siete Gatos Samurais y con los que vienen a aprender uno de los tres estilos… ¿Qué relación pueden tener todos ellos? ¡Usa tu cabeza, Mittens! Por lo menos, considerándolos de a uno".
Para concentrarse mejor, se encerró a pensar en su cuarto.
"Bolty… Por supuesto, el más hermoso Sol de mis días; la Luna de mis dulces sueños… El mejor Arco Iris de mis mayores ilusiones… Mi Tigrecito, mi amor de Perrito, ¡Ooooooooooh…! ¡Quisiera que estuviera conmigo ahora mismo! Bueno, creo que perdí un poco la concentración. ¿Quién vendría ahora? …Rhino, supongamos: nos encontró cuando mi dulce Bolt todavía pensaba en sus superpoderes, pero con los años lo aceptó tal como es ahora; tal vez tuvo mucho que ver Nancy. Rhino la salvó ese día y luego la llevó a nuestra antigua casa. Con ella, por supuesto, vino Edward, su hermano, a quien los primeros días creímos su esposo. Después de todo eso conocimos a Tai y a los otros Birmanos: Tsé-Kiang, Shang-Po, Li-Kuei, Shu, Mei… A los Gatos Samurais (Beisetsu, Nobunaga… Hideyoshi… Musashi, Shinkoru, Mitsusuke y Takauji). Con respecto a los estudiantes…"
Al llegar a este punto, Mittens dejó por un momento de pensar hasta que…
"¡Sí, eso es! ¡No tenía que buscar la relación entre ellos, sino la diferencia!"
Y la primera, más básica, era que los estudiantes apenas si la conocían. Mittens entonces podía incluso seguirlos de cerca, pues ni siquiera se fijarían en ella.
Feliz por haber encontrado la clave, fue a recorrer el interior del Templo, preguntándose dónde tendría el siguiente ejercicio. Mientras iba por los lugares en los que podía estar -todos menos las habitaciones y los aposentos de Tsé-Kiang-, también observaba cada estatua, adorno y mueble como posibilidad para esconderse… Entre vitrinas, sillas, macetas cuadradas con plantas, Manneki-Nekos, estatuas de Gatos Samurais, bibliotecas y mesas -grandes y pequeñas-, Mittens en realidad tenía opciones de sobra, para elegir en su próximo día de entrenamiento.
A la mañana siguiente sin embargo, sus posibilidades al respecto se redujeron a la mitad -o menos- por lo que le dijo Li-Kuei.
"El ejercicio de hoy será después del mediodía, señorita Mittens. Mientras tanto, tiene unas horas para pensar y resolver el problema que se le presenta ahora. Porque… ¿Se considera capaz, con todo lo aprendido los últimos dos días, de entrar al comedor sin ser vista?"
La Gata pudo sentir el efecto de esas palabras igual que si hubiera sido Bolt y alguien le hubiera demostrado su completa ausencia de superpoderes.
"¿Al… Comedor? Pues… Bueno, yo ya veía venir algo muy difícil".
"Sí, es difícil… Pero si piensa bien en las próximas tres horas, estoy seguro, encontrará la solución. En este caso -y disculpe si se lo digo en forma enigmática-, el propio Templo puede ayudarla. Yo la esperaré allá hasta que se ponga el Sol, así que tómese su tiempo. Nos veremos en el comedor, sin duda, pues confío en usted".
Así que la Gata volvió a recorrer los pasillos y las salas del Templo, con mucho más detenimiento, ahora; buscando una idea para entrar allí sin ser vista.
"Bueno, entonces puedo usar mesas, adornos… ¿Macetas? …Tal vez, pero no sé si las plantas que tienen podrán servir para esconderme".
Las observó una por una, y la única lo suficientemente grande que pudo encontrar resultó ser un Bonsai con hojas sólo en su parte más alta.
De las plantas pasó a los adornos, como estatuillas de dioses orientales, guerreros, algunos Manneki-Nekos y figuras clásicas chinas… ¿Se darían cuenta los Birmanos del comedor si ella entrara allí haciendo el gesto típico de los Gatos Bendecidores?
Pero iba a resultarle difícil, hacerse pasar por un Manneki-Neko sin siquiera mover el brazo levantado. Entonces se le ocurrió algo con una escultura tradicional femenina, pero ¿Dónde conseguiría el vestido para disfrazarse?
Pasó una hora del mediodía; Mittens no quería hacer esperar a su Maestro mucho más tiempo, pero todavía no encontraba una buena idea para resolver el desafío. ¿Una escultura de Gata sobre una mesa? ¿Esconderse en una caja que forzosamente alguien llevara al comedor? …Ninguna de estas era del todo segura, y con la segunda, ella misma decidió que no podía ser. "Se supone… Que entro allí perfectamente visible, y sin embargo nadie nota mi presencia".
Casi dos horas después, la Gata imaginó a Li-Kuei lleno de impaciencia, listo para abandonar el comedor y decirle "Señorita Mittens… Esperaba mucho más, de usted".
"Bueno, será mejor que vuelva a mirar cada cosa desde el principio. Hasta lo que haya en las paredes… O en el techo".
Pues si sólo tenía como pista a seguir la misteriosa frase de Li-Kuei ("El propio Templo puede ayudarla"), haría bien en aprovecharla.
De nuevo la biblioteca cerca del comedor, con cinco repisas llenas de libros y también algunos adornos: estatuillas, pequeñas vasijas, Manneki-Nekos aún más pequeños y abanicos con paisajes chinos.
Inmediatamente después, dos macetas a cada lado; en una estaba ese Bonsai.
La pared izquierda tenía siete láminas: un Guerrero en las dos primeras, un paisaje con templo y montañas en la tercera; la cuarta mostraba un Tigre rugiendo agazapado; la quinta un Emperador; las dos últimas un Dragón y un paisaje en estilo Sumi-E.
En la pared opuesta, tres ventanas rectangulares dejaban ver casi todo el patio.
Junto a la puerta que llevaba a las habitaciones había una escultura de porcelana sobre un pedestal. Junto a la del patio, otras dos macetas con sus plantas.
Y en el último tramo del corredor, donde estaba el acceso a los aposentos de Tsé-Kiang, dos bibliotecas casi tan altas como la primera.
Pero ahora, para Mittens, sólo había confusión… ¿Cómo podía combinar dos o tres de esos elementos para lograr su propósito?
Repasó sus ideas anteriores: el Manneki-Neko, el Bonsai, la caja… Pensó en todo lo que había visto, luego otra vez en sus tres planes para entrar.
Volvió sobre sus pasos para observar todo por tercera vez; en esta ocasión permaneció unos minutos frente a la imagen del Tigre, y…
…De pronto corrió hasta el final del largo pasillo y a la vuelta, por fin, encontró la tan buscada respuesta.
Regresó confiada a la puerta de las habitaciones y esperó. No tardaron en salir tres Birmanos estudiantes.
"Disculpen, ¿Ustedes qué estilo practican?"
"Shé Quan" -Respondió el único que hablaba Inglés.
"Ah, este… ¿Podrían hacerme un favor? Quiero decir, ¿Podrían decirle a algún estudiante de Long Quan que en unos diez o quince minutos lleve una cosa al comedor?"
"Sí, ¿Qué necesita llevar?"
"En realidad es para el Maestro Li-Kuei. Pero me lo encargó a mí hace un rato, y como yo no hablo Chino…"
"Descuida, le pediré eso a un alumno de Shang-Po que conozco. ¿Qué te encargó llevar Li-Kuei?"
"Sólo esa maceta con el Bonsai, del pasillo que lleva al comedor. En quince minutos, será lo mejor".
Los tres estudiantes salieron al patio… Mittens ahora pensó que tal vez había abusado de su buena fe.
"Bueno, pero no les hice el menor daño, ¿Verdad?"
Y fue a donde estaba la maceta a dejar todo listo. A los cinco minutos aproximadamente salió del comedor un Birmano que estudiaba el Combate del Tigre. Mittens actuó como si empujara la maceta alejándola de la entrada.
"Necesitas ayuda, ¿No?" -Le preguntó él en Chino; la Gata respondió que no entendía mientras negaba con la cabeza.
"¿Necesitas que te ayude?" -Hizo ahora la pregunta en Inglés.
"Sí, quiero dejar esta maceta un metro y medio más allá".
"Yo lo haré". -Dijo simplemente el Gato; y por lo visto ya era muy fuerte, pues en tres segundos la había dejado donde ella quería.
"Gracias". -Le dijo Mittens por su parte cuando él se alejó.
Faltaban casi diez minutos… Tenía que estar lista por si venía el estudiante de Long Quan, pero todavía salían o entraba al comedor algunos Birmanos.. La miraban tal vez, al pasar, pero no les importaba que la maceta no estuviera en su sitio.
"Todo va bien… Llegó el momento".
Saltó a la rama inclinada a 45 grados, mirando hacia abajo y tan quieta como le fue posible… Agazapada como un Tigre.
Pasó otro Birmano que iba a comer y sólo se quedó mirándola un segundo antes de seguir, pero ella sintió que empezaba a transpirar. Pocos segundos después, por fin, apareció el Gato a quien esperaba.
El Birmano empujó la maceta (ella hizo otro esfuerzo gigantesco para mantenerse inmóvil), abrió la puerta del comedor y la dejó cerca de las mesas.
Ahora algunos miraban la escena… Más bien al Birmano.
El Gato se fue y alguien caminó desde el otro extremo para situarse frente al Bonsai y decir, en un susurro: "Muy buena idea, Señorita Mittens… La llevaré fuera del comedor".
Apenas vio que no había nadie cerca exceptuando a Li-Kuei, la Gata bajó de la rama y fue con el Gato a hablar en el patio.
"Hizo realmente un buen trabajo, Señorita Mittens -la felicitó al terminar de escuchar el relato de ella. -No sólo encontró la solución más apropiada con el Tigre y el Bonsai, sino que aprovechó su desconocimiento del idioma para lograr su propósito. Es como si hubiera usado una gran debilidad en su favor".
"Gracias, Maestro Li-Kuei…" -Sonrió ella.
"No tiene por qué… Yo no puedo decir si fue por mi instrucción o por sus propios méritos; pero ahora es uno de nuestros mejores estudiantes. Entre Gatas y Gatos, quiero decir".
Mittens casi se desmaya de la emoción, al oír eso.
"Apenas si puedo creerlo… Con lo que me pasó hace tanto tiempo en Nueva York, y ahora yo, Mittens… La abandonada, la que le pedía comida a unas aves, de camino a ser una experta en el estilo de la Serpiente".
"Y no le falta demasiado, puedo decir…"
"¿De verdad, Maestro Li-Kuei?"
"Si, como lo oye: dos o tres semanas más, siguiendo nuestro método de entrenamiento y usted será en sí misma un arma formidable. Lo que en cierto modo, por ahora nos lleva al ejercicio de mañana… El cual hará un poco de ruido, a menos que usted se mueva con cautela".
"¿Y qué es? …Por favor, dígame algo".
"Pues… Va a tener que moverse con cuidado en un sector del segundo subsuelo donde vive la Serpiente Suprema".
Ella palideció ligeramente. ¡Por supuesto, que necesitaba máxima precaución, en semejante lugar!
"Pero no se preocupe, no correrá ningún peligro. Ahora si quiere puede ir a comer algo. Nos vemos mañana a las 10.00 AM en el patio, al lado de la puerta, ¿Le parece bien?"
"Sí, Maestro Li-Kuei". -Respondió la Gata antes de ir a ver con qué podía llenarse el estómago, porque ya tenía mucha hambre.
Así llegó por fin la noche del tercer día. Bolt había terminado de romper las quince tablas; Mittens su parte del entrenamiento. Y en menos de cuarenta y ocho horas ambos estarían abrazándose otra vez.
Por ahora, cada uno en su habitación, sólo podía pensar en ese instante ansiado del reencuentro; entre ellos y con su familia.
La Gata se durmió, sonriendo con la imagen de él en su mente.
La mañana del cuarto día, al menos para quienes tenían que ejercitarse en el patio, aún estaba casi tan fría como la anterior; y de cualquier modo la esperaba Li-Kuei, pero Mittens comprobó enseguida que no estaría allí.
El Birmano caminó con ella unos pocos metros, hasta el final de la pared que tenía tres ventanas. Allí se encontraba la puerta de acceso a los niveles donde habitaban los tres Espíritus Vivientes de los estilos practicados en el Templo.
Cada vez más intrigada, atravesó con Li-Kuei el primer subsuelo -del Tigre Supremo-, y cuando llegaron al segundo…
"En la sala subterránea donde hará el ejercicio de hoy, Señorita Mittens, hay colgados del techo gran cantidad de Llamadores de los Buenos Espíritus. Sabe lo que son, ¿Verdad?"
"Ah, creo que sí… Esos tubos huecos que suenan como campanitas cuando sopla el viento. Los vi varias veces, cuando recorría con mi Bolty el Barrio Chino".
"Veo que aprovechó bien, sus días en esta parte de Los Ángeles. Pero además de ser para eso, en este Templo funcionan muy bien como alarma contra intrusos. Un visitante no deseado que consiga atravesar el patio eludiendo la vigilancia nocturna, se encontrará en cualquier puerta o ventana con uno de esos Llamadores, y… Fin de su intento".
"O sea que yo debo evitarlos como pueda, en este ejercicio…"
"Sí, Señorita Mittens, pero primero mire bien".
La Gata se acercó a los Llamadores: todos formaban, colgando, un cuadrado de diez por diez Llamadores, separados entre sí quince centímetros. Y además de todo eso…
"Como puede ver, hay tres caminos marcados con líneas rojas, que usted deberá hacer sin tropezar con los obstáculos. En cuanto esté lista, elija el primero de la izquierda y empiece".
"¡Uy, por mi amado Bolt…! -no pudo evitar decir, al ver cómo serpenteaban allí adentro las líneas rojas. -Quiero decir, por él y todos los hijos que tuve de él -aquí incluyo por supuesto a Moon, Queen y Star-, pasaré bien este desafío aunque deba repetirlo un año entero".
"Bueno, pero ahora que menciona eso, no debe importarle cuántas veces le salga mal, sino lograrlo y estar segura de poder hacerlo cuando lo necesite".
Tomó aliento como si fuera a zambullirse en algún río profundo y caudaloso.
"Si suena alguno de los Llamadores, sólo retroceda y vuelva a intentarlo".
Y ella entró, finalmente… Tres primeros pares contando los del borde, antes de la cuarta línea, dos hacia la derecha; de allí dos veces a la izquierda,… Din din, dilingdong, didong…
Mittens dio media vuelta: tenía que hacerlo de nuevo.
Si se consideraba todo como un tablero de Batalla Naval con números del 1 al 9 (horizontales y con el 9 arriba), y columnas con letras de la "A" a la "I" empezando a la izquierda, el primer camino que ella debía hacer era B1, B2, B3, C3, D3, D4, C4, C5, C6, B6, B5, B4, A4, A5, A6, A7, B7, C7, C8, D8, D7, D6, E7, E8, E9, D9, C9, Salida.
El segundo era D1, D2, E2, F2, F1, E1, E2, E3, E4, E5, F5, F4, G4, G5, G6, G7, F7, F8, F9, Salida.
Y el tercero, G1, H1, H2, G2, G3, H3, I3, I4, I5, H5, H6, H7, I7, I8, I9, H9, H8, G8, G9, Salida.
La Gata tardó aproximadamente tres horas, pero después de eso, pasó varias veces por los tres caminos marcados sin tocar ni un Llamador… Al fin lo había logrado.
"En realidad, Señorita Mittens, no podía dejar de hacerlo exitosamente; pues como el equilibrio, la caza, el acecho y otras cosas que empleó en todo su entrenamiento, sólo son habilidades naturales de los Gatos que usted desarrolló a un nivel mucho mayor".
"Me alegro entonces, por supuesto, pero también estoy sorprendida por todo eso. Es como si ahora usted fuera yo misma enseñándole a Bolt cómo ser un Perro de verdad".
"Tal vez, pero aún en ese caso usted sería la mejor versión de su esposo".
"Gracias a su forma de enseñarme, Maestro Li-Kuei. Teniendo ahora delante a Kenzaburo, estoy segura, lo tendría en el suelo en dos segundos pidiéndome que le perdonara la vida".
"Eso está bien, pero nunca pierda la cautela. Bueno… Puede ir a comer y descansar, que aún nos queda un día de prácticas".
Nuevamente con Li-Kuei en el patio, saliendo por donde habían entrado, oyó ruidos de cosas que se rompían.
"No se preocupe, seguramente es su esposo, golpeando tablas".
"Mi… ¿Bolt? ¿El amor de mi vida por aquí cerca? …Oh, quisiera verlo un momento al menos desde lejos, Maestro Li-Kuei…"
"Yo la dejaría, Señorita Mittens, pero entonces ninguno de los dos podría soportar un segundo sin correr a abrazarse. Y después sufrirían terriblemente el no poder hacerlo durante los entrenamientos".
"Cierto… Mejor me quedo con este deseo hasta pasado mañana". -Suspiró ella.
"Nos veremos en el corredor opuesto del patio; el que lleva a las habitaciones de los Siete Guerreros".
"¿A la misma hora?"
"Preferiblemente a las 10:00 AM".
"Allí estaré, entonces". -Se alejó ella despidiéndose.
En su quinto día de entrenamiento -mientras Bolt recibía golpes de Nunchaku- la Gata supo enseguida cuál sería su nuevo ejercicio.
En una superficie de 6 por doce metros, treinta y dos Gatas estaban sobre una alfombra rectangular; cada Gata de pie sobre un cuadrado de doce por doce centímetros.
"Bueno, a ellas las llamamos en el Templo 'Las Figuras Danzantes'; y por supuesto bailan. Claro que con estilo tailandés, como podrá ver pronto".
Mittens, que en realidad nunca había visto bailarinas de ese país, se quedó igualmente observando con atención cómo ellas extendían sus brazos (uno o dos a la vez), juntaban las manos o parte de ellas, flexionaban o extendían en cualquier dirección sus piernas, mecían ligeramente el cuerpo y la cabeza… Pero todo con movimientos casi tan lentos y estudiados como los del Tai Chi.
"¿Verdad que parecen Serpientes, moviéndose lentamente mientras se disponen a atacar?"
La pregunta de Li-Kuei la sacó de ese espectáculo, el cual la había dejado un tanto hipnotizada.
"Había pensado en eso, pero no estaba segura. ¿Y tengo que hacer como en ese ejercicio del recinto lleno de Cobras?"
"No, no tiene que esquivar y golpear esta vez; perdón, la parte de esquivar sí cuenta, para este ejercicio: pasando entre las Gatas mientras ellas bailan, debe llegar al otro lado sin que la toquen".
"Bueno… -pensó ella. -…Y el de los Llamadores, en el segundo subsuelo, me había resultado difícil".
"Empiezo ahora, Maestro Li-Kuei".
"Puede aplicar lo que aprendió en su experiencia con las Serpientes venenosas, como bien se le ocurrió hace unos momentos".
Así que entró, tratando de seguir el consejo del Birmano. En este ejercicio tardó bastante menos que en el de los Llamadores a pesar de la dificultad adicional del movimiento.
"Felicitaciones, Señorita Mittens. Finalmente pudo pasar cuatro veces entre ellas sin interrumpir el baile".
"Vaya… -se dijo ella. -Además de todo, si lo hacía mal también fallaban las bailarinas". -Pero le agradeció el elogio a su Maestro de Shé Quan; tal vez a causa de los entrenamientos o de las experiencias en el Templo, también era mucho menos sarcástica que antes.
"Puede ir a donde desee, ahora. La lección del día terminó exitosamente… Y mañana, si no me equivoco, será un día muy importante para usted".
Sin saber qué nuevo desafío casi imposible vendría, pero confiada de poder hacerlo bien, fue a pasar un rato en su habitación antes de ir al comedor.
Volviendo un momento al tercer día…
Bolt comenzaba a quebrar las tablas con sus golpes, en tanto que Mittens intentaba entrar al comedor sin ser vista.
Y de nuevo en la casa azul de 9na y Alameda Sur…
Tres de los espías que trabajaban para Uragano le informaban al Kitsune los resultados de sus investigaciones.
"Me parece haber visto cerca de Alameda Norte y Alpine Street, Señor, al Scottish Terrier a cuya familia eliminó Kenzaburo; sin duda vive en una de esas manzanas".
"Muy bien, entonces mañana averigua si realmente vive en donde suponemos. ¿Y tú, Kenji…?"
"Yo, Señor -empezó el segundo espía. -estuve investigando en dos o tres lugares del Barrio Chino, y por una calle vi venir a un Perro de tres o cuatro años… Blanco y muy parecido al que estamos buscando. Iba con una familia de Birmanos, pero lo seguí y pude ver que está alojado en 'El Loto Amarillo', aparte de confirmar que su padre es Bolt".
"Excelente trabajo, Kenji. No por nada eres uno de mis mejores espías… Mañana irás al Templo; tráeme toda la información que puedas reunir".
"Así lo haré, Señor Uragano".
El Kitsune ahora le preguntó al tercer espía qué había descubierto de los Siete Grandes Guerreros.
"Sólo pude ver a dos, Señor… A uno le falta un brazo y el otro pertenece al Clan Shimazu. El caso es que están tratando de descubrirnos, actuando al parecer de incógnito".
"No va a llevarles mucho más tiempo saber de nosotros, entonces… Buen trabajo, Otakki. Ahora uno de ustedes, Inus, me acompañará al Barrio Chino, donde tenemos que encontrarnos con alguien muy cercano a Bolt. ¡Yoshifusa! ¡Hora de salir!"
Poco menos de media hora después, el Inu vigilaba la entrada del "Loto Amarillo" desde una terraza. El Kitsune esperaba a cinco cuadras, fuera del Barrio Chino; ninguno de ellos usaba su traje de Ninja o de Samurai.
Cuando pasaron más de tres horas…
"Señor Uragano, estoy viendo salir a un Perro que coincide con los datos traídos por Kenji… Sí, está con esa Birmana. Enseguida los llevo para allá".
Saltó de la terraza directo a la vereda y se acercó a ellos casi desde atrás, caminando despacio.
"Hola, ¿Hay alguien por aquí…? Necesito que lleven a este Perro ciego a una calle…"
Yuan Li y Gino se volvieron a mirarlo.
"¿A qué calle necesita ir?" -Preguntó el Perrito.
"Alameda Norte, cerca de la Santa Ana. Por favor, ayuden a este pobre ciego".
Ellos no podían negarse, aunque…
"No sabemos bien dónde queda esa dirección… Tendremos que preguntar".
"No será necesario -dijo el Inu. -¿En qué calle del Barrio Chino estamos ahora?"
"North Main Street, a unos metros de Leroy Street".
"Yendo por esta hacia el sur, entonces, encontrarás la Autopista Santa Ana; luego a la izquierda no tardarás en ver Alameda Norte. Y desde allí, trescientos metros más en dirección sur para llegar donde necesito".
Fuera del Barrio Chino… Yuan Li y el Perrito, sin embargo, no podían negarse. A ella se lo habían inculcado sus padres y Gino no podía ser menos.
"Por favor, si uno de ustedes puede brindarme el apoyo de su brazo…"
"Mejor apóyate en mi hombro". -Le ofreció Gino.
Siguieron entonces lentamente, llevando a Yoshifusa, quien no obstante también tanteaba con su bastón.
"La próxima es Santa Ana; estamos llegando".
"Gracias… ¿Tu nombre?"
"Gino, señor".
"Es raro, me parece haber oído tu nombre antes…"
"Pero no debe ser el mío, porque yo sólo estoy empezando a andar por la calle ahora que vivo en el Barrio Chino".
"Cierto, eres muy pequeño, todavía. Y vives por supuesto con tus padres, ¿no?"
"Sí, desde que nos establecimos en 'El Loto Amarillo'".
"Es un buen lugar, ese… (ahora estaban en la Autopista Santa Ana). -Casi tanto como tus padres, estoy seguro".
"Sí, ellos sólo podrían ser mejores si tuvieran el tamaño de un Elefante. Ella se llama Mittens y es una Gata a quien mi padre Bolt trajo de Nueva York. Al principio…" -Yuan Li le dio un golpecito con el codo en el hombro al oír los nombres de ellos. Había comprendido que Gino estaba hablándole con demasiada confianza a un desconocido.
"¿Sí, qué pasó al principio, decías…?" -Preguntó el Inu.
"Nada, que fue difícil para todos… acostumbrarnos al nuevo barrio".
"Me imagino… ¡Eh! Ahora que me acuerdo… Yo conozco a un amigo de Bolt que vive en la Primera, a unos metros de Alameda Norte. Si quieres, voy a buscarlo cuando estemos llegando a esa esquina".
"¿Un amigo de mi padre? …Pensé que sólo los tenía en el Barrio Chino".
"¿Cómo puede creer eso nada menos que el hijo de Bolt? …Un Perro tan famoso tiene amigos hasta en Australia. Bueno, si me esperas… Me esperan, perdón, iré a buscarlo".
Cuando el Inu se alejó, la Birmana intentó convencer a Gino de que se fueran, hablando el poco Inglés que sabía. Pero menos de diez minutos después…
"¡Uy, no, Un Perro Ninja! ¡Corre, Yuan Li!"
El Perro llegó corriendo, con todo su traje y sus armas, blandiendo la mortífera Katana. Atrapó fácilmente a la Gatita y empezó a llevársela ante la desesperación de Gino; el sable en el cuello de ella presagiaba lo peor.
"¡Si no la sueltas ahora mismo, Perro asesino, tarde o temprano lo lamentarás!" -Gino trataba de sobreponerse así a todo lo que le provocaba ver a Yuan Li amenazada de muerte.
Justo cuando ya parecía todo perdido para ella, sin embargo, el extremo de una cadena Manrikki golpeó la mano del Inu haciéndole soltar la Katana… Y Gino, sin poder creerlo, vio llegar a un Kitsune. Uragano, quien dándole a Yoshifusa otros dos golpes lo alejó de allí.
"Ken… ¿Kenzaburo? ¿Usted es Kenzaburo?" -El Perrito estaba tan confundido como asustado.
"No, no soy ese Kitsune. Puedes creerme. El otro día oí a algunos Birmanos hablando de su repentina muerte".
Gino aún desconfiaba; sin embargo al considerar que había salvado a la Birmana, siguió hablando con él.
"Mi nombre es Uragano -se presentó el Kitsune cuando la Gata y Gino hicieron otro tanto. -Llegué a esta ciudad hace unos meses".
"Mis padres viven aquí en Los Ángeles hace ya cuatro años y medio… (Yuan Li cerró los ojos un momento, oyendo otra vez al Perrito ser tan confiado en la conversación) …Mi madre, sin embargo, es una Gata nacida en Nueva York…"
Ahora incluso él, se dio cuenta de que quizás estaba hablando demasiado, por segunda vez en un día.
Pero Uragano quería seguir con el tema.
"Te pareces a un Perro famoso, Gino… ¿Por casualidad tu padre no se llama Bolt?"
"Sí -tuvo que admitir él. -Sólo que ya no sigue actuando, sino que está estudiando Artes… Mar… Ciales".
Yuan Li apenas entendía, pero de algún modo supo que el Perrito había vuelto a decir cosas inconvenientes.
"Ajá… ¿Y tú pensaste en aprender alguna, también?"
Gino esta vez no tuvo muchas más opciones que responder.
"Pues… Sí, pero todavía no sé por cuál estilo decidirme".
"¿Te refieres a elegir entre el Dragón, el Tigre y la Serpiente?"
"Sí". -Respondió el Perrito, tratando esta vez de ser más reservado.
"Yo soy bastante bueno en los dos primeros, pero si quieres mi consejo, o mi opinión, el Long Quan es aún mejor que los otros".
"Bueno, tal vez me decida por ese estilo, entonces…"
"Me parece bien. Y… Si vas mañana a esta dirección -se la escribió. -Puedo empezar a enseñarte".
"¿Alameda Sur y la Novena? ¿No es la casa del que mató a mis hermanas menores?" -Se alejó un poco Gino, volviendo a desconfiar.
"Pues ahora era, la casa de Kenzaburo. Sólo estoy yo, con mis veintitrés estudiantes de Long Quan".
Yuan Li y él se despidieron tan educadamente como les fue posible; Gino llevó la dirección que le había dado el Kitsune.
De vuelta en "El Loto Amarillo", Yuan Li contó a sus padres sobre el mal momento vivido.
"Cheng-Ji, ¿Puedes venir unos minutos?" -Llamó Kutkai a un Birmano huésped que hablaba Inglés. Y por medio de él se enteró de la conversación entre el Kitsune y Gino.
Apenas el Perrito acabó su relato, el padre de Yuan Li fue a hacer una llamada. Al volver…
"Kenzaburo sigue con vida, Gino -le aseguró por medio de Cheng-Ji. -Acaba de decírmelo el gran Maestro Tsé-Kiang".
"Vaya, así que era todo mentira… Bueno, tendría que hablar con mis padres, pero van a estar unos días más entrenándose. Como sea, mañana no iré a esa cita".
Cuando Cheng-Ji le tradujo todo esto a Kutkai…
"Muy bien… Por cierto, creo que no me dijiste cuántos estudiantes tenía el Kitsune".
"Eran… Ah, sí: veintitrés".
"¡Oh, por los Ocho Inmortales!" -Sin quedarse a escuchar la traducción de Cheng-Ji a Gino, el Birmano fue a hacer una segunda llamada al Templo; corriendo, esta vez.
En la tarde del cuarto día, Bolt practicaba ataques con Manrikki-Gusari y Nunchaku; Mittens había pasado varias horas antes, por los caminos marcados con líneas rojas.
Y una Rata llamada Kenji entró por la pared oriental del Templo, a través de una tronera. Divisó a los Birmanos que practicaban algo más lejos, y después de mirar por la ventana la actividad interna del comedor, bajó por la pared.
En esa parte del patio habían bolsas con residuos para sacar al anochecer… Suficiente para una Rata que quisiera esconderse unas horas.
Poco antes de que se pusiera el Sol, Kenji pudo ver algo interesante: Tsé-Kiang abría la puerta secreta del patio, en su visita del día a los tres Espíritus Vivientes. La Rata espía se apresuró a seguirlo de cerca… Así descubrió dónde tenían los Birmanos a Kenzaburo, y la situación del Kitsune.
Cuando salió -siempre detrás de Tsé-Kiang-, corrió a esconderse tras una maceta, bajo la ventana del comedor que estaba más cerca. Casi media hora después, ya estaba dentro del Templo. Vio el sistema de alarma contra intrusos y por poco se muere de risa; no le daba ningún problema, si quería evitar los Llamadores.
Eludiendo también a algunos Birmanos, logró llegar del comedor a las habitaciones de los Gatos Samurais, donde hizo otro descubrimiento digno, seguramente, de ser contado a Uragano.
Volvió al comedor y se quedó junto a la única ventana abierta.
"Esto, Señor Uragano, es lo que pude encontrar… -empezó, usando su comunicador. -El Templo tiene un patio grande, donde los estudiantes practican Shé Quan, Hú Quan y el estilo del Dragón. En el patio hay una puerta secreta, que lleva a tres niveles inferiores… En uno hay un Tigre, en otro una Serpiente y en el último un Dragón, que además está vigilando a Kenzaburo… Sí, Señor, está precisamente aquí, prisionero. Luego entré al Templo evitando los Llamadores que usan como alarmas en cada puerta y ventana. Llegué a una habitación donde dormían los Siete Guerreros y al contarlos vi que eran seis. Si no me equivoco el que falta es Hideyoshi… Sí, tal vez fue el que intervino esa vez en casa de Bolt. Un momento, Señor Uragano, me pareció…"
"¡Quieto, espía!" -Un Birmano que había estado oyendo a Kenji varios minutos se acercó y casi lo atrapa, pero la Rata saltó por la ventana y corrió a toda velocidad para escapar a través de la tronera.
Diez minutos más tarde, el Birmano le contó a Tsé-Kiang y a Shang-Po todo lo que había oído. El Gato anciano y el experto en Long Quan fueron a decidir en privado su próxima acción.
Para Mittens y Bolt, llegó por fin el quinto día… El del ansiado reencuentro entre ellos y con sus hijos -especialmente los dos menores- en "El Loto Amarillo".
La Gata y él fueron al Salón de la Puerta con sus respectivos Maestros, pero esta vez caminando juntos.
Conteniendo la mutua necesidad de abrazarse apasionadamente, los dos se quedaron veinte minutos hablando con Li-Kuei y Shu, quienes los elogiaban por sus logros de esa semana.
A poco de dejar el Templo, por fin…
"¡Mi amada Mittens!"
¡Mi amado Bolt!"
Ambos se llenaron de besos y palabras que gritaban sus sentimientos.
"Eres mi Perro, mi vida, eres un deseo cumplido para mí cada segundo…"
"Tú eres la reina de mis sueños. Tu trono es… de flores; y tienes como reino la dulzura".
"Eso es para ti, Bolt… Yo te daré toda la que me pidas o necesites, siempre".
"Yo si puedo te daré hasta el aire que respiro, Mitty… Pues tú me diste una vida hermosa".
Tras un último pero largo beso en la boca, siguieron caminando hacia la Casa de Huéspedes.
"¡Hola, Dingxiang! ¡Hola otra vez, Longwei!" -saludaban a sus conocidos del Barrio Chino.
Y apenas llegaron al "Loto Amarillo"…
"¡Ya regresamos! ¡Hola a todos!" -Anunció el Perro.
Por supuesto, no hacía falta. Enseguida unos treinta y siete Birmanos fueron a saludarlos. Luego, del tercer piso bajaron Dusky y sus cuatro hermanos.
"Hijos… Por fin puedo verlos, vengan aquí, que ella y yo los extrañamos".
"Y nosotros a ustedes también, mami y papi".
"Lo pasaron bien, ¿Verdad, hijitos?" -Preguntó Mittens, sonriendo.
"Sí, mami…" -Respondió Gino adelantándose a los otros. Si contaba cualquier mala noticia, sería más tarde y únicamente a Bolt, para no preocupar a nadie innecesariamente.
Así que, al menos ese día, la familia sólo se dedicó a pasar momentos agradables.
