Datos:
✖ Título: "Anonymous"
✖ Autor: HotaRu YaOiGirL
✖ Advertencias: Slash/Yaoi - AU - groserías - OoC- escenas perturbadoras - la siempre presente falta de ortografía...
✖ Parejas: Sasuke&Naruto / Itachi&Deidara
✖ Disclaimer: Por mucho que patalee, grite y llore, los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Hago esto por puro goce y diversión personal combinada con un poco de ocio. Sin fines de lucro, claro está.
~¤~¤~¤~ Anonymous ~¤~¤~¤~
Demencia.
Se arrastró desesperado por el suelo sintiendo su cuerpo convulsionar por el miedo, la cabeza le palpitaba fuertemente y sentía la garganta destrozándosele con cada jadeo. Se reincorporó cuando se halló entero bajo la mesa y aferró con ambas manos el teléfono que le había dado su hermano segundos antes, miró la pantalla intentando distinguir cual de los contactos debía apretar pero las espesas lágrimas junto al temblor que lo invadía, hacían que los números se distorsionaran ante sus ojos.
Escuchaba los gritos lastimeros de su madre mezclándose con unos golpes violentos de algo o alguien que parecía repetirlo una y otra vez sin cansancio, mientras los pasos apresurados resonaban en toda la casa sacudiendo las paredes y haciendo vibrar el piso. Se cubrió con fuerza los oídos, encogiéndose, pensando inútilmente que con ello podría escapar de esa pesadilla sin lograrlo en absoluto. Volvió a mirar el móvil que brillaba indiferente en la oscuridad, respiró hondo y eso logró calmarlo más de lo que esperaba, distinguiendo las letras "SOS" que titulaban un número telefónico de tres dígitos. No tardó en escuchar el pitido que marcaba la llamada y acurrucó el aparato en su oreja rogando entre hipos porque alguien respondiera.
—"Policía federal, ¿en qué puedo ayudarle?"
La voz neutra de la mujer al otro lado de la línea hizo que se le comprimiera el pecho obstruyéndole los canales de aire sin poder forjar ninguna palabra. Sabía que tenía que hablar, decirle lo que sea, necesitaba que alguien viniese a rescatarlos.
—"¿Hola?"
Insistió la voz. Fue entonces cuando las lágrimas volvieron a nublarle la vista saliendo a borbotones hasta perderse en algún lugar del suelo, los pulmones se le estrujaron de nuevo.
—¡Ayúdenme, por favor! ¡Necesito que alguien venga a ayudarnos!
El grito le salió tan desgarrador que la mujer cambió de inmediato la actitud, poniéndose más atenta a la llamada y sus palabras adquirieron preocupación.
—"¿Puede decirme su nombre?"
—Sasuke… Sasuke Uchiha.
—"Perfecto. ¿Puedes decirme qué es lo que pasa, Sasuke?"
—Papá está… ¡a mamá! Y ella grita y nii-san tiene sangre… ¡él me dijo que me escondiera y llamara! ¡Vengan rápido, por favor!
—"Sasuke, escúchame. Quédate donde estás y no salgas, voy a mandar una patrulla de inmediato para allá y estarán ahí en quince minutos, no cortes la llamada por nada. ¿Entendido? Sólo resiste un poco más."
Los espasmos que convulsionaban su cuerpecito aumentaron, su cabeza retuvo las palabras de la mujer y se aferró a ellas como a un salvavidas, la angustia parecía mezclarse con una nueva sensación. Alivio.
—Está… ¡está bien!
Se apartó el auricular un poco cuando intentó ponerse al tanto de su familia, un silencio espeluznante había ahogado el lugar. Los gritos ya no estaban, los jadeos y los golpes se habían esfumado… todo estaba sumido en oscuridad.
Toc, toc, toc.
Ahogó un chillido cuando escuchó los tres lento y firmes golpes en la puerta de la habitación, por debajo del mantel que cubría la mesa de vidrio alcanzaba a ver dos zapatos negros a unos metros de distancia. Éstos marcharon sin prisa recorriendo el lugar mientras él los seguía con los ojos desencajados por el terror, cubriendo con fuerza su boca para evitar los quejidos. Luego de unos eternos segundos los pies pasaron de largo su escondite. Pero el teléfono emitió un pequeño sonido, lo suficientemente alto para que esa persona lo oyera. Los pies regresaron.
Y él gritó.
oOoOoOo
Se levantó jadeando, empapado de sudor y apretando con una fuerza desmedida las sábanas entre los dedos. Miró a su alrededor y se tranquilizó un poco cuando comprobó que estaba en su habitación. El corazón le latía veloz en los oídos y sentía la garganta rasposa por la sequedad.
Otra vez ese sueño.
—Maldición.— farfulló.
Se cubrió los ojos con una mano, tomándose el trabajo de regular la respiración. ¿Por qué tenía que acordarse de esa noche? Era algo insoportable que lo hacía rayar continuamente en la locura, las sensaciones eran igual de reales y le parecía estar viviendo una y otra vez la misma situación. La escena de sus remordimientos, su diaria tortura, ese recuerdo se burlaba de él visitándolo con frecuencia y retorciendo aún más su fría personalidad. No encontraba explicación por mucho que intentara buscarla, las opiniones y las creencias se mezclaban en un remolino descontrolado de sentimientos.
Se deslizó por el colchón hasta que sus pies desnudos sufrieron el contacto del piso helado, de manera inconsciente llevó la vista hasta el reloj digital que reposaba en la mesita de luz.
09:00 am.
Temprano para un día de descanso.
El negro de sus ojos pasó desde los números verde brillante hasta un marco pequeño que reposaba a unos centímetros, resguardando una foto en impecables condiciones de dos niños sonrientes junto a una mujer. Con el índice acarició los rasgos de aquella que alguna vez había sido su amada madre, siguiendo el contorno de la figura y sonriendo nostálgico cuando su dedo llegó hasta la mano de ella que se enredaba en los mechones azabaches de su hermano. Buscó la otra y la encontró abrazando su propio hombro, obligándolo a acercarse a ella hasta casi taparle el rostro.
Suspiró y regresó la foto a su lugar, ya habían pasado trece años desde el incidente, tenía que obligarse a olvidar la escena con tanto detalle o acabaría en un manicomio. Se adentró en el baño buscando el contacto cálido del agua para disipar su amargura, siendo incapaz de olvidar el invasivo olor a sangre que parecía habérsele adherido a la nariz.
Salió del cuarto media hora después, vestido de forma casual pero que denotaba su alto rango económico. De las puntas de sus negros cabellos erizados hacia atrás y del flequillo que caía enmarcando sus rasgos masculinos, se deslizaban finas gotas de agua. Se encontró con su hermano en el comedor, quien tomaba una taza de café y leía con calma el periódico.
—Buen día.— saludó cuando pasó junto al otro.
—Buen día, Sasuke.— le respondió sin levantar el rostro del papel blanco y negro.
Se sirvió una taza del líquido oscuro, preparó unas tostadas y se sentó en la mesa a desayunar mientras leía un volumen viejo que rezaba "El Arte de la Guerra, de Sun Tzu." Estuvo largo rato inmerso en su lectura buscando con ello un escape para su atormentada mente que insistía en auto torturarse, analizando oración tras oración de manera ridículamente dedicada.
—Aún sigues leyendo esos tétricos libros.
La grave voz de su acompañante lo arrancó de su concentración.
—Y tú lees el periódico religiosamente como si los medios escribiesen artículos interesantes, Itachi.— se defendió aunque su tono era indiferente. Vio de soslayo como su hermano se encogía de hombros.
El silencio invadió de nuevo la sala pero la diferencia era que ahora Sasuke podía sentir las continuas y persistentes miradas que el otro le echaba, siendo incapaz de retomar el afán por su libro.
—¿Qué?— se resignó a preguntar, sabía que Itachi estaba buscando su atención.
—¿Has tenido de nuevo ese sueño?— soltó sin rebuscarse en lo más mínimo.
Sasuke encarnó una ceja poniendo el gesto más desagradable que pudo.
—Por favor dime que no sigues teniendo esa extraña y espeluznante costumbre de mirarme mientras duermo.
Un escalofrío le besó la espalda, todavía recordaba cuando de niños había sorprendido incontables veces a Itachi asomándose sutilmente desde la puerta. Si bien podía justificar que en aquellos tiempos quizás era algo normal ya que su hermano siempre repetía que era sólo para confirmar que se encontrara bien, la situación daba un vuelco enfermizo cuando en la actualidad eran adultos de veintidós y veintisiete años. Le entraban unas incontenibles ganas de querer salir corriendo con solo pensarlo.
Pero la carcajada incrédula del otro le confirmó que estaba pensando de más.
—Nada de eso.— dijo borrando los rastros de su risa. —Lo veo en tu cara, Sasuke. Tienes unas ojeras del mismo color que el café que estás tomando y cada vez que sueñas con eso, buscas un libro o algo con lo que entretenerte desesperadamente. Pensé que ya habías dejado de tenerlo, ha pasado un mes desde la última vez, ¿no es así?
El menor chasqueó la lengua pensando en lo fastidioso que le resultaba que lo conociera hasta ese punto, cuando él en la vida cotidiana gozaba de mostrarse impasible y distante ante cualquier ser. Se sorprendía, pues su actitud cambiaba cada vez que se encontraba a solas con su hermano, aunque al fin y al cabo eran eso: hermanos. Habían pasado toda su vida juntos, apoyándose el uno al otro en una lista interminable de cosas y momentos. Incluso al día dirigían juntos la empresa multimillonaria que habían heredado de su tío y tutor, era inevitable que se supieran de memoria los gestos mutuos.
—Sí, yo también pensé que por fin me había liberado de ese sueño, aunque es más bien un recuerdo. Aún así, despertarme sudado y tembloroso no creo que sea una buena manera de empezar el día y comienza a hacerle daño a mi salud mental.— se quejó rascándose de manera frenética la nuca, necesitaba algo que lo entretuviese porque al parecer la rutina de enterrarse bajo montañas interminables de trabajo parecía no ser suficiente para distraerlo. —Dejando eso de lado y más importante aún…— cambió de tema. —¿Puedes explicarme qué es esto?
Le alcanzó su teléfono deslizándolo por la mesa, Itachi lo recibió intrigado y reconoció una foto de lo que parecía la pantalla de un cajero automático con un número consideradamente alto de dinero.
—¿Una foto de tu cuenta bancaria?
—Exacto.
—¿Y qué tengo que ver yo con tu cuenta bancaria?
—Verás, la semana pasada tenía exactamente el doble de dinero del que tengo ahora. Estuve repasando la reducida lista de personas que tienen acceso a mi cuenta y me encontré con que tú eres el único.— lo regañó. No se estaba quejando del dinero en sí, pues con el estilo de vida que llevaban, ellos no conocían lo que era tener problemas económicos. En realidad se estaba quejando de la manera en la que tenía el otro de manejarse. —Te he dicho miles de veces que cada vez que necesites dinero para temas no personales, lo saques de la tercera cuenta que existe justamente para ello. Tus descuidos me tienen harto, tienes veintisiete años, ¿sabes?
Itachi dio un gran suspiro y se deshizo en la silla, recostando la cabeza en el respaldo hasta que su vista chocó con el techo blanco de la cocina mientras los brazos le caían flojos a ambos lados del cuerpo.
—Lo que pasa es que sí es un tema personal, sólo que no quería decírtelo todavía.— confesó algo ido, su tono de voz adquirió gravedad.
Sasuke adoptó una actitud inquisidora cuando su hermano volvió a alzar la cabeza, afilando los ojos y reflejándose en su rostro una expresión tanto seria como peligrosa.
—He conseguido que alguien me pase el contacto de una persona bastante interesante.
El menor alzó una de sus cejas, dando la clara señal de que no lograba verle conflicto al asunto, pues le había hablado como si le estuviese haciendo la confesión de su vida. Bufó, armándose en su cabeza la desquiciante idea de que Itachi le estuviese a punto de contar otra de sus indecentes aventuras.
—Si estás intentando arrastrarme de nuevo a otra de tus…
—No.— lo frenó, en su cara persistía la frialdad de un asesino. —Se trata de ese asunto.
Ahora fue el turno de Sasuke para cambiar de actitud. Se enderezó con la calma alarmante de quien espera paciente el momento adecuado, tomó la taza y se la llevó hasta los labios dándole apenas un sorbo pero que persistió por varios segundos, como si en su mente hubiese puesto en marcha un plan maestro.
—¿Otro aficionado?— preguntó al fin, los pozos negros se encontraron.
El otro negó con un lento movimiento que le agitó los largos cabello, sus brazos se cruzaron.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque la persona con la que hablé no necesitó que le pasara ninguno de nuestros datos. Eso suena lo suficientemente profesional, ¿no lo crees?
—Quizá.
Volvió a beber su café y se terminó en silencio lo que restaba de su desayuno. De nuevo, la intensa mirada de su hermano sobre su persona le investigaba, pero cedió minutos después cuando éste dobló de manera muy prolija el periódico en cuatro partes dando la señal de que su rutina matutina había llegado a su fin.
Itachi se levantó de la mesa y colocó su taza dentro del lavavajillas, acomodó algunos utensilios de cocina que no se hallaban en sus respectivos lugares, buscó las cosas necesarias para salir y se volvió a su hermano, que entre toda su ida y vuelta había retomado la lectura.
—Tengo una reunión a las tres y media hoy, así que me quedaré en la oficina un par de horas.— avisó. Escuchó el característico gruñido indiferente como contestación. —Y Sasuke…— hizo una pausa para que éste lo mirase y comprendiera el significado de sus palabras. —Me dijeron que entre hoy y mañana, así que llámame si algo sucede.
Sin esperar respuesta alguna, ya que sabía que ésta no llegaría de forma verbal, salió del apartamento, dejando a un perturbado y calculador Sasuke sumido en los más oscuros pensamientos.
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—Un expreso y un sándwich de tomate y queso, por favor.— ordenó devolviendo la carta a la moza. Ésta sonrió amable y se retiró a hacer el pedido.
Recargó el rostro sobre una mano perdiendo la mirada a través de la ventana, distraído. La gente desfilaba en diferentes direcciones fuera del café en el que se hallaba, cada quien sumido en sus propios problemas. La gran mayoría de las personas vestían casuales pero con una elegancia característica de la zona, algún que otro hombre o mujer sobresalía con un traje formal dando a la idea de estar yendo o retirándose del trabajo. Las parejas se presentaban en una cantidad que le pareció irritante, pues parecía que éstas sólo caminaban para presumir su amor, hablándose entre juegos empalagosos y risas cómplices. Decidió apartarlas del panorama y sus ojos recayeron sobre un joven solitario sentado en una banca al otro lado de la calle. Tenía una catadura desahuciada tan marcada que a Sasuke le dio la impresión de que nunca le abandonaba el rostro; sus manos, juntas sobre su regazo, se retorcían cuando mezclaba los dedos unos con otros en un gesto nervioso, mientras los ojos vacios parecían perderse entre un enredado hilo de pensamientos.
La joven moza le arrancó de su observación cuando con un movimiento aireado y femenino le colocó la tacita junto al plato de comida a unos centímetros. Él agradeció sin expresión pero eso no quitó su cordialidad, que la chica correspondió con una sutil reverencia y deseándole el disfrute de su almuerzo.
Los ojos del pelinegro regresaron sin poder evitarlo a aquel joven, notando que ahora un nuevo extraño le acompañaba. Éste tenía una actitud avasallante hacia el otro, quien respondía ante su persona encogido de hombros de una manera que le pareció exageradamente sumisa. El segundo hombre tomó al primero del brazo y lo obligó a pararse bruscamente mientras atendía su teléfono móvil, arrastrándolo junto a él. Sasuke prestó más atención a los rasgos del muchacho que había estado observando primero e hizo un descubrimiento que provocó que la desagradable escena de autoridad cobrara sentido.
El chico tenía una clara complexidad de hombre pero cierta delicadeza le remarcaba los rasgos, tenía una buena estatura y era delgado. Su peculiar y humilde belleza llamaba la atención de alguna que otra mirada a medida que la pareja caminaba y se perdía entre el gentío.
"Un Omega."
Sus pensamientos dieron un repentino vuelco y, mientras comenzaba a degustar su pedido, la filosofía social tomó el lugar al reflexionar.
Vivía en una sociedad donde la vida era demasiado cómoda para algunos, demasiado trivial para otros y demasiado injusta para terceros.
El mundo se regía por un sistema romboidal en el que en la punta superior se encontraba la elite, como él mismo, que gozaba de una calidad de vida excepcional y mantenían los altos cargos en general. Por debajo, y ocupando casi toda la sociedad restante, se encontraba la gente normal, con trabajos de menores cargos que los llevaban a tener un estilo de vida común. Y por último, en la punta inferior siendo un porcentaje bastante menor a comparación, se hallaban los despojos de la sociedad que vivían en una constante lucha para sobrevivir, viéndose obligados a permanecer firmes ante un régimen ridículo que no les aceptaba por sus condiciones.
Alfas, Betas y Omegas.
Él se sabía el protocolo habitual para cada estatus y, si bien estaba en desacuerdo en una larga lista de cosas, cumplía con las expectativas al saberse una figura internacionalmente reconocida. Aún así siempre que elegía los puestos de su personal lo hacía por sus cualidades y no por su posición en la jerarquía, provocando grandes disputas y disturbios dentro de la empresa que luego pasaban a ser carne fresca ante los escandalosos deseos de los medios. Era bastante problemático.
Haciendo el trabajo a un lado, en su vida cotidiana no tenía preferencias ni tratos especiales para con nadie, sólo un respeto hacia la persona ajena como símbolo de su buena educación y nada más. No importaba si eras Alfa, Beta u Omega, Sasuke Uchiha te trataría con la mismísima indiferencia de buenas a primeras.
Acabó su almuerzo sin prisa y estaba a punto de hacerle una señal a la muchacha para que le acercara la cuenta cuando en la pantalla de su teléfono móvil vio algo que llamó su completa atención.
La figura blanca de lo que parecía ser un zorro a formas geométricas con un pequeño moño decorándolo debajo y estampado sobre un fondo negro, había aparecido sin su consentimiento. Intentó desbloquearlo para acceder al inicio pero la imagen no se iba y tampoco le dejaba recurrir a los widgets. Sus ojos notaron que debajo del logo animal había algo escrito que entre su sorpresa había pasado por alto, éste rezaba:
Barrio Bunkyō 6-9-4. Piso 9, depto. 12 / 19:23 hs.
Y en su cabeza surgió la idea de que tal vez esa información era de suma importancia, por lo que tomó nota mental repitiéndolo en voz baja para grabárselo. Antes de que pudiera leer la dirección una tercera vez la imagen desapareció y la pantalla volvió a la normalidad.
Confundido y con la sensación escalofriante de sentirse observado, levantó la mano escribiendo en el aire dándole la señal a la moza de que deseaba la cuenta. Ella no tardó en aparecer con el papel sobre una pequeña bandeja pintada a mano, le echó un breve vistazo al precio final y depositó la tarjeta de crédito. La chica se retiró a hacer la transferencia mientras él se colocaba el abrigo y tomaba las pocas pertenencias con las que había salido. Pasó por caja, firmó y salió del local.
Marcó el número de su hermano mientras caminaba hacia el vehículo.
—Sasuke, que coincidencia, justo estaba por llamarte.
—Tú también recibiste ese mensaje, ¿no es así?
—Sí, bastante espeluznante por cierto.
—¿A qué hora sales hoy?
—Aún tengo que terminar unas cosas pero estaré a esa hora en ese lugar.
—Perfecto.
—Nos vemos ahí entonces. Adiós.
—Adiós.
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Itachi cerró con un firme impulso la puerta de su coche, examinando de arriba abajo el edificio frente a él, sintiéndose un poco decepcionado al comprobar la fachada común y aburrida de éste ante sus ojos acostumbrados a la lujosa cotidianeidad.
Cruzó la calle no sin antes mirar a ambos lados y se encontró a Sasuke que se recargaba en el tronco de un árbol de cerezo en flor, cruzado de brazos y con la mirada perdida en el firmamento. Cuando se vio a unos pasos de él sacó su teléfono y revisó el tiempo. Faltaban unos pocos minutos para la hora acordada.
—¿Qué clase de persona elige una hora de encuentro tan extraña?— escuchó quejarse a Sasuke mientras se adentraban en el edificio que, para asombro de ambos, tenía la puerta principal abierta.
Subieron al elevador e Itachi seleccionó el botón correspondiente, cuando las puertas se cerraron se volvió hacia el menor.
—Estos tipos suelen ser… especiales, por así decirlo.— dijo aprovechando la oportunidad para acomodarse el cabello usando los amplios espejos. —Debemos ser cuidados.
Las puertas se abrieron con un sonido indicando que habían llegado a destino, ambos bajaron y se adentraron en la oscuridad del pasillo. Mientras caminaban el mayor no pudo evitar que unos ligeros nervios le contrajeran el estómago.
Luego de tantos años de búsqueda implacable por fin habían encontrado una mísera pista, o al menos alguien que pudiese dárselas. Habían movido hilos y hablado con una cantidad innombrable de personas pero todos negaban ante la posible existencia de aquel que buscaban, pues el tema amenazaba con irrumpir la tranquilidad de las masas. Sin embargo ninguno de los dos desistiría, tenían un objetivo muy claro y habían jurado con sus vidas cumplirlo sin importar qué consecuencias les trajera éste.
La marcha se detuvo cuando se vieron parados frente a una puerta de color rojo opaco que llevaba el número doce grabado en la madera. Sasuke se adelantó y apretó el botón del timbre. Esperaron en silencio, cada uno con la vista fija en algún rincón hasta que la puerta se abrió y de detrás ella surgió un hombre.
Tenía el pelo castaño recogido en una corta coleta, vestía pantalones holgados y una camiseta negra de manga larga con cuello alto, sus pies estaban desnudos. Dentro de su persona lo único que destacaba era una cicatriz que le atravesaba el tabique de la nariz y una expresión gentil que remarcaba su rostro.
Luego de darles una rápida examinada, el hombre hizo una reverencia invitándolos a pasar.
—Joven Itachi, joven Sasuke, los estábamos esperando. Por favor, adelante.
Los hermanos se miraron extrañados al escuchar que el hombre desconocido los llamaba por sus respectivos nombres, pero al ver que éste persistía con su reverencia se animaron a entrar. Dentro los recibió una sala de estar de un tamaño proporcional y decorada con buen gusto. Un sillón amplio y dos pequeños alrededor de una mesa ratona ocupaban el centro, los muebles modernos y bien pintados tenían plantas trepadoras enredándolos y las paredes neutras contrastaban con las cortinas de un extenso ventanal que bañaba la habitación con la luz nostálgica del ocaso.
Su anfitrión pasó a su lado cruzando el living hasta llegar a una puerta en el otro lado de la habitación y, antes de perderse por el marco, se volvió a ellos señalándoles vagamente la estancia.
—Por favor, pónganse cómodos.
El pelilargo fue el primero en acomodarse a su antojo, comprobando la comodidad del estar. Sasuke resignó su actitud frívola y acabó sentándose junto al otro, inspeccionando el lugar un poco más a fondo. Comprobó que no había adornos de ningún tipo más que unas lámparas de papel naranja chillón acomodadas en diferentes lugares, no habían fotos ni objetos que dieran el aura habitual a una casa. Sus ojos recayeron en la puerta por la que había desaparecido el desconocido y enderezó la espalda cuando oyó unos pasos aproximándose, segundos después ésta se abrió.
Un segundo hombre apareció, más joven que el primero y con un aspecto peculiar e interesante para estudiar.
De rasgos infantilmente apagados y complexidad bien formada pero poco trabajada, se adentraba en la sala con paso aireado. Tenía el cabello revuelto de un fuerte color rubio que resaltaba los ojos redondos de un color zafiro que a Sasuke le parecieron salidos de un cuento. Ocupó uno de los sillones simples que se hallaba enfrentado, sentándose de una manera peculiar al juntar las plantas de sus pies y cubrirse los dedos con las manos. Le faltaba el calcetín derecho. Torció la cabeza y preguntó:
—¿Qué hora es?
Itachi, algo descolocado, consultó su celular.
—Las siete y veintiséis.— respondió.
El chico se llevó un índice a la boca y mordisqueó la uña, sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la habitación.
—¿Entonces les gusta el veintiséis?
El menor miró a su hermano sin entender en absoluto lo que el otro había cuestionado y se perdió aún más cuando el pelilargo le devolvió la misma expresión.
—¿Perdón…?— se animó a hablar de nuevo el mayor, rogando haber escuchado mal.
—En mi mensaje puse la hora 19:23 pero nos encontramos a las 19:26. ¿Es porque prefieren el seis antes que el tres? ¿O dividen el seis y lo forman con dos tres?, ¿Es así como se complementan?
Bien, la situación había comenzado de alguna manera… extraña. Ninguno de los Uchiha tenía la menor idea de cómo continuar con el hilo de la conversación y el ambiente se tornaba incómodo. Sasuke intentó descifrar algún significado oculto tras las palabras del rubio pero solo encontró incoherencia por lo que permaneció callado, mientras Itachi hacía amagues para replicar pero las palabras no salían de su boca. Antes de que el joven pudiese preguntarles alguna otra cosa, el hombre castaño apareció y se paró con los brazos en jarra.
—Preséntate como es debido.— lo regañó con un tono de voz severo.
El muchacho lo miró de soslayo sin parecer muy contento ante la petición. Volvió a apresar las puntas de sus pies con las manos y se apoyó en el respaldo.
—Mi nombre es Naruto.— dijo de una manera demasiado despreocupada y señaló al que lo acompañaba. —Él es Iruka. Y ustedes son Itachi y Sasuke Uchiha.
Los hermanos se miraron en silencio una vez más. La persona que tenían en frente era sin duda… peculiar.
—¿Vienen a jugar?— inquirió el de ojos celestes sin cambiar un ápice de su semblante inexpresivo. Otra pregunta fuera de lugar.
—Vinimos a contratar tus habilidades, Naruto.— el más grande adoptó una actitud seria que disimulaba entender lo que el chico decía, entrelazó los dedos sobre su regazo.
Una ceja rubia se alzó e Iruka se retiró de la habitación al instante.
—Mis servicios son exclusivos para el gobierno.— respondió con un desliz de coherencia.
—Lo sabemos, pero llegamos hasta ti con la intención de comprar tu información.
Sasuke observaba atento la situación, por lo pronto encontraba innecesario hablar ya que ambos tenían las mismas opiniones e intenciones. Vio a Naruto removerse en su asiento y entendió con ello que estaba procesando la petición, rodó los ojos en torno a la habitación, se revolvió los mechones y acabó recargando el rostro en su mano derecha que se sostenía sobre el apoyabrazos. Una lenta sonrisa torcida le curvó las comisuras, no tenía gracia alguna.
—Quiero que sepan que no será nada fácil encontrarle.— admitió de una manera que los Uchiha sintieron que les leía el pensamiento, a lo que ambos no pudieron evitar que los ojos se les abrieran como platos. La sonrisa del otro se ensanchó al ver la esperada reacción y se puso de pie con un salto bastante ágil, caminó en círculos mientras se explicaba. —Fugaku Uchiha. Uno de los asesinos más crueles y despiadados buscados en el país que, casualmente, es el progenitor de mis dos invitados. Mis dos invitados no son menos que los dueños actuales de la imponente empresa primaria que sustenta internacionalmente el mercado de nanotecnología llamada Sharingan Co.— el joven rubio daba vueltas animadas por el lugar acompañando sus palabras y deleitándose con los rostros desencajados por la sorpresa de los otros dos hombre que escuchaban su discurso con atención. —Y que sobre sus espaldas cargan con un oscuro pasado y un fuerte sentimiento de odio, ¿me equivoco?
Sasuke tragó grueso intentando manejar su actitud para que su estupefacción no se le notara, pero fue en vano. En su mente las palabras se repetían haciéndole eco en las paredes del subconsciente y despertando el sentimiento voraz que lo consumía sin piedad cada día, distinguiendo el fuego abrasador del rencor quemarle por dentro. El nombre de esa persona llegaba hasta lo más profundo de su ser rememorando el olor a sangre y las náuseas que le daban vuelta el estómago. ¿Cómo podía ser posible que aquel muchacho estuviese sacando a la luz los secretos más oscuros de él y su hermano con el desinterés de quien comenta el clima?
Naruto frenó de golpe su revoloteo, parándose frente al ventanal dándoles la espalda a los pelinegros que permanecían en un silencio sepulcral.
—No es algo de lo que me guste alardear pero… soy un profesional. He escuchado peticiones ambiciosas y podridas de burócratas de todo tipo, una más aburrida que la otra. Siempre con la codicia distintiva del ser humano detrás de sus acciones, nublándoles la cordura. Son ineptos con un poder inestable que se alimenta y crece a consta de su corrupción… me repugnan.— escupió, el tono de voz helado fue pintado con indignación. Giró sobre los talones y se sentó en la mesita ratona que hacía de centro del estar para acercarse a ambos jóvenes, invadiéndoles su espacio personal cuando se acercó para examinarlos bien de cerca. —Pero me temo que estos ojos negros son diferentes a cualquier cosa que haya visto antes. Díganme, mis invitados, ¿hasta qué punto puedo divertirme con su obsesión?
Continuará…
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¡Gracias por haber llegado hasta aquí!
Bien, ésta es una nueva idea que me surgió hace unos días, es algo extraña pero la veo prometedora. Aún tengo indefinido la cantidad de capítulos pero sí sé que estos van a ser cortos y concisos como el que acaban de leer, así puedo tener un ritmo de actualización más constante y no dejarlos esperando un mes.
Me estoy comiendo las uñas rogando porque les guste la idea, ya que aquí Naruto será algo demente y psicópata mientras que Sasuke, entre su frialdad e indiferencia, es una persona precisa de negocios pero con más humanidad que el rubio. E Itachi... bueno, el es perfecto.
¡Espero con muchas ansias sus reviews! Prometo esta vez no desaparecer~
Muchas gracias por leer.
»"No existe ningún gran genio sin un toque de demencia."«
HotaRu YaOiGirL
