Ways to be Wicked
Disclaimer.
Descendast no es mío etc etc etc
Capítulo 2.- Todos los perros van al cielo.
Esa mañana despertó con un extraño presentimiento.
En su cama lo acompañaba Dude, quien parecía estar perfectamente bien, lo que era un alivio, si bien él no parecía ser el problema así que se levantó dispuesto a vestirse y comenzar el día.
Su dormitorio era muy grande pero su baño lo era aún más.
Después de pasar su vida atendiendo a Cruela de Vil, de pasar cada pequeño instante pintándole el cabello o limando sus uñas o lo que fuera que se le ocurriera para sentirse importante y poderosa a base del trabajo de su hijo, después de eso había decidido que ese tipo de vida no era para él.
Cuando finalmente ganaron y se convirtió en uno de los cuatro reyes de Auradon había decidido que su castillo tenía que ser enorme, con un centenar de habitaciones para todos los perros que se le ocurriera adoptar, pero su castillo en específico guardaba un secreto, uno que nadie más que sus amigos conocía.
Cuando mandó a construirlo estuvo cambiando de trabajadores cada mes, de esa forma se aseguró que nadie más que él conocería al completo todos los pasadizos secretos que contenía. Uno en específico, conducía a la torre más alta del castillo, una torre a la que nadie más que él y sus amigos podía llegar, y aún más importante, de la que nadie podía bajar.
En la torre más alta de su castillo había un cuarto pobremente decorado que contrastaba terriblemente con la pomposidad del resto del castillo. Una vez al día Carlos subía para dejar una bandeja de comida y una jarra con agua fresca, en esa habitación su madre permanecía cautiva.
Cruela de Vil ciertamente había hecho honor a su nombre durante su infancia. No solo había sido cruel con él, había sido terriblemente descuidada con sus necesidades en favor de las suyas propias, forzando su obediencia cada día con historias de terror acerca de perros que lo atormentarían si no hacía lo que ella le dijera.
Parte de eso había provocado que él se convirtiera en un alborotador vicioso, molestando a todos a su alrededor para dejar salir la frustración que le causaba su propia vida, de ahí que encajara tan bien en su propio pequeño grupo. De todos los niños de la isla, ellos cuatro eran ciertamente los más viles y despiadados, con un hogar tan roto como era.
Carlos no quería volver a tener a la causante de sus problemas merodeando por ahí. Él había ganado, les había ganado a todos, incluso a su madre.
Él, Carlos de Vil, el pequeño niño flaco, débil y alborotador nerd que amaba las computadoras. Había ganado y tenía ahora todo lo que en verdad se merecía.
Ni siquiera era realmente necesario que él subiera a dejarle comida a su prisionera/madre, hace tiempo que Mal había hechizado la habitación para que recibiera comida y agua sin necesidad de que fuera nadie, solo lo hacía para regodearse.
"Oh mamá, tu pequeño niño aún se preocupa por ti, ¿no lo ves? Te traje tu comida. Todavía te sigo atendiendo, tal y como querías."
Era maravilloso como disfrutaba el tiempo pasar solo pensando en la expresión de su madre al verlo subir, su única compañía y fuente de contacto humano era el hijo que ella despreció cual sirviente en su juventud. Si antes ya había enloquecido ahora ciertamente estaba desquiciada.
Aunque el día había ido bien hasta ahora aquella sensación de mal presagio no lo había abandonado desde que despertó. Así que, como siempre que quería alegrarse, se dirigió al cuarto más grande del castillo, el de juegos.
Con tantos canes en su palacio tenía que tener todo un lugar especialmente designado para su entretenimiento.
Se había decidido por su especialidad, un enfoque moderno. La habitación estaba surtida con cientos de máquinas para correr, juguetes masticables de todo tipo y una gran sección de pasto verde bajo techo para correr y revolcarse, además, una de las puertas daba directamente a la piscina de palacio donde los perros podían ir a nadar cuando quisieras. Tenía un montón de gente en esa habitación que se encargaba día y noche de su mantenimiento y cuidado, aparte de estar atentos a cualquier cosa que sus perros necesitarán.
Como siempre que entraba a ese lugar un montón de perros llegaron corriendo a echarse encima de él tirándolo con éxito al piso para llenarlo de saliva con sus lengüetazos.
-¡Hey! ¡Ya basta!- les gritó con diversión. -¡Quitaos de encima, bestias peludas!
Cuando al fin lo liberaron se puso de pie sintiéndose mucho más ligero. Tal vez todo lo que necesitaba era esto, pasar el tiempo con sus fieles amigos sobre los que su madre estaba equivocada. Tal vez esa extraña sensación era solo su imaginación, ¿verdad?
Hace unos meses una de sus mascotas había tenido cachorros. Eran, en este momento, sus favoritos para pasar el tiempo, todavía estaba un poco atascado en ponerles nombre a los cinco cachorritos. Chuck era el primero que nació, de color café claro, Daisy era la segunda, de un hermoso color blanco con manchas negras en sus orejas, luego estaba Vexy, la tercera cachorrita de color café claro y manchas negras, los últimos dos todavía no tenían nombre. Eran dos machos de color chocolate y negro, su única diferencia eran las manchas que tenían. Él más pequeño era, de los cinco, secretamente su favorito. Era super torpe, siempre tropezándose con sus propias patitas y haciendo las cosas más graciosas.
Finalmente, después de pensarlo un momento había decidido llamarlos Barb y Dummy.
Dummy se había puesto tan contento al ver el collar que se lo había arrancado de las manos en cuanto se lo vio y corrió por ahí para mordisquearlo. Tuvo que perseguirlo entre risas con Dude ladrando detrás de él en simpatía.
Finalmente estaba atardeciendo cuando se retiró del cuarto de juegos para darse una ducha, estaba exhausto de jugar tanto con sus amigos.
-Asegúrense de bañarlos a todos antes de llevarlos a dormir.- le ordenó a uno de sus criados antes de salir de la habitación. Se retiró sin darse cuenta de la mirada de odio que le dedicó el hombre cuando le dio la espalda.
Al salir de la ducha se encontró con Dude mirando fijamente por la ventana antes de empezar a ladrar, lo ignoro un rato en lo que se vestía pero sus ladridos se volvieron mucho más insistentes. Decidiendo hacerle caso se asomo para ver a un hombre parcialmente oculto por los arbustos del jardín y la oscuridad. Parecía estar golpeando algo, pues su brazo se levantaba y volvía a bajar repetidamente.
Aquello encendió todas las alarmas de su cabeza y se apresuró a salir de su habitación con Dude detrás de él. Llegó al patio en cuestión de segundos para ver al hombre deslizarse rumbo a la salida. Eso no podía permitirlo.
-¡Hey, tú!
El hombre se alteró ante el sonido de su voz y se apresuró a emprender su fuga al saberse descubierto.
-¡Guardias!- llamó mientras corría para alcanzar al desconocido. Dude lo adelantó y le mordió la pierna con fuerza, aquel desgraciado profirió un aullido de dolor y le propinó una patada a su fiel amigo.
-¡Dude!- gritó con rabia al ver la escena.
Carlos corrió lo más que pudo pero sus piernas eran demasiado cortas y no lograba alcanzarlo, pronto escucho el sonido de sus guardias en el jardín pero era demasiado tarde. Aquel maldito había huido refugiado por la noche para mantener su anonimato. Gritó con frustración y reclamó a viva voz a sus guardias por su terrible trabajo en la vigilancia y en la ayuda de refuerzos.
-¡Todos ustedes son unos inútiles! Tienen suerte de que no decida castigaros por su incompetencia esta noche. Quiero que se haga una investigación de las cámaras y la seguridad. Quiero saber como entró y quién era. Evaluare los daños y decidiré cuál será su castigo después de eso.- Al ver que ninguno se movía les gritó incluso más fuerte.
-¡¿Y bien?! ¡¿Por qué siguen aquí?! ¡Largo!
Los guardias se retiraron prontamente. Carlos se movió inmediatamente para ver a Dude, parecía estar bien, el golpe olvidado. Sin embargo, aún quedaban cosas por hacer.
Con rapidez se fue a buscar el lugar donde originalmente había visto al intruso desde su ventana. Tardo un poco para ubicarse entre los arbustos, pero pronto fue obvio lo que había ocurrido en ese lugar. Entre los matorrales se encontraban tirados los cinco cachorritos que tanto amaba. Aún estaban vivos, agonizando entre su propia sangre. Ese bastardo los había golpeado con un palo que había dejado ahí mismo, en la escena del crimen.
Los cachorritos sollozaban tan débilmente que no era de extrañar que no los hubiera escuchado antes. Rápidamente se acercó para examinarlos, Daisy y Chuck ya no se movían, Vexy tampoco pero aún respiraba, tan débilmente que era obvio que no sobreviviría, él único que aún luchaba era Dummy, Barb solo lloraba y se agitaba de vez en cuando, pero en cuanto Dummy lo vio sus sollozos se volvieron más fuertes e insistentes. Aquello trajo lágrimas a sus ojos mientras caía de rodillas a su lado y dudaba entre cogerlo o no moverlo más debido a sus heridas. Comenzó a gritar por ayuda pero parecía que nadie lo escuchaba. Había mandado a todos a retirarse con tal dureza que probablemente hubieran huído lo más lejos posible de él y ahora no lo escuchaban.
-¡Alguien ayúdeme, por favor!- pero era completamente inútil, nadie acudió en su auxilio.
Su corazón se hundió y sus lágrimas se deslizaron con fuerza por sus mejillas. Finalmente cogió al cachorro y lo sostuvo con toda la delicadeza posible contra su pecho. Dude lamía inútilmente las heridas de Barb, que aún sollozaba. El pecho de Vexy había dejado de moverse, revelando que ya había muerto. Finalmente los dos cachorritos restantes comenzaron a perder fuerza hasta que dejaron de moverse.
-No...no, no, no.- el pánico comenzaba a asentarse en la boca de su estómago mientras agitaba a Dummy cada vez más violentamente sin reacción alguna.
-No mueras, Dummy no. No mueras. ¿Dummy? ¡DUMMY!
Pero Dummy ya no se movió.
Mientras Carlos gritaba y sollozaba acompañado de los lamentos de simpatía de Dude, no muy lejos, justo al lado del palo que había servido de arma para tan vil acción se encontraba una nota.
"Nos desharemos de todo lo que améis. Vuestro fin se acerca."
La sensación con la que se había despertado estaba en lo correcto. Su mal presagio se había cumplido.
¿No me digan que no lo vieron venir? Estaba justo en el título.
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