Capítulo 2: Una nueva misión

Abrió los ojos lentamente, alguien gritó su nombre de forma atronadora, como un rugido apocalíptico, no muy lejano a él.

¡HIIIIDAAAAANN!

P-pero… ¿Pero qué cojones? – preguntó aún somnoliento.

Miró vagamente hacia la puerta, la cual se abrió de golpe mostrando a Kakuzu con cara de pocos amigos.

¿Qué pasa ahora, te han quitado el porno?

¡LLEVO LLAMÁNDOTE YA OCHENTA VECES! ¿¡QUIERES LEVANTARTE DE UNA VEZ! ¡LLEVAS DOS DÍAS DURMIENDO! – rugió.

Parpadeó un par de veces frunciendo los labios, sorprendido, sin inmutarse por el sanguinario estado de su compañero.

Es mi nuevo record. – respondió despreocupado.

Kakuzu bufó intentando contenerse para no tirarlo por la ventana, literalmente. El albino bostezó estirándose, sentía todo el cuerpo entumecido.

Por si no lo sabes… que estoy seguro de que no porque tienes complejo de marmota y el cerebro aproximadamente del mismo tamaño… el Líder nos ha llamado, y si no estoy contigo en su despacho dentro de diez minutos, te vas a enterar. – informó el moreno a punto de explotar. Su estado era comparable al de una olla exprés.

Sí, sí… - respondió pesadamente Hidan rascándose la cabeza mientras buscaba con la mirada sus zapatos.

Pues ya estás advertido.

Tras esto, cerró la puerta sonoramente, haciendo vibrar todos los objetos del cuarto. Hidan puso los ojos en blanco haciendo sonidos de burla y terminó de vestirse. Tras asearse un poco, salió al pasillo ajustándose las ropas serenamente y entró al despacho del Líder sin picar antes a la puerta. Kakuzu ya estaba allí, el cual ni siquiera se molestó en mirarle. El albino se posicionó a su lado, aún así guardando las distancias.

¿Qué querías? – preguntó sin ninguna educación.

Pein lo miró con el ceño milimétricamente fruncido. No solía mostrar muchas emociones, salvo en ocasiones excepcionales. De todas formas, nadie lo había visto nunca sonreír, ni siquiera cuando estaba cerca de su compañera, su "ángel".

Hidan superpuso levemente el labio inferior sobre el superior, manteniéndose en silencio.

Quería informaros sobre vuestra nueva misión. Esta vez no será un trueque ni nada por el estilo. – respondió el Líder volviendo a mirar al equipo.

Kakuzu mostró un pequeño gesto de molestia mientras que una sonrisa autosuficiente se esbozó en el rostro del contrario, el cual prestó más atención al instante.

Hemos sabido por varios de los espías de Sasori, y recolección de información que Zetsu nos ha entregado, que lejos de aquí, en un pueblo situado a gran altura, ocurre un fenómeno que me gustaría que investigaseis ya que puede sernos de utilidad. – informó mostrando un semblante aún más serio que de costumbre, cosa que hacía cuando la cosa requería cierta profesionalidad.

¿De qué se trata? – preguntó Kakuzu concentrándose en el asunto.

El Líder apoyó ambas manos sobre el escritorio mientras se levantaba.

Nos hemos enterado de que puede haber una especie de criatura que ronda por el poblado, y si eso es cierto, quiero que os hagáis con ella antes que nadie. – respondió, clavando sus ojos en él.

¿Una criatura? – dijo Hidan, frunciendo levemente el ceño, extrañado. - ¿Qué clase de criatura?

"¿Es que somos los antiplagas o qué?" pensó.

El hombre de Rin'negan cruzó las manos detrás de su espalda y comenzó a andar lentamente por el cuarto.

No estoy seguro, pero cerca de allí ha habido varios conflictos a lo largo de la historia, así que puede haber surgido por diferentes flujos de chakra.

Kakuzu lo miró, girándose levemente.

No es por contradecirle, Líder, pero…

¿Pero? – preguntó el mismo enarcando levemente una de sus anaranjadas cejas.

¿Akatsuki no está centrada en los bijüus, exclusivamente? – finalizó.

El Líder asintió una vez cerrando los ojos y volvió a mirar al frente mientras caminaba.

Así es, - respondió – sin embargo, cualquier criatura que se genere por chakra puede ser introducida en el Gedou Mazö, así que tan solo puede beneficiarnos, antes de que sea sellado dentro de un jinchuriki. En estado salvaje son más predecibles, más incontrolables y no pertenecen a ninguna villa, por lo que nos ahorra tener que buscar a una persona en concreto y combatir con ella – explicó.

Resumiendo – abrevió Hidan – que tenemos que ir a buscar a un bicho del que no tenemos idea de nada, en un pueblo a saber dónde, y traerlo aquí.

Ambos le dedicaron una dura mirada.

¿No? – preguntó con una ceja alzada.

Así es – sentenció el Líder con una ligera aspereza en su voz.

Se hizo un largo e incómodo silencio mientras que éste volvía hasta su escritorio, sacudiendo ligeramente su cabeza y relajando los brazos, dejando caer las manos a ambos lados de su delgado cuerpo, cubierto también por una gabardina de nubes rojas. Volvió a sentarse cruzando las piernas bajo el escritorio.

El pueblo se llama Utsubo, está al sudeste de nuestra posición, a varios días caminando. Os daré el mapa y todo lo que tenemos de él. – dijo mirando fijamente a un punto inexistente, con gesto concentrado.

Era algo que solía hacer, ya que era, literalmente, una persona que podía estar en varios sitios simultáneamente.

Los otros dos asintieron ligeramente, asimilando la orden.

Partiréis mañana al atardecer. Sé que ambos habéis descansado bien después de la última misión que os encomendé. – paseó sus orbes hasta clavarlas en Hidan, el cual ni se inmutó lo más mínimo.

Kakuzu miró de reojo a su compañero, con mal gesto.

Unos pequeños pergaminos flotaron suavemente hacia el Líder, el cual los controló para que ambos hombres los cogieran.

Estos son los datos. Leedlos y memorizarlos. Esta es una misión importante, así que no hace falta decir que espero obtener resultados de vosotros – casi murmuró, volviendo a su serenidad habitual.

Ya nos ha quedado claro – respondió Hidan arrogantemente, abriendo uno de los pergaminos.

Podéis iros. – ordenó sutilmente el Líder, girándose levemente en la silla y cerrando los ojos de nuevo.

El equipo obedeció instantáneamente, dejándole solo con sus pensamientos.

"¿Por qué esto me sigue pareciendo una especie de castigo?" pensó Kakuzu, con mirada cansada, sobre el pedazo de papiro enroscado en una de sus manos.

Bueno – dijo Hidan, estirándose un poco con gesto más espabilado – al parecer tenemos que leernos esta mierda para mañana, ni que estuviésemos en preescolar.

Tú lo sigues estando – respondió su compañero abriendo el rollo.

El albino lo miró con el ceño fruncido.

Pues tú deberías estar con los viejos de tu edad. – espetó, para después esquivar un distraído puñetazo que Kakuzu intentó darle sin apartar su mirada del texto que estaba leyendo.

Hizo un pequeño ruido de indiferencia sacudiendo suavemente el suyo y volviendo a pasear sus ojos violetas por él.

Utsubo era un poblado situado en la región de Gifu-Ken, levantado sobre el río Miyagawa. Tal y como afirmaba el Líder, habían sucedido varios conflictos cerca de allí, por lo que el poblado se había visto gravemente afectado por numerosas guerras en las que no tuvo más remedio que involucrarse. No pertenecía a ninguna Villa en particular: era uno de esos lugares neutrales que preferían llevar una forma de gobierno pacífica y casi inexistente.

Era un pueblo de gente discreta y supersticiosa que fácilmente se dejaba llevar por historias y leyendas antiguas, por lo que era lógico que identificase a la criatura, al objetivo del que tenían que hacerse cargo, como uno de sus monstruos mitológicos.

Ya que estaba a una altura elevada sobre el nivel del mar, solía tener un tiempo bastante irregular y tormentoso en ciertas épocas del año.

En los pergaminos también se describía que ciertos ninjas, confiados al cuidado de Sasori, generalmente, habían afirmado avistar ciertas sombras en el casco viejo de la ciudad, e incluso sobrevolando la ciudad cuando había poca gente rondando por las calles.

Genial, un bicho volador. ¿Cómo espera que atrapemos eso si ni siquiera sabemos cómo es? – pensó molesto Hidan, en voz alta.

Ese es nuestro trabajo. – respondió Kakuzu plegando su pergamino, el cual ya había terminado de leer. – Será mejor que prepares bien tus cosas para mañana. No quiero tener que esperar por ti. – dijo, empezando a caminar por el pasillo, en dirección contraria a él.

Meh.

Hidan se quedó pensativo, tal vez algo de "caza" lo estimulara un poco de aquella rutina que llevaba. Ser el siervo de Jashin era realmente excitante para él, no en un ámbito sexual, pero para él era la gloria, el éxtasis, placer puro que hacía vibrar todo su cuerpo. Sonrió levemente, para sí, cerrando el pergamino y guardándoselo en un bolsillo. Un poco de aquello le vendría bien, sin duda.

Recordó cuando consiguió capturar al bijüu de dos colas en compañía de Kakuzu, desde luego había pasado un buen rato, aunque no le había dejado aprovechar su cuerpo antes de sacrificarlo, lo cual le había dejado una pequeña espinita.

"Nunca deja que me divierta lo suficiente." Pensó "Parece mi niñera. Estúpido Líder…"

Suspiró silenciosamente dejando caer la cabeza, aún con una sonrisa leve esbozada en su rostro.

"Veamos lo que me encuentro por ese poblado, y si merece la pena estar allí un par de meses. Unos cuantos sacrificios de paganos harán que Rey Jashin se ponga contento, eso me bastará, supongo."

Levantó de nuevo el mentón para mirar hacia el final del pasillo y ver que algunos miembros rondaban de un lado a otro de forma distraída pero a la vez concentrada en sus tareas. La cueva casi nunca se quedaba vacía.

"Me llevaré el mérito de atrapar a esa bestia y demostraré a Kakuzu que soy mucho mejor de lo que él será jamás, así se callará un poquito y le demostraré al resto que puedo apañármelas solo."

Rió maliciosamente en voz baja.

¿Ocurre algo, Hidan? – le preguntó un hombre aún más alto que Kakuzu, de tez azul y agallas sobre sus pómulos. – Pareces bastante contento, ¿Te ha sentado bien la siesta? – sonrió con sus afilados y blancos colmillos.

Mantuvo una sonrisa de lado, sin llegar a mostrar los suyos y los párpados levemente caídos.

Sí, Kisame, podría decirse que sí, aunque no me veréis ni a mí ni al idiota de Kakuzu por aquí una temporada – respondió.

Vaya, ¿El Líder os manda de misión otra vez? – preguntó con interés, bebiendo un poco de agua de un vaso que llevaba en una de sus manos.

Eso parece – dijo Hidan, mostrándole un poco su pergamino – a por una especie de bijüu que anda por ahí perdido.

Kisame alzó las cejas, sorprendido, bajando con suavidad el vaso y tragando el agua de su boca.

¿Una especie de bijüu? Parece interesante.

Todos sabían lo que a ese hombre le entusiasmaban las peleas, aunque, al contrario que al resto de miembros, él era de los pocos que se llevaba bien con todos.

¿Cuándo os vais? – preguntó de nuevo, curioso.

Mañana por la tarde – respondió el albino, mostrando cierta emoción en su tono de voz.

Bueno, pues aprovecha de llevar lo necesario, lo más seguro es que sea un viaje largo. – le aconsejó volviendo a retomar la marcha a lo largo del pasillo.

Hidan sonrió de nuevo dirigiéndose a su cuarto.

Por cierto – volvió a interrumpir Kisame dándose la vuelta y caminando unos pasos hacia atrás.

Le miró con intriga.

La cena estará lista dentro de poco, supongo que tendrás hambre – levantó levemente el vaso con gesto amistoso y volvió a girarse para caminar normalmente.

Se miró a su estómago, dándose cuenta de que llevaba haciendo algunos ruidos durante varios minutos. Se peinó el pelo hacia atrás agarrando firmemente de nuevo su pergamino, caminó hacia su cuarto, y empezó a hacer su equipaje.