Capitulo 2

Despertó a las dos de la tarde en su departamento, recordaba borrosamente el día anterior, lo único que recordaba era que había tomado más de la cuenta… también la recordaba a ella. Era tanto el dolor de cabeza que tenía que no lograba mover ni un pelo así que se dio media vuelta para seguir durmiendo.

A las seis de la tarde cuando por fin logró levantarse, se dio una ducha de agua helada para poder despertar, recordaba como ayer habían despedido a los novios antes de que se fueran de luna de miel, habían rayado completamente el auto con mensajes para los recién casados, Alice obviamente se había enojado, el auto era su querido Porche amarillo el cual había quedado un desastre. Lo habían pasado de lujo, bailó con todas las chicas del lugar, sedució a la mitad y estuvo a punto de llevarse una a su casa, todo eso solo para sacarse de la mente a la dueña de su corazón…

- ¡¡Ya no lo es!! Sácatela de la cabeza Edward

No lo podía entender, como esa mujer todavía podía robarle el sueño, si le había hecho el peor daño que se hubiera imaginado, ella, esa persona en la que siempre habla confiado, que pensaba que se conocían con solo mirarse, que conocía cada expresión de su rostro, que le había dicho que lo amaría por siempre… con la persona que creyó poder pasar la vida entera. Pero no, lo traicionó, le rompió el corazón.

Se vistió con su mejor traje, ese día tenía una cena con Eleazar y no podía fallarle. Se miró al espejo, se veía bien, su cuerpo escultural debido a que se mantenía en forma, su cabello broncíneo revuelto, un color muy singular y sus ojos verdes que había heredado de su madre.

Tomó las llaves del coche y partió. Sabía que podría demorar cinco minutos en llegar si conducía rápido su Volvo plateado pero prefería demorar un poco más, no estaba de ánimo para las carreras, de vez en cuando le gustaba ser un conductor normal, como decía B… ¡No! Nadie decía nada. Se estacionó, se arregló la chaqueta y entró al lujoso restaurante. Lo recibió el administrador, le dijo que tenía una cita con Eleazar Denali, y fue llevado a la mesa.

Ahí estaban él, su esposa Carmen, sus hijas Tanya, Kate e Irina y…

- No… no otra vez…

- ¿Qué sucede Edward? – El mejor amigo de su padre parecía desconcertado, no entendía la reacción de este

- Eh… na-nada señor… buenas noches- saludó cordialmente y con una sonrisa

- Tan puntual como siempre… - Edward los saludó a todos con un asentimiento de cabeza y una sonrisa, hasta que…- me imagino que conocerás a Isabella Swan, es muy amiga de Tanya y además alguien muy importante en esta reunión

- Te-tendremos que averiguarlo… ¿no?

Todos se rieron menos nos personas que se miraban fijamente sin ninguna gota de risa. Eleazar llamo a un garzón para que primero pidieran y después se hablarían los temas más importantes. Conversaron sobre la vida, como iban las cosas en la empresa, sobre los estudios de Kate y Tanya quienes estaban terminando su especialización para así poder tomar los negocios de la empresa familiar, por otro lado Irina había realizado una nueva exposición de arte.

La familia Cullen y los Denali eran una de las familias más reconocidas en el ambiente empresarial, estaban entre los más reconocidos internacionalmente y por lo mismo uno de los más adinerados. Edward no había querido trabajar en la empresa familiar ya que quería ser reconocido por sus propios esfuerzos, y sabia que trabajando en "Ambientes y Diseños Cullen" solo sería uno más de la familia, por lo que aprovechó la oportunidad con la empresa de relaciones internacionales Denali, donde trabajaba como Gerente general de la empresa. Con estos mismos pensamientos lo había seguido Jasper, siendo su persona de confianza en ese lugar.

Edward no podía más de la incomodidad que sentía, de vez en cuando miraba a Isabella de reojo para darse cuenta que ella hacia exactamente lo mismo o sonreía de lo más feliz con Tanya. Todavía no entendía que hacia ahí, no habían pasado más de veinticuatro horas desde que la había vuelto a ver y ya lo tenía vuelto loco.

Cuando ya iban en el aperitivo, comenzaron la conversación de trabajo, Eleazar se acomodó en su silla, miró a Isabella y le sonrió.

- Bueno Edward, a lo que vinimos… Si lo recuerdas bien, durante estos días en que Jasper esté en su luna de miel, tú no tienes a un subgerente ni asistente o alguien en quien confiar…

- Eh… señor, de eso no tiene que preocuparse…

- Nada de eso, averigüe por ahí, que Isabella es una de tus mejores amigas, entonces la he buscado y he decidido que reemplace a Jasper durante su ausencia… - La copa de brandy que Edward tenía en la mano resbaló al suelo rompiéndose en mil pedazos

- NO… Usted no sabe muchas cosas… y… no puedo aceptar, yo puedo hacerme cargo de todo…

- Ya lo he dicho, yo te metí en esto y te di mi palabra que siempre te ayudaría en todo, y eso hago, así que no hay más discusión- Edward no podía más, todo estaba saliendo mal- Además, tienes la suerte de que es alguien conocido, o no?- Eleazar lo miraba sonriente mientras tomaba la mano de Isabella y esta sonreía tímidamente

- Si… señor

- Bueno, entonces es momento de que hagamos un brindis- interrumpió Tanya- felicitaciones a mi amiga y al mejor empresario de Washington

Todos levantaron sus copas, unos con más ganas que otros, después de unos minutos, decidieron retirarse. A las afueras del restaurante, se despidieron y cada uno tomó el camino a su auto. Edward se apoyó en su coche, se agarró la cabeza para tratar de controlarse y no mandar un rosario de maldiciones en frente de todos, en eso sintió la mano de alguien en su hombro. Al sobresaltarse asustó también a la chica por lo que le pidió perdón.

- No era mi intención asustarte… ¿estas bien?

- Si… solo algo cansado- "súper bien, he vuelto a verla después de cinco años y voy a estar bien" pensaba el chico- Tanya, tus padres te esperan

- Si se, pero te quería pedir un favor… es que Bella no tiene coche y no quiero que se vaya sola y vive a solo unas cuadras de tu departamento, así que pensé si no te molestaría llevarla… por favor- "Lo que me faltaba" el chico trato de sonreír

- Esta bien, solo porque tu me lo pides

- ¡Gracias! – La chica le beso la mejilla logrando que por primera vez en la noche Edward sonriera de verdad- Nos vemos

- Nos vemos…

Edward dio la vuelta al Volvo y abrió la puerta del copiloto, subió la vista y se encontró con ella que lo estaba mirando. Tuvo que hacerle una señal para que se subiera al coche, no iba a quedarse ahí todo el día esperando a que reaccionara, con ella ya adentro, le cerró la puerta, suspiró hondo y volvió al asiento del piloto.

El silencio era incomodo, los dos ahí, sin saber que decir, sin saber qué hacer y Edward ahí por haberse comprometido en ir a dejarla a su casa sana y salva en vez de poder tirarla de un barranco, por todo el mal que le había causado. Le preguntó exactamente cual era la dirección a lo que Isabella contestó nerviosa. Hizo partir el coche y comenzaron el camino. No había de que hablar, después de tanto tiempo, saber como estaban, en que estaban, ya con solo saber que tendría que verla todos los días mientras su amigo estuviera de luna de miel lo ponía histérico, no sabría como soportarlo… iba a hablar con Eleazar y decirle lo que sucedía, ni a Isabella ni a él les sería fácil trabajar juntos.

Después de un largo rato que llevaban en silencio, la chica habló rompiendo sus miedos de que Edward le hiciera algo por abrir la boca.

- ¿Porque eres el Gerente general de la empresa de Eleazar?

- Porque Eleazar me lo pidió… se lo debía – Isabella se sorprendía de que le respondiera

- Y porque si se puede saber, generalmente es a ti al que le deben favores- Edward la miró de reojo, no podía negarlo, se veía estupenda con ese vestido azul, la recordaba igual como se la imaginaba- además pensé que trabajarías en tu propia empresa o aceptarías trabajar con Carlisle y Esme

- Así era, pero de alguna forma necesitaba deshacerme de todos los papeles que había que sacar para el matrimonio sin que todo el mundo se enterara, como era lo acordado… y esa persona solo podía ser él, así que cuando se quedó sin gerente, yo tuve que aceptar el puesto- Había tocado el punto débil, solo a ella se le ocurría hacer esas preguntas.

- Disculpa…

- Solo no sigas hablando de temas que no… que no te importan- interrumpió resaltando las últimas palabras.

Lo que quedó del camino, nadie dijo nada, se sentían incómodos pero era mejor no hablar para luego arrepentirse. Edward se detuvo donde le había indicado Isabella, ella le agradeció pero no tuvo respuestas, cuando cerró la puerta el coche partió lo más rápido que pudo para perderse a la vuelta de la esquina.

El fin de semana pasó y ya era hora de trabajar, Edward se dirigía a su despacho, mientras en el camino se encontraba con personas que le pedían ayuda, que necesitaban que firmara algún documento de aprobación, o simplemente saludarlo. Cuando llegó a la puerta de su despacho, saludó a la secretaria y pidió que le llevaran las reuniones que habían ese día, documentos y casos importantes. También cerca del escritorio de ella se encontró con algunos trabajadores quienes pedían rápidamente documentos para comenzar con los trabajos en Londres, Canadá y Francia sobre la construcción de sucursales en el lugar correspondiente, para luego comenzar con las relaciones sociales. Había mucho trabajo para esa semana ya que a la próxima debía hacer un viaje y no podía quedar nada pendiente.

Cuando por fin llegó a tu escritorio respiró hondo, ese era su lugar de paz, donde nadie podía molestarlo, donde podía pensar, hacer lo que quisiera, recibir a quien quisiera y resolver los problemas a su modo. Pero la paz no dura para siempre cuando te das cuenta que alguien te observa desde una silla en la esquina con una gran carpeta llena de documentos lista para ser revisada por el Gerente general.

- ¡No lo puedo creer! Ahora ni en mi oficina puedo estar solo

- Disculpa, no sabía que no podía entrar, Eleazar me trajo y me dijo que te esperara acá adentro, si no quieres me voy…

- SOLO… solo déjame esa maldita carpeta y lárgate

- No tienes por que ser tan mal educado conmigo- Edward la miró

- ¿Que quieres?... Oh, hola Bella, tanto tiempo, como has estado, es un gusto trabajar contigo… no me pidas tanto, el tenerte acá solo lo acepto por Eleazar y su familia, ¿esta bien?

- Si… tienes razón…- Isabella dejó la carpeta en el escritorio y salió con los ojos llenos de lágrimas

El día pasaba, eran muy pocas veces en las que Isabella entraba a la oficina de Edward, en un momento dejaron claro de que ella solo le ayudaría ahí en el despacho, no saldría a terreno, ni otros sectores de la empresa como era el trabajo de Jasper, Edward no quería que se involucrara más en el tema si después debía irse, con solo mirarla le dejaba bien claro que no la quería trabajando ahí por ningún motivo.

Todos los trabajadores se sorprendían de la forma en como se trataban ya que todos tenían entendido de que eran grandes amigos desde la infancia y se sospechaba que en algún momento habían tenido algo más que amistad pero no para terminar así de distantes uno con el otro. Pero de todas formas el tema no se tocaba, nadie se metía con el jefe, podía ser más joven que muchos de los que trabajaban ahí, pero su carácter lo hacia respetable además si era el protegido del Dueño de la empresa.

Cuando terminó el día, todos se iban, Isabella arreglaba los últimos papeles, pero no veía salir a Edward de su oficina, ya era hora se irse y si él no se iba no sabía que debía hacer ella. No quería ir a molestarlo para recibir otro reto y que todos los que trabajaban ahí siguieran hablando de la relación que había ahora entre ellos. Se acercó donde estaba la secretaria, Nancy para ver que debía hacer.

- El señor Cullen generalmente se va después de todos nosotros… el señor Hale de vez en cuando se quedaba a esperarlo, deberías preguntarle si quieres que te quedes o si te puedes ir… si quieres te comunico

- No Nancy, mejor pregúntale tu… no… no quiero seguir…- no sabía como decirle, que no quería seguir escuchando su voz que le estaba haciendo mal

- Te entiendo, yo lo hago, no te preocupes

Isabella se fue a su oficina, en realidad la de Jasper, se sentó a esperar la respuesta. Estaba angustiada, sabía que volver a verlo no iba a ser algo muy alegre, pero no creía que fuera tan terrible… sabia que le había hecho daño y no podía remediarlo, pero todo tenía una explicación, podría decirle porque había… porque se había ido. Miró el escritorio y vió una foto donde salían Jasper, Alice, Edward y Tanya, la hija menor de Eleazar, debían de ser muy amigos, todos se veían muy sonrientes. En eso alguien tocó la puerta, ella se sobresaltó pero inmediatamente dijo que entraran, pensaba que era Nancy para decirle si se podía ir o no.

- ¿Cómo te vas a ir?- Edward estaba ahí en la puerta muy serio

- ¿Porque preguntas?

- ¿Ya tienes un auto? ¿Cómo te vas a ir a tu casa? ¿Es muy difícil la pregunta? – Isabella se sentía confundida, no sabía que responder, Edward suspiró- Toma tus cosas… ya nos vamos

No entendía nada, inconscientemente tomó su cartera y lo siguió, sus pies se mandaban solos por ese momento, sentía la misma sensación de ser un satélite que no puede perder la órbita de su planeta… lo mismo de hace cinco años atrás, se despidió de Nancy sacudiendo la mano y siguió a su jefe… a su…

Cuando llegaron a los estacionamientos ahí estaba el inconfundible Volvo plateado… tantas veces en que había estado sentada ahí, él ya le había abierto la puerta y esperaba a que entrara, se sentía igual de cuando fueron a cenar, se subió y esperó, estaba aturdida. Cuando sintió que el coche estaba partiendo, entendió en que estaba, se sentía enojada, aturdida y emocionada, no hablaban, pero solo el estar ahí con él a solo unos centímetros le daba esperanzas de que Edward no estuviera tan enojado de cómo lo demostraba.

No supo cuanto tiempo pasó cuando sintió que el coche se detenía, miró por la ventana y estaban frente a su departamento, miró a Edward que solo miraba afrente esperando a que ella se bajara. Iba a darle las gracias, pero no salieron palabras de su boca, respiró profundo lo volvió a intentar, le dio las gracias pero no recibió nada a cambio, se bajó del coche e igual que la vez anterior, este desapareció a la vuelta de la esquina.

Abrió la puerta de tu departamento, ahí estaba como siempre solo, dejó las llaves donde siempre, entró a la cocina se sirvió un vaso con agua y se dirigió a su dormitorio, en medio había una cama de sabanas y cubrecama blanco, dejó el vaso en una la de las mesas de noche y se tiró a la cama, tomó su celular, quería llamarla pero no era lo debido, así no se olvidaban las penas. Se sentía un idiota, no sabía como había llegado a la oficina y le había preguntado como se iría y para mas remate, le dice que se irá con él… siempre habían pensado en eso, de trabajar juntos y luego irse a casa y en el coche ir comentando todo lo que habían hecho en el trabajo para después cenar juntos e irse a la cama abrazados. Pero no, eso no ocurría en la vida real, cuando iban en el coche, pensó en pasar directamente a su departamento y tirarla a su cama y hacerle el amor como tanto había soñado…

- ¡¡Ya basta Cullen!!

Isabella Swan ya no estaba es su futuro, eso tenía que sacárselo de la mente, él estaba solo, soltero… después de haber estado a pasos de ser marido y mujer. No dio más, se levantó, se fue al baño y se dio una ducha de agua fría, parecía la única formula de olvidarse de ella desde que había llegado.

Salió con la toalla amarrada a la cintura, tomó su celular e hizo una llamada, de alguna forma necesitaba relajarse, pero no iba a ser el método más fácil si debía verla por varias semanas más.

Al día siguiente, era al mismo caos que había visto el día anterior, pero esta vez, se fue directamente a su oficina para no incomodar a Edward o recibir otra de esas miradas que tanto le dolían, le pidió a Nancy que la llamara cuando este llegara. Se sentía contrariada, cuando venía en camino a "Denali Ltda." pensó en renunciar, ella se sentía mal y creía estar afectando de la misma forma a ese hombre que podría haber llamado su mejor amigo… o algo más. Pero no podía irse, Tanya, la había ayudado a encontrar trabajo el mismo día en que había vuelto a Phoenix y no podía defraudarla.

En eso sonó su teléfono, sobresaltada lo contesto, era Nancy, el jefe había llegado. Tomo todos los papeles que le habían pasado distintos departamentos de la empresa, los cuales debían ser aprobados por Edward y se dirigió a la oficina de su jefe. Tocó la puerta y esperó a que él hablara… nada pasó, volvió a tocar, escuchó que alguien le decía adelante. Abrió la puerta con cuidado para no molestar pero para sorpresa de ella sintió unos labios fuertemente presionados a los suyos, luego unos brazos colocados en su cintura de tal forma que no pudiera escapar. El beso se volvió apasionado, ella le paso los abrazos por el cuello, él le acariciaba la espalda, en eso el sueño se acabó, bruscamente se separaron. Isabella lo quedó mirando sorprendida, no entendía nada, le había dicho que no la quería volver a ver y ahora aprovechaba de besarla apasionadamente. Edward por otro lado, la miró fijamente, no entendía porque había llegado a eso, es que ¿no podía vivir sin ella?… ya lo había hecho durante esos cinco años, porque ahora le estaba pasando esto.

- Discúlpame

- No… no te preocupes… fue…

- Fue una estupidez – interrumpió Edward, velozmente se sentó en su escritorio- que hay para hoy

- Bueno, hay unos… hay unos temas a… tratar…- nuevamente la interrumpieron

- ¡¡Esto no puede ser!! Me dejaste plantado en la iglesia, desapareciste durante cinco años y ahora no paro de pensar en ti… y este beso…- la miró, no sabía qué hacer- no puedo trabajar contigo… tengo que hablar con Eleazar

Edward salió rápidamente de la oficina sin prestar atención a nadie mientras Isabella no entendía nada de lo que pasaba, se había quedado inmovilizada en medio del despacho buscando alguna razón para todo lo que estaba ocurriendo.

Parecía como si corriera por los pasillos, no tomó en cuenta a nadie que se le cruzara, igualmente nadie quería molestarlo, sabían cuales eran las peores expresiones del señor Cullen y esta era una de ellas. Todos los que se encontraban frente al ascensor, le dejaron el paso para que subiera. Presionó el penúltimo piso mientras maldecía la lentitud de este.

No era normal ver a Edward Cullen así por los pasillos de la empresa, él era una persona calmada, como toda persona se enojaba o tenía comportamientos impulsivos, pero nunca se le veía como un loco corriendo o maldiciendo.

Cuando llegó a su destino, saludó a la secretaria de forma cortante, le preguntó si el señor Denali estaba ocupado y sin esperar respuesta pasó a su despacho. Y ahí estaba leyendo documentos de diferentes departamentos. Al ver a Edward dejó de hacer todo y lo saludó.

- Edward, no te esperaba… cuéntame que te trae por aquí

- No puedo trabajar con Isabella Swan – Eleazar lo miró extrañado, se acomodó en su asiento tamborileando sus dedos

- Y porque no, si se puede saber

- Señor… ¿recuerda el porque yo estoy acá?- el hombre asintió- estuve a punto de casarme, señor, y recuerda que nunca quise mencionarle quien era esa mujer porque no quería volver a saber de ella… bueno señor… esa persona es ella… esa persona es Isabella, ella me dejó en el altar sin un porque, con el corazón roto… y ahora me esta volviendo loco.



Nota autora:

Chan chan chan chaaaaannnn

Las cosas se comienzan a saber, salen a flote y nos vamos enterando que es lo que ocurre entre nuestros personajes favoritos. Me encanta ese ataque se pasión que se le sale a Edward, siempre me lo he tratado de imaginar así, alocándose un poco a como lo conocemos en la saga.

Bueno, espero que les este gustando la historia, como prometí, aquí va otro capítulo, en una de esas logro actualizar nuevamente este domingo ya que la próxima semana estaré un poco ocupada y no quiero dejarlos sin un capitulo. Ahí lo estaré viendo.

Espero sus comentarios, reclamos o sugerencias, todo es bien recibido, sus palabras son grandes ideas.

Nos estamos viendo, muchos besitos a todos los que pasaron a leer y los que dejaron sus reviews.

Camili