Advertencias: Mención de sangre (lol), muerte de personajes secundarios, y abusos (no sexuales) a menores.


Los siguientes días Yuuri no se encontró de nuevo con Viktor, al menos no en persona. Ambos tenían horarios muy diferentes. Yuuri trabajaba de día y volvía a casa de tarde, a veces saliendo para ir a entrevistas de trabajo en busca de un empleo de profesor universitario, mientras que Viktor dormía durante el día y despertaba a medio día, pero se quedaba dentro de su apartamento hasta que se escondiera el sol y entonces salía a trabajar de noche; por lo que las llamadas y mensajes de texto era la mejor manera que tenían para comunicarse.

Era extraño. A través de la pantalla de su celular Yuuri podría jurar que Viktor era una persona cualquiera y no un dhampiro que podría beber su sangre hasta dejarlo seco si él así lo quisiese. Pero de a poco, y buscando más información sobre Vampiros en la Internet, el hombre japonés se dio cuenta que realmente no tenía nada de qué temer.

Sí, los vampiros bebían sangre. No, no mataban a sus víctimas. El cuerpo humano era capaz de regenerar sangre en pocas horas, días a lo mucho, así que la mordida de un vampiro no era realmente mortal si no bebían más de 2 litros. Los vampiros tenían el estómago del tamaño de una persona normal, así que con 3 litros de sangre podían estar satisfechos por varios días, por lo qu bolsas de sangre de 1 litro a la semana era suficiente para ellos (sí, Yuuri sacó el cálculo), y podían vivir hasta 300 años; mientras que los Dhampiros podían elegir entre la comida normal o sangre, y su tiempo de vida variaba entre 80 y 150 años. Además, los vampiros rara vez consumían sangre animal porque la sangre humana les sabía mejor en su paladar.

Eran los medios de comunicación amarillistas los que se encargaban de hacer parecer a los Vampiros y Dhampiros como plagas indeseadas, demonios asesinos, o criaturas contra natura creadas para desafiar a algún Dios de alguna religión, pero la verdad era, según lo que le había dicho Viktor, que los vampiros eran criaturas nocturnas tranquilas que se encontraban muy escondidos y bastante integrados en la sociedad. Incluso interactuaban normalmente con Humanos en su vida diaria sin que los humanos lo supieran, puesto éstos no solían causar problemas ni bebían sangre sin su consentimiento. Claro, existían Vampiros malvados, como el famoso Vlad Tepes el Empalador o Elizabeth Bathory, pero también existían Humanos malvados, como Genghis Kan o Delphine LaLaurie.

La mayoría de vampiros trabajaban de noche o tenían trabajos que pudieran hacer desde casa, mientras que los que vivían en sitios donde rara vez salía el Sol, como en Rusia, podían darse el lujo de trabajar de día. Yuuri supuso que en las películas y novelas que hacían ver a los vampiros como villanos era sólo por alimentar un viejo mito (o tal vez por racismo).

También supuso que, siendo Viktor un Dhampiro que trabajaba de noche, éste no podía encarar al Sol. Sin embargo, se dio cuenta que había asumido mal cuando el peliplateado dio un paso dentro del restaurante donde trabajaba, todavía habiendo luz natural.

Viktor vestía un casual pero elegante traje azul y gafas de sol, y cerró un parasol negro antes de sentarse en una mesa lejos de la ventana y de otros clientes. Yuuri no reconoció al peliplateado hasta que éste alzó una mano para saludarlo de una manera un poco infantil.

"¡Yuuri!"

"Viktor, ¡¿qué haces aquí?!" Preguntó en voz baja tras acercarse a su mesa con la excusa de tomar su orden, y el peliplateado bajó un poco sus lentes oscuros para dedicarle un guiño.

"Quería ver donde trabajas, y aprovechar para comer algo. ¿Ya casi es tu hora de salida, cierto?"

"Sí, mi turno termina en cinco minutos. Pero se suponía que nos veríamos más tarde, cuando bajara el sol, ¿recuerdas?" Insistió el hombre japonés con preocupación. Quién diría que una semana atrás estaría muy asustado del dhampiro para una semana después se preocuparse porque el dhampiro no sufriera daños por culpa del sol.

"Aww, ¿estás preocupado por mí, Yuuri?" Viktor sonrió de tal manera que su boca parecía forma un corazón, y el moreno no pudo evitar ruborizarse por lo lindo que se veía eso. "No te preocupes. El Sol irrita un poco mi piel si no la cubro apropiadamente, pero no es fatal para mí." Dijo levantando un brazo para mostrar las mangas largas de su traje y los guantes negros que usaba, mismos que se quitó y guardó en su pantalón de mezclilla. "Ahora, ¿qué tal si me trae tu plato favorito del menú y comes conmigo? A menos que prefieras que iniciemos nuestra cita en otra parte." Inquirió pestañeando con coquetería, y el moreno estaba tan cansado y hambriento que pensó que la primera sugerencia era una gran idea.

"De acuerdo." Dio un suspiro un poco exasperado, pues podía sentir la mirada traviesa de sus compañeras meseras. Estaba seguro que le harían preguntas sobre el atractivo cliente. "¿Pero está bien si después de comer voy a mi casa y me cambio de ropa? No me gustaría llevar mi uniforme durante nuestra... cita." Preguntó con timidez, sintiendo alienígena la última palabra en su boca. Aún no se acostumbraba al hecho de que ahora sí tenía algo que hacer además de ver la televisión el resto del día.

"Oh, no hay problema, Yuuri. No pensé en eso antes. Está bien si quieres ir a cambiarte." Le aseguró sin problemas.

"Muy bien. Pediré Katsudon, entonces. Y esta vez va por mi cuenta."

El katsudon del restaurante no sabía ni la mitad de bien al katsudon que su madre solía preparar cuando era niño, pero el sabor era decente, además, para él era gratis debido a que trabajaba allí. Y mientras esperaba porque la comida estuviese lista, Yuuri fue a los lavabos de empleados a tratar de acicalarse un poco, entonces volvió a la mesa y conversó con Viktor un rato antes de que el mesero del siguiente turno les llevara sus platillos.

"¡Vkusno!" Exclamó el dhampiro con su gran sonrisa en forma de corazón.

"¿Uh? ¿Qué significa eso?" Preguntó Yuuri, ladeando ligeramente la cabeza como si se tratara de un perrito confundido.

"Vkusno significa 'delicioso' en ruso. Es decir que el katsudon es delicioso."

"Ya veo. Me alegro que te guste." Sonrió aliviado. Temía que al peliplateado no le fuese a gustar su comida favorita. "Ah, cierto. Eres de Rusia..." Hasta ese momento a Yuuri no se le había ocurrido preguntarse por qué Viktor hablaba tan bien japonés y por qué usaba los palillos con tanta facilidad. Darse cuenta de ello lo hizo sentirse un poco tonto. "¿Cuándo fue que viniste a Japón?"

"Llevo tres años viviendo en diferentes ciudades de Japón, pero me mudé a Tokyo hace unas pocas semanas." Contestó Viktor después de limpiarse los labios con una servilleta. "Vine porque me dijeron que Japón es uno de los que mejores países para alguien como yo, y debo decir que eso es muy cierto. Existen leyes que protegen mi identidad de otros mientras yo siga las reglas y no cause problemas. Tengo un empleo sencillo que me da el suficiente dinero para rentar un buen apartamento, y no tengo que gastar diariamente en provisiones porque puedo simplemente beber... ya sabes." Dijo lo último en voz baja, apoyándose un poco sobre la mesa para que Yuuri lo escuchara mejor. "Te sorprendería saber la cantidad de gente que les gusta donar sangre de manera voluntaria para vampiros, mientras que no donan ni una gota de sangre para otros Humanos que lo necesitan para transfusiones." La voz de Viktor fue bajando cada vez más. "Lo cual es contradictorio, porque siempre escucho o leo comentarios de humanos que dicen odiar a los vampiros y explican de manera explícita como matarían a uno..." Sacudió la cabeza y dio un suspiro. "Los Humanos son raros."

"Oh." Sí. Yuuri también había escuchado ese tipo de comentarios furtivos desde que era niño, pero nunca había puesto suficiente atención como para pensar que eran un problema, pues realmente nunca tuvo nada en contra de los vampiros más allá del miedo a lo desconocido.

"Lo siento, Yuuri. No debería de hablar de este tipo de cosas cuando estamos comiendo. No quiero que pierdas el apetito." Viktor dijo con una sonrisa juguetona, pero era innegable que era falsa y fingida. Yuuri negó con la cabeza.

"Está bien, Viktor. Yo tampoco entiendo a otros humanos si te soy sincero." Yuuri se encogió de hombros y siguió comiendo. Después de pensar que iba a morir la semana pasada, ya nada lo asustaba o incomodaba como antes. La sonrisa de Viktor se suavizó y pareció más alegre.

"Pero, ¿sabes? Lo mejor de Japón es que tú estás aquí, Yuuri." Agregó con un guiño coqueto, haciendo que el moreno se ruborizara, y por suerte no tenía comida en la boca en ese momento sino la habría escupido de la impresión; los flirteos del dhampiro lo afectaban demasiado.

"Ah, gracias. Ta-también me alegro que estés aquí." Yuuri no sabía cómo coquetear de vuelta, por lo que optó por decir la verdad. Viktor hacía que su vida fuese más interesante, y cada vez menos tenía razones para estar en contra de tener un amigo dhampiro (pronto amante, si las cosas seguían así de bien). "Yo, bueno... Me caes bien. No creo que seas peligroso, y... me gusta pasar tiempo contigo." Dijo, y podría jurar que las mejillas blancas de Viktor se habían ruborizado un poco también.

"Gracias, Yuuri. Sabía que tú me aceptarías." El peliplateado alargó una mano a través de la mesa y la puso encima de la izquierda del moreno. Yuuri al principio se sobresaltó porque no se lo esperaba, y Viktor hubiese quitado la mano con vergüenza sino fuera porque el japonés rápidamente la cubrió con su mano izquierda para asegurarle que no le tenía miedo. Se miraron mutuamente varios segundos sin dejar de sonreír, aunque eventualmente tuvieron que separarse para continuar comiendo.

"¿Qué hay de ti, Yuuri? ¿Tienes familia?" Inquirió Viktor antes de llevarse arroz a la boca. Yuuri tardó un poco en contestar, teniendo que soltar el filete de cerdo que había tomado previamente entre los palillos porque no se lo iba a comer pronto.

"Mis padres... ellos murieron hace algunos años atrás. Los dos. En un accidente de automovilístico." Yuuri normalmente no hablaba de ello porque era algo muy personal, pero Viktor ya le había contado sobre su padre, así que sabía que él lo entendería. "Mi hermana mayor se quedó en Hasetsu, mi ciudad natal, para hacerse cargo del negocio familiar. Es un Onsen... Se suponía que yo debía hacerme cargo de él, pero..." Dio un suspiro, y Viktor esperó paciente a que continuara. "Decidí mudarme a Tokyo hace dos años atrás. No soy tan fuerte como mi hermana como para quedarme en ese lugar..."

"Lo siento tanto, Yuuri. Puedo imaginar un poco lo que se siente. Para mí perder a mi padre fue cómo perder a ambos. Yo tampoco pude soportar la presión y salí de mi comunidad para comenzar una vida nueva como Humano." Confesó con rostro estoico, pero el moreno podía escuchar la vergüenza de su acto en su voz.

Yuuri comprendía totalmente eso, él había hecho exactamente lo mismo, escapar de Hasetsu y de viejas dolencias. La muerte de sus padres seguía doliendo, pero con el tiempo ese dolor se hizo más llevadero, sobre todo porque ahora debía pensar en su futuro para no quedarse estancado en el pasado. Además, la muerte era el siguiente paso natural después de la vida y era algo inevitable. Incluso los Vampiros y Dhampiros morían (según Internet).

"¿Qué hay de tu madre?" Cuestionó con cautela. La madre de Viktor era una vampira, así que Yuuri no estaba seguro si podían hablar sobre ella en público.

"Mi madre..." Viktor bajó los palillos y los dejó a un lado de su plato antes de cerrar los ojos un momento, con el katsudon todavía a la mitad.

"No tienes que decirme si no quieres." Se apresuró a decir al darse cuenta que era un tema delicado.

"No, está bien. Dije que podías preguntarme lo que quisieras, ¿recuerdas?" Su rostro amigable regresó un momento antes de volverse extremadamente serio de nuevo. "Mi madre es una mujer... muy vieja. Su apariencia es la de una joven hermosa y jovial de veinte años tal vez, muchos dicen que me parezco a ella; pero por dentro está podrida y senil." Yuuri sintió un nudo en la garganta al oír tanto desprecio proveniente del peliplateado, y también paró de comer para centrarse en la historia. Por su parte, Viktor había bajado su mirada hacia la mesa y sus cejas se habían contraído un poco. "Viví mis primeros diez años de vida con ella, y siempre le tuve miedo por lo errático de su comportamiento. Ella quería que yo fuese tan cruel como ella, pues, a pesar de que siempre teníamos suficientes bolsas de sangre, ella... me obligaba a cazar animales porque 'yo tenía que aprender a morder de alguna forma', y si me rehusaba, me dejaba sin comer varios días y me azotaba hasta que yo estuviera lo suficientemente hambriento y enojado como para cazar sin remordimientos..." A este punto el moreno esta tan perturbador por el relato que se quedó paralizado, no pudiendo ni respirar al ver a Viktor tan desmoralizado. "...Pero yo no soy como ella. Siempre me sentí culpable después de saciar mi hambre."

"Viktor." Lo llamó Yuuri con tristeza. "No debes sentirte culpable por lo que tu madre te hacía hacer. Eras sólo un niño, y ella se suponía que debía ser la adulta responsable que cuidara de ti, no que te obligara a hacer nada que no quisieras, mucho menos matarte de hambre."

"Lo sé." Sacudió la cabeza, pero sin mirar a su interlocutor. "Eso me lo digo a mí mismo a diario. Pero..."

Viktor calló, siendo el murmullo de la ciudad lo único que Yuuri escuchaba mientras trataba de descifrar exactamente qué era lo que le molestaba en verdad al dhampiro. Pero ambos se sobresaltaron cuando una mesera se acercó a preguntar si podía retirar sus platos.

Yuiro maldijo mentalmente a la chica por interrumpir la conversación, pero al mismo tiempo sabía que ésta sólo hacía su trabajo, así que trató de no hacerle mala cara mientras asentía y sacaba del bolsillo del pantalón un paquete de caramelos de menta y ofrecerle uno a Viktor.

El peliplateado, todavía un poco distraído por la interrupción, parpadeó un par de veces antes de aceptar el dulce con una ligera sonrisa agradecida.

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El camino hacia el departamento del japonés fue relativamente silencioso y algo incómodo. El Sol seguía mostrándose sobre un cielo anaranjado del cual Viktor tenía que cubrirse con su parasol negro mientras caminaba junto a Yuuri a una distancia corta pero considerablemente alejada para respetaba el espacio personal de cada uno.

"Espero no haber arruinado nuestra segunda cita." Dijo de pronto, con su vista puesta al frente, aún sin mirar a su acompañante.

"¡¿Qué?!" Exclamó Yuuri, incrédulo. "¡N-no! ¡Para nada!" Mientras trataba de no entrar en pánico y decir algo que en verdad arruinara la cita, decidió abordar el asunto desde otra dirección. "Técnicamente... nuestra cita no ha iniciado aún porque apareciste más temprano de lo planeado." Viktor por fin volteó a verlo con curiosidad. "Así que, ¿vas a decirme ya qué tienes planeado para nosotros?"

"¡Oh!... Pero eso es un secreto, Yuuri." Canturreó Viktor de mejor humor, aliviado de que el moreno aún quisiera salir con él. Yuuri no tenía que ser un genio para saber que Viktor era el tipo de personas que le gustaba dar sorpresas; su primer encuentro fue una sorpresa "Pero puedo adelantarte que se trata de uno de mis pasatiempos favoritos, el cual quiero compartir contigo." Sonrió, y Yuuri sonrió de vuelta.

"Entiendo. Pero tengo otra pregunta."

"¿Sí, Yuuri?"

"¿Los vampiros pueden transformarse en murciélagos?" Viktor soltó una carcajada mientras negaba con la cabeza.

Siguieron conversando, olvidándose por completo de la incomodidad anterior. Yuuri continuó haciendo preguntas referentes a su raza mientras que Viktor contestaba divertido que no, que no era alérgico a los dientes de ajo, que no le pasaba nada por ver un crucifijo ni le molestaba el agua bendita, y no, definitivamente no usaba una sombrilla para evitar brillar como diamante ante la luz del sol.

Cuando llegaron al apartamento, que estaba en el primer piso de un edificio de tres plantas, Yuuri usó su llave para abrir la puerta y entrar.

"No tardaré mucho en cambiarme. Puedes..." Al dejar de escuchar pasos tras de él, se giró para ver por qué Viktor se había detenido ante el marco de la puerta. "¿Sucede algo?"

"Yo... necesito tu permiso para entrar a tu hogar." Si no fuera porque Viktor lo había dicho con una expresión totalmente de seriedad, Yuuri habría pensado que era una broma. "Lo entenderé si prefieres que me quede afuera."

"Uhm...Por supuesto que puedes pasar. Eres bienvenido." Viktor asintió, y tentativamente atravesó la puerta primero moviendo un pie hacia adelante. Al no suceder nada, entonces entró por completó y cerró la puerta tras de él. "¿Qué...qué fue eso? ¿Es algo de vampiros?" Yuuri esperaba que su preguntaba no sonase despectiva, pero el peliplateado asintió sin problemas.

"No sé muy bien la historia completa, pero sé que milenios atrás, una religión de tantas, lanzó una maldición contra los Vampiros para evitar que entraran a la casa de los Humanos sin permiso por miedo a ser mordidos. Creo que fue La Santa Inquisición, pero no puedo asegurarlo." Se encogió de hombros. "Puedo entrar a establecimientos públicos y edificios abandonados, pero si trato de entrar a lugar que es usando como el hogar de un Humano, una barrera me lo impedirá. He tenido que rechazar muchas invitaciones de mis colegas de trabajo porque no existen una manera sutil de explicarles que necesito su permiso verbal para entrar en sus casas." Rió de una manera tan amarga que el moreno no supo cómo contestar a eso.

Yuuri podía intuir que Viktor no buscaba darle lástima sino explicarle lo mejor posible su situación y limitaciones, por lo que simplemente asintió con la cabeza.

"Ya veo... ¿Quieres algo de beber?" Sus padres le habían enseñado a ser siempre cortés con los invitados. Viktor era la primera persona que Yuuri dejaba entrar a su apartamento desde que se mudó a Tokyo, así que, curiosamente, se sentía más nervioso por tratar de ser un buen anfitrión que ante el hecho de que acababa dejar pasar a 'peligroso' dhampiro a su hogar.

"No, gracias, Yuuri. Ve a cambiarte." Sonrió, y se sentó a esperarlo en un sofá de dos plazas frente un televisor tamaño estándar, aunque no lo encendió porque a cambió miró su celular.

El departamento de Yuuri era pequeño, tanto que literalmente la pequeña cocina y la sala estaban en la misma estancia. Solamente el dormitorio y el servicio tenían separación.

Yuuri, en menos de cinco minutos, se quitó su uniforme rojo y lo cambió por ropa casual; una camiseta blanca con rayas azules y pantalones de mezclilla, y peinó su cabello hacia atrás.

"¿Qué?" Preguntó atrás volver a la sala, un poco avergonzado debido a la mirada azul tan intensa sobre él. El peliplateado sonrió y se levantó del sofá.

"Yuuri. Creí que sólo eras lindo y amable, pero ahora me doy cuenta que también eres bastante guapo. Me siento muy afortunado de que hayas aceptado una segunda cita conmigo." Viktor no lo había dicho en un tono coqueto sino sincero, y Yuuri no supo que más hacer que ruborizarse mientras murmuraba las gracias con timidez.

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"Oh, ¿así que tu pasatiempo favorito es el patinaje sobre hielo?" Inquirió Yuuri con sorpresa cuando pararon frente a la fachada de una pista de patinaje sobre hielo.

Tuvieron que tomar un tren rápido para llegar allí, así que el recorrido fue de menos de quince minutos, pero durante ese tiempo el sol ya había bajado lo suficiente para pintar el cielo de rosa, casi morado, y Viktor entonces pudo quitarse las gafas negras, aunque aún sostenía el parasol.

"Sí. Solía patinar en lagos congelados cuando era niño. Mi padre fue el que me enseñó a patinar, así que soy todo un experto en eso." Dijo en tono de broma y Yuuri rió un poco. "Puedes apoyarte en mí si lo necesitas, Yuuri." Ofreció alzando una ceja y canturreando su nombre, pero el japonés rodó los ojos y se cruzó de brazos.

"Creo que te sorprenderá saber que yo ya sé patinar. En Hasetsu también había una pista de patinaje."

"¿Qué? ¡¿En serio?!" Fingió decepción con una expresión ridículamente exagerada, con su boca y ojos bien abiertos. "¡No! Yuuri, ¡arruinaste mi plan romántico de hacer que caigas a mis brazos cada vez que resbales sobre el hielo!"

"Bueno... si te sirve de algo, puedo fingir que resbalo y tú me atrapas." Sugirió tratando de no reír, con algo de timidez, y fue el turno de Viktor de reírse.

"Bueno. Creo que puedo conformarme con eso." Pero cuando el peliplateado estaba por empujar la puerta, se detuvo de golpe, con su vista recayendo en un letrero triangular rojo.

Yuuri vio como el dhampiro retrocedía y se alejaba de la puerta, entonces puso su vista de vuelta en la señalética, la cual tenía el dibujo de una dentadura con colmillo hecho en líneas blancas y otra línea diagonal atravesándolo en señal de prohibición.

"Lo siento, Yuuri. Mis compañeros de trabajo fueron los que me dijeron sobre esta pista. Pero supongo que no puedo culparlos de no saber que esta regla me excluye de entrar."

El moreno frunció el ceño y se sintió muy extraño ante aquella situación. Vagamente recordaba haber visto esos mismos letreros en algunos otros sitios de la ciudad, pero jamás les había puesto la atención necesaria como para saber qué decían, pues éstos se confundían con otro tipo de señales como 'No mascotas', 'No tatuajes', 'No extranjeros'.

"¿Acaso hay una manera de que ellos sepan quién es un Vampiro y quién no?" Inquirió Yuuri en voz baja. No había personas cerca que pudieran escucharlos, pero no estaba de más ser cuidadoso.

"No, a menos que yo se los diga. Pero dudo mucho que el dueño de la pista me invite a pasar. Es decir, por algo puso ese letrero..." Dio un suspiró y peinó su cabello plateado hacia atrás en un ademán exasperado. "Es posible que pueda pasar porque esto sigue siendo un espacio público. Pero no quiero arriésgame a que un escudo se active." Se giró hacia el japonés, pero sin mirarlo a los ojos. "En verdad lo siento, Yuuri. Parece que nuestra cita..." Pero antes de que Viktor pudiera terminar la oración, el hombre japonés puso las manos sobre sus hombros y lo miró con determinación.

"Está bien. No es culpa tuya, Viktor. Existen muchos otros lugares a los que podemos ir. Quiero que nuestra cita continúe." El hombre de cabello plateado lo miró atónito por varios segundos hasta que su boca dejó de ser una línea tensada para transformarse en su sonrisa con forma de corazón.

"Ah. Tienes razón, Yuuri. No debemos dejar que esto nos bajen los ánimos." Alargó la mano con la que no sostenía la sombrilla y acarició la mejilla derecha del moreno, después se acercó y posó sus labios en su otra mejilla. Yuuri sintió escalofríos y su rostro enrojeció por completo. "Además, poder estar contigo ahora mismo es suficiente para mí."

Mientras caminaban por las calles de Tokyo en busca de algo qué hacer para continuar su cita, Yuuri pudo comprobar que no sólo la pista de patinaje tenía ese letrero rojo sino muchos otros locales más. ¿Cómo es que nunca se había percatado antes?

Yuuri aún no sabía por qué Viktor lo había elegido a él para contarle su secreto entre tantas personas que existían en el mundo, pero se alegraba de ello.

Y en un movimiento algo atrevido de su parte, se acercó más al peliplateado, tomando su mano libre entre la suya. Un poco sobresaltado, Viktor lo miró un momento con vacilación, pero no tardó mucho en estrechar su mano con fuerza y compartir su sombrilla.