Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling, Warner Bross & Salamandra. Yo únicamente juego con los personajes que Jo nos regaló. La historia es de mi muy triste y retorcida imaginación.
Nota: Esta novela relata la historia de cómo Hermione va aprendiendo a que la vida da mil vueltas y que por más que luches en evitar alguna situación, siempre acabarás en el lugar adecuado para enfrentarlo. No puedes huir de tu destino, y ella aprendió a regañadientes.
Disfruten de la historia, como yo lo he hecho escribiendo...
"All I do is for love"
Capítulo II: La horrible fiesta
—Ella estará en la misma casa que tú todo el tiempo, Hermione—le aseguró Harry por quinta vez esa tarde.
—No estoy segura, Harry. No quiero que nadie sepa de su existencia.
—Realmente, no entiendo por qué.—dijo mientras se despeinaba el cabello y se acostaba en la cama de Hermione y miraba a la hermosa bebé que dormía con tranquilidad. —Es hermosa.
Hermione le sonrió a su amigo. Habían pasado tres meses desde que Harry se había enterado de la existencia de su hija. Sí, ella era su secreto. Ella era la razón por la que hacía todo lo que tenía que hacer. Todo lo hacía por el amor que le tenía a ella.
—¿Algún día me dirás quién es el padre?
Ella dejó de sonreír.
—Me harás sacarte de mi casa, Harry.
Él rió divertido. Sabía que ella nunca haría eso, pero dio el tema por sentado. Los pasados meses habían sido muy diferentes a los que Harry hubiera pensado jamás. Se había adaptado a la vida rápida que tenía su amiga. Los padres de Hermione lo habían aceptado con facilidad y ahora él iba y venía de su casa cada que le apeteciera. Hasta tenía su propia llave. Incluso, se quedaba a dormir con la bebé de Hermione algunas veces cuando ella tenía que irse a trabajar de emergencia. Aún no había logrado sacarle a su amiga algunas verdades que sabía tenía escondida. Y si no la había seguido o mandado a seguir era porque la respetaba y estaba esperando a que ella le dijera la verdad. Nadie sabía que la había contactado nuevamente. Ni siquiera Ron, que la extrañaba mucho.
Hermione compartía uno de sus tantos secretos con Harry y él lo guardaba con mucho cuidado.
—¿Por qué no tiene nombre?
—No he encontrado uno que me encante aún.
—Es preciosa.
—Lo repites mucho, Harry.
—Es que lo es—insistió acariciando una de las mejillas suaves y rojitas de la niña.—Emma.
Hermione frunció las cejas, más complacida por cómo se escuchaba de lo que hubiera imaginado.
—Emma—repitió ella en un susurro.
...
—Tú madre ya llegó a mi casa—le dijo Harry a Hermione mediante un celular—Emma está ligeramente inquieta, pero nada que no pueda cambiar el Sr. Bins.—lo escuchó decir con voz seria.
Hermione rió un poco, no queriendo llamar tanto la atención.
—Espero que hayas lavado al Sr. Bins antes de dárselo a mi hija, Potter.—amenazó, sabiendo que su madre ya lo había hecho y que Harry nunca le daría algo sucio a la bebé. La quería demasiado. Había sido amor a primera vista por parte de ambos.
—Vuelve a tiempo, Hermione. Emma estará aislada de la fiesta, pero tenemos un acceso directo a ella si tu madre así lo necesita.
—¡Cosa que no sucederá!—escuchó que gritaba su madre al otro lado del celular.
—Dile que no es su asunto.
—No le diré eso—negó Harry.—Te esperamos, Hermione.
Hermione colgó y se miró al espejo una vez más. Mirando a una extraña nuevamente. Esta vez, era una señora acaudalada que quería retirar más de dos millones de euros del gran banco de Londres. Había accedido porque esos desgraciados habían amenazado otra vez con arrebatarle a su hija.
'Es hora, Jean.'
Ignoró el mensaje para darse un poco más de tiempo en respiraciones tranquilizadoras. Retocó su exagerado maquillaje, sus pestañas postizas y práctico el acento escocés de la señora muggle a la que le habían arrancado un cabello en su viaje a Asia. Esperaba Hermione que se encontrara bien, ya que la última chica a la que había usurpado su personalidad había aparecido muerta en las noticias muggles. Fue algo impactante. Completamente aterrador, y había sido una advertencia directamente para ella. Haría lo que sea que estuviera en sus capacidades para alejar a esos imbéciles de su hija y de su familia. Estaba deseosa de decirle a Harry, y cada que pasaba tiempo con él estaba segura que Harry iba detrás de los tipos para los que ella forzosamente trabajaba, y por ende, iba tras ella también.
...
Hermione respiraba con dificultad. Estaba a punto de sucumbir a un ataque de pánico. Se limpió con violencia sus lágrimas con manos temblorosas.
—Para de lloriquear, Granger. Tenemos una reunión escolar a la cual asistir.—le gritó desde el asiento del conductor.
—Creo que con ese dinero podemos dejar de hacerlo por algún tiempo, ¿no crees?
El conductor se lo pensó por unos segundos, frunciendo la boca y las cejas. Luego negó con la cabeza.
—No lo sé, Granger. Contigo todo es demasiado sencillo. ¿Por qué dejar de hacerlo ahora que nos va tan bien?
—Harry cada vez está más cerca de seguirnos la pista. No seas idiota.—dijo viendo desde uno de los espejos que ya iba desapareciendo los efectos de la poción multijugos.
Vio la preocupación en el rostro de su conductor.
—Bien—escupió a regañadientes—Unos meses. Me siento tan generoso, Granger, que te daré un poco más de lo que habíamos acordado.
Hermione dejó de respirar por unos segundos.
—¿Es en serio?
Su compañero se encogió de hombros.
—Tienes que tratarme muy bien hoy. Alejar toda sospecha de mí, corazón.
Hermione frunció el ceño y quiso echarse a llorar. Le daba escalofríos pensar que él estaría nuevamente casi en el mismo lugar que su pequeña hija.
Cerró los ojos con fuerza.
...
—¿Granger? ¡Wow!—gritó Seamus Finnigan al abrir la puerta principal de Harry. —¡Adelante, adelante! Creí que ya nadie vendría, pasa...
Hermione pasó con timidez. Realmente esperaba que no estuviera ninguno de ellos ahí. Tenía tantos meses sin verlos. Sin verlo a él. Sintió miradas por todos lados y buscaba la de Harry con urgencia, pero había tanta gente que no veía la suya. ¿Estaría con Emma? ¿Le habría pasado algo?
—¡Hermione!—gritó Ron desde el otro lado de la habitación. Corrió a su encuentro, abrazándola fuertemente y elevándola del suelo en el proceso. Ella emitió un grito agudo y se aferró a su amigo.—Te eché tanto de menos. Jamás creí que diría esto, pero ¡extraño tanto que me mangonees!
La castaña rió divertida.
—Yo también te eché de menos, Ronald.
La casa de Harry estaba diferente a como la había visto en la mañana antes de irse. Las luces eran más opacas, su sala principal estaba sin los muebles que normalmente pertenecían ahí. Había una mesa larga que estaba llena de comida y ponche para que cada invitado se sirviera lo que quisiera las veces que quisiera. Hermione se lo pensó mejor, no era apropiado llamar "casa" al lugar en el que vivía Harry, ciertamente no era una mansión, pero tampoco era tan pequeña. Quizá era una cosa entre ambas.
—Le he dicho a Harry que pusiera música más ambientada. Me estoy durmiendo con esas canciones—le dijo Dean Thomas a Ron, llegando de la nada y saludando alegremente a Hermione. Rápidamente, la castaña se sintió más en confianza y con la seguridad adecuada para interactuar con sus ex compañeros de Hogwarts.
—No creí que vinieran los Slytherin, ¿eh?—susurró con cuidado Lavender Brown, mirando de arriba hacia abajo a las pocas serpientes que estaban ahí. Hermione se tensó de inmediato, mirando a donde ellos se encontraban sin poder evitarlo.
Ahí estaban todos.
—Bueno, Lav, tú sabes que Harry es un Auror importante, y ellos quieren limpiar su imagen.—comentó Padma Patil mientras bebía de su vaso.
—Siguen siendo serpientes.
—En mi territorio—anunció Harry su llegada con ese comentario mordaz—Nos reunimos para convivir sanamente, chicas. No para juzgar, ¿de acuerdo? Peleamos por la justicia.
Las chicas miraron hacia otro lado, ligeramente apenadas. Hermione le lanzó una sonrisa a su amigo, pero rápido la quitó cuando vio que las serpientes se acercaban a ellos.
—Potter—saludó Theo Nott con elegancia y educación.—Damas, —inclinó la cabeza ligeramente—Caballeros.
Todos saludaron apropiadamente. Excepto Hermione. Sabía quién la estaba mirando y por qué. ¿Era lo suficientemente estúpido para creer que apenas lo viera iba a comenzar a hablar bien de él? ¿No iba a ser más sospechoso de lo usual?
—Theo, ¿por qué las formalidades? ¿Somos unos ancianos para hablarnos así?—bromeó Harry tendiéndoles unas bebidas a todos. Excepto a Hermione, ella aún amamantaba a Emma. Y Harry esperó que nadie se diera cuenta de ese detalle.
—Harry, te has olvidado de la bebida de la invitada de honor—observó Theo, mirando a Hermione con intensidad.
Ella sintió sus mejillas enrojecer un poco. No podía evitarlo. No después de lo que ella creyó que había pasado.
—Oh, claro, ha sido la emoción—se disculpó Harry, haciendo aparecer un vaso lleno de refresco para su amiga. Le guiñó el ojo y ella supo que no contenía nada de alcohol.
—Y, cuéntanos, Granger, ¿dónde has estado metida?—preguntó Blaise Zabini con curiosidad—¿En alguna biblioteca del país?—se burló un poco. Algunos Slytherin rieron. Ningún Gryffindor sonrió. Sólo ella.
—Paso algún tiempo en la biblioteca de la Universidad a la que voy. No tanto como me encantaría, Blaise, pero sí.—respondió ella casi con jovialidad. No iba a dejar que la humillaran, menospreciaran o hicieran sentir mal por ser lo que era.
—Una universidad muggle, supongo.—comentó Theo con interés. Seguía mirándola fijamente.—Por eso nadie ha podido dar contigo, ¿eh?
—No sabía que alguien me estuviera buscando.—se encogió de hombros.
—Es como si estuvieras tratando de ocultarnos algo, Granger—dijo burlonamente Goyle mientras bebía de su vaso.
Algunos rieron, otros sólo sonríeron.
—La última vez que te vimos fue en esa fiesta que yo hice—comentó Pansy Parkinson con la boca fruncida. —Sé por muy buenas fuentes que te divertiste mucho.
Hermione se tensó. ¿Ella sabría? No, no. Nadie sabía. Recompuso su semblante para responderle, pero Ron se le adelantó.
—Sí, ese día todos—dio enfásis a la última palabra—nos pasamos un poco de copas. Hasta el día de hoy no recuerdo muy bien lo que pasó.
—¿Qué pusiste en las bebidas, Pansy?—preguntó Parvati junto a su hermana, intrigada.
Pansy rió con malicia.
—Nada que no tengan éstas bebidas. —bromeó.
Todos vieron sus bebidas un poco asustados.
—Oh, no, Pansy—se quejó Draco, hablando por primera vez—Te voy a arrancar la cabeza si lo hiciste nuevamente.
Se encogió de hombros mientras reía con maldad.
—Lo sabrán en unos cuántos minutos.
...
—La voy a matar—se quejó Draco tocándose las sienes mientras se paraba del suelo del lugar—¡Pansy!—gritó, pero se arrepintió al instante. Su cabeza daba vueltas. ¿Cuánto tiempo había pasado? Ni siquiera sabía. Se levantó con lentitud del suelo, mirando a su alrededor. La mayoría seguía tirado por ahí. Él comenzó a vagar por la casa, sin saber muy bien a dónde ir o sin fijarse que había abierto una puerta que lo conducía a un corredor secreto.
Al otro lado, Hermione se peleaba con Blaise ya que éste había descubierto el cuarto secreto que tenían para resguardar a su bebé. Harry seguía medio insconciente, tirado en el sofá que tenía en la recámara. Su madre trataba de calmar a la bebé que comenzaba a inquietarse por los gritos.
—¡Déjame entrar, Granger! ¡Quiero entrar! —gritaba Blaise borracho, sin usar toda su fuerza contra la puerta. —¿Qué es eso que escucho? ¿Es un bebé? ¿Un gato?
La castaña rodó los ojos.
—Vete, Blaise. No hay nada aquí para ti.
—¡Es un bebé!—lo escuchó decir.—Granger, ¡tuviste un bebé! ¡Por eso desapareciste!
Hermione miró a su madre con desesperación, pero ella estaba más concentrada en su nieta. Luego miró a su mejor amigo, aún inconsciente. Y la puerta se abrió de golpe, casi tirándola en el proceso.
—¿De quién es?—preguntó Blaise, menos borracho ahora debido a la sorpresa.—¿Es de Harry?—preguntó de nuevo con avidez—De acuerdo, no es de Harry—rió al ver la cara de extrañeza de la castaña.
Blaise forzó su memoria, tratando de hacer cuentas...
—¡Blaise!—entró Theo—¿Qué son esos gritos? ¿Tomaste fotos de Weasley con ese vestido ridículo? ¿Has visto a Pansy? La voy a matar cuando...
Dejó de hablar cuando vio a Hermione ahí parada, con los ojos llorosos. Luego vio a una señora muy parecida a la chica, que llevaba un bebé en sus brazos, y por último, vio a Harry que se incorporaba poco a poco del sofá.
—¿Y ese bebé?—preguntó confundido.
—Es de Granger—contestó Blaise sonriendo de lado—Y creo que sé de quién es.
Hermione abrió la boca para decir algo, pero...
—Es mío.
Todos voltearon para ver a un Draco con los ojos bien puestos en la bebé que sostenía la señora Granger.
—¡Es tuyo!—dijo acusatoriamente Blaise, apúntandolo con el dedo de manera despectiva.—Es tuyo, Malfoy.
—Es niña—interrumpió la mamá de Hermione con las cejas fruncidas.
—No, no es de Draco—protestó Harry, completamente compuesto y parándose junto a Hermione, tomándola del antebrazo.
—¿No que no, Granger?—preguntó Blaise—Qué chica tan traviesa—le dijo juguetonamente, importandole un comino que su madre estuviese ahí.
Harry protestó, y Theo también habló. Al igual que la señora Granger que comenzó a regañar a Blaise por su falta de educación. Y de pronto, todos estaban discutiendo. Hermione sintió que explotaría. Y así pasó.
—¡ES DE DRACO!
Todos quedaron en silencio.
—Ahora, lárguense de aquí.—ordenó—Los quiero a todos fuera de aquí.
Harry miró a Theo y a Blaise.
—Si dicen una palabra de esto a alguien, pueden irse olvidando de que la comunidad mágica los aceptará nuevamente luego de que yo diga algo sobre ustedes—amenazó Harry a los Slytherin.
Theo y Blaise lo miraron fríamente, casi disparando dagas de sus ojos. Le enviaron una mirada significativa a Draco, pero él seguía con la mirada puesta en la niña.
—También tú tienes que irte, Malfoy—urgió Harry, poniéndose entre él y la niña.
Él negó con la cabeza.
—Creo que alguien me debe una explicación.
Hermione tembló ante la idea. Su madre se acercó a ella.
—Sabes que no es su hija.—le susurró al oído.
—Te dije que no estaba segura.
Su madre le envió una mirada enojada.
—No le des una carga que no es suya, cariño.
—No lo haré.
Harry se acercó a la señora Granger, tomándola del brazo con cuidado.
—La llevaré a tu casa.
Hermione asintió con la cabeza, viendo cómo su hija que se removía en los brazos de su madre se iba alejando cada vez más de ella. Era una sensación horrible. Necesitaba estar con Emma cada segundo. Era su vitalidad, su fuerza. Era todo para ella.
—¿Y bien, Granger?
Ella lo miró, decidiendo que quería sentarse en el sofá o perdería el equilibrio.
—¿Cuándo carajo pensabas decirme?
Ella no respondió de inmediato. Sus lágrimas brillaban gracias al fuego que refulgia desde la chimenea de la habitación. Sintió a Draco sentarse a su lado.
—¿Cuando tuviera 15 y ya no te creyera el cuento de que unas hadas la llevaron hasta tu casa?—preguntó enojado y burlón.—¿Cuándo?
—No iba hacerlo.
Draco frunció el ceño.
—¿Por qué no, Granger?
—Porque no estoy segura de que tú seas el padre.
LunaHHr
Notas de autora: Y bueno, espero que El Segundo capítulo les guste. Déjenme saber sus opiniones por favor!
