Los personajes son de Meyer la trama es mía.


Edward POV

Me desperté al escuchar unos escandalosos toques en mi puerta, estaba seguro de que era Alice. Tomé una almohada y la puse sobre mi cabeza tratando de hacer callar el ruido, claro que eso no pasó, la vida disfrutaba hacerme infeliz. Me levante y tome mis pantalones, me los puse mientras caminaba hacia la puerta y la abría.

-¡Hola Edward! ¿Quieres hablar ahora?- preguntó con esa muy entusiasta voz suya.

-Alice es muy temprano aún, y estoy seguro que ni papá ni mamá se han levantado aún- dije con molestia mientras me tiraba de nuevo a mi muy cómoda cama.

-¡Edward! Tú me prometiste hablar- dijo ella sonando molesta.

-No Alice, tú eras la que quería hablar y yo ni siquiera he pensado. Déjame al menos dormir un rato más y después si quieres hablamos todo lo que quieras- susurré más dormido que despierto.

-Bien. Buenas…. ¿noches?- río y escuché sus pasos alejarse. Unos segundos después la puerta se cerró. Al fin.

.

.

.

Esperé impacientemente a que el ángel volviera. ¿Pero y si no lo hacía? ¿Qué posibilidades había? No porque estuviera aquí una vez significaría que tendría que venir a diario, era estúpido. Me preparé para irme cuando ese destello rojizo me hizo detenerme, ella estaba aquí.

Tome una gran respiración y me volví a sentar. Se suponía que vendría a pensar de nuevo, pero de verdad que no tenía tiempo para eso teniendo a esa hermosa chica frente a mí, de verdad que esto era horrible. Estaba obsesionado, pero esta vez no era por las 'zanahorias' cómo en el instituto. Ese estúpido rumor había sido horrible, yo sabía quién lo había comenzado por supuesto, pero no por eso pude detenerlo. Así que por un año fui el chico 'zanahoria' en el instituto y aclaró que no eran preciosamente 'zanahorias' en el buen sentido.

Volví mi atención a la chica de cabello chocolate. Esta vez tenía una blusa blanca con un suéter azul marino con unos jeans, era inevitablemente hermosa, quería raptarla y llevarme lejos a viajar conmigo. Pero eso era absurdo.

La chica sacó el mismo libro de ayer de un pequeño bolso, y cómo ayer, posó toda su atención en él. Ella leyó por horas y yo la miré. No me acerque ni le hable, solo absorbí la paz que me causaba su presencia a pesar de estar a metros de mí, me sentía bien y… feliz.

Quería ir con ella y hablarle, tocar su delicada piel para saber si es tan suave con parase, ver ese delicioso rubor más de cerca y mirar esos dulces ojos chocolates. Ambos pasamos horas sentados, ella leyendo y yo mirándola, ahora que si lo pensamos mejor esto era un poco raro y seguro para ella escalofriante. No todos los días consigues un admirador secreto que te toma fotos.

Sentía mis pies inquietos, moría por pararme y acercarme a ella, pero no podía simplemente ir y sentarme a su lado. Sería incómodo para ella y bueno, tampoco quería que huyera de mí, era lo último que quería. Debía pensar bien, quizás debería esperar a mañana y decirle que me gustaría compartir banco con ella y ella lo compartiría porque sería mi cumpleaños y nadie contradice nunca a un chico en su cumpleaños.

O quizás simplemente deba pararme y caminar hacia ella y… bien, adiós idea. Ella se levantó de la banca y se fue. Quizás debería seguirla, así sabría dónde vive y podría fingir ser el cartero y… bien, me estaba volviendo idiota. Decidí quedarme un rato más y pensar, no quería llegar a casa de nuevo para ser atacado por Alice por no pensar.

Tenía que admitir que parte de mí quería quedarse aquí y no precisamente por mi familia, cierto ángel de ojos chocolates era la que estaba afectando mi cerebro. Claro que también estaba la parte de ver a mis padres todos los días como antes, y a Alice y a los chicos. Emmett era genial y amaba a Rosalie con locura, yo lo había visto y por eso lo había aceptado en la familia.

Amaba viajar y conocer lugares, tomar todo eso en una imagen y llevarlo conmigo, conocer lindas mujeres y comer toda la comida que pueda. Extrañaría eso pero había un millón de restaurantes dónde podía volver a probar esa comida, en cambio sólo tenía una familia y esa no la podría cambiar ni volver a encontrar nunca.

Alice tenía razón, yo no podía dejar todo a un lado, tenía una familia con la cual estar. Había millones de personas que desearían estar en mi lugar sólo por la amorosa familia que tengo y yo no lo apreciaba. Era un idiota.

Me levante de la banca y comencé a caminar y pensar en todo. Mi infancia, había sido infinitamente feliz en ese tiempo, seguramente había sido uno de los niños más afortunados en el mundo solo por tener la familia que tengo. Mi familia había luchado inmensamente para hacerme cien por ciento feliz y siempre habían estado para mí, esperándome, apoyándome, queriéndome. Y quizás ese había sido el problema, ellos me habían puesto las cosas fáciles, me había asegurado que siempre estarían para mí sin importar que tan lejos estuviera, incluso si eso los lastimaba a ellos.

Por supuesto que Alice había recibido el mismo apoyo y dedicación, pero yo me lo había tomado demasiado enserio y no había pasado ni cinco minutos pensando en todo lo que eso significaba. Viví creyendo que ese era el trabajo de los padres, querernos incondicionalmente, y nunca lo había apreciado lo suficiente como para entenderlo completamente.

Había estado encantado con todo lo que tenía, pero nunca pensé que habría gente que no lo tuviera o que lo necesitara y jamás me considere especial por tenerlo. Ignoraba todas las carencias de los demás sólo concentrándome en lo mío, claro que era un buen chico y me preocupaba por los demás. Si lastimaban a alguien ahí estaba yo metiéndome en una pelea para defender, pero jamás me tome el tiempo suficiente como para entender que no sólo lastimaban físicamente a esas personas.

No era insensible, pero encontraba algo improbable que las personas buscaran provocar dolor sentimental en las personas, ¿Cómo creerlo teniendo unos padres maravillosos? Siempre contándote lo bueno del mundo, pero siempre omitiendo la parte mala para tratar de protegerte. Pero ese había sido el problema, me habían preparado para tragedias y dolores, pero no para lo malo del mundo. Nunca me advirtieron que había personas que tratarían de herirme intencionalmente o quizás lo hicieron, pero nunca me dijeron las posibilidades de que me pasara a mí.

Pero ahora estaba aprendiendo, no podía huir de mis problemas cómo un niño pequeño, ahora era un adulto y tenía que enfrentar mis problemas. No podía pasarme toda la vida huyendo, alejándome de mi familia y de las personas que me quieren solo por miedo.

Quizás la presencia del ángel no fue nada, quizás solo estaba destinado a pasar, quizás fue la manera del destino de abrirme los ojos. Sea cual sea la razón no la iba a dejar ir. Quizás ella ya había cumplido su cometido, pero ahora estaba el mío, no dejarla ir nunca.

Podía decir que la había 'conocido' hace un día, pero eso había sido más que suficiente para mí. Había entrado a mi mente y cuerpo, se había colado por todo mí ser sin importarle nada y sin saberlo, y ahora ella tendría que afrontar las consecuencias y saber que ahora que estaba dentro de mí no descansaría hasta también estar dentro de ella.

.

.

.

Estacioné el auto fuera de la casa y me metí rápidamente, estaba haciendo frío, claro que eso no lo había notado para nada cuándo estuve en el parque mirando a la hermosa chica de cabellos chocolate. Podía haber una tormenta y ni siquiera lo notaría. Me tenía todo tonto y por increíble que parezca no me importaba.

En cuanto entre a casa un delicioso aroma me asalto, mamá había hecho chocolate caliente. Camine directo a la cocina y entre encontrándome a mamá y a Alice sentadas en la mesa y con taza cada una. Era tarde y papá no tardaría en venir del hospital, la comida estaba en la estufa, lista para recalentarse en el momento en el que papá entrara por la puerta.

-Hola- susurré. No quería romper la calma que había ahí.

-Hola mi amor, ¿Cómo te fue?- peguntó mamá con una sonrisa.

-Bien, estuve en el parque…- conteste recordando el remolino chocolate que se formaba cuando la suave brisa soplaba.

-Y ¿Tomaste más fotos?- pregunto curiosa mi hermana. La miré con una ceja alzada. –Lo siento, sueles tomarle fotos a todo lo que vez y solo supuse- se excusó encogiéndose de hombros.

-No, olvide mi cámara y no pude. De cualquier forma sólo estuve pensando- sus ojos brillaron cómo si le hubiera dicho que le compraría todo París para ella sola.

-¿Se puede saber en qué?- preguntó.

-Nop- dije tomando asiento al lado de mi madre.- Quizás hable de eso en la cena- ella casi boto sobre su asiento entusiasmada, sabía que a menos que yo hubiera decidido quedarme no lo hablaría en la cena.

-Bien… ¿Quieres chocolate?- pregunto levantándose y sacando una taza de la alacena.

-Claro- respondí al momento en que puso la taza frente a mí.

-Estábamos hablando acerca de tu cumpleaños cariño, primero pensábamos en salir a cenar a un restaurante en Port Ángeles, pero Alice cree que sería mejor que hagamos una pequeña comida aquí en casa ¿Tú que piensas?-

-Creo que me encanta la idea de que cocines para mí en mi cumpleaños mami.

-¡Oh, cariño! Será perfecto, como la cena de navidad pero sin el pavo- celebró.

-Será perfecto Edward, los chicos estarán aquí y te encantará- Alice estaba más que entusiasmada.

-Bien, pero realmente serán ustedes las que se encarguen de todo eso.- dije recordando su manía por la perfección, había experimentado eso una vez y no volvería a pasar.

-¡Por supuesto que lo haremos Edward! ¿Quién más sino?- dijo Alice botando en su lugar.

-Todo será perfecto- dijo mamá con un aire soñador.

.

.

.

Estábamos todos sentados en el comedor. Rosalie, Emmett y Jasper también habían asistido a nuestra cena familiar, sabía que había sido Alice la que había reunido a todos. Yo quería decir en este momento que dejaría mis viajes para pasar más tiempo con mi familia, pero esperaba que solo fuéramos los cuatro, no es como si tuviera pánico de hablar frente a muchas personas, porque no éramos muchos pero, me sentía incómodo.

Había una parte de mí que pensaba que Emmett y Jasper dirían 'Y eso a quien le interesa' y seguirían comiendo mientras me ignoraban. Pero eso no pasaría a menos que quisieran seguir viendo a mis chicas. De cualquier forma la incomodidad seguía ahí, no podía quitarla, estaba nervioso.

Además ya tenía suficientes problemas, mañana sería mi 'perfecto-cumpleaños' con todas las cosas que mamá y Alice prepararían y aun no reunía el valor de hablar con la hermosa chica del parque. Yo era un completo idiota.

¿Desde cuándo me daba miedo hablar con una chica? Aunque bueno, ella era diferente, ella me hacía sentir diferente. Obviando el hecho de que siempre se encontraba a más de cinco metros lejos de mí. Pinche mi brócoli con mi tenedor y me lo lleve a la boca para masticarlo brutalmente, como si tuviera la culpa de todos mis problemas y comiendo y haciéndolo sufrir estos se fueran. Como dije, era un idiota.

-¿Mi amor te encuentras bien?- pregunto mi madre sacándome de mis pensamientos asesinos hacía inocentes brócolis.

-Sí, ¿Por qué lo dices?-

-Porque sigues cortando ese brócoli como si le estuvieras practicando una autopsia- respondió riendo un poco.

-Lo siento- susurre sonrojándome levemente. Alice soltó un chillido.

-Te ves tan lindo así Edward, te extrañe tanto…- susurró alzando el brazo por encime de la mesa para tomar mi mano, le sonreí con cariño y la tome.-Por cierto, con mamá nos dijiste que nos darías una gran noticia en la cena- dijo Alice y mamá asintió entusiasta.

-Yo no dije tal cosa- contradije.

-Oh claro que lo hiciste, ahora danos esa noticia- mamá y Alice eran buenas para condimentar un poco la información que recibían, esa era la razón por la que evitábamos decirles 'tantas' cosas.

-Está bien, está bien. Bueno, yo he estado pensando en todo lo que ha pasado a lo largo de mi vida y…-

-¡Al grano!- grito Alice interrumpiéndome, rodee los ojos y seguí.

-He decidido quedarme permanentemente en Forks, eso hasta que decida qué carrera estudiar e irme a la universidad.- solté. Mis padres me miraron sorprendidos por la noticia, en cambio Alice y Rosalie chillaron y me abrazaron fuertemente.

-Oh hermanito, y sabía que tomarías una buena decisión, estoy tan feliz- chilló Alice.

-Yo igual Edward, estaba preocupada de tener que ir a buscarte de donde fuera que te fueras a volver a ir- susurro Rosalie. Mamá y papá parecieron por fin salir del shock del que se encontraban.

-¿T-Te quedaras?- pregunto mamá al borde de las lágrimas.

-Sí, lo pensé y decidí que nada es más importante que estar con mi familia- susurre en su oído.

-Te amo mi pequeño- lloro. Sonreí y la abrace más fuerte, papá me sonrió y puso una mano en mi hombro en señal de apoyo.

-Bueno Eddie, me alegro de tenerte aquí más tiempo del que creíamos pero ahora de verdad quiero comer, ¿Rossie podemos?- pidió Emmett haciendo un puchero.

-Osito un momento- dijo Rosalie mirando enternecida la escena.

-No, Emmett tiene razón, yo también tengo hambre y de verdad me gustaría seguir comiendo- agregue. Mamá sintió y se separó de mí para volver a su lugar con una enorme sonrisa en su rostro.

-Oh por cierto Edward, la hermana de Emmett que es también mi mejor amiga vendrán a tu cumpleaños, si no te molesta claro está- dijo Alice de pronto.

-Claro no importa- dije mientras tomaba un pedazo de carne y me lo metía a la boca. Ella asintió con la cabeza y comenzó una animada charla con Rosalie.

.

.

.

.

Había decidido que hoy por fin le hablaría a la misteriosa y hermosa chica, era mi cumpleaños y me había escapado del desayuno cumpleaños de mamá para venir a ver a la chica de cabellos chocolate. Ella estaba en la misma banca y con el mismo libro, me pregunte si no se aburriría de leer lo mismo cada día, pero luego me di cuenta de que no importaba ya que ella parecía feliz y eso, extrañamente, me hacía feliz a mí también.

Estaba decidido a hablarle hoy. Decidí que ya que era mi cumpleaños la vida no podría odiarme tanto como para darme mala suerte día, además que si todo salía bien, sería un buen regalo de cumpleaños. Llevaba diez minutos tratando de mover mi trasero fuera de la banca y llevarlo hacia ella pero no podía, estaba pegado.

Cuando por fin me decidí que era hora y no podía retrasarlo más me levante y con decisión camine hasta ella. Por supuesto que ni siquiera noto mi presencia hasta que carraspee sacándola de su lectura, al principio me miro mal, parecía fastidiada, unos segundos después se sonrojo. Era mil veces más hermosa de cerca de lo que se veía de lejos.

Le sonreí con nerviosismo, sentía que mis mejillas se calentaban. No me podía mover, ella tampoco parecía moverse. Me golpee mentalmente y cuando por fin encontré mi voz, hable.

-Hola, soy Edward- me presente y le ofrecí mi mano.

-H-Hola, soy Bella- susurro sonrojándose.

-Lo siento si te molesto pero es mi cumpleaños y esa es mi banca preferida…- ella comenzó a levantarse y la mire sorprendido.

-Yo… lo siento, puedes tomarla y me iré…-

-En realidad me estaba preguntado si podías compartir banca conmigo.- dije tragándome mis miedos. Ella se sonrojo.

-Está bien…- dijo con voz entrecortada y nunca me pareció tan adorable.

Estuvimos un rato en silencio, uno muy cómodo. Con cada ráfaga de viento su suave aroma volaba directo a mis fosas nasales y me dejaba cautivado. Olía a flores, algo dulce pero sin llegar a ser empalagoso, era perfecto.

-¿Tú eres de aquí?- pregunto de repente.

-Te podría preguntar lo mismo, eh vivido aquí toda mi vida…. O la mayor parte- susurre.

-¿Qué quieres decir con 'la mayor parte'?- pregunto interesada.

-Pues… cuando termine el instituto me fui del país a viajar. Me encanta la fotografía ¿sabes? Decidí irme a conocer el mundo y ser… feliz, mis padres me apoyaron siempre y yo solo ignoraba las veces que los vi triste por mi partida, solo me importo mi felicidad- conté.

-¿Te iras de nuevo?- pregunto rápidamente para luego sonrojarse.

-No, hable con mi hermana y lo pensé. Ya no me iré, los extraño demasiado a todos y necesito estar cerca de ellos antes de irme a la universidad- dije.

-¿No estudiaste fotografía?- pregunto sorprendida.

-No. No quiero que esto se convierta en un trabajo ¿sabes? Tome algunos cursos de adolecente y pues… no sé, solo quiero que esto sea algo de puro placer, no quiero molestarme ni estresarme por esto, porque realmente amo lo que hago- dije mirando la nada intensamente.

-Seguramente eres bueno… yo amo leer y algún día quiero escribir un gran libro. Uno bueno- susurro con una suave sonrisa soñadora. Se veía preciosa, sus mejillas y su pequeña y respingona nariz sonrojadas por el frío. Tenía un toque angelical, era hermosa.

-Estoy seguro de que lo lograras, siempre he creído que los buenos sueños se cumplen, los que están libres de egoísmo y que son algo que deseas con el corazón. La gente se queja de no tener dinero, pero ¿acaso hacen algo para cambiar eso? solo esperan a que todo les caiga del cielo y culpan a Dios si no pasa. Las personas quieren ser profesionista y tener un gran empleo pero ni siquiera se preocupan por sacar buenas notas o hacer un mayor esfuerzo…- dije recordando a James, un viejo amigo del instituto que se quejaba de que su padre no pudiera pagar su escuela.

Claro que el señor Williams no tenía la culpa de que su hijo fuera un malagradecido que no apreciaba ninguno de los esfuerzos que él hacía. James soñaba con ser un gran cirujano y tener miles de dólares y chicas persiguiéndolo, claro que cuando su padre le dijo que quizás no le podría pagar la universidad que él quería su mundo se fue abajo. Se volvió un completo idiota y les exigió a sus padres su educación, ellos hicieron todo su esfuerzo. Su madre que era mesera de una cafetería no paraba de pedir turnos dobles y su padre empleado de una pequeña panadería comenzó a tomar dinero de la caja registradora para comenzar a ahorrar.

La madre de James era una pobre señora mayor que no aguanto más con tanto trabajo y estrés, murió de un infarto. Después de eso su esposo también murió acompañándola a donde quiera que las buenas personas se fueran.

Por supuesto que todo se supo, de hecho el dueño de la panadería sabía de los pequeños robos del señor Williams, pero él sabía que era por las exigencias de su hijo y jamás dijo nada. Cabe agregar que todos en el pueblo sabían de la situación de James y sus padres, nadie nunca señalo a nadie, pero sabían que james era un pequeño malagradecido.

James se fue de Forks cuando sus padres murieron y no he sabido nada de él desde entonces.

-De verdad estoy seguro de que lograras tu sueño- susurre.

-Gracias, suelo pasar horas leyendo y a veces me quedo hasta horas de la noche escribiendo pequeñas ideas que se me ocurren, casi nunca estoy conforme con ellas, siempre siento que falta algo…. No lo sé- dijo mostrando una pequeña sonrisa.

-Bueno, para todo hay un tiempo. Quizás aún tienes que tener algunas experiencias para lograr llenar eso que falta- dije recordando las miles de palabras dulces que mamá me decía de niño.

-Yo también lo creo… papá me decía que siempre que lo quisiera y deseara algo, luchara por el… ya que las cosas nunca vendrían solas…- rió y una lágrima escapo de su ojo. Se la limpió rápidamente. –Ya… ya no está con nosotros, murió hace unos años y… fue muy duro- susurro. Podía ver como luchaba por no llorar, yo solo tenía ganas de abrazarla para que ella pudiera desahogarse, pero yo seguía siendo un total extraño y ya era mucho con que me estuviera contando todo eso.

-¿Y qué hay de tu mamá?- pregunte intentando cambiar de tema y rogando para que ese tampoco fuera un tema trágico para ella. Afortunadamente una gran sonrisa apareció por su rostro.

-Ella también cree en mí, se volvió a casar unos años después de que ella y papá se divorciaran. Él se llama Phil y es grandioso, sé que la ama pero viajan mucho. Tengo un hermano y de verdad que él odiaba no tener un lugar estable para vivir, decidimos que podríamos venirnos a vivir aquí a Forks.- contó.

-¿Desde cuándo están aquí?- pregunte.

-Justo después de que termine el instituto, él es un año mayor que yo y… no lo sé. Creímos que serían un gran lugar y lo fue… Pero basta de mí, ciertamente eres un completo extraño que nunca he visto en mis años que llevo viviendo aquí así que… ¿Por qué no me cuentas un poco más sobre ti?- pregunto sonrojándose un poco. Estuve a punto de abrir la boca para contarle mi vida completa cuando mi celular sonó interrumpiéndome.

-Bueno- conteste mirando a Bella con disculpa, ella negó.

-¡Edward! ¿Dónde rayos estas? Mamá está molesta de que no hayas estado para comerte el fabuloso desayuno que te preparo, tuve que sacrificarme y comérmelo yo… lastima, estaba muy sabroso.- dijo chillando al principio y susurrando al final.

-Estoy en… no importa, ¿Ya es hora?- pregunte.

-Bueno, pues si quieres llegar a tu fiesta de cumpleaños… ¡Pues sí grandísimo tonto!- gritó tan fuerte que tuve que separar el celular de mi oído para no quedarme sordo. Bella rió suavemente.

-Lo siento, voy para allá- dije colgando. Bella me miró curiosa. –Es mi hermana, tengo que ir a casa… será mi cena de cumpleaños y se hace tarde- dije. Ella miro el cielo, el cual estaba ligeramente anaranjado por el atardecer.

-¡Oh, cierto!- dijo comenzando a recoger sus cosas. Antes de que pudiera levantarse tome su mano y ella me miro, posando toda su intensa mirada chocolate sobre mí.

-Yo me preguntaba… s-si… Si tu querías venir… ha… ya sabes… Es mi cumpleaños y-y…- ella me miro confundida al principio y segundos después comprendió mi enredada frase. Me miro con disculpa.

-Lo siento, ahora mismo tengo un compromiso… quizás después- dijo con pena. Toda la ilusión de borro de mi cara y estuve seguro de que me veía patético. Ella comenzó a caminar lejos de mí y un segundo después regreso corriendo con un plumón en mano. –Es mi número- aclaro después de que termino de anotar en mi brazo.

-Adiós Bellas- dije cuando ella comenzó a correr de nuevo. Estaba seguro de que estaba sonrojada. Me hubiera gustado verla, pensé.

.

.

.

-¡Ya llegué!- grite entrando por la puerta. Alice apareció frente a mí con un perfecto vestido de noche negro.

-Qué bueno que llegas, vete a cambiar… Tienes una hora, después de eso todos llegaran y tenemos que cenar y celebrar, apresúrate- gruñó cuando vio que no me moví.

-Bien- subí las escaleras con paso lento. Cuando entre a mí habitación me quite la ropa y entre al baño para tomar una ducha. Cuando el agua tibia toco mi cuerpo me relaje considerablemente, había sido uno de los mejores días de mi vida.

Hablar con Bella aunque sea unos minutos había sido fabuloso. Ella era genial, dulce y adorable, mire mi brazo, el número se borraba lentamente con el agua. Lo había guardado en mi celular unos minutos después de que ella se había ido, y seguía sin poder creérmelo, tenía su número. Estaba más que feliz.

Pase media hora en la ducha repitiendo la tarde en mi mente, tratando de guardar la mayor información que pudiera, tomando todo lo que fuera necesario para conocerla mejor. No es que hubiera mucho, pero era mejor que nada. Salí cuando me di cuenta de lo arrugados que estaban mis dedos y me enrolle la cintura con una toalla.

Me seque el cabello con otra toalla, y vi que en mi cama ya estaba mi ropa lista con mis zapatos. Era obvio que esto había sido obra de Alice, esa pequeña personita que amaba vestirme, era genial tener una hermana que se preocupase tanto por ti.

Me puse la ropa y los zapatos. Baje corriendo las escaleras encontrándome con mamá, papá y Alice al principio de las escaleras.

-¡Felicidades!- corearon los tres. Sonreí y baje a abrazarlos.

-¡Oh mi amor! Feliz cumpleaños, no importa cuántos años cumplas, siempre serás mi bebé- susurro mi madre en mi oído.

-Felicidades hijo, me alegro que estés aquí con nosotros- dijo mi padre.

-¡Felicidades hermanito! ¿Veintitrés ya? ¡Te estas poniendo viejo!- gritó mi molesta hermana.

-¿Qué?- dije indignado.- Querida acabo de cumplir veintidós- aclare.

-¡Bueno, te ves de veintitrés!- chilló para luego abrazarme fuertemente. –Te amo hermanito- susurro.

-Yo igual Ally- respondí, en ese momento el timbre sonó.

-¡Oh! Llegaron todos- gorjeó mamá y corrió a abrir la puerta.

-Cuando dicen 'llegaron todos' ¿A cuántos 'todos' se refieren?- pregunté.

-Oh, no muchos, solo los chicos y algunos amigos del instituto. Te juro que no pasamos de diez- aseguro. Asentí con la cabeza más tranquilo, no quería a todo el pueblo en mi casa.

-¡Esme! Te extrañe- escuche la estruendosa voz de Emmett.

-Emmett McCarty cálmate ¿Quieres?- escuche a Rosalie rugir.

-Está bien osita bonita- reí. Emmett podía ser todo músculos pero con Rosalie no era más que un 'osito cariñosito', palabras de Alice.

Vi la corpulenta figura de Emmett entrar seguido de Rosalie, detrás de ella estaba Jasper. Él camino rápidamente hasta donde estaba Alice y la beso apasionadamente, me sorprendía que no se hubieran desnudado aún.

-¡Exhibicionistas, búsquense una habitación!- gritó Emmett. Luego miro de tras de sí y frunció el ceño.- ¡Enana, apresúrate a entrar antes de que te congeles!-

-Eres un idiota- escuche una melodiosa voz responder y me congele en mi lugar.

Escuche unos tacones repiquetear contra el piso de madera y una esbelta figura apareció. Era Bella, estaba enfundada en un vestido azul eléctrico hasta las rodillas, su cabello caoba estaba en rulos suelto y estaba ligeramente maquillada.

Se veía preciosa, más que eso, maravillosa.

-¿Tú eres el pequeño Eddie?- pregunto completamente sorprendida.

-¿Pequeño Eddie?- ¿Quién demonios me había llamado así? A Emmett se le pareció una sonrisa maliciosa en el rostro, era obvio quien había sido.

-¿Emmett es tu hermano?- pregunte ahora sorprendido.

-Ehh sí, te dije que tenía uno- dijo ella.

-Pero no que era Emmett.- me dolía la cabeza. Alice rió encantada.

-¡Qué bien que ya se conozcan! Sabía que todos la pasaríamos genial juntos. Tuve que convencer a Bella para que viniera junto con Emmett, ya que ella estaba más preocupada mirando al sexy extraño que se sentaba en el banca justo frente a ella…- dijo Alice. Me quede estático, un segundo después sentí como me desplomaba.


Lo lamente, de verdad lamente no haber subido el jueves, pero les juro que se me olvido por completo y luego me quitaron la computadora y no he podido actualizar. Espero que les haya gustado el capitulo y mañana capitulo sin falta XD Palabra de boy scaut... jamas fui eso.

Por cierto, ¿alguien ha leido 'Y por eso rompimos'? Quienes ya, quieren comentarla conmigo? ¡Muchos sentimientos guardados XD

Y para las que leen 'Conociendo al amor' chicas, ya casi termino el epilogo, a más tardar el viernes, porque luego me voy de vaciones.

Las adoro y nos leemos mañana... Por cierto... ¡DEJENME UN REVIEW PORFIS! Las amare si lo hacen ;)