.¡Gracias por darle una oportunidad al fic! .¡Agradezco vuestra atención y los reviews! .¡Lamento la espera!


Viernes

Miro a Hinata en cuanto el timbre suena indicando el comienzo del recreo. Asuma, el profesor, cierra el libro de encima de su mesa y lo recoge mientras nos recuerda que los dos apartados que ha explicado hoy también entran en el examen de la semana que viene. Cruza el aula y un par de compañeros salen a su encuentro para sonsacarle alguna pista sobre el examen. Al otro lado, Hinata intercambia unas palabras con Tenten, la delegada de la clase, para convencerla de que nos deje las llaves del aula. Hinata y yo tenemos problemas unos problemas abismales con las matemáticas y la cercanía del turno de esta asignatura, a última hora, nos quema los nervios. Ino nos pasó su cuaderno de ejercicios a primera hora pero no se comprometió a explicarnos las operaciones, pues dice que se ha levantado con un trancazo monumental y la cabeza no le daba para mucho esta mañana.

- .¿Sakura-chan?

Me sobresalto. Me giro y me encuentro a Sasuke, inclinado sobre mi mesa. Se agacha hasta apoyar los antebrazos.

- Dime, Sasuke.

- .¿No piensas salir al recreo?

- No. Tengo que copiar la solución a los problemas que no pude resolver ayer del cuaderno de Ino. Como me saquen a la pizarra y demuestre lo verde que estoy, Kurenai-san estará en su derecho en denunciarme por atentar contra la salud mental de los docentes –sonrío con pesar-. ¿Tú los tienes hechos?

- Qué va. Pensaba hacerlos en la clase anterior. No quiero desperdiciar el recreo.

- Menuda cara que tienes...

- No fastidies, que tú vas a copiar. ¿Quieres que te traiga algo a la vuelta?

- Tráeme un zumo, de lo que haya, si no te importa. Con lo que tarda Kakashi creo que me dará tiempo.

- Vale. Luego nos vemos.

- Hasta luego, Sasuke. Cógete el abrigo, que te vas a resfriar.

Me hace una mueca de indiferencia, se gira y va con toda la parsimonia del mundo, con sus aires de autosuficiencia, a buscar a Naruto al pasillo. Hinata aparece a mi lado al tiempo que veo a Tenten ajustarse los botones a los ojales del abrigo.

- .¿Nos ha dejado? –le pregunto a mi amiga.

- Sí, y por los pelos –se acerca a la mesa de al lado, la de Ino, y la arrastra hasta la mía-. Por un momento creí que me iba a pedir que también se los copiara a ella –se sienta y abre el cuaderno de Ino, que llevaba en la mano. Abrimos nuestros cuadernos y vamos pasando las páginas del de Ino para copiar en la misma página. Empezamos a copiar, cruzando puntualmente algunos comentarios sobre cómo llevamos las asignaturas o sobre el procedimiento de las resoluciones. En una de éstas, Hinata me sonríe amablemente y se ofrece a quedar para estudiar mañana por la mañana en su casa con Kiba.

- Es una idea muy buena, Hinata-san, gracias.

- Si quiere venir Sasuke-kun también, será bien recibido.

- No sé, no creo que le haga mucha gracia levantarse un sábado para estudiar –y menos para hacerlo en casa de un Hyuuga...

Hinata ríe.

- A Kiba-kun le tengo que sacar de la cama a base de timbrazos. Siempre dice que está cansado, pero es porque se va a la cama muy tarde. Luego no quiere ni oír hablar de estudiar, pero me veo en la obligación de tirarle de la oreja. Sin embargo, cuando se lo propone es bastante indulgente y se sienta a estudiar. Ya casi me veo incapaz de estudiar sin él -pasa las hojas y comprueba que los resultados de sus ejercicios coinciden con los de Ino. Cierra su cuaderno y saca un sobre de una carpeta que había traído consigo-. Dentro de dos semanas hacemos juntos dos años, Sakura-chan.

- .¿De veras? .¿Tanto tiempo ya?

- Sí. Tengo pensado escribirle una carta –oh, Dios-. Estas Navidades las podremos pasar juntos, así que he pensado en escribirle y preparar una escapada, con un poco de suerte.

- .¿Una escapada?

- Sí, intentaré salir el fin de semana siguiente de Navidad, junto con los primos de Kiba-kun. Si lo consigo, podríamos estar toda la noche dando vueltas por ahí, y decirle a mi padre que he perdido el último tren.

El viento aprieta contra las ventanas. Miro intensamente el papel del cuaderno para difuminar su dibujo en mis retinas, imaginándome fugazmente a Sasuke y a mí perdidos en la noche de Tokio. Me lo imagino sonriendo con su preciosa mueca de desenfado, recorriendo un distrito entero repitiendo las vías, con sus ojos sólo para mí. Realmente sería divertido. Él llenaría esas calles con el eco de su risa y calentaría el viento si se abrazara a mí.

Esa ilusión se va a la mierda. Todo no es tan ideal, joder. ¿Qué pasará cuando me deje en casa y compartamos un silencio incómodo que destroce la noche? Podría ocurrírsele un arrebato apasionado de los suyos en el portal, .¡quién sabe! .¡Podría hacer de esa noche la más maravillosa sólo por la manera en que me mira! Pero, .¡demonios!, la despedida lo echaría todo a perder. ¿Cómo pasar de un paseo contaminado de miradas blandas a un insípido "bueno, Sakura-chan... Mañana me pasaré por aquí, .¿de acuerdo?... Buenas noches"? Si esa visión es difícil de esquivar, las expectativas de nuestras dolorosas vacaciones son más aplastantes aún.

Aprieto el bolígrafo entre los dedos y me asalta la idea de convertir a Hinata en mi nueva confidente, vista mi incapacidad de sincerarme con Ino. Quizá... quizá Hinata tenga más idea de por qué un chico se pone tenso sin razón aparente. Quizá éste sea un paso obligado para todas las relaciones y ella ya se haya visto en esta situación. Me pregunto, con el ánimo que merece mi curiosidad, hasta dónde habrá llegado Hinata con Kiba y cómo ha ido allanando el camino, cómo superó el miedo de experimentar que un chico fuera más allá de las cosas que se pueden confesar. Y sobre todo, cómo consiguió hacer hablar a Kiba cuando su cromosoma viril le obligó a ser autista a un problema evidente.

Despego los labios, cazando las ideas que me revolotean en la cabeza, pero me resulta demasiado embarazoso. La miro y la encuentro sumergida en las líneas trazadas de su misiva. Hinata es demasiado amable. Y yo... yo tendría mucho cuidado en ser indiscreta.

- Hinata-chan...

- .¿Sí? –me mira, ligeramente sobresaltada.

- Eh... me alegro mucho de que os vaya tan bien a Kiba-kun y a ti.

Me sonríe.

- Somos muy afortunadas, Sakura-chan. ¿No es así? Es una suerte que tengamos con nosotras a Kiba-kun y a Sasuke-kun.

- Sí, sí que es verdad –digo tratando de disimular mi frustración.

- Aunque... bueno, -marea la mirada- últimamente en el grupo te vemos un poco... no sé, inquieta. Comprendemos que estés así... Nos dio por pensar que era por Sasuke-kun, pero comprendimos que la razón no era él, con todo lo que te está pasando. Aunque nos cueste decírtelo, todos estamos contigo y esperamos que la salud de tu abuelo mejore.

Asiento, sinceramente agradecida. Pero me vuelvo a mis ejercicios para refugiarme, vaticinando una conversación que no nos llevará a ninguna parte y que sólo conseguirá preocuparme mucho más. No veo la manera de entrar en el tema, casi me da pereza tener que explicarle toda la situación.

Acabando de corregir mis errores de cálculo, repaso los ejercicios e intento razonarlos. Cuando concreto algo más de ellos como para defenderme de las preguntas de Kurenai, compruebo los resultados y los procesos de los demás y recojo el material, dejándole a Ino la libreta dentro de la cartera.

No debe faltar mucho para que vuelva a sonar el timbre. Empiezo a anhelar mi zumo. Dejo a Hinata rectificando y garabateando ideas en los márgenes y me acerco a la puerta a ver si Sasuke da señales de vida. ¿Dónde se habrá metido ese tormento apellidado Uchiha?

Abro la puerta y me asomo, pero no hay nadie. Sólo se escucha un gran barullo del piso de abajo, de todos los alumnos que esperan en la entrada guardándose del viento que parece que vaya a arrancar el instituto de cuajo. Maldita sea, si es tan incómodo estar en el patio Sasuke debería haber subido ya. Una corriente helada entra por una ventana del pasillo y me abrazo a punto de empezar a tiritar. Me acerco al arco de la puerta para protegerme de la corriente y sigo vigilando. Unos pasos se acercan desde la escalera. ¿Podría tratarse de Sasuke? Me yergo. Preparo su nombre. Pero vuelve a aparecer el frío, esta vez personificado, que hace que el nombre que estaba a punto de pronunciar se me indigeste.

Neji aparece por la escalera. No podría estar en peor sitio. Me siento tan débil que creo que me voy a caer de un momento a otro. Él levanta la mirada y sigue andando, hacia el aula. Sabe que estoy aquí. Me echo a un lado, de espaldas, empujando la pared hacia atrás. Su presencia es tan desagradable...

Pasa a mi lado y aprieto aún más la pared contra mí, rogando al Cielo que este momento se acabe cuanto antes. Puedo ver de refilón su iris, su piel nívea, notar su incomoda y brutal determinación de pasar a mi lado. Y su voz.

-Hola, Haruno.

Su voz, sólo eso, es lo que me ha saludado, aunque lo entiendo.

Desde luego yo no estoy tan preparada para esto como él. Acierto a asentir con la cabeza y mantenerla gacha.

Desde que rompí mi relación con él, no ha vuelto a dirigirme la palabra exceptuando sus justos saludos. Para ninguno de los dos hay rescoldos a los que apelar en busca de una segunda oportunidad -o eso presumo de su parte por los pocas confesiones que Hinata me hizo cuando le rogué información al poco de terminar con él-, pero por muy zanjada que esté esa cuestión tengo que verlo todos los días y es un auténtico suplicio.

En cambio de Sasuke, Neji fue valiente y dejó las cartas encima de la mesa al poco de hacer la toma de contacto conmigo. Cuando reparo en nuestra fugaz relación y lo que debió dolerle, tengo la sensación de deberle algo. No lamento que lo nuestro acabara ni veo la manera de recompensarle porque no puedo ofrecerle mi amistad, pero no deja de ser cierto que... que para lo buen chico que es... aún me duele haber sido yo quien rompiera el mundo de sus ilusiones.

La palabra ilusión se propaga en mi cabeza, con el olor de Neji reciente en torno a mí. Aunque hayan pasado tres meses... Lo siento tanto, Neji...

Vuelvo a tomar contacto con el mundo. Me llaman la atención unos pasos apresurados. Sasuke viene a mí a paso acelerado y furioso, con el zumo en la mano. Lo lleva tan apretado que parece que el envase vaya a reventar. En cuanto me alcanza el frunce de su ceño se acentúa y me señala con la barbilla en un gesto, reclamándome respuestas prontas.

- .¿Te ha dicho algo ese estúpido?

- No... Y por favor, no le llames así.

Sasuke se mueve inquieto pero enseguida simula tomar el control, petulante.

- .¿Te ha mirado con desprecio? .¿Seguro que no te ha dicho nada?

- No, Sasuke. No ha hecho nada de eso. Y baja la voz, por favor, que nos va a oír.

- Que me oiga, me da igual. A ver si tiene cojones de... -le miro con reprobación. Sasuke cierra los ojos con fuerza y sacude la cabeza. Me ofrece el zumo resoplando.

- Gracias.

Sasuke mira dentro del aula y luego se gira para ver si alguien viene por los pasillos.

- Oye, ya que no he podido hacerlo en el recreo, tengo que hablar contigo. Ahora.

- .¿Mm? .¿Sobre qué?

- Me gustaría decirte algo sobre lo de ayer.

.¡Sí! .¡Sasuke pertenece a mi especie! .¡La suerte está de mi lado! Realmente era de esperar que Sasuke afrontara la situación.

Me señala con la cabeza un banco del pasillo y nos acercamos juntos hasta él. Estoy tan ansiosa por lo que me tiene que decir que podría empezar a pellizcarle con tal de hacerle hablar lo antes posible. Pero me entretengo en sacar la pajita del zumo del plástico y parecer despreocupada.

- .¿Sí, Sasuke? .¿De qué se trata?

- Lo estuve pensando ayer y... bueno, pensé que sería buena idea acompañarte estas fiestas en Kobe. No estoy invitado, pero no sé, después de lo que dijiste sobre pasar las vacaciones juntos imaginé que podría hacerlo en esta ocasión... allí con tu familia. Es un momento difícil para ti, así que...

Oh, Dios mío. No ha ido por donde yo pensaba, pero es adorable. ¡Absolutamente adorable! .¿Realmente Sasuke ha pensado en ese paseo despistado? .¿Le gustaría pasar una noche conmigo tal y como la pintaba yo cuando Hinata me contaba sus planes? Aunque ese paseo se hiciera para ir hasta un hospital, .¡Sasuke quiere darlo conmigo! Me llevo una mano a la boca y veo cómo sus gestos tornan a la perplejidad.

- Bueno, no me dejes así. Di algo, .¿no?

- Sasuke... es... es muy bonito que... sacrifiques tus vacaciones en Kanazawa... por estar allí...

- Bueno, bueno –se echa hacia atrás y me mira alzando las cejas-, ya sabes que no me entusiasma Kanazawa en invierno.

- Pero aun así, prefieres optar por unas vacaciones metido en un hospital.

- Es tu abuelo, .¿cómo me va a dar igual?

No lo aguanto. Me echo a su cuello. Aunque los pasillos empiecen a llenarse, me da igual. Le beso por donde pillo, extasiada.

- Es un gesto precioso, Sasuke. No me imaginaba que fueras a ofrecerte para esto.

- Bueno, entonces, .¿qué me dices?

Encojo los hombros.

- No creo que sea buena idea.

- .¿No? .¿Ni siquiera lo considerarías si lo hablases con tus padres?

- No, si no se trata de eso. Lo siento, pero creo que prefiero pasar la primera Navidad contigo fuera de un hospital. Además, es demasiado violento para todos. Creo que a ellos les gustaría conocerte prestándote toda la atención, y la salud de mi abuelo sería demasiado urgente.

- Al menos lo he intentado.

- No es poco. Significa mucho para mí que lo hayas hecho.

Me sonríe. Oh, los ángeles van a hacer acto de presencia. Me tengo que asir al banco. Voy a empezar a flotar. Bueno, mi lengua va a empezar a flotar. Atentos a la jugada.

- Sasuke.

- .¿Qué?

- Vámonos.

Sasuke suelta una risita, incrédulo. Yo también lo estoy, aunque no lo aparente.

- .¿Adónde?

- A... ¿a casa? -le pregunto desafinando espantosamente. No me puedo creer que esté haciendo esto, pero lo voy a hacer. Hasta el final.

- .¿Quieres que vayamos a casa? .¿Ahora?

Aprieto los labios e intento pensar con claridad, pero estoy aturdida. El pensamiento de mayor peso ahora en mi cabeza es que Sasuke me gusta a morir y estar en clase, sabiendo que está a la enorme distancia de tres metros de mí, me pone de los nervios. No se concreta nada en mis meninges sobre lo que hacer en casa... o mejor dicho, prefiero no pensarlo ahora porque me siento tan bien que nada puede salir mal. Aunque no sepa lo que quiero, sé que le quiero. Me siento urgente de sentir a Sasuke un poco más mío. Asiento con desenfado y Sasuke vuelve a parecer sorprendido, pero ataja rápida y quedamente.

- Vale.

Se levanta con la mayor frescura del mundo y yo me quedo como un pasmarote, sentada con la misma postura como si Sasuke estuviera aún frente a mí. Me he quedado helada. Él ha dicho que sí como si dijera que sí, que le apetece tomarse un refresco. Tengo que reaccionar. Sasuke me ayuda, despertándome desde la puerta del aula.

- Sakura-chan, a menos que sepas llegar a casa por ciencia infusa, será mejor que te des prisa. Está a punto de sonar el timbre.

Tengo que salir del instituto. Le necesito.

Me levanto del banco con las rodillas de mantequilla y echo a correr, sin explicarme cómo puedo hacerlo, hasta mi pupitre. Meto todas mis cosas en la cartera tan nerviosa que el estuche se me resbala de las manos y cae, desperdigándose algunos bolígrafos por el suelo. Los recojo silenciando una maldición.

- .¿Te vas, Sakura-chan? -me pregunta Hinata desde el pupitre de Ino.

- Sí... esto... ¿podrías inventarte algún farol para colárselo a los profesores?

Ni yo me creo que sea yo quien esté diciendo estas cosas. Hinata me mira de hito en hito, sin poder salir de su asombro. Suelta el bolígrafo con el que escribía la carta para Kiba.

- .¿Vas a hacer pellas?

- Sí... pero es un caso especial, Hinata. Necesito que me cubras y digas algo. ¿Lo harás?

- Cl-Claro... Pero ten cuidado, .¿vale? -dice mirando a Sasuke, que ya ha recogido su abrigo y va hasta la puerta. Me mira atando cabos. Sus labios me sonríen- Suerte.

- Gracias, Hinata-chan. Te debo una -meto el estuche abierto en la cartera y lo cierro a prisa. Sasuke me mira impaciente desde la puerta. Nuestros compañeros empiezan a llegar con más frecuencia. El timbre debe de sonar ya. En los pasillos no deja de subir el murmullo. Ni asegurarme de que Kakashi-sensei llega tarde sistemáticamente me puede calmar. Cuando alcanzo a Sasuke, la alarma de mi cabeza me advierte: el abrigo. Mi abrigo está colgado en el perchero al fondo de la clase. Mierda- Sasuke, espera, me falta coger el abrigo.

Le dejo la cartera en el suelo para salir corriendo hacia el perchero pero Sasuke me agarra del brazo.

- Ya lo he cogido yo, tranquilízate.

- Vale, vale... –vuelvo a coger la cartera. Sasuke me toma de la mano. Levanta la mirada sobre las cabezas de los demás alumnos y sus pupilas escanean los pasillos en busca de profesores. Echa un vistazo a las escaleras y me dice que igual tenemos que esperar en los aseos del piso de abajo hasta que bajen los de último curso, que van a hacer una visita. Podríamos camuflarnos entre ellos y llegar hasta las taquillas de la entrada sin ser vistos por los profesores. Acepto su plan -después de todo, él es el profesional en las escapadas- y nos apresuramos en bajar, tomados de la mano.

El timbre suena estridentemente desde el pasillo y las escaleras se inundan, repentinamente. Empiezo a sufrir un ataque de nervios. Mi mano tiembla tan violentamente que la mano de Sasuke empieza a vibrar. Se vuelve hacia mí.

- .¿Estás bien?

Quiero decirle que sí, pero no puedo. No puedo ni moverme. Sasuke me mira expectante. Estamos a dos escalones de bajar a la planta baja. Sasuke se ve en apuros y empieza a arrastrarme hasta los aseos. Abre la puerta del aseo de las chicas con el antebrazo y, sujetándome por la cintura, se mete conmigo. Se oyen ruidos desde uno de los compartimentos. Sasuke y yo nos miramos y entramos torpemente en uno de ellos. Con todo lo que llevamos encima nos cuesta movernos, yo sólo atino a sentarme sobre la tapa del retrete y abanicarme con la mano. Sasuke se remanga mientras sopla para apartarse el pelo de la cara y se acuclilla, cruzando los brazos sobre mis rodillas. Susurra.

- .¿Qué te pasa?

Sumo la otra mano a mi abaniqueo, quizá motivado ahora por la cercanía de Sasuke.

- Me he puesto tan nerviosa...

- Ya, pero .¿por qué?

- Nunca... me he saltado ninguna clase. Todo ha sido tan rápido...

- .¿Quieres volver?

Sasuke me traspasa con los ojos y en ellos me reconozco súbitamente débil. No estoy siendo imparcial. El impulso desbocado de irme con él a casa y el saberme transgresora de las normas no me deja serlo. Sasuke entreabre los labios y vuelve candente mi debilidad. Me sorprende, no sin una resignación rotunda y apasionada sobre Sasuke, el poder que ejerce sobre mí.

Se vuelve a escuchar otro ruido, que protege mi silencio, del retrete vecino. Segundos después, una arcada.

Sasuke y yo rompemos el contacto visual y hacemos un amago de agacharnos a ras del suelo. Nos damos cuenta de nuestra estupidez, pero nos decidimos a hacerlo aunque no tenga mucho sentido. Nos echamos al suelo, pese a que los abrigos y las carteras no nos lo dejan fácil. La chica está arrodillada frente al váter, dando unas arcadas más acusadas. Nos levantamos del suelo y esperamos a que la chica vuelva a moverse. La escuchamos vomitar y no sabemos qué hacer salvo taparnos la nariz y la boca. El hedor es espantoso.

- La madre que la parió... –dice Sasuke.

- Creo que debería ir a ayudarla.

Sasuke ensancha los hombros, como si así quisiera interponerse entre la puerta y yo, aunque sé muy bien que Sasuke no me impediría salir por la fuerza.

- Nos descubrirán.

- Lo que ha echado no es del recreo... Yo...

La puerta de los aseos se abre de golpe, tan bruscamente que Sasuke da un respingo, y otra chica entra. Sasuke echa el pestillo a la puerta y yo me agarro de su brazo, víctima de otra amenaza de mi cuerpo a perder el control. La chica que acaba de entrar grita el nombre de Rin. Toca en nuestra puerta, la primera.

- .¡Lo siento, está ocupado! –digo.

Susurra una disculpa y la escuchamos asomarse por los demás compartimentos. Cuando descubre a su amiga postrada sobre el agujero donde debía resbalar hasta la primera papilla, vuelve a gritar su nombre y se lanza sobre ella.

- Deberíamos irnos de aquí –dice Sasuke apoyándose en la puerta-. Pero tú tienes que decirme a dónde.

- Pero Sasuke... –digo confusa. La chica que había vomitado le dice algo a la otra de malos modos y se escucha la cisterna. Sasuke se crispa.

- No, déjate de pijadas y dime qué quieres hacer. Para que te pases todo el viaje arrepintiéndote mejor le damos una excusa estúpida a Kakashi y nos quedamos.

- Yo... yo quiero ir contigo –las rodillas me vuelven a temblar.

Sasuke mira con dureza el tembleque de mis piernas y me mira de súbito a los ojos con clemencia. Parpadea lentamente suspirando por la nariz y coge su cartera del suelo.

- Será mejor que vayas inventándote una buena excusa. He hecho tantas guindas que ya se me han acabado los argumentos y la credibilidad.

- No... ¿No vamos a casa?

Sasuke abre la boca pero se lo piensa mejor. Relaja los hombros y menea la cabeza.

- No, Sakura-chan, no vamos a casa.

Me siento terriblemente aliviada. Sasuke se da cuenta pero ignora mi gesto para prestar atención a lo que se cuece en el resto del aseo. Mientras hablábamos la chica que había entrado ha salido corriendo, probablemente a pedir ayuda. Salgo y tras otear los pasillos compruebo que por uno de ellos sólo se escucha a esa chica hablar con un profesor. Es nuestro momento. Tenemos que hacerlo muy rápido.

- Sasuke, ahora. ¡Démonos prisa!

Sasuke sale a mi señal y nos damos a la carrera escaleras arriba. Tenemos la gran suerte de no encontrarnos a nadie por el camino. Enfilamos directos al aula y Sasuke mira por el ojo de buey de la puerta. Escuchamos a los alumnos de último curso desde el piso de arriba. Nuestra oportunidad para salir...

- No ha llegado todavía –dice Sasuke tras buscar a Kakashi por la ventanilla.

Me apresuro a tomarle del codo antes de que gire el pomo de la puerta y nos internemos en el aire enrarecido de la compañía de toda la clase.

- Lo siento.

Se gira un momento y me mira fijamente.

- Eres buena chica, Sakura.

Abre la puerta y la clase entera nos mira. Hinata e Ino lo hacen boquiabiertas. Les indico con un gesto que lo explicaré más tarde mientras ocupo mi sitio y echo una mirada tímida a Sasuke, que utiliza su propia jerga no verbal con Naruto, que se sienta a su derecha, a tres mesas detrás de mí. Adivino que éste también le ha mirado con sorpresa. Antes de que nos dé tiempo a terminar de acomodar los abrigos en el respaldo de la silla la puerta se vuelve a abrir. Compruebo por el rabillo del ojo que Sasuke también se apresura a sentarse. Kakashi-sensei nos mira intermitentemente en silencio.

- Uchiha, Haruno, cualquiera diría que acabáis de llegar. O de regresar –sonríe. Kakashi-sensei es el profesor más avispado e intuitivo del instituto. Aunque sufra glaucoma en su ojo izquierdo y lo lleve tapado por un parche termina enterándose de todo lo que pasa en la clase aunque esté explicando de espaldas a nosotros. Ya es casi habitual escuchar el silbido de las tizas que Kakashi lanza casi sin mirar a cualquiera de los desgraciados que se despistan, aunque no es menos cierto que son pocos lo que lo hacen. Sasuke y yo somos ahora su blanco. He obviado el aviso que Sasuke me hizo antes de salir de los aseos, pero Hinata nos salva el pellejo.

- Kakashi-sensei, Haruno-san acaba de ser avisada de que su abuelo había sufrido una crisis.

- S... sí –digo asintiendo-. Han vuelto a llamar diciendo que ha sido una falsa alarma, Kakashi-sensei. Uchiha-san sólo quería acompañarme, estaba muy nerviosa.

Kakashi nos mira a los tres, toma una tiza del escalón de la pizarra, la sopesa lentamente sin dejar de mirarnos, y se vuelve a su mesa para dejar la cartera.

- Está bien –se gira a la pizarra para escribir los apartados de hoy en un margen, rápidamente, y de nuevo se acerca a su mesa. Empieza a sacar sus libros y sus diccionarios de inglés mientras dice no sé qué de unas redacciones. Casi puedo escuchar el suspiro de alivio de Hinata.

Me giro para sacar de la cartera los libros, el cuaderno y algún bolígrafo del fondo; y aprovecho para mirar de nuevo a Sasuke. Lo pillo rasgando un trozo de papel de su libreta. Me vuelvo hacia delante y pienso en lo que ha pasado, ahora que todo está controlado.

Pero, .¿qué ha pasado? .¡He estado a punto de ir a casa con Sasuke! .¡No! .¡He estado a punto de saltarme clases por estar a solas con Sasuke en casa cuando esa es una circunstancia habitual! .¿A qué ha venido esa urgencia de intimidad con Sasuke? .¿Qué era ese extraño sentimiento de furia que casi me obliga a desviarme de mi manera de hacer las cosas y que también he visto en los ojos de Sasuke en el aseo, cuando me preguntaba sobre lo que yo quería hacer?

Esto no está bien. Ni he sido objetiva cuando le he dicho que nos fuéramos ni he sido lo suficientemente valiente para terminar como debía cuando me he lanzado.

Esto es nuevo para mí. Me siento tan nerviosa...

Siento que mi silla se ha movido. Aburame Shino, el chico que está justo detrás de mí, le da una patada a una pata de la silla. Giro la cabeza con cuidado de que Kakashi-sensei me vea y se extienden delante a mis narices sus dedos, con una notita de papel muy arrugada entre ellos. El pobre Aburame está inclinado con el canto de la mesa clavado en el estómago. La cazo y me la llevo al regazo, abriéndola con cuidado de no hacer ruido. La caligrafía descuidada de Sasuke, trazada caprichosamente sobre las líneas negras del papel.

".¿Piensas explicarte? .¿Por qué ha pasado exactamente?"

No tardo en contestarle.

"Creo que por el hecho de estar haciendo pellas".

Calculo las tres mesas que nos separan y el riesgo que corremos de que Kakashi nos pesque. Quiero cambiar mi mensaje por lo delator que es, pero cualquier cosa que incluya o quite hará que Sasuke se enfade. Ya tiene suficiente. Se merece una respuesta, no puedo hacerlo. Vuelvo a arrugar la nota y se la devuelvo a Aburame.

La clase entera escucha a la perfección a Sasuke abrir el papelito. Qué delicado es. Pongo los ojos en blanco disimuladamente, para no darle a Kakashi razones para pensar.

El papelito vuelve a mí en lo que tarda en ir de mano en mano con el cuidado que merece. Dos palabras:

".¿Sólo crees?"

Resoplo, agobiada. Entre Kakashi y Sasuke...

"No puedo darte respuestas concretas. No sé cómo ha pasado todo, simplemente ha pasado y yo no termino de explicármelo"

Kakashi mira por encima del hombro derecho, como si captara movimientos con su oído y sincronizara su ojo sano para seguirlos. Me reprocho no hacerlo con más disimulo, pero yo también quiero seguir hablando con él, aunque sea por estas notitas. Me siento demasiado culpable. La notita regresa en cuanto Kakashi atiende a uno de sus libros.

"Perdona, pero si hemos estado a punto de salir no ha sido porque simplemente pasara. Tú me lo habías propuesto. ¿Será que no sabes si realmente querías que nos fuéramos? .¿Sabes siquiera qué querías hacer en casa?"

Me pongo colorada, de la vergüenza y de lo que podría insinuarse bajo sus propias intenciones. No había reparado en ellas hasta ahora... o... ¿o sí? Me tiembla la mano, pero consigo trazar caracteres legibles, suficientemente pequeños como para que la nota dé de sí.

".¡Sabía perfectamente que quería ir contigo! .¡Me he echado atrás al final, pero quería hacerlo! .¡Como nos pille Kakashi-sensei nos la cargamos! .¡Ten más cuidado!"

Cuando llega a él, escucho de nuevo rasgarse otra vez el papel de su libreta y a Naruto cuchichear. Me revuelvo nerviosa en la silla e intento mirar con interés a Kakashi. Una nueva nota asoma por encima de mi hombro, esta vez una bola de papel del grosor de dos dedos.

"Ya nos habría llamado la atención. No me has contestado. ¿Sabes qué querías hacer en casa o no?"

.¡Qué zorro! .¡Cambia de papel para no poderme justificar con una respuesta breve!

"Sé que quería estar contigo. Debe ser suficiente para ambos, .¿no?"

Ruego al cielo que se sienta saciado, que deje de tentar a la suerte, pero la bolita da otro viaje. ¿Ahora qué?

".¿Me contestarías sinceramente si te pregunto algo?"

.¡Caradura!

".¿Cuándo te he dado motivos para que puedas permitirte asegurarte de que seré sincera?"

Escucho el papel dar de nuevo el viaje, Sasuke escribir con avidez, y de nuevo, a base de palmadas ya mecánicas, la respuesta de Sasuke salta de mano en mano.

".¿Ha tenido que ver algo que vieras al comemierdas de Neji? .¿De veras que no te ha dicho nada para que quisieras irte de aquí?"

.¡.¿Será posible?!

"Sasuke, déjalo, .¿quieres? .¡No vuelvas a insultarlo ni a tener malos modos con él! .¡Y no, no ha sido por él!"

En cuanto devuelvo el papel, Kakashi se planta de frente a la clase. Me tapo la boca con las manos y enarco las cejas. Intentando aparentar normalidad y atención, resbalo las manos hasta debajo de la barbilla. Kakashi sigue explicando las condicionales, sin perder de vista la ruta corrupta de nuestras notitas. Vuelve a darse la vuelta, para anotar la segunda clase de condicionales.

La nota vuela por encima de mi hombro, seguramente porque Shino se ha cansado de dejarse abdomen por nuestra conversación, y yo lo recojo de encima de la mesa con un pánico que no había experimentado en la vida. La respuesta de Sasuke no me ayuda:

"Si lo prefieres, coprófago..." reprimo una risita, aunque siga siendo cruel ha sido muy agudo. Las sutilezas de Sasuke... La nota continúa: "... si tan segura estás, podríamos quedarnos solos en mi casa mañana, si lo prefieres. Itachi va a estar ocupado..."

Nada, que no ceja. Voy a tirarle yo de la lengua.

".¿Y?"

Sonrío. Escucho de nuevo el paseo de la notita por las manos, pero doy un ligero respingo cuando no escucho la última palmada. Contando con mi pase sólo se han dado tres, pero cabe la posibilidad de que alguno la haya lanzado. Al mirar a la pizarra advierto que Kakashi está muy quieto, ha dejado de explicar. En mi fuero interno ruego que no haya visto la nota. Si leyese nuestra conversación...

- Uzumaki, .¿qué es lo que tienes ahí?

Oh, no. La mano que faltaba, el pase de Naruto a Sasuke. Debe ser la nota. Me giro, como toda la clase, para ver a Naruto agachar la mirada hacia la mesa. Miro de súbito a Sasuke con los ojos desorbitados pero simula que aquello no va con él. Naruto aparta las manos de la boca, que tenía cerradas en un puño, y mira con gesto de dolor a Kakashi-sensei. ¿Soy yo o a Naruto le brillan los ojos? .¿Es mi imaginación o la garganta de Naruto se ha ensanchado? Naruto frunce los labios y aprieta los ojos.

- .¿Qué tienes en la boca, Uzumaki?

- Nada, Kakashi-sensei, no tengo nada en la boca –su voz suena herida, tan áspera como la lija. Se echa sobre el respaldo de la silla con desenfado, muy lentamente. Se da unos golpecitos en el pecho destilando hombría. Kakashi enarca una ceja. Todos esperan una explicación sobre el tono grave de su voz- .¿Se está preguntando qué le pasa a mi voz? ... Ejem, ejem... –carraspea- Es que estoy creciendo y la voz me está cambiado. En mi casa todos somos de crecimiento abrupto, .¿sabe? –dice moviendo la mano con desgana.

Kakashi vuelve a girarse, no sin antes mirarnos a Sasuke y a mí.

- Espero que no se te indigeste, Uzumaki. Las circunstancias de los adolescentes, concretamente los cambios corporales y las manifestaciones intempestivas de amor, hacen estragos hasta en los hombres más valientes –mira por encima a la clase y levanta la voz para acallar a los que han aprovechado la interrupción para hablar-. A ver, no os despistéis, seguimos en clase, no estamos en el parque izando cometas.

Miro a Sasuke antes de volverme de nuevo. Naruto se ha vuelto hacia él y puedo leer de sus labios: "Tú también podrías haber cogido un papel más grande, .¿eh?" Sasuke ríe en silencio y me mira. Se muerde el labio inferior por dentro y se echa sobre la mesa cruzando los antebrazos. No sé qué pensar de esa mirada. Está maquinando algo. Se puede oler a kilómetros. La mente perversa y retorcida de Sasuke tiene algo preparado para mí.


.¡Ahí tenéis el viernes! .¿Ha gustado? .¿No? .¡Inmortaliza tu opinión, tu crítica, aquí abajo, en el botoncito de "go"! Las respuestas a los reviews anónimos están en el enlace que figura en mi perfil.