2.-Aveces veo gente viva

(-Del Mountain Today,- Agosto 9...-

Desaparece un grupo de montañistas al este del monte Ahuicpa. El pasado martes se dio la alarma para comenzar la búsqueda de un grupo de 9 montañistas que visitaban por cuarta vez dicho emplazamiento. El grupo dejó de reportarse el domingo por la mañana, sin embargo los cuidadores de dicho lugar no reportan mal clima o alguna razón por la que las nueve personas corriesen un riesgo mayor de lo usual. Con ellos se encontraba un poblador de la zona que suele dar paseos por el monte y aseguran las personas de la zona que no hay nadie que conozca mejor la zona de ahuicpa….

Se solicita a todos los visitantes y turistas que reporten...)

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2.-Aveces veo gente viva

"Eso fue raro."

"Sin duda alguna." Asentía Hermione mientras acomodaba la enorme bolsa de comida que habían comprado.

El hombre les ofreció más comida al ver las monedas con las que ella pretendía pagar.

"se emocionó… mucho…" seguía divagando Harry en lo acontecido.

Hermione asintió con la cabeza. "Supongo que es un hombre extravagante, nunca había visto una tienda de comestibles tan extraña."

Harry sonrió divertido. "¿viste la pantalla donde revisó si aún tenía tocino? Parece una de las series de la tele…"

Ella volvió a asentir. "y la cara que puso cuando le pedimos leche líquida, como si le hubiéramos pedido leche de murciélago… solo tenían estas barras… nunca las había visto…"

(*)

Severus Snape no era un hombre pasivo, pero si paciente. Su paciencia se había logrado extender hasta cien años… algo increíble para cualquiera pero no para alguien como él, con una sed de venganza, tan fuerte como para llenar el océano.

Su actual amo lo había usado para matar al director de la escuela; mucho antes para dar la información que llevaría a la muerte a la mujer que amaba; con el tiempo las órdenes variaron, matar aquí, intimidar allá, envenenar aquel, torturar a alguno… con la maravillosa paga de ser torturado y humillado, y por supuesto, más sed de venganza.

Sin duda uno de los hombres más inteligentes y poderosos, aún con la disminución de la magia, era él, sin contar al lord; sin embargo, su magia era insuficiente para de una vez por todas desfalcar al lord. Sin contar con que tenía que aún presentarse en las rigurosas reuniones. Cuyo único objetivo era ensalzar la resplandeciente descomposición del mundo. Severus Snape atendía a esas reuniones con el mismo entusiasmo que si fuera al encuentro de una amante muerta.

Los pensamientos del antiguo profesor de pociones segregaban venganza, desprecio y duda… le gustaría, casi tanto como matar al lord, saber qué fue lo que sucedió con la persona a la que debía proteger. Algo le decía que no estaba muerto. O quizá era solo su obsesión arrullándolo; la obsesión era así de irracional, pero él estaba lejos de ser un hombre irracional. Su Juicio era algo firme. Tanto como el no entender la razón por la cual de la nada, sin más, el retrato de Phineas habíase quedado dormido.

No lo entendía. Un día sin más, no despertó. Buscó en todos los libros, preguntó a todos los pintores mágicos, pero ninguno sabía responder. Entre sus dudas estaba el lord, quizá había comenzado a beber la magia ahí, pero al comprobar los encantamientos del retrato, encontró con sorpresa que éste, a diferencia de todos los demás, conservaba su magia.

Por esta y más razones, Severus Snape vigilaba con especial atención la pintura, podría parecer un artista revisando los ínfimos detalles de su recién terminada obra, noción que sería bastante particular ya que llevaba 104 años haciéndolo…

Cada día de esos cien años esperaba una divergencia, cualquier asomo de apenada esperanza. Fue por ello que cuando vio a Phineas Nigellus removiéndose perezosamente en su cuadro, estirándose y bostezando despreocupadamente; más que sorpresa, Snape lloró. Cubrió sus ojos con sus manos, como tratando de evitar que las aferradas lagrimas salieran. Toda la desesperación, angustia, enojo y desesperanza se derramaron con renuencia.

"¿Pero qué pasa contigo?... ¡¿qué demonios le pasó a tu rostro?! Estás tan… viejo…" exclamó desconcertado Phineas Nigellus.

(*)

Al contrario de todo lo que Snape esperaba, fue él quien tuvo que dar explicaciones al retrato. Había esperado por tanto tiempo respuestas y era ahora él quien las daba, tan insatisfactorias como fuesen. Esperaba ahora recibir algo de información a cambio…

"La sangre sus. esa niña me tiene aún en el bolso, puedo escucharlos que conversan, pero no entiendo nada... pero si lo que dices es verdad… trataré de gritar para ver si me escuchan e informarles… dudo que crean algo… pero .. Bien, ya veremos."

(*)

Hacía tanto tiempo, parecía que casi en la vida de otra persona, había pensado en su apariencia física. Le parecía ridículo pensar en eso ahora, ahora que había una posibilidad de descansar, de terminar finalmente con el Lord y solo respirar. Hacía tanto tiempo que no se veía en el espejo...

Esa mañana, la mañana en la que se reuniría con Harry Potter y su amiga, Severus Snape se había visto al espejo y se preguntó si lo reconocerían, si en alguna parte de su arrugado rostro, canoso cabello y cansados ojos, reconocerían ellos a su maestro de pociones… la nariz sin duda lo delataría…

Ahora, ansioso como hacía mucho tiempo no se había sentido, esperaba intranquilo a que los jóvenes llegasen como acordaron. Le parecía comienzo del verdadero final, como una continuación de lo inevitable el que fuese justo en ese parque mugle donde se reuniera con ellos; el mismo lugar donde conoció a Lili.

Costó un poco de trabajo, pero con un par de comprobaciones, se dieron cuenta de lo que había sucedido. Perplejos y más con cada comprobación, como salí al mundo mugle, y ver la fecha…

El impacto les tenía que durar poco, ya que Snape los urgía a reunirse.

A la par que Snape instruía a Phineas Nigellus, éste a su vez comunicaba a los chicos lo que había pasado desde el momento en el que desaparecieron. Como espía que era, Severus supo de la destrucción de los orocruxces e incluso se prestó a terminar con el que ellos poseían.

Sin otra salida, realmente no sabían mucho de este mundo actual como para contactar con alguien más, decidieron reunirse con él. ante lo cual, él realizaría el juramento inquebrantable justo cuando se encontrasen.

Severus Snape escuchó con incertidumbre el sonido de la aparición, era algo que ya casi no se escuchaba, los magos ya no tenían el poder suficiente para hacerlo. Le pareció el sonido de un trueno previo a una tormenta; no obstante, le confortó. Ahora frente a él, estaba una mujer joven, hermosa y seria. Parecía una ilusión.

"Señorita Granger." Snape saludó con un asentimiento de cabeza.

"EL juramento" demandó ella.

Con algo de nostalgia y diversión, Snape accedió. Hacer magia era un arte casi perdido ya.

Poco después de realizarlo, el niño que vivió… y sigue vivo, apareció. Al parecer siempre estuvo a un lado de su amiga.

Después de llegar a la calle de la Hilandera, donde la única casa que quedaba en pie era la de él, ya que todo lo demás eran edificios altos con paredes de algo que parecía cristal o logos irreconocibles para los jóvenes; en algunos edificios se leía 'centro de entretenimiento', algo que después intentarían saber que era. Sin mucho protocolo o enmarañar, Snape explicó no solo lo que había pasado para que él matase a Dumbledore, sino cómo y por qué había muerto el joven Weasley, les reveló que la orden había logrado terminar con los Horrocruxes; les advirtió sobre las medidas que Voldemort había tomado para no morir, estaba absorbiendo la magia; finalmente de cómo él había logrado idear una posible solución para contrarrestar esa abominación, pero su magia ya le era insuficiente. Solo ellos, que no habían sido afectados por la repugnante ocurrencia del lord, podrían lograrlo. Severus Snape se había contenido por más de cien años, ahora simplemente desahogaba, como una presa a punto de descargar, él habló, explicó y se liberó.

(*)

"Todos… muertos… tanto tiempo." A Harry Potter aún le costaba trabajo procesar que hubiese tomado una siesta tan larga, que mientras el descansaba, el mundo se hundía. Todos sus amigos, su familia, Ginny, los Weasley, la magia, todo se estaba terminando.

Snape respiró profundo. "Le aconsejo que no piense mucho en eso por ahora, creo que lo mejor será darnos prisa para hacer el ritual, no sabemos si ustedes serán eventualmente afectados también… señor Potter, es primordial que guarde sus sentimientos para el ritual… hay cosas importantes que hacer."

Hermione tomó la mano de su amigo. Al menos ella seguía ahí.

"Si le es de consuelo, me parece que la hija de William Weasley pudo huir a parís..." -Quizá debió guardarse ese último comentario.- pensó el antiguo profesor, al ver las descontroladas lágrimas del niño.

Aunque más controlada, Hermione también lloraba. "Ayudaremos… haremos todo lo necesario."

Snape asintió. Jamás se había sentido tan viejo y tan energizado. Una ola de energía o más bien esperanza, había regresado a su vida. "Pronto será el solsticio de verano, será el mejor momento para hacer el ritual… tengo todo listo, salvo algunos detalles, pueden quedarse aquí mientras y estudiar lo que deberán hacer, les pediré que no salgan de la casa, no es seguro."

Harry murmuró algo que ninguno de los otros dos pudieron comprender.

"¿Harry?"

El joven tomó aire y respondió. "era solsticio de invierno… el día que..." hizo una mueca y Hermione comprendió de inmediato.

"El día que vimos al hada… es verdad."

Snape asintió. "Quizá eso influyó un poco…. Es una buena señal entonces que regresasen tan cerca de otro solsticio."

(*)

El dolor en su brazo era al contrario de otro tipo de magia, un dolor aún no olvidado.

Les informó a los jóvenes que el lord lo solicitaba, pero que no creía que tardase mucho. Con aprensión, los amigos vieron al profesor tomar la chimenea y desaparecer. Entre miradas se preguntaron si el antiguo desprecio que el profesor guardaba, seguiría tan vivo como para entregarles.

Sin más que hacer, siguieron estudiando el ritual.

(*)

Algo extraño sucedía. El Lord hacía mucho que no convocaba a todo el círculo interno de mortífagos; pero ahí estaban, sin máscaras, sin saber la razón de sus presencias, sin mucha magia.

De inmediato, Severus se acercó a Ravastan Lestrange, el único, además de él mismo, sobreviviente de los antiguos mortífagos. Ravastan como siempre, intentaba esconderse del mundo en el fondo de su rojo vino; sin embargo, su canoso cabello lo delataba siempre. Lamentablemente, Lestrange tampoco tenía idea de que hacían ahí.

Más pronto de lo que les hubiera gustado, el Lord se presentó.

La única presencia mágica que podía sentirse era la del Lord; no era nada agradable. Una sensación pesada, como de moverse en espeso pegamento que tomaba tu magia.

Nadie veía al rostro al Lord, no solo por una señal de respeto, sino por su pérfida apariencia que con el tiempo semejaba más y más a un esqueleto grisáceo pálido, totalmente corrompido, pero adornado con sus brillantes ojos carmesíes.

"Mis queridos guerreros, preciada familia. Tengo una tarea para ustedes y para quienes ustedes confíen. Hace poco percibí un fulgor de magia." Voldemort respiró satisfecho. "Una verdadera Elicia, pero pronto se escondió. Mi duda es a quien pertenece esa magia tan fresca… ¿acaso alguno de ustedes me oculta algo?" la tención era palpable entre los presentes, pero él continuó sin inquietud. "No, no lo creo, ustedes me son fieles… y lo aprecio, ustedes no sufrirían si alguna de sus familias me ocultase algo… yo sé que me lo dirían." El Lord hizo una larga pausa, repasando el rostro de los más jóvenes. "Mi sospecha es que ha nacido alguien, alguien con gran potencial. Su tarea será buscar y traer a todos los recién nacidos que encuentren, de sus familias, o de cualquier lugar… los analizaré y quien me traiga a éste bebé que muestra gran potencial, será recompensado... Anden pues hijos míos, tienen sus órdenes, cúmplanlas."

Tal y como todos los demás, Severus se fue de ahí lo más pronto posible, no sin antes ver varios de los rostros de sus compañeros, mostrando una gran preocupación. Sin duda la amenaza que uno de sus parientes fuese el niño que mostró un potencial que llamase la atención del Lord, era una mala noticia. Pero Snape sabía que había sido lo que el Lord registró, sin duda la aparición de Potter y Granger habían sido registradas por Voldemort… eso complicaba las cosas, no solo tenían que ser mucho más cuidadosos, sino que también, sería peligroso el momento en el que hiciesen el ritual, ya que existía ahora la posibilidad de que el lord registrara también ese momento y quizá lo localizase.

(*)

Conforme el tiempo pasaba, aún más rápido que un suspiro, las cosas parecían descomponerse. En los periódicos las noticias de muertes y desapariciones de niños era pan de cada día; la gente trataba de huir y generalmente moría en el intento; increíblemente incluso el clima parecía expresar su tormento, nunca mejor dicho. Del cielo caían enormes chubascos, uno tras otro, imposibilitando su regreso al ciclo y por lo tanto el agua estancada se convertía en citadinos pantanos mal olientes...

En tales condiciones ir al Bosque prohibido de Hogwarts era impensable tanto por el peligroso clima, como por los entrometidos carroñeros. Y ahí estaba Severus Snape, entrando en el Bosque prohibido. No era solo el peligro del área en sí, las pocas criaturas mágicas que aún sobrevivían, se habían refugiado ahí, por lo tanto el lugar era más que peligroso; sin contar claro que desde donde estaba, podía ver el castillo. La visión le provocaba incontenible furia. Un lugar que alguna vez albergó tanta vida y poder era ahora solo un vago recuerdo. A pesar de que parecía verse igual, se podía sentir la decadencia, la falta de vida, el marchite.

Severus entró los primeros metros sin mucho problema, un par de magos rondaba el bosque sin esperar que alguien los desafiase, pero él sabía que adentro había más carroñeros o peligros en general.

No sin algo de nerviosismo, continuó su camino. Tenía que recoger varias especímenes e imponer algunas pautas para el día del ritual.

Se movía con el mayor sigilo que sus viejas articulaciones le permitían, se sentía como uno más de los árboles presentes, agachados, viejos, crecidos en la obscuridad, nutriéndose apenas lo suficiente para mantenerse. Justo debajo de uno de esos árboles con los que imaginaba mimetizarse, encontró ya planta que buscaba, dobló sus rodillas para tomarla, cuando escuchó voces. Eran sin duda carroñeros.

La garganta se le cerró como si lo ahorcaran. La situación no podía ser peor. Él no estaba en posición para atacar, mucho menos para defenderse. Tomar algún ingrediente del bosque estaba controlado por el ministerio-Voldemort. Lo único que tenía a su favor era su estatus; sin embargo, los carroñeros eran bien conocidos por atacar primero y preguntar después.

Escuchaba sus pisadas acercándose justo a donde él se encontraba. Con su mano temblorosa y arrugada, afianzó su varita, esperando no tener que usarla, ya no era tan ágil como alguna vez lo fue; pero algo inesperado sucedió. El árbol se movió. Levantó dos enormes raíces, por un momento Severus pensó que la vieja madera lo aplastaría; por el contrario, dejaron el suficiente espacio para que él se quedase ahí, sin problemas logrando con sus raíces una especie de escondite, una improvisada cueva de húmeda madera por la cual los carroñeros pasaron sin ver al antiguo profesor temblando debajo.

Pasado un largo rato en el que Snape estaba seguro que los carroñeros estaban ahora lejos, él salió de su inusitado escondite momentos y dejó salir una nerviosa risotada. -Ah, se había mimetizado con el viejo árbol.-

Siguió su búsqueda, ahora del lugar perfecto para el ritual dentro del obscuro bosque. No le sorprendía que fuese tan lóbrego a pesar de ser de día; tampoco le sorprendía que grandes partes del bosque olieran a agua estancada, parecía que no encontraría el lugar ideal.

De reojo vio un rápido parpadeo, inusual en ese contexto. Snape se tiró al suelo, pensando que una maldición se dirigía a él. Pero nada sucedió. Una vez más vio una luz parpadear. Se preguntó si sería una luciérnaga. El pensamiento de un hada ni siquiera le pasó por la mente. Hacía tanto tiempo que alguien había visto una.

Aunque inseguro en sus pensamientos, pero no en sus pasos, se acercó a donde había vislumbrado el pequeño resplandor. El cual pareció alejarse un poco; Snape se detuvo, y al momento la luz regresó sobre sí misma. Avanzó y regresó.

Snape inhaló. Al parecer la luz quería que lo siguiera. No sin algo más de aprensión, lo hizo. La luz iba lo suficientemente adelante para que él no percibiera que era exactamente. Pero la perdió en un rayo de luz. Una vez que se acostumbró a la luz del sol que penetraban entre los árboles, se dio cuenta de lo que estaba ante él. Un claro en el bosque. Sorprendentemente solo húmedo con la luz del sol haciendo brillar las gotas de agua sobre el pasto.

Era el lugar perfecto.

(*)

A menudo Snape tenía que salir, ya fuese para terminar de arreglar las cosas para el ritual, o para mantener disfraz ante el lord.

Durante esas inciertas salidas, Hermione y Harry leían con aprensión los periódicos que no anunciaban más que a los jinetes del apocalipsis, solo que con frases más construidas, pero bien podía resumirse todo en Muerte, hambre, enfermedades, rebeliones y fenómenos más que extraños, incluso para gente mágica.

Hermione solo tiró el periódico al fuego. Mirando a otro lado. Mientras que Harry contemplaba las llamas como si éstas le fueran a dar una respuesta.

"¿Crees que es mi culpa?" Dijo ella, aún sin mirar a algo en específico.

Harry no entendió. ¿Qué podría ser su culpa? Pero ella no pareció tener que leer los pensamientos para responderle.

"Quizá la guerra, todo esto pudo acabar mucho antes, cien años atrás… si no le hubiéramos dado esos terrones de azúcar al hada… si no hubiera sugerido en quedarnos ahí en el bosque para siempre."

Él inhaló profundamente. Era algo que había pensado antes, pero que no había dicho, y definitivamente no culpaba a su amiga, sino así mismo. La responsabilidad siempre había sido suya, quizá desde antes que naciese, desde que sus padres lo concibieron, desde que enfrentaron al Lord, o incluso desde que se toparon sus miradas. La profecía solo había sido el anuncio de lo inevitable… ¿qué había hecho él? Había escondido la cabeza en la tierra, o algo peor, con cálidas sábanas, peor que avestruz, al menos el animal salía Aveces a comer, él solo había dormido, inerme y salvaguardado.

"Todo, por una tonta hada…" medio lloraba su amiga.

Harry lo meditó por un momento. "No" Inhaló profundamente. "No sabíamos las consecuencias, pero creo que hicimos lo correcto. Hiciste lo correcto Hermione no te arrepientas de tu bondad, nunca lo has hecho y no lo debes hacer ahora. Todo esto... simplemente lo resolveremos." Ter, terminó firme el "Jamás hubiéramos decidido esto, pero ahora… no podemos hacer más."

"...la extinción es el resultado inevitable de una u otra estrategia: el exceso o la falta de cambio." El mundo perdido-Michael Crichton

Notas de Smithbac:

1.- no sé si lo sepan, pero la avestruz no esconde la cabeza en la tierra. Es un mito.. Lo acabo de saber para este fic..

2.-ya sé por qué siempre tengo la sensación de que se me olvida decir algo, es porque me tardo mucho en escribir y entonces pasan muchas cosas en ese tiempo que influyen en el fic... pero siempre como pasa tanto tiempo, se me van olvidando.

3.- ¡¿algún seguidor de 'DB-Z abridged?! ¡no amaron el "My baby boy?!" en el season finale?!

4.-Tengo y no tengo algo para día de muertos. Tengo una idea, pero sé que no la terminaré para esa fecha… entonces o me sale algo corto, ya, o .

5- pueden decirme que les gustó o que no o que faltó en los reviews.

6.- hoy también es solsticio, pero de otoño. ja

Gracias.