¡Hola de nuevo! ¿A poco creían que iba a dejarlo? No, para nada. (Conciencia: No deberías mentirles.) ¡Se supone que debes apoyarme, no reprocharme! (Conciencia: Estoy mostrándole al mundo como eres.) ¡Shhh! Ya. Dejando mis delirios de bipolaridad aun un lado xD, este capítulo está raro ─que sorpresa─ sobre todo por la temática. Espero perdonen mis horrores ortográficos, como siempre disfrutad de la lectura.
Summary: Gray es un pescador que no sabe lo que es el amor, al menos, hasta que conoce a una sirena con cabellera azul. (Ya les dije toda la historia con esto xD).
Aclaración: Por cuestiones del tema, Natsu es inmune a los transportes ¿en qué universo sucede eso? Pues en el mío xD.
Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece, es propiedad de Hiro Mashima.
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2. Océano
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Los primeros rayos de sol se asomaron sobre la bahía, las olas del mar reventaban contra las piedras del malecón, las aves volaban sobre el puerto en busca de alimento. Parecía que esa mañana haría un buen clima, no había ni una nube en el cielo y la marea estaba calmada. En el puerto, un par de pescadores hacía su conteo matutino de implementos para salir a realizar su labor.
─ Oye hielitos. ─ llamó su compañero de ojos jade ─ ¿Seguro que es buena idea separarnos? ─ cuestionó inseguro, usualmente salen a pescar ambos juntos por si sucede algo así que no entendía porque su amigo quería pescar solo.
─ Sí, cabeza de cerillo. ─ respondió ─ Sé que sin mí no eres nada pero deberás aprender a cuidarte solo. ─ bromeó causando el efecto deseado, molestarlo.
─ ¿Así? ¡Ya verás imbécil! ¡Yo pescaré mucho más que tú! ─ encendió el motor de su lancha y se fue a toda velocidad, el azabache sonrió de lado. ─ Estúpido pirómano.
Dejo sus implementos de lado, sacó las redes y sogas de su lancha y las dejó en el puerto, hoy no deseaba pescar, solo quería ir a verla, desde que la conoció aquella mañana no ha podido concentrarse en su trabajo, llegó a pensar que le había echado un tipo de maldición o algo parecido pero luego recuerda su rostro y disuelve esos pensamientos de su mente. Ella era demasiado adorable e inocente como para hacer algo así.
Puso en marcha su lancha, sentir el aire fresco del océano siempre le relajaba aunque la primera vez que estuvo ahí no podría decir lo mismo, incluso su amigo se mareó y al llegar a la costa devolvió todo su almuerzo ─una escena que por más que quiera no puede olvidar─ por suerte ahora es lo contrario, ambos disfrutan mucho su estadía en esa enorme masa de agua salada.
Dirigió su mirada a todos lados asegurándose de encontrarse en el lugar correcto, aunque era un tanto difícil saberlo, después de todo, ¿quién podría dar una ubicación exacta en el mar? Cierto, nadie. Aunque casi podía jurar que el lugar donde estaba era el correcto. Esperó unos minutos bajo el sol, se encontraba aburrido y ansioso. Pasaron unos quince minutos y no sucedía nada, decepcionado encendió el motor dispuesto a marcharse cuando escuchó un chapoteo, sorprendido se asomó al borde y vio que alguien le saludaba desde abajo, una cabellera azulada, unos ojos oceánicos y una preciosa sonrisa fue lo primero que observó de ella. Anonadado y sin saber que más hacer le devolvió el saludo con la mano.
─ Hola. ─ murmuró, la bella criatura ladeó la cabeza confundida ─ Lo siento, olvidé que no puedes entenderme cuando hablo. ─ su mirada seguía siendo de confusión pero aun así le sonrió al muchacho. No sabía porque pero cada vez que ella hacía eso su corazón se aceleraba, empezaba a preocuparse, anotó mentalmente sacar una cita médica para hacerse ver eso y soltó un pequeño bote en el mar, se subió y partió con ella a una isla cercana ahí.
En el recorrido le daba vistazos cada vez que podía, su mirada solía bajar hacia la parte inferior de la semi-chica, una larga cola con escamas que brillaban con la luz del sol, la primera vez que la conoció pensó que era una joven que había caído de algún bote y se estaba ahogando pero se sorprendió al verla tan tranquila, incluso sonriente. Él se había acercado en su bote para socorrerla y gran sorpresa se llevó cuando la vio de cerca, primeramente porque no traía nada de ropa encima, su cabello a la justas y tapaba un poco de su pecho ─y vaya que era grande─ pero lo más impactante fue cuando su mirada descendió por su cuerpo y por sus inexistentes piernas, las cuales fueron reemplazadas por una larga cola, casi se cayó al agua de la impresión. Ella al ver su rostro de sorpresa hizo un sonido parecido a los ruidos que emiten los delfines y con su aleta empezó a chapotear, muy animada ─como si fuera una niña que juega en un charco─. Salió de su estupefacción y miró disimuladamente a la criatura que tenía en frente, su madre le había leído muchos cuentos de pequeño pero esto superaba todo lo que conocía, era una sirena, una real y verdadera sirena, muy diferente a esos vídeos que hay en la web sobre avistamientos de estos seres, él presenciaba en vivo y en directo a una, por alguna razón se sentía más tranquilo y quiso iniciar un diálogo con ella, aunque resultó ser de lo más extraño.
"─ Eh… ─ ¿qué podías decirle a una sirena sin parecer un idiota? ─ ¿Hola? ─ preguntó dudoso, ella le miró confundida y él empezó a reír, ¿qué esperaba? ¿Qué ella le respondiera? ─ Definitivamente, estar mucho tiempo en el mar me afectó el cerebro. ─ siguió riendo solo hasta que se dio cuenta que ella estaba apoyada en el borde del bote y le miraba muy, muy de cerca. Su rostro enrojeció al ver su pecho descubierto ─de nuevo─ y su cuerpo se paralizó con lo que realizó, la ojiazul le dio un beso en la nariz al pescador y se separó de él haciendo nuevamente esos ruidos extraños ─parecía una niña que se ríe de una travesura que hizo─ tardó varios minutos en reaccionar después de eso.
─ ¿Qué has…? ─ la sirena dejó de reír y vio al rojo vivo el rostro de lo que ella consideraba un ser bello, con su mano tocó su frente y la sacó al ver que quemaba, hizo unas señas con la mano y se metió al agua, momentos después volvió. Traía en sus manos un algo de color violeta, bastante rara. Se la ofreció para que la tomará, este se negó y la ojiazul lo intentó de nuevo, el joven resignado tomó la alga, no supo qué hacer con eso sin embargo ella seguía mirándolo, parecía que estaba esperando algo. Segundos después el azabache entendió que quería.
─ ¡No! ¡Me niego a comer esto! ─ ella se asustó con el grito y se alejó unos centímetros del bote, el ojigris, arrepentido de su acción, trató de acercarse a ella ─ Oye, tranquila. Lo siento, realmente no sé cómo debo tratarte. ─ con duda volvió a su sitio y le sonrió al muchacho con serenidad, gesto que él devolvió. Un encuentro con lo desconocido los llevó a la más grandiosa experiencia de sus vidas."
Soltó una risa al recordarlo, lo gracioso de la situación es que ninguno entendió el comportamiento del otro, aunque al menos ahora ella si traía cubierta la parte de arriba. Escuchó un chapoteo y levantó la mirada, habían llegado a su destino. Descendió del bote, amarró una soga a un extremo del transporte, lo jaló y lo ató a una roca firme, se sentó al borde de la playa en la arenada mojada pero no le importó, ya habría tiempo de cambiarse después. A unos metros de distancia se encontraba su peculiar amiga apoyada en una de las tantas piedras que rodean la isla.
─ Y… ─ iniciar una conversación con una sirena no es nada del otro mundo ¿verdad? ─léase el sarcasmo─ ¿Cómo va todo en el… mar? ─ ¿dónde se supone que vive una sirena? Es muy obvio que es en el océano pero indicar un lugar resulta complicado. La semi-chica hizo un movimiento con su aleta, el azabache no sabía cómo interpretarlo. Le gustaba pasar tiempo a su lado pero le dolía no poder hablar directamente con ella.
Días pasaron, semanas, un mes; él no dejaba de visitarla y ella estaba encantada con su presencia. En sus corazones se instaló un sentimiento desconocido, ninguno sabía que sentían pero adoraban esa sensación, Gray fue a su cita médica para descubrir que todo está en orden, su corazón sigue acelerándose cada vez que está cerca de ella y no logra comprender porque.
─ Qué raro, está tardando. ─ la esperaba en el mismo lugar de siempre, ella solía tardar unos minutos pero ya llevaba demasiado tiempo esperándola, sin quererlo su pecho empezó a dolerle y temió lo peor. "¿Y si por acercarse tanto… la han capturado?" pensó pero al instante desecho esos pensamientos. Detrás de él escuchó un chapoteo y dejó salir el aire que estuvo reteniendo, una sonrisa se dibujó en sus labios y volteó a saludarla.
─ Te habías… tardado. ─ su sonrisa desapareció cuando vio una cabellera escarlata en lugar de una azul. Una mujer de ojos cafés le miraba muy seria, supo en ese momento que su querida compañera no llegaría.
─ Tú eres aquel con el que Juvia se ve, ¿no es así? ─ sus ojos se abrieron de par en par al escucharla ¿esta sirena podía hablarle? ─ No te sorprendas y contesta mi pregunta.
─ ¿Juvia? ─ preguntó confundido y extrañado, la pelirroja negó con la cabeza ─ Veo que nunca pudieron comunicarse bien.
─ ¿Quién eres? ─ se atrevió a preguntar, intentando inútilmente de no ponerse nervioso con la mirada de la sirena ─ Soy su hermana mayor.
─ ¿Hermana mayor? ─ eso era una sorpresa, como deseaba en esos momentos haber podido conocer más a su peliazul ─ Sí, tu nombre es Gray ¿verdad? ─ el chico no cabía en su estupefacción.
─ Juvia me lo dijo, tu lancha lleva tu nombre y ella lo memorizó. ─ así que todo este tiempo ella sabía su nombre pero él no, vaya suerte ─ Vine aquí a pedirte que dejes de buscar a mi hermana, ella no volverá. ─ sus palabras le molestaron de sobremanera.
─ ¿Qué estás diciendo? ─ masculló. La pelirroja afiló su mirada.
─ Los humanos ya han lastimado suficiente a nuestra especie, Juvia es una niña, no permitiré que le hagas daño. ─ frunció el entrecejo, lastimarla era lo último que él quería.
─ Yo nunca le haría daño. ─ Es la mentira más común que usan los humanos.
─ ¿Dónde está? ─ ella guardó silencio─ ¡Demonios! ¡Dime dónde está! ─ la pelirroja miró hacia abajo y con voz pausada dijo.
─ Donde nunca podrás encontrarla.
…
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Un mes, había pasado exactamente un mes desde su conversación con aquella pelirroja y no ha vuelto a verla, cada día ha ido al lugar donde siempre se reunían, esperó horas y horas pero obtiene el mismo resultado, Juvia nunca llega. La desesperación se acumuló en su ser, al pensar en ella su pecho le duele, por las mañanas no tiene ánimos ni para ponerse en pie. Incluso su amigo Natsu ha tenido que arrastrarlo ─a golpes─ para que vaya a trabajar. Sin la vista de su hermosa sonrisa se siente perdido, su rostro es como la luz de un farol en medio de una noche de niebla en el océano, solo tiene que seguirla para encontrar su camino.
Un día nuevo llega, sin ganas se levanta de su cama, se alista para ir a trabajar, antes amaba su trabajo, ahora era un recuerdo que solo traía dolor. Al llegar al puerto, dejó sus cosas en su lancha, hoy quería caminar por la playa. Miraba como las olas arrastraban las piedras de la arena, él también las pateaba de vez en cuando. Se dejó caer en la arena, daría lo que fuera por verla una vez más, y con ese pensamiento en mente se quedó dormido.
Sintió algo hacerle cosquillas en la nariz, era suave, abrió los ojos perezosamente y se topó con el rostro de una chica, pero no cualquier chica, él reconocería esos ojos oceánicos, esa cabellera azul acompañada de una tierna sonrisa donde sea.
─ ¿Juvia…? ─ preguntó y la chica se lanzó a sus brazos, se acurrucó en su pecho.
─ ¡Juvia está feliz de verte, Gray~! ─ su rostro se puso pálido ─ T-tú es-estás hablando… ─ la impresión fue procesada de poco a poco hasta que se dio cuenta de su realidad.
─ ¡Estas aquí! ─ y en contra de todos sus principios, hizo algo que ninguno esperaba, la abrazó ─ Creí que nunca volvería a verte… ─ las palabras salieron solas de sus labios, demasiados sentimientos acumulados que necesitaba liberar. La ojiazul lo observó y sonrió sinceramente.
─ Juvia regresó por quería ver a Gray ─ empezó a hablar ─ Erza-nee le permitió a Juvia verlo, ella dijo: "Creo que de verdad le importas, me da lástima ese pobre diablo." Dijo que Gray se veía muy triste cuando iba a pescar y Juvia no quiere verlo así, por eso volvió. ─ la hermana mayor de su chica no le caía nada bien, tenía un complejo de madre. Su mirada descendió hacia abajo esperando ver su preciosa cola. Pero no esperaba encontrase un par de piernas ─y para colmo unas muy bien torneadas piernas─. Pegó un grito de sorpresa al verla.
─ ¿Dónde está tu…? ─ la chica dirigió su mirada hacia donde él veía, se tornó melancólica al ver sus nuevas piernas ─ Juvia quería estar con Gray, así que cambió su cola por estas y aprendió a hablar como usted. ─ explicó y vio el rostro afligido del azabache ─ Juvia no se arrepiente, si así puede estar con Gray ella es feliz.
─ Es cierto que me afecta lo que has hecho, pero me siento peor por pensar que está bien porque quiero que permanezcas a mi lado. ─ admitió sonrojando a la joven.
─ Juvia te ama, Gray. ─ como extrañaba sentir a su corazón acelerarse cuando está con ella, después de tanto tiempo ha comprendido el porqué de esto, se siente muy idiota por no haberlo notado antes.
─ También te amo. ─ las lágrimas se acumularon en los ojos azules de la chica, ambos fueron acercándose hasta que sus labios hicieron contacto, sonrieron entre el beso.
─ Por cierto, ponte esto, no dejaré que vayas al puerto sin nada encima.
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¿Celos? ¿Dónde? Ok no xD. Espero les haya gustado, lamento la tardanza, mi internet ha estado fallando y recién ahora he podido subir el capítulo. Perdonen el Ooc, quiero hacer escenas románticas pero no puedo sin salirme de la personalidad de Gray. Perdonar la ortografía y no se molesten con Erza xD, ella solo cuidaba a Juvia u-u. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
