- Cuando deje de taparle la boca no hable, no grite, no chille y no haga ningún tipo de ruido. ¿entendido? –ella, como pudo, asintió. Por su voz, pudo adivinar que no se había equivocado. Era él, el objeto de sus pensamientos desde aquél fatídico día. Cuando la dejó al suelo y liberó su boca, ella se giró rápidamente, tan solo para comprobar que aquello era cierto, que él era quién creía.
La había llevado aún más lejos, en un rincón mucho más escondido, justo detrás de unos grandes arbustos que impedirían –notó la chica con nerviosismo –que nadie de la fiesta pudiese verles. No habló. Tal y como había prometido, no dijo absolutamente nada. Nada de nada. Él mismo rompió el silencio.
-Van a atacar la Madriguera en pocos minutos. Diez, como mucho. Corra la voz y diga que algunos, los que mejor puedan defenderse, se queden, como si no supiesen nada.
Ella no podía moverse. Quería preguntarle cosas, muchísimas, pero su mirada no admitía preguntas. Y lo que le había dicho, tampoco. ¿Debía creerle? ¿no estaba tratando de engañarla para poder hacer un ataque aún más catastrófico?
- Se lo he dicho a usted porque pensé que era la más sensata. ¿Puede hacer el favor de darse prisa? Si no lo hace, esto, en lugar de una boda, será un funeral. ¡Hágalo ya!
Y ella, sin decir nada, corrió a avisar a los otros. Se dio la vuelta, tan solo un momento, para comprobar que lo que acababa de vivir no era un sueño (o una pesadilla) y le vio allí, observándola desde lejos mientras se ponía su máscara, una máscara blanca con una expresión estremecedora.
- Hermione, ¿qué pasa? –le preguntó Remus, que iba cogido de la mano de Tonks, viéndola correr.
Ella, jadeando, le respondió como pudo.
- Mortífagos... irnos...
- Hermione, descansa un momento y después lo dices.
- Los mortífagos están planeando atacar la madriguera. Tenemos que irnos, pero los que puedan luchar tienen que quedarse aquí, para que parezca que no sabíamos nada.
- ¿Cómo lo...? –empezó Tonks.
- ¡No hay tiempo para eso ahora! Tenemos que irnos o esto podría convertirse en una carnicería.
- Está bien...
Rápidamente avisaron a todos los que había allí. Harry y Ron pronto se reunieron con ella. Los primos de Ron fueron los primeros de irse, junto con Molly. Muerto el guardasecreto, el secreto de Grimmauld Place había muerto con él, pero, afortunadamente, había dejado algunos papeles con la dirección apuntada con un hechizo para que solo pudiesen leerlos quienes de verdad tuviesen buenas intenciones, así que los más débiles (ya fuese por edad o por otras razones) fueron llevados a Grimmauld.
Harry, Ron y Hermione discutieron con dios y su madre para quedarse y, aunque nadie lo veía con buenos ojos, al final no pudieron rebatir el último argumento de Harry: de todas formas iban a irse en cuanto acabase la boda justamente para prepararse para combatir los mortífagos –el pelinegro prefirió guardarse que iban a irse para terminar con la tares que Albus Dumbledore le había dejado.
En cinco minutos ya estaban todos fingiendo que la fiesta no se había visto interrumpida. Ron y Hermione bailaban (con algún que otro pisotón por parte del chico) en medio de la pista de baile junto con otras parejas, la mayoría aurores que habían sido invitados o miembros de la orden del fénix. Harry estaba sentado en una de las mesas que se habían puesto alrededor. La media de dad había subido notoriamente, pero eso no se veía a simple vista.
De repente, se empezaron a oír gritos, parecían de animales salvajes dispuestos a ir a matar. Eran ellos, Snape no la había engañado. Pero eso no le hacía inocente. Sabía que había asesinado al director. ¿Qué pasaba allí?
No tenía tiempo de pensar. No podía, debía ayudar. Sacó la varita mientras ella y Ron se ponían al lado de Harry. Juntos, los 3, como siempre.
Los encapuchados eran muchos, muchísimos, y Hermione no podía dejar de pensar que uno de ellos debía ser Snape, del mismo modo que Harry no dejaba de buscar a Bellatrix Lestrange y al mismo Snape.
Pronto lo que había sido un jardín lleno de alegría y festejos se había convertido en un campo de sangre y cuerpos. Las bajas de un bando y otro caían por igual. La muerte no hace diferencias. Harry gritó cuando vio un rayo verde que se acercaba a Remus como a cámara lenta. Éste, aunque no oyó el grito, se giró de golpe para atacar a un mortífago que había a su derecha y, sin ni siquiera darse cuenta, evitó el rayo.
Pero Harry se había distraído y una distracción puede ser fatal en medio de un campo de batalla. El mortífago con quién había estado luchando le lanzó una maldición. Ron gritó. Hermione chilló. Durante un instante, pareció que el silencio se hacía con el control. Después, el volumen volvió a subir, casi de golpe. Harry había caído al suelo, inconsciente.
Ron y Hermione, conocedores de la profecía, sabían que el chico no podía estar muerto, pues solo Lord Voldemort podía acabar con él, así como él era el único que podía acabar con el Lord Oscuro. Pero eso no significaba que Harry no estuviese muy mal. Ambos se abrieron paso entre la multitud que les había alejado de su amigo.
Ron le cogió en brazos y, ante la insistencia de Hermione, lo llevó a Grimmauld Place. Él quería que fuese ella quien le llevara, pero ella alegó que no era un buen momento para llevar a nadie levitado y ella no tenía fuerza suficiente para llevar al chico en brazos. Además, Ron tenía una fea herida en la cabeza que sería bueno que le curasen.
Así, pues, Hermione se quedó combatiendo contra tres mortífagos a la vez mientras sus amigos iban a un lugar seguro. No fue hasta que hubo aturdido a dos de sus oponentes que se dio cuenta de que el otro, en realidad, no se estaba esforzando en hacerle daño. Más bien parecía como si intentara defenderse o alejarla de los otros. En realidad, eso último lo había conseguido, pues la batalla cada vez les quedaba más lejos.
Entonces se dio cuenta de que al mortífago en cuestión se le había movido un poco la máscara, dejando entrever un cabello negro intenso con aspecto un poco graso. Sus movimientos calculados, precisos y sin ningún titubeos se le hacían conocidos. Lo reconocería en cualquier lugar del mundo, en cualquier situación.
- Pro... profesor Snape –farfulló ella, sorprendida.
- Veo que me reconoce. Realmente es usted inteligente, dadas las circunstancias (la máscara y la túnica con capucha), no muchos habrían sido capaces de adivinarlo. -¿Era aquello un cumplido? ¿O estaba siendo sarástico?
- ¿Por qué...? ¿Por qué me ha hecho alejar de la lucha?
- ¿Yo? –preguntó, esta vez sí, con el sarcasmo saliendo por todas partes.
Seguían apuntándose con las varitas y, de vez en cuando, salía algún que otro hechizo, pero en realidad Hermione no quería tocarle, solo quería respuestas, del mismo modo que él no parecía querer matarla, por lo menos, no en aquél momento.
- Profesor, no puedo seguir andando a tientas. ¿Qué pretende? –preguntó la chica intentando aparentar una seguridad de la que , desde luego, carecía. - ¿Por qué me ha alejado de todos? ¿Por qué me avisó? ¿Por qué... –iba a decirle que por qué los había traicionado a todos, pero se mordió la lengua. Demasiadas preguntas. Y no creía que él se las contestara.
- ¿Realmente cree que voy a contestarle alguna de estas preguntas? No creo que sea usted tan ilusa.
- Pero...
- No tenemos tiempo. Tenía que decirle algo. –Era un tono tan frío...
- ¿Qué...?
- Dígale a Potter que hay otro horcrux fuera: la copa de Hufflepuff. Tenga, désela para que lo compruebe él mismo –añadió lanzándole una copa de plata muy trabajada. La cogió al vuelo. –Por otra parte, dígale que si quiere el horcrux que desconoce tendran que viajar al pasado. Viajen a Hogwarts, allí descubrirán qué es. Cuando lo hayan destruido deberán volver. No se les ocurra acabar con los otros dos en el pasado, deben hacerlo aquí.
- Pero... ¿En qué momento del pasado?
El hombre pareció meditarlo durante un momento. Aprovechó para lanzarle un hechizo que ella esquivó con facilidad.
- Un año después de que yo abandonase el colegio. Vayan a Hogwarts y hablen con Albus –Hermione notó que la voz del hombre cambiaba al decir el nombre del que había sido su mentor. –Díganle solo que tienen que encontrar algún objeto muy preciado por el Lord.
- Pero... –aunque quiso protestar, no había podido evitar que el corazón le diese un vuelco. Quizá... quizá no les había traicionado. Pero así... ¿Por qué había matado a Dumbledore?
- Lo conseguirán. Lo sé.
A Hermione le pareció que el hombre, bajo la máscara, sonreía, aunque solo durante un momento y, de todos modos, no sabía si Snape era capaz de sonreír...
- Tenemos que volver a la batalla –añadió su ex profesor.
- Está bien.
- En cuanto lleguemos, atacamos a otros. No quiero pelear con usted. –y después de meditar un poco lo que acababa de decir, añadió. –No quiero hacerle nada. Debe ir al pasado. Si puede, refúgiese en Grimmauld ya.
- Está... ¿Qué?
- ¿Olvida que también yo sé donde está? De todos modos, tampoco puedo decirlo, así que no se preocupe.
- Pero...
- Vamos.
Y volvieron a la fiesta. Los cuerpos en el suelo habían aumentado. Después de aturdir a cuatro mortífagos, Hermione consiguió, por fin, llegar a la Madriguera, que estaba protegida por una barrera de aurores para que nadie entrase.
- ¡Hermione! Ya era hora... Nos tenías muy preocupados.
- La batalla aún no ha acabado, pero S... alguien me pidió que volviese –dijo Hermione, viendo que había bastante gente allí. –¿podemos hablar? ¿Dónde está Harry?
Cuando estuvieron en la habitación donde Harry había dormido el verano que pasaron allí, se sentaron en la cama, al lado del pelinegro, que estaba tumbado allí. Parecía que ya estaba bien, pero le habían hecho quedarse en cama.
- ¿Qué quieres decirnos? –preguntó Ron.
- Veréis... cuando he avisado de que iban a atacar la Madriguera... es que no es fácil de decir. Harry, por favor, no te alteres, ¿de acuerdo? No sería bueno si aún no estás bien. Y tú, Ron, tampoco, que nos conocemos.
- Hermione, me estás asustando.
- Es que... quienmeavisófueSnape.
- ¿Qué? Perdona, Hermione, pero no he entendido absolutamente nada de lo que has dicho. ¿Podrías repetirlo?
- Dije que quién me avisó de que iban a atacar la Madriguera fue Snape.
- Que fue... ¡¿Que qué!
- Que...
- Ya te he entendido...
- ¿Pero como has podido confiar en este estúpido imbécil traidor asesino? –saltó Harry. Ron parecía demasiado afectada para decir nada.
- Chicos, yo sé que es difícil de entender, pero fue así. Él me avisó. Pero el caso es que lo que yo quería deciros es otra cosa. Durante la batalla, Snape me alejó de los otros y me dijo algo... me dijo que otro horcrux ha sido destruido, y me lo dio para que tú, Harry, vieses que era cierto. –explicó alargándo la copa a su amigo.
- Pero Snape es... Seguro que es falso –dijo Ron, aún sin entender como había podido confraternizar con el enemigo.
- No. Es verdadero –le interrumpió Harry, que, al cogerlo, notó una pequeña punzada en la cicatriz. –Así, Hermione, ¿qué decías?
- Snape me dijo que para descubrir cuál es el horcrux que nos falta tendremos que viajar al pasado, concretamente al año después de que él (y, por lo tanto, tus padres) acabó las clases en Hogwarts. Dice que tenemos que buscar a Dumbledore y contarle que buscamos un objeto preciado por Voldemort. Según él, con eso habrá suficiente.
- Y... ¿cómo sabemos que no es una trampa.
- No podemos saberlo, pero estoy completamente convencida de que es cierto. Algo me hace creer que lo es –"y que no nos traicionó", añadió por si misma.
Después de mucho discutir, acordaron que lo harían. Al fin y al cabo, no podían perder nada por probarlo y era la única pista que tenían sobre como encontrar el horcrux que les faltaba si no contaban con Voldemort y Nagini.
Acordado ya lo que harían, Hermione corrió a la biblioteca para buscar un método para viajar tantos años atrás y que les permitiese, también, volver al presente cuando hubiesen acabado su trabajo.
Mientras tanto, los miembros de la orden empezaron a llegar. La batalla había terminado. Habían muerto algunos mortífagos y habían capturado cuatro más, que serían llevados a Azkaban rápidamente. No obstante, también había muerto un miembro de la orden, Kingsley Shacklebolt, y algunos aurores.
La antigua casa de los Black se había convertido en un hospital de batalla. La madre de Sirius no dejó de gritar en ningún momento.
Harry y Ron estaban hablando con Ginny y los gemelos cuando Hermione se acercó corriendo con una sonrisa pintada en la cara.
- ¡Chicos! ¡Ya está! ¡Ya sé como hacerlo! ¡Cuánto antes mejor! ¿Vamos?
¡Hola!
Aquí os dejo el segundo capítulo. Espero que os haya gustado. Pronto empezará el Severus/Hermione. Pero recordad que también hay que buscar el horcrux que les falta... para eso recibirán una ayudita. ¿Cómo es que Severus conoce la existencia de los horcruxes?
Quiero agradecer los reviews a Sucubos, Karili, §µ£ §NAP£, K-rissLupin, -Enovy- y amsp14. ¡Muchísimas gracias!
¡Reviews, por favor!
Khye
