El cielo pierde significado,

si no estás volando conmigo.

Mirio respiró hondo, inflando sus mejillas como un pez globo se puso a correr por el extenso pasillo de los dormitorios. Esta vez lo lograría ¡tenía confianza! Había calculado bien su trayectoria tomando en cuenta la estatua de pegaso en la esquina, tres saltos largos y.. ¡caer!

Lamentablemente falló por cinco centímetros, no tomó la posibilidad de que Tamaki, al estar aburrido cambiara de lugar los muebles, en especial su objetivo: La cama.

— ¡Ah! –levantó su cara del suelo esparciendo las gotas de sangre que salieron de su nariz.

— ¡Mirio! –el susodicho se hizo presente extendiendo sus alas, las cuales rodearon el cuerpo del rubio en búsqueda de consuelo– N.. No, te he dicho que no hagas eso..

— Perdón, es que es más divertido atravesar el techo que bajar una planta más –se disculpó entre risas mientras le limpiaban la sangre y cubrían su cuerpo con una manta.

Habían pasado dos años desde su ingreso y la estaba pasando muy bien, el entrenamiento era duro pero lo disfrutaba, además tenía la compañía de su familiar. Al principio el grifo quería tomar un aspecto de niño de diez años para que estén igualados pero se negó ¡si había una brecha iba a superarla!

Sus clases prohibían clases junto con familiares hasta la edad de trece, se enfocaban en algo más personal y académico hasta ese momento. Se sentía triste cuando se despedía pero eso no significaba que Tamaki debiera quedarse encerrado ¡era libre de ir a donde sea! Mas su corazón era muy susceptible por lo que se aislaba a sí mismo, fue un descubrimiento sorprendente, esperaba que tuviera una personalidad más.. orgullosa dada su naturaleza pero resultó ser alguien muy.. suave.

Y esa leve dependencia que le tenía.. no podía quejarse de ello, calmaba su pecho y lo mantenía caliente, como a la hora de dormir donde lo rodeaba en una cápsula emplumada y peinaba su cabello hasta dejarlo somnoliento.

— Ellos dijeron que pueden hacerte ropa a base de tu cabello.. así ya no la perderás con tu Ability –susurró despacio pasando por última vez el cepillo en las hebras doradas, cultivando ese río de trigo para la futura utilidad.

— Si.. –su pestañear se hacía pesado, pasaba sus pies por encima de los ajenos notando la diferencia y el suave choque de la piel– No tienes tus garras hace mucho..

— Puedo manifestarlas cuando quiera, al igual que las cosas que ingiera, pero no puedo suprimir mis alas porque ya son parte de mí, lo siento si es incómodo..

— ¿Cuándo me quejé de eso? Es muy cómodo así –volteó su cuerpo para abrazar esa parte súper suave y así dormir.

Ese tipo de intimidad crecía en ellos alimentando sus cuerpos hambrientos de cariño y aceptación. En momentos así Mirio olvidaba todo como si estuviera en una cuna de viento que lo mecía en una noche estrellada, no existía preocupación ni miedo, sólo cariño. Uno bastante acogedor.

Que yo piense en alguien más que yo con tanto anhelo y desesperación.

Mostrar piedad con lágrimas

que no paran de brotar..

Es un sentimiento de gozo dañino.

Se despertó con un terrible golpe en la frente, del cual fue responsable. Es la primera vez que tenía esa incomodidad al dormir, nunca le había pasado.. ni en las camas baratas del tren donde apenas cabía, tenía los ojos cansados y secos, el cuerpo engorroso y lastimado, pero nada tenía más daño que su pecho nublado.

Estaba oscuro, tal vez pasó una hora o dos pero los sueños no escapaban de las añoradas memorias en tiempos de crisis. Se olvidó de su acompañante así que el pequeño susto de ver un cuerpo al otro lado se pasó tan rápido como vino.

— Quizás ambos ya estén muertos.

Abrió sus ojos en sorpresa, respirando un aire denso mientras lo escuchaba.

— Tal vez ya vamos demasiado tarde.. –pausa, golpe– ¡Ese estúpido no sabe cuidarse a sí mismo! ¿¡Qué haré!?

Dejó que hablara, que llorara. Necesitaban descargarse de alguna manera, Katsuki a base de maldiciones y golpes, y él reviviendo recuerdo tras recuerdo.

— Todo estará bien –se animó a contestar sintiendo el silencio aprobatorio para que siga– Verás que los rescataremos, además los de la UA están trabajando en eso también, creo que debimos quedarnos a esperar lo mejor de los profesionales..

— ¡Y una mierda que no me voy a involucrar, es mío, me lo quitaron! ¡Lo quiero de vuelta, no los perdonaré!

Tal vez si Mirio estaba solo hubiera recapacitado sobre ese plan descabellado, se habría vuelto a la escuela viendo los resultados posteriores, pero el chico de primer año despertaba esa emoción flameante de querer actuar, no por capricho sino ¡por ser un asunto que te incumbia más que al resto!

Apretó el puño dejando que esa energía lo llené totalmente y sonrió por primera vez en casi una semana. Estaban rompiendo las reglas pero tenían sus motivos, y poco le importaba ser expulsado por eso.. aunque no sabía muy bien los deseos ajenos.

Katsuki Bakugou era una estrella de primer año, con dieciséis años escalando una montaña con las manos desnudas ¡le gustaba esa energía! Si no fuera porque era conocido o haberlo visto pelear con los guardias del tren tal vez no estarían juntos en un viaje así.

— Oye.. ¿y cómo conociste a tu familiar? ¿cómo es? –preguntó con curiosidad a ver si soltaba algo en esos arranques de sinceridad, no conocía quien lo acompañaba en contrato, quería saber qué amor profundo yacía en esa historia para que estuviera esa noche a su lado en un pequeño cubo del tren, mientras se abrazaba con fuerza pegándose al rincón como si pudiera atravesarlo.

— Es un inútil, ahora duérmete.

Bueno, tal vez la próxima.

¡sorpresa!

Me estoy haciendo la cabeza con esto, no me está gustando. Estoy mezclando recuerdos con cosas presentes.. y también debo hacer cosas pasadas cercanas y.. y..

Uff, bueno, al menos le estoy teniendo cariño a esto, es.. muy lindo, aunque no sea una escritora perfecta hago esto por la emoción de hacerlo.

Gracias por llegar hasta aquí.