+STAGE 02: I MISSED YOU...+
Y esa dichosa vez, terminé por quedarme dormido, simplemente tuve ganas de hacerte compañía.
En lo que me habías quitado todo este tiempo, las ganas de seguir adelante, las intenciones de dejar de pensar en ti.
Te habías robado cada una de mis noches, desvelandome para cuestionarme, por qué las cosas eran así.
Por qué la vida me había jugado una mala pasada, por qué participaste en ella, por qué sentía y aún estaba viviendola.
Por qué esto me sabía a una trampa, por qué no te creía del todo, por qué simplemente desconfiaba.
De tu inesperada recurrencia, de tu posesión sobre mi lugar, de la preocupación que ni se sentía de parte de tu novio.
Era imposible que él supiese de esto, que venías a visitarme, aunque yo no estaba.
No había manera de que lo tolerase, seguramente le mentías, le metías que habías quedado con una amiga.
AUNQUE NO TE QUEDASE NINGUNA EN PIE.
Y fueron vagos minutos, los que esa estupidez llenó mi mente, el asunto dejó de preocuparme enseguida.
Tanto que susurré tu nombre y caí de una, recosté la cabeza en el espacio a tu lado y cerré los ojos, para dormir contigo.
Para olvidarme de muchas cosas, de todo el mal que me habías causado, de lo mucho que me habías hecho sufrir.
Y el tiempo que duré así, fue poco, me desperté apenas el sol dio contra mis diamantes.
Para verte ahí, con mi vista borrosa y casi con impulsos de refregarme los ojos, el encuentro y la casualidad me sabían a mentira.
Mentira que casi ni quise creer por tu sonrisa, mentira que casi ni quise creer por tu amabilidad, mentira que casi ni quise creer por tu cambio.
Y cuando dije casi, fue casi, por poco y no te creí.
Pero me acordé, que así habías sido todo el tiempo, que me decías lo que no querías decirme y yo te creía.
Por eso, bostezé, estiré los brazos para tratar de no darte importancia y fuiste tú la primera.
EN DARLE IMPORTANCIA AL ASUNTO.
-¿Por qué no me despertaste?-rompiste el silencio, cuando viste que yo nada-Podría haberte dado la bienvenida...-y casi, te acercaste a mí
-¿Para qué?-te eché-¿Vas a decirme y me hubieses dado la misma bienvenida que a Gaara?-y seguí, bostezando
-¿Ya vas a empezar con eso?-frunciste, el ceño-¿No hay algo más que quieras decirme luego de todo este tiempo?-y esperaste, casi impaciente
-Fuiste tú la que empezó todo...-te eché, la culpa-No hago nada más que seguirte el juego...-y me levanté, casi pausado
-¿El juego?-ladeaste, la cabeza-¿De qué estás hablando?-y casi, te reíste
-¿Qué pretendes viniendo a mi casa cuando sabes que no estoy?-te descubrí, tomando posesión del muro-¿Qué pretendes durmiendo en mi cama cuando sabes que no estoy?-y eso, no me sonaba nada lindo-¿Qué pretendes involucrandote conmigo así?-y casi, me enfadé
-Pretendo acercarme mucho más a ti...-dijiste, sin dudar-¿No te gusta?-y me pusiste, a prueba
Y supuse que viste el susto en mi cara, empezé a sudar como si estuvieses cerca, ciertamente me habías intimidado.
Y cuando mis manos se pegaron a la pared, casi rasguñandola, ganaste.
Sonreíste victoriosa, casi malvada, ya te habías dado cuenta que esta era tu oportunidad de oro.
Y así, te pusiste de pie lenta, bastante segura y fija en mí.
Y yo tragué saliva, temblé y me sonrojé, mis labios se entumecieron y mi garganta se secó.
Cuando pisaste, cuando caminaste, cuando seguí hipnotizado el vaivén de tus caderas y me fijé en tus piernas.
Que me dejaron quieto y bobo, que se movían con paciencia, que me ponían a prueba disimuladamente.
Y me quedé sin aire, cuando tu cuerpo se pegó al mío, cuando tus senos acosaron mi pecho.
Con una suavidad que me erizó, con un calor que siquiera podía imaginar, con un roce que encendió mis sentidos.
Y miré tus atributos, casi babeandome y bastante nervioso, quise estar en ese pequeño espacio que separaba tus esferas divinas.
Y lo que me sorprendió, fue tu sonrisa, que seguida te llevó a tomar mi mano.
Que guiaste hasta tu pierna, que enterraste en tu piel, que cerraste los ojos y frunciste los labios.
Y me moviste un poquito, de abajo hacia arriba, con deseo y unos cuantos suspiros.
Pero luego fui yo, el que se puso impaciente y quiso tomarte sin escrupulos, cuando la mano comenzé a dirigirla yo.
Fui para arriba, toqué cada rincón tuyo y te saqué hasta lo que no te quedaba de voz, para que tú renunciases de tomar el control.
Pasé por debajo de tu blusa, me entretuve en tu espalda y te acaricié con delicadeza, como te trataba cada vez que te tenía.
Lo que hizo que rindieras los brazos, que echaras la cabeza hacia atrás, que yo me acercase para aspirar tu aroma.
Que tragué casi desesperado, que me hizo manipularte como una muñeca, que te sacó lo que alguna vez tuviste de dama.
Impaciente, tomé rumbo hacia tu vientre, que erizé con la punta de mis dedos y mimé como si se tratase de un bebé.
Por el que suspiraste, por el que arqueaste la espalda, por el que casi perdiste la respiración.
Para darme espacio a mí, para que yo siguiese subiendo, para dónde estaban tus dones divinos.
Que primero rozé, para ponerte a prueba, para que tu voz saliese ronca.
Y así ronca como estabas, seguí dandote el gusto, masajeé y licué tus pechos para provocarte algo.
Para que quisieses tomar lo que no debías, para que quisieses tener lo que no debías, para que quisieses ir en contra de lo establecido.
El momento era glorioso, ciertamente me sentía espléndido, era una sensación increíble tenerte tan entregada y a la espera.
Tanto que alcanzé a ver, cómo una de tus manos accionó movimiento y se fue directa, a meterse bajo tu falda.
No tenía que ser un genio para darme cuenta, de lo que estabas a punto de hacer, de lo que la situación y la desesperación te habían provocado.
Por eso, detuve todo aquello que nos daba placer y te tiré al suelo, para que te quejases y arqueases la espalda por el impacto.
Para que yo siguiese tus pasos, para que yo me quedase sobre ti, para que yo te tomase de las muñecas casi con violencia.
-Sabías que esto pasaría...-te acusé, frunciendo el ceño-Lo tenías planeado, ¿no?-
-¿Tengo que decirte la verdad?-diste vueltas, irónica-¿O prefieres que te mienta?-y hasta, hiciste diversión de mí
-¿Tú que crees?-sonreí, casi nervioso y malvado
-Me lo debes...-respondiste simple, pasandote la lengua por los labios-Te fuiste sin despedirte de mí...-ni que hubiese sido necesario
-¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?-levanté, una ceja-Jamás fuiste nada mío...-y casi, hice un puchero
-Me querías, ¿o no?-tomaste, confianza-Podrías haberme dicho que planeabas irte...-tenías razón, "podría"
-¿Te hubiese gustado saber que me iba por ti?-y eso, fue lo único que dije sin darte pelea
Y tu gesto fue instantaneo, reaccionaste de una y tus ojos se encogieron, me miraron casi con dolor.
Y cuando te vi tan así, te liberé, no tenía más ganas de pelearme contigo por algo que pasó tan así.
Que lo habías elegido a él, no cambiaría, no importaba todo lo que yo te dijese o todas las veces que discutiesemos por ello.
Y aunque me quité de ti, seguí fijo en esos ojos, tan melancolicos y tan tristes como llorosos.
Que me tendían las mismas trampas, que volvían a engañarme, que me miraban pero en realidad no me estaban viendo.
Y yo te creía, porque me había acostumbrado a creerte, porque me había gustado el primer momento en que me reconociste.
Así como yo quise reconocerte a ti, cuando cambiaste de una y pasaste de Sasuke a Gaara, quise creer en ti y en nadie más.
Pero no pude, cerré los ojos y dejé de verte, como la mujer de mis sueños.
Y a esta altura mirando esos ojos tuyos, parecía que hasta te sentías culpable, de todo lo que había pasado y todo lo que me echaste encima. Como si yo fuese el saco de papas que tiraste a la basura, como si yo fuese la comida que se pudrió, como si yo fuese la leche que caducó.
Y como si yo fuese un imán, te pegaste a mí, para envolverme con tus brazos y tomarme casi a punto de llorar.
Me quedé estupefacto, cuando tu cuerpo tiritó y tus dedos tuvieron miedo de tocarme, como si yo estuviese más lastimado que de costumbre.
-No...-susurraste, casi llorando-No me hubiese gustado...-refregaste la cabeza, contra mi pecho-Por eso...-clavaste las uñas, en mi espalda-Quiero que me escuches por última vez...-
-¿Eh?-me tildé
-No me vas a creer...-dijiste, casi con risas-Pero...-dudaste-Te extrañé, Naruto...-y sonreíste
