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La música se podía escuchar en el salón de descanso del templo de Piscis; música clásica y relajante mientras el dueño del templo estaba sobre un diván. Después de horas entrenando a su alumna y tener un desayuno con sus dos compañeros, que ahora parecían un poco más molestos de lo normal pero ya sabía la razón, quería tener tiempo para él mismo. Aunque, al igual que los otros, no tendría tanta suerte.
—¡Maestro! ¡Maestro!
Ya conocía esa irritante voz, así que solo se levantó para mirar a su desalineada alumna.
—¿Qué quieres, Saskia? —preguntó con voz de autoridad. —Ya era mi hora de descanso sin ti. Te dije que fueras a molestar a Ario o a quién sea.
—De hecho…
—¿Señor Piscis, puedo entrar?
El joven alumno del caballero de Cáncer no entraba al salón, esperando si podría o no. Ario, hijo del caballero de Fénix, casi nunca aparecía por ahí, pero por alguna razón Saskia lo había llevado.
—¿Qué haces aquí?
—Saskia me dijo que había algo en su casa y que tenía miedo así que pensé en venir y ayudar.
—¿Saskia con miedo? —Afrodita volteó a ver a su alumna que, aunque tenía la máscara puesta, sabía muy bien que sonreía por esa pequeña trampa que le había puesta a Ario. —Como sea… ¿por qué vienen?
—Todas las rosas de su librería están afuera de la librería. —Saskia dijo. —¡Su templo debe de tener fantasmas o algo así! ¡Está maldito!
—¡Ni te atrevas a escupir al suelo!
—¡Tengo la máscara puesta!
—¿Señor Piscis?
—No, no puedes entrar. —Afrodita rápidamente se movió junto con su alumna hacia donde estaba Ario para seguir su camino. —De todos modos, sé qué pasa.
Ambos alumnos le siguieron sin preguntar nada más. Afrodita estaba más que molesto cuando casi cae al suelo ya que uno de los jarrones con flores estaba en medio del camino hacia las puertas de la librería, aun así, continuó por ese pequeño pasillo para abrirlas.
—¡Shiva! —gritó con fuerza.
Saskia y Ario se colocaron detrás de Afrodita para encontrar que toda la librería se había quedado sin flores, algunos libros estaban en el suelo, los sofás se habían movido de lugar y además veían una terrible escena.
—¡¿Qué demonios haces?! —Afrodita rápidamente se movió hacia donde Shiva estaba.
Ahí estaba el caballero de Pavorreal, metiendo la mano en una gran pecera llena de peces dorados para tomar uno y querer tirarlo donde estaba otra pecera, pero con pirañas. Para la suerte del pequeño pez, Afrodita pudo detenerla con tiempo.
—Vamos, tengo que alimentar a las pirañas. —Shiva dijo con una voz demasiada enojada.
—Pon tu maldita mano… ¡¿Cuántos peces mataste, Shiva?! —Afrodita miraba aterrorizado su pecera. Aunque ni Saskia ni Ario podrían saber la diferencia, el dueño sabía que faltaban al menos diez de ellos. —¡Me vas a pagar esos peces!
—Maestro Shaka tiene bastante dinero. —Shiva se movió de ahí para estar frente a las pirañas. —Saskia, ven, necesito tu mano.
—¡Saskia, Ario! ¡salgan de aquí inmediatamente!
Los dos alumnos no pensaron dos veces en salir de ahí. Saskia decía que temía a su maestro mientras que Ario ya había convivido demasiado con Shiva para saber que lo de la mano no era ninguna broma.
El caballero de Piscis tomó a Shiva de la mano para jalarlo a uno de los sofás y tirarlo ahí. Se colocó enfrente con los brazos cruzados y miró a Shiva de tal manera que podría emitir miedo a cualquiera, pero Shiva parecía más tranquila de lo normal.
—¿Por qué sigues aquí? —preguntó molesto. —Te dije que te podías quedar un rato después de que tus novios se fueran, pero no todo este tiempo. Además, ¡mira todo lo que hiciste! ¡¿Qué culpa tenían esos pequeños peces?!
—Son feos…
—¡Son hermosos! ¡Debes de dejar de matar cosas que según tú son feas!
—¡Tú haces lo mismo!
—¡No es cierto! Saskia sigue viva… como sea, ¿por qué sigues aquí? Tu 'papi' va estar bastante enojado si no te vas ahora. —Shiva solamente cruzó los brazos sin moverse. —Tus novios estaban preocupados por ti. —nuevamente Shiva no hizo más que cruzar una de sus piernas. —¡¿Por qué demonios sigues aquí?!
—Es el único lugar donde puedo estar tranquila ahora… Saori no está y no quiero ver a Deathmask o Shura. Son unos exagerados. Además, Ágora y Shaka me van a preguntar demasiadas cosas. Por eso… —rápidamente dio una de esas sonrisas inocentes que sabía actuar tan bien. —¿me puedo quedar contigo?
Afrodita dio un paso atrás por el miedo que ese rostro podía dar en alguien como Shiva.
—No… no soy nada tuyo como para tener que cuidarte.
—Eres como parte de Deathmask, ¿no nos hace eso novios?
—¡Qué no! —Afrodita no pudo moverse antes de que Shiva lo abrazara. —Ya te dije que no me gustan los hombres, mucho menos tú. ¡Quítate o te lanzo una rosa!
Antes de que pudiera decir más, Shiva empezó a rascarse la punta de la nariz y luego estornudo. Afrodita sonrió y movió un poco su cabello. Siempre olía a polen por una razón, tenía verdadero polen en su cabello por estar tanto tiempo en las flores.
—¡Ya! —Shiva se movió cubriéndose la nariz. —Sabes que bromeó, eres demasiado bonita para que me gustes.
Ante su victoria, Afrodita rió un poco y acomodó su cabello.
—Como sea, 'papi' Shaka está buscándote ahora mismo. No quiero explicar que estás aquí porque te acuestas con dos caballeros Dorados. Así que mueve tu cola de pavorreal y vete.
—Bueno… —Shiva estornudo una vez más.
—¿Quieres un té para eso? —Shiva asintió con la cabeza. Aunque Afrodita era duro, no le importaba ser amable con aquél caballero, más que nada por la relación que tenía con sus amigos. —Bien, espera en la entrada. Y por cierto ¿por qué no mejor vas a molestar a Shaina? Ustedes dos son amigas, ¿no?
En ese momento Shiva cambió su rostro nuevamente y empujó a Afrodita.
—No me des nada, estoy bien.
Aunque era mentira ya que seguía estornudando, pero ahora el caballero de Piscis podía entender un poco de lo que pasaba en esa cabeza de Pavorreal de Shiva.
Los alumnos corrieron hasta estar fuera de los templos Zodiacales. Aunque parecía mucho, para ellos fue un poco más tranquilo gracias a su entrenamiento, aunque Ario no pudo seguirle el paso a Saskia y tuvo que detenerse a tomar aire. Saskia se detuvo igualmente solo para esperarlo.
—Espera… yo…
Ario estaba cansado, desde la mañana había entrenado, pero entonces…
—¡Hey!
El caballero de Cáncer pareció detrás de él para asustarlo, aunque no fue buena idea.
—¡Ah! —Ario se dio la vuelta y no espero ni un segundo. —¡Seki shiki…!
—¡No, no! —El caballero de Capricornio se movió rápidamente para sostenerlo y bajar la mano que tenía a en el aire. Gracias a esto cayó al suelo y empujó a Saskia.
—¡¿Por qué atacan a Ario?!
—Ya se va a poner a gritar está loca… —Deathmask suspiró para tomar a Ario del brazo y ayudarle a levantar. —Ya, ya, ya pasó.
—Su papá va a venir y sabes que problemático es. —Shura se levantó como pudo y vio a Ario un poco asustado. —¿Estás bien? —el niño asintió. —Bien, no habrá problemas con el Fénix.
—¿Y qué hacen por aquí? —el italiano preguntó. —¿No es hora de que se vayan a descansar? En unas cuantas horas seguimos nuestro entrenamiento, Ario.
—Fuimos al templo de Piscis. —explicó el niño seriamente. —Pero ahí estaba Shiva y el señor Piscis nos pidió irnos.
—¿Shiva? —Shura sonrió y luego sonrió a Deathmask. —Quizás deberíamos ir.
—No creo. Por algo se está escondiendo de nosotros.
—¿Qué no te preocupa?
—Sí, pero… —Deathmask entonces miró a los dos niños.
Pero ellos ya lo habían escuchado. Aunque podrían tener este momento para molestarle de estar preocupado por alguien, Saskia ni siquiera lo pensó.
—¡Está loco! —Saskia rápidamente dijo. —Estaba alimentando las pirañas con los peces dorados. Además, sacó todas las plantas de la librería, movió los muebles y no sé por qué todos los libros estaban en el suelo.
—¿Alimentó las pirañas con los peces favoritos de Afrodita? —Ario asintió a su maestro y él solo sonrió y suspiró. —Que hermosura…
Los dos alumnos no entendían el porqué de eso, aunque algo les decía que no debían de preguntar. Solamente esperaron a que Shura les dijera que se fueran, y es que no era necesario porque al escuchar una tercera voz prefirieron correr lo más rápido posible. Eso daba más miedo que Afrodita y Shiva juntos.
Shura y Deathmask siguieron su camino para ver que la amazona de Ofiuco golpeaba un árbol que cayó al suelo sin más. Sonrieron creyendo que sería buena ideas acercarse a ella.
—Hey, Shaina. —Deathmask empezó a hablar en italiano. —¿Como stai, ragazza?
—¡¿Qué quieren?!
Ambos caballeros se quedaron callados y detuvieron su caminar. Shaina les vio el miedo y suspiró para poder tranquilizarse un poco y preguntó nuevamente ahora con una voz más tranquila. Aunque ahora Shura y Deathmask no sabían si continuar.
—Queríamos ver si nos podías ayudar en algo. —Shura se acercó primero. —Pasó algo y quizás tú puedes arreglarlo.
—No me pidan mucho, hoy no estoy de humor. —Shaina dijo bastante enojada, un tono de voz que los otros dos ya había escuchado.
—Lo que pasa es que tenemos un problema desde la mañana. —Deathmask sonrió. —Y tú eres de las pocas personas que saben lo nuestro con Shiva así que…
—¡¿Shiva?!
Los dos apenas pudieron esquivar el golpe que Shaina lanzaba. No a ellos, pero a una roca que estaba cerca de ahí.
—Shaina, es que… tú eres su amiga y… —pero Shura no continuó.
—¡No soy amiga de esa maldita asesina!
Los Dorados decidieron moverse de ahí para no recibir ninguno de sus golpes. Y es que al verla levantar un árbol solo para destrozarlo contra el suelo, pensaban que no era buena idea ahora usar el nombre de su novia. Los dos prefirieron huir de ahí, encontrándose a Marín que iba a la dirección contraria. Hacia la amazona de Ofiuco.
—¿Cómo puede Seiya con ella? —Shura preguntó finalmente mientras seguía corriendo.
—No digas nada, nosotros seguimos con Shiva… mejor vámonos de aquí.
Shaina pateó algunas ramas del suelo, Marín las tuvo que esquivar para poder acercarse.
—Ah… lo siento.
—Bueno, ya entiendo porque todos están preocupados. ¿No te dije que te quería ver en el templo de Aries?
—Nadie me dijo nada.
—Seguramente tienen miedo. —Marín sonrió bajo la máscara. —Vamos, Shaka está libre y no podemos perder tiempo.
—¿Shaka? Pero dijiste casa de Aries…
—Ya es hora de que arreglemos esto antes de que mates a alguien. —Marín volteó para esperar que Shaina se moviera con ella. —Ni siquiera Seiya podrá contigo si sigues así.
La amazona de Ofiuco suspiró sabiendo que eso era verdad. No tenía otra opción que seguir a su amiga, aunque no sabía bien para qué.
