SUMIDERO DE VIDA

Hermione temblaba de frío mientras avanzaba por el penumbroso pasillo de la mansión Malfoy. Sabía que tenía poco tiempo, pero no podía forzarse a andar más rápido, las rodillas apenas le sostenían y su mente estaba al borde del colapso.

Como un disco rayado, su cabeza repetía una y otra vez el desagradable sonido que había hecho su varita cuando se la había clavado en el ojo, y todavía resbalaban por su cara las gotas de sangre y los trozos de materia gris que le habían salpicado cuando la había sacado.

La verdadera realización de lo que había hecho no le cayó encima hasta ese momento, hasta que no dibujó las palabras en su mente con claridad cristalina: había matado a una persona.

Era una asesina.

Sin quererlo empezó a llorar; sus lágrimas abriéndose paso entre los restos humanos que le cubrían las mejillas.

No le había dejado otra opción, ¿verdad? Todavía podía sentir el olor en su piel, la saliva en los pechos y su cuerpo entre sus piernas desnudas.

Los temblores aumentaron hasta tal punto que le impidieron andar. Avanzó a tientas como pudo hasta la pared más cercana y se deslizó por ella hasta quedar hecha un ovillo contra el frío suelo.

Tenía que hacer algo y no recordaba qué. Necesitaba centrarse, pero llevaba ya un rato hiperventilando y su cabeza no funcionaba todo lo bien que le gustaría; ¿qué le habían hecho? ¿qué era lo que ella había hecho?

¿Qué pensaría Harry de ella ahora, qué…?

¡Harry!

Sacando fuerzas de dónde no las tenía consiguió volver a ponerse en pie. No sabía cuánto llevaba en la mansión, ni dónde estaba.

Había escapado corriendo de… no lo recordaba. Los últimos minutos parecían disolverse en una bruma de corredores y habitaciones apenas iluminados. No debía de haber nadie más en la casa porque si no seguro que ya la habrían encontrado.

Bajó la mirada y se dio cuenta de que estaba descalza y vestida solo con los jirones de lo que quedaba de su blusa. Sus pies estaban sangrando y girándose vio que había ido dejando huellas rojas por donde pasaba.

Pensó en volver tras sus pasos y recuperar su ropa pero enseguida desechó la idea, no volvería allí por nada del mundo, no después de lo que había pasado. Miró su mano derecha y comprobó con alivio que todavía agarraba fuertemente su varita, sujetándola como si fuera un punzón.

Intentó conjurarse algo de ropa pero le temblaban tanto las manos que le fue imposible, así que se concentró en buscar a Harry pero, ¿dónde estaría?

Recordó algo que le había dicho alguien... ¿quién había sido? Malfoy, Draco Malfoy, ¿había sido él? Sí, ayer, aunque sentía que en vez de un día había pasado toda una vida..

"Los prisioneros están en el sótano".

Creía todavía estar en la planta baja, así que empezó a andar buscando alguna escalera que bajase hacia abajo. No sabía cuánto tiempo había perdido ya, ni cuánto le quedaba; no creía que fuese mucho más.

Al final le costó menos de lo que pensaba encontrar la bajada al sótano, pero los escalones eran irregulares y hacían casi insoportable el dolor en las plantas de sus pies. Cuando ya creía que no podía aguantarlo más, llegó abajo.

Parecía que el sótano de la mansión alguna vez había sido diáfano, pero ahora habían construido unos muros toscos que separaban la estancia en celdas. Se dirigió por instinto a la única que estaba cerrada.

Nada la hubiese preparado para lo que pasó cuando quitó el seguro y abrió la puerta.