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LA SUPERFICIE DE ESTENO
- ¡Chicos, es la hora del baile! Agarraos bien ahí atrás – advirtió la voz de Smith.
Laura Smith era la piloto del escuadrón de Jacobson, una mujer menuda pero de fuerte carácter. Frank McMillan era su inseparable copiloto, quien la daba todo el apoyo necesario en todas las misiones.
El resto del escuadrón, junto con el doctor Jones, permanecían sentados en la bodega con sus cinturones abrochados.
La nave marine de reconocimiento estaba entrando en la atmósfera de Esteno y ya estaban sufriendo las típicas turbulencias. Estaban acostumbrados pero aun así siempre había alguien que intentaba reprimir las náuseas cuando la cosa se ponía complicada. En este caso fue Taylor quien se apresuró a quitarse su casco y ponérselo sobre las rodillas a modo de palangana. Pronto comenzó a tener arcadas. Era el más novato del escuadrón Águila y aún no estaba tan curtido como sus compañeros.
- ¡Eh, eh, Taylor! ¡No me jodas! Apunta bien tío, no quiero que me pongas los pantalones perdidos – gritó Gibson, agitándose a su lado y aguantándose la risa.
- Vamos, muchacho, ya pasará – intentó tranquilizarle Dickinson desde su otro lado dándole unas palmadas en la espalda.
- Mierda, joder – murmuraba Taylor, entre arcada y arcada.
- Si sigues así muchacho, te voy a tener bajando y subiendo todo el santo día para que te acostumbres de una vez – amenazó Weiss con una sonrisa y el resto le rio la gracia. Incluso Jones se permitió una leve sonrisa. Normalmente el androide, como todos los de su condición, era muy moderado mostrando emociones.
Erika Chambers no se rio ante el comentario pero si esbozó una sonrisa pues eso mismo le dijo el sargento Weiss un par de años atrás durante su primera misión con el Escuadrón Águila en similares circunstancias, si bien en su defensa decir que la bajada fue más movidita por una tormenta. Miró a Taylor con cierta camaradería y luego, como solía hacer, miró a Scott que estaba justo enfrente de ella. No le sorprendió comprobar que él ya la estaba mirando. Chambers elevó una ceja a modo y desvió la vista, suspirando mentalmente.
¿Por qué tenía que ser todo tan complicado? Hacía unos meses, justo después de una larga misión, todos se fueron a un bar para celebrar el comienzo de unas merecidas vacaciones. Bebieron y jugaron hasta bien entrada la madrugada, quedando sólo Scott y ella empeñados en terminar una partida reñida de póker. Una cosa llevó a la otra y al día siguiente Chambers despertó en la cama de Scott. Ninguno de los dos habló del tema, parecían igualmente incómodos por algún motivo, así que ese mismo día acordaron que sólo serían amigos. Sin embargo Chambers sospechaba que Scott nunca había estado muy de acuerdo en ese punto.
Él era guapo, desde luego, con su metro ochenta y cinco de estatura y complexión fuerte, de cabello rubio y ojos azules pero ella no estaba muy segura de querer una relación seria, por un lado porque aún era joven y estaba más interesada en su labor como marine y por otro porque una relación de ese tipo podría estropear el genial ambiente que había entre los miembros del Escuadrón Águila.
Como marine Chambers era una mujer de aspecto imponente; llegaba al metro setenta y cinco de estatura y su constitución era atlética, con marcados músculos conseguidos durante años de duro entrenamiento. Su oscura caballera, que le llegaba a los hombros, siempre iba recogida en una prieta coleta trenzada lateral cuando estaba de misión. Era muy observadora y casi nada escapaba a sus ojos grises, siendo una de las mejores en la categoría de tiro de su escuadrón. Aun así no dejaba de ser femenina pero este no era motivo para que sus compañeros la trataran con preferencia o de manera despectiva. Aquí todos eran iguales, casi hermanos, y por eso todos llevaban tatuado en el hombro el logo del escuadrón, un águila volando con un círculo de estrellas alrededor y sus siglas justo debajo.
- ¡Eh, Scott! – dijo entonces Gibson - ¿Sabes en qué se diferencia mi madre de un botijo?
- Que a tu madre me la puedo follar y al botijo no – contestó Scott soltando una carcajada. Dickinson también se rio y chocaron los puños. Chambers no pudo evitar soltar una risita.
- Yo sí que me follaría a tu madre, pues no te digo – protestó Gibson sacudiendo la cabeza pero su sonrisa se borró cuando Taylor sufrió otra arcada. Le dio otra palmada en la espalda – Di que sí, Taylor. Mejor fuera que dentro, chico.
- Estaros quietecitos de una vez o la profe os tendrá que dar unos azotes, niños – les riñó el teniente Jacobson.
- Acercándonos a las coordenadas objetivo. Salimos de la zona de turbulencias – informó de nuevo Smith y Taylor soltó un suspiro de alivio.
Efectivamente las sacudidas fueron disminuyendo una vez pasaron la parte más crítica.
- Miller ¡eh, Miller! – gritó Gibson, haciendo gestos con la mano al susodicho que tuvo que quitarse unos auriculares – No se me ha olvidado que te escaqueaste en Horizon con la excusa de la hibernación. ¿Quién es la pivita de la fotografía que tenías en la taquilla? – preguntó con picardía y guiñando un ojo.
- Es mi novia, tonto del culo – contestó Miller con una sonrisa bajando el cómic que se estaba leyendo a pesar de las sacudidas.
- ¡Joder! ¿Quién iba a decir que un tipo tan feo cómo tú tendría semejante pivón? Tienes suerte. ¿Cómo se llama?
- Linda.
- Muy guapa, joder. Eres el puto amo Miller – agregó soltando un silbido.
Chambers puso los ojos en blanco.
- Estás más salido que el pico de una mesa Gibs – le dijo - ¿Qué te tenemos dicho que hagas antes de venir a la misión?
- Eh, eh, Chambers, yo he cumplido– dijo levantando las manos y sonriéndose – Pero si no estoy hablando de sexo las veinticuatro horas del día no sería un hombre. ¿No cree Jones?
- Me temo que siendo un sintético no puedo apoyarle en esa afirmación pues carezco de experiencia, señor Gibson. Quizá debiera consultarlo con otro de sus camaradas humanos – contestó con una leve sonrisa el doctor.
- Joder ¿y qué hacéis vosotros cuando estáis aburridos?
- Buscar la manera de ampliar conocimientos – respondió él con humildad encogiéndose de hombros.
Chambers se rio junto con algunos más. En esta época los humanos están acostumbrados a tratar con los androides y no se sienten incómodos con su presencia y casi nada por sus comentarios.
- Vaya coñazo. ¿Y tú qué dices Dickinson? – insistió Gibson sin estar dispuesto a dar su brazo a torcer como buen payaso que era - ¿Tengo razón o no?
- A mí que me registren tío – contestó echándose mano a la entrepierna.
Todos se echaron a reír porque sabían que eso sería exactamente lo que iba a responder, siempre estaba con la misma cantinela a la mínima de cambio.
- ¡Se acabó la fiesta muchachos! – dijo Smith – Estamos sombre las coordenadas. Descendiendo.
- ¡Muy bien, ya habéis oído, señoritas! – exclamó Jacobson – Se acabó la diversión porque a partir de ahora empezamos a ganarnos la nómina.
La nave aterrizó con gran suavidad sobre la superficie sin ningún tipo de incidencia. Los marines dejaron la charla, desabrocharon los cinturones y se prepararon para salir.
Esteno era la primera luna del sistema de Forcis y la que poseía el clima más benévolo de todo el sistema. Su planeta principal tenía un tamaño similar al de Urano pero era prácticamente árido en su totalidad y poseía una densa atmósfera muy similar a la de Venus, lo que provocaba un efecto invernadero que acrecentaba las temperaturas en superficie, estando la media en torno a los doscientos grados centígrados. Pasaba algo muy similar con Medusa, la tercera y última luna mientras que Euríale, la segunda, apenas tenía atmósfera por lo que era totalmente inerte.
A pesar de esto Esteno tenía temperaturas medias más altas que la Tierra, siendo más elevadas en el hemisferio norte y también dependiendo de la estación en la que se encontraran, que podía ser verano o primavera. La mayor parte de la luna tenía terrenos desérticos pero también poseía zonas con densa vegetación, sobre todo en el hemisferio sur, muy similares a las selvas y bosques terrestres, por no hablar de los numerosos sistemas montañosos. El agua en superficie era más escasa que en la Tierra pero suficientemente presente.
Edén se había edificado en un lugar privilegiado; al norte se extendía una cadena de montañas y desfiladeros donde existía una gran mina de tungsteno, motivo principal de la presencia humana. Al oeste, llegando hasta las montañas, se extendía un bosque cercano, si bien tenía el inconveniente que a veces los colonos eran atacados por una especie autóctona de gran tamaño a los que llamaban Panteras por una lejana similitud con las terrestres, lo que obligaba a la presencia de los marines. También desempeñaban otras labores de apoyo pero ese era el principal motivo de su presencia.
Cuando los marines salieron de la nave y pisaron el suelo terroso hacía una temperatura de treinta y cinco grados y Gliese 436, el sol rojizo que iluminaba este mundo, estaba casi en su punto más alto. El cielo estaba prácticamente limpio a excepción de unas nubes anaranjadas que se arremolinaban en el norte, en las montañas. En medio estaba Edén; habían aterrizado a un par de kilómetros del extrarradio.
Jacobson esperó que todo su grupo estuviera en tierra, exceptuando a Smith y McMillan que quedarían a cargo de los suministros y la nave hasta que todo se aclarase, por lo que permanecerían esperando instrucciones. Edén se veía muy cerca en el horizonte; habían aterrizado a un par de kilómetros del extrarradio.
- Según mis cálculos tenemos unas doce horas de luz – informó el doctor Jones al teniente y al sargento – Los días en esta luna son muy diferentes a los terrestres. Por ciertos factores que no vienen al caso detallar, los días y las noches duran unos cuatro días cada uno, hora arriba hora abajo.
- Joder, pues espero que sea de noche pronto para que haga algo más de fresco – comentó Gibson quien sudaba profusamente, como el resto. Guardó silencio ante una mirada de advertencia del teniente Jacobson.
- Me temo que no notaremos mucho alivio, señor Gibson – adujo Jones mirando alrededor – Y de gracias que nos encontramos en invierno. La atmósfera de Esteno es muy densa y no deja escapar mucho calor. Las temperaturas nocturnas es raro que desciendan de los veinticinco grados en este hemisferio mientras que las diurnas en verano pueden superar los cincuenta grados. Por suerte para nosotros Esteno está inclinada con respecto al eje, lo que hace que en el hemisferio norte lo tengan peor.
- Bueno, mejor eso que…
- ¿Te quieres callar de una maldita vez Gibson? – protestó el teniente de nuevo.
- Sí, señor.
Scott intentó comunicación con la colonia por radio una vez más pero sin éxito así que comunicó con el Arcturus para informar que todo estaba bien y que se disponían a ir a pie hasta Edén. Chang les contestó que él ya había mandado comunicado a la estación Horizon en la órbita terrestre con la noticia del aparente abandono de Edén. Una vez terminada la comunicación se pusieron en marcha hacia la colonia dispuestos a esclarecer lo que había sucedido.
