¡Hola de nuevo! Esta vez les traigo un capítulo de la pareja yaoi más recurrente de YGO, espero y les guste n.n

¡Advierto que contiene lemon!

Sin más, ¡al fic!

Disclaimer: YGO no me pertenece, ese es de Kazuki Takahashi.

O&o&o&o&

Resumen: Ambos conocían lo que ganarían y perderían con aquel duelo. Yami deseba quedarse, pero todo héroe merece un descanso. Yugi deseaba que se quedara a su lado, pero todo buen amante antepone el bienestar del otro a su felicidad. "Déjame que te toque la piel, déjame que yo te toque otra vez". Yami y Yugi se despiden después de la batalla ceremonial.

Tocarte otra vez.

Los ojos rojizos del Faraón se cerraron al momento en que Yugi puso en acción su última carta. El contendido de esa caja mítica y dorada había cancelado la resurrección de Slifer.

En tanto, el corazón del más pequeño pareció punzar al ver la reacción de su otro yo. Pero él tenía que entender que todo era para su bien. ¿No se supone que cuando amas a alguien siempre buscas su felicidad? Entonces, ¿por qué Yugi se encontraba llorando, como en una clara muestra de egoísmo?

-Perdóname- murmuró el chico. Yami le negó con un movimiento de su rostro.

-Has hecho lo correcto- respondió.

-Pero yo… te he hecho daño.- Yugi se derrumbó, espiritual y físicamente, sus lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas. ¡Y él que se había jurado que no lloraría! Que lo despediría con una gran sonrisa.

El Faraón caminó hasta él, arrodillándose frente suyo y tomándolo con amor entre sus brazos. Recargó su barbilla sobre el cabello tricolor y cerró los ojos, sintiendo el suave y dulce aroma de su Hikari y, así mismo, los brazos de éste agarrándolo con fuerza.

-Faraón…- murmuró Ishizu, dubitativa en cuanto a interrumpir el momento o dejarle seguir.

Los ojos del rey se fijaron brevemente en los azules de la chica, quien pareció entender un mudo: 'Sólo un momento más, por favor'.

-Chicos- anunció la sacerdotisa. –Dejémosles solos. Ellos necesitan este tiempo- Tea se le quedó mirando, sin comprender.

Ellos también eran sus amigos, tenían el derecho de estar presentes, se lo habían ganado a pulso por todo el apoyo dado.

-Vamos, Tea. Yugi lo merece más que todos nosotros- Tristan le pasó una mano por la espalda, empujándola gentilmente.

La castaña se volvió por encima de su hombro.

-Faraón, adiós. Te extrañaremos- dijo, pero él ni siquiera prestó atención a sus palabras, lo único que quería era permanecer aferrado a ese pequeño cuerpo que no dejaba de temblar.

-A-Atem- escuchó que le llamaba. ¡Qué bien se oía su nombre pronunciado por esos labios que tanto deseaba! Pero ya no quedaba tiempo…

Se separó, a pesar de no querer hacerlo, tomando al oji púrpura por los hombros.

Por un instante, que pareció una eternidad, se miraron a los ojos. Y, para su sorpresa, su luz le besó en los labios, un roce fugaz, pero que encendió su corazón, su piel.

-Siempre había querido hacer eso ¿lo recuerdas?- dijo Yugi, sonrojándose por ello y evadiendo la mirada del mayor.

Por otro par de segundos, Yami pareció perplejo sin saber qué decir o hacer, pero después se sonrió.

Claro. Lo recordaba. Había sido una noche extraña, tras haber terminado con Orichalcos y todo lo relacionado, y más concretamente, tras recuperar el alma de Yugi.

Aquella vez Yami vivió los momentos más angustiosos de su vida. Haberle perdido fue el detonante para confesarle sus sentimientos. En cuanto pudo, sus almas se abrazaron con delirio, con ansias.

-Yo… también te amo- había confesado tímido Yugi. –Y alguna vez me gustaría poder besarte, pero en el mundo real.

-Sí, algún día- prometió el mayor.

En aquel momento, ninguno de los dos sabía que cumplir con ese juramento significaría también tener que separarse.

Y ahora, el momento estaba ahí y la despedida también.

Atem tomó entre sus dedos la barbilla del pequeño.

-Te amo- dijo, dulcificando su mirada.

Los ojos de Yugi volvieron a escocer, y Yami besó sus mejillas, tratando de enjugar las lágrimas con sus besos, subiendo cada vez más a través de esa suave piel, hasta llegar a la fuente de esa agua salada. Entonces, una vez que besó ambos ojos, sus frentes se quedaron unidas.

Los labios entre abiertos de Yugi y sus mejillas calientes por el contacto. Sentir en la vida real las caricias de su oscuridad habían resultado ser mejor de lo que él mismo imaginó en sus sueños húmedos. Cerró los ojos ligeramente, como para darse valor.

-Yami yo…

-No, llámame por mi verdadero nombre, por favor. Deseo escucharlo de ti- murmuró ronco, su voz reflejando el deseo que sentía.

-Atem…- se mojó los labios con la punta de la lengua. –Yo… quiero pertenecerte- se acercó más. Juntando sus cuerpos. Sus corazones latiendo tan cerca por un sólo y único deseo.

El Faraón cerró los ojos, él también lo deseaba.

Pero ya era muy tarde…

Negó despacio y en silencio.

-¿Por qué no?- preguntó dolido, herido, pero sin separarse; al contrario, se aferró con mayor fuerza.

-Porque… quizá después te arrepientas… de entregarme… tu primera vez.

-¡No! ¡No!- apretó los ojos, dejando escapar un leve gemido de dolor. -¡Sé perfectamente lo que quiero! Y yo te amo.

Escuchar esas palabras provocó un escalofrío en el rey, sintiéndose tan emocionado que sus ojos se humedecieron ligeramente.

-Yugi- dijo, tratando de ahogar su llanto.

-Sólo quiero darte lo mejor de mí antes de…

Yami se separó con prontitud, besándolo, evitando que pronunciara tan trágicas palabras… su destino ineludible. Por un instante más se quedaron en silencio. ¿Cómo comenzar a amar a alguien cuando eso también significa el principio del adiós? Yami no podía evitar sentir un extraño sentimiento de soledad.

-No pienses en eso… sólo… sólo ámame- dijo el menor, apretándose más contra el cuerpo de su oscuridad.

Atem regaló un beso sobre los cabellos tricolor y un instante después se separó del chico, tomándolo por los hombros. Sus ojos rojizos se perdieron en los violetas, fusionándose, mezclándose, como en una anticipación de lo que sus cuerpos deseaban hacer.

Poco a poco, las distancias se acortaron, el aliento tibio del mayor acarició los labios de Yugi, los cuales se entreabrieron ante el llamado. Sus labios se unieron tan perfectamente que parecía que habían sido cincelados por la misma persona o quizá era que estaban ideados con el propósito de complementarse los unos a los otros.

El contacto de esos labios suaves y tiernos, jamás besados antes por nadie más, le provocó un dulce gemido a Yami. Su lengua probó a rozar el labio inferior, como si se tratase de un llamado a la puerta, como pedir permiso antes de entrar. Y su premio fue que la propia lengua de su Hikari saliera a su encuentro, enredándose con la de él, atrayéndola hacia su boca, como si de alguna danza exótica, sensual, se tratase.

El beso se profundizó, la respiración se aceleró y pronto las manos del rey resbalaron hasta las caderas de Yugi, atrayéndolo hacia sí, sus manos permaneciendo un rato más sobre esas redondas y firmes nalgas, acariciándolas, reconociéndolas.

En tanto, las manos de Yugi subieron, mesando los cabellos, dibujando una especie de camino que terminó en la base de la nuca, en donde las puntas de sus dedos juguetearon, provocando un delicioso escalofrío en el oji rubí.

La sensación electrizante hizo que Yami se separara, cerrando los ojos y arqueando el rostro hacia atrás. Entonces, sus caderas se movieron instintivamente, hacia adelante, tratando de provocar a su koi. Y resultó, porque el otro le correspondió al roce… aunque demasiado fue para el chico, pues un gemido ronco salió de su boca, arqueando esta vez él su rostro y espalda. Atem aprovechó la oportunidad para besarle en la prominencia del cuello, lamiendo a fin de probar esa piel blanca, ahora ligeramente morena por el sol de Egipto.

-Aah… Atem- gimió, aún con las manos detrás de la cabeza de éste. Luego, llevó sus manos a los costados para asegurarse de guiar correctamente a su aibou.

Yami siguió obedientemente el camino que se le indicaba, llegando hasta la clavícula, encontrándose con que la camisa del chico era demasiada estorbosa. Su boca no quiso separarse mientras sus manos desabotonaban la ropa, para después deslizarla, sintiendo en el proceso con sus manos la piel descubierta poco a poco. Sus labios ampliaron el área de exploración, bajando por el hombro. Yami se atrevió a abrir sus ojos, notando un pequeño lunar el cual deseó mordisquear, notando un temblor como respuesta del más chico.

Yugi sintió el mordisco, ladeando ligeramente el rostro hacia donde se encontraba el rey. Sus labios entre abiertos y sus ojos nublados por el deseo, se mordió el labio inferior. Entonces, pensó que aquella situación resultaba bastante injusta. Su piel expuesta y él sin poder probar la del moreno. Así que, haciendo un esfuerzo por coordinar sus ideas y movimientos, dirigió sus manos hacia la ropa del chico, quien sin separarse ahora del pecho de su luz estiró los brazos hacia atrás para quitarse la ropa de encima.

Una vez hecho eso, Yami rodeó con sus brazos al otro. El contacto directo de su piel aceleró el latido de sus corazones y un breve temblor en las piernas que provocó que perdieran el equilibrio. Pero Atem, más experto en esas situaciones, no dejó que la ocasión fuera desaprovechada. Esta vez llevó sus labios a ese par de botones rosados que habían despertado desde hacia tiempo, bajando y recorriendo por en medio del pecho, del abdomen. Sus dedos halaron un poco la pretina del pantalón azul, besando parte de la pelvis, para luego subir en un recorrido similar, sin embargo, esta vez su mano derecha se deslizó hacia abajo, tocando la hombría. Un gemido más fuerte por parte de Yugi le llenó los oídos.

-Puedo olerlo…- susurró el oji rubí. –Tu cuerpo pidiéndome que lo tome- mencionó al tiempo en que apretaba un poco más toda la extensión del miembro.

Yugi se removió debajo, presionando con fuerza la piel de la espalda de su oscuridad.

-Entonces… vamos- animó el chico, deseoso, excitado.

Yami no necesitó más, sus manos deshicieron el amarre del cinturón, deslizando por debajo de las caderas la ropa. Su mano derecha esta vez sintió directamente aquel falo enhiesto, palpitante. Y pronto su mano paseó libre por la carne, una y otra vez.

Yugi gritó, de placer, de satisfacción, pronunciando el nombre del rey con su voz temblorosa, lujuriosa. Sus caderas ligeramente elevadas, como llamando al otro a acercarse más… cada vez más y justo cuando estaba a punto de alcanzar el cielo, la gloria, aquella mano experta se detuvo.

Los ojos purpúreos se abrieron, casi reprochándole por su pausa, pero pronto comprendió lo que estaba sucediendo. Vio como Atem llevaba sus propias manos a sus pantalones, desabotonándolo casi con desesperación, a lo que el pequeño no pudo evitar sonreír ligeramente. Pero su gesto desapareció para ser sustituido por uno que iba más acorde a la ocasión. Sus labios se entreabrieron y sus ojos volaron directamente a esa hombría despierta que se mostraba descaradamente frente a él. Sin poder evitarlo –y realmente sin desear hacerlo- sus dedos se estiraron, rozando aquella erección.

De los labios de Yami salió un boqueo, cerrando los ojos echó ligera y brevemente su rostro hacia atrás, para después inclinarse por completo encima del cuerpo de su amante.

Se miraron a los ojos, uno buscando una especie de aprobación y, el otro, diciéndole que se apresurara. Y finalmente, sin más palabras, ni audibles ni mudas, sus cuerpos se fundieron en uno sólo. Sus caderas bailando una danza, un vaivén rítmico, candente, lento de exquisito placer.

Con sus lenguas entrelazándose como nunca en sus vidas, Yugi enredó una de sus piernas alrededor de la cintura del mayor, empujándose cada vez más hacia el cuerpo de su rey, como si el calor que empezara a envolverle fuese tan quemante y la única forma de poder apagarlo fuera esa.

Yami, entonces, hizo un movimiento que provocó que ahora él quedara abajo, con lo que notó que el oji púrpura se sintió más a gusto, pues un gemido más pronunciado llenó el lugar entero. Se enderezó ligeramente a fin de besar el pecho del chico, mientras su mano derecha regalaba caricias a la parte media de la espalda de Yugi, bajando hasta sus muslos, los cuales acarició de forma descendente para luego recorrer el mismo viaje a la inversa.

Yugi sentía latir su miembro, al igual que el de Yami, dentro de sí. Y sentir las manos de su amante recorrerle el cuerpo entero era más de lo que podría seguir soportando… no por más tiempo. Así que deseoso de experimentar un orgasmo a la par de su oscuridad, tomó la mano derecha de este y la dirigió hacia su propia erección, indicándole con el gesto lo que debía hacer.

Yami obedeció, reclamando los labios de su koi en el proceso, empezando de nuevo con el trabajo que había dejado pendiente, sintiendo al mismo tiempo como la mano de Yugi le acariciaba la suya, marcándole el ritmo y la zona más sensible que debía tocar. Aquello hizo que su propio falo palpitara más. Las caderas de Yugi se movieron con más ritmo conforme aumentaba el ritmo de su respiración.

Y de pronto, la estrechez de su parte aumentó al apretar sus piernas en horcajadas y lo esperado sucedió. Armoniosas luces de colores parecieron amontonarse a su alrededor y líquidos tibios impregnaron sus cuerpos temblorosos.

Rendido, Yugi se dejó caer sobre su amante. Por un instante ninguno fue capaz de decir algo, sólo sus respiraciones y el latir de sus corazones retumbando en sus oídos era lo que alcanzaban a percibir.

Yami llevó sus labios al hombro izquierdo del chico, haciendo que Yugi abriera los ojos ligeramente, como si en cualquier momento fuese a quedarse dormido. Con una ligera sonrisa desenredó sus piernas de alrededor de las caderas del rey y se acomodó a un lado, pegando sus frentes y abrazándose.

-¿En qué piensas?- preguntó el oji púrpura.

-En que te amo- mencionó el otro en voz baja, acariciando con sus dedos la mejilla todavía tibia del chico.

-Atem… no quiero que te vayas- dijo casi sin pensar, pues ambos sabían que aquello era imposible.

Por alguna extraña razón, el más pequeño de los dos comenzaba a sentir pesados sus ojos… cada vez un poco más

-Siempre estaré contigo- respondió en el mismo patrón de voz el Faraón, esta vez dejando que sus dedos corrieran por el brazo desnudo de Yugi y luego le besó los labios.

Su Hikari se apretó un poco más en el abrazo, deseando sentir de nuevo ese calor.

-Lo único que yo…- abrió perezosamente sus enormes ojos. –Quiero es…tocarteotra vez.

Yami lo abrazó de nuevo, con fuerza, tratando de reprimir un sollozo que le quemaba las entrañas y parecía ahogarle.

No había más tiempo… eso es algo de lo que los humanos carecemos.

-Te amo… Yugi… te amo…- mencionó con dificultad en un murmullo. Sus labios temblaron por el llanto que se le escapaba. Incapaz de seguir hablando, se mordió el labio inferior.

-Te amo…- los labios del oji púrpura se movieron para pronunciar el nombre del rey, y sin embargo, esa palabra ya no se escuchó. Se había quedado dormido.

Yami lo supo. Era mejor así. La despedida hubiera sido peor si el chico hubiera estado consiente. Lo dioses quizá podían ser un poco condescendientes.

Se levantó, no sin antes depositar un beso suave, el último, en los labios de su amante. El cuerpo del chico fue envuelto en una tenue brisa y desapareció. Para cuando Yugi abriera los ojos él ya no estaría más ahí.

-Yo también… hubiese deseado tocarte la piel otra vez- sus cejas se arquearon en señal de angustia y fue entonces que se permitió liberar sus lágrimas.

Bajó el rostro, sus ojos escondidos en una vaga sombra. Luego, se inclinó a fin de recoger el Rompecabezas del Milenio del suelo y se encaminó hacia la lápida de piedra donde yacían los demás objetos milenarios. Suspiró después de colocar la pieza faltante. Era irónico que el mismo objeto que uniera su destino al de Yugi fuera el mismo que los separara ahora.

Caminó decidido hacia la puerta que lo conduciría al más allá. Sus ropas de Faraón aparecieron gloriosas, a pesar de que su corazón dolía… si no es que éste se había ido ya con su Hikari.

Y pronunció su nombre. Las puertas se abrieron lentamente, dejando al descubierto las figuras de sus antepasados, esperándole.

Entonces, pensó que quizá cuando Yugi también emprendiera ese mismo viaje, él estaría esperándole al otro lado. Pero hasta entonces…

-Hasta pronto… Yugi- murmuró.

Y las puertas se cerraron tras de sí. Y la lápida y el lugar entero desaparecieron en las penumbras.

FIN

Notas de la autora:

A más de uno le hubiese gustado tanto ver un final así, ¿a qué no? XDD.

Por fin he terminado este capítulo y es que ya hacia años que no escribía un lemon… años, realmente (el de Soul Eater no cuenta porque era hetero). En fin, creo que sólo fue un pequeño ensayo a fin de desempolvarme un poco XDDDD. Y por cierto, esta historia la basé en una canción (raro hubiera sido si no) llamada Bye Bye de Vilma Palma y los Vampiros.

Ustedes sabrán que JAMÁS escribiré un ff de YGO con Tea de protagonista… simplemente la odio ¬¬, pero quiero escribir un SetoxIshizu… sólo una vez he leído una historia de ellos y siempre he tenido esa inquietud

Gracias a: por sus comentarios.

Matta au!