Natural
Capitulo 1 "Adelante y atrás"
…13 de Noviembre de 2023…
Rin bajo de su motocicleta mientras estiraba todos los músculos del cuerpo, el trabajo en el zoológico la tenia agotada y todo lo que quería era estar con apuesto prometido.
En esos años se había vuelto más madura y su cuerpo se había desarrollado proporcionándole unas envidiables curvas que hacían muy feliz a su querido Yako.
Vestía unas plataformas negras altas para compensar la diferencia de estatura, un jeans de tubo que se pegaba a sus perfectas piernas y a su cintura, una ombliguera roja ajustada, sin escote y una chamarra de cuero de varón que le había regalado su hermano mayor cuando a este ya no le quedo.
Entro en el Lobby del elegante edificio de departamentos sin necesidad de ser inspeccionada, ya que iba a ese edificio casi todos los días.
Entro al elevador y marco el número 6, y el elevador empezó a moverse. Sonrió tierna mientras abrazaba la pequeña caja entre sus dedos con nerviosismo. Tenía una sorpresa para el aunque no sabía como la tomaría, no esperaba que saltara de alegría pero al menos que no actuara como un patán adolescente.
El timbre sonó al llegar a su destino y ella salió viendo los múltiples cuartos que había en aquel edificio, era muy silencio y frio, y precisamente por eso era que Sesshomaru había elegido ese lugar para vivir.
Al estar frente al departamento 62, saco las llaves de su bolso y abrió la puerta abrazando más fuerte la caja en su mano.
Entro y las luces estaban apagadas, se extraño, a esa hora el estaba ya en casa y normalmente en la computadora tratando de buscar un nuevo descubrimiento medico que lo haría ganar su tercer premio de Dickson Prize in Medicine.
Rin: Yako? –Pregunto extrañada pero nadie respondió.
Dejo su bolso en la mesa de al lado y camino por el espacioso departamento de soltero con escala de grises que tenía su novio por gusto, lo único que desencajaba era un poster que adornaba la pared con una foto de ambos en el carnaval, Rin con un gorro y un algodón de azúcar rosa en la mano y el apuesto Sesshomaru de cabellos largos platinados y ojos dorados fríos, viendo la cámara con mirada desinteresada, pero abrazándola por la cintura posesivo, y si mirabas bien, tenía una mueca que parecía una sonrisa.
Rin fue a la cocina para servirse un vaso de agua y tratar de calmar sus nervios para lo que quería decirle a su amado. Cuando en la mesa vio dos platos a medio comer y dos copas de vino vacías junto a la botella a medio tomar de vino tinto.
Rin: Yo no desayune aquí… -Se acerco y vio una de las copas de vino con marcas de labial- Definitivamente este no es mi tono de labial.
Retrocediendo tres pasos, aterrada, pero cerró los ojos intentando calmar las dudas que saltaban en su mente. Sesshomaru no era así, había una lógica explicación para esto.
Rin: El no es así, tiene que haber otra explicación.
Regreso a la sala para tal vez ver la televisión y calmar sus dudas. Y vio en el sillón dos batas de doctor.
Una la reconocía bien, una bata de médico, de varón, con el nombre bordado de Taisho No Sesshomaru, olía a su colonia y todo. Pero la otra, era claramente de una persona muy delgada, era femenina, olía a demasiado perfume floral, que hacía que te picara la nariz, y bordado decía…
Rin: Maramyūjā Kagura…
Justo después de susurrar el nombre se escucho un gemido de la habitación principal, Rin se aterro pero se acerco lentamente, sin hacer ruido, su mano no dejo ni un segundo la cajita de regalo, mientras poco a poco sus ojos se nublaban por las lagrimas que querían salir.
La puerta estaba entreabierta y la luz encendida, solo bastaba un empujón.
Rin deseo nunca haberlo hecho.
Sesshomaru y una bella mujer de ojos rojos, cabello negro, desordenados en ese momento, de pechos grandes y caderas anchas, besándose sobre la cama donde él muchas veces le había dicho te amo a la pobre chica.
Rin se tapo la boca para no soltar el grito de dolor que surgía de su garganta, mientras las lágrimas inundaban sus ojos.
Retrocedió para alejarse de aquel lugar para siempre, y haciendo gala de su torpeza natural, cayó y tiro el jarrón que estaba sobre el mueble del pasillo, rompiéndose en mil pedazos y cortándola.
Sesshomaru salió casi al instante con la sabana cubriendo su desnudez, para ver qué pasaba, y vio a la pequeña Rin tomándose la mano llena de sangre y con lágrimas en los ojos.
Sesshomaru: Rin…
La pobre chica alzo la mirada aterrada, no quería verlo, no soportaba verlo, mucho menos con esa cara de falsa preocupación que le daba. En cuanto este intento acercarse la chica le propino una sonora bofetada que lo tiro al piso y le lleno la mejilla de sangre, ya que Rin lo golpeo con la mano herida.
Rin: Aléjate de mi. Te odio.
Antes de que pudiera responder, la mujer que había visto gozar en la cama con Sesshomaru se asomo sin la decencia de cubrirse pero al ver a Rin su cara se transformo en una de miedo.
Rin salió corriendo antes de que alguien dijera algo, tomo su bolso y salió del departamento lo más rápido que sus pies le permitieron.
Una vez en el elevador presiono el botón para detenerlo y se dio el lujo de llorar el tiempo que necesitara, gritando, golpeando la pared y llorando. Pasaron unos minutos para calmarse, se limpio las lágrimas de la cara y presiono de nuevo el botón para ir al Lobby y poder salir de ese lugar de una vez por todas.
Una vez en la Planta Baja vio a mucha gente viéndola mal, seguramente tenían prisa por subir y ella había detenido el elevador. A Rin no pudo importarle menos, así que solo los paso de largo mientras caminaba a la salida del edificio y sacaba las llaves de su moto, aun algo torpe por todos los sentimientos que agolpaban en su corazón.
Una vez afuera camino hasta su motocicleta, pero lo que no se espero fue ver a Sesshomaru fuera del edificio, cerca de su moto, todo desaliñado, ya que tenía los botones mal acomodados y el cabello despeinado, buscándola con la mirada.
Antes le hubiera parecido tierno, tal vez hasta romántico que saliera a buscarla, pero ahora, lo único que quería era reventarle su amiguito de una patada.
Así que gracias al ejercicio que había dominado desde niña, salió corriendo a su moto, logrando esquivarlo, y subió rápidamente a su moto, que se hizo del rogar por que no quería encender.
La escucho llamarla pero no quería voltear, no por miedo a llorar frente a él y lucir débil, ni por miedo a querer golpearlo hasta matarlo sino que… Si volteaba y lo veía a los ojos, si veía esos hermosos ojos dorados con supuesto arrepentimiento, ella lo perdonaría, sin importar si era real o no, ella iba a perdonarlo.
Ella misma sabia que eso tarde o temprano iba a suceder así que si de todos modos iba a perdonarlo, quería que por lo menos conservar por ahora la poca dignidad que le quedaba.
Para cuando la moto encendió, ella acelero lo más rápido que pudo para huir de ese lugar, escucho como él la llamaba, que una mujer le grito por el límite de velocidad, incluso escucho que una patrulla estaba a pocas cuadras seguramente para detenerla pero ella no quería.
Su hijo no iba a tener una familia donde su padre era un maldito y ella una estúpida por eso, ese pequeño merecía algo mejor.
Y una cuadra después… en plena intersección un automóvil la envistió con todo el peso de su velocidad. Lanzándola, lejos, destrozando su preciada moto.
Pero lo importante era que ella estaba en el suelo intentando mantenerse despierta mientras salía sangre de su cabeza, de sus brazos y las piernas la estaban matando, viendo a la gente grabando con su teléfono en vez de ayudar y otros llamando ambulancias por su teléfono.
El carro que la atropello siguió su camino rápidamente seguido por las patrullas que apenas llegaban.
Y Rin cerró los ojos, esperando que por lo menos hubiera salvación para el pequeño ser que alojaba en su vientre.
…1 de Abril de 2018…
Un mes pasó rápidamente desde que su padre la había dejado con su abuela y, quien lo diría, logro acostumbrarse a Tokio y su nuevo hogar.
Estableció una rutina diaria que la ayudaba con sus días previos al inicio de clases.
Rin era una chica risueña, sus ojos chocolate despedían alegría e inocencia, recordó perfectamente que no dejaba de hacer preguntas cada vez que veía una tienda que nunca había visto, a sus 17 años no había comido un helado ni una hamburguesa. Aunque esos dos alimentos no le agradaban a su abuela.
Kaede trabajaba de jefa de enfermera en un prestigioso hospital, ganando muy bien para mantenerlas a ambas.
Kaede al principio quiso convencerla de que entrara a medicina, y que siguiera sus pasos, pero había un gigantesco problema. Rin era el ejemplo PERFECTO de lo que significaba ser un antisocial.
Cada vez que tenían que entrar a donde hubiera muchas personas juntas, como un centro comercial, se quedaba paralizada en la puerta y dejaba atrás a esa chica risueña y se convertía en la mujer mas tímida del mundo, sin querer llamar la atención ni hablar con nadie mas allá de lo cordial.
Sus ropas eran femeninas, pero la mayoría eran colores rojos o negros, y los vestidos de brillantes colores únicamente eran para estar en la casa. Cuando salían solo usaba pantalones y blusas sin escote.
Así que con tan poco sentido de la sociabilidad no podía entrar a lo que ella quería que su nieta estudiara, medicina.
Al contrario, Rin se metió en una carrera que a su parecer derrochaba su talento: Zoología.
Desde pequeña Rin amaba a los animales. Llevaba a casa aves, gatos, lagartijas, sapos, insectos.
Cuantos dolores de cabeza y aunque la regañaran o la castigaran, seguía haciéndolo siempre.
Y eso lo hacía más divertido para la chica elegir aquella profesión.
Kaede: ¡RIN! QUIEREN COMERME
La bella joven se levanto de su asiento y camino al patio trasero de donde salían los gritos de su abuela.
Rin: Ah-Un no come humanos, abuela Kaede.
Kaede intentaba bajar sus ropas del tendedero, con temor a que un par de gigantescos dragones de Komodo se la tragaran viva.
Rin se acerco con dos trozos grandes de carne y los dejo en los platos de comida de los animales que corrieron rápidamente a devorarla, cosa que aprovecho la mujer para tomar sus ropas y entrar corriendo a casa, Rin sonrió divertida, acaricio las cabezas de sus amadas mascotas y entro a la casa, cerrando la puerta del patio para que no entraran a destrozar los muebles.
Rin: ¿No son adorables? –Sonrió tierna mientras entraba a su cuarto para cambiarse el pijama-
Kaede miro aterrada a la puerta del patio, sin Rin ahí, no sabía cómo calmar a esas bestias que su adorada sobrina cuidaba con tanto amor, pero ahora que ella no estaría por que iba a estar en la escuela, no sabía cómo iba a calmarlos.
Rin salió con unas botas negras, unos pantalones anchos llenos de bolsillos y una camiseta con el logo de LG en letras plateadas. Su cabello atado en una coleta y con una gorra de Pokemon, además de unos guantes sin dedos. Su mochila con forma de caparazón de tortuga colgaba de su hombro llena de los materiales que usaría para la escuela ese día.
Kaede la miro un poco incomoda, le había comprado decenas de vestidos preciosos, pero su adorada nieta al parecer no quería intentar siquiera cambiar ni un poquito.
Rin: Ya me voy, hoy es mi primer día de clases y no quiero llegar tarde –Tomando las llaves y su mochila para salir de la casa no sin antes darle un beso a su abuela-.
Kaede suspiro y negó para salir a su trabajo y, suspiro más fuerte al ver a su nieta irse en esa peligrosa moto que había insistido en traer desde Grecia.
La muchacha conducía por la ciudad con una sonrisa, al ver el semáforo en rojo se detuvo y espero a que cambiara de color, no quería causar un accidente.
Ya había tenido tiempo de estudiar el camino más rápido a su nueva escuela, así que no tenia caso apresurarse.
Llego a la enorme Universidad Shikon, muchas personas entraban y salían del edificio, había chicos tomándose selfies y otros caminando por la calle con sus audífonos o viendo su teléfono mientras caminaban por la calle.
Rin estaciono su moto, sintiendo las miradas que todos seguramente le dirigían, y a ella no podía importarle menos.
Rin entro a la escuela con para ir directamente a la oficina del director de su carrera, encontrándose con una bella joven de cabello castaño y ojos marrón, con un cuerpo atlético pero femenino, vestida con unos jeans negros de tubo, una blusa rosa con escote de corazón, una chaqueta de cuero y botas de cuero cafés, además de traer una espada con su funda colgando de su espalda, saliendo de la oficina de este con una cara de pocos amigos, pero le sonrió cuando estuvo frente a ella.
Rin: Buenos días –Sonriéndole dulce-
: Buenos días, ¿vienes a ver al decano?
Rin: Si, vengo porque es mi primer día y tengo que recoger mi horario y las cosas del casillero.
: Bueno no te entretengo mas -Sonriéndole- Soy Kujo-sha Sango
Rin: Gemini no Rin -Sonriéndole- Es un honor.
Las dos se despidieron con un tierno gesto y cada una siguió su camino.
Rin tuvo que esperar un poco antes de que la secretaria le diera sus papeles y sus horarios, la pobre tenía mucho trabajo así que prefirió que no apresurarla.
Al ser un enorme lugar, debía tener cuidado ya que era un poco despistada, y una vuelta en falso significaría la pérdida de tiempo valioso además de atrasarse en sus clases y no tenía tiempo para perderlo en buscar una clase.
Al encontrar el lugar entro con decisión al salón.
Era como los demás salones en los que había preguntado, todo de color blanco con los alumnos platicando amenamente, algunos estudiaban, otros se lanzaban papeles como niños y otros aislados de los demás.
Rin se adentro y se sentó en un lugar libre junto a la ventana, donde se apreciaba el paisaje de la piscina olímpica techada de la escuela, donde veía un par de estudiantes nadar.
: Es hermosa ¿no lo crees?
La chica miro al que le había hablado, tomándola por sorpresa.
Era un apuesto chico, al menos 3 años mayor que ella, al igual que el resto de los estudiantes allí sentados, era alto, al menos ella le llegaba a las orejas, y tenía algunos músculos, cabello castaño largo atado en una coleta y ojos grandes cafés que la miraban con timidez, además tenía un pequeño sonrojo en sus pecosas mejillas.
Rin le sonrió, tierna, mientras se quitaba su chistosa gorra y su largo cabello negro cayo como cascada por su espalda.
Eso aumento el sonrojo del muchacho y de algunos de los demás estudiantes que empezaron a ver a la muchacha.
Rin: Si, me encantan las piscinas aunque no sean para los que no son del Club de natación.
Este se sentó en el asiento libre a su lado y le ofreció la mano.
: Kujo-sha Kohaku –Sonriéndole amable-
Rin: Gemini no Rin –Tomando su mano-
Antes de que empezaran a hablar la campana sonó, y todos tomaron sus asientos.
El pecoso corrió al otro lado del salón para tomar sus cosas y sentarse junto a la linda chica, pero antes de tomar su mochila, otro muchacho le gano el asiento.
Rin sonrió divertida por la desdicha del joven pero no podía hacer nada.
…
Después de 3 clases seguidas tocaba un pequeño descanso de 20 minutos, Rin aprovecho y casi salió corriendo.
Podía amar su clase pero no soportaba estar entre murallas.
Casi grita de alivio cuando llego al pasillo, y digo casi por que los demás estudiantes salían de sus aulas y la joven inflo las mejillas casi desesperada por qué no soportaba tanta gente reunida así que fue a su casillero y metió y saco sus libros de la próxima clase, y se fue antes de que llegaran mas alumnos, ya de por si le incomodaba la gente.
La muchacha compro una sopa instantánea y una soda, que se habían vuelto su adicción desde que llego a Tokio, y busco algún lugar donde no tuviera que ver a tanta gente.
Encontró un pequeño jardín alejado de la mesa de los estudiantes y se sentó en uno de los bancos de piedra mientras abría con ansias sus alimentos.
Rin: Gracias por la comida –Contenta mientras tomaba los palillos para empezar a comer pero escucho un ruido en el árbol de magnolia tras ella.
Como era el ser más curioso de la tierra la joven dejo de lado su almuerzo para acercarse a ver qué era lo que provocó aquel sonido.
Grande fue su sorpresa al encontrarse con un apuesto hombre, acostado en el tronco del árbol, dormitando.
Llevaba puestos unos zapatos negros, un pantalón de vestir y una bata medica. Tenía el cabello blanco, largo hasta la media espalda, piel blanca a punto de nieve, perfil romano, sin un gramo extra de grasa, labios finos y delgados.
Rin se acerco embelesada por su apariencia, la verdad no había conocido ser viviente tan bello y mucho menos a centímetros de distancia. Parecía un ángel, o un ser sagrado de algún cuento, y por supuesto ningún chico había logrado nunca despertar su interés, mucho menos para hacer que sus mejillas se pusieran rojas y sus piernas le temblaran como gelatina.
El hombre abrió los ojos al sentirse observado, y vio a la chica que lo veía fijamente, así que sus hermosos ojos dorados la miraron con una asesina mirada para que lo dejara en paz.
Rin se asusto, pero por qué no se esperaba que se despertara y mucho menos que la mirara de esa manera, pero le sonrió a pesar de todo y se sentó en la hierba para seguirlo viendo con una sonrisa.
Este la miraba serio con esos hermosos ojos dorados. Esperando que la mirada la despareciera del lugar pero aquella criatura parecía ser inmune a sus miradas.
Rin sintió como su estomago gruñía e hizo un tierno puchero así que se levanto y fue por sus alimentos que había dejado en la banca.
Regreso casi al instante y le ofreció de la soda que estaba a punto de beber.
: No es necesario que hagas eso, algo que detesto es la comida que ingieren los estudiantes.
Rin hizo un mohín gracioso y saco su botella de agua y la dejo a su lado mientras terminaba sus fideos ya bastante blandos por el tiempo que se paso de cocción.
Al finalizar la hora de almuerzo guardo todo lo que llevaba y le hizo una respetuosa reverencia.
Rin: Adiós, espero que haya descansado bien –Sonriéndole y después se fue con una sonrisa a su siguiente clase-
Dejando a un muy confundido muchacho que se preguntaba quién demonios era aquella chica.
Aun así recogió la botella de agua y se levanto para ir a su siguiente clase.
