No llevaba su arma, la habría dejado en algún lugar, maldita sea. Y tú… — Sherlock, no, por favor. Yo te amo —susurraste mientras buscabas el lugar de impacto para intentar parar la hemorragia. El odio hacia el pistolero te consumía y sí, podía dispararte a ti también, pero la vida de tu compañero era mucho más importante. Buscaste, buscaste, pero no había sangre. ¿Cómo que no había sangre? Y pasó lo único que faltaba por pasar; Sherlock abrió los ojos y se incorporó.

— Estoy bien, estoy bien —exclamó dificultoso apoyándose en tu brazo para poder ponerse en pie.

— ¿Cómo vas a estar bien, si te han disparado? —gritaste cerca de su oído sin querer, volviéndole a sentar a la fuerza. El detective bufó y sacó algo del bolsillo interior. — ¿Qué es eso? —preguntaste, aunque era de nuevo obvio.

— Un móvil, ¿no lo ves? El mío dejó de funcionar y Mrs. Hudson me lo prestó. El tuyo no estaba y —la rabia cogió el móvil y lo tiró calle arriba. Si había parado una bala, podría superar un choque contra la acera.

— ¡Idiota! —sollozaste. — ¡Creí que te morías! —dijiste una y otra vez golpeándole al abdomen sin fuerza, hasta que te tomó por los brazos y te miró a los ojos.

— No me muero, pero me duele —y sonrió. Te había dado el susto de tu vida y sonreía. Intentó incorporarse de nuevo y ahora sí le ayudaste a hacerlo. Se abrió el abrigo, la chaqueta y la camisa y dejó ver un gran moretón en la parte superior izquierda. Fue en ese momento cuando a tu mente volvió el excompañero militar que había intentado mataros, Moran.

Te giraste hacia donde estaba hacía no sabías cuánto tiempo y no había nadie. Ampliaste un poco más el campo visual y te diste cuenta de que estabais rodeados por policías. Buscaste a Lestrade con la mirada y le encontraste viniendo adonde permanecíais aún de pie.

— No me lo cuentes, no quiero saberlo. Sherlock, ve a la ambulancia a que te miren —el detective hizo un mohín molesto, pero le llevaste igualmente.

— ¿Lo habéis detenido, Lestrade? —quisiste saber. Desde que habían disparado a Sherlock hasta que éste abrió los ojos, todo lo acontecido en ese espacio de tiempo, había escapado a tu conciencia. Increíble.

— Está de camino a la comisaría. Sí que tenías que estar concentrado para no darte cuenta del barullo que se ha formado para conseguir arrestarlo —enarcó una ceja y después negó con la cabeza en una media sonrisa. — Nos vemos luego —se despidió con la mano. Y desapareció entre la multitud.

— John —te llamó tu compañero con un tono sospechoso.

— Dime.

— Me dijiste que me amabas —chasqueó la lengua. Perfecto.

— Ya sabes —comenzaste a excusarte— la tensión, el momento…

— ¿Me amas? —preguntó tajante.

— ¿Me amas tú a mí? —genial, qué maduro todo.

— Yo pregunté primero.

— De acuerdo —contaste hasta tres y…— te amo. Pero que, de momento, quede entre nosotros—. Sherlock se pasó la lengua por el labio inferior y sonrió triunfal al frente.

— ¿Tú me amas? —quisiste saber. Ya que te habías, literalmente, "tirado al río", al menos ese detalle.

— ¿Sabes, John? El amor, ya lejos de ser una alteración química, es algo tan subjetivo… —te dijo acelerando el paso.

— ¡Sherlock Holmes, no huyas de mí! ¡Sé dónde vives! —pero él seguía a paso ligero y riéndose en tu cara, hasta que tú decidiste correr y no le quedó más remedio que hacer lo mismo. — ¡Sherlock, ven aquí! ¡Contesta a mi pregunta! —gritabas tras él con todo el mundo pendiente del espectáculo. Ay de él como le cogieras. Ay de él. — ¡SHERLOCK!

Y digo que ahora te comías tus palabras con tostada y mermelada porque así te hallabas. La noche había pasado y, aunque apenas fueran las 5 y media de la mañana, ya era de día. Al final no habías "hecho trocitos" a Sherlock cuando por fin paró en la ambulancia para que le miraran con esa cara que siempre ponía. Cómo ibas a hacerlo, suspiraste. Así que volvisteis a casa. Sherlock se encerró en su habitación y tú, resignado, te quedaste en el sillón. Y sin nada de sueño viste pasar las horas en el reloj y ahora, simplemente, tenías hambre.

Unos minutos después de empezar, un sonido estridente sonaba de menos a más cerca de ti, pero sin saber desde dónde. En un principio hiciste caso omiso esperando que, en algún momento, se callara solo; pero no, el sonido o, más bien, el ruido, iba a más y más.

Miraste por todos lados; en tu sillón, en el otro sillón, en el sofá, bajo los cojines de éste… ¡Por fin! Resultó ser el móvil de Sherlock. ¿No que no funcionaba? Hombre, no parecía estar en muy buen estado. Intentaste leer la pantalla que no paraba de parpadear. Sí, tenía aspecto de no funcionar muy bien.

Decirle a John que le quiero —pudiste por fin leer. ¿Cómo? Fuiste entonces hasta la habitación de tu compañero y, abriendo la puerta lo suficiente para que pudiera escucharte, le llamaste.

— ¿Sherlock? —contestó con un mu alargado. — ¿Tenías programado cuándo decirme que me querías? —Sherlock no contestó. — Me lo tomaré como un sí —dijiste en un suspiro. — ¿Té?

— ¡Solo, gracias! —y sonreíste moviendo la cabeza hacia la cocina.

Si en ese momento alguien te hubiese preguntado si estabas con alguien, indiscutiblemente tendrías que contestar: «Creo que sí».

o.o.o

Y si llegaron hasta aquí… Eso lo leí en algún lugar.

No puedo matar a Sherlock, va en contra de mi naturaleza.

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