Primera muerte
La estabilidad en su nueva vida trajo consigo un montón de pesadillas, lo que no le afectaba demasiado cuando estaba medio acostumbra a despertar en medio la noche por algún ruido inexplicable o los sudores frio. Mas a su padre y madrastra no les había gustado para nada y comenzaron con esas pastillas tan buenas.
No sueña, no recuerda y sus días junto a su nueva familia son mucho más agradables, ya no tiene ataques de ansiedad, no se asusta cuando le hablan de improviso y es realmente difícil que le cojan por sorpresa. Sus tíos ya no le parecen tan aterradores, sino más bien extravagantes y acostumbrada como estaba no le afectaba sus conversaciones sobre "asesinatos, muerte y destrucción" aunque a Kiara parecía claramente capaz de cruzarle un rayo de lado a lado a cualquier que siguiera la tendencia de conversación en la sobremesa.
Hasta que su genética hibrida hace lo de adoptar las pastillas y claramente, pegarle una contraindicación medica que comenzó con restaurar memorias que había ahogado como método de defensa.
Momentos en los cuales su corazón sabía que había hecho, y que su mente había encerrado. Un montón de recuerdos.
Sangre. Suplicas. Ella y su padrastro. Su madre sollozando Gritos, gritos y más gritos.
Recuerdos que habían sido aplacados para ahora ser liberados de manera realista, allí en ilusiones detrás de un acto preciso. Allí en pequeños momentos de increíble lucidez. Todo volvía a ella. Helándole la sangre, ahogándola en terror.
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Prácticamente comienza a ser entrenada por cada miembro de su familia desde el momento en que puso un pie en aquella mansión.
Todos sus tíos –en el extenso significado de esa palabra- aportaban su granito. Mas su tía Jayne era una firme presencia que insistía en que debía ser autosuficiente en todos los sentidos, y además del rostro preocupado de su madrasta nadie se negaba a ese hecho... porque todos sabían que debía ser fuerte.
Hija de Nemesis. Hija de Nykyrian Quakides.
Su padre solía decir que como su hija algún día tendría que realizar su primera sangre. Y sinceramente a ella no le molesta, no teme. Le parece muy normal. Algo dentro de ella ya lo sabe en imágenes confusas, en audios reprimidos y sensaciones fantasmas.
Hasta que los recuerdos volvieron con un blaster en la mano y a sus tíos hablando alrededor.
"Su madre en el suelo con un blaster en la cabeza llora en silencio mirando hacía el suelo. Ella poco más allá con un blaster en su pequeña mano, tiembla y se siente tan frio, tan metálico. Irreal.
― Mátalo, vamos niña. Mátalo.
La voz no tiene cara, solo la sonrisa de aquel desquiciado. El blaster se apuntala más en la cabeza de su adorada madre. El hombre en el suelo llora en lamentos e intenta redimirse con palabras de angustia.
La explosión crea un silencio. El cuerpo cae inerte. Sus manos dejan de temblar. Su madre solloza y se arrastra hacía ella, abrazándola. La sonrisa del hombre se amplía aún más.
― Esa fue tu primera sangre, niña. Ya eres toda una asesina.
Solo tenía nueve años."
Tío Syn suelta unos pequeños drones que volaban poco más allá. Su padre se pone a su lado. Su presencia le tranquiliza, los recuerdos se difuminan. No le están obligando, le están enseñando.
― Firme. No cierres los ojos. Búscalos y cada vez será más fácil.
Y es demasiado fácil. Caen todos los drones, unos a uno. Puntería increíble, no tiembla ni pestañea. Tío Dancer suelta una risotada y le alza en brazos con una facilidad que la hace gritar emocionada, su cuerpo se desentume y abraza a su tío mientras su padre sonríe orgulloso y los demás alaban su puntería.
Al final y al cabo es hija de Nykyrian Quakides e hijastra de un lunático. Y había hecho su primera sangre, mucho antes de que lo su padre creía.
