Bueno, siguiente capítulo. Ahora nos centraremos en Inoue y lo que está pasando en Karakura. Por cierto, ya tengo el dibujo que encabeza el regreso de Ulquiorra, aunque es mi foto de avatar. De todas formas para quien quiera verlo, solo tenéis que buscarme en Deviantart por Tinani. Seguro que no os resultará difícil encontrarme. XD Y bueno no quiero rayarme más, espero que os guste. Los haré haciendo más largos los capítulos, dependiendo de como quiero que empieze y acabe el capítulo. Ciao! :)


El sol estaba amaneciendo en la ciudad de Karakura. En donde el cielo estaba despejado sin ninguna nube, dando a entender que hoy sería un gran día. O eso es lo que pensaría la mayoría de gente, pero no sería así para cierta chica de 18 años llamada Orihime Inoue.

Desde la habitación de un apartamento se podían oír los chismorreos y risas de la gente a través de la ventana de esta. Muchos jóvenes se levantaban a esa hora de la madrugaba para asistir a clase con sus amigos. Molesta por los ruidos, una joven agarró la almohada de su cama y la puso por encima de su cabeza intentando acallarlos. Murmuró palabras sin sentido al darse cuenta que no funcionaba. Había pasado tan mala noche que su cabeza no dejaba de pensar en todos los acontecimientos que había tenido días atrás. Todo le molestaba. Tiró la almohada hacía un lado irritada, se dio la vuelta quedándose tumbada y miró fijamente al techo. Sus ojos grises intentaron buscar algo interesante ahí arriba, sin resultado. Cerró los ojos y se dejó acariciar por la leve corriente de aire que entraba desde su ventana. Ahora entendía porque le molestaban tanto los ruidos del exterior, había dormido con la ventana abierta. Se le dibujó una leve sonrisa en sus hermosos labios, pero no eran de alegría. Se llevó el brazo a la cara hasta taparse los ojos, debería tener un aspecto horrible. Todo su pelo de un precioso color naranja estaba esparcido por su cama, incluso algunos pequeños mechones los tenía pegados a su piel blanquecina por la sudor. La alarma que le advertía de que tenía que levantarse para ir al instituto comenzó a sonar, pero no le importaba. Sentía un muro invisible que no la dejaba levantarse, su cuerpo le pesaba y con eso le bastaba como excusa. La alarma cayó y por fin sintió un poco de paz.

No sabía cuánto tiempo había pasado tirada en su cama, cuando su móvil comenzó a sonar. Lo agarró como pudo en la mesita de noche y vio que era Tatsuki. Sus ojos mostraron culpabilidad, seguramente la llamaba para saber porque no había ido a clase. Dejó sonar el móvil y lo tiró, cayendo casualmente encima de la almohada que había tirado anteriormente. Se recostó a un lado llevándose consigo de un simple tirón las sábanas hasta taparse entera. Se podía percibir como hacía leves temblores debajo de esa suave tela y un pequeño sollozo surgía de él.

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Desde el instituto de Karakura. Una joven morena de pelo en punta, colgaba el móvil resignada. Un simple suspiró salió de su boca.

- Inoue…

- ¡Tatsuki! – Oyó como la llamaban a su espalda.

Al girarse vio como un joven alto y con el color de pelo tan llamativo como presuntuoso se acercaba hasta ella preocupado.

- ¿Ha contestado?

Tatsuki solo movió la cabeza de un lado a otro dando a entender que no era así. Sus ojos miraron el suelo, quedándose mirando las zapatillas de deporte del joven peli naranja.

- Inoue lleva días muy rara… - Le dijo preocupada. – Se supone que soy su mejor amiga y ni siquiera sé que hacer. Me preocupa.

La joven cerró los ojos con fuerza. Se supone que ella era la más fuerte de las dos pero no podía evitar sentirse impotente al saber que ni la amistad que llevaban forjando desde hace años lograba atravesar ese muro de soledad que se había creado Inoue. Miró al joven que tenía enfrente sin poder imaginarse la cara de incredulidad que se le quedó al ver como por primera vez, veía una cara tan desolada en su amiga de infancia.

-¿Qué debo hacer, Ichigo?

Este se quedó un poco tocado, sin poder reaccionar. No es que fuera muy bueno dando consejos pero visto la inquietud de la chica no tuvo otra opción que coger el mando. Miró hacía otro lado mientras se rascaba la cabeza intentando sacar alguna idea y le contestó.

- Sabes. ¿Si tan preocupada estas porque no vas a verla y le dices lo mismo que a mí?

Tatsuki se sorprendió. Pero no por la simple respuesta, sino porque tenía razón.

- Tengo… que ser yo misma.

- Pu… pues claro. - Le objetó él con voz temblorosa, viendo como ella seguía inerte.

¿De verdad la había animado? Por lo que se ve así fue, ya que Tatsuki le miró sonriente, algo que realmente no le pegaba o en pocas ocasiones le había visto así.

- No me puedo creer que un idiota como tu tenga que darme lecciones. – Le recriminó ella para quitarle esa cara de listo que se le había quedado.

- ¡¿Qué?! – Exclamó molesto un tanto colorado – Encima que te intento…

- Gracias.

- Uh… - Se rascó la mejilla un tanto nervioso. No le gustaba hacer estas cosas. – De… de nada.

Acto seguido, la morena se recolocó la mochila e hizo una seña de despedida para ir a ver a Orihime. Pero como siempre, el gran Kurosaki Ichigo tenía que acabar con una de sus frases ingeniosas.

- ¡Sabes! ¡Estar en el Dojo no te hace bien! ¡A ver si se te pega un poco la feminidad de Inoue y así no tendrás que recurrir a los demás!

Una palpitante vena se formó en la cabeza de Tatsuki. ¿Estaba insinuando que no era femenina? Ichigo se aterrorizó al momento, pero ya era tarde. Una lata de refresco que encontró la chica en el suelo estaba estampada en su cara, cayendo al suelo derrotado con la mano estirada temblando, mientras Tatsuki se iba refunfuñando y maldiciéndole para toda la eternidad.

Después de unos minutos unas sombras se pararon enfrente de Ichigo. Este seguía un tanto en shock por el golpe pero les reconoció enseguida. Su mirada impasible, su bronceada piel y ese pelo revuelto que solo le dejaba un ojo a la vista, sin duda era Chad. Y luego estaba el delgaducho y orgulloso Quincy, que le miraba un tanto divertido desde arriba sintiéndose superior y poniéndose bien las gafas. Cosa que nunca lograba entender el porqué de ese gesto, ya que las gafas no se le iban a caer.

- ¿No crees que deberíamos ir también, Kurosaki? – Le preguntó Ishida.

- No, es mejor así. – Explicaba a la vez que se levantaba del suelo acariciándose el chichón de la sien. – Si Tatsuki no logra animar a Inoue, no creo que nosotros podamos hacer más que ella.

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¿Qué hora era? Ni lo sabía y la verdad es que no le importaba ni lo más mínimo, pero de todas formas cogió el valor necesario para retirarse las sábanas y levantarse de la cama.

Llevaba puesto un pijama con tirantes, acompañado con un pantalón corto de color anaranjado, y tal como se estiró para desperezarse empezó a tener frío. Caminó lentamente con desgana arrastrando los pies hasta llegar al baño. Se acercó a la pica y se miró al espejo. Ni se sorprendió del cansancio que mostraba su rostro. Parecía que en vez de haber dormido, tuviera la cara de alguien que ha estado despierto durante horas, las leves ojeras que se le empezaban a marcar se lo demostraban. Cerró los ojos y suspiró abatida. ¿Qué le estaba pasando? Ni siquiera lograba comprenderlo. Volvió a verse reflejada en el espejo y con una gran inspiración de aire, se dio varias palmadas en los mofletes con ambas manos.

- ¡Vamos Orihime! ¡Está no eres tú, vas a hacer que todos se preocupen!

Se animó ella misma con una sonrisa de oreja a oreja. Pero a quien quería engañar, no estaba para nada animada. Antes de que volviera a inundarse en sus pensamientos, el sonido del timbre de su apartamento empezó a sonar. Y a parte de pensar por un momento que debería cambiar ese tono que le resultaba hasta molesto, se preguntaba quién sería a estas horas.

- Vaya, seguro que es Tatsuki-chan. La habré preocupado al no aparecer por clase. – Se rio quedamente.

Fue hacía la puerta, intentando arreglar un poco el piso por el camino ya que lo tenía un poco desordenado. Al llegar a la puerta, se miró un momento al espejo que tenía colgado en la pared para peinarse un poco con las manos y ponerse mejor el pijama. No quería dar mala impresión, así que preparó una de sus mejores sonrisas y se dispuso a abrir.

- Ah, perdón. Me quedé dormida y…. – Se quedó sorprendida al ver quien estaba ahí enfrente suyo con una sonrisa tan cálida. – Ran… Rangiku-san.

- Buenos días, Orihime. – Le contestó ella sonriente. - ¿Te importa que demos una vuelta?

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Tatsuki llegó exhausta hasta la puerta del apartamento de Orihime. Esperó unos segundos hasta recuperar el aliento y picó al timbre. Pico de nuevo al cabo de unos segundos, y otra vez. Nada. ¿No estaba en casa? Sacó el móvil de la mochila y llamó al número de la peli naranja. Al momento oyó el tono de llamada de su amiga dentro del apartamento. Genial, no estaba en casa y encima se había olvidado el móvil dentro. Tatsuki resopló resignada. Parece que todo le iba en su contra. Miró la hora y decidió que aún era pronto para darse por vencida. Iba a encontrar a Inoue, a estas horas no debería haberse ido muy lejos.

···················· *** ····················

Rangiku e Inoue se dirigieron hasta un lugar un tanto apartado de las vías públicas. Inoue miró un tanto extrañada a la shinigami, se alegraba de verla claro, pero era raro que fuera a verla vestida con sus ropas de humana. Y sobre todo se había quedado perpleja al ver que se había cortado su gran cabellera, la cual ella encontraba preciosa. Aunque después de todo lo que habían pasado, quien lo echaría en cara. Ella también en su interior, sabía que había pasado por lo mismo. La siguió mirando nostálgica.

- Rangiku-san me gustaría saber…

- Te sienta bien ese cambio de look. – Le confesó antes de nada.

Inoue se sobresaltó y no pudo evitar sentirse un poco avergonzada mirando hacia otro lado. Es verdad, desde la última vez que se vieron había pasado como más de un año, después de todo lo relacionado con Aizen. La chica como un auto reflejo se empezó a tocar el pelo. No es que hubiera cambiado mucho, solo que se había cortado el pelo de delante hasta poco más de la barbilla y se lo había ondulado un poco. Pero entonces recordó que ella no era la única que había cambiado, sino también los demás. No solo habían crecido, también madurado, o eso creía ella. Rangiku la miró con ternura y por fin pararon de andar al escuchar una voz que les recriminaba.

- Llegáis tarde.

- Ah, perdón, perdón. – Dijo en tono de súplica ante su capitán.

- Habíamos quedado aquí hace media hora, Matsumoto.

Inoue se asomó por detrás de la shinigami mientras esta se excusaba, para confirmar quien era esa persona con la que esta había quedado, aunque ya había reconocido su voz.

- ¡Tōshirō-kun!

El aludido resopló. Estaba harto de recordarles, no solo a Inoue, sino a los demás amigos de Ichigo que le llamaran "Capitán Hitsugaya". No podía ser tan difícil de recordar. Realmente el capitán prodigio no había cambiado nada, aunque juraría que tenía el pelo un poco diferente y tal vez crecido… Inoue rio para sí. Y no como Rangiku, Hitsugaya si llevaba sus vestimentas de shinigami.

- ¿Y bien? ¿Le has ido diciendo la situación? – Preguntó este.

- Ah…

Por un momento Matsumoto se calló. Hitsugaya lo entendió al instante y su ojo comenzó a hacer un tic raro.

- ¿Y se puede saber en qué demonios habéis estado hablando en todo el camino hasta aquí?

- Pues verá, capitán. Le estaba preguntando a Orihime si sabía de algún champú para cabellos cortos, porque mire… - Cogió un mechón de su pelo y casi se lo estampaba en la cara al joven shinigami. - … ¡Tengo las puntas abiertas! Tsk, como me arrepiento de haberme cortado el pelo.

A Hitsugaya se le estaba acabando la paciencia, la cara cabizbaja mientras sus hombros temblaban no es que fueran buena señal.

- Ah. Esto… ¿De qué querían hablarme? – Preguntó Inoue antes de que las ideas de Matsumoto hicieran explotar a su capitán. – Además. ¿No hubiera sido más cómodo en mi apartamento?

- No. – Le cortó el chico. – No queríamos que ninguno más de vosotros supierais más de la cuenta, puesto que no sabemos el alcance exacto del asunto.

- Sigo sin entenderlo. – Confesó Inoue.

Rangiku se mostró sería y se giró a mirar a la joven.

- Hace tiempo que llevamos vigilando Karakura, no solo por el hecho de que los hollows se hayan intensificado… - Cerró los ojos antes de continuar. - … sino porque lo han estado haciendo frecuentemente en un mismo lugar.

- ¿Dónde exactamente? – Preguntó con miedo en sus palabras.

Ambos shinigamis se miraron, hasta que Rangiku le aclaró sus dudas.

- Alrededor de tu apartamento, Orihime.

La chica quedó en shock y por el rostro que mostraba, los shinigamis dedujeron que no se había percatado que dormía con hollows rondando fuera de su piso. ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta, o no los hubiera visto? Inoue agachó la cabeza, intentado tal vez encontrar alguna respuesta.

- ¿Por… por qué en mi apartamento? – Inquirió.

- No lo sabemos. Pensábamos que sería por tu reiatsu, pero todavía no han dado señales de atacar. – Explico Hitsugaya cruzándose de brazos e inclinando la cabeza. – Hemos ido matando a la mayoría, pero no paran de venir más y más.

No podía creerse lo que estaba oyendo. Llevaba siendo acosada desde hace tiempo y nadie le había avisado antes, entendía el motivo pero aun así. Y ahora que se lo habían contado solo podía significar que se encontraban en un callejón sin salida.

- Orihime.

La voz de Rangiku le sacó de sus pensamientos y la miró perturbada.

- Hace unas semanas antes de que pasará todo esto, nos informaron que se produjo un aumento de un poderoso reiatsu por tu zona. – La shinigami se aceró a Inoue y le puso una mano en su hombro, dándole confianza. - ¿Sabes algo acerca de eso?

- No. – Dijo tajante bajando la mirada. Por un momento Hitsugaya percibió un nerviosismo en las palabras de la joven.

- ¿Estas segura, Orihime? Es posible que sea por eso que te estén rondando, tal vez esperen a que ese poder vuelva a surgir para…

- Lo siento, Rangiku-san. – Contradijo ella. – No sé nada sobre eso, además yo no tengo tanto poder para atraer a tantos hollows. – Rio nerviosa. Sin darse cuenta que se llevó su mano a la otra muñeca, apretándola con fuerza. – Debe ser un error. Ni siquiera me di cuenta de que estaban ahí los hollows, soy un desastre.

Ambos shinigamis se dieron cuenta de que estaba siendo algo incómodo para la chica, que siempre se había infravalorado con sus poderes.

- "Boba, los hollows nunca cometen errores." – Pensó Hitsugaya. - ¡Matsumoto, vámonos!

- ¡Pero capitán! – Exclamó a punto de recriminarle.

- Estábamos equivocados. Ella no sabe nada. – Afirmó dándole la espalda a una sorprendida Orihime. – Es una pérdida de tiempo hacerle más preguntas.

Lo sabía. Inoue formó una sonrisa sarcástica en sus labios. Incluso ellos se daban cuenta de lo poco importante que era ella, una simple humana con unos poderes que ni siquiera ella logra comprender del todo. ¿Quién quería algo así? Sus ojos se abrieron al recordar quien, Aizen. Y a quien envió para llevársela del mundo humano haciéndola obligadamente a ser una traidora. Él. El arrancar de cabello oscuro y piel pálida que desde haces semanas estaba en sus pensamientos.

- Esta noche no podremos hacer guardia, así que ahora que te hemos avisado del peligro serás capaz de protegerte. – Inquirió Hitsugaya a Inoue y giró un poco el rostro hacía ella. – Tú eres capaz de eso y más.

Rangiku sonrió. Inoue estaba tan ensimismada en esas palabras que todas sus preocupaciones por un momento se disolvieron.

- En cuanto acabe mis tareas vendré a ver como estas, Orihime. – Le reveló a la vez que puso su mano en la cabeza de la joven humana. – Ten cuidado.

Y dicho esto ambos shinigamis desaparecieron de su vista en un santiamén. Inoue seguía perpleja, cerró los ojos y asintió. Esas simples palabras la habían reconfortado. Estaba equivocada, no creían que ella fuera un estorbo sino al contrario. Era ella la que se subestimaba constantemente, creyendo que debía ser protegida por los demás. Pues se acabó. Al abrir sus ojos se podía percibir un atisbo de una rebosante confianza y decisión. Se agarró de nuevo una de sus muñecas y alzo las manos hasta llevárselas a su pecho. Quería sentir esa fuerza de la que hablaban, pero nada. No importaba. Sonrió y se fue de aquel lugar con la cabeza bien alta.