Toda una semana dejé colgado a Murasakibara, no contesté sus llamadas ni vi sus mensajes, nada, así decidí mover mis piezas, podría decirse me estaba vengando de él pero no, solo estaba jugando como me apetecía.
Salí de casa en la mañana, de nuevo era viernes, eso me hacía feliz, aunque debo admitir esta fue una semana interesante. Permítanme contarles lo que sucedió.
El lunes salí a comprar algunas cosas, esta vez serían regalos, me gustaba darle regalos a Kise y a Reo, en especial si era ropa o algo de uso diario pues ellos se lo ponían para mí, me daba cierto sentimiento de posesión que dejaba buen sabor de boca. Fui a una de mis tiendas favoritas y ahí comencé a buscar entre las camisas. Cuando encontré una que me gustó alcé mi mano para tocarla, pero otra mano me tocó a mí. Alcé la mirada y me encontré con Momoi, sonreí amable.
—Es un placer verte a ti y a tus buenos gustos, Momoi —dije sacando la camisa del lugar para dársela.
—¡Akashi! Un placer verte… uh… n-no, si la viste primero llévatela.
—Por favor, tómala, seguro que será un bonito regalo —le dediqué una sonrisa amable—. ¿Me acompañarías un rato? Una opinión femenina me iría bien.
Momoi miró la hora en su celular y sonrió, acto seguido asintió y ambos comenzamos a caminar por la tienda. Momoi ahora era una mujer atractiva en todos los sentidos posibles, en el pasado ella solo usaba su aspecto, pero ahora era tan diferente. Momoi, al igual que Kise, rechazada por Kuroko, cuando Satsuki le quitó valor a Tetsuya y le olvidó sacando su verdadero yo entonces las cosas cambiaron. Midorima y ella se volvieron amantes por lo mismo, ahora ellos tenían una química notable. Satsuki era una mujer astuta, agradable, amable y seductora sin dejar de lado su dignidad, me agradaba mucho ahora.
—¿Todo ha ido bien con Ki-chan? —me preguntó.
—Sí, pese a su trabajo en la industria del modelaje tenemos tiempo —contesté mientras miraba el estante de corbatas.
Se acercó a mí y susurró: —¿Y sobre Mu-kun?
—No cambia jamás.
Nos dedicamos sonrisas teñidas de complicidad. Seguimos paseando por el departamento de caballeros y luego llevé a Satsuki al departamento de damas.
—Dime —le dije—. ¿Hoy tendrás un evento especial con Shintaro?
—Sí, esta noche me llevará a cenar, es una 'recompensa' por haberme plantado la última vez —respondió en un suspiro mientras su mirada se perdía por los vestidos. Pude notarlo, Momoi lo amaba a él, lo amaba totalmente, pero ella jamás lo diría, después de todo, la amante era ella y no Takao. Pensé un momento en la situación y me di cuenta de que esa clase de asuntos podrían tener repercusiones más adelante. A su misma vez me pareció interesante, ¿Cuándo explotaría la bomba de tiempo? No solo para Satsuki o Midorima, sino para todos.
—Bueno, sabes… a Midorima le gusta cuando usas vestidos, me lo ha contado —mis labios se curvaron amablemente, mis ojos brillaron un momento mientras mi vista quedaba enganchada por un precioso vestido negro, era de coctel, elegante y coqueto, con buen equilibro, esa clase de vestidos que muestran justo lo necesario y luego esconden lo demás para la imaginación, aquel era un vestido con clase.
—¿De verdad? —Pareció sorprenderse, se posicionó a mi lado y admiró el vestido, fue un encanto para ambos, hasta que ella miró el precio—. Es… hermoso, pero es demasiado.
—Momoi —le dije galante al tiempo que posicionaba mi mano en su hombro, con suavidad—. Considéralo un regalo mío para ambos, aunque en realidad Shintaro estaría en deuda conmigo —reí suave, mis ojos se fijaron en los de Momoi, podía verlo en ella, estaba tan feliz su mirada expiraba el brillo, la emoción en una dama.
—N-No podría aceptarlo, A-Akashi-kun, ¡E-Es demasiado! —trató de negarse, pero yo sabía bien cuanto ella lo deseaba.
—Vamos, pruébatelo y luego vamos a almorzar, hace tiempo que no hablo contigo.
Tacto con las mujeres siempre he tenido, aunque no me atraen tanto, sexualmente hablando, siempre les he dado su gran valor, las mujeres son criaturas increíbles y hermosas, tienen ternura en sus corazones y sin capaces de concebir vida. Además resultan tener sus encantos propios, encantos que ningún chico podrá jamás imitar por más que se trae. Me gustan los hombres y las mujeres, eso es cierto, pero… tengo que admitir, con una chica no haría jamás lo que hago con Reo, Kise o Atsushi. Las mujeres son una hermosa cadena para mí, una que no quiero colocarme.
Momoi se probó el vestido, tal y como pensé se adecuó perfectamente a su figura, parecía estar hecho para ella. Las mejillas se Momoi se tiñeron de carmín, "espero que a Midorima-kun le guste", murmuró para ella, pero alcancé a escucharla. Sonreí con amplitud, me sentía satisfecho, aunque sabía no debía meterme en cosas ajenas, no vi lo malo, será malo de mi parte y podrán juzgarme por malvado, pero si fuera por mi haría que Shintaro dejara a Takao para que se desposara con Momoi. Sin embargo eso no depende de mí, y no reñiré con Shintaro tampoco, 'nuestro mundo' no tiene reglas, no tiene peros, no tiene ni pros ni contra… así lo creamos para todos.
Mis pensamientos podían ser bastante contradictorios de vez en cuando.
En el almuerzo Momoi y yo hablamos sobre cosas del pasado, sobre ese tiempo cuando todos compartimos el mismo uniforme, fue interesante escuchar todo desde un punto de vista diferente. Luego hablamos sobre amoríos, luego sobre negocios y política, más tarde volvimos al tema del amor, me era refrescante escuchar todo de labios femeninos. Comprendo que los hombres somos más brutos y fríos en este tipo de cosas, aunque hay hombres sensibles que buscan el romance… bueno, no es lo mismo, las mujeres son más 'perspicaces' por excelencia.
—Momoi, ha sido un encanto hablar contigo —dije.
—Siempre has sido muy caballeroso, Akashi —respondió apenada, mientras sonreía contenta.
—No es nada, por favor cuéntame después como te fue.
Le di un beso en la mejilla, le entregué la bolsa que contenía su vestido y la camisa de Shintaro y después me fui con tranquilidad. Ella se despidió de mí y tal como nuestros caminos se cruzaron volvieron a separarse.
Después todo continuó con normalidad. Hasta que llegó el miércoles.
Ahí fue cuando me topé en el gimnasio con Alex.
—¿Akashi? Vaya, que bueno verte por aquí —me dijo amable.
—Bueno, debo cuidar la salud —respondí.
Ambos estuvimos en silencio haciendo ejercicio buen rato, me gustaba hacerlo, era una gran forma de liberar la presión y el estrés que mi trabajo a veces dejaba sobre mí. Cuando ambos tomamos un descanso para tomar algo, me acerqué a ella y le dije: —Deberían tener más cuidado.
—¿Perdón? —pestañeó un par de veces, con mirada incrédula. Me acerqué a ella.
—Kagami está siendo demasiado obvio, será mejor que arreglen eso de lo contrario Tetsuya no volverá a dejar que Kagami respire fuera del trabajo —le susurré con discreción, asegurándose de que nadie nos estuviese viendo ni escuchando.
—Gracias —se limitó a decir.
Después de eso tomamos caminos distintos. En la tarde Kagami y yo fuimos a tomar algo, le había dicho que quería hablar con él. ¿Por qué hacia todo esto?
Una vez más, porque deseaba ver las reacciones, deseaba ver como una pequeña intervención podía alterar los resultados posibles. Se bien que si yo no hubiese dicho nada posiblemente Kuroko hubiese descubierto el amorío de Kagami, así que cambié la pieza de lugar, el resultado iba a cambiar, ¿Qué tan grande podía ser la reacción a mi experimento? Si pudiese explicarse de forma simple, diría que estaba lanzando una piedra al lago. El lago es la vida, la piedra mis acciones, los peces son ellos y las hondas en el agua son el fenómeno que cambiaría el curso de todo. Pero ¿Cómo sería? Lo vería pronto.
—Hola, espero no haberte hecho esperar —dije mientras tomaba asiento al lado de Kagami, quien al verme sonrió animado como de costumbre y pidió dos cervezas para nosotros.
—Bien Akashi, dime de que me querías hablar.
Tome aire y comencé a contarle todo lo ocurrido con Kuroko, la sonrisa de Kagami se borró lentamente, era obvio que sucedería, no quería echarle a perder el ánimo pero debía decirle lo que sucedía. Cuando terminé el relato, Kagami tomó su tarro de cerveza y le dio largos sorbos, luego lo dejo en su lugar, estuvo un rato en silencio, su ceño fruncido era clara señal de que estaba meditando la situación adecuadamente.
—Fue un descuido de mi parte —suspiró—. Akashi, por favor, dame consejo.
—Lo único que puedo aconsejarte es que tengas cuidado y no seas tan obvio, pon las prioridades en orden y todo irá bien, pero se cuidadoso, creo que ya conoces bien a Tetsuya.
La mirada de Kagami se perdió en la nada, yo me limité a observar mientras sacaba un cigarrillo y lo fumaba lánguidamente, le di su tiempo para pensar, mi plan era actuar poco, no me interesaba meterme en la situación, solo dar pequeños empujones para que todo encaje de manera correcta.
—En que me he metido —murmuró.
—Te has metido en un juego difícil, Kagami —saqué un cigarro, se lo di y le dediqué una amable sonrisa—. Puedes dejar el juego cuando quieras pero una vez fuera no podrás volver.
Nos despedimos y salí del lugar.
Me di cuenta de que las cosas podían resultar de muchas maneras, aunque el resultado no importaba, no me afectaba y no me beneficiaba… básicamente esto y leer un libro era similar.
El jueves crucé mirada con Takao, el ridículamente odioso y celoso novio de Midorima. En parte le agradezco ya que por él Midorima se relajó pero por otro lado me parece ridículo que él me siga viendo como enemigo… pese al pasado que Shintaro y yo compartimos, al final solo es eso… es el pasado. No obstante la balanza se ha inclinado, ahora siento mayor disgusto por él, no me agrada; las personas que siempre sonríen son demasiado falsas.
—¿Te has estado divirtiendo con Shin-chan? —me preguntó sonriendo.
—Me gustaría, pero, ya sabes cómo es él, siempre haciendo horas extras —respondí sin hacerle mayor caso, entendía a la perfección lo que Takao trataba de hacer, desgraciadamente no lograría sacarme nada de información, él se había topado con una pared.
—Pensé que iba a tomar algo con ustedes los viernes.
—Usualmente, ¿Por qué no vienes? —pregunté.
—No me dan ganas en realidad —encorvó sus hombros ligeramente, podía verlo, él estaba tenso, ninguno de los dos estaba disfrutando la conversación.
—Te volviste tranquilo —le dije sonriendo ligeramente, pero incluso sé que mi sonrisa era demasiado forzada, sin salirse de los limites claro está.
—¿No será que tú quieres pasar más tiempo con mi Shin-chan?
Aquello me crispó los nervios, yo no estaba celoso ni deseaba a Midorima de esa manera, pero, realmente detesto a las personas que hablan así. No podía entender cuál era su maldito complejo, ¿Por qué seguía tan obsesionado conmigo? Cuando sus labios recalcaron mi Shin-chan sentí un abominable deseo de golpearlo y luego contarle todo lo de Momoi, pero eso era muy poco ético y mala idea. Aguanté y sonreí ampliamente.
—Los celos irracionales —comencé a decir, mientras mi sonrisa amable se borraba lentamente—, son una gran muestra de miedo e inseguridad, se nota que no sientes que él sea tuyo y tus inseguridades te llevan a desquitarte con su exnovio. Deja te recuerdo algo, Takao —pude sentirlo, mi lado cruel estaba haciendo presencia, la voz que salió no era mi voz actual, era la voz que alguna vez perteneció al terrible emperador—. Yo terminé con Midorima, gracias a mi tu pudiste quedarte con él, así que conoce tu lugar.
Le miré con desprecio, eso era seguro, odié la forma en la que sus ojos y labios me levantaban falsos, realmente detestaba a Takao.
Sin dejarle responder lo dejé donde lo encontré, callado y con la palabra en la boca, se que fui cruel y algo duro, pude verlo en sus ojos, le había lastimado. Las palabras son armas de doble filo y sin duda se cómo usarlas como arma, en este caso no pude contenerme. Me reprendí a mí mismo, eso había estado mal, debí solo sonreír e irme, no quería problemas ni mucho menos y tampoco quería problemas con Midorima que a fin de cuentas era mi mejor amigo y el novio de esa peste.
Volviendo al viernes, ya fuera de casa fui a desayunar con Kise, ambos teníamos buen tiempo antes de irnos al trabajo. Por si se lo preguntan Kise dejó el deporte y esta vez se dedicó al modelaje profesional. Como sea, ambos quedamos de vernos en un café para comer algo ahí.
—Akashi-chii, casi no pudimos vernos esta semana —me comentó, su rostro parecía triste.
—Tengo que trabajar y tú también ¿verdad? —tomé su mano con suavidad y la besé—. Aunque si necesitas algo, solo debes llamarme.
Kise asintió y sonrió ligeramente, fue ahí cuando comprendí que algo más pasaba, creo que después de tantos años conociéndole fu aprendiendo a ver cuándo Kise escondía algo, él es fuerte y usualmente esconde su dolor o preocupaciones, sonríe aunque sufre, esa clase de cosas son las que lo vuelven un amante tan cautivante.
—Kise, dime que pasó —ordené, casi al instante.
—Bueno, me topé con Kuroko el jueves, y bueno…
—No hace falta que lo digas, ¿recuerdas lo que acordamos? No tienes por qué estar triste.
Cuando Kise ya no pudo más, lloró toda la noche, yo estuve ahí sosteniendo su mano, esa noche acordamos que si algo le lastimaba no era necesario que lo dijera, yo lo comprendería y lo acompañaría. También le dije que no era necesario olvidar sus sentimientos por Kuroko, aunque eso fuese lo mejor, yo no le obligaría a quererme ni nada. Y acordamos que yo siempre estaría ahí para él cuando sintiera dolor o recordara el pasado. Kise amaba tanto a Kuroko, que cuando hablaba con él aunque fuera solo un poco salía lastimado. Su amor era un herida y cuando veía a Kuroko esta se re-abría.
—Gracias, Akashi-chii, la verdad… con solo verte me siento mejor.
No mentiré, ese comentario me hiso feliz, sonreí al instante, mi pecho se llenó de alegría y orgullo, me agradaban esas palabras por el simple hecho de que me era raro escucharlas. Pese a mi cambio de personalidad muchas personas siguieron viéndome y tratándome como siempre, no es fácil cambiar el pasado si te lo recuerdan constantemente. Me alegra saber… que aun si es solo una persona, esa persona me ve distinto.
—No es nada, Ryota. Por ahora, olvida todo y come ¿de acuerdo?
Él asintió nuevamente, ordenamos algo rico para desayunar y luego de una plática amena acompañada de un buen café nos despedimos.
En el trabajo todo fue normal, los números estables, los empleados trabajando, las acciones subiendo, las bolsas de valores incrementándose. Todo bien, curiosamente el trabajo jamás me resultaba difícil. Incluso me gustaba poder ayudar a crecer el negocio y todo. Mientras escribía algunas cifras sonó mi celular, lo revisé y pude apreciar que la llamada entrante era de Murasakibara. Esta vez contesté.
—¿Se te ofrece algo? —pregunté sarcástico, ya sabía que deseaba él.
—Aka-chin, ¿Por qué no me has contestado en toda la semana?
Se escuchaba irritado, de hecho sonaba tan encabronado como cuando perdía algún partido en la secundaria. Sonreí ampliamente, era una delicia tenerle enojado, a mis pies, rogando por un poco de atención.
—No tengo por qué hacerlo. ¿Entiendes? —escuché como él suspiraba, seguramente estaba tratando de controlarse para no hacer un berrinche, eso creo fue lindo a su forma.
—Aka-chin —dijo nuevamente—. Por favor, déjame verte… no te he visto y te extraño.
"Eres un pésimo mentiroso… Atsushi." Pensé mientras sostenía el celular contra mi oreja, sin abandonar mi trabajo, no quería atrasarme y salir tarde, los viernes eran mis días de pura diversión así que debía aprovecharlos.
—Tengo tiempo en el almuerzo, pero no haremos nada. Te veo en el restaurante de siempre.
No le dejé contestar, no quería escuchar sus berrinches, además era seguro vendría, le conozco demasiado bien, no se atrevería a faltar.
…
No me agradaba mucho el sonido de la ciudad, pero almorzar fuera sin duda era mejor que estar en mi oficina comiendo. Por suerte el restaurante al que siempre íbamos no tenía mucho barullo y tenía servicio rápido, su ambiente, por lo mismo, era muy cómodo.
—Aka-chin, eres malo, me dejas esperando por ti, ¿y si me vuelvo loco? —renegó Atsushi, haciendo pucheros. Antes hubiera caído tan fácil a esas solapantes palabras.
—Tienes a tus dos amores para consolarte ¿o me equivoco? Hueles a tabaco, estuviste con Aomine hace unas horas —respondí indiferente mirando la carta con el menú del día.
Miré de reojo a Murasakibara, se notaba perfectamente que yo había dado en el clavo. No sé si Atsushi es idiota o simplemente cree que puede mentirme, se le nota a leguas cuando miente y peor aún no sabe ocultar nada, o quizá cree que me pondré celoso y por eso no oculta nada. Él, si me prestase atención, aunque sea poquita, entendería que me refunde saber que tiene el descaro de estar con otros y luego venir a mentirme. No es que me molesten sus amantes, se bien que todos estamos en este mundo y solo buscamos satisfacción, más bien es la forma en la que él pretende hacer las cosas, lo hace mal, me molesta.
Yo no haría eso con Kise ni Reo, ellos saben cuándo estoy con quien, todo es claro, de frente, sin mentiras. Una vez Kise me canceló una cita porque tenía trabajo, sabía que él me decía la verdad, no me molesté para nada. Reo, alguna vez también hiso algo así, creo yo salió con Himuro en incluso tuvieron sexo, tampoco me molestó porque él me lo dijo, habló conmigo. Creo que, lo que más odio es el gran descaro de Atsushi al creer que puede mentirme y en sima conquistarme con métodos tan idiotas.
—Teníamos un acuerdo… —renegó, otra vez.
—El cual tu rompiste incontables veces —aun sin mirarle seguí observando el menú. Llegó la camarera y ambos hicimos nuestros pedidos, no pasó mucho antes de que trajeran nuestras órdenes.
Mientras yo comía, completamente tranquilo, Murasakibara seguía por todos los medios intentando que yo sucumbiera.
—Solo dime la verdad, quizá eso ayude —le dije, ya harto de mentiras.
—Bien, quiero tener sexo contigo, mi cuerpo desea al tuyo, ¿contento?
—Muy bien, hemos hecho un gran progreso —me burlé—. Pero, ahora debes intentar hacer que yo te desee a ti. Así es como funciona.
Me levanté de mi lugar una vez que terminé la comida, pero no salí del lugar, me fui al baño. Esto era una invitación. Una cosa es que odiase sus mentiras y otra muy distinta que odiara el contacto con él.
No tardó mucho en seguirme, a veces era tan lento…
—¿Esto te divierte, Aka-chin? —me preguntó frunciendo levemente el entrecejo. Yo simplemente entré en un cubículo que estuviese limpio metiendo a Murasakibara conmigo. Con un poco de dificultad él se arrodilló en el suelo, desabrochó mis pantalones y tomó mi miembro con su mano. Él me observó, estaba buscando mi reacción, estaba buscando mi aprobación, yo me limité a sonreír como si estuviera diciéndole "anda, ¿Qué esperas?"
Murasakibara subió de nuevo, buscó mis labios y los probó lentamente. El olor a tabaco seguía molestándome no obstante era una pequeñez comparada con sus besos, puede que Atsushi fuera un inútil, mentiroso y caprichoso pero besaba delicioso. Las palabras sobraron, simplemente le desabroché el pantalón, él ya estaba duro, era un maldito cachondo, eso me excitaba un poco, saber que yo le ponía así. Él tomó nuestros miembros con su mano y comenzó a masajearlos juntos, una dulce corriente de calor y placer acarició mi zona baja, no estaba nada mal. Seguimos besándonos, él metió su lengua en mi boca y yo me dejé hacer, siguiéndole el ritmo, debíamos hacerlo un poco más rápido, mi hora el almuerzo acabaría dentro de poco. Mis manos juguetonas fueron hacia las orejas de Atsushi, ahí las acaricié, también acaricié su cuello con mis manos, al igual que su espalda, esas eran zonas erógenas siempre hacían que Murasakibara perdiera el control. Y yo sabía cómo desatar el placer en su cuerpo solo con acariciarle, digamos… que le di un uso diferente a mi habilidad de leer a las personas.
Apretó nuestros miembros, aquellas caricias estaban surtiendo el efecto deseado. La humedad y el calor nos incitaron a frotarnos un poco, movíamos la pelvis en busca de más y entre besos y caricias llegamos al punto del placer.
Nos limpiamos como pudimos, arreglamos nuestras ropas y después de pagar me marché sin decirle nada más a Murasakibara. Él ya había obtenido lo que quería (a medias claro está) y yo tuve diversión en el almuerzo.
…
—¿Salió todo bien con Momoi? —le pregunté a Shintaro, ambos estábamos sentados en el bar habitual.
—¿Cómo lo sabes? —me preguntó, incrédulo. Comprendí que Momoi no le comentó que nos habíamos visto. Le conté a Shintaro lo sucedido. Luego el sacó a tema—. Lo que sé, es que te topaste con Takao.
La irritación me punzó, pero mantuve la calma.
—¿Qué te dijo? —quise saber.
—Nada, solo me dijo que te vio, parecía molesto. A veces me pregunto por qué él sigue celoso de ti, él sabe bien lo que pasó.
—Por eso mismo, Shintaro —le dije mientras daba una calada a mi cigarro—. Él sabe que yo te corté primero, por eso cree que tú aun tienes sentimientos por mí, o algo por el estilo, no sé de donde viene eso.
Shintaro suspiró, dio un trago a su cerveza. Ambos nos miramos en silencio un rato, ambos recordamos el pasado en ese momento, lo sé, pude sentirlo. Midorima dio otro trago más y sonrió cambiando de tema.
—Sobre Momoi, todo bien, fue una noche estupenda… la verdad, ella me pone en aprietos.
—¿Te exige atención? —yo ya sabía que no, pero me interesaba saber cómo veía Midorima la conducta de Satsuki, las mujeres son complicadas, son como un libro, pese a que todos vean una página cada quien le encontrara significados distintos.
—No, nada de eso. Digo que me pone en aprietos… porque siempre me sorprende, me deja como estúpido, no sé qué hacer cuando estoy a su lado. Dios, Akashi… ¡debiste verla! Se veía preciosa, no sé de dónde sacó ese vestido, pero… realmente era matador, casi parecía que lo usaba para provocarme. Se veía tan hermosa… dios, bailamos casi toda la noche. Con ella el tiempo se detiene.
"Es obvio idiota, a ella si la amas", eso me hubiera gustado decirle.
Sonreí, mi gusto y tino era demasiado acertado, sabía bien que Shintaro era Bisexual, así siempre fue, y por ello sabía cuáles eran sus gustos cuando a mujeres se refería. Me alegró saber que a Momoi le había ido bien. Y aunque suene cruel, me alegró ver cual idiotizado estaba Shintaro por Satsuki.
—¿Takao no tuvo sospechas? —pregunté luego de poco.
—No, creo que él sospecha más de ti que Momoi.
—Él ha de creer que tú eres cien por ciento… homosexual.
Midorima asintió, yo sentí… ¿Cómo decirlo? Era una clase de pena, me daba pena saber que aquel tarado prefería meterse conmigo y dudar de mí, se estaba cegando para no ver la realidad. Esa clase de complejos me asquean, pero ¿Qué decir? Al final todo dependería de Midorima, Momoi y Takao, yo no tenía nada que ver en la ecuación.
…
—Entonces… lo viste.
—Sí, Himuro aceptó salir conmigo un rato, me la pasé bien, pero… no sé.
Reo y yo estábamos en el centro comercial, me estaba acompañando para elegir un traje nuevo, hace tiempo que no compraba algo para mí, usualmente yo compraba cosas para otros. Reo me ofreció hacerme un traje también, lo acepté pero le recordé que no debía descuidar su negocio. Al final terminó acompañándome para elegir un traje, confiaba en su juicio. Mientras paseábamos por el área de relojería y joyería comencé a preguntarle sobre su semana y así terminamos en el tema.
Reo se veía confundido, como si él ya no supiera que decir o querer.
—¿Ya no te agrada? —le pregunté tranquilamente. Reo se detuvo a ver un reloj de aspecto excelente. Suspiró suavemente, en aquel momento yo no logré comprender a Reo como de costumbre, algo no me cuadraba correctamente.
—No, no es que no me agrade, solo estoy confuso.
—¿Quieres hablar de eso? Sabes que puedes decirme cuanto quieras.
A Reo y a Kise les brindaba mucho soporte emocional. Ellos me dieron consuelo cuando lo necesité y ahora yo les devolvía el favor con todo corazón. Creo que escuchar a otros fue una gran ayuda para cambiar mi carácter, por lo menos con ellos lograba empatizar lo suficiente. Además, saber que yo puedo darles aquello que yo no tuve, darles las palabras que a mí no me dieron y escucharles como a mí no me escucharon… es gratificante, no se necesitar ser un héroe para salvar a alguien, y si en mi quedaba, entonces por ellos sería inquebrantable, fuerte y atento. No estoy seguro porque, no sé porque doy tanto por ellos, solo sé que también, a su forma, me satisface.
—No —respondió sonriendo, sus ojos esmeraldas brillaron dulzones—. Estar contigo, Sei-chan, es lo que necesito.
Nuevamente, felicidad, me sentí demasiado feliz. Dos personas en este mundo me necesitaban, eran felices a mi lado y eran sinceras conmigo. La felicidad que yo obtenía por ello no podía comprarse con anda, esto era diferente, era genuino. Debo admitir que en ese momento no pensé que fuera a haber consecuencias, en aquel momento no me importó nada. Por primera vez en la vida olvidé predecir el futuro, olvidé las estrategias… y simplemente viví el momento.
—Reo —le llamé, suavemente—. Esta noche, solo seremos tu y yo —le prometí, susurrándole al odio.
—¿Sin Kise? —me preguntó, algo azorado, últimamente los tres habíamos estado mucho juntos, sé que Reo se divertía y no le desagradaba, pero al final pasarla solo nosotros dos solos es diferente, es más especial. No es igual, cuando Kise y yo estamos solos es diferente a cuando Reo y yo estamos solos. En esta ocasión deseaba consolarlo plenamente.
—Sí, solo tú y yo, así que… dime ¿de qué tienes ganas?
—Hoy quiero que nos quedemos juntos, toda la noche.
Tomé su mano, la besé con suavidad. El rostro de Reo enrojeció considerablemente, estábamos en público y aquello sinceramente era vergonzoso pero sabía cuánto le gustaba a él que yo le tratase cual príncipe.
—Haré lo que tú quieras.
