AMARGO PASADO Y DULCE FUTURO

II. REMORDIMIENTO

Templo de Sagitario, Santuario de Athena, Atenas, Grecia

Año catorce del nacimiento de Athena

Las cosas volvieron a la normalidad rápidamente en el Santuario. Los caballeros dorados de Athena estaban comenzando a acostumbrarse a la presencia de Lydia, que era la hermana menor de los santos de Leo y Sagitario, y que se había quedado en el Santuario tanto como acompañante de Saori y como alumna de Afrodita. Cabe mencionar que la mayoría de los santos estaban deleitados por la presencia de la chica. Incluso Saori podía pasar hasta tres días seguidos sin discutir con Lydia, aunque aún no rompían ese récord. Como dije, la mayoría de los santos dorados estaban felices al respecto, excepto dos de ellos.

Primero, estaba Death Mask. Al santo de Cáncer no le hacía mucha gracia que su mejor amigo tuviera una alumna, y menos que fuera la hermana de otros dos caballeros dorados, y estuviera saliendo con otro de ellos. Eso eliminaba las tardes en las que los dos santos se tomaban una cerveza en el templo de Piscis o de Cáncer.

El otro que parecía estar muy incómodo por la presencia de Lydia era Saga. No porque le molestara per se, pues era bastante agradable, pero porque le hacía sentir culpable. Saga recordaba muy bien, aunque el trío de hermanos no lo supieran, que él había sido el responsable de la muerte de sus padres, y de la casi-muerte de Lydia en el incendio que él, Saga, había ordenado cuando había sido Patriarca del Santuario. Bueno, técnicamente no había sido Saga, fue Ares, quien lo había controlado y había provocado eso para vengarse de Aioros, pero eso no hacía que el caballero de Géminis se sintiera menos culpable al respecto.

Una tarde, un par de semanas después de que Lydia se mudara a un templo cercano a la villa de Athena, Saga subió al templo de Sagitario a encontrarse con su amigo Aioros. Lo encontró en su habitación, terminándose de vestir su traje de entrenamiento.

-Buenos días, Saga- dijo el santo, mientras se abrochaba las hombreras, al darse cuenta de que su amigo estaba de pie justo detrás de él, y sonrió- ¿qué te trae por aquí? ¿vas a venir a entrenar con nosotros?-

-¿Va a ir Lydia?- preguntó Saga con seriedad, y Aioros asintió- entonces no-

Aioros alzó las cejas, sin dejar de sonreír, intentando verse decepcionado.

-Vamos, Saga- dijo Aioros, una vez listo, dándole un codazo amistoso- ya sabes que lo que dijo Aioria sobre siempre dejar ganar a Lydia en los entrenamientos es una broma. Somos caballeros de Athena muy responsables, no vamos a hacer eso-

Saga continuaba con la mirada baja, aparentemente gruñendo, y fue entonces cuando Aioros dejó de sonreír. Se dio cuenta de que había algo que estaba molestando a su amigo.

-¿Estás bien, Saga?- dijo Aioros, mirándolo con curiosidad- ¿qué te sucede?-

-Nada- dijo Saga automáticamente, pero luego se corrigió, sacudiendo la cabeza- Aioros, sí, tengo que hablar contigo. Hay algo importante que tengo que decirte-

Aioros lo invitó a sentarse en la silla de su habitación, y el santo de Sagitario tomó asiento sobre su cama. Saga obedeció automáticamente, cayendo pesadamente en silla que Aioros le había indicado. Saga miraba a Aioros, preocupado, como si éste lo fuera a golpear en cualquier momento.

-Dime, amigo, ¿qué te preocupa?- dijo Aioros, en un tono amable. Saga se mordió el labio.

-Es…complicado- dijo Saga- yo…em…-

Aioros esperó pacientemente hasta que Saga ordenara sus pensamientos y volviera a tomar el valor para hablar. El santo de Géminis respiró hondo antes de reanudar la conversación.

-Recuerdas que… cuando pasó lo de la bebé Athena, ya sabes- dijo Saga, alzando las cejas de manera significativa. Aioros intuyó que se refería a cuando Saga, poseído, había intentado matar a la recién nacida Athena, y que Aioros la había salvado- sabes que hice muchas cosas malas en ese tiempo…-

Aioros lo miró. Nunca había visto a Saga tan descompuesto. Ni siquiera, tantos años atrás, cuando le había dicho el incidente con Kanon y su encierro en Cabo Sunion.

-Saga, sabes que nadie te culpa por eso, ¿verdad?- dijo Aioros en un tono conciliador- todos sabemos lo que pasó hace catorce años. Todos estamos de acuerdo que no hiciste esas cosas por tu propia voluntad. Estabas siendo controlado por ese ente maligno, Ares, y te forzó a hacer cosas terribles. Nos pudo pasar a cualquiera de nosotros-

-Lo sé, Aioros- dijo Saga tristemente. No por eso se sentía menos culpable de lo que había pasado- pero aún así, además de eso, hay otras dos cosas de las que… las que me atormentan más. Y la presencia de Lydia me hace sentir aún más culpable…-

Aioros puso la mano en el hombro de Saga.

"¿Qué pudo haber sido tan malo que ponga así a Saga?" pensó el santo de Sagitario, y esperó pacientemente la respuesta de su amigo. Saga, con un gran esfuerzo, levantó los ojos y lo miró.

-Aioros, tengo una confesión que hacerte- dijo Saga en una sola exhalación- pero necesito que me prometas que no le dirás a nadie… mucho menos a Aioria o a Lydia, al menos hasta que esté listo para decírselas a ellos-

Aioros sonrió benévolamente y sonrió.

-Lo prometo- dijo Aioros en voz baja.

-Justo después de tu muerte, cuando me di cuenta de que Athena había sobrevivido- dijo Saga en un tono melancólico- Ares quiso vengarse de ti. Y… ordenó a los guardias… ir a Atenas, a incendiar todo el vecindario donde vivía tu familia…-Aioros lo miró, borrando su sonrisa benévola y cambiándola por una expresión llena de terror- Aioros, yo ordené ese horrible incendio, y soy el culpable de que tu familia haya muerto… de que Lydia casi muera, y que haya vivido con ese maldito por tantos años…-

Por primera vez en mucho tiempo, Aioros perdió la calma y se dejó llevar de manera impulsiva. Tomó a Saga por la solapa de su camisa, lo levantó de su silla y lo estrelló contra la pared. Saga no ofreció resistencia, solo se dejó manipular por su amigo, resignado a ser golpeado por él.

Aioros, por su parte, miró furioso al santo de Géminis. ¿Saga había sido el culpable de la muerte de sus padres, que no habían tenido nada que ver con lo sucedido?¿De que hayan dado por muerta a su hermana? ¿De que Lydia haya crecido lejos de Grecia, bajo el cuidado de un malvado manipulador?

"Pero no fue él", dijo la voz interior del santo de Sagitario "estaba siendo manipulado".

Poco a poco, Aioros se tranquilizó y soltó el cuello de su compañero. Por más molesto que estuviera, el santo de Sagitario sabía que Saga no había tenido opción: Ares lo había estado manipulando. Lo que hubiera hecho, cualquier maldad que hubiera podido ser hecha en su nombre, había sido Ares detrás de ella.

-Lo lamento, amigo- dijo Aioros, relajándose- lo lamento mucho, Saga, no debí reaccionar así-

-No, yo lo lamento- dijo Saga tristemente- todo esto es mi culpa-

Aioros puso sus manos en los hombros de Saga.

-No lo es, Saga, escúchame bien- dijo Aioros en un tono firme- fue Ares. Todo lo hizo Ares. Deja de atormentarte, ¿sí? Eres mi amigo. Y no te guardo rencor por lo que pasó-

Saga sonrió levemente, agradeciendo las palabras de Aioros.

-Y también creo que deberías decirles- continuó Aioros- a Aioria y a Lydia. Es mejor que se los digas-

Saga se puso pálido ante la sola idea de hacerle esa confesión al santo de Leo.

-Si tú, que eres el más tranquilo de los tres, me estrellaste contra la pared- dijo Saga, con su usual tono serio- no quiero saber lo que me hará Aioria si se lo digo-

Aioros iba a decir algo, pero mejor guardó silencio. Saga tenía razón. Su hermano menor era un poco impulsivo cuando menos.

De pronto, los dos sintieron el llamado del maestro Shion. Quería que los dos subieran al templo del Patriarca. Se miraron entre sí y asintieron, para posteriormente comenzar a subir las escaleras hacia el templo de Capricornio.

x-x-x

Universidad de Atenas, Atenas, Grecia

Una joven pelirroja se encontraba estacionada frente a la entrada de la Universidad. El auto que conducía, un Toyota Yaris color azul, se encontraba encendido mientras esperaba que su compañera saliera de la universidad. La chica pelirroja llevaba puesto un uniforme quirúrgico, y una bata blanca, particularmente limpia y cuidadosamente doblada descansaba en el asiento del copiloto. En el asiento trasero detrás del conductor, un asiento infantil tenía "atrapado" a un inquieto pequeño de tres años, de alborotado cabello azulado y ojos grises, que luchaba por liberarse y brincar hacia el asiento del copiloto.

-Por favor, por favor, tía Sofía- dijo insistentemente el pequeño, brincando en su asiento, aunque no podía brincar mas que uno o dos centímetros: como medida precautoria, el pequeño estaba bien ajustado al mismo- ¿ya casi sale mi mamá?-

-Ya casi- dijo la chica pelirroja con paciencia- no debe tardar, ya es su hora de salida-

-¿Y porqué no puedes quedarte a cenar con nosotros, tía?- preguntó el niño.

-Porque estoy de guardia esta noche- dijo la joven.

-¿Y porqué no cambias la guardia?- preguntó el niño.

-Porque nadie pudo cambiármela- dijo la chica. Ella también estaba frustrada y odiaba hacer la guardia nocturna, pero sabía muy bien que necesitaban el dinero.

-¿Pero porqué…?- comenzó el niño.

-Kostas, por favor- dijo la chica, llevándose las manos a la cara, para después suspirar aliviada- mira, ahí viene tua mamma-

Kostas intentó brincar hacia la ventana contraria, pero nuevamente el asiento para niños lo detuvo, para tranquilidad de Sofía. La joven que se acercaba al auto tenía largos cabellos negros, y hermosos ojos grises, y un elegante rostro alargado adornado por una sonrisa. La recién llegada sonrió y abrió la puerta trasera, detrás del asiento del copiloto, y se subió al auto.

-¡Mamá!- exclamó Kostas, emocionándose aún más-¡mamá, vamos a cenar!-

-Hola, Cass- dijo Sofía, la chica pelirroja que iba manejando, aliviada de su llegada- ¿qué tal tu día en la universidad? ¿todo bien?-

Casandra asintió, y besó a Kostas en la frente.

-Todo bien, Sofía. Espero que no hayas dado mucha lata a tu tía, Kostas- dijo Casandra, mirando sospechosamente al niño.

Kostas sonrió inocentemente y sacudió la cabeza. Ambas mujeres sabían que era un pequeño torbellino, pero uno muy tierno.

-Ponte el cinturón, Cass- dijo Sofía, comenzando a conducir su auto por las calles de Atenas- ya sabes que me pone nerviosa manejar esta lonchera en Atenas-

-Si con lonchera te refieres a tu auto, no sé de que te quejas- dijo Casandra- vamos, no me gustaría que llegaras tarde a tu guardia por mi culpa-

Sofía detestaba manejar, y detestaba los autos. Como buena italiana, era feliz en una motoneta, esquivando a los autos en las calles angostas. En Atenas, y sobretodo, viajando de un lado al otro con Kostas, no tenían mucha opción. Al menos no tenían una camioneta, a las que Sofía gustaba de llamarles "mama-moviles".

Sofía sonrió a su compañera a través del espejo retrovisor mientras reanudaba el viaje por la ciudad. Ella compartía un departamento con Casandra desde hacía un poco más de tres años, cuando la pelirroja se graduó de medicina y llegó de Turín a Atenas para trabajar en un hospital. De su amiga solo sabía que había llegado a Atenas proveniente de una de las villas cercanas a la Acrópolis, a las afueras de la ciudad. Aparentemente había llegado a Atenas huyendo de un exnovio particularmente violento, y había sido expulsada de una institución para señoritas cuando descubrieron que estaba embarazada. Ambas se habían hecho amigas casi de inmediato, y se apoyaban mutuamente. Sofía ayudaba con Kostas, y Casandra le ayudaba con su condición, casi tan obsesivamente como si fuera su propia madre.

Cuando llegaron al hospital, Sofía se estacionó y tomó la bata del asiento del copiloto. Después de eso salió del auto, Casandra salió también y se acercó a la puerta del conductor. Sofía le entregó a su compañera las llaves.

-Antes de que te vayas- dijo Casandra, deteniéndola un poco- ¿tienes todo lo que necesitas?- a lo que Sofía asintió, un poco fastidiada por la preocupación de su amiga- ¿como están tus números?-

-Ciento diez, nada de que preocuparse, tutto a posto- dijo Sofía, mirando un pequeño aparato cuadrado que tenía prendido del pantalón de su uniforme. Luego vio la mirada inquisidora de su compañera- vamos, Cass, relájate, no eres mi madre, sé cuidarme sola-

Casandra evaluó a su compañera con la mirada, hasta que asintió por fin.

-Está bien, entonces que tengas buena guardia, Sofía- dijo Casandra por fin- vamos, Kostas, despídete de tu tía-

-Hasta mañana, tía- dijo Kostas, brincando una vez mas, sin soltarse de su asiento.

-Nos vemos mañana temprano, Cass- dijo la pelirroja, y se volvió al pequeño- no le des mucha lata a tu mamá, Kostas-

El pequeño Kostas sonrió como si no matara a una mosca. Sofía sonrió también y, tras revolverle el cabello al pequeño y darle un beso, cerró la puerta trasera del auto y comenzó a caminar hacia la puerta del hospital. Desde la misma, miró como Casandra entraba al auto del lado del conductor y comenzaba a manejar. Sofía se despidió con la mano mientras el auto desaparecía de su vista.

x-x-x

Templo de Piscis

Mu nunca había pasado tanto tiempo en el último templo como en esas últimas semanas. Estaba vez había ido a mirar el entrenamiento de Lydia. Miraba, algo divertido, los esfuerzos de su chica por aprender un poco las artes de Afrodita.

-Me rindo, Afro- dijo Lydia, dejándose caer al suelo completamente fatigada- no puedo hacer esto. No estoy hecha para esto-

-¿Y cuando la armadura de Piscis te cubrió, y le diste una paliza a tu padre adoptivo y a los otros- dijo Afrodita, sonriendo, con mucha paciencia ante su frustrada alumna.

-Eso fue… un milagro, Afrodita- dijo Lydia- no creo que lo tenga dentro de mí-

-Eso fue tu cosmo, niña. Y no trates de engañarme, pues yo lo vi con mis propios ojos- dijo Afrodita, frotándole la cabeza con los nudillos- ahora, inténtalo otra vez. Tienes que concentrarte…-

Lydia bufó, para completa diversión de los dos caballeros, quienes se echaron a reír. Lydia entrecerró los ojos. Quizá no podía hacer nada con Afrodita, pero Mu se las pagaría. Pondría en marcha el embargo de abrazos y besos, que sabía que mortificarían al menos un poco al santo de Aries. El ruido de unas palmas distrajo los pensamientos de todos los presentes.

Aioros y Saga entraron al templo de Piscis. Ambos se veían un poco serios, a pesar de que Aioros sonreía. Saga, en cambio, no hacía contacto visual con ninguno de los presentes.

-Buenas tardes a todos- dijo Aioros de buen humor. Saga no dijo nada, y parecía tener una expresión un poco miserable.

-¿Pasó algo malo?- dijo Mu, frunciendo el entrecejo, al ver sobre todo la expresión de Saga.

-Para nada- dijo Aioros, ampliando su sonrisa- nos llamó el maestro Shion a su templo, pero aprovechamos que pasamos por aquí para ver como va progresando Lydia-

-Pierdes tu tiempo, Aioros- dijo la chica, completamente fatigada, poniendo los ojos en blanco- no he progresado nada-

-Oh, vamos, hermanita- dijo Aioros con una sonrisa traviesa, revolviéndole el cabello a Lydia- no me digas que lo que vimos que hiciste en el aeropuerto fue una coincidencia. Tú puedes hacerlo-

-Tal vez necesite más espacio- dijo Saga, aunque había entrado a la conversación, no los miraba, sino tenía la vista firmemente clavada en el suelo- quizá en el Coliseo se sienta más cómoda-

-Saga tiene razón, sería una muy buena idea bajar al Coliseo a continuar esto- dijo Afrodita de pronto, y se volvió al santo de Aries- Lydia podría entrenar junto con Kiki, y quizá así se sienta más cómoda. Gracias, Saga-

Mu asintió. Quizá sería buena idea. Los caballeros de Aries y Piscis, junto con Lydia, bajaron las escaleras rumbo al templo de Acuario, mientras que Aioros y Saga los miraron alejarse.

-Creo que deberías decirle, amigo- dijo el santo de Sagitario, al ver a su hermana alejarse- Lydia es más tranquila que Aioria, creo que lo tomará bien. Además, tarde o temprano la verdad sale a la luz-

-No molestes, Aioros- dijo Saga en tono fastidiado, y se dio la vuelta para dirigirse al templo del Patriarca.

x-x-x

Templo del Patriarca

Shion estaba, nuevamente, preocupado. Saori tendría que bajar a los límites del Santuario a verse con algunos de sus antiguos socios. Aunque Athena le aseguró que fräulein Neuer era su amiga de toda la vida, y que tenían un negocio urgentísimo que tratar, el Patriarca no se fiaba. Ya había visto, con el asunto con Lydia y los otros, que los socios de Saori Kido no eran unos inocentes angelitos.

-Insisto en que no me agrada la idea, señorita Athena- dijo Shion francamente, cruzándose de brazos ante el puchero que la diosa estaba haciendo delante de él- ¿no podría enviar a Tatsumi a arreglar esos asuntos?-

Saori hizo berrinche.

-Vamos, Shion- dijo Saori, haciendo una expresión de fastidio- no va a pasar nada malo. Solo me entregará unos papeles, de un negocio que iniciaremos pronto. Además, ¡es mi mejor amiga! No puedo dejar de verla-

-Athena…-comenzó Shion. Aquello no podía ser en un peor momento. La reunión estaba programada a las ocho de la noche, y a esa hora el Patriarca tenía que subir a Starhill a leer las estrellas, y no podía acompañarla.

-No te preocupes tanto, Shion- dijo Saori, intentando calmar al aprensivo Patriarca- si te hace estar más tranquilo, que me acompañen uno o dos caballeros dorados. Sé que ellos me cuidarán bien y no permitirán que me pase nada malo. Así tu podrás ir a Star Hill. Ellos son muy responsables-

-Excepto Death Mask- dijo Shion, recordando como Emmanuele Bellini le había dado un vino envenenado a Saori cuando éste la tenía bajo su vigilancia.

-Claro, claro, obviamente- dijo Saori. Shion no tuvo más remedio que aceptar los términos de Saori.

-De acuerdo- dio Shion- y creo que ya sé que santos dorados van a acompañarla, de hecho me tomé la libertad de llamarlos, pues sabía que llegaríamos a esto- añadió al sentir el cosmo de Aioros y de Saga subiendo hacia el templo del Patriarca.

-Buenas tardes, Athena, maestro- dijo Aioros al llegar, con su sonrisa y su usual buen humor. Saga no dijo nada. No le gustaba ser llamado al templo del Patriarca. Estar en esa sala le traía malos recuerdos.

-Buenas tardes, Aioros- dijo Saori animadamente- no lo sabes aun, ¿verdad? Tú y Saga me acompañarán a una reunión con uno de mis socios, fräulein Neuer…-

Aioros, si se sintió fastidiado, lo disimuló muy bien, pero a Saga se le notaba a leguas que estaba incómodo ante la situación. Realmente odiaba ir a ser el niñero de Saori. Dar patadas y golpes era bueno, pero solo acompañarla a aburridas reuniones no. Si bien se había salvado de ello por casi catorce años, no quería empezar nuevamente.

-Por supuesto, señorita- dijo Aioros, dando un codazo en las costillas a Saga para que quitara la cara de haber masticado limones- ¿a donde nos dirigimos?-

-Solo a la entrada del Santuario- dijo Shion en un tono que no admitía réplicas- y solo por unos minutos, ¿verdad, Athena?-

Saori asintió a regañadientes. Shion no la iba a dejar volver a salir, ni acercarse a los límites del Santuario, sola otra vez, ni con Death Mask, sobre todo después de su mala experiencia la última vez. Aioros sonrió, y Saga asintió, aliviado. Al menos no sería lejos, y serían solo unos minutos. ¿Que daño podría hacer?

x-x-x

Coliseo

Mu y Afrodita observaban el entrenamiento con una sonrisa. Kiki había progresado mucho en esos meses. Su Cristal Wall salía casi perfecta. Y servía que entrenara con Lydia, sobre todo cuando pudo empezar a enviar pequeñas rosas rojas contra la pared de cristal. Aún no eran las hermosas rosas que producía Afrodita, eran más bien pequeños botones de rosa, pero por algo se empezaba. De hecho, el santo de Piscis le había comentado que sus rosas así habían empezado cuando él mismo estaba en entrenamiento.

El caballero de Aries estaba mirando atentamente el entrenamiento cuando sintió que alguien tomó asiento pesadamente junto a él, en las gradas del Coliseo. Mu se volvió, y vio a Aldebarán mirando el entrenamiento con creciente interés.

-Aldebarán- dijo Mu con una sonrisa al ver a su vecino- ¿qué estás haciendo aquí?-

-Nada en particular- dijo el caballero de Tauro- estaba aburrido, y vine a ver a tu chica entrenar-

Mu sonrió, mirando a su alrededor. No solo estaban ellos dos, sino que habían llegado Shaina, June y Marín por un lado, y Aioria y Milo por el otro.

-Será muy fuerte después de los entrenamientos, de seguro- dijo Aldebarán, observando a la chica esquivar los ataques de Kiki- siendo la hermana de dos caballeros dorados-

-Lo sé- dijo Mu, pasando la vista por los recién llegados.

Lydia y Kiki tomaron un descanso, dejando que las amazonas recién llegadas usaran el Coliseo. Cabe mencionar que las amazonas aún no la conocían. Solo habían escuchado un rumor de que había una nueva alumna de Afrodita, que era una chica mayor que había vivido en Inglaterra. No tenían idea de los otros detalles. Así que, cuando Lydia salió de la arena y, contenta por haber logrado al menos producir algunos botones de rosa, corrió a abrazar a Aioria, cierto grupo de amazonas se enfureció.

-Oh, no, esto no puede ser bueno- dijo Afrodita, levantándose al ver a las tres amazonas que emanaban un cosmo agresivo, sobre todo Shaina. Mu se levantó también y bajó a donde se encontraban.

Milo y Aioria estaban charlando animadamente con Lydia, felicitándola por sus progresos, e ignorando la situación con las amazonas. El caballero de Escorpión mantenía una distancia saludable con la chica, pues sabia que era la hermana de su amigo y la chica de su otro amigo. Milo será lo que fuera, pero era muy respetuoso en ese aspecto.

Marín, por su parte, estaba muy molesta, aunque no se podía ver la expresión, se podía intuir porque estaba cruzada de brazos y su lenguaje corporal lo sugería fuertemente. June estaba quizá un poco confundida, pero Shaina estaba verdaderamente furiosa.

-Aioria- dijo Shaina, provocando que el santo de Leo y Lydia se volvieran hacia ella, interrogantes, pues habían sentido su cosmo agresivo- ¿te importaría si entrenamos un rato con tu "amiga"?

Aioria frunció el entrecejo.

-Claro que me importaría- dijo el santo de Leo, apartando a Lydia con una de sus manos, molesto por el comentario de la amazona- Lydia es una aprendiz nueva, y no me gustaría que la usaras para afilar tus garras, Shaina-

Al escuchar esto y sentir el cosmo violento de la amazona, Lydia dio un paso atrás, para quedar parcialmente cubierta por Aioria. Había escuchado de las amazonas, pero no sabía que eran tan agresivas.

-Oh, lo siento, Lydia- dijo Aioria, dandose cuenta y volviéndose a las otras dos amazonas- te presentaré enseguida. Ellas son Marin, June… y Shaina. Chicas, ella es Lydia, mi hermana menor-

Las tres amazonas se quedaron heladas. Obviamente eso no lo sabía, y menos se lo esperaban.

-¿Eres hermana de…?- dijo Marín, y Lydia asintió, con una expresión seria y un poco confundida en su rostro. ¡Por supuesto! ¿Cómo no lo vio antes? Los dos tenían el mismo color de ojos y tono de cabello, y aunque la chica lo llevaba un poco más largo, estaba igual de alborotado que el de Aioria. Shaina, por su parte, dejó escapar una exclamación de fastidio. Ahora entendía porqué el Leon dorado se había comportado tan cariñoso, y tan defensivo con ella.

-Mucho gusto en conocerte, Lydia- dijo Marín.

Lydia, por su parte, observó a la amazona de Aguila. Había escuchado de Aioros que Aioria estaba enamorado de ella desde hacía un tiempo, pero que aún no tenía el valor de decirle nada. No podía verla bien, ya que traía puesta su máscara, pero era una chica más alta que ella, muy femenina para ser una amazona. Pero pronto le entró el síndrome de hermana celosa, y la miró sospechosamente.

Para entonces, Mu y Afrodita los alcanzaron. Ambos sintieron la tensión de lo que estaba ocurriendo. Lydia no disimiló nada su mirada de enojo, pues había entendido muy bien la anterior agresividad de las amazonas hacia su persona, aunque Aioria no se hubiera dado cuenta o hubiera decidido ignorarla. Entre las amazonas, solo Shaina seguía emanando un cosmo agresivo, como si a pesar de todo quisiera darle una paliza. Marín trataba de tranquilizar a la peliverde.

-Bien hecho, Lydia- dijo Afrodita al llegar, sonriendo ampliamente, intentando aliviar un poco la tensión- has mejorado bastante. ¿Ves que te preocupabas en vano?-

Lydia olvidó sus celos y su enojo, y sonrió al caballero.

-Gracias, Afrodita- dijo Lydia, tocando los pequeños rosales de hizo aparecer con sus poderes con la punta de sus dedos- ¿te importaría si voy a descansar?-

-Para nada, flicka- dijo Afrodita con un tono amable- mañana continuamos con esto-

-Vamos, Lydi- dijo Mu con cariño, ofreciéndole la mano- te prepararé algo para refrescarte en el templo de Aries-

Lydia asintió y, tomando el brazo de Mu, desaparecieron hacia los Doce Templos. Una vez que se quedó solo con las amazonas, Aioria vio que Marín se acercó a él. Las otras amazonas se retiraron un poco, para darles espacio. Milo, de la misma manera, parecía tener de pronto algo muy urgente que discutir con Aldebarán.

-No sabía que tenías una hermana, Aioria- dijo Marín en voz baja-¿cómo la conociste?¿qué sucedió?

-Eh… bueno, yo tampoco sabía que tenía una hermana- dijo Aioria, apenado, comenzando a ruborizarse- apenas… hace unos días lo supimos. Es una larga historia-

Marín lo miró con curiosidad, pero Aioria estaba muy nervioso.

-Bueno, Marin, tengo que irme- dijo Aioria, intentando no mirarla- eh… tenemos una practica de emergencia. Vamos, Milo-

Milo asintió sin muchas ganas, y siguió a Aioria esperando estar lo suficientemente lejos de las amazonas para poder importunar al León dorado por su falta de interacción con la chica de la que estaba enamorado. Y conociendo a Milo, se lo iba a recordar a Aioria por un largo tiempo.

x-x-x

Templo de Aries

Mu había llevado a Lydia de regreso a los doce templos, y se habían quedado sentados en los escalones del templo de Aries, mirando hacia el Santuario, y tomando cada uno un vaso de té helado. Kiki estaba con ellos también, intentando llamar la atención de su maestro, cabe mencionar que sin éxito. Mu parecía tener ojos solo para su chica.

-Estas muy callada, Lydi- observó Mu, estirando su brazo para acariciar su mejilla con cariño- ¿sucedió algo malo? Noté que te enojaste en el Coliseo-

-Esa amazona, Marín…- dijo Lydia, pensativa- es la chica que le gusta a Aioria ¿no es así?-

Mu se encogió de hombros. Claro que sí lo sospechaba, sobre todo por el hecho de que al santo de Leo se le dificultaba articular dos palabras juntas cuando la amazona estaba cerca de él. Después miró la expresión de su chica, y se echó a reír.

-No estarás celosa, ¿verdad?- preguntó Mu, entre risas, entrecerrando los ojos sospechosamente, pero sin dejar de sonreír.

-Bah, eso es ridículo, Mu- dijo Lydia, cruzándose de brazos y frunciendo el entrecejo. Mu no pudo evitar seguir riendo- no te rías-

-Vamos, no te pongas así, Lydi- dijo Mu, abrazándola y atrayéndola hacía sí mismo- incluso si fuera cierto, no tienes porque preocuparte. Marín es una buena chica, y siempre ha sido una amiga muy querida por Aioria. Si te das la oportunidad de conocerla, pensarás igual que yo-

Antes de que Lydia contestara, Mu sintió el cosmo de sus compañeros, Saga y Aioros, que iban acompañando a Saori. Los dos se levantaron para saludar a los recién llegados.

-Buenas tardes, señorita Athena- dijo Mu en su habitual tono formal, inclinándose. Lydia sonrió. Después del incidente de la esfera de Arquímedes, al menos las dos chicas se toleraban y no se peleaban… tanto.

-Hola, Saori- dijo Lydia- ¿qué les trae por aquí?

-Hola, Lydia, Mu- dijo Saori con una amplia sonrisa- vamos a pasar por el templo de Aries. Aioros y Saga me acompañarán a la entrada del Santuario. Quería pedirte, Mu, que estuvieras pendiente por si te llaman ellos-

-Por supuesto- dijo Mu- ¿tiene asuntos pendientes, señorita Athena?-

Saori asintió.

-Vendrá a verme una vieja amiga mía- dijo Saori animadamente: estaba muy emocionada ante el prospecto de ver a su mejor amiga después de mucho tiempo- a cerrar un asunto de negocios. Nos tomamos la libertad de volver a usar el pabellón de los caballeros de bronce- sonrió, y se volvió a sus acompañantes- vamos, chicos. Fräulein Greta nos esta esperando-

Ante esa mención, Lydia se quedó helada, como si hubiera visto un fantasma. Saori no lo notó, y siguió hacia la entrada del Santuario junto con los dos santos. Aioros miró con curiosidad la reacción de su hermana al escuchar el nombre de labios de la diosa, pero no tuvo otra opción que seguir a Saori, al igual que Saga. Ya le preguntaría más tarde. Una vez que quedaron solos, Mu se volvió hacia ella.

-¿Saori dijo algo malo?- dijo Mu, al sentir que los músculos de la chica se tensaron, y al mirarla pudo notar la mirada de horror de su chica- sentí que te alarmaste-

-Greta Neuer…- dijo Lydia, dejándose caer en el primer escalón del templo de Aries- ella no es una buena persona-

-¿La conoces?- dijo Mu, sentándose junto a su chica, y ella sintió. Lydia sabía muy bien que Greta, la amiga de Saori, no solo era mimada, sino que era cruel a todas luces. Aún no olvidaba quien era la que había instigado a Saori Kido a odiarla, y aún recordaba la peligrosa broma que Greta le hizo, que estuvo a punto de destruir su vida, y que le había comprado seis meses de visitas semanales al psicólogo por ese evento traumático, a donde iba arrastrada por su preocupada institutriz.

Lydia respiró hondo y se aferró al brazo de Mu, para intentar olvidarse de sus malos recuerdos de la infancia. El santo de Aries miró preocupado hacia donde se caminaban Athena y los dos santos dorados, y suspiró. Sabía que la diosa estaría a salvo con Aioros y Saga.

x-x-x

CONTINUARÁ…

Notas de autor:

Flicka: niña (sueco)

Tua mamma: tu mamá (italiano)

Tutto a posto: todo bien (italiano)

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Apenas es la introducción, empieza con muchos problemas, y las cosas (como siempre) se podrán mucho peor. Muchas gracias por sus reviews. Les mando un abrazo. Nos leemos pronto.

Abby L.