Hola a todos, antes que nada, muchas gracias a las dos personas que me dejaron reviews, los conteste via reply pero quiero volver a ponerlo acá, son personas maravillosas ya que me han hecho feliz. El fic no es largo, creo que apenas si llega a los 6 caps. Igual, espero que les guste.

Por ser él...

Capitulo II: "Entender…"

Ah... es que no era que fuese solamente él. Es que era especial para ella. Podía sentir todavía sus manos recorriéndola. Sus labios presionando los suyos, su boca pidiendo a gritos que le besase, que le hiciese, si eso era concebible, que le hiciese suyo y que le demostrase lo que era capaz de entregar con una tormenta de caricias inextinguibles.

Ya llevaban tanto tiempo juntos... y cada vez que sacaba el tema de si de verdad le quería mientras que por dentro trataba de ignorar la voz inestable que le decía que él sólo quería algo de ella y eso era acostarse y ya. Y esta vocecita le reclamaba que perdiera su tiempo, su pureza y todos sus sentimientos con alguien que escapaba ante la menor mención de la palabra amar.

Para compensarse se decía que era probable, y demasiado, que él no estuviese listo para decir esa palabra. Pero también era probable que no la sintiese.

- ¡Ginny! – exclamó una voz en su oído.

Y volvió a la realidad con una mirada sombría. Luna pestañeaba constantemente de forma aturdida pero sonreía y se sostenía su pancita que era, demasiado, pequeña.

- Te has quedado prácticamente dormida en lo que ha llegado Luna – le explicó Hermione pidiendo un café y algunos dulces. ¿Es que no se cansaba de comer? Entrecerró los ojos y sonrió.

- ¡Oh Ya se! – exclamó Luna con una amplia sonrisa - ¡Te has acostado con él anoche¡Has tenido sexo con Draco Malfoy otra vez!

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- Entonces Dean le organizó esta particular fiesta a la que debemos asistir – le decía Ron a un muy concentrado en lo que hacía.

Harry le miró por el rabillo del ojo y soltó un bufido. Ron no tenía un poco de diversión solamente masculina con sus amigos desde hacía un buen tiempo por eso mismo y en parte también en venganza por las salidas de Luna con su chica y su hermana, quería invitarlo a todos lados y organizar diferentes actividades que hacían cuando estaban solteros o, en todo caso, en los primeros días de noviazgo.

La cosa era que Harry ya había vivido mucho tiempo más eso y ahora necesitaba volver a casa demasiado temprano, encontrarse con Hermione tratando de preparar algo decente para comer (algo que no le mandara a San Mungo) y verla castigando a un hermoso perro labrador que tenían mientras gruñía y soltaba improperios contra él y contra, claro, su familia (Especialmente los Dursley).

- Ron...

- No. No acepto un no. ¡Vamos Harry¡Hazlo por mi! – intentó mirándolo tiernamente.

- Eso no funciona conmigo, no soy Luna.

- pero Hermione...

- Es Hermione. Y definitivamente no te pareces a ella.

- ¡Oh Harry, cariño¡Que cruel eres!

El moreno rodó los ojos.

Si Luna pasaba por la etapa de dulzura y sensibilidad... Ron pasaba por la faceta de cariñoso, mimón, blandito y todo lo que fuese relacionado pero a la décima potencia.

- Está bien.

- ¡Genial!

Y cuando quiso lanzarse a sus brazos para agradecerle supo que era hora de dejar el trabajo y volver a la casa. Quizás hasta las chicas estaban en casa y podía dejar a Ron en los brazos correctos, es decir, los de su esposa.

Cuando Ron le comentó aquella vez, a mediados de séptimo, luego de pasar casi todas las vacaciones con la rubia, que estaba enamorado de ella, se extrañó. Sin embargo, cuando lo pensó mejor y descubrió todo lo correcto que podía llegar a encontrar en la ecuación supo que Ron, por primera vez, no desvariaba. Tal vez, hasta funcionaba.

Fue como ver una molesta mosca tras tu comida. Ron perseguía a Ginny a todos lados, le preguntaba cosas de Luna, a veces peleaba con ella, otras veces era extremadamente tierno y considerado. Se mostraba amigable, suave. Pero era definitivamente, más estorboso y molesto que el resto de las cosas. Por eso, un día mientras compartía un día de campo agradable en los jardines de la casa de Weasley cuando ya habían terminado el año, la menor pelirroja gritó:

- ¡Ron ya me has hartado de tanta melosería, dile de una vez Luna que la amas y ya!

Recordaba perfectamente el silencio incómodo que se hizo. Tanto la rubia como su amigo tenían los ojos muy abiertos y las bocas fuertemente cerradas. Hermione había soltado una risita y Ginny había mantenido su expresión enojada, mientras él se debatía entre felicitarla o retarla. Para ese entonces, ellos no eran absolutamente nada. Y con Hermione, menos... bueno, quizás no menos. Sin embargo, eso era otra historia.

- Ronnie... – había susurrado Luna con voz muy suave como llamándolo, pero ¡sonreía! Y vaya que lo hacía, tan bonita que su amigo estaba más colorado que nunca – Ven aquí...

Y en frente de ellos le plantó un gran beso de película. Ya decía él que Luna no tenía inhibiciones para nada. Le recordaba mucho a Tonks. Quizás si se conocían... Sacudió la cabeza mientras él y Ron se subían a su automóvil.

Las cosas con Hermione habían ido en un grado muy diferente. A él le había costado comprender que la necesitaba más que el aire que respiraba y que esa manía de celarla era algo importante a tener en cuenta. Especialmente si seguía repitiéndose que era solo su mejor amiga. Lo bueno había sido verla bailando con ese sujeto en el casamiento de Ron y Luna, ella lo pasaba a gusto podía verlo. Aún cuando con él podía llegar a pasárselo mejor.

Harry Potter siempre había sido posesivo. No más que Ron, pero todo el tiempo que había pasado con él le había terminado afectando. Entonces, como si fuera un verdadero poseso, se había abalanzado sobre la parejita y había arrastrado a Hermione del brazo hasta unos pilares bastantes donde las luces de la pista de baile no llegaban. Ella había abierto la boca para decir algo y Potter, como buen aprendiz de cualquier merodeador, le había cerrado le intención con un buen beso. Quizás no era esos besos de películas, al menos no en el inicio.

Los labios de su chica eran suaves, dulces, tenían un sabor riquísimo. Le gustaba besarla, porque ella le mordía levemente, como induciéndole a profundizar la caricia y se permitía enriquecerse sólo con la suavidad de su cabello, de sus curvas bajo sus dedos aún ocultas por la ropa.

Ese día ellos habían entendido que besarse no era de amigos y que, las luces se prendieran en el instante en que toda la pasión que llevaban dentro se hacía mas intensas, tampoco era muy bueno.

- Deja de pensar en Hermione, que todavía tengo que ser padre – le advirtió Ron en tono burlón.

- ¿Cómo sabes que estoy pensando en ella?

- Estás callado y tienes esa sonrisa boba.

- Ahm... no se a quien me recuerda.

- Pues será a ella misma... ¿no?

- Sí, claro Ron...

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- Yo no lo hubiese dicho así, Luna, pero tampoco creo que es por eso...

Mientras Ginny sopesaba la posibilidad, Hermione trataba de volver a adquirir el tono de su piel y abandonar el rojo. Eso se lo dejaba a su amiga. Luna se sentó a la mesa emitiendo una risita suave al ver la cara de la ex prefecta.

- ¡Como vas a decir algo así!

- No creo que sea mentira¿o si Gin?

- Sexo... sexo no se dice. Somos novios. Lo llamaría de otra forma.

- Lo que sea. – dijo Luna pidiendo un refresco – Pero has estado con él.

La pelirroja suspiró.

- Eso mismo le decía a Hermione... es que... le he preguntado otra vez, bueno, si... si soy importante para él, si me ama.

- ¿Y te lo ha dicho al fin!

Bajó la cabeza ocultando el rostro al observar otra vez por la ventana.

- Ya lo dirá. Dale tiempo. Él no es así – aseguró la rubia.

- otra... – susurró bajito – lo sé. Me tengo que ir.

- ¡pero yo acabo de llegar!

- Es que...

- Ya, ya, es que vas a echarte un polvo otra vez.

- ¡Luna!

- Ay, Hermione es que... ¿Cómo vas a regañarme¿Tu nunca lo haces¿No lo dices?

- ¡Claro que lo hago! – exclamó sobresaltada. Luego notó lo que decía y soltó un suspiro – sólo que no voy diciéndoselo a todo el mundo.

- No somos todo el mundo.

- Que no lo grito, quiero decir.

- ¡Pues si es lo más normal del mundo!

Viendo que sus amigas quedaban enfrascadas en otra conversación ella decidió aparecerse de allí mismo. De todas formas, el café no era muggle y no notarían nada detalle.

Era probable que Luna y Hermione tuvieran razón, él no era así...

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- ¿Vienes a comer a casa hoy? – le preguntó Hermione cuando salían del bar unas cuantas horas después.

- Sí, Ron ya debe estar allá.

- Entonces mejor llamo a Harry que nos busque.

- ¿Y no podemos aparecernos?

- Luna... estás embarazada, el doctor te recomendó que no lo hicieras.

- Oh cierto.

Y luego se preguntaban si ella y Ron no habían sido creados con el mismo molde.

Efectivamente, cuando llegaron a la casa Ron y Harry estaban allí jugando una partida de ajedrez mágico que, obviamente, el primero ganó. Hermione se dispuso a consolar a Harry con un beso justo cuando Ron reclamó que no hicieran eso en su presencia.

Es que seguía emocionalmente muy susceptible a que sus dos mejores amigos se mostrasen afecto romántico delante de él. Claro, mientras, podía besarse liberalmente con Luna en sus narices.

La cena transcurrió en lo que era normalidad, hasta que Luna dijo que tenía antojos de un helado con forma de una de esas criaturas que ella sólo conocida y la parejita embarazada tuvo que irse. En realidad fue Ron el que prácticamente la arrastró fuera de la casa alegando que su hijo no tendría cara de unicornio y que sería el bebé de ojos azules más bonito del planeta. En fin que empezó a hablar de su pequeño.

- Son muy felices... – suspiró ella con una sonrisa mientras se acurrucaba en el sofá de su casa junto a su novio.

Él la miró y dibujó con sus dedos el contorno del rostro de Hermione. La piel suave de la nuca, los pequeños pelitos erizados en ella, el cabello sedoso y agradable al tacto, sus labios... Se apoderó de ellos tiernamente mientras se sentía el hombre más afortunado del mundo. Y ella le acariciaba el torso.

Hermione le había confesado una vez que sentía especial atracción por su fuerte torso, por sus brazos tonificados por los años de Quidditch y que le consideraba irresistible en lo que a físico se trataba.

Le acarició la carita, era tan bella, tan mujer y tan suya... se estremeció al pensar en todo lo que eso significaba y se fue separando muy lentamente mientras atraía entre sus manos las de ella y las retuvo contra sí.

- te amo mucho – le susurró ella con expresión ida. ¿Qué pasaría por su cabecita?

Siempre era ella quien comenzaba esas frases repletas de amor. La que decía que le amaba, que su mundo era eternamente hermoso cuando se encontraban juntos, que le transmitía paz. Era siempre Hermione la dispuesta a consolarle con bellas palabras y él se limitaba a admitir que le pasaba lo mismo, pero nunca empezaba las frases, ni las oraciones, ni siquiera la palabra. Claro, alguna vez le había dicho que la amaba como a nadie en su vida pero eso no se repetía habitualmente.

- te necesito, Hermione – le dijo al oído mientras besaba el lóbulo de su oreja – te necesito siempre y te amo, sé que no lo digo... pero te amo en serio.

Ella se quedó muda. Conmovida por sus palabras. Interpretando el papel de Harry se acurrucó más contra él y dejó que la rodeara con sus brazos, un lugar donde se sentía excepcionalmente bien.

- Harry, no hace falta que lo digas todo el tiempo.

- ¿verdad?

Asintió.

- pensé que quizás...

- No. ¿no recuerdas que yo puedo entenderte sin palabras?

- supongo que lo olvidé – ella soltó una risita.

- Pues olvídalo más a menudo.

Se besaron otra vez tiernamente. ¿Qué era mejor que capturar sus labios con los suyos? Si ya eran parte de su propiedad. La apoyó contra su espalda y rodeó con sus brazos el vientre de su chica. Entonces la idea que había rondado su cabeza todo el día junto a Ron volvió a su mente.

- Creo que... alguna vez, cuando.. tu quieras me gustaría tener un bebé – dijo súbitamente. Debió ser demasiado rápido porque ella le miró con los ojos muy abiertos.

- ¿Qué dijiste?

- Bueno... es un pensamiento, Hermione. Supongo que yo sería buen padre... lo supongo nomás. Pero debo de suponer que tu serás mejor madre y eso puedo afirmarlo. No sé – suspiró - ¿Estoy diciendo estupideces o tu comprendes a lo que quiero llegar?

- Te comprendo todo el tiempo, amor, sólo me gusta verte hacer el ridículo – dijo antes de besarle profundamente.

A veces, en el amor, las palabras románticas, no eran esencialmente necesarias para sentirlas. Ginny Weasley, también debería haberlo entendido.

Fin del cap. II

Es dificil entender cuando alguien nos ama, las mujeres somos muy adeptas a las palabras, eso quise expresar hoy en este cap.

Muchas gracias por leerlo a todos los que llegaron aquí y nos vemos la próxima.

Bechos

Ruby