Dos
"Quisiera decir que es una decisión egoísta, pero dudo tanto de que a alguien le importe realmente."
Ya era hora de irse, si se tomaba más tiempo acabaría llegando tarde. A esas instancias no era algo realmente sobre lo cual preocuparse, pero bueno, fuese una cosa de costumbres o un comportamiento irracional era algo que ignoraba completamente. Colgándose el bolso al hombro, se tomó unos segundos para observar el sobre entre sus manos para posteriormente meterlo con el resto de sus cuadernos. El cuarto igual de ordenado, los libros acomodados en las estanterías. Las vendas y medicamentos en uno de sus cajones. Era el único lugar que tenía en el mundo, y tuvo su tiempo para contemplarlo.
El comedor era igual de apagado que siempre, bonito pero no encontraba razón alguna por la cual le gustaría desayunar ahí. Su padre en la mesa leyendo el periódico le dirigió una mirada tajante, escrutándolo hasta que hizo una leve inclinación como saludo y se retiró. Esa casa, definitivamente no iba a extrañarla. Fue lo que pensó al observarla por algunos segundos en el patio delantero y continuar con su camino a la escuela.
No era otra cosa que un día normal, y eso por alguna razón le deprimía. Fuera por donde le mirara, todo era normal, la gente seguía con su vida sin voltearse a ver atrás. Todos haciendo lo que correspondía, lo planeado, lo acostumbrado. ¿Sería así mañana? Y al día siguiente, y al siguiente. El mundo no iba a cambiar a pesar de lo que iba a pasar al final del día, ni siquiera su familia iba a hacerlo. Tal vez gente como Sucrette y Melody, pero probablemente no por mucho tiempo. No, seguramente no.
La puerta del instituto le recibió como siempre, la sonrisa de Melody igual, el entusiasmo de Sucrette y alguna que otra broma acostumbrada de Alexy tambien. Y él sentía el malestar, la culpa que alguien podría sentir con solo recibir esas pequeñas muestras de afecto. Por que no podía corresponderlas del todo, y no llegaban a él con la suficiente fuerza como para hacerle olvidar algunas cosas como el estrés, esa presión constante y el zumbido de los gritos y regaños que arrastraba de la noche anterior. También algunos golpes en el cuerpo.
- ¿Nath? ¿Estás bien?
Sucrette le sacó de su estupor, obligándole a sonreír y asentir, mientras se sobaba un poco el rostro con cansancio fingido. La excusa del día era haber dormido mal, haberse atrasado en los deberes. Excusa tras excusa, todos los días, y el alivio de saber que podía tragárselas si fingía lo suficientemente bien. En poco tiempo podría dejar de hacer eso al fin y no sentir la urgencia de arriesgarse a hablar. Por que eso era, todo para él implicaba un riesgo, a fallar, a no lograrlo y hacer lo incorrecto… Debía calmarse, esa vez ella no parecía del todo convencida.
- Solo estoy algo cansado.
Quizás demasiado.
De nuevo estaba la carta entre sus manos. Otro día había transcurrido sin pena ni gloria y ya podía observar como las paredes de la escuela se tornaban anaranjadas a causa del sol escondiéndose prontamente. En casa nadie iba a encontrarla, nadie iba a molestarse en buscar, quizás en la escuela… Y eso era un acto de cobardía tan inminente, hablar solo después de que nadie iba a poder replicarle nada. Es que ya estaba harto de réplicas y regaños, era por ellos mismos que estaba ahí, tomándose un momento con su frente recargada en el casillero mientras un palpitar nervioso recorría su pecho, haciéndole sudar frío. Ya era suficiente.
De manera poco agraciada metió la carta a su casillero luego de observar la hora, el bus iba a pasársele y era el último que iba a las afueras de la ciudad. Tan solo quería alejarse y acabar con todo eso de una vez.
El aire frío contra su rostro se sintió como una pequeña bendición, estremeciéndole hasta la punta de los dedos y haciéndole reflexionar que debió llevar consigo un abrigo. De todas maneras no iba del todo al caso, rodearse a si mismo con sus brazos era más que suficiente hasta llegar a destino, la parada del bus estaba a un par de metros y no faltaba mucho para la llegada del autobús. El mismo sentimiento de desolación frecuente llegó a él cuando descubrió lo silencioso de la calle, a esas horas ya oscura y sin una sola suela aparte de la suya produciendo repiqueteantes pisadas en el asfalto. Realmente no había nada que extrañar… Y de igual forma desde hacía demasiado tiempo tenía más cosas por las cuales temer y preocuparse antes que buenas cosas por las cuales sentirse bien. Simplemente se había acostumbrado a la idea de despertarse solo para contentar a alguien que no era él mismo y dormir para no pensar en ello.
Tragando pesadamente, aferró el tarro de pastillas que estaba en su bolsillo a medida que la parada de autobús se acercaba en su campo de visión. Dormir para no pensar en ello nunca más era una buena opción. A solo unos pasos de llegar, vislumbró en la lejanía las luces del autobús, tomando un profundo respiro arrítmico… ¿Arrítmico? Esa no era su respiración, era la de alguien más, que estaba tras él y que se acercaba junto a violentos y apresurados pasos. Ni siquiera pudo voltear, simplemente algo le jalaba por la chaqueta al punto en que casi acabó en el suelo. Pudo ver el cielo repleto de estrellas, la copa de los árboles y cabello rojo. Ojos grises y completamente exaltados. Sus manos se aferraron a la chaqueta de cuero para no caer.
- ¿Castiel?
- ¿¡En… que mierda estas… pensando?!
