KHAL DROGO (+15)
No puede verlo, aún no. Está tumbada de espaldas a la entrada de la tienda, con la sábana enrollada alrededor del cuerpo. Contiene el aliento, atenta a cada paso que da él, al sonido de las toscas ropas de cuero cayendo al suelo. A la respiración que, en cuestión de segundos, se convierte en un jadeo.
Le arranca la sábana, desvelando su redondeada desnudez. Dos manos grandes y ásperas aprietan sus nalgas; Daenerys sabe lo que vendrá después. No grita, ya no, pero gime; gime y se siente avergonzada, aunque a Khal Drogo no le importa. No le importa nada salvo el hecho de que su khaleesi le espera desnuda en la tienda y que hace un buen rato que su cuerpo arde, anticipando lo que sucederá después.
La joven se muerde los nudillos cuando lo siente entrar en su húmedo interior. Khal Drogo embiste una, dos, tres veces; embiste de nuevo, con más fuerza, apretándole los muslos; embiste mientras una de las manos se desliza sobre la espalda y termina enredándose en su cabello de oro y plata.
La sensación de su miembro invadiéndola es deliciosa, pero no quiere admitirlo. Al fin y al cabo, ella no iba a ser una khaleesi, sino una princesa. Y las princesas no se ponen a cuatro patas y se dejan montar como yeguas. Sin embargo, ¿qué importa todo eso mientras se sienta tan bien? Su sol y estrellas puede llegar a ser tierno, pero quizá Daenerys lo prefiere en su faceta de semental cabalgándole… a ella.
