Disclaimer: The Penguins of Madagascar son propiedad de Tom McGrath y Eric Darnell, lo único que me pertenece de esta historia es el argumento.
El Dardisparador K2000
Afuera, la temperatura empezaba a bajar. Incluso unos delicados copos de nieve caían del cielo dentro del hábitat de Skipper, Kowalski, Rico y Cabo. Ellos, a pesar de ser pingüinos y que sus cuerpos, naturaleza y anatomía estuvieran hechos para resistir temperaturas bajo cero, no eran amantes del frío. Y preferían estar refugiados dentro de su cuartel. Jugando ajedrez, viendo televisión y bebiendo café. O en el caso del científico del equipo: trabajar en el laboratorio.
La puerta de dicho lugar se abrió de par en par de repente, haciendo que Skipper, Rico y Cabo levantaran la cabeza de sus actividades y se giraran a ver al pingüino más alto que salía glorioso de su santuario para colocarse frente a la vista de sus amigos.
Todos en el cuartel sabían, que cuando Kowalski hacía este tipo de apariciones, era porque tenía un nuevo invento que presentar ante el equipo.
-Caballeros, permítanme presentarles la más reciente adquisición a nuestro arsenal de armas, fabricada, por supuesto, por su servidor, -anunció el genio con gran orgullo, mientras sacaba el dichoso invento de detrás de su espalda y lo dejaba a la vista de sus compañeros.
-Les presento… ¡EL DARDISPARADOR K2000!
Hubo una pausa luego de que mencionó el nombre, mientras el trío admiraba con cierta maravilla moderada el arma creada por su científico. Y finalmente, vino la pregunta obligada.
-Perfecto, ¿y qué es?
Kowalski sonrió a su capitán, quien parecía escéptico de que un invento suyo funcionara para algo que no fuera hacer explotar cosas.
-Como anteriormente expliqué, es la más nueva adquisición a nuestro arsenal de armas, -explicó de nueva cuenta Kowalski. Acto seguido, colocó el arma sobre la mesa para que se alcanzara a apreciar mejor su estructura.- En términos más simples, es una pistola de dardos.
-Y supongo que los dardos contienen… -sondeó el capitán, mientras esta peligrosa arma comenzaba a tocar su interés.
-Veneno, por supuesto. Creado por nadie más que por mí, combinando diferentes tipos de poderosos venenos y así, obteniendo como resultado el veneno más mortal de la historia -completó Kowalski. Los tres de más alto rango sonrieron maliciosamente, ansiosos por probar el Dardisparador K2000 en su primera víctima cuanto antes.
-Vean esto, -prosiguió Kowalski, haciéndole señas a los otros para que se acercaran más.- Aquí, en este compartimento, es donde se encuentra el veneno, reforzado con titanio para evitar cualquier fuga, -dijo, apuntando un largo y delgado tubo a un lado de la pistola.- Y aquí, -sacó el cartucho, que se encontraba en la culata- es donde se colocan los dardos que, como pueden ver, tienen el tamaño ideal para ser prácticos y manejables.
-Los dardos se cargan automáticamente al quitar el seguro del arma y, -colocó su aleta sobre el gatillo, pero sin presionar- al tirar del gatillo, los dardos viajan por el cañón, saliendo por la boquilla para asestar en el blanco que recibe una dosis mortal del veneno.
-Vaya, Kowalski, excelente trabajo. Parece que al fin construiste algo útil y letal. Si no explota en 24 horas, le daré el visto bueno, -repuso Skipper colocando una aleta sobre el hombro de su teniente, que sacó el pecho con orgullo.
-¡A probarlo! –rugió la voz ronca de Rico, que se echó el arma al hombro y se preparó a disparar contra la primer cosa viva que se atravesara en su camino.
-¡No, no, no! ¡Rico! –gritó Kowalski para detenerlo, le arrebató la pistola y se la llevó fuera de su alcance, para el desaliento del experto en armas.
Skipper, al ver como Kowalski protegía su arma con tanto recelo, enarcó una ceja con extrañeza.
-Dime, Kowalski. Ese veneno que inventaste… también inventaste un antídoto, ¿cierto? –le preguntó con suspicacia. El rostro de Kowalski empalideció. Pero acariciaba con gran devoción su súper arma.- KO-WALS-KI…
-Aún estoy trabajando en él. Fue muy complicado inventar este veneno, ¿sí? Podría tomarme meses crear un antídoto, -contestó Kowalski con obstinación, sin ver a los ojos a Skipper.
-Entonces, el Dardisparador K2000 es peligroso… para nosotros también, -observó Cabo, quien hasta entonces había guardado silencio para no ser parte del entusiasmo por un arma letal y ahora juntaba las puntas de sus aletas frente a su pecho con nerviosismo.
-Cabo tiene razón, Kowalski, -convino Skipper con sensatez.- Por mucho que me fascine esta grandiosa arma súper letal… atenta contra nuestra seguridad y nuestras vidas. Así que, hasta que no tengas ese antídoto para el veneno de esta arma listo, el Dardisparador queda confiscado.
-¡Pero, Skipper…!
-¡Sin peros, Kowalski! –lo cortó tajantemente. Tenía una severa expresión que no daba lugar a objeciones.- El Dardisparador K2000 se quedará en el laboratorio, y no se hará uso de él en ninguna misión de ningún nivel hasta que me muestres ese antídoto. ¿Quedó claro?
No hubo respuesta. Kowalski había fruncido el ceño, con una mirada de rabia y amargura en los ojos. Skipper se aclaró la garganta, y repitió.
-¿Quedó claro, Kowalski?
Otra pausa llena de tensión. Los ojos de Rico y Cabo saltaban del capitán al teniente.
-Sí, señor, -aceptó finalmente Kowalski, con voz llena de indiferencia, pero con una pista de odio en ella. Skipper asintió con suficiencia y dio media vuelta, mientras Kowalski guardaba la pistola de armas dentro de su laboratorio, de donde no saldría a menos que se cumpliera la condición que Skipper había puesto.
-Y te quiero mañana en el parque acuático de Coney Island, mantente atento a todos los movimientos de Espiráculo. Cabo te acompañará, -le informó Skipper sin voltearlo a ver, y salió del cuartel.
-Sí, señor, -contestó Kowalski dócilmente, aunque Skipper ya no podía escucharlo. Salió de su laboratorio y cerró la puerta lentamente con un suspiro, como si al cerrarla, también se desvanecieran todos sus sueños.
Estaba tan furioso por la posición que había tomado Skipper, que incluso pudo no haber notado la sonrisa de felicidad que apareció en el rostro de Cabo cuando creyó que nadie lo miraba, justo después de que Skipper mencionó que acompañaría a Kowalski a vigilar al Dr. Espiráculo. Pero sí la notó. Aún así, la furia lo detuvo de tomarle importancia.
Al día siguiente, Kowalski y Cabo viajaron en el subterráneo para llegar a Coney Island, y luego caminaron unos miles de metros para llegar al parque acuático. Cabo parecía lleno de energías, pues siempre iba delante de Kowalski por varios pasos, pero este último iba arrastrando los pies, con una mirada de pocos amigos en el rostro y cargando sus cosas perezosamente a los costados.
Caminaron por la orilla de la redonda piscina por un rato, observando a los delfines hasta que encontraron al que tenía el ojo biónico. Cabo saludó a unos cuantos de los cetáceos; fue cuando a Kowalski se le ocurrió, que Cabo tal vez estaba tan feliz sólo porque se había hecho amigo de unos delfines del parque.
-Voy a nadar un poco con los delfines, -dijo Cabo, luego se arrojó al agua y comenzó a imitar el estilo de nado de los delfines grácilmente.
-Como sea, -resopló Kowalski de mal humor.
El alto pingüino colocó la cámara, con la que siempre grababa sus bitácoras mientras vigilaba a Espiráculo, sobre el tripie. Oprimió el botón de encendido e, inmediatamente, la luz roja comenzó a parpadear. Retrocedió unos pasos, para que su imagen completa saliera a cuadro. Sin embargo, transcurrieron varios segundos y él no dijo palabra. Había un ceño fruncido en su rostro. Y su expresión se torcía con resentimiento.
-No puedo hacer esto, -suspiró cansinamente. Detrás de él, a pocos metros de distancia, los delfines del parque acuático en Coney Island y Cabo nadaban imperturbables por la presencia del pingüino. Kowalski los volteó a ver por encima de su hombro brevemente, y luego comenzó a hablar más bajo, pero con el mismo tono rencoroso.
-Estúpido Skipper... confiscando mi Dardisparador K2000… ¡sólo es cuestión de tiempo para que conciba ese antídoto! ¡Soy un genio! Podría invertir más tiempo en crearlo si no me enviara a hacer estas inútiles vigilancias sobre el Dr. Espiráculo. De hecho, pienso escribirle una extensa queja sobre esto, adjuntando una petición para poder ser removido de esta intransigente tarea.
A su espalda, escuchaba risas que iban subiendo de nivel y chapoteos, como si los delfines estuvieran jugando escandalosamente en el agua.
-Le he explicado miles de veces, respaldándome por la ciencia y usando simbologías tan sencillas que hasta Mort podría entender: ¡no tenemos nada de qué preocuparnos! La memoria de Espiráculo no está regresando, sin influencias externas que le den pistas de quien fue antes, es improbable que su memoria regrese en un largo tiempo.
-¡Es por eso que debería estar en mi laboratorio, trabajando en ese antídoto para que me deje utilizar mi fantástica pistola de dardos, en lugar de aquí, sólo…!
-¡NO! ¡Detente, detente! –lo interrumpió la voz de Cabo entre gorgoteos que lo hizo saltar. Se dio media vuelta y soltó un grito horrorizado al ver quien estaba allí: el delfín nariz de botella con un ojo biónico que había sido su némesis y de sus amigos por un largo tiempo… sonreía triunfalmente, y debajo de sus dos grandes aletas sumergía a Cabo bajo el agua.
-¡CABO! –gritó, y se arrojó al agua a socorrer a su amigo, la cámara quedó empapada por una ola de agua que levantó al saltar y, soltando chispas, se tambaleó hasta caer torpemente al piso. La grabación se detuvo.
Continuará…
Gracias por sus reviews a Darknoyi, , marwalski, PrimePenguin, Taksuky Umi e InuFaiya, me han animado a seguir adelante. Es digno de mencionar que el fandom de POM -o al menos en español- ha decaído mucho en cuanto a popularidad, así que muchas historias (buenas o malas) son ignoradas.
Por cierto, una aclaración. Esta no es una historia gay y tampoco creo que vaya a haber romance ;)
