Capítulo 1:

"La bienvenida al Claro y planes de organización"

-Eres una chica.-sentenció uno de los chicos mientras se encargaban de revisar a los recién llegados.

-Me di cuenta.-murmuró Sophie entre dientes, mientras le atendían los nudillos.- ¿Qué nunca vieron a…a alguien como yo?-inquirió con una ceja en alto.

-Sí no te has dado cuenta, novata, aquí somos todos chicos.-gruñó otro, apoyado en el marco de la puerta.

-Cállate, Gally.-intervino el primer chico. El que había hablado primero era un chico alto con cabello rubio y mandíbula cuadrada.- ¿Tú nombre?-preguntó.

-Sophie.-respondió ella, masajeándose la mano. Un grueso y muy musculoso chico asiático se cruzó de brazos mientras estudiaba cada detalle de ella. Por otro lado, un chico de piel oscura frunció el ceño, el mismo que le había dado la bienvenida.

-¿Dónde estamos?-preguntó Ben, sumándose a la conversación.- ¿Qué este lugar?-

-En ningún lado bueno.-dijo el chico de piel oscura.- Sólo aliviánense agradable y calmadamente.

-¿Ustedes tampoco saben dónde estamos?-preguntó Sophie. Los tres chicos, más próximos a la cama, se encogieron de hombro y negaron. Ella se puso de pie y se acercó a una ventana. A pesar de que esos extraños los salvaron, la desconfianza seguía a flor de piel. Aún había miles de emociones que se agolpaban y querían explotar todas juntas. Las preguntas se acumulaban en su mente, esperando el momento para ser expuestas.- Entonces, ¿hay alguien aquí que sepa dónde estamos? ¿O que este lugar?-

-¿Qué no escuchaste?-intervino el tal Gally.- ¡Ni nosotros sabemos dónde estamos!-

-¡Se te dijo que cierres el pico!- gritó el chico de piel oscura. Para Sophie, ese debía de ser el… "líder".

-Bueno, ya que no pueden responderme sobre donde estamos…-continuó Ben.-…al menos, podrían decirnos que clase de lugar es este.-

-Véanlo con sus propios ojos.-repuso el chico rubio.

-¿Cómo lo llamaste?-preguntó el recién llegado.

-El Claro.-respondió Sophie, acercándose a la ventana. De detrás del vidrio, el campo se veía como si fuera hecho de enormes bloques de piedra, muchos de ellos partidos y rellenos con largos pastos y hierbas. Había pocos árboles lo rodeaban todo el lugar. Otra esquina en el recinto tenía jardines. Al otro lado del campo, había corrales de madera que contenían ovejas, cerdos y vacas. Una enorme arboleda llenaba la esquina final; los más cercanos se veían dañados y cercanos a la muerte.

-Sea quien sea que nos haya mandado aquí, nos quería muy cómodos.-comentó Ben.-Tengo un par de…-

-No nos pidan respuestas.-intervino el chico de rasgos asiáticos.-Ni nosotros las tenemos.-

-¿Y qué haremos?-preguntó Sophie.

-Hace dos días llegaron provisiones.-explicó el chico de tez oscura.- Igual que hace dos semanas atrás. Y ustedes, también llegaron el mismo día que los otros larchos.-

-¿Larchos?-inquirió Ben.- ¿Qué es eso?-el chico rubio se encogió de hombros.

-Estar tanto tiempo solos, hace que hablemos idioteces.-

*.*.*

Luego de que el resto de los recién llegados se hubiesen ubicado, Sophie y Ben decidieron recorrer el lugar.

-No me gusta estar aquí.-murmuró la chica.-Pero tampoco me queda muchas opciones. No recuerdo ni lo más mínimo de mí ni de mi familia ni de un hogar. ¡Ni siquiera sé cuántos años tengo!-exclamó con exasperación, apoyándose en una gigantesca pared.

-Bueno, en mi opinión…-dijo Ben, deslizándose a su lado.-No debes pasar los 13 años.-

-Bien, al menos tengo un dato sobre mí.-Sophie rodó los ojos.

-No eres la única que quiere respuesta, chica.-el chico de tez morena, se acercó a ellos con los brazos en forma de jarra.- Estamos aquí desde hace dos semanas y nadie se presentó a explicarnos que hacemos aquí.-

-Tal vez, si cooperamos, podemos encontrarlas todos juntos.-murmuró Ben, encogiéndose de hombros.

-Cómo quieras, larcho.-el chico los miró de arriba abajo antes de dar un paso al frente.-Mi nombre es Alby.-

-Yo soy Ben.-presentó el chico, dejándose caer por la pared, hasta tocar el suelo y cruzarse de piernas.

-Es raro ver a alguien como tú después de días.-dijo Alby, refiriéndose a Sophie. Caminó un poco más hacia adelante y también se sentó.

-¿No hay chicas aquí?-quiso saber Ben.

-No, hasta ahora somos todos chicos.-

-Este lugar me da miedo.-murmuró Sophie, apoyando su mentón sobre la palma de su mano.

-Si no estás asustada, no eres humana.-

-Vaya consuelo.-

-Al menos, alégrate de no haber aparecido en un lugar peor.-repuso Ben.

-El larcho tiene razón.-apoyó Alby.- A este lugar, lo llamamos el Claro. Estas paredes…-con sus manos señaló lo que cubría lo alrededores.-Son las que nos protegen de los peligros del Laberinto.-

-¿La…laberinto?-tartamudeo Sophie.- ¿Hay un laberinto?-

-Sí, es el sueño de todo chico.-ironizó Alby.- Despertar en un lugar desconocido y en medio de un Laberinto.

-¿Y que hay dentro?-quiso saber Sophie.

-Oh, oh.-dijo el chico.-Espera, larchita. Si quieres un mapa del lugar, deberás esperar hasta el Tour Sangriento.

-¿Crees que ella lo pueda soportar?-a la conversación se unió el chico de mandíbula cuadrada. Él se dobló y extendió su mano hacia los recién llegados.- Mi nombre es Newt, novatos.-

-Hola.-saludaron con desgano.

-Creo que una de las bestias del laberinto, tiene más ganas de vivir que ustedes, larchos.-murmuró el chico.

-¿Bestias?-repitió Ben.- ¿Qué clase de bestias?-

-¿Qué dijimos sobre las preguntas?-inquirió Alby, con el ceño fruncido.

-Oh, lo lamento.-el rubio bajo la vista.

-Podremos ponerlos al día con lo que nosotros sabes.-murmuró Newt.

-Cómo ya les dije antes, este lugar es llamado El Claro, ¿cierto?-los nuevos asintieron.- Es donde vivimos, donde comemos, donde dormimos, hace poco decidimos ponernos el nombre de Los Habitantes del Claro. Y lamento decirles que hasta ahí podemos…-

-¿Quiénes nos enviaron?-preguntó Ben, antes de que Alby pudiese terminar. El chico de tez morena frunció aún más el ceño y lo tomo con fuerza de la camisa.

-¡Sin interrupciones, novato miertero!-gritó, salpicando el rostro de Ben con saliva.

-¡Déjalo!-protestó Sophie, poniéndose de pie también e intentando separarlos. Newt estiro su mano y tomó a Alby por los hombros.

-Tranquilo, hermano. Relájate un poco. Estas haciendo más daño que ayudando, ¿sabes?-Alby dejo ir la camiseta de Ben y retrocedió.-Yo me encargaré de mostrarles todo en la mañana, ¿sí?-el chico asintió.-Buena esa.-

-Tengo hambre.-confesó la chica, luego de haberse encargado de echarle un vistazo a Ben.

-Por suerte.-prosiguió Newt.-Tenemos una cocina.-

-Pero nos falta un cocinero.-murmuró Alby, apoyándose contra la pared.

-En la Caja.-habló Ben, midiendo sus palabras.-…hable con un chico, creo que se llamaba Sartén o algo parecido. Dijo que sabía algo acerca de saber cocinar.-

-¿Sartén?-repitieron los otros chicos.

-¿Eso no suena a cocinero?-inquirió Newt con una ceja en alto.

-Entonces, vayamos con él.-apoyó Alby.

Los cuatro se alejaron de las paredes y se encaminaron en busca del tal Sartén. Sophie no se había percatado de la inclinación de la casa en donde le habían atendido los nudillos.

El simple hecho de haber despertado en una caja, solo recordar su nombre y estar rodeada de extraños, la hacía sentir…vacía y todo le parecía desconocido ante sus ojos.

Newt golpeteo su hombro.

-Saca esa cara, novata.-murmuró, alcanzándola.- Te entendiendo perfectamente. Sé que no te gusta estar aquí, pero créeme: ninguno de nosotros pidió aparecer en este lugar.-

-Me caes bien.-replicó ella.

-Tú no pareces ser agresiva.-rió Newt.-Entre nos…-se acercó más.- Sería mejor que tengas vigilada tu espalda.-

-¿Por?-inquirió Sophie con una ceja en alto.

-¡Vamos!-exclamó él.- ¡Somos casi cuarenta chicos y una sola chica! La testosterona vuela por el aire, ¿sabes?-por primera vez, en horas, Sophie soltó una carcajada pura e inocente.

-¡Hey!-delante de ellos, la voz de Alby resonó como si fuese un látigo. Habían llegado a uno de los costados de la casa donde se hallaban los que compartieron la Caja con Ben y Sophie.- ¿Quién de ustedes es Sartén?-los nuevos se miraron entre ellos, hasta que uno salió de la multitud.

-Yo.-Alby colocó sus brazos a modo de jarra.

-Se me informó que sabes cocinar.-Sartén miró furtivamente a Ben, quién asintió.

-Así es.-respondió.-

-Estás de suerte, chico.-el líder le palmeo la espalda.- Tenemos un trabajo para ti.-

-¿Cómo cocinero?-

-Claro.-habló Newt.- Tendrás tu propio espacio y puedes disponer de personal, si así lo quieres.

-¿Hay comida?-preguntó otro de los novatos.

-La suficiente como para alimentarnos a todos.-respondió el chico asiático, sumándose a la conversación.

-Acepto.- declaró Sartén, limpiándose las manos contra su camiseta.- ¿Por dónde empiezo?-

Sartén resultó ser demasiado demandante con respecto al espacio vital entre la cocina y los chismosos que intentaban robarle. Pero, al fin de cuentas, terminó siendo un excelente o casi, buen cocinero. Con lo primero que vio en las despensas, logró satisfacer a todos los Habitantes.

-¡Atención! ¡Atención!-reclamó Alby, en la sobremesa.- Dos cosas: ¡Bienvenidos sean los nuevos larchos y larcha!-un coro de aplausos y silbidos resonó en el comedor.- ¡Segundo! ¡Silencio!-los festejos se fueron apagando lentamente.- ¡Vayan todos a dormir, mañana empezaremos a organizarnos!-una nueva ola de festejos estalló, seguido del chirrido que producían las sillas contra el suelo.

-¿Y dónde se supone que duermen?-preguntó Sophie.

-La casa es muy pequeña.-respondió Newt.-Por eso, algunos deciden dormir afuera.-

-Pero con ella debemos hacer una excepción, ¿no creen?-propuso el chico asiático.

-Coincido con Minho.-acotó Alby.- Newt, enséñale la habitación.-el chico asintió y le hizo una seña para que lo siguiese. Minho. Curioso nombre. Curioso chico.

Newt golpeteo su hombro y la hizo volver a la realidad.

-Como veras, estamos interesados en protegerte, larchita.-comentó el chico, cuando se abrían paso en unas inestables escaleras.- ¿Te imaginas si te dejamos dormir con todos esos…larchos?-soltó una carcajada y siguió subiendo.- Bien.-se detuvo frente a una puerta y la abrió.- Que descanses.-Sophie ingresó y se quedó bajo el umbral. Era la misma habitación que había estado en la mañana.

-Gracias.-volteo hacia Newt y le sonrió a modo de agradecimiento. Él devolvió el gesto.

-Es mejor estar tranquilo ahora, aceptar el cambio.-murmuró.-Duerme un poco. Te hace falta recargar energías.-estaba por cerrar la puerta, pero notó que la chica seguía tensa.- ¿Quieres algo antes que me vaya?-

-¿Podrías dejar la luz encendida?-preguntó casi en un susurro. Newt asintió levemente y tras un corto movimiento con la cabeza, se marchó.

Sophie recorrió la habitación con la mirada. Haber estado en esa caja le había generado pánico a los ambientes cerrados y oscuros. A pesar de tener el foco prendido, se acercó al alfeizar y abrió la ventana. El aire nocturno inundo la habitación.

Se acomodó en la cama, esponjó la almohada y suspiró.

Afuera se escuchó un ruido. Era como si un rayo estuviese azotando el cielo, a pesar de que había buen clima.

Sophie se puso de pie y se volvió a acercar a la ventana. Observó con asombro como las inmensas paredes comenzaban a cerrarse. Se apoyó en el marco y pensó: alguien los quería a salvo a todos, pero la pregunta era… ¿por qué?